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Aplaudir de Pie

Aplaudir de Pie

Es un proyecto de crítica y reflexión de hechos escénicos que nace simultáneamente en Bs. As. y en CDMX en 2015, como una plataforma de diálogo entre teatrólogxs, teatristxs, pensadorxs, creadorxs y espectadorxs, para cuestionar, opinar y debatir en torno a los fenómenos escénicos.

Entrevistas

Entrenamiento dramatúrgico: Humberto Robles

por Aplaudir de Pie 12 marzo, 2020

Entrenamiento dramatúrgico. Un autor/autora se prepara

“Si no practico un día, lo noto yo. Si no practico en dos días, lo advierten mis colegas. Y si no practico en tres días se da cuenta todo el mundo”. Esta frase se le adjudica a múltiples músicos, pero lo importante no es quién la dijo realmente sino lo que devela del mundo artístico: las personas dedicadas al arte requieren de un entrenamiento constante para mantener el dominio sobre su oficio. Esto es claro en las artes en donde el cuerpo se ve implicado de forma más notoria. Bailarines y bailarinas bailan todo el tiempo, actrices y actores realizan disciplinas físicas, músicos se la pasan ensayando con sus instrumentos, cantantes con su voz… Pero en un arte como la escritura teatral, ¿de qué manera una persona dedicada a la dramaturgia se mantiene en forma?

Para contestar estas preguntas y otras tantas consultamos a múltiples dramaturgas y dramaturgos que llevan tiempo dedicándose a su profesión y cuya mano, pluma, máquina de escribir o teclado, está en excelente forma. En este texto entrevistamos al dramaturgo mexicano Humberto Robles.

 

¿Qué consideras fundamental entrenar para mantenerte en forma como dramaturgo?

Humberto Robles: Hablo desde mi experiencia e intereses muy particulares: para mí es indispensable asistir a actividades culturales, leer, ver teatro, cabaret, cine, series, viajar, estar informado por medio de la prensa, colaborar con colectivos de derechos humanos, y algo no menos importante, escuchar y dialogar con todo tipo de personas. Como procuro que mis textos siempre posean una crítica social, estoy al tanto de diversos movimientos sociales para luego exponer esas ideas en una obra de teatro documental, una para cabaret, o para algún otro medio. Me nutro de todo aquello que me interesa, profundizo en el tema y busco la mejor manera de plasmarlo en un texto para que el discurso sea claro y contundente.

¿Cuánto tiempo dedicas diario a tu entrenamiento como dramaturgo y en qué consiste?

Humberto Robles: Como también trabajo en otros ámbitos, escribo diariamente, ya sea para la televisión, columnas periodísticas, guiones para campañas de movimientos sociales o para eventos político-culturales. Así como el músico o el bailarín debe entrenar muchas horas cada día, es idóneo que el dramaturgo ejercite el “músculo” de la escritura, por eso no desdeño ningún medio que me permita seguir haciéndolo; la práctica continua refuerza la destreza y evita el anquilosamiento. Por otro lado, después de leer, o ver una película, una serie o una obra, suelo analizar los personajes, los diálogos, la estructura, los giros dramáticos. Como uno se alimenta de lo que hace, ve y escucha, todo va formando parte del entrenamiento que a la vez resulta una actividad lúdica.

¿Cómo era tu entrenamiento en tus inicios y qué ha cambiado con el paso del tiempo?

Humberto Robles: Por diversas cuestiones asisto poco al teatro y desgraciadamente no viajo tanto como antes que vivía en otros países, asistía a festivales teatrales, o daba talleres y conferencias en donde me invitaban. Espero volver a hacerlo porque han sido sumamente enriquecedoras esas residencias artísticas que me he financiado, asistir y participar en festivales y, cuando he dado talleres o conferencias, el compartir y dialogar con los asistentes.

¿Escribes diario? ¿Teatro? ¿Cuánto tiempo dedicas diario a la escritura teatral?

Humberto Robles: A diario escribo para otros medios, pero siempre tengo en mente una o dos obras a las que les estoy dando vueltas en la cabeza, de las cuales estoy investigando o buscando la forma que considero más idónea para expresar lo que quiero decir. A veces me tardo tiempo en escribir una obra, pero cuando ya tengo la idea clara, me siento a trabajarla y retrabajarla todo el tiempo que lo amerite; después dejo descansar el texto y lo retomo después para pulirlo. Por otro lado, siempre estoy dispuesto a escribir teatro express, teatro de emergencia; pongo mi capacidad al servicio de grupos u organizaciones sociales para llevar a escena los asuntos del momento; probablemente teatro o textos efímeros, pero útiles para el presente inmediato.

¿Qué recomendaciones podrías dar para que otros dramaturgos/dramaturgas se mantengan en forma?

Humberto Robles: De todos los oficios del teatro, el de la dramaturgia es de los más solitarios, por lo mismo hay que evitar el aislamiento y no alejarse de la realidad. Hay que enriquecerse como ser humano, empaparse de cultura clásica, popular y moderna, no forzosamente lo que esté de moda. Si se quiere llegar a una mayor cantidad de públicos, hay que domar nuestro ego, apartarnos de visiones narcisistas y aproximarnos a un enfoque más universal. No dejarse influenciar por modas snobs o tendencias en boga solo porque algunos teatreros, críticos o académicos las alaban o dictan que es “lo de hoy”; no querer quedar bien con nadie, solo con uno mismo, pensando siempre en el público al que nos dirigimos. Escuchar y estar atento a otras voces para que la nuestra sea más plural, diversa, con un enfoque más amplio; dejar a un lado los dogmas y los prejuicios. No dejarse seducir por el poder para cuestionarlo siempre. Tener paciencia para escribir una obra que amerita mucha dedicación, pero también estar dispuesto a escribir teatro urgente y poner nuestra habilidad al servicio de los demás, desinteresadamente. Ser íntegros, éticos, generosos y soldarios.

Humberto Robles, dramaturgo y guionista independiente; también ha dirigido sus propias obras de teatro en México, Uruguay, Colombia y España. Sus obras han sido montadas en 30 países, en cuatro continentes, por lo que está considerado como el dramaturgo mexicano vivo más representado internacionalmente. Algunas de sus obras han sido traducidas al italiano, inglés, portugués, francés, alemán y polaco. Ha recibido seis premios como dramaturgo, entre ellos el Premio Nacional de Dramaturgia “Emilio Carballido” 2014. Entre sus obras destacan “Mujeres de Arena”, “Frida Kahlo Viva la vida”, “La noche que jamás existió”, “El Ornitorrinco”, “Nosotros somos los Culpables”, «Leonardo y la máquina de volar» y varias obras de cabaret como «Ni princesas ni esclavas». Escribe artículos para algunos medios digitales y a la par colabora con varias organizaciones de derechos humanos no gubernamentales. http://www.humbertorobles.com/

Reseñas

Un tonto en una caja

por Aplaudir de Pie 6 marzo, 2020

En Argentina la dramaturgia es caudalosa. Y si bien hay compañías que trabajan textos de autorxs específicxs, o ciclos como “Invocaciones” que se lleva a cabo en Buenos Aires y cuya propuesta consiste en invitar a directorxs a dialogar con clásicos y reversionarlos, en la mayoría de los casos, autorxs que escriben teatro, dirigen sus propios textos. Por suerte, la poligamia literaria también existe y es posible enamorarse de otras textualidades. Sucede indefectiblemente en la lectura, nos obsesionamos con autorxs, nos identificamos con sus imágenes, buscamos respuestas en los interrogantes de un otrx, nos gusta reconocerlx en el juego inteligente que sostiene con el lenguaje y en la intimidad que establece con la ficción.

 

Ese parece ser el caso de la compañía Make Project, que lleva adelante su tercer montaje de textos del tucumano Martín Giner. En esta oportunidad, Un tonto en una caja, dirigida por el joven Alberto Magaña e interpretada por Azucena Evans, Coralia Manterola y Gabriela Escatel, invita al público a sumergirse en una especie de poética de la estratificación, una reunión de cartón entre las clases sociales con canapés masticados, vestuarios grotescos y miradas esquivas. La lucha social como un juego de mesa.

