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Aplaudir de Pie

Aplaudir de Pie

Es un proyecto de crítica y reflexión de hechos escénicos que nace simultáneamente en Bs. As. y en CDMX en 2015, como una plataforma de diálogo entre teatrólogxs, teatristxs, pensadorxs, creadorxs y espectadorxs, para cuestionar, opinar y debatir en torno a los fenómenos escénicos.

Reseñas

Litoral (después del agua)

por Aplaudir de Pie 1 mayo, 2017

“Después de la tempestad, viene la calma”, se dice comúnmente con afán tranquilizador a algún sufriente, pero mientras tanto, ¿dónde se supone que uno deba hallar consuelo? ¿En los sueños? ¿En la familia? ¿En los amigos? ¿En el carnaval? ¿Y si todo eso también fue arrastrado por las aguas de la lluvia torrencial, ávida de absorberlo todo, de acabar con todo? ¿A quién debe dirigirse el odio provocado por la destrucción avasalladora acaecida por la naturaleza?… “Litoral (después del agua)” no nos responde ninguna de estas preguntas, nos propone ver como los habitantes de Angüe buscan las mismas respuestas… sin encontrarlas.

Un pequeño y tranquilo pueblo, con poquísimos habitantes, a orillas del Paraná, se ve asediado por lluvias furiosas e incesantes que provocan una inundación, llevándose entre sus corrientes subacuáticas objetos domésticos e instrumentos musicales, pero también anhelos y vidas. Mientras tanto, la vida sigue como puede, modificada por las circunstancias, pero después de esto, nada podrá volver a ser lo mismo; un grupo de amigos adolescentes intentan tomárselo con calma, tomando mates y jugando “basta”; mientras tanto, una madre que no encuentra su hijo, lo busca desesperada hasta debajo de las piedras, perdida en la incertidumbre; la comparsa busca que el carnaval se lleve a cabo, pero los redoblantes y vestuarios seguro ya están flotando muy lejos; las whiskerías y antros siguen secuestrando a quien se detenga en el lugar equivocado, y prostituyendo ilegalmente a chicas a las que se les ha arrebatado la identidad y la decisión; y los políticos y su séquito burocrático, siguen ninguneando y aprovechándose del pueblo, un pueblo sufriendo, con heridas abiertas y sangrantes, despojado de todo, luchando por salir a flote aunque cada vez se hunden más.

“Litoral (después del agua)”, es el proyecto de graduación de los estudiantes de actuación de la Universidad Nacional de las Artes, el cual fue dirigido por Mariela Asensio, con las notas agridulces y la honestidad que caracterizan a sus montajes. Cuenta con dieciocho actores en escena, que nos regalan todo lo que la Universidad les dio conjugado con la poética particular de cada uno. La escenografía, concisa y acertada, nos transporta al muelle de inmediato. Majestuosa la forma de dirigir a tantos actores y la dramaturgia creada sobre la marcha, aplausos para la honesta y bien amada pasión con que Mariela Asensio realiza cada uno de sus montajes.

La historia, muy bien lograda por intensas y encarnadas actuaciones, y por una dirección espectacular, nos sumerge en la desgracia de un pueblo que se hunde sin poder evitarlo, provocando risas tanto desopilantes como de ternura, y lágrimas de dolorosa empatía, e inconsolable impotencia; ojalá estas cosas sólo ocurrieran en la ficción, pero no hay tregua; en tiempos de tanto sufrimiento, esta obra nos recuerda, con un nudo en la garganta, que la realidad supera a la ficción.

Manya

Reseñas

Los pro y los contra de hacer dedo

por Aplaudir de Pie 28 abril, 2017

“No eres ni la sombra de lo que quisiste ser. Traicionero asunto resultó la vida. Ni la mitad de lo prometido cumplió el pasado”, escribió José Sbarra una vez, pero a mí me resuena para siempre en la cabeza cual mantra, desde que lo escuché en “Los pro y los contra de hacer dedo”; oírlo por primera vez fue como ver el vídeo de “El aro”, lo viste y cagaste, o te mueres (en este caso de desesperanza y tristeza) o lo compartes, y al parecer a la directora Sabina Faccini le pasó lo mismo. Imposible quedarse impasible ante estas palabras.

De una forma sincera, poética y apasionada, Sabina Faccini une fragmentos de la obra “Marc, la sucia rata”, de José Sbarra, en una dramaturgia propia, que narra la historia de dos personajes que, como todos nosotros (aunque probablemente estemos haciendo un esfuerzo sobrehumano por ocultárnoslo), saben que no son ni la sombra de lo quisieron ser; atrapados en la forma que los condena, intentan ser, repletos de pesimismo, pero con ese pequeño dejo de esperanza, que en realidad es el instinto de supervivencia.

