Aplaudir de Pie
  • Críticas
  • Reflexiones
  • Reseñas
  • Quiénes somos
Aplaudir de Pie
  • Críticas
  • Reflexiones
  • Reseñas
  • Quiénes somos
Tag:

cdmx

Reflexiones

Mi experiencia en el Cervantes Off

por Aplaudir de Pie 20 octubre, 2016

Primera vez que escribo.

En esta ocasión me toco cubrir gran parte de la cartelera llamada “Cervantes off”, ofrecida por el Festival Internacional Cervantino, lo primero que pensé fue: “ un fin de semana lleno de teatro ¡Qué hermoso!” Por fin podría ver las adaptaciones de las obras de Cervantes, y lo mejor de todo, sin salir del DF (o CDMX, como se llama ahora). Este programa se presentó del 7 al 9 de octubre en el Centro Nacional de las Artes.

Es preciso comentarles que cuando voy al teatro normalmente disfruto las puestas en escena, creo que carezco de ese ojo crítico de mis colegas y generalmente cada función a la que asisto me deja encantado o quizás refleje mi actitud ante la vida, siempre busco las cosas buenas de todo.

Llegué a presenciar “La Casa de los celos, o quién la tiene más grande (la casa)» dirigida por Ana Francis Mor,  un montaje que con buena producción audiovisual, ingeniosa vestimenta y carismáticos personajes nos hizo reír bastante. Grata fue mi sorpresa al ver que los foros se llenaban casi en su totalidad, de gente de todas las edades, abuelos, padres de familia que llevaban a sus hijos para inculcarles el gusto por el teatro, parejas que buscaban una actividad diferente y por supuesto, gente apasionada por este arte tan efímero.

Al día siguiente la función era a medio día, con un calor intenso que no detuvo a los asistentes a presenciar “El vizcaino fingido”, obra de Ismael Hernández-Medina, adaptación del entremés del mismo título, que fue montada al en la plaza de la Danza; un espacio al aire libre pero afortunadamente techado. Lo mismo que el dia anterior:el espacio estaba lleno. Me llenó de alegría verlo porque siendo realista, fuera de las producciones más comerciales y publicitadas difícilmente veo llenos totales y además, se demuestra que el Festival no es solo un pretexto para que los jóvenes (y los no tan jóvenes) vayan a enfiestarse a Guanajuato.

Un poco más tarde tocó el turno de «Una  comedia entretenida», codirección de Miguel Estrada y Mauricio Durán, versión libre de «La Entretenida» y no me decepcionó. Bromas ingeniosas y actores talentosos que a su vez tocaban algún instrumento musical para acompañar la puesta en escena. Al terminar no sabia que hacer con ese tiempo libre entre obras; así que me puse a revisar el programa y a caminar por el CENART; y vi que justo estaba Urbaphonix, cinco músicos que crean melodías con objetos de su entorno, maravillando asi a los espectadores. Era un espectáculo ver como la gente los seguía por todo el lugar cual caravana para seguir viendo con qué más podían hacer música.Ya en la noche comenzó “De picaros, truhanes y actores” de Tito Vasconcelos, obra quizás mas enfocada al publico adulto por su mensaje y su vocabulario a veces subido de tono, con chistes que si bien no todos comprendíamos no dejaron de entretener al publico. Así concluía mi día.

A la mañana siguiente, mi niño interior (al cual siempre escucho y no dejo de interactuar con él se  maravilló con “Said el monstruo»dirigida por Gemma Quiroz, inspirada en la intolerancia ideológica manifiesta en «La Gran Sultana», puesta que con un bonito mensaje, canciones estupendas y una producción excelente logró captar la atención de los muchos niños que asistieron a la plaza de la Danza. Logré ver como en tres días la gente no dejó de asistir y algunos, como yo, entraban a dos o tres funciones en ese fin de semana. Yo quedé encantado, como ya he dicho, de todas las actividades ofrecidas… no me quiero imaginar la cantidad de cosas por ver en Guanajuato, no me aguanto las ganas de ya estar allá.

dario

 

Reflexiones

Ni un teatro menos, no a la desaparición del Foro Shakespeare

por Ricardo Ruiz Lezama 17 septiembre, 2016

Ningún teatro debería cerrar. En un país lleno de cinismo siempre será indispensable un lugar que sensibilice; en un país lleno de manipulación mediática siempre será necesario un lugar donde se hable de lo que no se habla, que se mire desde donde no se mira. Un teatro es tantas cosas y sirve para tanto pero no puede ponerse en términos capitalistas; la contribución de un teatro está dirigido al espíritu de la sociedad. Mucha gente no ha ido al teatro porque hacen falta teatros. Mucha gente que no ha vuelto al teatro es porque tal vez vio algo que consideró desagradable, pero en el teatro caben todos los teatros -es democrático- la idea de lo «bueno» y «malo» es diferente a como nos tienen acostumbrados los medios masivos, el teatro no sólo busca ser un entretenimiento efectivo; hay política desde el discurso o desde lo estético, hay ética, hay poesía, hay tanto que no cabe en un etcétera y además en muchos casos busca experiencias desalientes, por eso a veces puede ser incómodo. El teatro no es la tele, el cine ni el internet. Parece una obviedad pero esto es fundamental para entender aquello que propone.

