Aplaudir de Pie
  • Críticas
  • Reflexiones
  • Reseñas
  • Quiénes somos
Aplaudir de Pie
  • Críticas
  • Reflexiones
  • Reseñas
  • Quiénes somos
Autor

Zavel Castro

Zavel Castro

Historiadora. Estoy obsesionada con el fenómeno teatral.

Críticas

Quiero volverme supernova

por Zavel Castro 3 noviembre, 2018

La obra está hecha con un interés absolutamente comercial. Esto no tiene nada de malo, quiere decir únicamente que su principal objetivo es vender entradas, hacer que mucha gente la consuma como producto cultural. Esto lo sabemos por el lugar en el que se presenta tanto como por las personalidades involucradas en el proyecto, actores conocidos que por el momento son rentables (me reservo de definirlos como ”famosos” a la luz de la reflexión que desarrollaré más adelante)  y creativos que siempre han tenido la mira y los pies bien puestos en el mundo del espectáculo.

 Sin embargo, algo curioso sucede con este montaje que lo distingue de muchas otras apuestas comerciales y posibilita que la cataloguemos (bajo el esquema de Dubatti) como una obra del tipo “comercial artística”,  me refiero al tema que sustenta la obra a la manera que se aborda y a que los interpretes además de haber probado su éxito en el circuito comercial, son todos, poseedores de un talento innegable. La mera conjunción en un mismo proyecto de Mariana Gajá, Pablo Perroni, Adriana Montes de Oca, Salvador Petrola y Mauricio Ascencio me parece un acierto.

Tengo que manifestar una vez más mi gusto por el trabajo de Ascencio porque no puedo resistirme a admirar una vez más la atmósfera que crea en esta ocasión con su diseño escenográfico y de iluminación de la “casa decadente” en la que todo ocurre (semejante a un “set”, cuestión que vincula una vez más esta puesta con el mundo de los personajes). Mauricio está a cargo también del diseño de vestuario cuestión en la que también destaca.

 

Foto: @DarioCastroPH

                                                                                                                                                                                Foto: @DarioCastroPH

 

Vanitas vanitatum omnia vanitas

La reflexión del montaje dirigido por Alonso Íñiguez gira en torno de la inmediatez y vacuidad de “la fama mediática”, los personajes representan estrellas olvidadas de la televisión, criaturas destinadas a la oscuridad después de haber brillado durante algún tiempo. Imposible no pensar que de alguna forma esta obra actualiza el tema (pictórico y literario) de la vanitas. Los bodegones del siglo XVII velaban entre sus motivos alegóricos, elementos que le recordaban la fugacidad del placer y la  belleza (el tempus fugit), la inutilidad de los placeres y de la riqueza, el sin sentido de la vida y la certeza de la muerte (el menento mori);  barrocos y millenials, acechados por las mismas preocupaciones, manifestándolas de manera distinta.  Ambas manifestaciones artísticas (los bodegones barrocos y Quiero volverme supernova) dejan en el espectador un sabor amargo obligándolo a reparar en su existencia transitoria e insignificante. La vida como un sueño del que solo se despierta con la muerte.

Para desarrollar estos tópicos enfatizando la crueldad de la gloria pasada y la fama pasajera, nadie mejor que Joserra Zúñiga. De ninguna manera estoy diciendo que sepa del tema por experiencia propia, al contrario, creo que se encuentra en uno de sus mejores momentos y que su interés por la escritura dramática cada vez da mejores frutos.  Digo que él es el indicado porque como guionista de televisión reconoce los efectos del impacto que significa la pérdida de seguidores porque seguramente ha convivido con muchas estrellas apagadas, las más desesperadas por recuperar la atención de público y las menos resignadas a su opacidad como personajes secundarios.  Reconozco su familiaridad con el tema por la nitidez con la que ha concebido los caracteres de los personajes tanto así que si bien tienden a la exageración cercana a la caricatura terminan resultando verosímiles por ser divas decadentes que no han sabido hacer nada mejor en la vida que deslumbrar a quienes las rodean con su personalidad extravagante, estrafalaria y grandilocuente.  De tal suerte que, sorprendentemente, considero que los retrata de una manera realista.

Foto: @DarioCastroPH

Foto: @DarioCastroPH

Dramaturgia liminal

Sobre el desempeño de Zúñiga  como escritor de teatro quisiera agregar que se trata de una figura interesante que quizá nos enfrente a la necesidad de estudiarlo una vez que los críticos hayamos convenido en el establecimiento de una nueva zona liminal entre la dramaturgia y el guion. Sobre todo en esta obra me parece que Joserra ha combinado satisfactoriamente ambos oficios y que cada vez es más difícil discernir qué de su texto pertenece al mundo del guionismo y qué al ámbito de la dramaturgia. La obra me parece inspirada en un reality show pero el script se supera, complejiza y profundiza al grado de que se aproxima a ser considerada una bien lograda dramaturgia (el conflicto es claro y significativo y los diálogos son fluidos y contundentes).

Así pues el equipo conformado por Íñiguez, Zúñiga y Ascencio logra un montaje artístico y comercial creando un universo al mismo tiempo real y simbólico que actualiza el tema de la vanitas y en el que es posible mirar con nuestros propios ojos la explosión e implosión de las estrellas. Un mundo que deviene en metáfora de la sociedad del espectáculo de la que somos parte, que consumimos al mismo tiempo que nos consume y en la que todo esfuerzo por trascender es inútil. De nada sirve ser bello, rico o youtuber. En un mundo de apariencias controlado por los medios y las redes sociales, hemos de recordar la sentencia del Eclesiastés que podríamos atribuir como el detonador del pensamiento que dio a luz  Quiero volverme supernova : “Vanidad de vanidades. Todo es vanidad.”

Zavel-ADP

Literatura

Introducción al cabaret (con albur)

por Zavel Castro 20 agosto, 2018

Ahora que me explota el corazón de cabaret, no puedo pensar en un momento más justo para hablar del libro Introducción al cabaret (con albur) escrito por Cecilia Sotres, actriz, cabaretera, dramaturga y activista integrante de Las Reinas Chulas, una compañía considerada ya una institución del mal llamado (como ellas demuestran con cada uno de sus espectáculo) “género menor” en México con innegable trascendencia internacional. El hecho de que Sotres escriba una obra de divulgación sobre el tema al que ha dedicado su vida hace que el libro devenga en un manifiesto amoroso sobre y para el cabaret. Reconociendo a quienes la han apoyado, han sumado a su visión y quienes han compartido con ella la forma de vida que implica al cabaret, como Gastón Alzate (prologuista del libro y especialista en el tema) Juan Carlos Vives, Omar Argentino, Ana Francis Mor, Nora Huerta y Marisol Gasé.