Danila Magri interpreta con elegancia a una chica que ha decidido prostituirse en la ruta, haciendo dedo a los camioneros que pasan, por gusto, y sin remordimientos; y Nicolás Moreno da vida, con maestría, a un chico que después de un matrimonio heteronormativo, se ha dado cuenta de que, en realidad, lo que quiere en la vida, es ser mujer. Podría asegurar que sus honestas actuaciones, junto con la verdad aplastante y sin tapujos que propone el texto, le pondrían la piel de gallina a la persona más creyente, y a la más, aparentemente, insensible.

Los pro y los contra

Acosados por lo insoportable de la mera existencia, van formando su propio camino; “No porque le temas a la larga noche, Dios va a existir” dicen en un momento, y efectivamente, los protagonistas están alejados de cualquier motivación inventada, viven la miseria que han creado con lo que el mundo les ha ofrecido, pero con una sinceridad que sólo se logra por medio del abandono y la anagnórisis; a pesar de todo, son lo que quieren. ¿Qué conviene más? ¿Vivir en una feliz mentira, o sobrevivir sin vendas en los ojos?

En la puesta resalta todo, se aplaude la decisión de la directora de utilizar profesionales en el tema para cada área; cuentan con música en vivo interpretada por Tomás Fernández Vázquez, que nos introduce, de acuerdo a su poética específica, en una atmósfera oscura y llena de melancolía; la iluminación, oscura pero llena de significado, fue ingeniosamente diseñada y realizada, por Carlos Pacheco Pizarro, ingresándonos, discretamente, en un sopor que nos lleva, no sólo a lo más recóndito del alma de la obra, sino a los lugares más escondidos de nuestros propios corazones. La escenografía, a cargo de Eugenia Labaqui, está cuidada hasta en el más mínimo detalle, llena de metáforas, de forma que, por sí misma, podría ser una instalación y ser observada como una obra independiente del montaje, pero que en el mismo, acompaña perfectamente a todos los demás elementos, y encima cuenta con un artilugio de extraños poderes, que aumenta el ambiente nostálgico tan bien logrado del montaje: una valija que perteneció al propio Sbarra, utilizada como “camerino” por el personaje masculino en su transformación a fémina, los objetos reales en esta realidad inventada en la que vivimos, le dan un poquito de sentido a la vida.

Contando con un equipo de creadores jóvenes, que empiezan a dedicarse profesionalmente a lo que los apasiona, después de haber estudiado una carrera relacionada a las artes que les competen, “Los pro y los contra de hacer dedo” no tiene nada que envidiarle a los montajes de los creadores que llevan la vida entera y un siglo, en el medio; demostrándonos que lo que se hace con pasión y amor, saliendo desde el fondo del corazón, porque este te exige decirlo y compartirlo, es la única forma de hacer arte.

Manya

Reseñas

Mujeres panfletarias, parte 1

por Aplaudir de Pie 20 abril, 2017

El identificarme como mujer me ha mantenido siempre en una relación ambivalente conmigo misma y con el mundo; por un lado, de amor profundo y sincero hacia mi sexo y mis congéneres, hacia mis ciclos y las posibilidades creativas que estos me ofrecen; pero por otro lado, vivo, desde niña, en un estado mental y anímico casi insoportable: con miedo permanente a ser violada y/o asesinada; con culpa modificable pero constante, primero por exponerme a “situaciones de riesgo”, teniendo que soportar las consecuencias de ello “porque yo me lo busqué”, y luego por haberme permitido sentir culpa por ello; con enojo conmigo misma por haber normalizado formas de violencia que me han causado dolores insufribles, y con el mundo porque no me dio las armas para defenderme.

Y no, no estoy exagerando.

Sobrellevar tanta presión sobre lo que debemos ser, afrontar las consecuencias de ir contra corriente, vivir con tanto miedo a ser lastimada o violentada por el simple hecho de ser visible para el mundo, sentir tanto odio de ver como cada día nos dañan y destruyen porque pueden, hace que agradezca el triple que alguien grite junto conmigo, junto con nosotras, todas juntas, que el grito nos una, porque no nos vamos a quedar calladas ni un segundo más.

Acudo a gritos femeninos comunales (en forma de fiestas, ferias y teatralidades) constantemente, porque me llenan el alma, y me recuerdan que somos un montón, y que hay esperanza, que estamos cambiando al mundo lento pero seguro, pero este grito en específico me conmovió tanto que me uní en dos ocasiones al rito escénico.

