Aplaudir de Pie
  • Críticas
  • Reflexiones
  • Reseñas
  • Quiénes somos
Aplaudir de Pie
  • Críticas
  • Reflexiones
  • Reseñas
  • Quiénes somos
Tag:

crítica teatral

Críticas

Hasta encontrarte: una crítica epistolar desde la deuda a las madres buscadoras. Por Laura Cárdenas (Lalis)

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Queridas madres buscadoras: 

¿Todo es político?
¿El no mirar también es político?

Les escribo desde un lugar que no me enorgullece del todo: desde la butaca, desde alguien que durante mucho tiempo ha preferido no mirar. No soy de las personas que comparten cada ficha de búsqueda. No soy de las que reaccionan siempre. Casi siempre sólo lo hago cuando la desaparición toca un círculo cercano. Y aún sabiendo que esto ocurre todos los días, aún viendo sus rostros en el Metrobús, en las marchas, en los monumentos, aún recordando las fotografías de los estudiantes desaparecidos frente a mi universidad, he elegido muchas veces apartar la mirada.

No porque no me importe.
Sino porque me abruma.
Porque soy consciente de mi privilegio.
Porque recientemente entendí que soy una persona altamente sensible
y, a veces, he usado eso como excusa para no hacer más.

Durante meses me recomendaron ver Hasta Encontrarte de Vicky Araico y Nir Paldi, una puesta en escena que sigue el recorrido de una madre, en la búsqueda de su hija mayor, reportada como desaparecida.
“Es muy fuerte”, me decían.
“Es una gran obra”.

Y cuando por fin regresó a cartelera en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario, lo único que pensaba era: necesito ir.
Sé que me va a doler.
Sé que me puede romper en función.
Pero quizá eso es justo lo que necesito para empezar a mirar.

Entro al teatro y lo primero que escucho es un perro en alerta. Mictlán. Un nombre que nos explican que convoca al inframundo, al cruce, al viaje.
A los nueve niveles que hay que atravesar para llegar al lugar donde habitan los muertos.
Desde ahí se anuncia un trayecto: no el de una ficción heroica, sino el de una madre.

La historia comienza en noviembre de 2018.

Y a partir de ese momento, lo que veo no es un caso, ni una cifra, ni una nota periodística. Veo el recorrido de una mujer buscando a su hija mayor. Veo la duda, la incertidumbre, la sospecha instalada desde afuera. Veo cómo, cuando se intenta reconstruir la última vez que fue vista, aparece de inmediato la revictimización: que si se fue con su novio, que si no la conocían lo suficiente, que si algo habrá hecho.

La madre se llama Alma.
La hija se llama Luz.

Porque la obra no trabaja con personajes abstractos. Trabaja con una ausencia concreta.

Hay una frase que me atraviesa como espectadora:

 

Aprendí a no llorar si quería que las autoridades me tomaran en serio

 

Ahí se condensa algo brutal: la pedagogía de la contención emocional para ser escuchada, la administración del dolor para poder exigir lo que, en teoría, debería ser un derecho. La vulnerabilidad de una madre convertida en un obstáculo. El coraje contenido para no parecer exagerada. Para no parecer incómoda.

Y yo, sentada en la butaca, no puedo dejar de preguntarme:
¿En qué punto normalizamos que desaparezcan personas todos los días?
¿Por qué seguimos culpando a quienes desaparecen y a quienes los
buscan?
¿Por qué aceptamos que la búsqueda tenga que convertirse en una tarea personal, familiar, comunitaria, y no en una responsabilidad estructural?

La obra es interpretada por Vicky Araico, quien sostiene en escena, con un solo cuerpo, un relato construido a partir de múltiples voces. La creadora, mencionó que está nutrida de testimonios reales. De una investigación de campo que no se queda en el escritorio, sino que se acerca a los colectivos, al territorio, a la escucha directa. Y eso se percibe.

Pero mientras les escribo, no puedo dejar de pensar en algo que no nace como un reproche hacia la creación, sino como una pregunta frente a la dimensión de lo que estamos viviendo: ¿cómo se nombra un país entero desde un solo cuerpo en escena?

¿Qué se alcanza a mostrar y qué necesariamente queda fuera cuando el dolor colectivo, construido a partir de meses de investigación, de testimonios y de archivos casi inabarcables, se articula en una sola presencia escénica?

No lo pienso como una limitación de la obra, sino como una evidencia del tamaño de la herida: hay tantos casos, tantos nombres, tantos registros, que ningún dispositivo, ni siquiera uno hecho con cuidado y respeto, puede contenerlos todos.

No lo digo como reproche, sino como una constatación: el problema es demasiado grande para caber en una sola voz.

Hay una sensibilidad evidente en la mirada de quien creó esta pieza. Se nota el cuidado. Se nota el respeto. Se nota que no hay un deseo de usar la tragedia como recurso, sino de construir un espacio donde el dolor pueda ser nombrado sin espectacularizarse.

Sin embargo, hay una imagen que se queda conmigo durante días: la soledad que llega después. La gente acompaña cuando ocurre la desaparición. Luego la vida de los otros continúa. Pero la madre permanece en la búsqueda. A veces sola. A veces desgastada hasta el límite de su propia salud mental. A veces sostenida únicamente por otras mujeres que sí saben lo que es no poder soltar.

Y aquí aparece algo que la obra no intenta maquillar: la transformación. La imposibilidad de volver a ser la misma. La fractura de la vida cotidiana. La imposibilidad de seguir trabajando, de cuidar de la otra hija como antes, porque todo el cuerpo y toda la vida, está puesta en encontrar a quien falta.

Luz pasa de estar… a no estar.
Y Alma deja de poder ser la persona que era.

No hay consuelo posible.
No hay reparación escénica.

Y aun así, la obra insiste en algo que me parece fundamental: la comunidad. La red de personas que buscan. El gesto colectivo como acto de resistencia. La certeza de que encontrar aunque sea restos, aunque sea verdad, aunque sea cierre también es una forma de justicia.