Todos los que amamos ir al teatro es porque alguna vez tuvimos una experiencia extraordinaria en uno de ellos. Aquel que haya pasado un mal momento en el teatro le recomiendo que intente otra vez, seguro un día vivirá lo que no podría encontrar en ningún otro lugar y desde ese momento el teatro se volverá una necesidad en él. Y es difícil dar razones lógicas porque el teatro nos conecta con lo originario, con el cuerpo, con lo instintivo, con lo ritual. En ese sentido se parece al amor -símil que puede sonar gastado pero que es sumamente preciso- parecería que no provee ningún beneficio en términos de productividad o utilidad y sin embargo sería absurdo buscar que no hubiera más amor en el mundo porque no representa ganancias dentro de una mirada capitalista.

El teatro es revolucionario y más en este momento. No hago discriminación en el tipo de teatro, todo -al final- sigue reencontrándonos con los otros; fundamental en esta era cada vez más solitaria, cada vez más incomunicada. Ningún teatro debería cerrar y nadie debería alegrarse por ello ni ser indiferente. Los problemas por los que pasa el Foro Shakespeare, la vulnerabilidad en la que se encuentra, es en la que están todos los teatros independientes en México. Cualquier teatro independiente podría desaparecer de un momento a otro porque no hay ninguna legislación que los proteja. Si la comunidad teatral -espectadores, productores, creadores- no empezamos desde hoy a ver por nuestros teatros, van a desaparecer. La lucha de uno es la lucha de todos. Este caso particular debería servir para lo general. Los foros tienen que unirse con creadores, espectadores y aquellos que se quieran sumar. Se necesita pensar en corto plazo y a largo plazo, se necesitan leyes que protejan y regulen los espacios independientes, garantizando su supervivencia y permitiendo la posibilidad de que cada día hayan más. ¿Se puede lograr? Claro, el mismo teatro es un ejemplo de cómo la realidad puede ser modificada, de cómo un grupo de gente, mediante la unión, hacen posible lo imposible.

Ya me lo había preguntado antes y me lo vuelvo a preguntar ahora, porque hay preguntas en las que siempre hay que insistir. ¿Cuándo se va a unir toda la comunidad teatral para realizar acciones en conjunto y mejorar las condiciones de nuestros teatros independientes? En Aplaudir de Pie estamos más que dispuestos.

ricardo

Reseñas

Ego. La endiosada figura de “la perra” en la cultura gay

por Zavel Castro 7 septiembre, 2016

Todo comienza en un set de filmación. Un director excéntrico ha decidido llevar la historia de su vida a la pantalla grande. El espectador es invitado a seguir el proceso de creación de la película desde la selección del elenco hasta  el estreno de la misma. La obra de Diego Beares contiene un discurso sobre la industria del entretenimiento, al que se percibe durante el desarrollo de la historia como un medio frívolo, superficial y  hostil en el que reina la vanidad y en el que sólo tiene cabida la gente sin escrúpulos, aquella que se maneja bajo los valores comerciales en lugar de éticos y morales, personas dispuestas a negociar con su cuerpo a cambio de que su nombre sea colocado en la cartelera (esta ficción, por cierto no está alejada de la realidad).

Todas las características negativas del mundo del espectáculo en el que se prescinde del talento para ceder el lugar al glamour, están presentes en el personaje protagónico de la obra, “Tomás” -interpretado por el propio Beares- el director que ha construido su biografía a base de mentiras con tal de dar una imagen más conveniente de sí mismo. Él quiere ser percibido como alguien que ha llegado a la fama como si su destino estuviera predestinado a ello, debido a su inigualable visión artística y a su personalidad deslumbrante. Omitiendo que ese “ascenso” hacia el éxito ha sido realmente gracias a la explotación y maltrato que ha ejercido con todo aquel que ha formado parte de su vida. El poder despótico cercano a la inhumanidad, es su característica más acusada. Es en fin una persona ruin que no busca más que su propio beneficio, alguien vacío que desconoce y desprecia el cariño sincero.

Precisamente a diferencia de otros montajes de Beares (Tenis y Alaska) donde el caos narrativo aparente se dirige a un camino preciso, en Ego, esta historia carente de tensiones y profundidad, estructurada a partir de la concatenación de ocurrencias y sin sentidos dramáticos, el motivo del caos es hacer lucir al personaje principal, encarnación de “la perra” un arquetipo fundamental de la cultura gay. La perra, una figura idealmente descorazonada, manipuladora ejerce un extraño poder de seducción, que le facilita la obtención de todo lo que se propone, que es esencialmente alcanzar una posición social privilegiada que le permita ostentar sus bienes materiales y contar con un grupo de aduladores obedientes, que admiran su desfachatez y su lenguaje y conducta políticamente incorrectos.