“Mujeres panfletarias” es un ciclo de obras organizado por el espacio Machado, el cual convocó a las creadoras interesadas en participar, y de las propuestas presentadas, se eligieron seis obras a desarrollar.

Hablaré de las primeras tres, ya que el ciclo está dividido en dos partes.

“¡A las calles! ¡Habitar la resistencia”, ideado e interpretado por Sofía López Fleming y Leticia Martínez, nos ofrece una propuesta corporal sobre los abusos físicos cometidos en la dictadura argentina, una mezcla de humillación y muerte, pero con una dosis de reivindicación, que, como espectadores, nos libera después de presenciar el esfuerzo físico extenuante de las actrices en escena.

“Tu sexo débil”, dirigida sin tapujos y con elegante ironía por Cora Fairstein, y, carismáticamente interpretada por Marina Kamien, es un reflejo clownesco de la mujer actual multitask, que desea cumplir sus sueños, hacer ejercicio, ser madre, ser plena, y ser todo, y puede hacerlo, pero, aun así, es curiosamente llamada “El sexo débil”. Acertadamente, la puesta tiene, como música de fondo, a Arjona expresando su horripilante opinión acerca de la mujer, con una playlist que, yo diría, pertenece al top five del horror y la misoginia. Por medio de metáforas risibles y vulgares, Arjona nos pide que no abortemos, porque esa bolita de células sin conciencia y sin sentimientos puede llegar a ser un varón, “un posible ingeniero, rockero o escritor”, pero varón al fin, y a esos no se les mata; nos exige que menstruemos tranquilas, porque aunque “de vez en mes la cigüeña se suicida, y ahí estás tú tan deprimida buscándole una explicación”, él entiende que nuestro único sueño en la vida es ser madres, y no tenemos de que preocuparnos, él va a estar ahí para explicarnos todo; y por supuesto, con el passive-agressive que lo caracteriza, invisibiliza nuestras luchas, porque está firmemente convencido de que “nosotros con el machismo, ustedes al feminismo”, y todos felices. Mientras nuestros oídos son asediados por estas barbaridades y más, vemos a la protagonista que, grácilmente, se quita su ropa de “fémina”, y se embute en un típico traje de boxeo, quedándose en tetas impunemente, y realizando una rutina de entrenamiento, fluyendo, casi contenidamente, lo que parece generarle la vida, y la música de fondo. Este montaje le restriega en la cara a Arjona y al mundo, entre risas y jocosidades, que la mujer es todo, menos el sexo débil.

“Mujeres contra el golpe”, es el regalo que nos ofrece el colectivo brasileño Passarinho, en este ciclo. Rebosante de honestidad, e inteligentemente dirigido por Luciana Tomie, con una dramaturgia colectiva, y diez actrices en escena, “Mujeres contra el golpe” nos introduce en un mundo monocromático y oscuro, que en algunos momentos desprende destellos rojizos; dividido en cuadros que entrelazan el reciente y penoso golpe que provocó la destitución de la primera presidenta de Brasil, y el día a día de la violencia machista normalizada, que nos somete y mata poco a poco, indiscreta y violentamente, pero silenciado a lo largo de la historia, tanto por víctimas como por opresores. Regalándonos parte de sus historias personales, junto con videos reales de la humillación y acoso machista que sufrió la presidenta, las passarinhas provocan empatía y esperanza en medio de la destrucción y el dolor; ya nos dimos cuenta de que no somos histéricas, ni locas, ni putas, de que no nos buscamos, ni nos merecemos las violaciones, ni los asesinatos, que no necesitamos que un hombre nos explique, que podemos vestirnos como queramos, y desvestirnos con quien nos plazca; ya nos dimos cuenta, así que agárrense, porque se acabaron las cabezas agachadas.

El espectáculo termina en la calle, con intérpretes y público, bailando y gritando al unísono “¡Fora Temer!”, conmoviendo corazones y encendiendo conciencias, iluminándonos el camino, que ya estábamos siguiendo, pero que a veces se desdibuja, y estos momentos de sororidad y amor, dejan marcados nuestros pasos en la arena, para que ni una más se pierda en la misoginia y el machismo.

En tiempos de desaparición, duelo, gritos silenciados, muerte, dolor inconsolable y aparentemente interminable, es imprescindible sentir a las otras gritando a un lado, muy cerca, porque nos duele lo mismo, y no importa lo que cueste, lo vamos a cambiar.