Lejana a toda intención aleccionadora desde una posición autoritaria y cercana, en cambio, a la más honesta intención de compartir los saberes aprendidos a través de la experiencia, consciente de que no hay una sola forma de hacer cabaret y del duro camino que el/la aspirante a cabaretere tendrá que enfrentar, ofreciéndole consejos, herramientas y ejercicios para que pueda sortear los peligros en el camino. En este sentido ofrece una explicación puntual del porqué es necesario dominar el modelo fársico para crear una obra de cabaret exitosa, tip en el que recomiendo detenerse, no solo porque es una demostración de los saberes aprendidos en la praxis, sino porque resulta fundamental para la articulación de cualquier juicio y espectáculo de cabaret. Es pues, una de las enseñanzas más valiosas del texto.

Aunque el/la lector(a) ideal de este libro quizá sea precisamente el/la aspirante a cabaretere, Cecilia en su misión promotora atiende a un perfil un poco más amplio: a los espectadores convencidos tanto como a los potenciales, les ofrece una clave para leer el cabaret, una guía de apreciación para que, sabiendo lo que están viendo, aprendan a disfrutarlo. Así pues, ofrece una aproximación para cualquier interesade en el tema pasando por un repaso desde  la etimología del término “cabaret”, su desarrollo histórico, desde la Antigüedad Clásica,  pasando por la Edad Media, enfatizando el auge en Europa a principios del siglo XX y en la relevancia e influencia de la carpa mexicana a la cual refiere como la mayor aportación teatral de México para el mudo, hasta llegar a la actualidad.

Como manifiesto de amor, el libro se concentra en todos los aspectos positivos del ejercicio y expectación; bastante ha tenido que soportar durante mucho tiempo la desacreditación por parte de quienes se dedican a un teatro “más formal” (lo que sea que esto signifique) o quienes lo han perseguido, censurado y  por la crítica política y social intrínseca en la naturaleza de las representaciones de un género que fue un movimiento marginal y alternativo, como para siquiera mencionar los aspectos negativos, algunos de los errores y lugares comunes en que pueden caer quienes se dedican a él o sus áreas de oportunidad. El libro es una oportunidad para ver al cabaret a través de sus ojos. Reflejado en ellos uno puede saber mucho sobre el humor mexicano, sobre la necesidad de reír tanto como de denunciar las injusticias a través de lo que sepamos hacer, sobre hacer comunidad y sobre la necesidad de profundizar en un género que nos ha dado tanto. Prueba de ello es el Festival Internacional de Cabaret que por estos días estamos disfrutando.

 

 

Zavel-ADP

Críticas

El Origen del Mundo

por Zavel Castro 1 julio, 2018

Jorge Volpi es, sin duda alguna, una de las voces críticas más importantes del siglo XXI. Su agudeza intelectual ha quedado manifiesta en un sinfín de escritos, su pluma, inagotable e inconforme, pasa del ensayo a la novela, de la seriedad de una columna de opinión a sus inquietantes ficciones documentales de las que se desprende una interpretación de la realidad con el más alto grado de análisis tanto como pasajes que apelan directamente a lo erótico tanto como a lo romántico. Es un escritor completo. Su ingenio enriquece al mundo. Ha dominado el plano de la narrativa y ha sido y será siempre reconocido por ello.

A poco tiempo de cumplir 50 años, Volpi parece haber multiplicado sus inquietudes, o mejor dicho, volver a sus orígenes. Poca gente sabe que el primer texto largo que escribió fue una obra de teatro en sus años como estudiante de preparatoria, un esbozo de obra dramática que nunca llegó al escenario y que quizá esté guardado en algún cajón. No así su interés por el teatro, que retomó tantos años después, animado por la investigación que llevó a cabo para su novela, Memorial del engaño (2013). Los crímenes financieros, el funcionamiento oculto del sistema monetario, los dilemas políticos y morales tras los negocios, y, sobre todo, los acuerdos de Bretton Woods y el desempeñó como Departamento del Tesoro de Harry Dexter White, detonaron la escritura de El origen del Mundo.

Para Memorial del engaño, Jorge se imaginó a sí mismo como un neoyorquino, mecenas de la ópera (su pasión real más acusada) y como estafador. Para El origen del mundo, se pensó a sí mismo como dramaturgo, dando cuenta de la mascarada en la que se regocijan los intelectuales. Su mayor acierto como escritor de teatro ha sido quizá la elección del tema y la detección del potencial dramático de las discusiones entre John Maynard Keynes y Harry Dexter White figuras históricas fundamentales que definieron el curso de la economía mundial tras la Segunda Guerra Mundial.

Foto: Sergio Carreón Ireta / CNT

Foto: Sergio Carreón Ireta / CNT

La dramaturgia que soporta el montaje dirigido por Mario Espinosa para la Compañía Nacional de Teatro no escatima en información, al contrario, está repleta de datos precisos que narran casi de manera cronológica (alternando el discurso mediante el diálogo de los dos personajes principales) las vicisitudes que dieron lugar al establecimiento del Banco Mundial y la creación del Fondo Monetario Internacional eligiendo al dólar como la divisa de referencia mundial.  Todo ello acompañado del correlato (aquí yace la verdadera tensión dramática) de la problemática relación, dicho de otro modo, la rivalidad entre los dos economistas, que sin embargo retrata como dos hombres sumamente educados y respetuosos capaces de sostener una prolongada conversación sin exaltarse. Guardando las formas. Sin asomo de vulgaridad.  Especialmente el personaje de Dexter White interpretado por  Andrés Weiss, quien encima guarda un sorprendente parecido con el economista.

El tema de la obra es fruto de una minuciosa investigación y organización de Volpi, quién además acertó al anotar el tono en que podría montarse esta discusión: la farsa. Atendiendo a esta indicación, Mario Espinosa creó un ambiente tan espectacular y absurdo como suele ser (visto de cerca) el circo de la alta cultura.  Es así, que vemos a los grandes economistas en un ridículo in crescendo habitando una casa de espejos en el que se intercambian y confunden y en el que nada es lo que parece.

La dirección de Espinosa combina la seriedad del tema tratado con la irracionalidad del humor, vistos sobre todo, con el juego de la interpretación de la Señora White que alternan Octavia Popesku, Éricka de la Llave, y Amanda Schmelz; la transformación de Keynes que deviene en una caricatura de sí mismo comiquísimamente encarnado por David Hevia (actor invitado por la CNT) y la inclusión de un coro que comenta lo que sucede con gestos grandilocuentes, haciendo eco de las reacciones de los espectadores (el mayor acierto de la dirección entre los tantos que posee). Más allá de saber qué pasará con la economía mundial, los espectadores se mantienen atentos a “quién ganará” como si se tratara de una pelea de box. Guiño que ofrece Espinosa al colocar a las figuras históricas precisamente como pugilistas en la introducción a la obra.[1]

En suma, Volpi encontró una imagen generadora lo suficientemente potente que, en buenas manos como son las de Espinosa, ha conseguido materializarse en una obra dinámica y lúcida, a la altura del acontecimiento histórico narrado y del teatro de intachable manufactura.