 

Podríamos pensar que estamos por ver un infantil. Tres actrices vestidas de blanco circulan por una atmósfera onírica. Los pocos y estratégicos elementos escenográficos y una iluminación que se condensa en el azul nos ubican en un cronotopo incierto y hasta utópico, en el que se instala mansamente el debate de clases. La sociedad, dividida entre notables, grandes y pequeñxs o tontxs, se reúne por invitación de la clase más alta a pensar “como si fueran iguales” sobre la magia, la vida y la muerte. Pero esta invitación resulta sospechosa desde el comienzo porque en este mundo no hay lugar para lxs tontxs. Lxs tontxs no tienen nada para perder, son ridículxs y se ocultan detrás de cargos de importancia pública como ministrxs de educación, postal que hace eco en todas las geografías y por supuesto, motivo de numerosas risas en la sala.

 

El personaje de la “notable” planea que sus invitadas se introduzcan en una caja mágica para poder extender su vida, pero disimula su idea con la hipótesis de la búsqueda de la verdad (¿el poder produce verdad?) y su aparente curiosidad por develar si la magia existe. Lo cierto es que a esta Pandora de la realeza poco le importa la ciencia. Este no es un acertijo para el empirismo sino una necesidad de continuar en el privilegio a costa de las demás. Extender su vida, restándole años a la vida de las otras bajo el falso discurso de la igualdad.

 

Merece la pena reflexionar sobre el hallazgo del director de apostar a que los personajes estén encarnados exclusivamente por mujeres. ¿Cómo enunciar la igualdad desde tres cuerpos atravesados históricamente por la desigualdad? En un marco de 10 femicidios por día en México,  ¿quiénes no tienen nada para perder? ¿Cómo se delimita la asimetría social, la estupidez? ¿Con qué velocidad la fuerza esclavista planifica y decide por nosotras? ¿Quién está muriendo? ¿Cómo organizar la rebelión? ¿Cómo se resiste? ¿Cómo evitar terminar dentro de una caja? Esta cruda perspectiva atraviesa el relato con poderosa incisión y se hace carne en la emocionalidad.

 

Afortunadamente, ya lo dijo Foucault: donde hay poder siempre habrá resistencia. La astucia jerárquica se desarma cuando le hacemos un lugar al “gramo de duda” y entendemos que el malicioso plan de la clase alta podría ser en realidad un plan malicioso de la clase media que podría ser, a su vez, un plan malicioso de la clase baja. El plan perfecto.

Consuelo Iturraspe. Dramaturga, directora, poeta y fotógrafa.

Proyecto fotográfico documental camarines de Consuelo Iturraspe. Diálogo monocromático entre la fotografía y las artes escénicas. Una ventana abierta a la intimidad de un elenco antes de hacer una obra. La ficción en potencia y la fragilidad detenida. Una conversación privada entre artistas y espejos.

Reseñas

TEATRALIDAD Y MURGA URUGUAYA

por Aplaudir de Pie 25 enero, 2020

Existen cosas en el mundo que valen la pena por sí mismas. Poemas, novelas, canciones, obras de teatro, plantas, licores y momentos que no nos necesitan para existir. Sin embargo, somos nosotros los que necesitamos de ellas para mejor vivir. Este es el preámbulo con el que presento y comparto el referente de  la murga uruguaya que es una de esas cosas que, al menos yo, no sabía que necesitaba y que han hecho más placentera mi existencia.

 

La murga uruguaya es una de las tradiciones teatrales más recientes. Nace de la murga española, tanto por influencia como por su ausencia, en otras palabras: por una de esas cosas raras de la vida. Era costumbre uruguaya de principios del siglo XX el contratar a españoles para amenizar el carnaval con sus cantos como la zarzuela y la murga. Los uruguayos consumían del espectáculo ibérico con la misma pasión con la que bebían la yerba mate, pero un día los españoles no llegaron a cantar.

 

El uruguayo de 1908 tomó la ausencia de ese carnaval no como pena sino como una tragedia. Imaginemos el clima fresco de un siglo sin automóviles. Pensemos en ese momento con escenarios al aire libre listos para recibir a la gente, pero sin nadie ni nada que ver. Sin duda, la desolación del carnaval fue una paradoja difícil de soportar en ese mal año. A grandes males, grandes remedios, y así como reza el refrán, se buscó una solución para salvar al menos la fiesta de ese año. A falta de cantantes resolvieron el problema de la manera más simple que pudieron encontrar y terminaron haciendo ellos mismos el espectáculo. La respuesta emergente tuvo tanto éxito que, a partir de ese momento se dejó de contratar a españoles para ver la nueva versión de entretenimiento.

 

La fábula empresarial, que a mí me importa muy poco, debe ser algo así como «nunca dejes que tu cliente se de cuenta de que no te necesita para hacer las cosas».  Los vecinos de cada hacienda y cada pequeña región, diminuta al ser Uruguay un paisito, se organizaron entre ellos por lo que tuvo pronto su propia murga. Un canto que, aunque nacía de una influencia extranjera expresó la personalidad y sentimientos que los hacen únicos. Con el paso del tiempo cada localidad construyó su propio escenario. Los trabajadores del campo y obreros se convirtieron poco a poco en los cantantes y letristas que se presentarían en cada carnaval. Entre ellos se repartieron las tareas que necesitaron para pararse sobre las tablas de madera con la cabeza alta. Los que hacían costuras y ropa confeccionaron vestuarios, los carpinteros se transformaron en escenógrafos y dentro de la pequeña sociedad de cada barrio se formó una murga.

 

La cantidad de grupos y espectáculos propició la generación de un concurso anual y permitieron hacerse de una tradición viva. Pero, ¿qué implica la murga uruguaya?, ¿por qué es tan especial cómo para pasar las tardes buscando videos en Youtube?, ¿qué tiene la murga que la hace tan única? Para mí la respuesta no se encuentra en el escenario ni en su calidad ni en su realización. La murga uruguaya se destaca de las teatralidades del siglo XX por su contacto con el público. Finalmente, no es sólo un coro de barrio que compone y canta lo que le pasa al Uruguay, al paisito como lo reconocen ellos. Además, es una expresión escénica con una afluencia de espectadores sin par en el mundo entero. Quizá sólo es comparable con la comunidad japonesa del pueblo de Oshika que representa durante el verano las obras de repertorio del teatro Kabuki.

 

La murga uruguaya comparte con el kabuki japonés de Oshika la participación de la comunidad en la preparación del acto de representación y la participación de la misma comunidad como espectadores. Las diferencias son por supuesto el idioma, el sentido político, el crear un espectáculo nuevo cada año, el tiempo de representación como del espectáculo en sí. También los separan el consumo en cantidades exorbitantes de mate y carne para el asado. Aun así, se emparentan de nuevo con la presencia de la música dentro de la escena, del vestuario y del maquillaje.

 

Pese a la juventud de la murga uruguaya -poco más de cien años- ha sabido adaptarse a los problemas del siglo XXI. Por ejemplo, sobrevivió a la dictadura y, no sé muy bien cómo, a la alternancia del poder por izquierda misma sin perder su espíritu transgresor. El murguero aprendió a hacer chistes tanto de sí mismo como de la figura -casi sacrosanta-   del presidente Mujica. En contra de todos los inconvenientes, la murga no se ha colapsado con el radio, la televisión, el internet e incluso ha logrado que los concursos de murgas formen parte de la programación del canal nacional. La murga uruguaya es una experiencia, la única que ha logrado que desee a ratos cambiar mi nacionalidad mexicana para pintarme la cara carnavalescamente y pasar noches enteras con amigos para hacer un espectáculo y cantar a cielo abierto contra todo.