Foto: Darío Castro

Foto: Darío Castro

 

“La perra” es la villana sensual, una diva que obtiene todo lo que quiere. Es ella la que todos quisiéramos ser.  Reconocemos a “la perra” por doquier, forma parte de la cultura pop. Es Miranda Priestly de The Devil Wears Prada, Regina George de Mean Girls, es también Maleficent, Samantha Jones de Sex and the City, es Soraya Montenegro de María la del Barrio,  “Mane” de Acapulco Shore, “Mónica” de El señor de los cielos, es Teresa, en teatro la encontramos todo el tiempo en el Cabaret de Tito Vasconcelos, en algunos montajes de Las Reinas Chulas, es la madre interpretada por Francisco Granados en Orégano y por supuesto la “perra” sublime y suprema que fue María Félix.

El personaje de “Tomás” se ha construido como si se tratase de una de ellas. La constancia de esta figura arquetípica y su interpretación en este montaje resulta valiosa para el crítico y bastante cómica para el espectador en la versión que presenta “Ego” de la zorra materialista cuyo máximo sueño es la fama y la obtención de favores sexuales por parte de jóvenes atractivos a cambio de un lugar en una película.  “Tomás” es el emperador de un reino de mentiras que promete ser un éxito en taquilla, el protagónico de “Ego” una perra sin la cual no funcionaría como lo hace la industria del entretenimiento. No es de extrañar que en ninguna escena le veamos la cara (aparece siempre de espaldas frente al público), para que podamos identificarlo con el “Tomás” más cercano en nuestra vida.

zavel-firma

Reflexiones

La sana costumbre del desmontaje

por Zavel Castro 4 julio, 2016

Hay en el quehacer teatral una práctica que reporta encomiables beneficios y que afortunadamente se encuentra cada vez más extendida. Se trata del desmontaje de una obra tras función, es decir, cuando los responsables del montaje explican a los espectadores el proceso de creación y montaje de eso que acaban de ver; una especie de conversatorio y convivio en el que la obra se “abre” a los cuestionamientos del público con el fin de que puedan comprenderla y acaso disfrutarla de un modo distinto.

Siendo el teatro un fenómeno dependiente de cuerpos poéticos, actores y actrices que encarnan ideas y emociones, nos atrevemos a afirmar que no existe otra manifestación artística más personal e íntima que él, en tanto que se trata del encuentro de un ser humano con otro, de tal suerte que esta característica fundamental puede aprovecharse para la vinculación social, el reconocimiento y la hermandad, más allá de la puesta en escena.

La presencia de un ser humano sobre un escenario es infinitamente poderosa y al combinarse con la voluntad de compartir con el otro se vuelve uno de los actos más generosos que puedan experimentarse desde cualquier sitio que se ocupe en el teatro. Además es el medio más económico para tener un gesto de amigabilidad con ese otro que mira, una especie de agradecimiento a su tiempo, paciencia, atención y voluntad de estar ahí, de haber pagado o conseguido el boleto, de haber llegado hasta allí desde cualquier otro sitio. Así como para darle la bienvenida de la mejor manera a un espectador novato que se acerca apenas al teatro para descubrir un mundo nuevo. Para un desmontaje solo hace falta disposición de ánimo. Generosidad.

Basta con que quienes hacen posible la puesta, especialmente director(es) y actor(es), se desentiendan de toda expresión ególatra y cualquier dejo de glamour con los que acompañan las alfombras rojas y las conferencias de prensa[1], y quieran compartirse a través del recuento de sus experiencias en el teatro. No tienen más que charlar sinceramente con esos amigos de ocasión que son los espectadores, nobles y curiosos en su mayoría. Receptivos y admiradores de lo que puede provocar en ellos una historia en el escenario.

Para quienes hacen teatro (directores, actores, incluso escenógrafos, iluminadores y vestuaristas) hablar del proceso de creación y montaje resulta sumamente esclarecedor. Muchas veces el teatrista (o una compañía teatral) no es consciente de lo que ha hecho, sino hasta que lo dice. La docencia, depende tanto como la creación del ánimo de compartir, pero al depender de distintos estímulos, docencia y creación se enriquecen mutuamente.

El desmontaje obliga a los responsables del mismo a responder los cuestionamientos del público, a ordenar las ideas para expresarlas mejor. A saber con exactitud qué pasos se siguieron, qué elementos fueron elegidos y cuáles descartados, qué técnicas se utilizaron, cuál era el discurso o la poética que intentaron representar, que personas y que cosas los inspiraron, etcétera. Algunas veces el artista desconoce su propio método. De practicarse más a menudo, el desmontaje facilitaría el análisis de los propios creadores, la toma de consciencia de su propio quehacer y la documentación de sus procesos para reparar en los elementos esenciales de su trabajo. Conocerse a sí mismos para intentar conocer al otro.

