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Aplaudir de Pie

Aplaudir de Pie

Es un proyecto de crítica y reflexión de hechos escénicos que nace simultáneamente en Bs. As. y en CDMX en 2015, como una plataforma de diálogo entre teatrólogxs, teatristxs, pensadorxs, creadorxs y espectadorxs, para cuestionar, opinar y debatir en torno a los fenómenos escénicos.

Reflexiones

Agüard Cison

por Aplaudir de Pie 10 abril, 2018

Como muchos actores y actrices he soñado (practicado) con ganarme un Óscar, es uno de esos sueños que parecen imposibles y probablemente lo sea para una cabaretera como yo. Tal vez por eso nos parecen tan emocionantes los premios que se han creado en nuestro país, por esa ensoñación de caminar por la alfombra roja con un vestido que no te deja respirar y depilada hasta los nudillos. Luego recibir ese premio llorando e impidiendo que pongan la música que te obliga a cortar porque debes agradecer a toda tu lista de personas importantes en un hermoso momento de frenesí. Pienso mucho en los premios que rodean a nuestro amado gremio teatral, sintiéndome un poco contrariada por no saber cómo reaccionar ante ellos. Creo de entrada que nuestro país ha fallado en crear una premiación que tenga ese glamour que añoramos, pero sobretodo que responda a nuestra cultura y necesidad, pues queremos copiar todo lo que nuestro hermano del norte nos vende, logrando casi siempre quedarnos cortxs. Tal vez porque deberíamos dejar de intentar recrear sus propuestas y empezar a crear las nuestras.

Esta realidad se hace un poco más clara en los premios creados para “lxs teatrerxs“, premios que hemos aceptado sin chistar, a pesar de sentir que existen varias fallas,  por la vaga posibilidad de ganarnos uno. Por eso me nace esta reflexión al respecto, porque creo que hay un espacio para mejorar que pueden aprovechar si escuchan las críticas que se han generado estos años (aunque varias de las críticas a algunas de estas premiaciones en el pasado han creado rencor y la frase “Se enojan porque no los nominamos“).

Recientemente se realizó una entrega de premios en el Teatro de la Ciudad. Debo decir que llevan varios años que me preocupan las nominaciones y ganadorxs de la asociación que los organiza, sobretodo porque la agrupación nombra a los montajes nominados como “Lo mejor del Teatro” pero dudo que hayan visto todas las propuestas teatrales de la ciudad, entonces no es ¨Lo mejor del Teatro” sino “Lo mejor que nosotrxs vimos de Teatro” digo por lo menos que yo sepa no vieron un espectáculo mío. Mi otro cuestionamiento siempre ha sido, quiénes son la Agrupación y cómo se les invita a que vean tu show, o ¿lo hacen de incógnito para que la cosa sea más interesante?, digo porque pues debería existir una claridad al respecto en un espectáculo que se presentará en un recinto pagado con los impuestos de los y las creadorxs que no fuimos nominadxs. Y bueno ya llega el chiste de la claridad sobre la pluralidad de las obras que fueron a ver cuándo dentro las nominaciones en varias categorías se repiten creadores (porque en la CDMX hay bien poquitos directores y escenógrafos) o los tres espectáculos nominados a Mejor Espectáculo de Cabaret (porque hay poquita oferta cabaretera en el ex D.F.). Y ahí es cuando pienso que si tu premiación genera más dudas que respuestas se siente medio truculenta la cosa, como cuando ves un restaurante al que nadie va pero sigue abierto y piensas ¨Narcos¨, es decir, puede que en verdad no sea truculenta la cosa pero ¿para qué hacer cosas buenas que parecen malas?

Quiero decir ahora que me parece que los y las creadoras nominadxs son increíbles, no dudo de sus nominaciones o del maravilloso trabajo que hicieron en sus espectáculos, lo que creo es que como creadorxs podemos exigir claridad y transparencia, así como una mayor heterogeneidad en sus nominaciones.

Luego tenemos a  los Premios Metropolitanos de Teatro, debo decir (sin ironía) que cuando los escuché me entró la emoción porque pensé que había una posibilidad de competir en una premiación porque ahora sí iba a saber a quién invitar y realizar mi sueño del vestido que no me deje respirar. Luego cual Condorito me caí para atrás cuando vi que era necesario pagar una entrada para el ingreso así como tener una temporada larguísima como de Televiteatros. Ahí pensé que era evidente que esas peticiones eran el primer filtro para nominar producciones conocidas como “comerciales“, y me decepcioné e hice lo que hace una actora en estos casos: quejarme en camerinos. Pero he de decir que al paso del tiempo hay cosas que me han dado más confianza con respecto a esta premiación. La primera razón que me dio más confianza es que han cambiado sus bases, sobretodo la del precio de entrada y las funciones mínimas,  ya que supongo que se les hizo evidente que no todas las propuestas podían gozar de entrar a su terna si de por sí la taquilla no les da para pagar una nómina a sus creadores, o que las temporadas actuales te lleva a develar placa a las 12 representaciones. También me gustó que mandé un correo para pedir informes, el cual pensé que sería respondido con otro correo pero mis sorpresa fue grande al ver que se me ha dado un seguimiento por teléfono a mi interés por inscribir mis espectáculos, lo que me hace sentirme más tranquila e informada. También me agrada ver que las obras inscritas son promovidas en sus redes, al final va de acuerdo a su planteamiento de hacer unos premios que impulsen al teatro. Pero bueno hasta ver no creer, así que habrá que esperar a su premiación este agosto, que irónicamente será también en el Teatro de la Ciudad, ja.