 

Estas palabras llegan a su fin y dan pie a una lista de vídeos en Youtube para ver y disfrutar la murga del paisito. Si conoces uruguayos en esta tierra azteca no dudes en darles mi correo de contacto que en mi casa no falta agua caliente para el mate, ni carbón para el asado ni un par de orejas para escuchar este canto. O bien, hagan la reunión entre ustedes y sin invitarme, que para disfrutar esto no hace falta nada más que sentarse, escuchar y ver.

Anthar Santos-Dramaturgo/@antharsantos

 

ReflexionesSin categoría

Cuando el espectador no entiende

por Aplaudir de Pie 16 julio, 2019

Es que estaba muerto. Desde la parte en que deja la pluma en el escritorio, se muere.
Ya ves que era escritor, entonces la pluma significa…
Hacedor de teatro 1
La tela roja representaba el vientre materno, todo era una metáfora de…
Hacedor de teatro 2
El desnudo de los billetes era una alusión al capítulo tres de un libro que…
Hacedor de teatro 3
Muchas veces, lo que en la cabeza del hacedor de teatro tiene una lógica inquebrantable y una poesía justa, a los ojos del espectador resulta ilegible. Encriptan sus signos a tal grado que solamente un hacker de la escena podría llegar a la certeza de que esos dos metros de tul rojo que colgaban en el centro eran la representación de la placenta y que eso, o-bvia-men-te, reforzaba la relación enfermiza entre la madre y su hijo… Con todo respeto: no chinguen. Los que se creen capaces de leer mentes son ustedes, nosotros jamás hemos tenido esa pretensión.  Los hacedores pensarán que es flojera, que nosotros debemos ir al teatro con la disposición para desentrañar sus mentes y conectarnos energética, espiritual e
intelectualmente con ellos. Lo suyo es una obra maestra, dirán. Y quizá hasta se les cultive en sus corazones cierta superioridad moral por haber hecho una obra artística que “no cualquiera entiende”. Porque al público hay que darle cosas que lo problematicen, que lo saquen de su zona de confort. Yo sé, porque los he escuchado, que tienen mil y un recursos para que, si el público no le entiende a su obra, ustedes demuestren que es el público el que está mal. Lo cual me recuerda una cita de Artaud, quien en el libro de El teatro y su doble hace una declaración de lo más oportuna para
este caso. Dice así:

“Es una tontería reprochar a la multitud que carezca del sentido de lo sublime si confundimos lo sublime con algunas manifestaciones formales, que por otra parte son siempre manifestaciones muertas. Y si la multitud actual no comprende ya Edipo Rey , por ejemplo, me atreveré a decir que la culpa la tiene Edipo Rey y no la
multitud.”

Reconozco que las “obras maestras” a las que Artaud se refiere no son exactamente las obras encriptadas de las que hablo yo, pero la defensa a la multitud me parece muy bien articulada y pertinente para el punto que quiero demostrar. Además, estoy seguro de que los hacedores que se acerquen al presente libro me creerán más si les suelto dos que tres frases de sus gurús para acompañar mis argumentos. Claro que Artaud no era una blanca palomita, era un hacedor de teatro que también creía ciegamente en sus poderes telepáticos y que, luego de hacer esa defensa tan sensible y necesaria, afirmaba tener la verdad sobre lo que es mejor para el público. Artaud no consideraba la posibilidad de ser él mismo un Edipo Rey ; lo que yo defiendo es que cualquier hacedor puede convertirse en uno y que si su obra no se entiende, quizá la
multitud tampoco tiene la culpa.

 

Augusto Blanco

Espectador

 

Reflexiones

La crítica social “desde mi trinchera”*

por Aplaudir de Pie 17 junio, 2019

 ya no puedo pelear en esta guerra solamente metido en un hoyo en la tierra 

 

En México es común escuchar a lxs artistxs decir la frase: “Yo lucho desde mi trinchera”, esta expresión de naturaleza bélica, ha servido durante mucho tiempo para explicar que si bien no se exige de manera “directa” el cambio social, el trabajo escénico que se realiza es lo suficientemente poderoso para incidir en las problemáticas sociales que nos aquejan. De esta forma, cada unx pelea en esta guerra desde su lugar en la tierra ¿Pero qué tan real es esta frase? ¿El trabajo escénico que realizamos es lo suficientemente fuerte para modificar estructuras sociales? ¿Es mi monólogo sobre mi experiencia desde la homosexualidad capaz de modificar una estructura tan clara como la del capitalismo? Yo creo que no, no quiero con eso menospreciar mi trabajo y el de mis compañeres cabareteres y performers, por supuesto que el arte y las expresiones culturales aportan en alguna medida a la construcción de un pensamiento colectivo, y aportan a la discusión social ¿Pero qué tanto?

De acuerdo a la Encuesta Nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales en México, una encuesta poco común pero que nos da una mapa de las problemáticas culturales de este país y que fue realizada en 2010 por el desaparecido Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), nuestra institución cultural durante 27 años, en la Ciudad de México sólo el 2% de la población asiste de manera regular al teatro y en contraste el 58.38% nunca ha asistido al teatro en su vida. Si el crecimiento poblacional de la Ciudad de México continua en la misma línea que los últimos 30 años, para el 2020 vivirán en la capital del país 9 millones de personas; y si somos optimistas -y la gráfica de la encuesta de CONACULTA se mantiene proporcionalmente luego de una década- esto querría decir que todos los espacios escénicos de esta ciudad, desde los más grandes hasta los pequeños, con todas sus propuestas, comerciales, culturales o de disidencia, sólo abarcamos aproximadamente 180 mil personas, yo sé que 180 mil personas parece mucho pues al ser México el décimo país más poblado mundo, 180 mil personas es la mitad de la población total de Islandia; pero en contraste inmediato, en esta ciudad habría aproximadamente cinco millones doscientos cincuenta y cuatro mil habitantes que nunca han visto teatro. Si, como dice Jesusa Rodríguez, nuestro proyecto a corto plazo es salvar al mundo. ¿Qué tanto incidimos realmente para lograrlo? ¿Qué tanto cambio podremos lograr? ¿El cambio será lo suficientemente veloz? ¿Cómo seguimos entonces? ¿Qué rutas tomamos? ¿Cómo podemos trabajar desde la cultura para cambiar la realidad social cuando el gobierno de nuestro país se ha encargado de que la población (que necesita de la cultura) no tenga tiempo, interés o acceso al arte? ¿Cómo puedo hablarle de resistencia civil organizada a alguien que necesita completar hoy una jornada laboral de 10 o 12 horas y poder así asegurar su alimento para el día de mañana?

Esta participación no busca desalentar a nadie, por el contrario, se trata de afrontar la realidad, mi realidad, de reconocer que el trabajo escénico, que me encanta, me apasiona, y en el que transmito mi mensaje de una manera lúdica y divertida, no es suficiente, ya no es suficiente. No es suficiente si de verdad mi meta es crear un impacto social que pueda ver. No hay que olvidar que mientras nosotres trabajamos criticando y buscando construir políticas culturales y sociales, que en general representen un bienestar social, hay toda una maquinaria en contra que busca callar nuestro discurso. Esto, lo sabemos, no es una expresión. El avance frontal y cínico de la derecha extremista en America Latina, lidereada por personajes como Bolsonaro en Brasil, pero seguida muy de cerca por Macri en Argentina, Ortega en Nicaragua, Moreno en Ecuador, Piñeira en Chile, Hernández en Honduras, Abdo Benítez en Paraguay, Duque en Colombia, la clara intervención estadounidense con Guaidó en Venezuela, el propio Donald Trump en la Casa Blanca y aquí en casa vivimos con un presidente que si bien parece ser la excepción, quien ha sido muy cuidadoso y ha tenido mucha asesoría de activistas y agentes políticos diversos, es un personaje que sigue insistiendo en la necesidad de llevar a consulta pública “las libertades”, ese término que tanto le gusta usar para referirse a los derechos humanos, y que recorta el presupuesto a la cultura, con el pretexto de que en un gobierno como el suyo, donde desde luego que no existe la corrupción, el dinero “rendirá” más. Un personaje que insiste en que “las libertades”, hablando específicamente del aborto, del matrimonio igualitario, entre otros, no se imponen, se conquistan y que hoy por hoy prefiere ser dueño de sus silencios que el mártir de sus palabras.

