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Reseñas

El rap se coló (otra vez) en la fiesta de los intelectuales

por Zavel Castro 9 mayo, 2018

El pasado 5 de mayo en el marco de la Feria del Libro de León, celebramos mucho más que la Batalla de Puebla; fuimos parte de la consolidación de la comunidad hiphopera de Guanajuato, dentro del Telón de la Palabra fuimos testigos de la integración de la cultura urbana dentro del aparentemente cerrado circuito de la alta cultura representada por  algunas editoriales e instituciones gubernamentales del país. Insertar el rap en este circuito podría interpretarse como un aburguesamiento del género, sin embargo, la decisión del jurado se encargaría de definir y representar el espíritu del proyecto, si en efecto, se apoyaría al rap y al acercamiento a la literatura como expresiones sociales de moda ejercidas como privilegios, o por el contrario, como poderosas armas discursivas de esencia popular y revolucionaria con efecto masivo.

El rap logró colarse a la fiesta de los intelectuales en voz de los 6 finalistas de la segunda edición del certamen “Érase una vez rap” organizado por Sara Pinedo y Cuauhtémoc Vázquez, merecedores de todos los agradecimientos por su esfuerzo e interés auténtico en fomentar eventos alternativos con los cuales puedan identificarse los jóvenes de Guanajuato. Su entrega hizo posible el crecimiento exponencial del evento, pues de la primera edición a esta segunda puedo asegurar sin exageración que el concurso mejoró en todos los aspectos. El nivel subió para hacerle honores al hip hop como transformador de contextos y consciencias.

Los participantes del concurso tenían la encomienda de reinterpretar cualquier cuento o novela de cualquier autor latinoamericano. Con esto la literatura daría cuenta de que el rap es solo otra de sus infinitas caras, acaso una de las más frescas y poderosas. Subieron al escenario los elegidos para hacer uso de esa poderosa arma discursiva. El jurado conformado por los raperos Jezzy P y Jesús Camacho y el poeta Rojo Córdova, se encargó de evaluar su desempeño como liricistas al micrófono. Actitud, habilidad con las palabras y rimas, reapropiación del discurso de las narrativas elegidas y dominio del espacio fueron algunas de las cualidades evaluadas en los participantes presentados por Cut López, maestro de la ceremonia.

“El Furcio”, representando orgullosamente a la comunidad de San Juan de Abajo dio inicio a la presentación de los materiales con un rap inspirado en “Pinches Chamacos” de Francisco Hinojosa, reinterpretando la anécdota del cuento hacia su realidad, siendo realmente los pinches chamacos de su comunidad, los protagonistas de un nuevo cuento rapeado por una estrella en ascenso. El campeón sin corona.

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Después del Furcio siguieron MC Ayor con “Macario” de Juan Rulfo, Prosa seria con “La región más transparente del aire” de Carlos Fuentes, Wadem con “El almohadón de plumas” de Horacio Quiroga que se llevaría el tercer lugar, Karvyj, quién con su estilo sui generis llevado al límite presentó su interpretación de “Alimento de sol” de Horacio Quiroga y terminó siendo el segundo lugar del certamen, con lo que dio cuenta de la libertad y capacidad de las hiphoperas de definirse a sí mismas sin restricciones. Ser como quieran ser. Después de Karvyj, siguió Aramara quien con su impecable flow y dominio escénico (Aramara también ha destacado como actriz en otros proyectos) conquistó el primer lugar con “Historias de cronopios y famas” de Julio Cortázar. Es necesario detenerse en el hecho de las dos mujeres que resultaron ganadoras, pues esto dice algo importante sobre el clima cultural actual en el que el feminismo ha surtido efecto. A comparación de hace algunos años en las que el rap interesaba a muy pocas mujeres, ahora no solo participaron más chicas sino que se llevaron la victoria. Enhorabuena: poco a poco el rap ha dejado de entenderse como un género dominado por los hombres. Ojalá que la impronta del rap pronto alcance sitios cada vez más lejanos.

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Más allá de los primeros lugares, la segunda edición de Érase Una Vez Rap se concentró en unir a la comunidad de raperos y así incentivar el carácter pacífico y el apoyo de unos a otros. Demostrando además la existencia de la mítica nación hip hop, así como de su búsqueda de refinamiento cultural. Érase Una Vez Rap es una iniciativa para la cual no tengo más que buenos deseos, relato y corazón porque reconozco sus buenas intenciones. Un proyecto que merece larga vida.