Pero debo decir que los premios que merecen un premio en sí, son los maravillosos Jimenitos Aguords. Creo fervientemente que son los únicos premios que nos representan como gremio teatral mexicano y no como un intento fallido de Fashion Police producido por E! Latinoamérica. Tienen esa comicidad que necesitamos de una premiación, esa claridad en cuanto a sus nominaciones y a lo subjetivo del asunto, así como el nombre más chipocludo del universo mundial. Puedo decir que los de aquella agrupación o los METRO  podrían aprender mucho de estos últimos, sobretodo a no tomarse en serio, porque creo que cuando una se toma en serio es cuando nos perdemos como creadorxs. Tal vez muchxs no lo admitan pero sienten más ganas de ganar un Jimenito que cualquier otro reconocimiento.

Si alguno o alguna de ustedes bondadosxs lectorxs asiste a la entrega de alguno de estos premios, no dude en escribirme para contarme su veredicto. Y quién sabe, tal vez pronto existan unos premios a los premios, como esa categoría de los Emmy´s que se entregan un premio a ellos mismos por la transmisión de los Emmy´s del año pasado.

Mariano Ruiz  Actora y cabaretera

Mariano Ruiz
Actora y cabaretera

 

Críticas

URINETOWN

por Aplaudir de Pie 6 marzo, 2018

El Off Broadway en Nueva York, entre otras razones, surgió como una posibilidad de brindar espacio a propuestas nuevas y/o alternativas. Hasta el día de hoy, funciona como un lugar de resistencia en el que con lógicas distintas a las de las superproducciones, múltiples artistas se han consolidado, mostrando que más allá de los nombres y la maquinaria teatral imponente, el talento puede sobreponerse y generar montajes de calidad extraordinaria.  En este sentido podemos pensar -salvando las diferencias contextuales pero relacionando las similitudes en tanto fenómenos contestatarios- la versión mexicana de la obra Urinetown a cargo de la compañía queretana de teatro “Ícaro”.

El musical dirigido por Miguel Septién, es una proeza admirable dentro de la cartelera de la Ciudad de México donde se presenta actualmente, ya que sin contar con celebridades para “asegurar” la venta de boletos, ni una hiper producción es, sin lugar a dudas, uno de los mejores musicales existentes. Un verdadero hallazgo.

A diferencia de otras obras del mismo género de la cartelera en donde al parecer uno paga simplemente por mirar a algún famoso que en muchos casos muestra una deficiencia en el manejo de la voz y del cuerpo (habilidades que cualquier actor de teatro musical debería dominar) en Urinetown (México) podemos disfrutar de un gran nivel en todos los sentidos, pero fundamentalmente en lo concerniente al canto.

La calidad de las voces de los interpretes es extraordinaria, lo mismo que la ejecución coreográfica y la interpretación actoral. De manera especial destaca la participación de Andrea Biestro en el papel de “Penélope Pennywhise”, Adrián Pola como “Cladwell B. Cladwell”, Eduardo Siqueiros como el “Oficial Lockstock” e Irlanda Jiménez como “Hope Cladwell».

Como podrá adivinarse con lo dicho anteriormente, este trabajo resulta sorprendente no solo por tratarse de una compañía de provincia alcanzando el éxito en la Ciudad de México (y esperamos pronto en muchos otros estados), el talento está presente en toda la compañía. Además de los actores, la dirección musical a cargo de Dano Coutiño, tanto como la adaptación de las canciones y del libreto, bajo la responsabilidad de Yang E. Coutiño y Miguel Septién, son impecables. En suma, una propuesta irreprochable. En este sentido, la programación en el Teatro Milán gracias a la visión de Mariana Garza y Pablo Perroni, resulta uno de los mayores aciertos de la dupla al apostar por sobre todo por el potencial de una compañía mexicana cuyo talento merece toda la exposición posible.

En sí mismo el montaje es relevante, pero no podemos dejar de destacar el contenido de la obra, oscuro, complejo, fuera de toda norma conservadora sobre lo “bello” y “correcto”. Conteniendo una dura crítica hacia el comportamiento de las masas iracundas tanto como a las decisiones del gobierno, la naturaleza de la legislación, la rebeldía y la distribución de recursos.  Cuestionamientos necesarios y pertinentes. Todo en exquisita clave burlona, evitando caer en lugares comunes y rechazando la idea de la necesidad de un final feliz.

Urine Town (México) es un musical off por excelencia, apto para todo público. Disfrutable de principio a fin. Un esfuerzo loable que estuvo a punto de levantarnos a aplaudir de pie.

 

Ricardo Ruiz Lezama & Zavel Castro Editores

Ricardo Ruiz Lezama & Zavel Castro
Editores

 

Reflexiones

10 consejos para hacer sus propios premios de teatro

por Aplaudir de Pie 3 marzo, 2018

Digamos que usted va al teatro. Digamos también que es una de esas personas que tienden a clasificarlo todo y que en determinado momento se ha preguntado cuál fue su obra favorita de los últimos meses. Digamos que se responde esa pregunta con facilidad, pero de inmediato le surge una inquietud: sí, esa fue la mejor, pero sin duda aquella actriz, la que salía en otra obra, era inolvidable, por no decir perfecta. Ella merecería un reconocimiento aparte, piensa. Qué contrariedad. Sin duda eso no se puede quedar así, hay que extender la alfombra roja y fundar unos premios de teatro.

