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Biolenta. Una radiografía poética y cruda sobre la violencia de género

por Ricardo Ruiz Lezama 6 mayo, 2015

biolenta

La obra Biolenta es una radiografía poética y cruda sobre la violencia de género. Es un monólogo escrito por Carolina Vergara Olivetti, dirigido por Mariano Stolkiner, con la actuación de María Milessi y la música en vivo de Diego Valente.

Esta puesta en escena se presenta en La casona iluminada, dentro de la IV Edición del Festival Teatro Bombón; el cual consiste en presentar varias obras de calidad con duración de treinta minutos y en espacios no convencionales.

No habíamos tenido el placer de asistir a este ciclo y nos cuestionábamos qué tanta calidad podría tener una obra de tan corta duración. Pero descubrimos gustosamente que el tiempo nada tiene que ver con la gran calidad de las propuestas que están ocurriendo en este ciclo y específicamente de la que hablaremos hoy.

El espacio intervenido por el equipo creativo de Biolenta es una pequeña habitación. Esta resulta ideal porque desde que ingresamos genera una extraña opresión y nos hace sentir que invadimos la privacidad de la protagonista. De esta forma el espacio deviene en metáfora de su vida interna, de la cual ya somos cómplices aún sin haber puesto ella un pie sobre la escena.

El espectáculo inicia con un músico, Diego Valente, sentado en una silla y vestido de manera extravagante. ¿Quién o qué es? ¿Un sueño, un fantasma, una alegoría? Sea lo que sea esta presencia inquietante estará durante toda la función, a veces casi imperceptible y otras, perturbadora.

La actuación potente de María Milessi conmueve por mostrar descarnadamente su universo íntimo. La contundencia de sus evocaciones permite ver nítidamente todo lo que construye en su imaginación, tanto que a veces quisiéramos no ver, pero no basta cerrar los ojos porque su voz penetra hondamente en nosotros y vivimos la situación tan intensamente como ella. No hay salida, ese pequeño espacio se ha vuelto una prisión emocional, el laberinto de dolor que viven todas las mujeres maltratadas por el hombre que alguna vez amaron o que trágicamente nunca dejarán de amar.

La dirección de Mariano Stolkiner es de una sutileza exquisita, es como un fantasma, como si la obra viviera por sí sola y nadie hubiera intervenido su creación. Este rasgo, que ya habíamos podido contemplar en otro montaje suyo- Iván y los perros– nos admira pues da como resultado un trabajo actoral de alta exigencia y riesgo.

La dramaturgia de Carolina Vergara Olivetti muestra todos los recovecos espirituales de una mujer que vive una situación de violencia de pareja. El texto es el oxímoron preciso de los dos polos de este tipo de relaciones destructivas: el amor y el odio. De esta forma los espectadores podemos ver la complejidad de los mecanismos que viven estas mujeres, dejando a un lado cualquier tipo de prejuicio y generando empatía. Adentro de cada ser humano existen los miedos que podrían conducirnos a vivir una relación devastadora.

Biolenta es, en definitiva, una experiencia teatral completa y estremecedora que sucede en tan solo treinta minutos.

Si tienes poco tiempo o simplemente te apetece vivir otra posibilidad del teatro, acércate a este ciclo y no te pierdas Biolenta.

Para informes sobre funciones de Biolenta, visita: http://www.alternativateatral.com/obra34716-biolenta

Para informes sobre la IV Edición del Festival Teatro Bombón, visita: http://www.alternativateatral.com/evento1555-teatro-bombon-festival-permanente-de-obras-cortas-iv-edicion

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El centésimo mono. El misterio de la magia, la vida y la muerte

por Ricardo Ruiz Lezama 5 mayo, 2015

El centésimo

El centésimo mono es una obra que conjuga teatro y magia para transportarnos al mundo de la poesía, las imágenes y las metáforas por excelencia: el inconsciente.

Pero no somos introducidos a la mente en el sentido lírico que podría pensarse en un primer momento, sino que somos convidados a una visión que rosa los límites de la pesadilla, inquietante por momentos, oscura, pero también enigmáticamente divertida.

La obra muestra la mente de un mago, pero a la vez la de otros dos (¿Distintos?). Hay una teoría: si se logra que cien monos tengan una conducta similar entonces otros monos en otra parte del mundo la aprenderán. Con esta hipótesis vemos como tres magos, que no se conocen y nunca conviven entre sí, viven un momento idéntico y determinante en sus vidas.