Esta realidad de la región y particularmente en mi país, me obliga a reflexionar sobre la urgencia de no sólo ser un agente cultural, la urgencia de salir de “mi trinchera”. En un país como el mío, con la realidad social y política, y el contexto en el que me encuentro, entiendo como un privilegio poder hacer cabaret. Con todo y las deficiencias, la falta de un pago digno, el precariedad laboral, el poco o nulo interés de las autoridades culturales por defender, apoyar o difundir el género en el país, los pocos espacios para desarrollar el género, la persecución de discurso, la censura, la lucha de egos, la falta de unidad, las cúpulas de poder, el racismo, el clasismo, la homofobia, la lesbofobia dentro y fuera de la comunidad cabaretera, con todo eso y más, sigo considerando que en mi país hacer cabaret es un privilegio.

Yo que he sido privilegiado con la posibilidad de hacer arte, de dedicarme a la creación escénica, que he podido dedicarle una semana entera a este encuentro, que tengo el privilegio de tener el tiempo, las herramientas y la información para analizar mi contexto social, histórico y político -y a partir de ello realizar una crítica-, no puedo, ni debo, quedarme sólo en el privilegio y “la comodidad” del escenario.

En México el cabaret no ha sido ajeno a esta realidad, gente como Jesusa Rodríguez, quien recientemente ha incursionado en la política como Senadora y quien ha llevado una visión crítica a un puesto de esta relevancia; Las Reinas Chulas quienes han trabajado desde su Asociación Civil buscando no sólo que el género cabaretero se posicione como un referente cultural en esta ciudad, sino también que el cabaret sea una herramienta para poder llevar temas como feminismo, empoderamiento sexual, visibilidad lésbica, entre otres, a comunidades apartadas y/o vulnerables de la ciudad y del país; el trabajo de Yanet Miranda y las HHH quienes se han abocado al trabajo directo con mujeres en reclusión de la Ciudad de México, dando herramientas artísticas y de equidad de género a uno de los grupos más vulnerables del país y del mundo, o el trabajo de César Enríquez quien aquí en México ha sido duramente criticado en muchos espacios por abordar el tema de la transexualidad, sin identificarse él como una persona trans, pero quien ha trabajado por dar visibilidad a las comunidades trans en todas las funciones que realiza de la Prietty Gouman, entre otrxs.

Pero ¿Por dónde empiezo? ¿Cómo puedo formarme en políticas culturales y derecho humanistas? ¿De dónde saco las herramientas para entender la legalidad que rodea las problemáticas que señalo desde la escena?. Desafortunadamente aún no hay un libro titulado “Los 20 pasos para convertirse en artista y activista mexicanx”. Y mientras no lo haya, hay que hacer lo que se puede con lo que se tiene. De primera instancia puedo ver -como ya señalé- el trabajo de Jesusa Rodríguez, de mis maestras Las Reinas Chulas, y de mis compañeras y amigas Yanet Miranda y Ana Beatriz Martínez; y poco a poco empezar a replicar las acciones que ellas han emprendido para poder desarrollarse también en el activismo.

Entiendo la necesidad de la coordinación conjunta con la sociedad civil organizada, las ONG’s, la creación de redes de colaboración que van más allá de lo escénico, que me den una actividad y responsabilidad distinta a la que actualmente tengo.

Ojo, no quiero con esto sacar mi activistómetro y pretender que se puede medir quién es más o menos activista, simplemente quisiera señalar la necesidad de salir de un espacio que, si bien es de lucha, podría resultar un espacio muy cómodo en un país con aproximadamente 9 millones de personas en pobreza extrema. 9 millones, la misma cantidad de población que se estima tendrá la Ciudad de México para 2020. Es aquí, en estos análisis comparativos a groso modo, cómo puedo comenzar a dimensionar el tamaño del problema al que me enfrento, y la necesidad de replantearme mi posición en las luchas que he decidido abanderar.

 

Gracias a mi trabajo con La Mafia Cabaret he podido estar en contacto con organizaciones que atienden las problemáticas de las que hemos hablado, o hablaremos, en nuestros espectáculos, no sólo para pedir asesoría si no para participar activamente de las necesidades que afrontan dichas problemáticas.

 

A través de nuestro trabajo con El Desierto de Las Leonas, pudimos tener contacto con Golondrinas Viajeras, un colectivo de mujeres en el desierto de Sonora, quienes se dedican a la asistencia y defensoría de migrantes en el desierto, estas mujeres le dieron un nuevo sentido a nuestro espectáculo, si bien nosotras éramos capaces de comprender la lucha que nuestros personajes emprendían al iniciar una travesía en mitad del desierto cargando un baúl con archivos de casos de mujeres asesinadas y con un destino específico pero sin una ruta concreta, al encontrarnos con estas mujeres que realizan esta lucha en la vida real y literalmente en el desierto entendimos la verdadera profundidad de lo que hablábamos arriba del escenario, ellas al ver nuestro trabajo se vieron reflejadas, conmovidas y agradecidas y pudimos crear un lazo de entendimiento mutuo cimentado en nuestra búsqueda propia y, en ese momento ni ellas ni nosotras, nos sentimos solas.

Para la creación de nuestro siguiente espectáculo programado para estrenarse en octubre de este año hemos buscado la colaboración y asesoría de La Casa Mandarina, una asociación dedicada a erradicar la violencia sexual y doméstica, la problemática del abuso sexual infantil es una de las realidades más arraigadas en el país. México, de acuerdo a la OCDE, ocupa el primer lugar en casos de abuso sexual infantil; aquí unx de cada tres niñxs son abusades sexualmente, en el 90% de los casos por algún familiar. Cada año 4.5 millones de niñxs mexicanxs se suman a la cifra de abuso sexual, este país está conformado en un tercio por sobrevivientes de abuso sexual infantil.

Finalmente, para la creación de mi siguiente espectáculo titulado “La Nana Pancha, te hará ver tu suerte” he comenzado a trabajar con “Huella Negra” y “México Negro” dos asociaciones que se dedican a la visibilización de las comunidades afrodescendientes y afromexicanas en el país y que luchan constantemente por combatir el racismo en México. Un tema particularmente pertinente en un país que tuvo un gobierno que gestó la desaparición de la afrodescendencia del inconsciente colectivo y que buscó deliberadamente promover la leyenda del mestizaje homogenizador, creencia arraigada que persiste hasta la fecha y que nos habla de una raza nueva nacida de la mezcla de españoles e indígenas, una “raza de bronce” a la que todxs pertenecemos y que desde luego no contempla en ninguna medida la afrodescendencia. Hay en este país quien todavía se atreve a decir: “Aquí no hay racismo, porque no hay negros”.

En estos tres temas que he mencionado brevemente encuentro una problemática sistémica grave y urgente, en todas veo una realidad que me toca y me atraviesa. La necesidad de abordar el activismo desde el activismo mismo y no sólo a través de lo escénico; aporta a la construcción de mi postura crítica arriba del escenario. Y ahora no concibo una realidad en la que yo pueda comprender parcial o totalmente la problemática de los temas que abordo desde la escena, sin sentir la necesidad imperante de salirme de mi trinchera y pelear estas batallas de frente.