 

Zavel-ADP

[1] A propósito de la escena introductoria, me atrevo asegurar que no solo es lo que atrae de inmediato la atención del espectador, sino que funciona para dar el tono de toda la obra, agilizándola y enfatizando la rivalidad de las dos grandes mentes insertas en una sociedad de consumo y espectáculo. Con esta resolución, Espinosa da un giro radical respecto a  otras obras del mismo estilo (la discusión entre dos intelectuales) como  La última Sesión de Freud, dirigida por José Caballero.

Críticas

Sin Yolanda que aquí no pasó Nancy. La Prietty Guoman.

por Zavel Castro 18 junio, 2018

 

La verdad es que tenía muchas ganas de conocer a “la Prietty”, el personaje creado por César Enríquez como resultado de su exploración sobre la realidad “trans”. La curiosidad se debía a los buenos comentarios que circularon por doquier y que hicieron a esta obra merecedora de clausurar la Muestra Nacional de Teatro y sobre todo del cariño de la comunidad a la que va dedicada y del resto del público que no deja de asistir a sus funciones en cualquier lugar en el que se presente. Naturalmente, que esta obra se presente en la Zona Rosa, corazón de la comunidad LGBTTTIQ (etcétera), en el teatro NH como parte del ciclo de monólogos “Mujeres Poderosas” organizado por Olivia Ortiz de Pinedo, hizo todavía más tentador mi asistencia al espectáculo.

¿Qué era lo que lo hacía tan especial? ¿Por qué causa tanto revuelo? Al verla entendí que acaso su mayor acierto sea el tratamiento del tema de una manera tan seria, honesta y comprometida y al mismo tiempo divertida. Contraria a la solemnidad con la que el mismo tema ha sido tratado algunas veces, solemnidad que deviene en densidad y que requiere del espectador un esfuerzo intelectual y de concentración que amenaza con dificultar su comodidad y goce inmediato.[1]

La Prietty no solo divierte y entretiene, sino que refleja, especialmente mediante su estética kitsch que coherente con el estilo raya en lo vulgar (escenografía, iluminación, vestuario); retratando así la realidad de la “vida nocturna” de muchas trans. La condición, o mejor dicho decisión vital de estas personas, las relega dentro del mercado laboral, limitándolas a prostituirse o a servir de algún modo en clubes, antros o la calle.

Consciente también de la situación económica de muchas trans, cuya transición total al género femenino exigiría una operación de cambio de sexo que imposible de costear, “La Prietty” muestra una figura hiper femenina que exagera sus rasgos corporales de forma rudimentaria, bruta, como sus medios se lo permiten y su entorno posibilita. La Prietty es una gran representante de la mayoría de las trans mexicanas. Por eso pueden reconocerse en ella y empatizar con el personaje. Porque saben que absolutamente contraria a una caricaturización de ellas lo que César Enriquez intentó con esta obra es comprenderlas, solidarizarse y darle voz a esa minoría fundamental en el panorama identitario de Latinoamérica.

Por solidaridad también es que Enríquez aprovecha su monólogo para denunciar la injusticia en la que viven diariamente y la violencia que muchas veces termina con sus vidas. Hay una escena de la obra que roba el aliento y abre los ojos del público. La escena que rompe con el tono cómico y nos invita reflexionar sobre la discriminación que permite que ciertos abusadores sientan que tienen el derecho de terminar con la vida de una persona a causa de sus preferencias sexuales. Lágrimas y risas. De una emoción a otra. Todo lo que nos hizo sentir la Prietty como una auténtica mujer (muy) poderosa.

Zavel

 

 

[1] Se me ocurre por ejemplo otro de los montajes seleccionados para la Muestra Nacional de Teatro, que sin embargo yo vi como parte del ciclo “Beso. Teatro diverso” en la Teatrería, es Trans. Pieza documental sobre la identidad de género de la compañía de teatro Translímite-Alternativa Escénica, escrita por Bruno Ruiz y dirigida por Luis Rodríguez. Pienso que la “densidad” de la pieza podría  estar relacionada con la concepción del autor sobre el teatro documental y la tradición del género en México, pero esta es materia de otra reflexión.

 

Reflexiones

Usted no tiene por qué padecer. Respuesta a un espectador.

por Zavel Castro 15 junio, 2018

Estimado Augusto:

Te agradezco mucho el envío de tu carta. Tus palabras hicieron eco en muchos de nuestros lectores (¡sobre todo te han leído mucho en México y en Chile!), yo misma te he leído con detenimiento y necesito confesarte que si bien estoy de acuerdo con tu postura, desconfío que seas realmente un “espectador común” o un “tía francisca” como tú has llamado a aquellos que tienen poco conocimiento teórico y técnico del teatro pero que aún así lo disfrutan como aficionados.  Tus referencias a Brook y a Stanislavski, tanto como a “tus pobres conocimientos sobre isóptica” me hacen sospechar que quizás seas uno de esos creadores frustrados, un amante no correspondido del teatro. No te lo tomes a mal, pero en este mundillo del teatro hay mucha gente que intentó ser hacedor pero su falta de talento lo obligó a quedarse (resentido) en su butaca. Incluso, hay algunos que soñaban con ser directores o actores y se “conformaron” con la crítica y la recomendación forzando su relación con el teatro, regresando al escenario cada vez que se presenta la oportunidad con resultados cada vez más lamentables.

Quisiera tener un perfil más claro sobre ti. Es importante para situar tu “lugar de enunciación”, ese sitio desde el cual estás realizando tus declaraciones. Lo digo sobre todo, porque algunos de nuestros lectores piensan que justamente que te adjudicas conocimientos que realmente no posees. Al respecto mi comparación favorita fue la de alguien que dijo (sin ánimo de polemizar) que “un viajero que viaja mucho sabe de aviones sin duda, pero no por eso podía pilotear” Me gustaría defenderte sabiendo que te sitúas en el lugar de espectador y que no pretendes decir cómo hacer teatro. Me parece que simplemente estás compartiendo tus experiencias como espectador y que esta posición no te subordina respecto a la creación.

De ser cierto que tu elección ha sido “permanecer en las sombras” como espectador, déjame felicitarte. Son muy pocos los que tomarían esta posición con tanta seriedad y orgullo. Aplaudo tu consciencia sobre el ejercicio de la mirada y el pensamiento crítico que suponen la expectación constante de teatro y que resulta en su refinamiento. Habría que emprender una historia de los espectadores para comprender cómo han contribuido a la evolución del arte teatral.