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Reseñas

EXTASIS 9:05: un poema para el fin del mundo.

por Aplaudir de Pie 4 abril, 2017

EXTASIS 9:05: un poema para el fin del mundo.

Teatro Sensorama

Autoría y dirección: Demian Lerma y Edzna García

Ha llegado el fin del mundo y seguramente sabrías qué decirle a tus personas más cercanas, pero ¿qué te dirías a ti?

 

Es el fin del mundo  y estoy en Ciudad de México, no en mi ciudad natal ni mucho menos en mi país, estoy a más de 2000 kilómetros de distancia de mi familia y amigos, y el mundo se está acabando, no lo veo, pero lo siento, siento como las rocas chocan contra mi cuerpo,  escucho como las alarmas suenan, los gritos se escuchan cada vez más fuerte, las personas corren, huele a destrucción, sí, a destrucción porque también esta tiene aroma.

«Éxtasis» es una obra que narra por diferentes medios -se trata de una pripuesta kinestésica-  lo que sucede en México frente este apocalipsis inminente (esperemos que sólo ocurra en la imaginación de los directores). Una lluvia de meteoritos amenaza con acabar con todo lo que conocemos ahora como tierra, familia, amigos, vecinos, todo.Tengo los ojos vendados y una campana me indica que puedo destaparlos, observo a una pareja que está esperando el fin de los días, se aman físicamente,  se tocan, se sienten. Al vendarnos los ojos de nuevo, asistimos a esa danza de cuerpos, con olor a flores… siento cómo pasa por nuestra piel algo suave…

Otra vez las campanas, ahora veo una escena donde una madre trata de “engañar” a su hija para que no se dé cuenta que el fin del mundo ha llegado, le dice cuanto la ama y yo sólo puedo pensar en mi mamá que está tan lejos y que también trataría de cuidarme y evitarme cualquier sufrimiento. Cuadros aparentemente distantes muestran qué hace una pareja los últimos minutos de su vida, cómo una hija se despide de su padre por medio de una llamada telefónica sabiendo que no podrá abrazarlo una última vez, cómo afrontan algunos la idea de la muerte ya sea yendo a la selva por ejemplo, pero también nos llevan a un concierto y de paseo antes de terminar “nuestra vida”. Al final de la obra comprendemos que estos cuadros “separados” se corresponden unos a otros, configurando la obra de tal manera que construyen un mundo completo, tan fuerte que puede hacernossentir ahí, en la situación,  entrar en ella y recorrer nuestros recuerdos emocionales y así conectarnos completamente con el montaje.

Vuelvo a cubrirme los ojos, y a descubrirlos y a cubrirlos otra vez, así por dos horas más o menos, entre presenciar visualmente cuadros que están tan cerca que parece que los vives con ellos y sentir, dos horas que dediqué a sentir el teatro con mi cuerpo, con la memoria. Recordé que he vivido y que afortunadamente no era el fin del mundo y que podría volver a casa junto a mi familia y amigos en unos meses. Hay muchas formas de acercarse al teatro: verlo, leerlo, estudiarlo, hacerlo desde cualquiera de sus formas. Sensorama propone otra forma de acercarnos: desde los sentidos. Esto es importante:  detenerse a sentir en un mundo que va cada vez más rápido y donde todos somos ahora seres netamente visuales, cerrar los ojos para poder ver, recordar y vivir con el cuerpo.

En Sensorama se experimenta otro teatro, ya que dejamos de ser solo asistentes que observan lo que pasa en un escenario y pasamos a hacer parte de la obra misma gracias a nuestro cuerpo que sirve de puente entre ambos; nosotros y la obra gracias a los recuerdos que cada espectador lleva, cada uno vive una obra distinta pero que a fin de cuentas nos hacen recordar los momentos en la vida en que hemos amado,  otros en los que hemos sido felices y algunos que inevitablemente hemos sufrido.

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Verónica Valencia

estudiante de letras, clown y amante del hecho teatral

 

Reseñas

Humanidad S.A.

por Aplaudir de Pie 16 marzo, 2017

En un mundo donde todos somos mercancía reemplazable, se agradece que nos recalquen que hay una luz brillante dentro de cada uno de nosotros que nos hace únicos.

Humanidad S.A. nos lo muestra de dos formas; una de ellas es en la anécdota de su montaje, que habla de una pobre viejecita que busca desesperada a su hijo antaño perdido, y de un vagabundo que, parece ser el hijo, pero lo realmente trascedente es que se vuelven importantes el uno para el otro en una sociedad donde ambos son simplemente basura.