 

 

Pako Reyes / @Pako_Reyes

Cabaretera y gestor cultural

 

*Texto presentado en el grupo de trabajo «Métodos de cabaret al revés, el 12 de junio de 2019 en el marco del XI Encuentro Hemispherico  «El mundo al revés: humor, ruido y performance» realizado por el Hemispheric Institute of Performance and Politics de la Universidad de Nueva York 

Reflexiones

¿Cómo hacer esta comedia de Cervantes sin morirnos de la hueva?

por Aplaudir de Pie 16 abril, 2019

Proceso de construcción de La casa de los celos, o ¿quién la tiene más grande? (la gallardía)

 

¿Cómo hacer que este texto tan desigual e incomprensible sea entretenido e importante? Fue la primera pregunta que tuve que responderme al estar metida en el proceso de construcción del espectáculo –después de haber aceptado sin fijarme bien en lo que estaba haciendo. Bien lo decía mi madre, hay que fijarse dónde se mete una, pero estaba metida en el Cervantino y ese es siempre un gran lugar para estar.

La elección de La casa de los celos fue mas porque me gustó el título que por otra cosa. Las comedias las había leído en la carrera de actuación y recordaba que tenían una estructura no tan lograda. Con los años una aprende que no todo lo que hacen los clásicos es obra maestra y que hay que perderles el miedo y aprovechando que están muertos, faltarles al respeto lo más posible. A la hora de elegir pude revisar los textos por encimita y me lancé como el borras porque los celos es uno de los temas centrales de la violencia de género y yo me dije: ¡es mi tema!

En la primera lectura nos dimos cuenta de que la obra no hablaba de los celos si no de la envidia –que no es lo mismo- y que no entendíamos nada ni nos emocionaba la historia, sobre todo porque no estaba del todo estructurada. Lo que sí nos emocionaba era el lenguaje, por hermoso y retador y algunos de los personajes como Marfisa, (heroína feminista casi perfecta) Reinaldos y Roldán (mirreyes dignos de gabinete presidencial). En cuanto encontramos esta triada, el cabaret estaba dado. Ya teníamos a la heroína que encarnaría nuestro discurso y al par de idiotas que servirían para ridiculizar el machismo. Ante este triángulo sólo nos faltaba la manzana de la discordia, es decir, el personaje de Angélica, que si bien juega como objeto del deseo en el original, no se desarrolla del todo. Por ello decidimos darle un desarrollo clásico de dama joven que enfrenta los obstáculos y los vence pero no para encontrar el amor si no para encontrarse a sí misma. En términos esquemáticos decidimos hacer una combinación de princesa con guerrera.

Una vez que desarrollamos la estructura de la historia que queríamos contar, nos dispusimos a elegir los textos que mas nos convinieran para contarla y los acomodamos con bastante flexibilidad. Es decir, hay textos que dice Marfisa que se los pusimos a Angélica y así con el resto de los personajes. Lo importante era tener la mayor parte de textos escritos por Cervantes, aunque la estructura y el acomodo de los mismos no fueran las originales. Una vez hecho esto, nos dispusimos a escribir los puentes que hacían falta para unificar el texto. En algunos metimos diálogos francamente cabareteros y en otros de plano nos lanzamos a la escritura culta.

Una vez que teníamos un texto con sentido y estructura, limpiamos las cosas que nos hacían falta en términos de discurso. Era muy importante para todo el equipo narrar la historia de una heroína cuyo máximo en la vida no fuera el amor. Era muy importante contar la historia de la violencia de género de manera gozosa, divertida y con un final feliz, esperanzador. Era muy importante decir: ¡No le hace que sea Cervantes, no importa que sea Shakespeare, las narrativas son machinas y hay que cuestionarlas!

El cabaret tiene sus ciclos. Hay tiempos y contextos en los que puedes tener un espectáculo con un humor francamente ácido y de plano lanzarte a una sátira que te arroja a la desesperanza. Pero hay tiempos en los que la desesperanza es tanta y el panorama tan oscuro, que no se puede tener en el escenario sólo el grito desgarrado de la risa, hay que dar lugar a imaginar otros mundos posibles. Hay que dar lugar a la esperanza, una esperanza razonada, porque el cabaret es bufonesco y nada ligero, pero esperanza al fin y al cabo. Así son estos tiempos. No sé explicar cómo lo sé, pero lo sé.

Para que nuestro espectáculo generara esta emoción del triunfo de la justicia –esperanza- en el espectador, cuidamos mucho el factor del entretenimiento por medio de tres elementos:

 

1)      Inventamos a los personajes populares (afanadora y afanador) que inician y cierran la historia y con buen humor nos plantean la existencia del demonio de los celos. Estos personajes populares son arquetipos cabareteros de mucha nobleza que generan inmediata empatía con el espectador.

2)      Colocamos cinco escenas de combate escénico que fueran realizadas de la mejor manera posible pero con elementos no necesariamente muy glamorosos, como puede ser un par de escobas. La idea era, por un lado, la espectacularidad propia de un combate escénico y por otro, el acento cómico.

3)      Exageramos los vicios de carácter de los dos caballeros convirtiéndolos en dos machos arquetípicos que se autodestruyen por su propia estupidez.

 

El penúltimo elemento que metimos fue el video. Para mí era muy importante, porque La Mafia, al ser una de las compañías jóvenes más representativas de la siguiente generación de cabaret, ha logrado desarrollar su propio lenguaje y buena parte de él está en la imagen. Es parte de su sello. El video no solo sirvió a manera de enlace si no que marca un código que nos distancia generacionalmente y que resulta muy importante resaltar, reconocer y fomentar.

Y ya por último, la música. La música es mi elemento favorito, probablemente por eso soy cabaretera, porque sin música no hay cabaret. Elegí la música sefaradí para el ambiente general y tres de las cuatro piezas que se cantan en el espectáculo por varias razones. Por un lado, la llegada de Trump y la inminente expulsión de los latinos, me recordó la expulsión de los judíos de la España católica. Siempre nos preguntaremos que le hubiera pasado a España –y a Occidente- sin este episodio que reventó la riqueza cultural de toda una región. El catolicismo que siguió de ahí, que fue el que vio nacer a Cervantes y el que invadió América Latina y marcó una cultura y una comprensión de la moral que permea hasta nuestros días. La violencia de género es una de las consecuencias más palpables de esa moral y el cuerpo de las mujeres receptáculo de la furia de fondo de esa moral. La música sefaradí siempre me ha parecido el lamento que pregona un error garrafal que deviene en genocidio, como la llegada de Trump.

Por otro lado, en términos técnicos, al ser una música tan melancólica, establece un buen contrapunto para darle profundidad al drama.

Con todos estos elementos y arduo trabajo, quedó un cuentito entrañable, gracioso y justo que nos hace muy felices contar.

La casa de los celos, o ¿quién la tiene más grande? (la gallardía) fue un trabajo en colectivo entre la Mafia Cabaret y su servilleta. Es importante resaltarlo porque la horizontalidad en la intergeneracionalidad es parte fundamental de la construcción de otras maneras de hacer arte.

Fue un placer.
Ana Francis Mor

Reflexiones

Mi hijo solo camina un poco más lento. Una carta de Guillermo Cacace

por Aplaudir de Pie 11 marzo, 2019

Lo mejor sería que todo fuese un desliz…

Desliz: error leve no intencionado causado generalmente por falta de reflexión o de cuidado.

Que la obra de Ivor Martinić, Mi hijo solo camina un poco más lento -con excelente traducción de Nikolina Zizek. es un hallazgo de esos con os que muchos directores podemos ser beneficiados no está en discusión. No está en discusión que Martinić es un joven y gran dramaturgo cuya exquisitez en las preguntas es motor de una dramaturgia atípica en su sencillez, creatividad de operaciones en la escritura y profundidad en un mismo movimiento.

Lo cierto es que la obra existía al menos dos años antes desde que la puesta argentina que firmo la pusiera en boca de todo el mundo. Literalmente “de todo el mundo” y fue después de este hecho que empezó a ponerse -con mayor demanda- en otras latitudes. Destacar este mérito en la propagación del material puede parecer un acto de soberbia, sin embargo, es algo que escapa a nuestro propio control: así fue.