 

 

A continuación, unas cuantas consideraciones para el caso.

  1. Conforme su equipo. No hay un número correcto, hay quienes lo forman con una persona, quienes arman sus grupos secretos y van de incógnito, y unos más que se alían con otros ocho y se van al teatro juntos y se sientan juntos.
  2. Diseñe su estatuilla. Unos premios sin estatuilla siempre estarán incompletos.
  3. Vea mucho teatro. En el momento en que usted levantó la mano y se autonombró una autoridad para determinar qué es lo mejor de los escenarios, adquirió la responsabilidad de ir a ver un buen número de obras No lo vea como un sacrificio, esto le ayudará a tener un abanico amplio a la hora de las nominaciones, siempre es muy triste ver unos premios donde parece que solamente vieron cinco obras porque nominan esas cinco a todo.
  4. Defina su campo. No es lo mismo hacer unos premios de teatro musical que de teatro independiente. Si le da por ver “de todo” y hacerse incluyente, pero a la hora de la premiación solamente reconoce a las obras de grandes presupuestos, escenarios giratorios y actores de la tele, revise sus fundamentos y reconsidere.
  5. No se dé premios a usted mismo o a sus compañeros de jurado. Si además de dar premios hace obras de teatro, no las nomine, ya bastante ridículo es que dé unos premios.
  6. No sucumba a la melancolía. Si, por ejemplo, ve en un montaje a una actriz que hace cinco años hizo una obra maravillosa, asegúrese de no estar juzgando a la actriz con los ojos de hace cinco años. Lo mismo para la dirección, los diseños, la dramaturgia y para todo.
  7. Cuide la equidad de género. El momento histórico no está como para andar preservando el club de Tobi, sea consciente. Si en las categorías mixtas usted nomina a cinco mujeres por cada veinticinco hombres, entonces puede que necesite revisar en la cartelera los créditos y procurar más obras con nombres femeninos, verá que la equidad llegará sola.
  8. No pretenda que a los demás nos importe. Quien quiere dar premios es usted, así que no haga ridiculeces como vetar artistas, cobrarles una inscripción u obligarlos a que se vistan de gala cuando vayan a su premiación. Usted tiene el deber de tomarse en serio sus premios y el resto tenemos la libertad de tomarle a broma, no se amargue.
  9. Asegúrese de que le guste el teatro. Si por la manera en que habla de los montajes parece que usted solamente se sienta en la butaca a padecer, le sugiero que no intente este asunto de los premios.
  10. No deje que nadie le diga qué hacer. Es su vida y son sus premios, si llega cualquier hija de vecino a decirle qué está bien y qué está mal, tiene todo el derecho de ignorarla.

 

 

Espero que estos humildes consejos le hayan servido.

Con amor, Jimena Eme Vázquez, Academia de los Jimenitos Aguords

 

 

 

Academia de los Jimenitos Aguords  @losjimenitos

Academia de los Jimenitos Aguords
@losjimenitos

Reflexiones

Criterios de programación del Festival de Teatro Universitario

por Aplaudir de Pie 25 febrero, 2018

Sin duda, el FITU es uno de los logros más importantes del Teatro Universitario en nuestro país. Yo misma participé este año en un seminario de la Cátedra Igmar Bergman dentro del marco de este festival, se llamó “Soluciones actorales a las nuevas dramaturgias” impartido por Luz Emilia Aguilar Zinser y Jorge Dubatti. Una de las reflexiones surgidas de este seminario es cuán necesario es democratizar el conocimiento: sí ver mucho, sí leer mucho y sí hacer otro tanto pero, es igual de importante generar material propio para compartir y reflexionar entre quienes de alguna u otra manera participamos del Teatro para que la discusión no sea privilegio de ciertas esferas y en una de esas, las decisiones tampoco lo sean.

En el marco de este festival, el jueves 15 de febrero fui a ver una obra que me produjo la reflexión que quiero compartirles: “Les Sangs”, dirigida por Camila Forteza. Una Producción Canadiense que se presentó en representación de la Escuela Superior de Teatro de la UQAM de Quebec. La obra trata de 5 mujeres que cuentan a través de un diario, cómo se enamoraron perdidamente de un hombre que tenía el “fetiche” de pedirles que escribieran cómo les gustaría que él las matara para luego, matarlas.

Yo creo que, como dice  una de mis maestras “Todo está permitido siempre y cuando no sea de cualquier manera”; un tema, por más delicado que sea puede ser abordado desde muchas aristas, incluso de forma polémica, lo aclaro porque no estoy criticando a la obra o a los programadores por no tener una postura que obedezca a mi gusto personal, sino justo por no tener una postura en lo absoluto, al menos en este caso. Por ahí uno de los personajes hace un rompimiento de la cuarta pared para hablar un poquito sobre la necesidad de la existencia de la violencia en el mundo, pero la verdad es que no llega a ser un planteamiento desde el cuál mirar la obra.