Y la otra, es la increíble dramaturgia del actor que nos propone esta obra; Jorge Costa, Luisina Di Chenna, y Esteban Parola, nos muestran con virtuosismo, como el actor es un ente creativo y poético, independiente del director; vemos actores vivos e irremplazables, no títeres, recalcando el respeto y la magia que nacen del trabajo en conjunto en las creaciones colectivas.

Haciendo un homenaje a Charles Chaplin, cada actor hace suyo el rol que le corresponde, y de manera sincera y entrañable, de acuerdo a la poética de cada cuerpo, nos regala momentos llenos de ternura y reflexión ligera, fácil de digerir.

Se aplauden, además, el uso de los elementos escenográficos, manipulados por los mismos actores, que logran transportarnos a diferentes lugares donde nuestros protagonistas son vistos como entes inservibles hasta casi invisibilizarlos; y el uso de la utilería, sobretodo un globo verde inmenso que logra asombrar a chicos y grandes con su manipulación que parece mágica, y hace soltar algunas expresiones de asombro entre las butacas.

Humanidad S.A. nos propone ver la luz al final del túnel, al final lo de menos es si fuimos productivos o no para este mundo, lo que importa es en cuántos corazones nos quedamos brillando con luz propia.

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Manya Loría. Dramaturga, directora de teatro y actriz

Reseñas

Hombres Delay

por Aplaudir de Pie 15 marzo, 2017

En un mundo que, tecnológicamente, avanza más rápido que nosotros, hay que hacer un verdadero esfuerzo por no quedarse atrás, no todos nacimos con el chip integrado; Esteban Gutiérrez lo tiene muy claro, antaño podía vivir perfectamente sin redes sociales, y con un celularcito para llamar y contestar únicamente, pero la vida le enseñó que si no estás dentro, estás fuera, no hay nada en medio.

Hombres Delay, bajo la maravillosa dirección de Gabriel Wolf, con las increíbles, divertidas e hilarantes actuaciones de Diego Carreño y Leandro Aita, nos enfrenta a la realidad de un mundo tecnológico que no acepta un no por respuesta a sus requerimientos de actualización.

El protagonista no juzga ni repudia la tecnología, simplemente, no se le da; él quisiera quedarse tranquilo, pensando en la planeación de su boda, que es bastante pronto, pero un intruso cibernético que se hace pasar por él en Facebook, le provoca abrir su propia cuenta, no sólo de Facebook, sino de Twitter, Instagram, y hasta de Snapchat.

Esto será solamente el principio del fin, conseguirá un trabajo, pero un grave malentendido provocado por azares tecnológicos, lo llevará, no sólo a quedar desempleado nuevamente, sino a cancelar su matrimonio y a decirle cosas espantosas a su suegra.

Solo, y con una casi nula posibilidad de reivindicación, Esteban deberá enfrentarse a este nuevo mundo que lo asusta e inquieta, pero mágicamente aparece una posibilidad para mejorar el panorama, un robot que postea por él cosas inteligentes y divertidas que lo hacen popular y que todas las chicas quieran salir con él, pero las cosas se tornan difíciles cuando el robot comienza a salirse de control, y a ser, tal vez, demasiado desubicado.

A cada paso que Esteban da, la tecnología le sigue demostrando que jamás serán el uno para el otro.

Diego Carreño interpreta de una forma espectacular, entrañable y tierna a este desubicado y confundido protagonista, de la mano de la también increíble, multifacética y sincera actuación de Leandro Aita, que interpreta a varios personajes que van apareciendo en la vida de Esteban.

La puesta es modesta, pero usa de una manera original y virtuosa los recursos con los que cuenta; el ambiente que genera entre los espectadores es invaluable, risas y comentarios por doquier, todo muy sincero y con amor, eso lo agradezco como público y como creadora.

Bien dice el dicho “Si no puedes contra ellos, úneteles”, y así, como Esteban, vamos todos flojitos y cooperando, trotando al ritmo de la tecnología, con nuestros tropezones y excentricidades, pero ahí vamos.

Recomendadísima.

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Manya Loría. Dramaturga, directora de teatro y actriz

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Münchhausen

por Aplaudir de Pie 25 febrero, 2017

Todos sabemos que el amor, el verdadero, engrandece el alma del que lo siente, y provoca buscar el bienestar del ser amado a toda costa, el amor es egoísta porque encapsula, se enfoca y acota, nos hace preocuparnos tanto por la felicidad y el regocijo del objeto de nuestro cariño, que lo demás deja de importar, al principio poco, después bastante. El amor construye castillos en el aire, exclusivos y hechos a la medida, robando lo necesario de lo de afuera, para que los que se aman puedan vivir ahí, protegidos. Las madres son las expertas constructoras de estas edificaciones, ya sea por convicción o por presión social, hacen un nidito cálido y armonioso para que la cría crezca sana y feliz, porque la aman.