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El concepto de justicia está en reconstrucción

por Zavel Castro 29 marzo, 2018

Si de por sí es difícil encontrar una obra digna en su tipo, es decir, que cumpla con los requerimientos básicos de lo que debe ser una obra de teatro o un performance, una instalación, un recorrido o una coreografía, es aún más complicado que se constituya como una experiencia estética que trascienda la intención básica inmediata: entretener al público a medida que sirve como expositor de las habilidades de los intérpretes. Pocas hay que van más allá de esto y,  siendo un reto para las que concentran su atención en solo un arte ¡Imagínense lo que pasa con las obras multidisciplinarias! Cuando cumplen simultáneamente con dos o más quehaceres propuestos y además transmiten emotivamente algún discurso, es algo verdaderamente sorprendente y sastisfactorio para el público.

Do Not Disturb. El concepto de justicia está en reconstrucción es, precisamente, una obra de danza-teatro dirigida por Jessica Sandoval que resulta ser todo lo que promete: una experiencia inmersiva basada en las historias de Medea y Antígona”. El trabajo se plantea en dos recorridos simultáneos: aquel que implica el desplazamiento de los espectadores a través de distintos espacios del teatro (dependiendo si el espectador elige seguir a Antígona o a Medea) y otro íntimo que ocurre dentro de cada persona a manera de reflexión e impacto mientras es atravesado por las potentes imágenes coreográficas, la música de Luis Felipe Tapia y la historia de alguna de estas mujeres, cada cual actualización de un mito que en primer momento representa la figura la mujer enamorada y herida, para ser, finalmente arquetipos de rebeldía y de liberación.

La historia de Antígona la reclamadora de justicia para su hermano y Medea, la amante que dio todo por un hombre que la abandonó, se cuenta a partir de los personajes principales de cada mito, los amantes de cada una, los supuestos dueños de su suerte, sus verdugos y sus víctimas. A propósito de las interpretaciones destacan Miguel ángel López y Gabriela Rosero. Quienes nos hacen sentir toda la furia apasionada de la que son capaces sus personajes.

La fusión en sus múltiples muestras dentro de la obra resulta estupendamente lograda: los intérpretes con sus personajes, sus cuerpos con el carácter de los mismos que los lleva a realizar movimientos impulsivos con toda precisión, el movimiento con el mensaje, el espacio con las coreografías, la música como acompañamiento dramático para cada espectador. Do Not Disturb. Es una experiencia emocionante que vale mucho la pena. Al final, el público, con el corazón acelerado, revisará su concepto de justicia y elevará sus parámetros a la hora de buscar un espectáculo que mantenga su interés y que además supere la misión de ser meramente una demostración de las habilidades de los intérpretes. La elección de resignificar dos de los mitos femeninos más poderosos de la tradición griega y aterrizarlos a nuestro tiempo es, sin duda, su mayor acierto.

Zavel

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Teatro Prozac. Todos los peces de la tierra.

por Zavel Castro 31 enero, 2018

Es cierto: a los críticos nos encantan las categorías. Contrario a lo que se piensa, lejos de limitar al objeto de estudio, la clasificación multiplica su posibilidad de comprensión, especialmente porque no existe ninguna objeción válida que nos impida nombrar todas las categorías que se nos ocurran para entender algún fenómeno. Así pues, puedo permitirme “dividir” las obras de teatro entre las que son depresivas o emocionalmente potentes y dirigen al espectador a profundizar en sí mismos y transitar sensaciones complejas, y aquellas más sencillas, cuya única intención es levantar el ánimo del público, obras del tipo de superación personal, obras antidepresivas, obras de «si se puede», “teatro prozac”.

El teatro antidepresivo sería aquel que mediante su trama contagia a los espectadores de buen ánimo, aconsejándolo de seguir adelante en tanto que le asegura un mañana mejor. A este tipo pertenece “Todos los peces de la Tierra”, obra escrita por Bárbara Perrín y dirigida por Alejandro Ricaño. La narraturgia relata la historia de “Marina” una niña que pierde definitivamente a su madre y posteriormente a su padre. Solo que en el segundo caso se trata de una misteriosa desaparición que obliga a la niña a ir en su búsqueda de ser necesario hasta el fondo del mar.

 Durante su viaje simultáneo hacia el fondo del mar y al interior de sí misma, Marina, interpretada por Gina Martí, es acompañada por su voz interior, conciencia o recuerdo de infancia (podemos interpretarla de distintas maneras), encarnada por Adriana Montes de Oca (con una actuación destacable). Este personaje anima a Marina en las distintas etapas de su trayectoria, recordándole a cada momento la importancia de superar sus problemas y dejar atrás todo aquello que la atormenta y lastima.