Es importante que te hayas pronunciado de alguna manera. Que hayas salido del anonimato para decir unas cuantas cosas en representación (incosnciente) de muchos de los que pagan un boleto para ser entretenidos. Me parecen un poco mentirosos los hacedores que se dicen “preocupados por su audiencia”. A lo sumo lo que puede preocuparles es que su obra guste (o confunda) tanto como para poner a funcionar la recomendación de boca en boca. Dígamoslo de una vez: los teatreros quieren ver sus salas llenas. Nadie vive de premios irrelevantes o del reconocimiento del gremio. Quieren gente en sus funciones pero descuidan al espectador. Pocas veces hacen algo pensando verdaderamente en un público específico, no estudian a la gente que mira, no prueban sus espectáculos con el público antes de estrenarlos (son tan raros los Work in progress), no reparan en las reacciones de los espectadores y encima, cuando fracasan tienden a culpar al espectador de “no haber sabido ver».

Me parece un insulto responsabilizar al espectador de su apreciación. Se le hace creer que no es tan culto, intelectual o sensible, que no está al nivel de apreciación adecuado para sus montajes “superiores” y “vanguardistas” cuando ciertamente la culpa está en la mediocridad y pretensión de los montajes.  Pocos creadores de teatro tienen conciencia de que están ofreciendo un servicio. Menos aún son aquellos comprometidos con el entretenimiento. Antes de entretener prefieren aleccionar al espectador en temas históricos, políticos o teatrales. Pareciera que para los teatreros una obra es mejor entre más insoportable sea, entre más europea, más indescifrable, con discursos cada vez más “elevados”, entre menos apele al contexto del espectador mejor, porque es un contexto despreciable, porque se consideran menores e irrelevantes sus intereses y necesidades. En ánimo de conquistadores los creadores suponen que hay que  “evangelizar a los indios”, acercarlos a la palabra divina del teatro.No digo que todo teatro didáctico o posdramático esté mal, pero estoy segura que tu entiendes cuando digo que hay un vacío enorme que separa a los espectadores de su teatro.  Nadie piensa en ellos. Nadie quiere entretenerlos. Especialmente los “artistas”.

No hay razones suficientes que justifiquen obligar al espectador a padecer. El espectador de buena fe ha pagado su boleto para pasar un buen rato (para ir a veces por primera vez y quizá por última) en el teatro. Con toda la gama de posibilidades que implica lo que puede significar “un buen rato”. En ningún caso el teatro tendría por qué aburrirlo. No tendría nunca que estar en un asiento incómodo y de ningún modo tendría por qué desconocer la duración de una obra de teatro. Esto tendría que decirse muchas veces especialmente cuando una obra raya las dos horas de duración o las supera. Tendría que decirse en la publicidad y al inicio de función. Tendría que aparecer siempre impresa en los programas de mano. Nadie piensa en el transporte del espectador ni en la inseguridad de las ciudades: el espectador tiene que regresar a tiempo y a salvo. Por cierto que los programas de mano tampoco deberían mentir tan descaradamente como lo hacen. No deberían prometer una cosa distinta o superior a lo que el espectáculo ofrece. Esto contribuye  culpabilizar al espectador, a hacerle sentir que no ha sabido ver lo que el programa dijo que vería (“grandes actuaciones”, “magnífica dirección” “una obra entrañable”).

Sobre todo estoy de acuerdo contigo y te agradezco haber levantado la voz respecto a que a los espectadores lo único que les importa es el producto final, esto es el resultado. No las horas de ensayo, no los accidentes de función. No hay falla técnica ni disculpa que valga. Muchas veces los creadores se justifican con un “es que no te tocó una buena función”  y te piden que regreses a probar suerte. No, no y mil veces no. Insisto: el espectador no tiene por qué padecer. De hecho, debería quejarse más a menudo. Debería sentirse con la libertad de decir que lo que ha visto es una porquería sin sentirse juzgado, sin ser ninguneado, sin que su opinión se minimice por no saber lo que es hacer teatro. Debería habilitarse que si a un espectador no le gusta la función pueda salirse a la mitad desde cualquier lugar de la sala y pedir en taquilla que se le devuelva el costo o un porcentaje de su boleto ¡Los que hacen teatro tienen que saber que algo no gusta y hacer algo al respecto! El espectador debería reaccionar honestamente a lo que pasa en el escenario, dejando esa solemnidad hipócrita que le impone silencio y oscuridad. Sobre todo no debería intentar complacer a los espectadores con su reacción, sonriendo cuando voltean a verlo. O riéndose por compromiso.

Todo espectador debería, como usted, dedicar un tiempo a la reflexión y al diálogo. Observar y manifestarse. Hacerse presente. Reclamar atención. Todas las tías Franciscas deberían tener derechos como espectadores

 

Por favor dime qué piensas de este desahogo.

En espera de tener noticias tuyas

Z.

Reseñas

ORGULLO GAY

por Zavel Castro 5 junio, 2018

Desde su origen, el teatro y el cabaret han funcionado como refugios para todos aquellos que no encuentran su lugar en el mundo. La comunidad LGBTTTIQA se reconoce como una minoría que si bien gracias a titánicos esfuerzos ha conseguido una reivindicación y reconocimiento de muchos derechos, aún es incomprendida por aquellos que malmiran las otredades sexuales.  Julio es un mes para celebrar precisamente esa otredad,  hacer conciencia de las batallas libradas y de todo lo que queda por lograr. Algunos espectáculos se suman a la lucha compartiendo  los propósitos de esta noble causa que a todos debería de importar.  Estas son las obras que no te pueden faltar en tu agenda del mes del orgullo gay.

 

Shakespearean tour

Para celebrar el amor propio

Foto: @DarioCastroPH

Foto: @DarioCastroPH

Entre todas las propuestas existentes de teatro shakespeareano en la actualidad en CDMX[1], no temo confesar que la única que me convence y recomiendo es la que hace Mariano Ruiz, puesto que realmente resignifica y actualiza al dramaturgo inglés en la medida en que muestra cómo la obra de Shakespeare atravesó su vida, especialmente durante su proceso de aceptación sexual y cómo el amor propio que esto generó, lo llevó a iniciar una búsqueda profesional como actriz de teatro, inspirado siempre en los personajes isabelinos que él considera como sus superheroínas, del mismo modo que lo inspiraron las protagonistas de las telenovelas mexicanas y las divas del pop.