En cuanto corresponde a los espectadores, esta práctica facilita la comprensión de la naturaleza única e irrepetible del fenómeno teatral. Al comprender mejor de qué se trata, gracias a la explicación de los propios creadores, podría darse cuenta de la excepcionalidad que representa el teatro y dejaría de compararlo con el cine (comparación absurda que arece nuca agotarse). Aprendiendo del teatro, se familiariza con él y se relaciona de una mejor manera. Ya no sería más un extraño, entonces quizá empezaría a simpatizarle un poco, incluso podría quererlo, podría volverse parte de sus prácticas de entretenimiento cotidianas. Por tanto, esta práctica es recomendable para la formación de públicos, puesto que aumenta la probabilidad de que  alguien que tenga esta experiencia es su juventud se vuelva más tarde un espectador consciente y constante.

Para el crítico el desmontaje es un enorme beneficio a su labor de investigación, puesto que el desciframiento de símbolos que componen la poética de un creador ya no depende exclusivamente de su interpretación o de lo que “él cree” que dio lugar a un montaje, incluso cuando se apoya en entrevistas con los creadores y en la bibliografía que soporte sus hipótesis, no hay como el cara a cara del creador y el público, para dar cuenta del proceso que va de la idea de la obra (hacerla/montarla), hasta la selección de personajes, vestuario, escenografía, música, teatro, las horas de ensayo necesarias para las funciones finales, el error, el perfeccionamiento, las técnicas de actuación, hasta la selección del teatro, la difusión de la obra y muchas otras cuestiones que a simple vista se escapan y son, sin lugar a dudas de suma importancia al momento de realizar un análisis. El desmontaje se presta a las declaraciones explicitas –comprobables en escena- y evita los malentendidos.

El crítico debe saber exactamente de lo que habla y no hay nada como que el mismo creador en complicidad con el público se lo dejen bien claro. Sin olvidar por supuesto que muchas veces algo que ha leído el crítico de la obra lo desconoce el propio artista. La relación entre crítico y artista es sumamente compleja, se sostiene en el respeto por la especificidad de su tarea, en la curiosidad y en la complicidad. El desmontaje facilita el vínculo, si no es que lo resuelve del todo.

No es nada más que hablar con el corazón y con las ideas claras, aprovechar que el público ya está ahí cautivo para hablar a profundidad del teatro, no esperar que asista algún otro día a cualquier evento académico alejado del convivio, como puede ser una conferencia, una presentación de un libro, etcétera, porque la gente común, ocupada en muchas otras cosas importantes para el día a día no lo hará. Muchas veces el círculo académico es sumamente reducido y poco generoso con las visitas.

¿Estamos realmente interesados en acercar a la gente al teatro? Propongamos cada vez más desmontajes. Invitémosla a nuestra fiesta de la forma más personal posible. No esperemos que la publicidad haga todo por nosotros, ni que una estrategia de descuentos de una obra a otra traiga gente nueva. Abramos los procesos. Descubrámoslo frente al público, dejemos atrás la mezquina idea de la “revelación de secretos” y la necesidad de resguardos. No hay nada que no pueda saberse. No hay nada que deba esconderse.  El imitador estará allí siempre, pero una vez que dejemos de preocuparnos por originalidades y plagios y practiquemos más la apertura de procesos se fortalecerá y crecerá la comunidad teatral. Es casi una promesa.

zavel-firma

[1] Recursos especialmente empleados en el teatro comercial; prácticas que no llegan a acercarse realmente con el público por usar a los medios de comunicación masivos como intermediarios. Aunque hayan sido pensadas como estrategias precisamente para “llegar” a la gente.

Reseñas

Alaska ¿y si tu hermano fuera tu objeto de deseo?

por Zavel Castro 15 junio, 2016

Ha llegado el año 2030, Hillary Clinton ha llegado a la presidencia de los Estados Unidos y ha puesto en marcha el “Plan Ártico”, un proyecto para poblar Alaska, para lo cual convoca a las familias de mexicanos inmigrantes a que envíen una solicitud para poder ser seleccionados. El montaje escrito y dirigido por Diego Beares comienza con una propuesta atrevida, característica que irá en aumento en el transcurso de la obra, hasta el punto en que la tensión es tan fuerte que el espectador termina por angustiarse.

Una de las familias elegidas para la población del ártico es una familia que hasta ese momento residía en Acapulco. El cambio de climas extremos (de uno de los sitios más calurosos de México hasta uno de los sitios más fríos del globo terrestre) será significativo cuando veamos que se traduce al clima emocional de los personajes principales: los dos hermanos, “Rómulo” y “Remo”, hijos de un matrimonio disfuncional (de madre ausente, sustituida por una atractiva mujer y un padre sumamente irresponsable) que mantienen una relación amorosa a la vista de su padre.