La historia familiar de Marina le provoca un vacío difícil de llenar, obstaculizando cualquier logro que se proponga. La niña se volverá mujer una vez que transite tres universos distintos que convocan tres distintos lenguajes y universos semánticos.[1] Mediante la palabra, el espectador es provocado a imaginar un paisaje de flores, un mundo configurado por los movimientos de karate y finalmente el mar y todas sus criaturas maravillosas. Es así como ella ha comprendido el mundo y como puede explicarlo. Desde pequeña su padre le dijo que era una sirena y ella quiso creerle. Y quiso seguirlo hasta el fin del mundo aunque estuvieron demasiado tiempo separados. Lo que ella amaba era la idea de su padre. Amaba su ausencia y presencia. Al final aprende a quererse más a ella misma y a buscar su libertad.

En la obra destaca también el vestuario creado por Mauricio Ascencio, que contiene a su vez el paisaje marino y el vegetal que se invocan en la historia.  “Todos los peces…” es una palmadita en la espalda y un empujoncito para todos aquellos que se sienten perdidos o que han caído y no tienen ganas de levantarse.

Zavel

 

[1] No estoy segura de que esto sea un acierto en tanto que estos tres universos se muestran de manera parcial y no consiguen generar metáfora o sentido por la velocidad en la que pasan. Demasiado deprisa para que podamos disfrutarlos.

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Mujeres Poderosas en el NH

por Zavel Castro 12 enero, 2018

Nos emociona imaginar que en un futuro cercano o remoto, pero de algún modo posible, siempre y cuando empecemos a construirlo, muchas barreras habrán de caer. En lo que al mundillo del teatro respecta, resulta casi vergonzoso continuar con la tradición de catalogar obras para discriminar unas de otras por tipo o naturaleza –dramáticas o posdramáticas, comerciales o artísticas- o por el público al que van dirigidas –niños, jóvenes, adultos, mujeres, etcétera-; especialmente cuando estas divisiones no hacen más que fomentar prejuicios, fragmentando el quehacer artístico mientras que los creadores se vuelven territoriales, resentidos e intolerantes, luchando unos contra otros sin que esto beneficie más que a sus vanidades.  La terquedad que nos lleva a catalogar una obra de determinada manera porque solo así suponemos comprenderla, nos priva de disfrutar de múltiples variaciones de experiencias estéticas.

Por fortuna, Olivia Ortiz de Pinedo, comparte nuestras miras de largo alcance cuando como programadora sabe reconocer el valor de todo tipo de teatro y fomenta su visibilidad. Lo único que importa es la calidad de los espectáculos y con el caso de “Mujeres poderosas”, ciclo a su cargo, también se preocupó por que el mensaje de las propuestas fuera socialmente relevante. Bajo la consigna de encontrar cinco monólogos que trataran temáticas que llevaran al espectador a una toma de conciencia, Ortiz de Pinedo conjuntó a un grupo de artistas de la más alta calidad. Así pues tendremos oportunidad de ver en escena a Paola Izquierdo con “De príncipes, princesas y otros bichos”,  César Enríquez con “La Prietty Guoman”, Paola Madrigal con “Debotas al Votox”, Abril Mayett con “La Verdura Carnívora” y Adriana Moles con “Divas de corredor”.  Todas las obras garantizan un entretenimiento consciente, todas cuentan con brillantes momentos en tonos cómicos que devienen en “risas éticas” con lo que se demostraría no solo el poder transformador del teatro sino del humor mismo.

La dureza de los temas expuestos en las obras como la violencia, la trata infantil, la discriminación, la presión social que obliga a seguir ciertos parámetros de belleza, atañen a la sociedad en general. En teatro debe ser su gran escaparate y debe a la vez hacerlos más ligeros y dolientes: no importa que nos podamos reír con ellos, también y sobre todo nos tienen que importar. Tenemos que salir de la sala un poco más humanos de como entramos a ella. Dejar en la butaca algún prejuicio. Cosa que seguramente pasará en el Teatro NH de la zona rosa de la Ciudad de México con “Mujeres Poderosas”, un punto de encuentro intencional entre la estética y la ética. Teatro útil.