Me pregunto ¿Cuál es el sentido de traer a un país donde ocurren 7 feminicidios diarios, una obra que habla de este tema de una manera tan superficial, que de hecho trivializa por completo al respecto? una obra que al parecer, ni siquiera se da cuenta que está abordando el tema del feminicidio y este no asumir, tampoco es presunción de inocencia porque, aunque sea “sin querer”, hacen una apología al amor romántico como protagonista de los motivos para perpetrar un asesinato, ese amor romántico que entre otros factores es causante de que los asesinos de las mujeres sean en su mayoría la pareja o ex pareja sentimental de la víctima.

Sé que no es una historia que no hayamos visto hasta el cansancio en montones de libros y películas o en libros que después se convierten en películas (de hecho la obra está basada en un libro); pero ¡vaya! esos casos obedecen a criterios meramente económicos más allá de ser polémicos o defender una postura. No sé cómo hayan recibido la obra en Canadá ni si allá esté activada la alerta por violencia de género en 7 estados como aquí. El punto es que alguien del FITU decidió que era buena idea traerla a México, donde el feminicidio es especialmente grave por la alarmante, aterrorizante e indignante frecuencia y grado de impunidad con la que se perpetra día a día.

A mí lo que me parece digno de reflexión y cuestionamiento es ¿por qué, alguien de la UNAM ha decidido traer esta obra y no otra? Vuelvo a la pregunta ¿bajo qué criterios? Y si la respuesta obedece a un simple intercambio académico y dicen “que esa fue la obra que la UQAM decidió mandar” pues pienso que para eso hay –o debería haber- una curaduría clara ¿no? Se supone que para eso se pide una carpeta y un video antes de programar y que toda decisión curatorial también debe obedecer al contexto del país o de la región en que se presenta, no para complacer a nadie pero sí porque de alguna manera se considera que la pieza es pertinente ¿Por qué esto, por qué aquí, por qué para este público, por qué ahora?

Desgraciadamente, ninguna de esta información puede corroborarse ahora, pues “Les sangs” solo se presentó el 15 y 16 de Febrero, aunque es probable que quienes lean esto, conozcan a alguien de entre los aproximadamente 1000 o más espectadores que asistimos a la sala Miguel Covarrubias esos días y así podamos generar diálogo y reflexión que, dicho sea de paso, son parte de los objetivos que, supuestamente propicia el Festival Internacional de Teatro Universitario. En una de esas nos ponemos todos a preguntarnos por los criterios con los que se seleccionan las obras que se presentan en aquellos teatros que tienen la responsabilidad que conlleva estar subvencionados por el gobierno. Reflexión válida quizás tomando como pretexto estos tiempos de cambio y de reformas culturales, pero que es un hábito que deberíamos tener siempre.

 

Mariana Moyers  Actriz.

Mariana Moyers
Actriz.

Reflexiones

Mujeres irreversibles recargadas

por Aplaudir de Pie 25 febrero, 2018

No es un secreto que, el solo hecho de asumirnos como mujeres, o tener características, en menor o mayor medida, femeninas, hace que nuestra vida se vea mermada por cuestiones de violencia de género, y nos sumerge en un remolino de emociones donde, por presión social, miedo a lo externo, y odio propio aprendido, creemos que estamos locas al menos una vez en la vida, y si la violencia es lo suficientemente grave, la enfermedad mental se vuelve inminente e irreversible, a excepción de ciertos individuos, que independientemente de su sexo, vienen de fábrica con una tendencia al desorden mental.

“Mujeres irreversibles recargadas” nos muestra a varias mujeres encerradas en un hospital psiquiátrico, en general con síntomas superficiales de histeria y/o trastorno obsesivo compulsivo, que nos cuentan, mayormente en formato de monólogos, anécdotas o situaciones que vivimos a diario la mayoría de las mujeres, y que normalizamos pero que son dolorosas y/o molestas, como ir a un baño público, tomar un colectivo lleno de gente, estar en un matrimonio que no funciona, recibir piropos en la calle, etc.

La forma de abordar una temática tan delicada es importante para que el montaje no te juegue en contra, y me parece que, en esta ocasión, la crítica que podría haberse planteado, no estuvo presente, y el mensaje terminó siendo el opuesto. Ojalá las situaciones que vivimos las mujeres para terminar encerradas en un psiquiátrico fueran que se acaba el papel cuando vamos al baño de un bar, o que odiamos trabajar en atención al cliente porque siempre llegan otras mujeres a preguntarnos obviedades; pero, al final, eso no fue lo que me pareció preocupante de la obra, aunque tendía a minimizar los problemas y dolores de las protagonistas, haciéndolas pasar por exageradas y “locas”, me causó gracia en algunos momentos y las actrices ponían todo de sí mismas, pero lo que me dolió y entristeció fue el machismo interiorizado en el que se cimentó la obra, nos dice de manera explícita que es mejor tener un marido a que te griten asquerosidades violentas en la calle, y pone a tres hombres travestidos a personificar de manera “graciosa” a mujeres superficiales y nerviosas. No creo que haya sido el objetivo del montaje, pero avala la resignación y la medicación, no hay crítica, salí del teatro con la sensación de que me gritaron en la oreja por hora y media que las mujeres somos así, y que es mejor ayudarnos con medicinita y encierro.