Más que la homosexualidad de los hermanos –que sin duda alguna colabora bastante en la generación de tensión dramática-, la relación incestuosa es la que se torna realmente peligrosa; entre Rómulo y Remo, resulta bastante clara la dinámica de poder que se ha establecido desde que en su temprana juventud comenzaron sus escarceos libidinales. La dominación y sumisión alcanza muchas veces al sadomasoquismo (tanto sexual, remarcado por los roles sexuales, como en el plano cotidiano, donde la debilidad de uno fomenta y soporta los abusos del otro).

El dispositivo escénico que soporta el elenco en bastante sencillo (debido a las propias posibilidades técnicas del Cine Tonalá, espacio donde tiene lugar esta primera temporada): una pantalla, una mesa con sillas donde ocurren las reuniones familiares, especialmente la hora de la comida y una escalera en la que el narrador, que hará las veces de anfitrión, utilizara para agilizar su discurso en el punto álgido de la trama. En este punto, conviene decir que, por lo menos en la función que presenciamos, este personaje interpretado por Mauro Navarro Sánchez, es quien en todas sus apariciones mantiene la atención del espectador al máximo nivel.

El elemento fundamental del montaje es la sexualidad entre los hermanos, esta pulsión anormal que los atraviesa, esa pasión que siente el uno por el otro sin importar el estrecho vínculo que tienen por compartir la misma sangre. Vemos sus cuerpos estremecerse de placer unas cuantas veces en escena. Estos pasajes eróticos aumentan la sensación de que aquello “no está bien” al mismo tiempo que resultan excitantes. Se compone así un “teatro-fetiche” capaz de atraer y repeler a quien observa.

image

Sexo. Drama. Poder. La vida “normal” se resquebraja indiscretamente. El deseo es doloroso y a veces, es imposible escapar de él. Nos dejamos llevar y sufrimos las consecuencias. Habrá sangre. Uno de los hermanos no soportará que su amante se aleje de él para estar con otro hombre. Ganarán los celos. Se forzará la fidelidad. El ambiente general del montaje, así como en desenlace que evidentemente no revelaremos acá es siniestro. La obra de Beares nos ha dejado un dolor en el pecho.

¿Qué hubiera pasado si esta familia se hubiera quedado en Acapulco?

zavel-firma

Reseñas

La extinción de los dinosaurios “Algo que nos devuelve la fe, es la certeza de una bonita muerte”

por Zavel Castro 9 mayo, 2016

 

La historia es sencilla: dos hombres han envejecido sin haber vivido nunca una gran aventura, además, uno de ellos está enfermo y sintiendo próxima la muerte quiere llegar al final de su vida con lujos que nunca tuvo por llevar una vida honrada, apegada a las condiciones de vida de la clase media, si bien, no tuvo carencias tampoco experimentó ningún tipo de exceso. Estos hombres que en otro tiempo fueron buenos amigos se reencuentran, luego de haber roto lazos por la traición de uno de ellos, que sólo con el tiempo pueden olvidar, o por lo menos, restarle gravedad al asunto. Una vez que retoman su relación, planean el asalto a una joyería. Conscientes de sus impedimentos físicos a causa de la edad contratan a un joven para que lleve a cabo el crimen junto con ellos y gane un poco de dinero fácil.

IMG_0839

La comedia se sirve sobre todo de la explotación del recurso de los contrastes, a nivel de carácter tenemos la pareja del viejo educado y el viejo grosero, uno que vive con seriedad y rectitud y otro que se conduce con desenfado, el convivio de estos antónimos complementarios (formal/informal, discreto/indiscreto, elegante/vulgar) da a la obra inmediatamente el tono que necesita para contagiar a la audiencia de momentos graciosos. Así, el público observa la vejez desde un ángulo más amable que el de la melancolía, que es con el que suele tratarse esta etapa vital.[1]

Fotografía: Darío Castro

Fotografía: Darío Castro

Este tono cómico no resulta exagerado en ningún momento[2], bien llevado por el talento de José Carlos Rodríguez y  José María Negri, actores de importantísima trayectoria  en el teatro nacional, las risas del espectador son resultado del dominio del humor cargado de profundidad. Misma habilidad que admiramos en Fernando Bonilla que, como insistimos en referir, parece haber nacido para interpretar (o dirigir, según sea el caso) este difícil género dramático. La simpatía natural de Bonilla, junto con sus características físicas (es considerablemente más alto que el resto del elenco) y el carácter del personaje, que es más bien “bobo”, que parece no corresponder a su imponente figura, lo convierten en un personaje que brilla y encanta en el escenario. El elenco es una combinación ganadora, lo mismo que el mensaje esperanzador del montaje que ve en la vejez un buen momento para atreverse a lo imposible.

zavel-firma

[1] El elemento nostálgico tiene lugar con la proyección en pantalla de fotografías y videos antiguos y quizá con la escenografía inspirada en una casa de los años cincuenta-sesenta en México.

[2] Como si resultan en cambio las groserías, de las que está repleto el texto y que aparecen las más de las veces forzadas, innecesarias y poco creíbles para los personajes.