Zavel

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El loco y la monja

por Aplaudir de Pie 27 noviembre, 2017

La locura tiene que ver con vivir en una realidad distorsionada por la propia mente del que la padece, lo cual causa sufrimiento, y puede poner en peligro la vida del afectado y la de las personas a su alrededor; bajo esta premisa podría asegurar con mínimo temor a equivocarme, que todos estamos, al menos, medio locos, pero aquéllos que, por circunstancias fisiológicas o empíricas, resultan más afectados por la distorsión, tienden a hacer evidente el problema, y los “especialistas” se ponen manos a la obra para auxiliar a los “pacientes”.

Una forma sensata pero cruel de tratar este padecimiento es el encierro, por practicidad funciona, porque se aisla a los individuos que resultan una amenaza, pero no estoy segura si sea la mejor forma de rehabilitar a alguien que se la está pasando mal con lo que pasa dentro de su cabeza.

“El loco y la monja”, de Stanislaw Ignacy Witkiewicz, dirigida por Magdalena Magrini, nos cuestiona a cada momento sobre quién es el verdadero loco; aprovechando, con sensibilidad e inteligencia, las variadas posibilidades que ofrece el Konex, la obra tiene una introducción que se desarrolla en diferentes espacios, metiendo de a poco al espectador en el universo del hospital psiquiátrico, conociendo a los personajes de antemano, y provocando que la habituación al ambiente lúgubre y oscuro sea cómoda y casi natural. Finalmente, la puesta se desarrolla en una especie de teatro arena, con una jaula en el centro, habitáculo del loco retenido en cuestión, Walpurg, el poeta que perdió la cabeza.

Las acertadas actuaciones de Javier Otero, Jazmín Cancian, José Araujo, Matías Beron, Sandra Arcuby, Santiago Andrés Cabrera Laporta, Catriel Remedi y Rodrigo Medrano, tienden a lo entrañable, y se aplaude el compromiso de los ejecutantes con el proyecto.

La música en vivo, a cargo de Romina Piubel, Luciano Agustín Roa y Nicolás González, acompaña perfectamente el transcurrir de la obra, aporta de manera discreta pero presente a la atmósfera de encierro y confusión que propone el montaje. Me parece uno de los mejores aciertos de la puesta.

Y finalmente, Cintia Ledesma nos ofrece una escenografía impactante, digna de las mejores críticas, que crea un universo paralelo donde, desde el principio, provoca sospecha acerca de la cordura de los cuerdos, y la locura de los locos.

Este proyecto reúne a profesionales en formación, creando un equipo espectacular, donde cada uno puede ocuparse magistralmente del rol que le corresponde, así debería ser siempre.

“El loco y la monja” deja un sabor agridulce en la boca después del apagón final, los aplausos lo evidencian, y los rostros sonrientes de los espectadores se ven trastocados por una confusión existencial, podría jurar que todos nos fuimos a casa con el overthinking encendido.

¿Quién está más loco, el que se despierta gritando por las noches o el que cree que lo puede curar?

Manya

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5to Encuentro Internacional de Clown

por Ricardo Ruiz Lezama 27 noviembre, 2017

…”te quiero en mi paraíso

es decir que en mi país

la gente viva feliz

aunque no tenga permiso”.

Mario Benedetti

La risa es revolucionaria, más aún en un contexto en el cual los medios parecen decir a diario: “deprímase y suicídese, no existe salvación”. Cuando parece que no hay a donde voltear la mirada se agradece la existencia de esos seres que traen un poco de esperanza dentro de todo el desasosiego: los clowns. Estos personajes parecen sostener que siempre hay motivos para reír y que vale la pena vivir un día más.

Los clowns viven el momento, luchan incansablemente por lograr cosas como quitarse un zapato o ponerse un sombrero, no saben rendirse. Con su lucha parecen decirnos que hay que hacer hasta lo imposible para lograr lo que se quiere. En su esencia está el espíritu revolucionario. Sus armas son el humor y la poesía.

Desde hace cinco años se celebra en la ciudad de México el Encuentro Internacional de Clown, donde se presentan los mejores exponentes de este arte, tanto de México como del mundo. Este año los países invitados fueron Suiza, Israel, Estados Unidos, Brasil y Canadá. Aquí te platicamos un poco cómo estuvo, en esta ocasión pudimos asistir solo a unos cuantos eventos, pero estaremos pendientes el próximo año para ir a más y disfrutar en grande de este gran evento.