Si bien estoy segura de que ni el montaje, ni ninguno de sus integrantes, tuvo mala intención, la obra tiende a banalizar problemas por los que estamos inmersas en una lucha que tiene una importancia imperante, y estamos intentando con todo nuestro corazón que todas las mujeres y las identidades femeninas entendamos que no estamos locas ni somos histéricas, que hay un sistema que nos orilla a odiarnos a nosotras mismas, que no tenemos la culpa cuando nos violentan, que no es normal, que somos capaces de trabajar para pagarnos nuestras cosas y luchamos por un sueldo justo para no tener que depender de un hombre, que hay que pelear mano a mano y sin soltarnos, para sentirnos seguras y a salvo.

“Mujeres irreversibles recargadas” cuenta con dos músicas, Melina Andrade y Ludmila Buci, que tocan en vivo, y hacen un muy buen trabajo que aporta bastante al montaje. Cuenta con siete actrices y tres actores que dejan todo en el escenario, siendo estos Andrea Boass, Alejandro Chagas, Celeste Di Giovanni, Silvia Dietrich, Marcela Fernández, Nazareno Molina, Sandra Moranchel, Fanny Rodríguez, Miriam Schlotthauer, Juan Manuel Suárez, y la dirección de la autora, Gabyta Fridman, que juega con el género de la farsa de manera interesante.

Manya

Reseñas

El loco y la monja

por Aplaudir de Pie 27 noviembre, 2017

La locura tiene que ver con vivir en una realidad distorsionada por la propia mente del que la padece, lo cual causa sufrimiento, y puede poner en peligro la vida del afectado y la de las personas a su alrededor; bajo esta premisa podría asegurar con mínimo temor a equivocarme, que todos estamos, al menos, medio locos, pero aquéllos que, por circunstancias fisiológicas o empíricas, resultan más afectados por la distorsión, tienden a hacer evidente el problema, y los “especialistas” se ponen manos a la obra para auxiliar a los “pacientes”.

Una forma sensata pero cruel de tratar este padecimiento es el encierro, por practicidad funciona, porque se aisla a los individuos que resultan una amenaza, pero no estoy segura si sea la mejor forma de rehabilitar a alguien que se la está pasando mal con lo que pasa dentro de su cabeza.

“El loco y la monja”, de Stanislaw Ignacy Witkiewicz, dirigida por Magdalena Magrini, nos cuestiona a cada momento sobre quién es el verdadero loco; aprovechando, con sensibilidad e inteligencia, las variadas posibilidades que ofrece el Konex, la obra tiene una introducción que se desarrolla en diferentes espacios, metiendo de a poco al espectador en el universo del hospital psiquiátrico, conociendo a los personajes de antemano, y provocando que la habituación al ambiente lúgubre y oscuro sea cómoda y casi natural. Finalmente, la puesta se desarrolla en una especie de teatro arena, con una jaula en el centro, habitáculo del loco retenido en cuestión, Walpurg, el poeta que perdió la cabeza.

Las acertadas actuaciones de Javier Otero, Jazmín Cancian, José Araujo, Matías Beron, Sandra Arcuby, Santiago Andrés Cabrera Laporta, Catriel Remedi y Rodrigo Medrano, tienden a lo entrañable, y se aplaude el compromiso de los ejecutantes con el proyecto.

La música en vivo, a cargo de Romina Piubel, Luciano Agustín Roa y Nicolás González, acompaña perfectamente el transcurrir de la obra, aporta de manera discreta pero presente a la atmósfera de encierro y confusión que propone el montaje. Me parece uno de los mejores aciertos de la puesta.

Y finalmente, Cintia Ledesma nos ofrece una escenografía impactante, digna de las mejores críticas, que crea un universo paralelo donde, desde el principio, provoca sospecha acerca de la cordura de los cuerdos, y la locura de los locos.

Este proyecto reúne a profesionales en formación, creando un equipo espectacular, donde cada uno puede ocuparse magistralmente del rol que le corresponde, así debería ser siempre.

“El loco y la monja” deja un sabor agridulce en la boca después del apagón final, los aplausos lo evidencian, y los rostros sonrientes de los espectadores se ven trastocados por una confusión existencial, podría jurar que todos nos fuimos a casa con el overthinking encendido.

¿Quién está más loco, el que se despierta gritando por las noches o el que cree que lo puede curar?

Manya

Reseñas

Viejo, solo y puto

por Aplaudir de Pie 30 octubre, 2017

Hay un florido abanico de posibles refugios donde escondernos cuando la vida nos rebasa y ya no estamos en talla ni física, ni mental, de meternos entre los brazos de la correspondiente progenitora; drogas y amores tóxicos son los favoritos de la mayoría por excelencia, porque emborracharnos nos hace olvidar lo que nos duele, que no fuimos lo que quisimos y que somos lo que somos, por ejemplo, y amar enfermamente nos hace obsesionarnos y no pensar en otra cosa, nos ayuda a focalizar el insoportable dolor de la existencia en una sola herida.

Y olvidarnos de todo, una vez que nos convertimos en adultos hechos y derechos, es lo único que nos queda, porque a pesar de que juguemos a ser lo que queremos, el vacío del fondo no se llena con nada, y si permanecemos demasiado tiempo observándolo, nos consume.

“Viejo, solo y puto” de Sergio Boris, explora sin censura los escondites y recovecos más oscuros de los desolados personajes que propone, los cuales intentan, con todas sus fuerzas, refugiarse lo más pronto posible, en algo que los destruya lento pero seguro.