En algún momento, al final, aparece el aplauso, pero Vicky Araico no sale a recibirlo. Y una parte de mí se pregunta por qué no hacerlo, después de un proceso de creación tan largo y tan cuidadoso. Pero también entiendo que aquí la creadora no es la protagonista: es el medio para hacer llegar estas historias hasta personas privilegiadas como yo.

Porque aplaudir no alcanza.
No nos absuelve.
No nos transforma automáticamente.

Y entonces me pregunto, frente a ustedes:

 

¿para quién sana el teatro?
¿para ustedes?
¿o para quienes miramos desde una butaca?

 

Porque sí, el teatro tiene una potencia enorme para nombrar, para ordenar el caos, para permitir cierta comprensión. Pero también tiene límites. Y me parece honesto decirlos y, sobre todo, preguntarnos qué hacemos más allá de la función, porque a veces parece que le exigimos más al teatro y a quienes crean que a las instituciones y a los funcionarios públicos de este país.

Al final de la función, invitan a escribir algo en el Buzón de Paz: información anónima, palabras de aliento, recursos para apoyar a las familias. Un dispositivo que no se queda sólo en el símbolo, sino que intenta abrir un canal real.

Yo salí del teatro y no pude escribir nada.

Han pasado dos semanas y sigo llorando mientras escribo esta carta.

No porque la obra sea triste.
Sino porque me obligó a mirarme a mí.

A mi forma de estar en este país.
A mi forma de administrar la incomodidad.
A mi manera de elegir cuándo mirar… y cuándo no.

Hace un año me dedico a recomendar teatro. Y he descubierto que las obras que más me importan son las que no se conforman con entretener, sino que tienen algo que decir sobre el mundo que habitamos. Pero hoy, frente a ustedes, entiendo que también debo preguntarme qué hago yo con eso que digo, con eso que recomiendo, con eso que conmuevo.

Esta carta no es para hablar de una obra.
Es para hablar de una deuda.

Porque aunque ya hice un video, aunque espero que muchas personas vayan al teatro, aunque deseo que algo se mueva en quienes la vean, siento que no es suficiente.

Y quizá no lo sea.

Pero necesitaba escribirles para decirles que lo siento.
Por haber preferido no mirar tantas veces.
Por haber reducido su lucha a una imagen pasajera en el transporte, a un cartel, a una fecha.

Y también para decirles gracias.

Gracias porque, aun cuando el sistema falla, ustedes siguen buscando.
Gracias porque, aun cuando el acompañamiento social se diluye, ustedes construyen comunidad.
Gracias porque, aun cuando nada vuelve a ser igual, insisten en sostener la vida.

Tal vez nunca pueda comprender del todo lo que significa buscar a una hija.
Pero hoy sé algo con claridad: su trabajo no sólo encuentra cuerpos, nombres o verdades.
También devuelve humanidad a un país que ha aprendido demasiado bien a mirar hacia otro lado.

Con respeto y con una incomodidad que ya no quiero soltar,
Lalis

 

Laura Cárdenas (Lalis) Creadora de contenido y crítica en formación

Instagram: @Lalis.teatro

 

Esta crítica epistolar fue escrita a las madres buscadoras de México, a partir de la obra Hasta Encontrarte, De Vicky Araico y Nir Paldi , con la dirección de Nir Paldi y la interpretación de Vicky Araico. 

 

Si tienes un familiar desaparecido y necesitas asesoría o atención, te compartimos algunos recursos disponibles en la página oficial de Teatro UNAM. 

 

Críticas

Casi Normales. Crítica epistolar al personaje de Diana. Por Isabel Agurto.

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Querida Diana:

Espero que esta carta te encuentre bien o al menos mejor que cuando te conocí, en el Teatro Municipal de Las Condes. Te vi desde mi butaca, sin saber que en cosa de minutos ibas a mirarme de vuelta. Desde la primera escena yo supe por qué no podías dormir, por qué necesitabas activarte a las cuatro de la mañana, tratando de hacer veinte cosas, pero no haciendo ninguna en realidad. Yo te vi, Diana.

Ese reconocimiento me acercó a ti, pero después empezaste a bombardearme y yo no estaba preparada. Me expusiste en ese escenario ante más de 800 personas. ¿Por qué? Si esto no se trata de mí.

Las bombas partieron con la canción de Mi psicofarmacólogo y yo. Esto es muy real, pensé, mientras el doctor indicaba las interacciones de los medicamentos, las modificaciones, los efectos secundarios, hasta que, con el paso de las semanas y meses de prueba y error, llegabas a no sentir nada y eso equivalía a estar estable. Aquí hay investigación, dije, realmente Brian Yorkey hizo su tarea. Pero faltaba más.

Quiero montañas, quiero mis montañas, dijiste. Y pensé, yo también, pero me acordé de una vez que estando en el colegio escribí un ensayo sobre montañas rusas y nadie entendió. Solo una compañera se acercó a preguntarme si realmente me sentía así. Déjame decirte, Diana, que llega un día en que no necesitas más montañas para sentirte viva. Un día descubres que no todo lo que no es vértigo es vacío, que también hay emoción en la subida lenta, que no todo lo que no es montaña es planicie y muerte.

Sentí, tal como siento ahora al escribirte esta carta, un pequeño nudo en la garganta que se fue intensificando mientras avanzaba la obra. Tuviste un buen período hasta que extrañaste tus montañas, Diana. Tuviste un buen período hasta que tiraste tus remedios por el retrete. No creo que haya sido tu mejor idea, pero no estamos aquí para enjuiciarte, menos yo que nadie. Además, si alcanzabas la estabilidad, se acababa la historia y yo quería saber más de ti.

No lo ves, me llegó a la vena. ¿Cuántas veces quise gritarle esa canción a alguien? Pero no sabía la letra, tú me la enseñaste. Eso de gritar sin sonido, de caer sin llegar al suelo, esa era yo, viviendo junto al abismo, como tú. ¿Y qué sabía Daniel de sufrimiento? ¿Qué saben los demás de sufrimiento? Ellos no lo ven, ¿cierto?

Yo lo veo, Diana. Y al parecer también lo vieron Yorkey y Kitt que te entregaron esta canción. Y también lo vio Ramón Gutiérrez que lo tradujo a mi idioma, y no me refiero al español, sino al chileno, que me acercó a ti mucho más.