Bianco su Bianco, Suiza

Bianco

Desde hace años el autor y director Daniele Finzi Pasca sé ganó el corazón del público mexicano. A partir de que presentó su unipersonal Ícaro, hasta la fecha, sus seguidores han ido en aumento, sus montajes siempre generan mucha expectativa y son bien recibidos. Sus puestas en escena se caracterizan por utilizar elementos circenses, metáforas visuales, construcción de mundos oníricos y poéticos; todo permeado con humor blanco.

Este año presentó junto con su compañía el montaje Bianco su Bianco -escrito y dirigido por él-, obra para una actriz, Helena Bittencourt, y un actor, Goos Meeuwsen. Mediante una narración lírica, ambos intérpretes reconstruyen la historia del encuentro de un hombre con moretones hasta en el alma y una mujer enamorada de la luz de las lámparas. La obra, muy divertida en varios momentos y altamente conmovedora en otros, -sello de calidad de Finzi Pasca-, inauguró con el pie derecho y puso la vara muy alta este 5to Encuentro Internacional de Clown.

Under Construction, Israel

DAVAI

DAVAI Group es una compañía de teatro fundada por tres artistas independientes: Fyodor Makarov, Losha Gavrielov, y Vitaly Azarin. En su sitio de internet mencionan que utilizan elementos de clown, música y circo para “llevar la alegría del teatro al público”. Sin duda esto fue lo que lograron con sus múltiples presentaciones en la ciudad de México.

Su espectáculo Under Construction tiene una premisa muy sencilla. Tres personas quieren tomar té. Pero para esto tendrán que prepararlo y es así que se ven inmersos en las más hilarantes y absurdas situaciones. Un humor que recuerda a aquellas inolvidables películas cómicas del cine mudo, pero con un toque extravagante y único que el grupo le imprime. Sin duda una de las obras más exóticas del encuentro.

Synapse, Quebec

Synapse

La compañía Théâtre Biscornu presentó su obra Synapse, una propuesta fundamentalmente creada a partir de la pantomima y el humor físico, elementos sustanciales del trabajo de la compañía desde su fundación. Esta puesta en escena narra la forma en que tres oficinistas encuentran en el juego una forma de liberarse de la presión que produce el trabajo monótono.

Múltiples situaciones y escenarios -creados solo con el trabajo del cuerpo y los gestos de los interpretes, François-Guillaume LeBlanc, Philippe Perreault y Nicolas Tondreau-, son mostrados para disfrute y entretenimiento del público, recordándonos que para que haya teatro no es necesario nada más que actores y espectadores.

Sin duda las obras que pudimos ver eran de un nivel excepcional. Y lo mejor es que los precios eran sumamente accesibles, había muchas promociones, además de varias funciones gratuitas. Claramente este encuentro es uno de los más interesantes de la Ciudad de México y procuraremos estar al pendiente de las demás ediciones. Principalmente porque hoy más que nunca necesitamos reír.

Ricardo

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Viejo, solo y puto

por Aplaudir de Pie 30 octubre, 2017

Hay un florido abanico de posibles refugios donde escondernos cuando la vida nos rebasa y ya no estamos en talla ni física, ni mental, de meternos entre los brazos de la correspondiente progenitora; drogas y amores tóxicos son los favoritos de la mayoría por excelencia, porque emborracharnos nos hace olvidar lo que nos duele, que no fuimos lo que quisimos y que somos lo que somos, por ejemplo, y amar enfermamente nos hace obsesionarnos y no pensar en otra cosa, nos ayuda a focalizar el insoportable dolor de la existencia en una sola herida.

Y olvidarnos de todo, una vez que nos convertimos en adultos hechos y derechos, es lo único que nos queda, porque a pesar de que juguemos a ser lo que queremos, el vacío del fondo no se llena con nada, y si permanecemos demasiado tiempo observándolo, nos consume.

“Viejo, solo y puto” de Sergio Boris, explora sin censura los escondites y recovecos más oscuros de los desolados personajes que propone, los cuales intentan, con todas sus fuerzas, refugiarse lo más pronto posible, en algo que los destruya lento pero seguro.

Por la armonía perfecta de cada una de sus partes, su estética impecable y su transgresión profundamente honesta, esta obra ha logrado permanecer cinco años en cartelera, y ha viajado alrededor del mundo a varios festivales, siendo los últimos Una mirada al mundo, en Madrid, España; MA Scéne National, en Montbeliárd, Francia; Teatro Central, en Sevilla, España; Festival Cena Brasil Internacional, en Rio de Janeiro, Brasil; y Teatro Solis, en Montevideo, Uruguay, todos en 2016.