El autor, protagonista y director no teme mezclar combinar sus pasiones y hacer eco de la cultura popular mezclando en un mismo universo a Julieta, Lucero, el youtube, Rosalinda, la entrega de los oscares, Wicked, Lady Macbeth y las películas de terror. A través de recursos sexys y divertidos, Ruiz narra cómo ha vivido ser homosexual en el gremio teatral (no tan abierto como parece, especialmente en las escuelas de formación) y cómo ha logrado sobrevivir en un país en el que cada vez se habla menos y suceden más crímenes de odio -la homosexualidad es perseguida y castigada como delito en 79 países, al menos en 10 está penada con la muerte-.

Mariano, como actriz de teatro sabe que la femineidad y la masculinidad son roles que se pueden interpretar, lo único que realmente importa es que seamos lo que seamos lleguemos a estar orgulloses de nosotres mismes. Suficiente tenemos con el resto del mundo. Querrámonos mientras estemos vivos.

 

STRAIGHT

Para comprender a los que no pueden salir del clóset

Foto: @DarioCastroPH

Foto: @DarioCastroPH

Dígan lo que digan sobre la apertura y liberación sexual en las grandes ciudades, lo cierto es que el prejuicio pesa más en la mayoría de las mentes de los latinoamericanos criados bajo enseñanzas machistas que aún conciben a la homosexualidad como un defecto y que no son capaces de ejercitar su empatía y tolerancia respecto a las decisiones de otro ser humano. El homosexual todavía es comprendido por muchos como algo extraño e inferior a lo heterosexual. La justificación de este pensamiento es absolutamente abominable, desafortunadamente eso no impide que siga existiendo y transfiriéndose de generación en generación porque el contexto y nuestra cultura lo permiten. STRAIGHT no es una obra convencional. El final es inesperado. Sirve sobre todo para mostrarnos la realidad de muchísimos gays que quedan atrapados en las preocupaciones de otros y en sus propias inseguridades.  El clóset es un lugar triste y solitario.

 

Ángeles en América

Para entender mejor la historia del gay pride

ANGELES

La icónica obra de Tony Kusher dirigida en México por Martín Acosta, retrata los problemas a los que tuvieron que hacer frente los miembros de la para entonces secreta comunidad homosexual en Estados Unidos. Prejuicios religiosos, dilemas familiares, asuntos emocionales sin resolver, la epidemia del SIDA, los peligros del circuito underground y zonas rojas de las ciudades a los que los gays recurrían como refugios placenteros, censura y persecución, mezclados con deliciosos pasajes fantásticos, nos dan una idea de por qué es importante celebrar las libertades conseguidas hasta ahora.  La comunidad LGBTTTIQA[2] tiene mucho por lo que sentirse orgullosa, es importante saber más sobre su historia.  Qué mejor que mediante un montaje imponente en términos visuales, una súper producción con grandes actuaciones, especialmente las de Laura Almela, Diana Sedano y Fabián Corres. Una mirada al pasado para sembrar esperanza en el futuro.

 

Zavel-ADP

[1] Tan solo en lo que va del año he visto en cartelera un montón de obras  (remontajes o estrenos) ya sea inspiradas, adaptadas o montadas tal cual se supone que lo escribió el dramaturgo inglés. Entre ellas: Noche de Reyes dirigida por Alonso Íñiguez, Esto no es Dinamarca, dirigida por David Jiménez, Macbeth dirigida por Mauricio García Lozano, Testimonial Shakespeare, dirigida por Carmen Ramos, Xolomeo y Pitbulieta dirigida por Camila Brett ; el ciclo de obras que integra el proyecto “Teatro en el parque”, que también supuso la construcción de un espacio que emula al Globo en Londres, conformado por:  Romeo y Julieta de bolsillo dirigida por Alonso Íñiguez, Algo de un tal Shakespeare dirigida por Adrián Vázquez, Mendoza, dirigida por Antonio Zúñiga, ¿Qué con Quique quinto? Dirigida por Andrés Carreño, La sombra del bardo, dirigida por Eduardo Castañeda y Yo tenía un Ricardo hasta que Ricardo lo mató dirigida por Fausto Ramírez.  Por supuesto, convendría reflexionar seriamente sobre esta tendencia, no solo porque abarca un espacio importante en la cartelera de la Ciudad de México, sino indagar en las motivaciones de cada uno de los directores de retomar a Shakespeare ¿por qué aquí? ¿Por qué ahora?

[2] Siglas que designan respectivamente a: lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transexuales, transgénero, intersexuales, queer  y asexuales.

Críticas

Una investigación pornográfica [El potencial escénico en Despentes]

por Zavel Castro 30 mayo, 2018

Algo debe tener la literatura de Virginie Despentes que hace que su traducción escénica resulte en montajes igual de explosivos que sus letras. Y es que la potencia del discurso feminista de esta autora ha sido la inspiración de dos montajes provocativos y provocadores. “Vivan las feas” de Mariela Asensio en la Argentina de la que ya hemos hablado[1] y “Una investigación pornográfica” de la compañía española “Líate” que se presenta en el Foro Shakespeare de la Ciudad de México. Si bien todo teatro discursivo se ve amenazado por la posibilidad de convertirse en un panfleto sostenido en la narración (como si se tratara simplemente de la lectura dramatizada de un manifiesto), la directora Alba Alonso, quien también se encarga de representar los distintos personajes atravesados por las múltiples ideas que componen versiones distintas de la femineidad, consigue poner en cuerpo la “Teoría King Kong” a través de una sucesión de escenas ágiles que respetan en todo momento el tono cabaretero que nos recuerda a la seducción pop-grunge de la movida española de los años 80.

Un teatro agresivo, sexy pero no coqueto, sensual, más erótico que vulgar y sobre todo atrevido. La propuesta estética confronta al espectador al mostrarnos a una actriz bellísima renegando de la victimización de las mujeres, de la supuesta debilidad del género. En una sociedad machista como lo sigue siendo la nuestra, Alonso habla de lo que no debe hablarse, se burla de la sumisión como la herramienta esencial para sostener la “superioridad” del hombre. Ella a través de los fragmentos reproducidos íntegramente de Despentes, cuestiona de fondo al sistema patriarcal mientras que en la forma sigue siendo una bomba sexual. Una mujer bonita no puede ser enemiga del hombre, debe ser su objeto de deseo. Sin embargo, en “Una investigación Pornográfica” esto es posible. La protagonista constituye una amenaza para los estereotipos de sumisión que mucho gustan a tantos hombres.