Críticas

«La palmera, cuentos y mentiras para todos» Tres razones por las que no querrás perdértela

por Zavel Castro 23 abril, 2016

El dispositivo escénico. La producción de la que la compañía franco-mexicana “Teatro entre 2” se sirve para llevar hasta el público nos parece la mejor elección para actualizar la milenaria tradición cuentista, la trasmisión de una historia de una generación a otra. Mediante un ingenioso sistema, la compañía acerca el teatro a las novísimas generaciones acostumbradas a los dispositivos audiovisuales; los niños de hoy se constituyen como un público especializado en herramientas tecnológicas (computadoras, tabletas, teléfonos inteligentes) que no comprometen su atención al cien por ciento, por lo que cualquier otro medio debe hacer uso de mecanismos eficaces para incentivar la participación activa del niño en la puesta en escena y la retención necesaria para que comprenda el espectáculo, justo como pasa con esta puesta en escena.

La justa combinación de música en vivo, con proyecciones en pantalla, apoyados en ilustraciones hechas al momento (“pintura en vivo”)  por el talentoso artista Olivier Dautais, hacen de esta obra para niños, un montaje digno de verse, en primer lugar por su composición estética. Si se nos permite llegar a este grado de subjetividad, diremos que “La Palmera, cuentos y mentiras para todos” es simplemente bellísima y totalmente moderna.

15372647282_957e614921

Las historias. Gracias a la dramaturgia “al alimón” de Arnaud Charpentier y Olivier Dautais, quienes se han inspirado en la estructura de la yuxtaposición narrativa de “Las mil y una noches” (una historia contiene otra, sucesivamente, de tal suerte que la trama está infinitamente entrecruzada y correspondiente a una trama mayor que guía el relato principal), los espectadores podemos disfrutar de la tradición cuentista que, insistimos nunca pasará de moda.

Bajo esta estructura, podemos disfrutar tres relatos breves protagonizados respectivamente por una cabra con ansias de libertad, un hombre que juzga la vida de los otros sin comprenderla realmente, y un cuentista adormilado que confunde al público con cuentos sin pies ni cabeza para provocar su risa. Sin duda, todos los protagonistas de los cuentos terminan siendo para el espectador personajes entrañables.

15349936046_2a10fbcfff

El mensaje. “Cuando te encuentres frente un demonio atormentado, no olvides que una buena historia puede salvarte la vida”. El rescate de los cuentos de esta compañía revela su valor mediante el desarrollo mismo de la trama, y es que nos recuerda que una historia no es contada únicamente para despertar la curiosidad de los oyentes (y en nuestro caso, espectadores), ni para romper el letargo con que suelen acompañarse los domingos, sino para aprender lecciones a partir de la comprensión de nuestro corazón, que sólo se logra a través de la historia indicada.

Sin lugar a dudas, “Teatro entre 2” comprende del todo las nuevas necesidades del público infantil, cuestión que nos alegra en tanto se trata de espectadores que en sí mismos representan retos continuos, que solamente el teatrista comprometido, como lo son quienes participan de esta compañía, sabrán solucionar con el único fin de preservar el teatro, un ritual flexible con infinitas capacidades de adaptación.

zavel-firma

 

Críticas

Exceso de equipaje ¿Dónde guarda uno la primera mirada de amor?

por Zavel Castro 21 abril, 2016

La ópera prima en materia de dirección de Pilar Cerecedo merece nuestras mejores atenciones, no sólo por la dificultad del salto que implica cambiar de posición (de ser quien ejecuta la acción a ser quien la dirige), sino por lo airosa que ha salido de esta complicada transición de rol. Cerecedo ha conseguido ofrecer una obra dinámica, familiar, fresca y recomendable para todo público.

Evidentemente el contar con actores de la talla de Romina Coccio (de quien siempre alabaremos su natural disposición a la comedia) Miguel Conde ha facilitado la tarea; el equipo en conjunto[1] ha conseguido crear varios personajes perfectamente dibujados, con caracteres propios, hechos a la medida de cada uno de ellos y en funcionamiento a cada situación.

La coherencia de la obra se consigue no solo por el buen seguimiento de la narración que en ningún punto resulta confusa, sino también gracias al visible trabajo que hubo bajo el escenario en el que los actores y la directora establecieron los rasgos, voces y actitudes específicas que tendrían Coccio y Conde en cada momento. En este punto es necesario aclarar que si bien la obra se desarrolla únicamente con dos actores en escena, cada uno interpreta una variedad de personajes femeninos y masculinos según sea el caso, que responden de manera exclusiva a cada una de las escenas (15 microdramas, quince situaciones de quince parejas distintas) por medio de las cuales se desarrolla sutilmente, entre líneas un discurso sobre el amor y la supervivencia de las relaciones de pareja.