Pero ante ese “no lo ves” tiene que haber una respuesta porque tú no estás sola, Diana, y yo tampoco, nunca lo he estado. Daniel te dice que es él quien ha estado siempre a tu lado, recogiéndote con cucharita cada vez que fue necesario y te pide que no te alejes, que él puede aguantar incluso más. Pero yo te entiendo, Diana. Tenías que alejarte, no podías evitar huir, sentirte incomprendida. No querías explotar y herir a los que más te quieren sin motivo.

Aun así, fuiste a ver a ese doctor rockstar que tanto te recomendaron, él debía tener las respuestas. He conocido a tantos doctores rockstars, tantas eminencias y es cierto lo que él te dijo, el camino es largo y cansador, pero, aunque no te des cuenta, se avanza. Un tratamiento tras otro, una nueva aproximación al problema tras otra, hasta que encuentras la que funciona para ti. No es magia, es ciencia. Paciencia, Diana, vas a llegar a ese punto.

Muchos piensan que los intentos por dejar de vivir ―ya no se puede usar la palabra con s― son solo un llamado de atención, pero Brian Yorkey lo hace de nuevo y, de manera brillante, aparece primero Sálvame o caigo, como un grito de ayuda casi inaudible para el oído humano, casi imperceptible para el espectador corriente. Y un par de escenas después, Gabriel, vestido de gala te invita a Un lugar. En ese preciso instante quise salir corriendo de esa sala, Diana, porque supe de inmediato cuál era ese lugar. Este no era un baile inocente entre madre e hijo, una forma de hacer las paces, una despedida, había que poner atención para saber cómo terminaría ese baile. Tuve que apretar mis puños, mis dientes, mis ojos por unos segundos para lograr permanecer en mi asiento y, a pesar de mi impulso, me quedé y seguí viendo tu desarrollo, Diana. ¿Por qué no corrí a abrazarte? ¿Por qué nadie corrió a abrazarte?

Corte/electro shock. Fuiste valiente, Diana. A veces hay terapias que son muy extremas, pero se siguen usando y son efectivas. Aunque hay métodos efectivos mucho más amables, entiendo que solo tenemos dos horas y media para contar esta historia.

Entonces vino el intermedio. Le conté a mi amiga Dani lo incómoda y vulnerable que me había sentido, me ofreció irnos, pero decidí quedarme. Mientras un café y un alfajor me hacían volver en mí. Pensé en Elvira López, la mujer real que te sostiene, la actriz que decidió sumarse a este proyecto junto a Darshan Teatro. ¿Habrá sabido la intensidad de emociones que tendría que gestionar? ¿o te apareciste sin previo aviso? Al sonar la campana entré con ansias a la sala para seguir conociéndote, Diana.

No sé mucho de terapia electroconvulsiva, pero sí sé de pérdidas de memoria, que la mayoría de las veces no son producto de las terapias, sino de las propias crisis. Ya asumí que hay muchas páginas borrosas en la historia de mi vida, y como trató de hacerlo Daniel contigo, a veces, sin querer, las reescribo con ficción. Los que me conocen ya saben que no siempre digo la verdad, pero es sin mala intención. Mi cerebro inventa recuerdos. Canta por el olvido, Diana, esta vez yo te acompaño.

Te agradezco, Diana, porque en este segundo acto me diste respiro. De todas formas, me preocupa tu hija más que tu esposo. Mírala, Diana, no vayas a ser tú la que no vea esta vez. Esto se hereda por sangre y se manifiesta por trauma, y esa niña llena todas las casillas. Cuídala, Diana, no la dejes sola.

Creo que ese es el único consejo que te quiero dar, sin yo ser madre. Discúlpame si estoy siendo impertinente, pero siento que te conozco bastante y me puedo tomar esta licencia. Lo demás, es buena suerte. Espero que encuentres el tratamiento adecuado para ti. Si quieres un día nos tomamos un café y te cuento mis experiencias, por si te sirven.

Antes de despedirme solo me queda una pregunta, una sola cosa que no entendí de toda la obra:
¿por qué la peluca, amiga?

Con cariño.
Isabel

Isabel Agurto
Periodista y editora

Instagram: @iagurto_

 

 

Esta crítica epistolar fue escrita a partir de la obra Casi Normales (Next to normal), que se presentó en el Teatro Municipal las Condes en Santiago de Chile, en octubre y noviembre de 2023, bajo la dirección general de Ramón Gutiérrez y la dirección musical de Francisco Kamei. El personaje de «Diana» fue intérpretado por Elvira López. 

Críticas

Monstruos en el parque: crítica epistolar a Sergio Arrau. Por Sergio Velarde

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Querido profesor Sergio Arrau:

Donde quiera que se encuentre quisiera dedicarle unas palabras acerca de la obra de teatro que vi, escrita y dirigida por usted, allá por los inicios de los años noventas, en el Club de Teatro de Lima, ese sótano que se convertiría en mi segundo hogar a partir de esa fecha.

La obra fue “Monstruos en el parque”, que a pesar de su título apocalíptico no se trató de una puesta de suspenso o terror, sino de una comedia fantástica repleta de personajes y situaciones tan típicas para nosotros los limeños, y todo esto salpicado por ese corrosivo humor tan suyo, irónico y sarcástico, que poco a poco llegué a comprender y valorar.

Y usted solo necesitó al centro del escenario una banca de madera sin respaldo, un farolito de utilería a un lado y unas cuantas hojas de papel lustre verde pegadas en los telones que formaban la caja negra. En ese íntimo espacio, con 90 butacas, desfilaron doce personajes arquetípicos, interpretados solo por tres actores (cuatro personajes cada uno): la actriz retirada, la payasita huérfana, el arqueólogo ciego, una prostituta culta, un esposo infiel, entre otros, que se toparon en aquella noche en el parque y dialogaron con un lenguaje sencillo, entendible para mí, acerca de sus miedos, sus frustraciones y de cómo debían sobrevivir en una ciudad tan salvaje e injusta, mucho antes de pandemias, revoluciones
digitales y cambios climáticos.