Aún se hace desde hace 6 años. Primero en un horario único para Buenos Aires (sábados y domingos a las 11.30 de la mañana y 14hs). Ahora los lunes a la noche y aún se llena, aún está viva en el cuerpo de un grupo de maravillosos actores. Viajó a Chile dos veces, también dos veces a Uruguay, una a Brasil, a Venezuela, a Costa Rica, a Tarragona y a Barcelona. Nos sigue invitando a muchos festivales en los que se enteran de nuestra labor… En fin, somos felices haciéndola.

La repercusión de la obra en Buenos Aires la puse al alcance de muchos elencos. Curiosamente la mayoría en idioma español. “Curiosamente” o “consecuentemente” con el país latino donde alcanzara tanto eco.

Lo que se me hace complejo de entender no es que la magistral pieza croata quiera ser montada, pues esta es la historia de todas las grandes piezas de la literatura dramática. Lo complejo es que las otras puestas convoquen muchos de los mismos elementos cuyas características hacen a la singularidad de nuestro montaje. Debilitando así la posibilidad de despliegues subjetivos que multiplicarían la diversidad y sentidos. El arte se fortalece en dichos despliegues situados… Hamlet será hecho por miles de directores hasta que la humanidad desaparezca y es la heterogeneidad de las miradas su mayor fortuna. No es exactamente lo que sucede con Mi hijo… en algunos casos. Elementos en común con varias puestas, a saber: los actores esperando su turno de actuación a los costados del escenario, la invención de un personaje a cargo de las didascalias o las didascalias puestas en escena con algún otro recurso, la no recreación de los ambientes realistas donde se emplaza la acción en el texto escrito, el ritmo de desarrollo para algunos personajes… entre otras cuestiones menos evidentes. Hasta en algunos casos la sinopsis de la obra toma textos literales de la reflexión de un poeta argentino. Y hasta nuestro afiche de promoción ha sido imitado.

La comprensión de este “tema” pone en juego difíciles aristas de afirmar con contundencia. No obstante, y sin herir las buenas intenciones de quienes puedan haber obrado de tal manera, es lícita la pregunta: ¿Se quiere recrear la indiscutible belleza de la pieza de Martinić o se quiere recrear el “suceso” obtenido por un grupo en particular, en una ciudad en particular? Todas las opciones serían válidas… el punto es la transparencia en las argumentaciones de por qué se pone esta obra en escena. O el punto es simplemente la honestidad y que luego cada quien haga lo que quiera. Pasa que exponer motivaciones de modo franco no es un ejercicio contemporáneo en algunos sectores.

Cuando en Argentina se ha mencionado a la obra como un “fenómeno artístico inusual” o como “un fenómeno de crítica y público” siempre hemos tratado de corrernos de tal calificación. Ya que “un fenómeno” podría ser un hecho fortuito. Algo del azar que atraviesa cada producción, pero tal condición no puede dar opacidad a la cantidad de años de trabajo que a veces emergen a través de una obra específica cuando se dan las condiciones. Este es nuestro caso: se llega al lenguaje actoral y de puesta para Mi hijo… luego de años de sedimentación de unos cuantos procedimientos en los que comulgamos con un colectivo de artistas. Colectivo abierto a quienes se han ido subiendo y bajando según necesidades personales o artísticas pero colectivo de investigación al fin. Tal vez ese es nuestro íntimo pequeño orgullo. Este factor no es transferible a otras puestas, solo las formas son identificables. Pero las formas sin aquello que las habita son meras formas y como tales no garantizan -en la mayoría de los casos- ser relevadas por otros creadores en su valor de base, en su fundamento inasible. Tal vez una ardua pesquisa en nuestra puesta habilitaría un celebrable principio de apropiación… Ya hace tiempo no es un problema “la copia” en el arte. El problema es poder profundizar las siguientes preguntas: ¿Existe la originalidad, existe lo nuevo, existe la autoría? Muchos de estos conceptos existen de forma jurídica y sólo para la defensa de la propiedad privada al modo capitalista… Entonces el problema no es parecernos, querer parecernos o que nos salgan cosas parecidas… El problema es no declarar los verdaderos móviles, el problema es decir “yo no vi la puesta argentina” cuando uno sabe fehacientemente que ese director o algunos de sus actores estuvo en nuestra platea. A cómo dé lugar celebramos que el precioso texto de Martinić siga viajando por el mundo en cualquiera de sus realizaciones… Claro que también celebraríamos otro diálogo entre quienes hacemos esta pieza, otra honestidad… tal vez hasta para asombrarnos de nuestros parecidos inconscientes. ¿No?

La obra tematiza -entre otras cuestiones- la diferencia. Sería una dura contradicción omitir esa riqueza al momento de hacerla. La obra tematiza algo del orden de la discapacidad o la relatividad de los límites -también entre otros temas- y nunca hemos especulado con ello… mucho menos en los procesos de comunicación con el público. No es sencillo correrse del golpe bajo, de que dar lástima sea una estrategia para convocar… Ni en flyers o afiches para la prensa hemos querido eso. Sólo se filtró, muy a pesar nuestro, alguna foto de la obra mostrando la silla de ruedas. Estas y otras consideraciones formulan una ética en el hacer.

Puede que lo que esté faltando sea una cordial o apasionada discusión ética. Nunca una batalla ya que nadie alcanza el grado de opositor que podrían alcanzar quienes convierten obras en mercancías.

Lejos de un ataque estas palabras intentan seguir abriendo preguntas. Ojalá puedan ser bien recibidas por la comunidad de pares.

 

Guillermo Cacace

Director de

Mi hijo solo camina un poco más lento

(Versión argentina)

Reflexiones

All I want for Christmas is Crítica Teatral

por Aplaudir de Pie 9 diciembre, 2018

Para este fin del 2018 han ocurrido una serie de eventos que van a definir mucho la entrada al tan esperado 2020, ¡El Futuro!

Dentro de esos acontecimientos no entra lo que narraré a continuación: estaba un día en Twitter cuando me encontré con un tweet de Los Metro que hablaba sobre como los Dora Awards (los premios teatrales de Toronto) habían eliminado el binarismo actor y actriz de sus categorías sustituyendola por una sola categoría de mejor actuación y preguntaron la opinión de lxs seguidores. Sorpresivamente (not) todas las respuestas estaban en desacuerdo, algunas haciendo “chistes“ sobre el lenguaje inclusivo, otras diciendo que las feministas hacen berrinche de todo, otres que estaban cansadxs de esta “moda“, bla, bla, bla. En fin, nada nuevo. Luego me encontré el tweet de Aplaudir de pie hablando sobre la versión de Veronese de las “Tres Hermanas“ donde cambiaba el sexo de las protagonistas, diciendo que le parece una casualidad sospechosa que se estrena la obra de “Manada“ en México con la misma propuesta, lo que llevó a una discusión muy acalorada en dicha plataforma de muchas personas ofendidas con que se fuera crítico de una propuesta teatral que han llamado el “éxito teatral“ con los “monstruos del teatro“, cabe señalar que uno de esos tweets de Aplaudir de pie señaló los casos anteriores en que la teatralidad mexicana ha copiado a la argentina con descaro, tweet que no tuvo respuesta, pero bueno no venimos aquí para ser chismosas porque no me gusta el chisme.

Pero esto me puso a reflexionar sobre la falta de autocrítica que tiene el teatro mexicano, sobre como somos autocomplacientes con el teatro que está en nuestras carteleras y hasta lo defendemos a capa y espada de algún cuestionamiento crítico que se geste en nuestro medio, obvio uno que no se supe a aplaudirnos entre nosotrxs. Claramente no hay nada nuevo bajo el sol, pero si debemos revisar el caso de las numerosas veces donde la teatralidad mexicana ha copiado a las extranjeras sin miedo a repercusión alguna, no nada más por el hecho de pensar si copiar está bien o mal (en el sentido católico binarista) si no por la falta de personalidad propia que eso le da a la teatralidad mexicana.