En la obra escrita por Alberto Castillo, “la maleta” que aparece en escena casi como un personaje más, se resignifica dependiendo de la situación cobrando así un significado esencial y convirtiéndose en pieza central del montaje. ¿Qué puede llevarse uno en la maleta? ¿La primera mirada de amor? ¿El recuerdo de una tarde maravillosa? Este elemento protagoniza los momentos esenciales de toda relación amorosa: cuando dos extraños se conocen por coincidencia y deciden enamorarse uno del otro, cuando una pareja sale por primera vez junta de viaje, cuando las cosas funcionan, cuando la relación avanza y comienza a soportarse por comodidad y en el penoso momento del desencuentro, una vez que las cosas terminan, cuando nos resulta difícil intentar creer en alguien más, incluso en el amor mismo, cuando pedimos otra oportunidad y se nos rechaza, etcétera.

Como hemos dicho, tras el juego con los elementos (la maleta y el vestido de Coccio que se transforma en blusa, pashmina y lo que se quiera) se encuentra un discurso esperanzador que toma la vida como un camino infinito en el que no se puede hacer más que avanzar, siempre un paso más adelante, siempre más allá. La maleta sirve para guardar cosas, para llevar aquellos objetos que nos serán útiles en nuestro caminar. “En la maleta se guarda la mejor versión de uno mismo”, se toma lo más favorecedor y se deja lo que no corresponde al ideal que nos hemos hecho de quienes queremos ser y parecer. En una maleta se depositan los secretos, pero sobre todo siempre es necesario vaciarla antes de volver a empezar (de ahí que la elección de la valija resulte tan importante para la vida de cualquiera). Todo fracaso es un aprendizaje. La vida sigue y con ella nuestro equipaje, especialmente la carga emocional. El mensaje de la obra es pues, que al igual que Cerecedo con esta primera puesta –a la que esperamos le continúen bastantes- saldremos triunfantes.

 

zavel-firma

 

Notas

[1] Cerecedo comentó con nosotros la dicha que significa contar con actores participativos en la creación escénica, que no sólo acaten sino que también propongan.

Reflexiones

Nuestro Primer Aniversario

por Zavel Castro 10 abril, 2016

Ha pasado un año desde que decidimos ampliar por nuestra cuenta las fronteras de la crítica de teatro en México hasta ahora prácticamente endogámica, reducida al boca en boca de la gente de teatro hacia su gremio, a minúsculas secciones en los diarios de circulación nacional, apenas reseñas de una cuantas líneas o columnas marginales que más que estudiar el fenómeno teatral, o hablar del maravilloso e infinito campo de posibilidades que representa este, se conformaban con el juicio y la recomendación superficial.

La crítica de teatro entonces parecía tener únicamente dos posibilidades: o confinarse al olvido o a un reducidísimo público especializado en el ámbito académico, o bien, seguir las fórmulas de las revistas de espectáculos, simplificando los contenidos para hacerlos digeribles y graciosos, llamando la atención mediante la forma, colocar al espectáculo por encima del rito.

Una noche regresábamos a casa conmovidos como nunca antes tras haber aplaudido de pie una función de “Terrenal” de Mauricio Kartún en el Teatro del Pueblo. Además, habíamos asumido desde hacía tiempo nuestra admiración por el trabajo y el contagio del mismo tras las cátedras y lecturas de Jorge Dubatti. Queríamos prolongar indefinidamente esas emociones. Queríamos cristalizarlas.

Bajo un golpe de inspiración, tras la búsqueda de un espacio donde ejercitar nuestro pensamiento y opinión argumental, presas de una apasionada vocación como investigadores y hacedores, decidimos abrir este espacio off para hablar de nuestra pasión más acusada.

Quisimos documentar nuestros estudios por el valor incalculable que atribuimos a cualquier archivo, quisimos formar una familia vinculada por el amor al teatro en Buenos Aires (donde además admiramos su Modelo de práctica crítica y quehacer Teatral) y en la Ciudad de México; nuestro alcance geográfico ha aumentado así como el equipo creativo y colaboradores en Aplaudir de pie.

Quisimos romper la endogamia y la superficialidad. Creemos que vamos por buen camino. Vale la pena detenerse a agradecer con el corazón a quienes hacen esta página posible y a quienes se ha tomado el tiempo de leernos y compartirnos. Estamos más que contentos.

Críticas

La pasión según Tito. Carcajadas en el funeral de Jesucristo.

por Zavel Castro 24 marzo, 2016

A sus diecinueve años de presentaciones intermitentes, este espectáculo es una muestra de madurez escénica que se traduce en el dominio total del género de cabaret en México. Escrita, dirigida e interpretada por Tito Vasconcelos, acompañada por Luis Esteban Galicia, “La pasión según Tito” es una muestra precisa de teatro de primer nivel que sobretodo respeta la esencia original del rito: el entretenimiento –en su versión aleccionadora sin por ello ser catedrática o impositiva.

Pasión-Tito2
​

Tito Vasconcelos disfrazado de María Félix, a su vez caracterizada de María Magdalena, presenta la puesta ante los ojos entusiasmados de los espectadores, quienes de inmediato conectan con su simpatía. Y es que si algo podemos decir de la mayoría de los representantes de cabaret en nuestro país (como lo es La Nave de las Locas, la compañía del propio Tito) coinciden en ser poseedores de un carisma que resplandece sobre las tablas.