¿Y los monstruos en el parque? Sí aparecieron, pero materializados por los tres actores en el aire, con su corporalidad, mimando con gestos y miradas. Y me la creí.

Disfruté la obra como usted no tiene idea y quedé maravillado de cómo con tan poco se podía lograr experiencias tan enormes y enriquecedoras para el público.

Me matriculé en el Club de Teatro en la semana siguiente y tuve la fortuna de tenerlo como profesor dos años, poco antes de que se retirara de la docencia.

Así como a mí, su legado no solo con “Monstruos en el parque”, sino con todas las obras que escribió y dirigió en mi país desde los años setenta, estoy seguro, le debe haber cambiado la vida a muchísimos jóvenes, que así como yo en los noventas, no tenía las cosas demasiado claras.

Este año yo dirigiré su obra en abril y espero que desde arriba me dé su visto bueno, pues la haré con mucho respeto hacia usted. Nos encontraremos pronto en el teatro, querido profesor.

 

Sergio Velarde
Periodista cultural y artistas escénico. Director del portal web Oficio Crítico

@sergio_velarde_1976

velardesergio2@gmail.com

Reseñas

Me acuerdo. A propósito de «Nosotras que nos queremos tanto» Por Sergio Velarde.

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Me acuerdo [1]

 

Me acuerdo de la primera vez que entré en aquel teatro de la mano de mis padres, cuando cursaba los primeros años de educación secundaria (tenía 13 o 14), que me llevaban por primera vez a ver una obra teatral por la noche; me acuerdo vagamente de haber visto escenificaciones dentro de shows infantiles o como parte de las actividades en mi colegio, pero de mañana. Me acuerdo que salir de noche con mis padres (fue una de mis primeras salidas nocturnas) significó mucho para mí, pues ahora la recuerdo con mucha nostalgia: mis padres se separaron dos décadas después luego de continuas discusiones frente a mí y mis hermanos. Esa salida al teatro, si bien me acuerdo el nombre de la obra (“Nosotras que nos queremos tanto”) y también el hecho de no haber captado prácticamente nada del humor en doble sentido de aquellas cuatro veteranas actrices que se burlaban de sus maridos en la ficción y de su desabrida vida sexual, fue uno de los pocos momentos en los que me sentí valorado y querido por mi familia, antes del triste desenlace. Me acuerdo que me sentí feliz y el teatro tuvo que ver con aquella emoción.

 

 

Sergio Velarde
Periodista cultural y artistas escénico. Director del portal web Oficio Crítico

@sergio_velarde_1976

velardesergio2@gmail.com

 

[1] Ejercicio de memoria y escritura a propósito de la obra Nosotras que nos queremos tanto, de Marcela Serrano, que se presentó en Lima, Perú.

 

Escena de la obra El Diccionario de la Compañía Nacional de Teatro | Foto Sergio Carreón CNT
Reseñas

Me Acuerdo. A propósito de «El Diccionario». Por Curianito.

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Me acuerdo [1]

 

Ciudad de México a 19 de febrero de 2026

 

Me acuerdo de que recibí un mensaje de Angélica Montes para invitarme a ver la obra El Diccionario en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque; recuerdo haber aceptado.
Me acuerdo de haber llegado con bastante anticipación y ver un gran revuelo de personalidades moviéndose como en una alfombra roja: saludos por aquí, abrazos por allá.
Me acuerdo de entrar y reconocer que tenía un espléndido lugar: al centro, a media sala.
Me acuerdo de que se apagaron las luces y entró a escena Luisa Huertas.  En ese momento, me di cuenta de que había llegado al teatro sin la menor idea de lo que iba a ver.
Me acuerdo de haberme preguntado: ¿Es de la Compañía Nacional de Teatro?
Me acuerdo de aligerarme y meterme en la obra.
Me acuerdo del momento eléctrico que sacudió mi cuerpo cuando la actriz dijo llamarse María Moliner.
Me acuerdo de conmoverme ante el drama: una mujer extraordinaria dedicada a las palabras que, en ese momento, enfrenta el problema de una enfermedad degenerativa que la va conduciendo al olvido de todo el conocimiento adquirido.
Me acuerdo de haberme condolido de la situación médica y de la ancianidad de mi madre; su lucha diaria después del derrame cerebral que sufrió aquel julio de 2025.
Me acuerdo de esforzarme por dejar la sensiblería y regresar a la ficción.
Recuerdo admirarme ante Luisa Huertas, su bien decir y su pronunciar.
Recuerdo haber trabajado con ella en una obra llamada Los gritones, de Luis Eduardo Reyes, dirigida por Raúl Zermeño (Segundo Ciclo de Teatro Clandestino, Casa del Teatro, noviembre de 1995), en la que admiraba su capacidad para modular y expresar con cada sílaba; una perfecta dicción.
Recuerdo que María Moliner, o su diccionario, me fue presentada por el maestro José Luis Ibáñez en 1999, cuando recién salía del CUT y tenía 24 años. ¡Dios!
Recuerdo las largas sesiones con el maestro Ibáñez analizando los textos de Calderón, Góngora, Quevedo, Sor Juana, Cervantes y Ruiz de Alarcón, entre muchos clásicos contemporáneos como mi amado Lorca. ¡Qué privilegio!
Recuerdo imaginarme la ansiedad que debe padecer alguien que empieza a olvidar y cómo la escenógrafa, Atenea Chávez, lo representa con una sobreposición de papeles como ladrillos que vuelan; algo que gráficamente me recordaba a cómo un disco duro va perdiendo partes de su información: huecos, espacios, olvido.
Recuerdo indignarme ante el desprecio de una Real Academia de la Lengua integrada por hombres que rechaza el gran trabajo de una mujer, una bibliotecaria que creó en sus “ratos libres” el diccionario más humanístico de la lengua española, sin olvidar los problemas domésticos que enfrentaba al entregarse a su más grande pasión.
Recuerdo el momento en que define frente a todos la palabra Libertad:

Libertad. Facultad que tiene la persona para elegir su propia línea de conducta, siendo responsable de sus actos.