Por la armonía perfecta de cada una de sus partes, su estética impecable y su transgresión profundamente honesta, esta obra ha logrado permanecer cinco años en cartelera, y ha viajado alrededor del mundo a varios festivales, siendo los últimos Una mirada al mundo, en Madrid, España; MA Scéne National, en Montbeliárd, Francia; Teatro Central, en Sevilla, España; Festival Cena Brasil Internacional, en Rio de Janeiro, Brasil; y Teatro Solis, en Montevideo, Uruguay, todos en 2016.

La acertada y, como siempre, perfecta escenografía a cargo de Gabriela A. Fernández, nos transporta a la trastienda de una farmacia del conurbano, donde, entre estanterías laberínticas, se desarrolla una pequeña e improvisada fiesta para celebrar que el hermano menor de dos, que son dueños de la farmacia donde se desarrolla la obra, se ha recibido de Doctor en Farmacia y Bioquímica; los asistentes a la reunión son el impune hermano mayor, un visitador médico de dudosa procedencia, y dos chicas transexuales que disfrutan de inyectarse hormonas y salir de fiesta; estos cinco personajes son deliciosamente interpretados, con una sensibilidad y una humildad que se agradecen por carecer totalmente de juicio moral sobre los personajes, por Marcelo Ferrari, Darío Guersenzvaig, Federico Liss, David Rubinstein, Damián Smajo, vestidos y tuneados magistralmente por la mismísima Gabriela A. Fernández.

La forma en la que “Viejo, solo y puto” está escrita y dirigida por Sergio Boris, aunado a las excelentes actuaciones, nos da la ilusión de estar presenciando, subrepticiamente, una escena de la vida real, esta sensación de voyerismo se acrecienta mientras transcurre la obra, la situación se antepone a la letra, y como espectadores, somos llevados de la mano para aceptar esta convención en todo momento.

“Viejo, solo y puto” nos regala una hora y cuarto de personajes con los que nos identificamos incómodamente en todo su patetismo; nos ofrece situaciones con las que en general volteamos la cara, pero que disfrutamos viendo de reojo con morbo y cierta malicia. Nos da la oportunidad de darnos cuenta de que todos somos, en mayor o menor medida, viejos, solos y putos.

manya

Reseñas

Los dolores

por Aplaudir de Pie 5 octubre, 2017

Las enfermerías son lugares a donde se acude para que te den primeros auxilios, te curen, te estabilicen, te saquen de peligro; uno acude seguro de que recibirá eso y en toda su ignorancia, se entrega, porque hay momentos en que lo único que se puede hacer es confiar, pero definitivamente hay cosas que ni doctores, ni enfermeras pueden arreglar, el daño estructural es de raíz, es de conciencia, y de cambio lento, pero imprescindible. Desde una perspectiva política, “Los dolores” ocurre en una enfermería; cuatro historias cortas nos muestran una sociedad fracturada y caminando renga, pero, de vez en cuando, diciendo que está bien; materializada en heridos desorientados, moribundos indefensos, civiles preocupados, y especialistas de la salud corruptos o incompetentes, “Los dolores” nos hace reír, pero, en definitiva, nos duele.

“Vocación de servicio” de Andrés Binetti, con dirección de Tato Cayón, y las actuaciones de Malala González, Marcela Arza y Marcela Inda, nos sitúa en una enfermería de un hospital privado donde un par enfermeras practican sus cantos, ya que han decidido formar un coro, aunque por ahora sean sólo ellas dos; la llegada de una “chica nueva” que había venido trabajando en hospitales públicos, y el coincidente ingreso al hospital de una diputada, (valga la redundancia) bastante grosera y clasista, que se cree Napoleón, ponen en riesgo la delicada estabilidad del micromundo de la pequeña enfermería, donde lo verdaderamente importante es hacer que un político parezca cuerdo por medio de sueros y medicamentos, y cantar en el tono correcto.

“El alma intacta” de Héctor Levy-Daniel, con dirección del autor, las actuaciones de Juan Carrasco, Martín Ortiz y Viviana Suraniti, y música en vivo por parte de Eugenio Chuke y su violín, nos muestra a una mujer con una herida mortal de bala en el tórax; un médico a su lado intenta mantenerla con vida, pero está imposibilitado por no tener los recursos necesarios para operarla; mientras tanto, un extraño se ha colado subrepticiamente a la sala, decidido a llevarse el cuerpo. El médico duda, pero se resiste a entregar a la mujer, para él, es una persona, y aunque su último aliento haya escapado de su boca, seguirá siéndolo; podrán matarnos, pero nunca acabarán con nosotros, el alma está intacta, y los asesinos son ciegos, jamás identificarán su verdadera ubicación.

“Hasta más ver” de Mariano Saba, con dirección de Julio Molina, y las actuaciones de Juan Pascarelli y Pablo Mónaco, nos introduce a una sala de espera de un hospital bastante ineficiente, donde únicamente se encuentran un hombre herido con fuerte golpe en la cabeza, y otro que lo ha auxiliado para llegar hasta ahí; el herido está totalmente confundido, mezcla pasado y presente, pero lo verdaderamente importante permanece intacto en su cabeza. Quizás todos necesitamos un buen golpe para recordar. Finalmente, la memoria sobrevive al tiempo, al espacio y a la mala vida, emerge de entre los escombros, implacable, ante la provocación adecuada.