Foto: @DarioCastroPH

Foto: @DarioCastroPH

Como las actrices pornográficas excita a los hombres al mismo tiempo que los asustan y es que en el mundo del porno una mujer debe ser tan deseable como deseante, pero la excesiva manifestación de sus deseos la coloca por siempre en un lugar de irrespeto y utilización. Una actriz porno, una mujer dueña de su sexualidad, que en lugar de esconderla la disfruta es un peligro. Se antoja utilizarla pero no poseerla. Divertirse con ella sí. Conquistarla no. Los personajes interpretados por Alonso, son distintas etapas de la vida de Despentes, estaciones vitales que tanto en el libro como en la obra, son aprovechados para cuestionar el universo que supuso la pornificación, esto es –según Neif Yeyha-[2] la relativa <<normalización>> de las imágenes pornográficas y su absorción por la cultura de las masas ¿Cómo funciona el porno en una sociedad altamente hipócrita que se avergüenza de sus cuerpos y niega sus impulsos sexuales? ¿Cuáles son los estereotipos femeninos que devienen de este proceso?

Foto: @DarioCastroPH

Foto: @DarioCastroPH

El sentido del humor del montaje  termina por producir un auténtico convivio en el que los espectadores participan directamente. La comicidad de la propuesta de la compañía Líate, responde también a la acertada combinación de las ideas de Despentes con las del escritor satírico e irremediablemente erótico Pierre Louys. Para la dramaturgia se retoma el Manual de Urbanidad para Jovencitas publicado en 1917. La inclusión de este texto, enfatiza el carácter absurdo de las ideas sobre el pudor, discreción y sutileza con la que una mujer debe conducirse a lo largo de su vida. Lo que se necesita ahora es una mujer sin vergüenza, que no esté dispuesta a degradarse con tal de satisfacer a nadie. Una mujer que acepte prostituirse sin considerarse puta en la acepción más despectiva. Una mujer dueña de sí misma incluyendo su bajo vientre. Una mujer que no tema ni la monogamia ni el sexo multitudinario. Una mujer que disfrute con franqueza el sexo en solitario. Hace falta también un hombre que pueda soportarlo.

“Una investigación pornográfica” es una demostración de la apropiación de un discurso y encarnación del mismo, el texto ha dado lugar a su materialización. Ha quedado claro que mucho es debido al detonante: la escritura de Despentes ¿Qué tienen sus textos que el teatro puede hacer uso de ellos con tan buenos resultados?

Zavel-ADP

[1] “Vivan las feas. Un divertido e inquietante manifiesto performático.” En: http://aplaudirdepie.com/vivan-las-feas-un-divertido-e-inquietante-manifiesto-performatico/

[2] Yehya Naief. Pornografía. Obsesión Sexual y tecnología. México, Tusquets Editores: 2012. 342 pp.

 

Reflexiones

Horror vacui

por Zavel Castro 10 mayo, 2018

El rumor dirá que las segundas partes nunca fueron buenas. Como pensadores de teatro no podemos conformarnos con una perogrullada. Tenemos que cavar más profundo para tratar de entender. Sabemos que el teatro no puede ser igual, que la transformación es su esencia, que no se repite. Si una función nunca es igual a otra, no deberíamos sorprendernos cuando una misma obra cambia radicalmente de una temporada a otra. Sin embargo, nuestro primer impulso, la mayoría de las veces, es reprocharlo. Es ahí cuando debemos detenernos y tratar de entender.

Sucede que la simplicidad aterra. Nuestra cultura teatral nos ha acostumbrado a la grandilocuencia, a la parafernalia, a la espectacularidad del diseño escénico, a la saturación. No hay nada que confronte más y casi por igual a directores, actores y espectadores. El primero puede pensar que una escenografía vistosa hará relucir su empeño, al segundo le será más sencillo esconderse detrás de la utilería y el tercero quizá haya aprendido a “medir” la calidad de un trabajo escénico en relación al nivel de producción (entendiendo nivel siempre como cantidad antes que como calidad). El espectador en México busca traducir la inversión de su boleto en imágenes que pueda presumir (de ahí que la mayoría de la gente que no acostumbra ir al teatro esté dispuesta a gastar una suma considerable en algún musical, sin que esto quiera decir –por favor, no malinterpreten- que no sabemos apreciar el valor artístico de dicho género).

Un espacio vacío o mínimamente adornado puede inspirar la sensación (a veces con justicia) de soledad y precariedad. Ojalá pudiera entenderse que no hace falta demasiado para que una obra sea valiosa, aunque ya lo hayan dicho antes Grotowsky, Brook -entre otros- tendemos a olvidarlo; en nuestro caso algunas de las mejores obras que hemos visto apenas tienen requerimientos técnicos, ocupan realmente lo mínimo. Cuando hay teatro el espacio se llena de cosas intangibles. Pensemos en Terrenal (Mauricio Kartun) Mi hijo camina solo un poco más lento (dirigida por Guillermo Cacace), Los cuervos no se peinan. Partitura escénica para niños con plumas en la cabeza (Diego Montero), La espera (Conchi León), La Fiera (Mariano Tenconi Blanco), Una Mesa y Lo mejor de la vida (Zypce), Lo único que necesita una gran actriz es una gran obra y las ganas de triunfar (Vaca 35) y en la primera temporada de Puras Cosas Maravillosas (dirigida por Sebastián Sánchez Amunátegui  y si se me permite la inclusión dancística, La Wagner ( Pablo Rotemberg) y Maboroshi (Tadashi Endo), por citar algunos ejemplos donde la elección por lo mínimo cobra los más altos vuelos.

Habría que hacer mucho, pero mucho para fortalecer esta tendencia de aspirar a lo esencial, pero son muy pocos los hacedores de teatro que tienen realmente la confianza en sí mismos y el coraje para llevarlo a cabo (incluso de confrontar a cualquier productor que presione pensando que “más es más”), en definitiva habría que tratar con detalle y cariño su horror al vacío. Y habría por supuesto que guiar al público hacia la apreciación de la sencillez, a comprender la complejidad de las cosas sencillas. El arte  ya ha hecho lo suyo enseñando al público a mirar sin desprecio el lienzo en blanco (en Occidente podemos situar esta tendencia por lo menos a partir de los sesenta precisamente con el arte minimalista y postminimalista).

Foto: @DarioCastroPH

Foto: @DarioCastroPH

 

En suma, una obra no mejora agregando mayor producción ni más trazo escénico. Y cuando sucede forma parte de las excepciones que confirmarían la regla. A este respecto me vienen a la mente las segundas temporadas de Puras Cosas Maravillosas y del Nahual, dos monólogos cuyo cambio supuso la inclusión de más elementos (post its en una, sábanas en la otra. Es cierto que son poquísimos elementos, incluso es cierto que podrían considerarse apenas como detalles, pero las adiciones tanto como el cambio de trazo mucho menos contenida, más vistosa y dinámica restaron la intimidad que las hacía entrañables y poderosas. Antes no teníamos más que al hombre y su palabra llenando el escenario. Aún con las intervenciones del público que había en ambas. La ambición por «crecer» las puestas aniquilaron la cercanía que en su momento sentimos. Por supuesto que esto no quiere decir que no sean trabajos que valga la pena ver, afortunadamente los textos y la interpretación en ambos siguen siendo loables.  Los espectadores que vean alguno de estos trabajos por primera vez tal y como fueron remontados tendrán una buena experiencia. Somos los nosotros, los pensadores,  obsesionados por dar seguimiento a las obras, quizá parte de los muy pocos que notemos esto y que extrañemos las versiones anteriores.  Los críticos somos nostálgicos.