Me acuerdo de que me resultó admirable la forma en que la actriz construye la
degradación física del personaje.
Me acuerdo de haber salido con una sensación de cambio, con el ánimo en alto y con una renovada admiración por el teatro, más allá de lo que la institución de la CNT me representa como creador y como partícipe de la administración pública.
Me acuerdo de que llegué a casa a abrir una botella de vino y brindar por Moliner, Ibáñez y Huertas.

De lo demás, no me acuerdo…

 

Atentamente,

Curianito

 

[1]Me acuerdo de “El Diccionario” de La Compañía Nacional de Teatro escrita por Manuel Calzada Pérez. Bajo la dirección de Enrique Singer. Teatro Julio Castillo. Reestreno 13 de enero 2026

Reflexiones

Crítica teatral para plataformas digitales

por Zavel Castro 3 diciembre, 2025

La pandemia propició la transformación de las practicas culturales,  abriendo la puerta a la posibilidad de reformar la definición y las funciones atribuidas a la crítica. La propia historia de la praxis da cuenta de los cambios que ha tenido a lo largo de la historia, desde su surgimiento en la Antigua Grecia como una práctica erudita; pasando por la Illustración Alemana que propició su entendimiento como un ejercicio que facilitaba el reconocimiento de los límites de la razón y del gusto; hasta llegar a las academias de arte en el siglo XIX, en la que quedó fijada como una técnica para valorar los atributos de las obras, en función de los cánones vigentes. En el caso de la crítica teatral, fue durante el siglo XIX que fue absorbida por el periodismo de espectáculos, donde se le asignó la tarea de juzgar las obras de teatro según los criterios de alguien con probada experiencia como espectador/a y facilidad para la escritura. 

La crisis global nos obligó tomar una pausa  para repensar si la limitación de la crítica teatral al género de opinión tenía algo que ver con la disminución del público en las salas durante las últimas décadas.  Al menos en el caso mexicano, la pérdida del público es una de las preocupaciones constantes para el sector cultural, agudizándose en la pandemia con la asuencia literal del público y la incertidumbre por su regreso. 

El laboratorio de crítica teatral para plataformas digitales 

El reconocimiento de la incapacidad del modelo generalizado de escritura de la crítica teatral para vincularse con buena parte del público, en México y Chile, y,  especialmente, con las juventudes, inspiró la creación de un laboratorio para pensar en la adaptación de la crítica teatral a las plataformas digitales. Este espacio vitual pedagógico-experimental concebido para explorar y ensayar vías para transformar la crítica teatral en correspondencia con la revolución digital, más allá de importar el modelo preexistente a la blogósfera, como se hizo antes del confinamiento. 

Del 2020 al 2021, tuve oportunidad de poner a prueba este laboratorio con distintos grupos, en programas organizados por Alejandra Delgado, directora de la Escuela de Crítica de Valparaíso de la Juguera Magazine, el Festival Quilicura Teatro Juan Radrigán  en Chile y El Festival Internacional de Teatro Universitario, en México. 

En ambas instancias partimos de dos consideraciones, previamente sometidas a consenso:  en primer lugar, sugerimos la aceptación del teatro digital como una expresión legítima, es decir, que, a diferencia de otras instancias, decidimos que, en lugar de negar la categoría de teatro a las experiencias escénicas intermediadas, consideraríamos la posibilidad de redefinir los conceptos fundamentales de las artes escénicas como: presencia y convivio. Es decir que nos abriríamos a la posibilidad de analizar de qué manera el teatro virtual ponía en juego otras formas de pensarlos; en segundo lugar, coincidimos en que el modelo de escritura consolidado por el periodismo de espectáculos para medios impresos, tenía algunas limitantes que le impedían aprovechar la riqueza de la comunicación virtual e interpelar a los internatutas, especialmente a los nativos y nativas digitales. 

El objetivo del laboratorio era estimular una reflexión colectiva sobre las posibilidades y la pertinencia de renovar la crítica teatral, a la luz del auge de las plataformas digitales. El propósito de fondo era continuar con el proyecto que comenzamos en 2015, desde la apertura de este blog: imaginar otras formas de escribir crítica, apartadas de los gestos de superioridad y autoritarismo de quienes ven la crítica como una oportunidad para someter las obras a cánones inflexibles y premiarlas en función de su gusto.  A nuestro parecer (hablo en plural, porque inlcuyo a los y a las participantes del laboratorio) estas actitudes alejan a la crítica de los públicos que no tienen vínculos vocacionales o profesionales con el gremio. A partir de esto, nos preguntamos ¿Cómo disminuir la brecha entre el público no especializado  y el pensamiento teatral, a través de las plataformas digitales?

A continuación, comparto las conclusiones colectivas a propósito de las discusiones que revisamos en el laboratorio: la relación de la crítica con el poder; el concepto de autoridad que la sostiene; y la articulación de un ejercicio alternativo a la crítica tradicional.

La crítica sentenciosa 

Tradicionalmente, la función de la crítica teatral periodística ha sido calificar las obras de teatro según la impresión de un espectador que, asumiendo el rol de juez, determina el valor de la obra en función de criterios de calidad, pertinencia y desempeño. Frecuentemente, la especialización de dicho evaluador radica en el número de obras vistas, su prestigio descansa en el medio en el cual escribe, en su número de seguidores y su rigor en la seguridad con la que emite sus sentencias. Pocos son ya los que se interesan en el estudio téorico e histórico del teatro y mucho menos de la propia crítica. 

Los textos producidos por esta corriente de la crítica replican  la jerarquía del sistema teatral, con lo cual las calificaciones más importantes corresponden a la dirección, dramaturgia e interpretación, mientras que el diseño escenotécnico y la producción reciben menor importancia o se atribuyen a la visión del director.  A menudo, los veredictos se articulan a partir de una serie de adjetivos y lugares comunes («imperdible», «muy humana», «desgarradora») por lo que sus aportaciones son menores en términos de análisis y apreciación estética e insuficientes para entablar una comunicación con el público general. 