Por otro lado, me parece muy curioso salir a defender una propuesta que decide cambiar el sexo de las protagonistas de una obra clásica, pero nos parece shockeante eliminar el binarismo actor/actriz de unos premios, casi como si la propuesta implicara cambiar el nombre de nuestro país. ¿A qué exactamente le tenemos tanto miedo? ¿Qué perdemos al eliminar esas dos categorías? ¿Por qué una persona que se identifica como mujer, no puede competir por un premio actoral con una persona que se identifica como hombre, si la misma categoría de premiación actoral es subjetiva? ¿Será que en el fondo nos de miedo que la seguridad del teatro como lo conocemos desaparezca?

Pero lo más grave de todo es que sin ese cuestionamiento estamos condenadxs a repetirnos hasta la extinción, a ver las mismas obras de los mismos creadores (y aquí no uso el lenguaje inclusivo porque siempre son hombres los que dominan las carteleras) que hacen el mismo montaje una y otra vez, la misma fórmula, el mismo elenco de «monstruos», el mismo vestuario, la misma escenografía, etcétera. Y entonces ¿Quién se está encargando de hacer que nuestro medio teatral evolucione hacia el 2020? deberían ser las nuevas generaciones, pero estamos muy ocupadxs esperando que nos llame el mismo director para hacer la misma obra, con los mismos monstruos, etcétera. Y no me mal entiendan, no demerito el talento o el trabajo de nadie, esta reflexión no tiene que ver con lo buena o mala, o magnífica de la propuesta, obra, montaje, creador o creadora, tiene que ver con la falta de evolución de una comunidad.

Creo que en el teatro cabe todo y obviamente no todo el teatro debe ser innovador, a veces solo se quiere ganar dinero con la misma fórmula: el mejor ejemplo es el remontaje de Los Miserables pero sin mi Ernesto D´alessio. Pero hay una razón por la que le va tan mal a ese musical y es que el público obtiene cada vez más esos cambios que tanto desea de otros lados, es que el mundo a nuestro alrededor evoluciona y no queremos ir al teatro a ver el mundo de hace cinco años. No es que se quiera quitar las categorías binaria de mejor actor y mejor actriz por “modernas“  es que es obsoleta en un mundo donde habemos teatrerxs que no cabemos en esas categorías. Cabe mencionar que hasta los montajes del Globo en Inglaterra, montajes de las obras de Shakespeare (léase este nombre con la grandilocuencia que merece), ahora se castean sin género haciendo elencos multiculturales, multigenéricos, un ejemplo del mundo en el que vivimos (y sin la propuesta «tan innovadora» de cambiar el sexo a los personajes).

Si indagamos bien en la comunidad teatral mexicana, la que le ocupa a todas las personas en nuestro país que hace teatro (y sí, eso incluye a Fred Roldán) podremos ver las propuestas que nos pueden dar un nuevo camino hacia nuevas teatralidades, no para endiosarlas, si no para jugar con ellas, para moldear la historia de nuestra comunidad, voltear a ver hacia los estados, voltear a  ver hacia la gente que no vive del teatro pero lo hace porque algo se les mueve, voltear a ver hacia los sistemas penitenciarios donde el teatro les deja ser libres, voltear a ver hacia los show de travestis, voltear a ver hacia las comunidades que el escenario les deja contar sus historias y solo así, tal vez dejar de preocuparnos por las carteleras similares de los teatros de nuestra bella ciudad.

En serio, pensémoslo, antes de desechar la crítica (la crítica especializada, no la de “yo lo pude haber hecho mejor“) escuchemos qué nos está cuestionando, a dónde nos puede llevar esa pregunta y en dónde podemos evolucionar, hasta lo podemos ver desde un punto científico si no nos queremos ver “jóvenes y divertidxs“ Porque estamos en un punto donde debemos renovarnos o morir.

Les dejo los siguientes puntos a pensar:

¿Por qué es que la mayoría del teatro comercial mexicano está tomando textos extranjeros contemporáneos para montar?

¿Cómo es que hay toda una generación de jóvenes que ya no quiere ir al teatro?

¿Cuántas veces hemos ido a ver una obra que sentimos que está repetida?

Si tuvieras que describir al teatro mexicano contemporáneo, ¿cómo le llamarías a la vanguardia 2015-2020?

Mariano Ruiz Actora y Cabaretera

Mariano Ruiz
Actora y Cabaretera

 

Reflexiones

Desafío Titanic

por Aplaudir de Pie 13 noviembre, 2018

Cuánto tiempo estamos dispuestos a invertir sentados en la oscuridad? Lo más común es que las obras duren una o dos horas, ese es un tiempo razonable para el cual está preparado el corazón de cualquier espectador. ¿Pero qué sucede con las obras que están fuera de ese margen? Las que duran dos horas y media, por ejemplo, ya significan una inversión de tiempo extraordinaria a pesar de que solamente superan por treinta minutos el espectro de la normalidad. Esos treinta minutos, sin embargo, nos obligan a tomar aire antes de entrar a la sala. Una obra de tres horas significa una reelaboración completa en la rutina del espectador. Hay que conseguir quién le dé de cenar a los gatos, quién duerma a los niños, comer bien, tomar café y llevar un dulce en el bolsillo por si las dudas, además de que se hace indispensable entrar al baño entre la primera y la segunda llamada y mentalizarse para que no vuelvan a llegar las ganas hasta el intermedio (o hasta el final, si es de esas obras que encima de largas, son posesivas). Es una cantidad de tiempo importante porque en tres horas se pueden hacer muchas cosas: ir de la Ciudad de México a Querétaro, preparar alrededor de cincuenta paquetes de palomitas en el microondas, o la clásica: ver Titanic .

Lo deseable es que ir al teatro a ver una obra de 180 minutos resulte más gratificante que llorar por Leonardo DiCaprio, viajar a provincia o hacerse de una cantidad obscena de palomitas. Pero no siempre se puede. Si de por sí las obras de 60 minutos corren el riesgo de salir mal (así como corre el riesgo cualquier cosa que hagamos los humanos, que nadie se ofenda), parece que triplicando esa cifra se triplican también las probabilidades de que aquello sea un desastre. O quizá es una ilusión derivada de la inversión de tiempo, donde esta puede ser directamente proporcional al pesar y al desasosiego. Porque hay que reconocerlo: una mala obra de una hora no nos quita nada, pero una mala obra de tres nos arruina la vida. Nos lleva meses recuperar ese tiempo perdido. Es una ilusión injusta, si se quiere, pero una ilusión que existe.

¿Qué necesita una obra para merecer una duración de tres horas? Por lo general estaremos frente a una historia basada en la anécdota, con personajes de amplias trayectorias y conflictos intrincados que requieren largos planteamientos y largos desarrollos. Y esto nos lleva a la aparente certeza de que una obra de estas características por fuerza fue escrita en un siglo diferente al nuestro. Esto no quiere decir que los dramaturgos contemporáneos no están interesados en obras de tan largo aliento, pero si bien no son duraciones extintas, sí son tan difíciles de ver como las vaquitas marinas. En este sentido, es probable que el gran enemigo de las obras con duración de un Titanic sea el mito de que en esta era tecnológica tan propensa a la inmediatez, es un despropósito pedirle a los cerebros de homo sapiens que se concentren una octava parte de su día en una misma cosa. Y es que dicen que ya no aguantamos nada; por eso la ola de obras de 15 minutos, que cuando surgieron parecían ser la solución obvia y la salvación del teatro, pero que con el paso del tiempo se volvieron una opción más en la cartelera.