Hasta ahora solo hablé del aumento de elementos en un montaje durante la transición de una temporada a otra y de lo innecesario que este aumento resulta, lo expliqué por el terror al vacío ocasionado por la misma cultura teatral que tiende a la exageración o llenar el espacio en términos materiales. Ya habrá tiempo de concentrarme en la saturación discursiva y de otros tipos.

Zavel-ADP

Reseñas

El rap se coló (otra vez) en la fiesta de los intelectuales

por Zavel Castro 9 mayo, 2018

El pasado 5 de mayo en el marco de la Feria del Libro de León, celebramos mucho más que la Batalla de Puebla; fuimos parte de la consolidación de la comunidad hiphopera de Guanajuato, dentro del Telón de la Palabra fuimos testigos de la integración de la cultura urbana dentro del aparentemente cerrado circuito de la alta cultura representada por  algunas editoriales e instituciones gubernamentales del país. Insertar el rap en este circuito podría interpretarse como un aburguesamiento del género, sin embargo, la decisión del jurado se encargaría de definir y representar el espíritu del proyecto, si en efecto, se apoyaría al rap y al acercamiento a la literatura como expresiones sociales de moda ejercidas como privilegios, o por el contrario, como poderosas armas discursivas de esencia popular y revolucionaria con efecto masivo.

El rap logró colarse a la fiesta de los intelectuales en voz de los 6 finalistas de la segunda edición del certamen “Érase una vez rap” organizado por Sara Pinedo y Cuauhtémoc Vázquez, merecedores de todos los agradecimientos por su esfuerzo e interés auténtico en fomentar eventos alternativos con los cuales puedan identificarse los jóvenes de Guanajuato. Su entrega hizo posible el crecimiento exponencial del evento, pues de la primera edición a esta segunda puedo asegurar sin exageración que el concurso mejoró en todos los aspectos. El nivel subió para hacerle honores al hip hop como transformador de contextos y consciencias.

Los participantes del concurso tenían la encomienda de reinterpretar cualquier cuento o novela de cualquier autor latinoamericano. Con esto la literatura daría cuenta de que el rap es solo otra de sus infinitas caras, acaso una de las más frescas y poderosas. Subieron al escenario los elegidos para hacer uso de esa poderosa arma discursiva. El jurado conformado por los raperos Jezzy P y Jesús Camacho y el poeta Rojo Córdova, se encargó de evaluar su desempeño como liricistas al micrófono. Actitud, habilidad con las palabras y rimas, reapropiación del discurso de las narrativas elegidas y dominio del espacio fueron algunas de las cualidades evaluadas en los participantes presentados por Cut López, maestro de la ceremonia.

“El Furcio”, representando orgullosamente a la comunidad de San Juan de Abajo dio inicio a la presentación de los materiales con un rap inspirado en “Pinches Chamacos” de Francisco Hinojosa, reinterpretando la anécdota del cuento hacia su realidad, siendo realmente los pinches chamacos de su comunidad, los protagonistas de un nuevo cuento rapeado por una estrella en ascenso. El campeón sin corona.

31956625_1912751929016696_4883765440645431296_o

Después del Furcio siguieron MC Ayor con “Macario” de Juan Rulfo, Prosa seria con “La región más transparente del aire” de Carlos Fuentes, Wadem con “El almohadón de plumas” de Horacio Quiroga que se llevaría el tercer lugar, Karvyj, quién con su estilo sui generis llevado al límite presentó su interpretación de “Alimento de sol” de Horacio Quiroga y terminó siendo el segundo lugar del certamen, con lo que dio cuenta de la libertad y capacidad de las hiphoperas de definirse a sí mismas sin restricciones. Ser como quieran ser. Después de Karvyj, siguió Aramara quien con su impecable flow y dominio escénico (Aramara también ha destacado como actriz en otros proyectos) conquistó el primer lugar con “Historias de cronopios y famas” de Julio Cortázar. Es necesario detenerse en el hecho de las dos mujeres que resultaron ganadoras, pues esto dice algo importante sobre el clima cultural actual en el que el feminismo ha surtido efecto. A comparación de hace algunos años en las que el rap interesaba a muy pocas mujeres, ahora no solo participaron más chicas sino que se llevaron la victoria. Enhorabuena: poco a poco el rap ha dejado de entenderse como un género dominado por los hombres. Ojalá que la impronta del rap pronto alcance sitios cada vez más lejanos.

31969785_1912748515683704_5609600993680424960_o

Más allá de los primeros lugares, la segunda edición de Érase Una Vez Rap se concentró en unir a la comunidad de raperos y así incentivar el carácter pacífico y el apoyo de unos a otros. Demostrando además la existencia de la mítica nación hip hop, así como de su búsqueda de refinamiento cultural. Érase Una Vez Rap es una iniciativa para la cual no tengo más que buenos deseos, relato y corazón porque reconozco sus buenas intenciones. Un proyecto que merece larga vida.

Zavel-ADP

 

Reflexiones

Teatro, Rap y Cabaret: prácticas de resistencia

por Zavel Castro 28 abril, 2018

Los vasos comunicantes entre el género musical por excelencia de la cultura urbana actual y el arte de la representación escénica son tan numerosos y evidentes, que me resulta extraño ser la primera en hablar de su conexión intrínseca. Quizá se deba a que muy pocas veces el rap se ha incluido como parte de alguna puesta en escena[1] porque los teatreros aún desconocen las similitudes entre lo que hacen ellos y los raperos o porque consideran este tipo de música más adecuada para escuchar en su vida lejos de los escenarios que como parte de su quehacer artístico, o porque ninguno de los que consideran sus “grandes maestros” en dirección o diseño sonoro lo ha hecho y  les provoca cierta desconfianza no seguir con la tradición y con lo que se les ha enseñado que es adecuado para la escena. Aun cuando la mayoría de creadores de teatro declaran su necesidad por romper con lo establecido, lo cierto es que la declaración vanguardista usualmente es mera repetición antes que convicción genuina. Acaso convenga poner de manifiesto las coincidencias entre un género y otro para animar su conjunción, de tal suerte que podamos verlas más a menudo como parte de un mismo espectáculo. O por lo menos para reconocer simplemente que, al compartir su razón de ser tanto como sus propósitos, ambas resultan poderosas armas discursivas.