Usualmente, los criterios de evaluación no se explican a la comunidad lectora, quizás, porque en el fondo, la calificación está dirigida a complacer al gremio teatral, no tanto para servir como guía para el público.  Respecto al estilo, oscila entre una impostura de solemnidad y una franqueza que lleva a quien escribe a revelar detalles de su vida personal con relación al tema de la obra para argumentar sus dichos, en todo caso, hay poco espacio para el diálogo, pues ambas ofrecen generalmente lecturas cerradas y definitivas.

 

Una crítica hecha con destellos de imaginación 

Afortunamente, vivimos en una época que nos permite imaginar alternativas para resignificar  el sentido de lo que hacemos, aún cuando la desestimación de los sectores conservadores intenten convencernos de que solo hay una forma correcta de hacer las cosas que, casualmente, coincide con lo que ellos y ellas saben y enseñan. A menudo, la resistencia al cambio es la manifestación en nombre de un profundo temor por perder el control de sus feudos; de estar realmente preocupados por la crítica, hace tiempo hubieran hecho algo para evitar su banalización y vaciamiento de sentido. Poco pueden hacer, sin embargo, contra las demandas de la época que solicitan que las prácticas se actualicen bajo la amenaza de la obsolescencia.

La hipótesis general del laboratorio era que al utilizar las herramientas digitales de Instagram, Tik Tok, X (entonces todavía twitter) y Youtube, es posible rehabilitar el ejercicio de la crítica teatral, redescubriendo su capacidad para enriquecer el pensamiento y crear comunidades, ampliando el alcance de las obras y diversificando sus interpetaciones. 

Otro incentivo para la experimentación  era jugar con los códigos propios de los entornos digitales, pensando que podrían servirnos para recuperar las cualidades creativas de la crítica, alejándola de la solemnidad para hacerla más accesible. En el laboratorio nos permitimos incorporar el sentido del humor a la crítica, algo que pensamos podría presentar a la crítica como un ejercicio amable, contrario a lo que ha hecho la crítica sentenciosa. 

 

Algunos de los ejercicios que nos permitieron pensar en la transformación de la crítica teatral en la era digital fueron: 

  • Crear un video de tiktok en el que explicaran los motivos por los cuales les interesaba abordar una obra específica
  • Explicar en un video de tiktok cuáles eran sus criterios de valoración
  • Investigar previamente sobre la obra para incluir información que no apareciera en los materiales de difusión hechos por las mismas compañías
  • Grabar un video-reacción para dar cuenta de las impresiones que una obra les producía, intentando traducir las sensaciones posteriormente en un escrito
  • Crear un meme para sintetizar sus impresiones y conclusiones sin caer en lugares comunes del pensamiento
  • Articular preguntas complejas para abordar las obras
  • Desarrollar un análisis e interpretación diseñado específicamente para una plataforma específica, estudiando sus formatos,  códigos de lenguaje y sus comunidades de audiencia
  • Diseñar un avatar / personaje coherente con la imagen que querían proyectar de sí mism@s en un entorno digital
  • Compartir información sobre el contexto de creación de una obra para que pudiera ser inteligible para públicos en distintos países

Todo ello nos sirvió para:

  • Manifestar la cualidad procesual de la crítica, para alejarnos de la inmediatez de escribir cualquier cosa al poco tiempo de asistir a una función
  • Reconocer los límites y condicionantes de nuestra percepción para distanciarnos de la idea de el crítico es experto en todo tipo de teatro y tiene la capacidad para hablar con todo tipo de público
  • Crear críticas que no estuvieran condicionadas por la jerarquía del sistema teatral, que obliga a la crítica a seguir un orden de importancia que se replica en cada texto (privilegiando el análisis de la dramaturgia, la dirección y la interpretación sobre la escenografía, el diseño de vestuario y la producción). A partir de esto reflexionamos colectivamente sobre los criterios para definir qué es lo más importante o valioso en una obra de teatro y la capacidad de la crítica para cuestionarlos
  • Compartir herramientas de apreciación a una comunidad global, esforzándonos por hacer de nuestra mirada una herramienta útil para comprender el trasfondo cultural de los relatos locales
  • Profundizar en el conocimiento sobre las obras a partir de la investigación sobre las compañías y los procesos creativos, para que la crítica procurara enriquecer el conocimiento de una obra en lugar de conformarse con repetir lo que dicen los materiales publicitarios añadiendo una valoración
  • Comunicar honestamente las impresiones sensibles y las dudas que surgen al momento de ver una obra, sin disfrazar nuestra ignorancia como si fuera algo vergonzoso y aprovecharlo como algo que nos permite que nos identifiquemos con la comunidad con la que dialogamos
  • Agudizar la capacidad de sintetizar ideas haciendo uso de las plantillas que circulan en internet y superar el prejuicio de que el pensamiento crítico es incompatible con el humor.
  • Asimiliar que la crítica periodística no es la única que existe y explorar las herramientas de la crítica institucional y la crítica ensayística para ampliar las posibilidades de producción escrita o audiovisual.

 

En todo momento fue importante recordarnos que tanto el teatro como la crítica son prácticas minoritarias, por lo que aún cuando la crítica se hiciera para entornos digitales, podía despreocuparse de la presión de la mediatización a gran escala, así, en lugar de esforzarnos por aumentar la cantidad de seguidores, haríamos lo posible por conformar comunidades e implicarlas en la conversación sobre el teatro: se trataba de buscar la cercanía, no la popularidad.

De acuerdo a la retroalimentación que recibieron las y los participantes de los laboratorios, pudimos constatar que una crítica teatral más generosa y cercana a los públicos es posible y que aún queda mucho por explorar para salir del modelo convencional que ha limitado a la crítica a la evaluación personal y a la opinión superficial.  Quizás, antes de negar el potencial de las plataformas como soportes para el pensamiento crítico y denostar los contenidos que circulan a través de las redes, podríamos aceptar que la crítica necesita diversificarse para alcanzar  nuevos públicos y salir de la cámara de eco en la que la hemos confinado.

 

 

Los memes incluidos en este artículo, fueron creados por las y los participantes del taller «Critic On», en el marco del Festival Universitario de Teatro de la UNAM (FITU), del 30 de agosto al 03 de septiembre de 2021 y del «Laboratorio de Crítica Teatral para Nativos Digitales», del 04 al 25 de enero de 2022,  impartidos por Zavel Castro. 