Pero hay otro tipo de madres, que, a pesar de amar a su cría (lo cual tiende a ser una condición implícita), se anteponen a ese instinto de maternidad (más aprendido que natural), y colocan al hijo en la posición de medio, y no de fin, no es un amor menor, pero en este existen prioridades, y la mente es engañosa, así que hay individuas que se sienten inmensamente felices al saber que alguien depende totalmente de ellas, y el querer retener ese sentimiento por siempre, o alargarlo lo más que se pueda, desencadena lo que se conoce como “Síndrome de Münchhausen”, si el hijo está enfermo siempre, las necesitará por siempre.

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La obra de Lucía Vilanova, que toma el nombre de este síndrome para titular su obra, trata el tema de manera cruda y descarnada, sin tapujos; nos muestra a una familia, un poco más disfuncional que una promedio, compuesta por una madre obsesiva, un padre que probablemente no quería serlo, una hija adolescente que quiere huir lo más lejos posible, un hijo pequeño con un hermano gemelo muerto que constantemente lo incita al suicidio, una abuela con dentadura escurridiza y aires de grandeza, y una sirvienta mulata despreocupada y casi autodespojada de su dignidad; estos son asediados por el Münchhausen, la madre lo empieza y todos la siguen como autómatas.

Nick, el hijo pequeño, es la víctima, sufre fiebres y dolores impuestos por la madre, los cuales nadie cuestiona, le hacen cientos de estudios, que siempre salen normales, y lo mantienen en encierro para que no empeore. El amor en esta familia se encapsuló demasiado, se acoto al punto de que el objeto de cariño, son únicamente ellos mismos, de manera individual.

La puesta en escena de este desolador pero maravilloso texto corre a cargo de Ana Alvarado. Usa un espacio lúgubre y frío, que resalta el limbo individual en el que se encuentra cada uno de los personajes, a pesar de que estén todos en el mismo espacio; y el uso de recursos multimedia está muy bien logrado, ofreciendo un espejo que devuelve anhelos y fantasías, no reflejos.

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La actuación del protagonista, Nick, interpretado por Diego Vegezzi, se aplaude y se agradece, es sincera, tierna y entrañable, provocando una gran empatía por el personaje.

Al final, todos crecimos, tenemos, formamos y vivimos en familias, en mayor o menor medida, disfuncionales, y esta obra pone el dedo en la llaga, ¿qué es lo que provoca que destruyamos a quien se supone que debemos amar?

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Manya Loría. Dramaturga, directora de teatro y actriz

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Viento

por Aplaudir de Pie 21 febrero, 2017

Podemos perder la cabeza de muchas formas, pero también podemos recuperarla, o mejor aún, sustituirla con flores.

Esta obra dirigida e interpretada por Sergio Bressky y Gabriela Daniell, nos transporta a un monocromático mundo onírico, donde conocemos a dos personajes profundamente entrañables, un hombre y una mujer esperando en una estación de tren, esperando, no sólo al tren, también una oportunidad, con la esperanza tambaleante de que en un futuro las cosas mejoren, a pesar de la constante y acosadora certeza de que, en general, eso no depende de ellos. No sabemos sus nombres, son seres anónimos, probablemente expulsados, desnombrados, y consecuentemente, descabezados.

De una forma divertida, tierna y poética, por medio de máscaras, títeres y sus propios cuerpos, Bressky y Daniell nos hablan de huidas precipitadas, de nostalgia permanente, de soledad, pero de también de encuentros; nuestros protagonistas tienen que irse, aunque no sepan muy bien a dónde.

Y en medio de todo el alboroto que proporciona un viaje precipitado, la mujer pierde la cabeza, el hombre pone todo de su parte por ayudarla, porque al parecer, a nadie más le importa, y, sin hablar de amor en este punto porque opacaría el discurso, se embarazan, y nace una bebé, pero es una bebé sin cabeza.

En un mundo triste y restrictivo, que no nos permite ver más allá de nuestras narices, que te arranca la cabeza, o hace que la pierdas, se puede superar a la adversidad, la nena no se conforma con una vida sin cabeza, pero tampoco quiere una, por lo que, para la sorpresa de los abatidos padres, decide que un par de flores son un buen sustituto.