La acertada y, como siempre, perfecta escenografía a cargo de Gabriela A. Fernández, nos transporta a la trastienda de una farmacia del conurbano, donde, entre estanterías laberínticas, se desarrolla una pequeña e improvisada fiesta para celebrar que el hermano menor de dos, que son dueños de la farmacia donde se desarrolla la obra, se ha recibido de Doctor en Farmacia y Bioquímica; los asistentes a la reunión son el impune hermano mayor, un visitador médico de dudosa procedencia, y dos chicas transexuales que disfrutan de inyectarse hormonas y salir de fiesta; estos cinco personajes son deliciosamente interpretados, con una sensibilidad y una humildad que se agradecen por carecer totalmente de juicio moral sobre los personajes, por Marcelo Ferrari, Darío Guersenzvaig, Federico Liss, David Rubinstein, Damián Smajo, vestidos y tuneados magistralmente por la mismísima Gabriela A. Fernández.

La forma en la que “Viejo, solo y puto” está escrita y dirigida por Sergio Boris, aunado a las excelentes actuaciones, nos da la ilusión de estar presenciando, subrepticiamente, una escena de la vida real, esta sensación de voyerismo se acrecienta mientras transcurre la obra, la situación se antepone a la letra, y como espectadores, somos llevados de la mano para aceptar esta convención en todo momento.

“Viejo, solo y puto” nos regala una hora y cuarto de personajes con los que nos identificamos incómodamente en todo su patetismo; nos ofrece situaciones con las que en general volteamos la cara, pero que disfrutamos viendo de reojo con morbo y cierta malicia. Nos da la oportunidad de darnos cuenta de que todos somos, en mayor o menor medida, viejos, solos y putos.

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Del Manantial del Corazón

por Zavel Castro 9 octubre, 2017

José Juan Meraz tiene razón al decir, que si bien tras el sismo volvimos al teatro, ya no somos los mismos. Estoy segura que muchos de nosotros nos costó trabajo regresar a ver o a dar una función. Los días que sucedieron a la catástrofe algunos dudamos sobre la función y utilidad del quehacer escénico como reconstructor social en algún nivel y sentíamos que asistir a función era innecesario y superficial. No estábamos para ningún tipo de vanidad. No había nada más importante que intentar ayudar a quienes lo necesitaban.

Sin embargo, con el paso de los días sentíamos la necesidad de regresar allí donde sentimos que pertenecemos, allí donde solemos mirar el mundo, donde nos sentimos arropados, bienvenidos y seguros. Estábamos escépticos pero nos urgía un abrazo y nunca hemos sentido mayor calidez y tranquilidad que en el teatro. Entonces, en cuanto se renovaron las actividades artísticas quisimos elegir muy bien a qué obra le entregaríamos nuestra angustia a cambio de consuelo. Afortunadamente, dimos con la obra correcta.

Fotografía: Darío Castro

Fotografía: Darío Castro

 

“Del Manantial del Corazón”, escrita y dirigida por Conchi León es quizá una de las mejores obras que hemos visto para calmar el alma. Atribuimos la excelencia del montaje a la honestidad que atravesó su concepción, desarrollo y propósito. Sincera desde su origen, al no pretender imitar algún modelo como hacen tantos «creadores» tratando de ajustar sus propuestas a parámetros extranjeros que piensan como superiores o innovadores y asumir el contexto que la hizo posible, traduciéndolo y rindiéndole homenaje en cada elemento de la puesta.  Conchi, mexicana y yucateca orgullosa de sus raíces, invita al espectador a sumergirse en el universo maya que aún pervive y constituye la identidad de la región. El habla, la estética, la construcción de los personajes y la relación entre ellos, aromas, sabores, los majestuosos textiles, religiosidad, ritos, ideas y costumbres, todo está ahí tal como es, sin embellecer ni ocultar nada,  dando cuenta de una forma de vida y de una cultura rica y valiosa.

La honestidad también sostiene la trama, pues partiendo de testimonios reales, León ha escrito un viaje para tres simpáticos y conmovedores personajes femeninos en el que se maravillarán con el milagro de la vida y se enfrentarán a la amargura de la muerte. El ciclo vital relacionado con la maternidad y la pérdida de los seres queridos con el trascurso inevitable del tiempo. Nada más pertinente para estos momentos en que algunos tuvieron que despedir a sus seres amados y otros temieron no volver a verlos con la noticia de su desaparición.