 

 

 

 

 

 

 

Reflexiones

Manifiesto de crítica teatral para nuevos públicos

por Aplaudir de Pie 10 septiembre, 2025

Proponemos una crítica que:

 

  • No dé por hecho que el público sabe ver teatro y necesita ver teatro
  • Renuncie a la violencia y a la superioridad moral
  • No olvide que todas las personas fuimos al teatro por primera vez, y que, por lo tanto, sea empática y accesible
  • Considere las condiciones sociales y las barreras de acceso de los públicos
  • Se permita la diversidad de formatos, voces y lenguajes; que el pensamiento viaje al papel y a la pantalla, para descubrir nuevos públicos
  • Busque ser cercana y significativa para cada público, sin elitismo
  • Se desprenda de la publicidad y la promoción como su función principal, y, en cambio, se reconozca como un agente activo del sistema teatral
  • Establezca un diálogo con el público y despierte su curiosidad 
  • Sea un ejercicio abierto, flexible y autocrítico
  • Vea más allá de lo que pasa en escena, al pensarse como un ejercicio que acompañe la reflexión del público en distintos momentos
  • No tema cuestionar los problemas de la representación y analizar su relación con el sistema teatral

 

 

Este manifiesto fue pensado por el grupo de participantes del Laboratorio de Crítica Teatral para Nuevos Públicos, impartido por Zavel Castro, que se llevó a cabo en el  El 77, Centro Cultural Autogestivo en la Ciudad de México, del 07 de julio al 08 de septiembre del 2025. Autoría: José Domínguez, Fernanda Fernández, Diana Luna, Lalis, Lunámbula,  Luis Javier Maciel Paniagua, Danno Morán, Mónica Muro, Ed Quezada, Ricardo Ramírez y Luis Santiago.

 

 

Reflexiones

Crítica teatral para nuevos públicos

por Zavel Castro 1 junio, 2025

Crea tu propia disciplina, o serás esclavizada por la disciplina de otro.

Sandy Stone

 

Innegablemente, la pandemia aceleró una transformación radical en los modos de producción de las artes escénicas y en los hábitos de consumo cultural, integrando como nunca antes en la historia, el uso de pantallas y herramientas digitales a las prácticas cotidianas. A decir de los especialistas en desarrollo de públicos, en los últimos años se observa que frente a una mayor exposición digital, la atención de las personas se dispersó, la identidad se fragmentó para habitar las múltiples plataformas, mermando la posibilidad de vincularse de manera profunda y comprometida con las experiencias artísticas y con sus pares.[1]

Ante esta coyuntura, es pertinente preguntarse cómo el pensamiento teatral —y en particular la crítica— puede encontrar nuevas formas de vincularse con públicos configurados por la experiencia del confinamiento, no tanto para hacer una crítica a su medida sino para establecer con ellos un vínculo que les invite a implicarse en la discusión sobre las obras, desde distintas perspectivas.

Apoyándonos en las conclusiones de los estudios de públicos realizados entre 2020 y 2025, reforzamos nuestro propósito de hacer de la crítica teatral un ejercicio común, en el que cualquier persona está calificada para participar, puesto que cuenta de las herramientas necesarias para formarse una opinión y compartirla.  Para bien y para mal, las plataformas digitales, cuyo uso se masificó durante el confinamiento, democratizaron los espacios de discusión, que antes estaban reservados solo para unos cuantos (las élites culturales).

Genieve Figgis, Art Connoiseurs (2014)

La ampliación y diversificación de  la esfera pública, apremia a la crítica a emprender un cambio de sentido respecto a su función, dejando atrás la labor de aleccionar a la audiencia y explicarle por qué debe asistir a un espectáculo y qué es lo que debe de pensar sobre él, para acompañarlo en su proceso de reflexión, compartiendole claves de apreciación y preguntas para el debate que pudieran resultarle útiles para apuntalar sus ideas y fortalecer su interpetación o confrontarla, no corregirlas. Esta nueva crítica busca cambiar las formas autoritarias por la disposición al diálogo.

Esta forma de pensar la crítica teatral es radicalmente distinta a lo que se viene haciendo desde los siglos XIX y XX, en los que asumía que el crítico  era la única persona facultada para evaluar las obras de teatro a partir de su gusto y decidir si valía la pena de ser vista, aconsejándo a un público que apenas conocía y que sin embargo asumía la tarea de aleccionarlo. Esta crítica tuvo su momento de gloria, aún pervive y tiene a sus leales practicantes y fieles lectores. La idea de estimular una forma distinta de pensar y escribir crítica no tiene la intención de presentarse como una versión superadora ni renegar de la tradición, simplemente apelamos por la posibilidad de diversificar el ejercicio de la crítica teatral, porque pensar que existe solo una manera correcta de hacer las cosas, especialmente cuando se trata de una práctica intelectual, es peligrosa en todo sentido. Preferimos abrazar la multiplicidad antes que la censura. Compartir una propuesta antes que dictar un modelo a seguir.

Tenemos la convicción de que la variedad aumenta las posibilidades de interpelar a distintas comunidades de públicos, por eso, es importante que declaremos que nuestros textos, así como nuestros talleres, están dirigidos a los públicos de la pospandemia, quienes quizás opongan menos resistencia a la invitación de cuestionar la rigidez del paradigma de las artes escénicas centrado en la sacralización del ritual, ligado a la copresencia, así como la pertinencia o caducidad de otras tantas ideas del pasado que hoy funcionan como dogmas, pero que quizá han perdido la capacidad de dialogar con el presente.

Frente a esto, proponemos un ejercicio alternativo: una crítica teatral situada en el presente, abierta a la innovación y con la mirada puesta en el futuro.

Al hacer esto honramos dos de las funciones esenciales de la crítica: señalar posibilidades y ensayar alternativas. En atención a ella, proponemos una exploración colectiva sobre otras formas de escribir crítica que nos permitan conectar con  públicos híbridos, internautas y avatares, para quienes el teatro sigue siendo una experiencia significativa.  Felizmente, tras diez años de existir en el mundo digital, seguimos siendo un espacio de experimentación y apertura.