Fundamentalmente hay que señalar el carácter político de ambas manifestaciones. Desde sus orígenes, teatro y rap llevan intrínseco un alto grado de resistencia frente al sistema. Tras nacer en el seno de la exclusión, raperos y teatreros (especialmente los carperos de otrora y los cabareteros de siempre) han hecho uso de la palabra para dar cuenta del  contexto que los afecta.  Las letras del rap, así como algunas dramaturgias o letras de rap insertas en los montajes,  representan a las clases populares denunciando la desigualdad como consecuencia de la globalización y administración económica de los países donde tienen lugar. De hecho, más que como discurso, el concepto de resistencia, como eje central del rap y del teatro (popular), se considera una práctica. El simple hecho de elegir hacer teatro como práctica artística, tanto como rapear, funciona a partir de un cuestionamiento sobre la circulación y el funcionamiento del conocimiento y cualquier otra forma de poder.

mafer amelio

El rap  (tanto como el punk, rock y ska) , el teatro popular y el cabaret, como expresiones urbanas marginales de la música y de las “bellas artes” u otras formas de teatro consagradas según la organización cultural burguesa, toman como punto de partida la vida cotidiana, eje articulador de las culturas populares. Usando sus respectivas formas de expresión para canalizar todo lo que ocurre en el interior de sus comunidades. Por ello los autores de las líricas de barrio, los teatreros y cabareteros están conscientes de su compromiso con el grupo social al que pertenecen y procuran ser solidarios con las problemáticas grupales Artistas escénicos y artistas de barrio tienen el poder de transformarse de hombres y mujeres ordinarias a héroes y heroínas anónimas al levantar la voz para denunciar las injusticias que sufren sus comunidades. El rap y el teatro popular deben su esencia a “la calle”.

Ambos tipos de hacedores tienen el potencial y casi la obligación de devenir en “mensajeros de la verdad”. Como voceros de la cultura popular, raperos y teatreros cumplen una función muy importante: hacer pública de una manera particular, una realidad que todo el mundo conoce pero de la que pocos hablan, una realidad que, aunque todo el mundo sabe que existe, son pocos los que se atreven a denunciarla. Ambas prácticas hacen visibles todas las transformaciones culturales, sociales y económicas sufridas por sus comunidades y por los países de los que forman parte, manteniendo así una relación simultánea entre lo local y lo global.  El teatro y el rap suelen ser formaciones colectivas en las que por lo tanto se encuentra un compañerismo profundo y horizontal, difícil de hallar en otras actividades. Lo cierto es, por supuesto, que como parte de cualquier comunidad, los raperos y teatreros nunca conocen a todos y cada uno de sus compatriotas, lo importante realmente es que en cada uno vive la imagen de la comunión.

Como prácticas de resistencia, el hip hop, el teatro y el cabaret devienen auténticos estilos de vida tanto como identidades que los distinguen de otras formas expresivas. Incluso, hay quienes consideran a estas subculturas como “naciones”, debido, entre otras cosas a que como tales, tienen fronteras limitadas que les permiten el reconocimiento de otras naciones. La nación hip hop y la nación teatro o “gremio teatral”, como les gusta decir, son depositarias de historias de segregación y marginación urbanas. Es innegable que ambas formas de expresión son absolutamente propias de las ciudades.

Como naciones culturales autónomas, los raperos y cabareteros crean nuevas identidades y se inventan nuevos modos de representación y participación. Reinventándose y reafirmándose cada vez que les es posible con el único propósito de sobrevivir en un contexto que de seguir sus normas los obligaría a desaparecer. La existencia de la gente que se dedica al teatro y al cabaret  y la que se dedica al rap depende de su capacidad para expresar, fortalecer, legitimar, posicionar, reconstruir y crear discursos y culturas propias, creando así nuevas formas de comunidad. Formas alternativas de habitar el mundo. Manifestaciones artísticas disidentes. ¿Por qué no se unen más a menudo? Ya lo he dicho, porque aún no se reconocen mutuamente, pero el día que lo hagan, respetando la especialización de unos y otros (sobre todo no pretendiendo que cualquier dramaturgo puede escribir un rap sino recurriendo a liricistas y freestylers profesionales), lograrán potenciar aún más su potencial discursivo contra sistema. Me encantaría  ser testigo de esta unión.

Zavel-ADP

[1] En los últimos años recuerdo haber visto algunas obras que incluían rap como parte del montaje, dos a petición mía como curadora de dichas propuestas: “Lobata. Teatro experimental para niñxs revolucionarixs” dirigida por Cecilia Ramírez Romo y “Amelia, Coronel Amelio” espectáculo de cabaret dirigida por Francisco Granados. También lo vi en “La espantosa y marginal vida de Godzilla” dirigida por Carlos Converso y “Trending Topic. Teatro documental sobre violencia de género” escrita por Ricardo Ruiz Lezama, dirigida por Paulina Orduño «Esto no es Daisy» de Rodrigo García dirigida por Paulina Orduño y sé que “Salimos del mar y soñamos el mundo” dirigido por Nora Manneck, «Minotauro» de Patricia Yáñez y «Nuestra venganza es ser felices» de Diana Reséndiz dirigida Karen Condés, «Alicia» de Jimena Mancilla, «El insomnio de Segismundo» de Martín López Brie, «Monster Truck», «Desvenar» y «Bozal» de Richard Viqueira», «Puro Lugar» de Orteuv y Teatro línea de sombra,  «Código bolero» de la Compañía de teatro danza Apoc poc , «El paraíso o la vida pasada en limpio» de Rubén Ortiz, «Animalia» y «Bestiario Humano» de Diego Álvarez Robledo  también utilizan el rap como elemento principal en  algunas escenas.

Newer Posts
Older Posts

TALLERES

  • Taller Virtual de Dramaturgia
  • Taller/montaje internacional de actuación en línea
  • Taller de monólogo teatral
  • Asesoría en dramaturgia
  • Cursos y talleres de dramaturgia
  • Ricardo Ruiz Lezama-Perfil y obras

Síguenos

Twitter Instagram

Entradas recientes

  • Me acuerdo. A propósito de «¿En qué estabas pensando?» Por Luis Javier Maciel Paniagua
  • Hasta encontrarte: una crítica epistolar desde la deuda a las madres buscadoras. Por Laura Cárdenas (Lalis)
  • Casi Normales. Crítica epistolar al personaje de Diana. Por Isabel Agurto.
  • Monstruos en el parque: crítica epistolar a Sergio Arrau. Por Sergio Velarde
  • Me acuerdo. A propósito de «Nosotras que nos queremos tanto» Por Sergio Velarde.

Recomendaciones

© APLAUDIR DE PIE 2021 | PATCH NETWORKS