 La intención del montaje es brindar un poco de alivio a todos aquellos que se quedaron con los brazos vacíos, pero también provoca que valoremos a quienes tenemos cerca. A que les digamos cuánto los queremos todas las veces que podamos y a que nos ríamos con ellos porque “reírse con alguien es otra forma de decirle que lo amas”.  En estos momentos todos necesitamos ver una obra como esta. Para seguir adelante. Para abrazar la vida. Para regresar al teatro. Para aplaudir con el corazón entre las manos.

Zavel

 

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Los dolores

por Aplaudir de Pie 5 octubre, 2017

Las enfermerías son lugares a donde se acude para que te den primeros auxilios, te curen, te estabilicen, te saquen de peligro; uno acude seguro de que recibirá eso y en toda su ignorancia, se entrega, porque hay momentos en que lo único que se puede hacer es confiar, pero definitivamente hay cosas que ni doctores, ni enfermeras pueden arreglar, el daño estructural es de raíz, es de conciencia, y de cambio lento, pero imprescindible. Desde una perspectiva política, “Los dolores” ocurre en una enfermería; cuatro historias cortas nos muestran una sociedad fracturada y caminando renga, pero, de vez en cuando, diciendo que está bien; materializada en heridos desorientados, moribundos indefensos, civiles preocupados, y especialistas de la salud corruptos o incompetentes, “Los dolores” nos hace reír, pero, en definitiva, nos duele.

“Vocación de servicio” de Andrés Binetti, con dirección de Tato Cayón, y las actuaciones de Malala González, Marcela Arza y Marcela Inda, nos sitúa en una enfermería de un hospital privado donde un par enfermeras practican sus cantos, ya que han decidido formar un coro, aunque por ahora sean sólo ellas dos; la llegada de una “chica nueva” que había venido trabajando en hospitales públicos, y el coincidente ingreso al hospital de una diputada, (valga la redundancia) bastante grosera y clasista, que se cree Napoleón, ponen en riesgo la delicada estabilidad del micromundo de la pequeña enfermería, donde lo verdaderamente importante es hacer que un político parezca cuerdo por medio de sueros y medicamentos, y cantar en el tono correcto.

“El alma intacta” de Héctor Levy-Daniel, con dirección del autor, las actuaciones de Juan Carrasco, Martín Ortiz y Viviana Suraniti, y música en vivo por parte de Eugenio Chuke y su violín, nos muestra a una mujer con una herida mortal de bala en el tórax; un médico a su lado intenta mantenerla con vida, pero está imposibilitado por no tener los recursos necesarios para operarla; mientras tanto, un extraño se ha colado subrepticiamente a la sala, decidido a llevarse el cuerpo. El médico duda, pero se resiste a entregar a la mujer, para él, es una persona, y aunque su último aliento haya escapado de su boca, seguirá siéndolo; podrán matarnos, pero nunca acabarán con nosotros, el alma está intacta, y los asesinos son ciegos, jamás identificarán su verdadera ubicación.

“Hasta más ver” de Mariano Saba, con dirección de Julio Molina, y las actuaciones de Juan Pascarelli y Pablo Mónaco, nos introduce a una sala de espera de un hospital bastante ineficiente, donde únicamente se encuentran un hombre herido con fuerte golpe en la cabeza, y otro que lo ha auxiliado para llegar hasta ahí; el herido está totalmente confundido, mezcla pasado y presente, pero lo verdaderamente importante permanece intacto en su cabeza. Quizás todos necesitamos un buen golpe para recordar. Finalmente, la memoria sobrevive al tiempo, al espacio y a la mala vida, emerge de entre los escombros, implacable, ante la provocación adecuada.

“Punto muerto” de Ignacio Apolo, con dirección del autor, y las actuaciones de Malena Bernardi, Mario Mahler, Pedro Galván y Silvia Kanter, une a dos generaciones en un hospital, el padre moribundo, que no se termina de morir, y los hijos que vienen a despedirse de una vez por todas, mientras una enfermera permanece expectante; cuatro diferentes formas de vida, con una gran imposibilidad para comunicarse, pero que conviven, y lo han hecho por mucho tiempo, reestructurándose, esperando siempre que el otro muera o desaparezca, pero eso nunca pasa, la coexistencia es la base de la supervivencia.