“Punto muerto” de Ignacio Apolo, con dirección del autor, y las actuaciones de Malena Bernardi, Mario Mahler, Pedro Galván y Silvia Kanter, une a dos generaciones en un hospital, el padre moribundo, que no se termina de morir, y los hijos que vienen a despedirse de una vez por todas, mientras una enfermera permanece expectante; cuatro diferentes formas de vida, con una gran imposibilidad para comunicarse, pero que conviven, y lo han hecho por mucho tiempo, reestructurándose, esperando siempre que el otro muera o desaparezca, pero eso nunca pasa, la coexistencia es la base de la supervivencia.

Un ciclo aséptico que se edifica sobre un tejido social enfermo y sufriente, pero con posibilidades de cura; cuatro obras que, en el momento histórico en el que vivimos, son necesarias para recordarnos que no volveremos a permitir que se repitan los errores, ni los horrores del pasado; que la corrupción es descarada y agobiante, pero que nosotros somos, quizás no más fuertes, pero que somos más; que la memoria puede esconderse en un cajón, pero que no muere.

El arte, sin lugar a dudas, es nuestra válvula de escape; es nuestro deber que el vapor que emane de ella provoque una toma de conciencia, modifique, y una, si, sobre todo eso, que nos una.

manya

Reseñas

Terrenal

por Aplaudir de Pie 5 octubre, 2017

Caín y Abel viven en un terreno dividido en dos; está la mitad derecha, de producción morronera, motivo de orgullo, y trabajo arduo e incasable de Caín, y la mitad izquierda, donde libremente nacen de la tierra pequeños escarabajos torito, que Abel vende como carnada viva un día a la semana. Tatita dejo a los hermanos ahí hace veinte años, en un paraje desierto, se fue y no volvió; Caín lo espera seguro de que cada día es el que volverá, y Abel no espera nada, humildemente sabe que, él sólo sabe que no sabe nada.

Separados por una brecha ideológica infranqueable, Caín insiste en hacer físico el abismo, desea que Abel no pase a su lado del terreno, defiende su propiedad (incansable necesidad de la derecha de sentir que somos lo que poseemos), e intenta vivir en paz con ello, minimizando a su hermano, y enfocándose de lleno en el morrón. Abel observa amorosamente la vida y muerte de sus toritos, y cada tanto sale a divertirse, siente la distancia que provocan las evidentes diferencias con su hermano, pero las deja existir y fluir, aunque estas conlleven unos buenos puñetazos y patadas de vez en cuando.

La anhelada pero inesperada llegada de Tatita, rompe el delicado equilibrio que reinaba en el terreno, y orilla a nuestros protagonistas a transitar los sentimientos más oscuros que puede percibir el alma humana, y se dan cuenta, demasiado tarde, que el equilibrio de dos fuerzas se mantiene por su constante modificación con respecto a la otra, el choque es necesario para la evolución y la supervivencia.

Desgraciadamente, tanto en “Terrenal” como en la vida misma, la derecha no toma, en general, las mejores decisiones, y después de cometer el fratricidio, Caín espera obediente y manso su castigo, deseando con todo su corazón que lo reprendan, pero el único y peor castigo de todos es la condena de convivir por siempre consigo mismo, y de, sin percibirlo a primera vista, llevar a cuestas o entre las faldas, subrepticiamente, al menos un pedacito de la mitad izquierda, resplandeciendo, brillando, reclamando, bien viva, buscando, cambiando; para fortuna del mundo y de la vida, hay al menos uno en cada familia.

“Terrenal” ha sido merecedora de una infinidad de premios y menciones honoríficas en todas sus áreas, entre ellos, el Premio de la Crítica al mejor libro argentino de la creación literaria 2014, Mejor obra argentina y mejor actor de teatro alternativo (Claudio Rissi) en los premios ACE, el premio Teatro XXI a mejor obra dramática, etc. Así mismo, ha estado nominada para mejor vestuario y mejor escenografía.

Se trata de una obra que ha logrado la armonía por medio de la perfección de sus partes, que aportan a que el resultado final sea una de las composiciones escénicas más hermosas que he visto en mi vida. El texto de Mauricio Kartun, por su sensibilidad y belleza, cuenta con una vigencia permanente, mostrando la innegable heterogeneidad entre el sedentario y el nómada, entre la derecha y la izquierda, acertadamente ubicada en un contexto argentino. Las actuaciones de Rafael Bruza, Claudio Da Passano y Claudio Martínez Bel, y la dirección del autor, perfectamente amalgamadas, hacen un uso magistral de la técnica clown, que provoca risas de todo tipo entre el público, de esas que duele la panza por la desopilantes, y de esas que duele el pecho por lo confrontantes. La escenografía y el vestuario, por parte de Gabriela A. Fernández, nos sumergen en un mundo de gris y desolado, donde se respira una atmósfera vieja y gastada, donde se ha estado esperando algo por mucho tiempo; la perfección del diseño estético es tal, que con aparentemente pocos elementos, y un par de pantaloncillos cortados en el lugar justo, nos adentramos en el mundo de estos dos individuos, que llevan veinte años desamparados, mostrándonos que el tiempo es implacable y engañoso.