Por medio de la renovación que supone un nacimiento en tantos sentidos, el hombre y la mujer se vuelven capaces de afrontar con fuerza y amor lo que venga, a perder el anonimato, al menos entre ellos, y se convierten en “alguien” para el otro, en individuo y colectividad, en familia.

Esta obra nos lleva a un mundo confuso y aterrador, donde estos tiernos personajes descubren junto con nosotros que siempre podemos hacer algo para ser felices, y que, cuando las aguas se calmen, siempre podemos recuperar la cabeza.

 

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Manya Loría. Dramaturga, directora de teatro y actriz

Reseñas

Piel marcada

por Aplaudir de Pie 31 enero, 2017

Lo que no te mata te hace más… ¿fuerte? ¿o cruel? ¿Buscar justicia a mano propia es justo?, Piel marcada, de Lucía Steimberg, dirigida por Alejandra Marino, nos invita a pensar en esto sin juzgarlo, usando como medio a la protagonista, Elena, una mujer joven que está viviendo las consecuencias de un pasado tortuoso, y lleno de soledad y silencio.

Lucía Steimberg, que es la autora y a la vez interpreta a la protagonista, ofrece un texto muy digerible que, conjugado con su honesta y bien lograda actuación, al menos a mí, me hizo mantener la atención en la historia en cada momento; y la dirección de Alejandra Marino, limpia y minimalista, junto con el maravilloso uso de la iluminación, crean un ambiente íntimo que genera empatía con el personaje, es como estar a solas con ella, mientras te cuenta un tortuoso secreto, del cual ahora somos cómplices, y que además no dudas ni por un instante que haya hecho lo correcto.

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Elena nos cuenta, de manera sincera y bajo una luz tenue, sus gustos y aficiones más íntimas, que le gusta leer los horóscopos y ha decidido autoimponerse los signos zodiacales que van de acuerdo a sus gustos, que le encantan las empanadas de arroz que venden cerca de su casa, y que el color rojo es su favorito, también nos cuenta sus secretos, que es la menor de sus hermanas, que su madre le compró de niña un corpiño con un pato y que soñaba con llenarlo algún día, y que fue abusada sexualmente por alguien muy cercano a los diez años de edad, probablemente menos, ya que la actriz nos hace guiños que se interpretan como que ocurrió cuando ella era más pequeña; no nos habla de violencia agresiva como tal, lo cual me parece que hace mucho más fuerte la situación, no sólo su cuerpo fue violentado, también fue engañada y traicionada, el sexo es algo que nos causa morbo y curiosidad desde que somos niñxs, incluso podemos llegar a fantasear con cuestiones relacionadas al respecto, pero el que un adulto, sea hombre o mujer, lo haga con un niñx, será siempre un abuso, use la fuerza, o el engaño, o ambas, y las consecuencias siempre serán devastadoras.

Mientras tanto, una mujer con un vestido negro está sentada en el fondo del escenario, (Alejandra Marino, la directora), sirviendo de una especie de protectora o de conciencia que ayuda a Elena con los cambios de vestuario y a sobrellevar los momentos difíciles, también hace guiños al público sobre lo que Elena cuenta.

Y poco a poco vamos viendo las consecuencias y repercusiones que ha tenido la vida sobre Elena, no sólo el abuso, todo, al final somos un conjunto de genética, vivencias y decisiones, y algo muy acertado del texto es que en ningún momento se victimiza o culpa al abuso de las acciones que decide llevar a cabo, y volvemos a los cuestionamientos iniciales, lo que no te mata ¿qué te hace?  Nos da fuerza, pero también nos da “callo”, sabemos qué hacer a la siguiente para que no nos afecte de la manera que lo hizo en el pasado, o simplemente aprendemos a evitar que pase, pero, una vez pasado el susto, nos genera algo en el pecho, algo doloroso que se traduce en culpa, odio, tristeza, y que fácilmente puede evolucionar en un profundo deseo de venganza.

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Elena creció confundida, como todxs nosotrxs, pero diferente, hizo una mezcla con el amor y el odio, del dolor con el placer, y se volvió autodestructiva, como todxs nosotrxs, pero diferente. ¿Qué podemos hacer para atenuar un dolor que no nos deja vivir? ¿Cómo nos quitamos la insoportable comezón de las heridas que nunca sanan en el alma? ¿Hay que aprender a vivir con eso?