Un ciclo aséptico que se edifica sobre un tejido social enfermo y sufriente, pero con posibilidades de cura; cuatro obras que, en el momento histórico en el que vivimos, son necesarias para recordarnos que no volveremos a permitir que se repitan los errores, ni los horrores del pasado; que la corrupción es descarada y agobiante, pero que nosotros somos, quizás no más fuertes, pero que somos más; que la memoria puede esconderse en un cajón, pero que no muere.

El arte, sin lugar a dudas, es nuestra válvula de escape; es nuestro deber que el vapor que emane de ella provoque una toma de conciencia, modifique, y una, si, sobre todo eso, que nos una.

manya

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Terrenal

por Aplaudir de Pie 5 octubre, 2017

Caín y Abel viven en un terreno dividido en dos; está la mitad derecha, de producción morronera, motivo de orgullo, y trabajo arduo e incasable de Caín, y la mitad izquierda, donde libremente nacen de la tierra pequeños escarabajos torito, que Abel vende como carnada viva un día a la semana. Tatita dejo a los hermanos ahí hace veinte años, en un paraje desierto, se fue y no volvió; Caín lo espera seguro de que cada día es el que volverá, y Abel no espera nada, humildemente sabe que, él sólo sabe que no sabe nada.

Separados por una brecha ideológica infranqueable, Caín insiste en hacer físico el abismo, desea que Abel no pase a su lado del terreno, defiende su propiedad (incansable necesidad de la derecha de sentir que somos lo que poseemos), e intenta vivir en paz con ello, minimizando a su hermano, y enfocándose de lleno en el morrón. Abel observa amorosamente la vida y muerte de sus toritos, y cada tanto sale a divertirse, siente la distancia que provocan las evidentes diferencias con su hermano, pero las deja existir y fluir, aunque estas conlleven unos buenos puñetazos y patadas de vez en cuando.

La anhelada pero inesperada llegada de Tatita, rompe el delicado equilibrio que reinaba en el terreno, y orilla a nuestros protagonistas a transitar los sentimientos más oscuros que puede percibir el alma humana, y se dan cuenta, demasiado tarde, que el equilibrio de dos fuerzas se mantiene por su constante modificación con respecto a la otra, el choque es necesario para la evolución y la supervivencia.

Desgraciadamente, tanto en “Terrenal” como en la vida misma, la derecha no toma, en general, las mejores decisiones, y después de cometer el fratricidio, Caín espera obediente y manso su castigo, deseando con todo su corazón que lo reprendan, pero el único y peor castigo de todos es la condena de convivir por siempre consigo mismo, y de, sin percibirlo a primera vista, llevar a cuestas o entre las faldas, subrepticiamente, al menos un pedacito de la mitad izquierda, resplandeciendo, brillando, reclamando, bien viva, buscando, cambiando; para fortuna del mundo y de la vida, hay al menos uno en cada familia.

“Terrenal” ha sido merecedora de una infinidad de premios y menciones honoríficas en todas sus áreas, entre ellos, el Premio de la Crítica al mejor libro argentino de la creación literaria 2014, Mejor obra argentina y mejor actor de teatro alternativo (Claudio Rissi) en los premios ACE, el premio Teatro XXI a mejor obra dramática, etc. Así mismo, ha estado nominada para mejor vestuario y mejor escenografía.

Se trata de una obra que ha logrado la armonía por medio de la perfección de sus partes, que aportan a que el resultado final sea una de las composiciones escénicas más hermosas que he visto en mi vida. El texto de Mauricio Kartun, por su sensibilidad y belleza, cuenta con una vigencia permanente, mostrando la innegable heterogeneidad entre el sedentario y el nómada, entre la derecha y la izquierda, acertadamente ubicada en un contexto argentino. Las actuaciones de Rafael Bruza, Claudio Da Passano y Claudio Martínez Bel, y la dirección del autor, perfectamente amalgamadas, hacen un uso magistral de la técnica clown, que provoca risas de todo tipo entre el público, de esas que duele la panza por la desopilantes, y de esas que duele el pecho por lo confrontantes. La escenografía y el vestuario, por parte de Gabriela A. Fernández, nos sumergen en un mundo de gris y desolado, donde se respira una atmósfera vieja y gastada, donde se ha estado esperando algo por mucho tiempo; la perfección del diseño estético es tal, que con aparentemente pocos elementos, y un par de pantaloncillos cortados en el lugar justo, nos adentramos en el mundo de estos dos individuos, que llevan veinte años desamparados, mostrándonos que el tiempo es implacable y engañoso.

“Terrenal” me soltó tantas verdades disfrazadas de risa, que me dejó el alma compungida, pero llena de esperanza.

manya

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