No se trata solamente de una cuestión de tiempo. Me atrevo a decir que lo que necesita una obra para durar tres horas es lo mismo que otra necesita para durar 15 minutos. Una mezcla de historia, contenido, actuaciones, lógica, frescura, ritmo, emoción, sorpresa, seducción… Algo de todo eso nos hechiza y estamos dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias con esa realidad que se nos presenta y que por mucho que se parezca a la nuestra, no lo es. Seguramente los hacedores de teatro estudian eso hasta el cansancio y podrán darle nombres más sofisticados a mi burda enumeración. Lo que sí sé, porque se nota, es que lograr ese “algo” no es tan fácil y tampoco todos pueden lograrlo en la misma medida, ni han de pretenderlo. Ese “algo” se parece mucho a la magia y encontrarlo en una obra no significa que al reproducir sus trucos se obtenga el mismo resultado.

Cada obra saca su magia de mangas diferentes. Pero antes de seguir por este camino de pensamiento esotérico y llegar a la conclusión de que todo éxito teatral depende de la relación entre la Luna y Urano, quiero abordar un asunto recurrente en las obras de tres horas.  Lo llamo «Teatro Enciclopédico»

 

 

Augusto Blanco

 

Reflexiones

Teatro Online en HD.

por Aplaudir de Pie 6 octubre, 2018

En la serie norteamericana Malcom in the middle, en algún capítulo perdido en Youtube, Dewey amedrenta a su padre con la sentencia: “El futuro es hoy, oíste viejo.” Bravata de un niño de doce contra un adulto de cincuenta años, la amenaza se convierte, se convirtió, desde hace un tiempo en la cruda realidad. El fenómeno que nos rebasó como medio colectivo de representación, es para variar, el internet. Está vez no sus contenidos bastos e inmediatos, sino nuestros propios contenidos, obras teatrales y performativas, con la posibilidad de ser vistas en servicio de pago por evento por renta de vídeo en plataformas virtuales.

Teatrix.com

Este es el meollo del asunto. Desde la plataforma de videos bajo demanda Claro Video, nosotros como usuarios podemos rentar por 48 horas, o bien comprar el derecho de ver siempre, la versión grabada de obras de teatro argentinas como La omisión de la familia Coleman, por Claudio Tocalchir y Timbre 4, o bien Pieza plástica del alemán Mayenburg con dirección de Cáceres, o al fin y al cabo, las obras teatrales, en este caso todas de Argentina, que bajo la sección Cultural de Claro están clasificadas. Cuando el azar del domingo en la tarde me mostró el futuro que había llegado hace un tiempo no pude menos que espantarme. Una reacción natural ante lo desconocido y amenazante que la opción de ver teatro en casa representa en mi mente para el sector en sí.

El miedo para mí es en primera instancia por la asistencia directa en las salas de teatro, que ahora deben de competir no sólo con otras obras, no sólo con otros medios, sino con sus propias obras en estas plataformas. El teatro y la escena puede tener un millar de definiciones que han cambiado a lo largo de la historia, pero siempre han tenido un punto de toque en el común denominador de la representación ante a otros, el contacto entre espectador y el interprete en el teatro, en un espacio físico determinado. Esta frontera de representación / expectación ha variado de forma y arquitectura según el tiempo y necesidad, del aforo y escenario en colinas de la mítica Grecia, los asientos, balcones y tablados del Siglo de Oro y el Isabelino, sin olvidar las representaciones de “a pie”, para actores y público, con los cómicos de la legua, intervenciones a espacios y lugares no teatrales, como el carpet show, en la humildad de una alfombra o como afirman los merolicos en los parques, “detrás de la raya”, u Orghast de Peter Brook en la ruinas de Persépolis en Irán. Inmensidad de formas y estilos unidas por el pacto tácito que implica ese ver y ser visto entre el actor y su público.

Justo es la ruptura de este pacto, al anular vía pago por evento la expectación de la escena en el lugar físico del teatro, lo que fiel a las canas que surgen de mi cráneo, me dio por pensar en el apocalipsis del teatro y en el fin de la escena. Es una única razón la causa de mi miedo. El impacto directo en la asistencia en las salas y como la posibilidad de no salir de casa, puede aniquilar la relación con el teatro tal como la hemos vivido, proyectando primero salas vacías para después tener foros clausurados por un público cada vez más renuente de salir de casa en una nueva forma de hábitos de consumo dirigida a la satisfacción en domicilio.

El espectador como el rey de la escena

Luego el segundo impuso me llevó a rastrear a la productora de estas obras videadas para, como buen inquisidor, tener el nombre de la bruja para llevar a la hoguera. Entonces me encontré con una imagen más completa del panorama. Teatrix, el cual es el nombre de esta iniciativa, transmite a través de su página, con la opción de suscripción al usuario, distintas obras teatrales, monólogos, teatro clásico, musicales, teatro contemporáneo, no solo de Argentina sino también de otros países como Brasil y espectáculos de Broadway de EUA, que desde agosto de 2016, rompe los paradigmas de la escena con el espectador, que como el rey Luis XIV, puede mandar que ver, a que hora, pausar la obra para ir al baño, o si lo desea, abortar la representación para hacer otra cosa. El espectador tiene ahora un modo de ejecución respecto al teatro igual que el que ha tenido desde hace 20 años con el cine y la televisión, lo cual lejos de espantar debería reconfortar. Al igual que el poder de aquel rey de Francia, el teatro puede beneficiarse como con Racine y Moliere, ya que es imposible pensar en la calidad de sus obras, como de la permanencia en el registro textual a través del tiempo, como en una primera ejecución de las obras de esos genios creativos para un público, aunque sea el Rey y su corte, sin una relación entre la producción y el artista, como marcó el modelo de la corona francesa, y como puede cambiar si el modelo de Teatrix se insertara en nuestro contexto.

Alternativa de difusión

Esta opción digital, creada y pensada para la Argentina, debe motivarnos a romper paradigmas y a establecer nuevos modos de relación con el espectador, coronarlo desde su casa y apostar que esta nueva opción da más posibilidades a la escena y a sus creadores. Si el público decide no ir a la sala teatral físicamente para ver una obra desde su casa, finalmente habrá ganado un espectador más a su cuenta y el que habrá perdido uno será el cine y la televisión. Además, con la posibilidad de ver obras fuera de cartelera, de otros años, como nos pasa con el teatro entrañable que vemos en versiones fílmicas o a deshoras por canales culturales.

El tamaño del teatro

Es el futuro que nos alcanzó desde hace un tiempo, ni hablar de la app para móviles con el mismo concepto de Teatrix para ver teatro desde el celular, y aceptar las nuevas posibilidades planteadas por la tecnología antes de ser desplazados por ellas mismas. Por desgracia, para nuestro contexto inmediato, el cambio de paradigmas no es tan lejano como suponía al iniciar estas líneas. No es mi intención en este momento cuestionar sobre la definición de teatro y escena y su relación directa o no con el espectador. Es introducir un tema digno a la discusión y análisis de distintos puntos de vistas, ya que, además las implicaciones teóricas que lo forman, la inserción de esta plataforma en México es muy cercana.

Justo hace unos días, Mirta Romay, fundadora de esta plataforma, visitó México en el marco del Foro NextTV México, donde participó como ponente y relatora de la experiencia en Argentina de Teatrix, por lo que se puede vislumbrar que esta opción será palpable para México. Quedan, y dejó sin responder las dudas que ahora me agobian más. ¿Qué productores teatrales levantarán sus obras para este formato? ¿Sólo será una opción para teatro comercial o el teatro independiente entrará al juego? ¿Qué pasaría si destinan presupuesto del estado para proyectar una función de teatro en vez de pagar una función? ¿Se podrán rescatar obras para un nuevo registro de montajes escénicos? ¿Qué porcentaje de espectadores teatrales dejarán las salas y foros para verlo en casa? ¿Cuántos espectadores cautivos podrá rescatar esta plataforma? ¿Cuál es el tamaño y proporción del teatro? ¿Cómo se relacionarán espectador y creador?

Me despido sonriendo, pues mis preguntas y miedos pronto serán contestadas por el pasar natural del tiempo, ¿estaremos preparados?, después de todo, el futuro es hoy.

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Anthar Santos-Dramaturgo / @antharsantos 

 

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