Se aplaude la actuación de Lucía Steimberg, que interpreta muy acertadamente su texto, que, si bien es entretenido y cautivador, es bastante literario, pero ella nos introduce en una convención en la que obviamos la estructura de texto escrito, y nos convence de que es la primera vez que nos lo cuenta, que todo está fluyendo instintivamente de su mente en ese momento, por lo que atrapa y genera una gran empatía.

La dirección y la iluminación, simples pero concretas, nos introducen en un universo oscuro y húmedo, que da la sensación de estar dentro de la cabeza de Elena. Es una propuesta arriesgada, sincera y llena de metáforas, que nos deja cuestionándonos un largo rato, con el corazón movido y la mente alerta, todxs estamos a un hecho traumático de convertirnos en Elena.

 

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Manya Loría. Dramaturga, directora de teatro y actriz

Reflexiones

Mi experiencia en el Cervantes Off

por Aplaudir de Pie 20 octubre, 2016

Primera vez que escribo.

En esta ocasión me toco cubrir gran parte de la cartelera llamada “Cervantes off”, ofrecida por el Festival Internacional Cervantino, lo primero que pensé fue: “ un fin de semana lleno de teatro ¡Qué hermoso!” Por fin podría ver las adaptaciones de las obras de Cervantes, y lo mejor de todo, sin salir del DF (o CDMX, como se llama ahora). Este programa se presentó del 7 al 9 de octubre en el Centro Nacional de las Artes.

Es preciso comentarles que cuando voy al teatro normalmente disfruto las puestas en escena, creo que carezco de ese ojo crítico de mis colegas y generalmente cada función a la que asisto me deja encantado o quizás refleje mi actitud ante la vida, siempre busco las cosas buenas de todo.

Llegué a presenciar “La Casa de los celos, o quién la tiene más grande (la casa)» dirigida por Ana Francis Mor,  un montaje que con buena producción audiovisual, ingeniosa vestimenta y carismáticos personajes nos hizo reír bastante. Grata fue mi sorpresa al ver que los foros se llenaban casi en su totalidad, de gente de todas las edades, abuelos, padres de familia que llevaban a sus hijos para inculcarles el gusto por el teatro, parejas que buscaban una actividad diferente y por supuesto, gente apasionada por este arte tan efímero.

Al día siguiente la función era a medio día, con un calor intenso que no detuvo a los asistentes a presenciar “El vizcaino fingido”, obra de Ismael Hernández-Medina, adaptación del entremés del mismo título, que fue montada al en la plaza de la Danza; un espacio al aire libre pero afortunadamente techado. Lo mismo que el dia anterior:el espacio estaba lleno. Me llenó de alegría verlo porque siendo realista, fuera de las producciones más comerciales y publicitadas difícilmente veo llenos totales y además, se demuestra que el Festival no es solo un pretexto para que los jóvenes (y los no tan jóvenes) vayan a enfiestarse a Guanajuato.

Un poco más tarde tocó el turno de «Una  comedia entretenida», codirección de Miguel Estrada y Mauricio Durán, versión libre de «La Entretenida» y no me decepcionó. Bromas ingeniosas y actores talentosos que a su vez tocaban algún instrumento musical para acompañar la puesta en escena. Al terminar no sabia que hacer con ese tiempo libre entre obras; así que me puse a revisar el programa y a caminar por el CENART; y vi que justo estaba Urbaphonix, cinco músicos que crean melodías con objetos de su entorno, maravillando asi a los espectadores. Era un espectáculo ver como la gente los seguía por todo el lugar cual caravana para seguir viendo con qué más podían hacer música.Ya en la noche comenzó “De picaros, truhanes y actores” de Tito Vasconcelos, obra quizás mas enfocada al publico adulto por su mensaje y su vocabulario a veces subido de tono, con chistes que si bien no todos comprendíamos no dejaron de entretener al publico. Así concluía mi día.

A la mañana siguiente, mi niño interior (al cual siempre escucho y no dejo de interactuar con él se  maravilló con “Said el monstruo»dirigida por Gemma Quiroz, inspirada en la intolerancia ideológica manifiesta en «La Gran Sultana», puesta que con un bonito mensaje, canciones estupendas y una producción excelente logró captar la atención de los muchos niños que asistieron a la plaza de la Danza. Logré ver como en tres días la gente no dejó de asistir y algunos, como yo, entraban a dos o tres funciones en ese fin de semana. Yo quedé encantado, como ya he dicho, de todas las actividades ofrecidas… no me quiero imaginar la cantidad de cosas por ver en Guanajuato, no me aguanto las ganas de ya estar allá.

dario

 

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