La puesta, dice María Félix/María Magdalena fue escrita con la intención de reinterpretar “Misterio Bufo” de Darío Fo Contextualiza un poco más sobre qué es “Misterio Bufo”. El resultado de la reinterpretación es una crítica “no a la religión, sino a su club de fans”, aquellos que malinterpretando las escrituras y han creado una doctrina sostenida en conceptos misóginos, de los cuales la sociedad ha hecho uso para maltratar y excluir principalmente a las mujeres y a los homosexuales.

El desarrollo temático de la obra (la exposición de los distintos discursos ¿cuáles?) acompaña a los personajes en su visita al funeral de Jesucristo, quienes pretextando la narración de sus últimos días (“La Pasión” ¿por qué con comillas? y crucifixión), reflexionan sobre la realidad nacional. La crítica a las consecuencias al fanatismo religioso se funde con un señalamiento constante a los defectos enraizados de los mexicanos, defectos que ninguno de nosotros negaríamos, de ahí que las carcajadas por parte del público son interminables: sólo podemos reírnos de lo que reconocemos.

Asentimos sonrientes a las palabras de la Virgen de Guadalupe (Luis Esteban Galicia), quien monologa acerca de la falta de respeto a la figura de la madre reconocible en nuestras altisonantes expresiones cotidianas, así como ante el discurso de una “típica señora de clase media-baja” (Vasconcelos), que guiada por la necesidad acepta todos los obsequios que le ofrecen los distintos partidos políticos por apoyar sus marchas y manifestaciones y que doliente cuenta pasajes bíblicos en los que supuestamente ella vio manifestarse la santidad de Jesús: milagros como la resurrección de Lázaro (Galicia) quien vuelve a la vida para defender los derechos de la comunidad homosexual (respeto, matrimonio y adopción); o la conversión del agua en vino en las boda de Caná, con lo que se niega el estigma a las bebidas alcohólicas.

Los discursos de los personajes reniegan de los prejuicios que la Iglesia Católica ha insertado en la mentalidad mexicana, lo cual le otorga a “La Pasión según Tito” una cualidad de frescura inagotable. La puesta, se renueva incesantemente dependiendo de los acontecimientos del país, lo cual justificó la mención en esta temporada (en el convivio que presenciamos) de los cuarenta y tres estudiantes desparecidos en Ayotzinapa, y el candor perceptible por las elecciones delegacionales.

En todo sentido este montaje tiene un perfecto timing, de tal suerte que aplaudimos la inserción de las temáticas actuales en el texto original escrito por Tito, tanto como las brillantes interacciones con el público, que, si bien va dispuesto a dejarse llevar por la ficción lúdica propia del cabaret, podría incomodarse por las interpelaciones directas de los personajes. Al contrario, pareciera que cada uno de los asistentes espera su turno para participar y que se siente contento cuando llega la hora. Ya sea contestando alguna pregunta: “¿Eres católico?”, ¿Por quién vas a votar?” “¿Qué quiere decir cuando gritan me tienes hasta la madre?”, o acompañando con palmas y voz las letras de las canciones de conocimiento popular que enlazan o concluyen los monólogos.

Sin mayores recursos que una tela de fondo en la cual se ha pintado una tumba fastuosa, los vestuarios de los personajes confeccionados en atención a la practicidad y verosimilitud más que al lucimiento estético, dos telas que representan el manto sagrado, la sábana de Jesús, así como un acompañamiento en vivo con música de piano; “La Pasión según Tito” es una increíble lección para la comunidad artística en cuanto a experiencia escénica y para nosotros los espectadores significa un momento de lozana alegría. Recomendable sobre todo y sin duda por su entretenimiento profundo basado en la comicidad representada de manera excepcional.

¡Larga vida al Youkali Cabaret!

Newer Posts
Older Posts

TALLERES

  • Taller Virtual de Dramaturgia
  • Taller/montaje internacional de actuación en línea
  • Taller de monólogo teatral
  • Asesoría en dramaturgia
  • Cursos y talleres de dramaturgia
  • Ricardo Ruiz Lezama-Perfil y obras

Síguenos

Twitter Instagram

Entradas recientes

  • Me acuerdo. A propósito de «¿En qué estabas pensando?» Por Luis Javier Maciel Paniagua
  • Hasta encontrarte: una crítica epistolar desde la deuda a las madres buscadoras. Por Laura Cárdenas (Lalis)
  • Casi Normales. Crítica epistolar al personaje de Diana. Por Isabel Agurto.
  • Monstruos en el parque: crítica epistolar a Sergio Arrau. Por Sergio Velarde
  • Me acuerdo. A propósito de «Nosotras que nos queremos tanto» Por Sergio Velarde.

Recomendaciones

© APLAUDIR DE PIE 2021 | PATCH NETWORKS