“Terrenal” me soltó tantas verdades disfrazadas de risa, que me dejó el alma compungida, pero llena de esperanza.

manya

Reseñas

Per Te. Llueven los ojos.

por Aplaudir de Pie 20 junio, 2017

El verdadero amor es un milagro. Este suceso extraordinario no le sucede a cualquiera, el encuentro con la persona que haga de nuestra vida una experiencia trascendental depende tanto de la casualidad como de la voluntad. Una vez que el encuentro ocurre, hará falta tomar la decisión de conservarlo, hacerlo crecer; pocas veces reparamos en su fragilidad, nos confiamos con que el paso de los días, la condición “duradera” hará que se consolide. No es así. La estabilidad de la pareja depende en buena medida en la conformación de un equipo a distintos niveles. La vida es demasiado amplia, demanda que atendamos en compañía sus múltiples dimensiones: intelectual, afectiva, práctica y creativa.  Encontrar con quién realizarnos en todas las esferas de acción es una bendición que no puede ser mal aprovechada.

Daniel Finzi Pasca encontró en Julie Hamelin a su compañera ideal, la complementación amorosa de ambos produjo no solo una compañía de teatro, sino una manera de concebir el mundo a través de la escena, el estilo que nombraron “teatro de la caricia” con el cual buscaban llenar el alma de los espectadores con el afecto que quizá estos últimos se encontraran buscando en otro lado con o sin fortuna. Esta pareja de vida y creativa querían compartir el sosiego que causa la certeza de haber caído en las mejores manos. En las manos de quien sabrá cuidarnos siempre.

Un teatro que apunta al corazón. Precisamente el órgano que, en su debilidad, terminaría con la vida de Julie. Perder al ser amado podría significar una de las desgracias más hondas para la vida de una persona común. Afortunadamente, el artista se aleja de la normalidad por su particular forma de relacionarse con lo que le pasa, de esta forma, a partir de su sensibilidad,  cualquier suceso cotidiano deviene en acontecimiento. Incluso el duelo puede transformarse en una obra de arte.

La compañía de Daniel y Julie rinde homenaje a uno de sus pilares mediante Per Te su espectáculo más reciente, en él vierten los pensamientos y emociones que acompañan su sentimiento de pérdida. Los recuerdos alegres de su vida en pareja, desde que ella se transforma en “un pastel feliz” para el día de su boda, los reproches a los ángeles que no supieron protegerla y la dejaron ir, las reflexiones en torno a la soledad, la desilusión de saber que nuestro amor no volverá más, las inevitables preguntas: . ¿Cómo nombrar el dolor? ¿Por qué las fuerzas superiores de la existencia permitieron que ocurriera? ¿Qué pasa con los muertos, en qué se convierten?

Todo se transforma en cuadros magníficos soportados por una estética deslumbrante que a diferencia de La Veritá o de Ícaro no se preocupa de la perfección conseguida por el artificio, sino que es franca en su torpeza, en la combinación de elementos que dan cuenta del desequilibrio, del titubeo, de lo inacabado. La despedida a nuestro ser amado no puede ser contundente. Las imágenes que surgen de ella, tampoco. No se trata de un descuido sino de un manifiesto en honor a la honestidad.

 

 

Per Te es un montaje realizado mediante escenas fragmentadas que semejan la confusión de una mente por tratar de construir sentido ante un suceso que trasciende toda lógica, que aún la humanidad no hemos podido explicarnos de manera satisfactoria. Cada cuadro –palabra muy precisa para nombrar los momentos, pues parecen pinturas en movimiento-  narra por un lado el periplo de la compañía para hacer este montaje; por otro lado se muestra una metáfora del duelo y de la batalla de la vida. Las imágenes además poseen altos vuelos poéticos. Como una pieza de arte contemporáneo, permite múltiples lecturas. Por ejemplo, hay quien lee en el vestuario de las armaduras el mensaje de que la enfermedad es una lucha en la que el cuerpo sirve como campo de batalla. Es preciso protegerlo. Sobre esta misma imagen hay quienes la interpretan como el proceso psicológico denominado duelo.

El espectáculo  es un continuo diálogo con la ausencia, todo el tiempo la obra está conversando con Julie, nos habla a nosotros para hablar con ella. Los espectadores somos testigos del último regalo que la compañía le hizo a uno de sus miembros fundamentales, al tiempo que la conocemos gracias a la mirada amorosa de cada uno de los integrantes.  Ahí está Daniel abriéndonos los brazos para que podamos ver lo que tiene dentro.  Lo que palpita aún a su pesar. Nos invita a su jardín secreto. Pensar que todo en Per Te fue hecho para Julie nos estremece: la música, el humor, los números acrobáticos. Todo se creó pensando en ella. Todo se hizo tratando de adivinar sus reacciones.

Pese a lo doloroso del tema Per Te no es una experiencia oscura como podría uno suponer por tratar la muerte de alguien tan allegado a todos los miembros de la compañía, es más bien un canto a la vida, una posible respuesta de la Compañía Finzi Pasca ante el misterio de la muerte. El juego y la poesía como una luz para hacer frente al sufrimiento, sin por esto banalizar la cuestión dejando de lado el dolor, éste es inevitable y está expuesto pero el espectáculo nos recuerda que nunca es permanente. Julie –nos dice la obra- hizo llover en muchos escenarios y a su vez en los ojos de muchos espectadores alrededor del mundo. En Per Te, presente como una entrañable ausencia, lo volvió a hacer.

 

Ricardo Ruiz Lezama & Zavel Castro fundadores aplaudirdepie

Ricardo Ruiz Lezama & Zavel Castro                             Editores

 

 

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