Bienvenidas sean aquellas personas que se animan a pensar distinto.

 

 

[1] En este sentido resultan especialmente valiosas las investigaciones encabezadas por Mariana Aramburu, desde la asociación Enfoque Consumos Culturales en Buenos Aires y las encuestas realizadas en Chile y México durante el periodo del 2020 al 2023, así como las reflexiones de Jaume Colomer y  Javier Ibacache.

 

Críticas

Amanda Labarca. Crítica-crónica* por Maurice Lamm-Häuser

por Aplaudir de Pie 15 marzo, 2024

La gente conversa entre ella, las conversaciones son inentendibles, hay olor a cabritas, ¿Hace cuantos años que no voy al circo?. ¡Aquí aquí! – grita una señora desde una par de asientos más adelante, con el teléfono pegado al oído mientras levanta y agita su mano libre. Estoy en el teatro, pero no lo parece. El ambiente no es sombrío como se acostumbra en los demás teatros, aquí la gente se mueve y habla y el olor a cabritas inunda el espacio. Así es el teatro real, ese teatro de calle, ese teatro humano, en donde la verdadera obra transcurre en un baile entre el público y los actores.

Si tuviese que comentar de todo lo que engloba a la obra destacaría la labor de todos los encargados de traer a la vida aquella obra. El sonido se utilizó con elegancia para retratar el estado mental de la protagonista, el vestuario y escenografía cumplen un rol que al principio podría resultar arbitrario, y cuando menos te lo imaginas toman un valor no imaginado
dentro de la historia, y es el contexto histórico el que nos ayuda a poder comprender todos esos detalles. La iluminación supo equilibrarse entre una iluminación realista y algo mucho más onírico. El guión, escrito por Isidora Stevenson, la interpretación de Ximena Rivas y a la dirección de Manuela Oyarzún Grau hacen que se te olvide por completo que toda la
historia ocurre en solo un día, en una habitación, en un monólogo.

En el teatro la obra muta en conjunto con su público, y para llegar al máximo esplendor del teatro en Quilicura, es necesario recordar que aquí no somos callados, aquí nos movemos, aqui se venden cabritas cuando la obra está por comenzar.

 

Maurice Lamm-Häuser
Director y docente

 

 

 

 

*Este ejercicio es resultado del taller de Crítica y Crónica impartido por Zavel Castro y Alejandra Delgado en el Festival Quilicura Teatro Juan Radrigán, en enero de 2024*

 

Reflexiones

2024

por Aplaudir de Pie 17 febrero, 2024

Después de tomarnos un tiempo para repensar nuestros supuestos sobre lo que es y lo que puede ser la crítica. En este periodo de distanciamiento nos ocupamos en meditar sobre nuestra práctica, estudiando, conversando con colegas y compartiendo lo que hasta ahora hemos aprendido en distintos espacios. Todo esto restableció el ánimo de cuestionamiento indispensable para la tarea a la cual nos dedicamos, pues la crítica en la que creemos va mucho más sobre plantear preguntas que sobre dar respuestas, por ello, cada vez nos alejamos más de la tarea de la evaluación y nos acercamos a la interpretación, que no pretende emitir veredictos sobre las obras, sino proponer coordenadas para pensarlas.

Tan importante como lo anterior ha sido volver a ser público, asistir a una obra sin imponernos la tarea de escribir algo o tener algo interesante que decir al final de la función, asumiendo que hay personas que querrían escucharlo. Esto nos permitió recuperar el inmenso amor que sentimos por el teatro. Sin exigirle ni reclamarle nada. Sin someterlo públicamente a nuestros parámetros. Sin rendir pleitesías ni hacernos de enemistades ¿Para qué? Si cada vez son menos los espacios para la crítica. No vale la pena que nos dediquemos a elogiar ni despotricar. Ni a premiar o desprestigiar. Los tiempos han cambiado. Quizá la crítica también deba hacerlo. Por nuestra parte, nos motiva ensayar formas distintas para el ejercicio, mostrar alternativas. Apostar por otros formatos, otros discursos y otros medios. Otros modos de hacer.

Nuestro objetivo es motivar y participar en diálogos sobre las artes escénicas sin la pretensión de tener la última palabra ni la facultad de acelerar la venta de boletos. Diálogos, en los que tengan lugar los públicos, no solo los artistas ni los así llamados especialistas, porque el teatro nos congrega por igual sin distinciones. Desde el inicio, soñamos con que esta página sirviera para diversificar las voces y, con ello, hacer de la crítica un ejercicio compartido, partiendo de distintos enfoques, no solo de los lugares establecidos.  Aún hay mucho que hacer para que esto suceda, principalmente, habrá que desempolvar a la crítica y dejar de concebirla como un espacio de autoridad suprema y, en cambio, asimilarla como una actitud, una facultad y una herramienta que sirve para comprendernos como sociedad y como seres humanos.

Con todo esto presente, retomamos. Agradeciendo siempre a quienes nos acompañan.

 

 

 

Newer Posts
Older Posts

TALLERES

  • Taller Virtual de Dramaturgia
  • Taller/montaje internacional de actuación en línea
  • Taller de monólogo teatral
  • Asesoría en dramaturgia
  • Cursos y talleres de dramaturgia
  • Ricardo Ruiz Lezama-Perfil y obras

Síguenos

Twitter Instagram

Entradas recientes

  • Me acuerdo. A propósito de «¿En qué estabas pensando?» Por Luis Javier Maciel Paniagua
  • Hasta encontrarte: una crítica epistolar desde la deuda a las madres buscadoras. Por Laura Cárdenas (Lalis)
  • Casi Normales. Crítica epistolar al personaje de Diana. Por Isabel Agurto.
  • Monstruos en el parque: crítica epistolar a Sergio Arrau. Por Sergio Velarde
  • Me acuerdo. A propósito de «Nosotras que nos queremos tanto» Por Sergio Velarde.

Recomendaciones

© APLAUDIR DE PIE 2021 | PATCH NETWORKS