El espacio en donde ocurre la ficción es justamente dentro del cerebro compartido por los tres magos. Los actores parecen partículas de gas moviéndose caóticamente, viviendo su propia historia, pero por momentos coinciden en una especie de sinapsis en donde nos permiten fantasear con una teoría particular de la sincronía y del otro como espejo. ¿Qué vivencias habremos tenido idénticamente iguales con otro ser al que quizá nunca conoceremos? ¿Existe el otro? Cuestionan las imágenes del montaje.

El texto puede parecer confuso por momentos. Es como una evocación del pensamiento, pues en la mente las ideas pocas veces son organizadas. Pero con la construcción de metáforas visuales la obra dice y significa como en un sueño del que cada quien debe extraer sentido. Es una puesta en escena que permite tantas lecturas como espectadores. O ninguna lectura y sólo incógnitas sin respuesta posible, pero dicientes-al más puro estilo kafkiano-.

Los elementos de magia son utilizados con tal virtuosismo que contemplamos un espectáculo de magia, pero la pericia de Osqui Guzmán como director y autor permite que la magia trascienda y adquiera un sentido poético. La magia se vuelve teatro y viceversa.

Las actuaciones no son naturales, pero tampoco son grotescas. Los actores consiguen un lenguaje interpretativo muy particular, un tanto surrealista, logrando encarnar lo onírico.

El centésimo mono  juega, cuestiona, indaga, divierte y angustia. Estamos sin duda ante una fantasía amenazante que tiene algo para decirnos. Pero el mensaje es un misterio como la magia, la vida y la muerte-temas fundamentales en la obra-.

Termina la función y sabemos que entendimos algo de esa maraña de imágenes convulsas, pero no alcanzamos a nombrarlo. Sin duda una obra nada complaciente y arriesgada, de esas que se antojan para ir a desentrañar a un café o con un buen vino al final de la función.

Para más informes o para comprar/reservar entradas para El centésimo mono pues visitar: http://www.alternativateatral.com/obra19804-el-centesimo-mono

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El amor solo se alcanza en la reciprocidad. Reseña de la obra “Ilusiones” dirigida por Mauricio García Lozano

por Zavel Castro 20 abril, 2015

ilusiones

“Quiero contarles la historia de un matrimonio. Ellos estuvieron siempre juntos, todo el tiempo…”  Con estas palabras Adriana Roel da inicio a “Ilusiones” la obra de Iván Viripaiev traducida por Stefanie Weiss y Mauricio García Lozano quien además se encarga de la dirección del montaje de la Compañía Nacional de Teatro que se presenta en el Teatro Julio Prieto (Av. Xola No. 809, Benito Juárez, Colonia del Valle) hasta el 10 de mayo.

Esta obra es imperdible por varias razones, en primer lugar por las maravillosas actuaciones de Ana Ofelia Murguía, Farnesio de Bernal, Ricardo Blume y Angélica Roel.[1] Los primeros actores dan vida a los integrantes de dos matrimonios cimentados en el amor, un sentimiento que además de haberlos unido les ha permitido permanecer juntos a lo largo del tiempo.

El tema central de obra constituye precisamente otra de las razones por las que debemos asistir a alguna de las funciones. Tomando en cuenta que el amor es evanescente y efímero en los tiempos que vivimos, que poco queda ya de los compromisos eternos de los matrimonios antiguos, y que ninguna promesa resulta hoy inquebrantable, sea honrar y respetar a la pareja, serle fiel o estar juntos hasta que la muerte los separe, esta obra resulta necesaria para volver a creer en los amores eternos, para darnos cuenta de que el amor es el sentimiento que nos permite trascender, que al afectarnos una vez y para siempre nos transforma en mejores personas. Esta obra habla del primer amor que es en realidad el único que permanece a pesar de su aparente inconstancia, a pesar de que algunas veces la ardorosa llama de la pasión que nos consume en juventud se vuelve fuego lento, calor de  hogar. Así es igualmente bello, así nos reconforta en el seno familiar.

El sencillo montaje es un acierto poético, pues sin necesidad más que de la música en vivo de un violonchelo a cargo de Natalia Pérez, cuatro sillas giratorias, y todo el talento del mundo a cuestas, “Ilusiones” nos recuerda que el verdadero amor es un milagro, pero también es responsabilidad y gratitud, que se construye día con día, que se trabaja. Que la rutina no existe porque la compañía del ser amado transforma la realidad en un todo extraordinario, porque las historias compartidas valen más que cualquier aventura pasajera y resuelven cualquier conflicto. El amor es la mínima constancia necesaria en este universo cambiante.

Para más información sobre las funciones de «Ilusiones» puedes visitar: http://www.cnteatro.bellasartes.gob.mx/

Notas.

[1] Adriana Roel alterna el personaje de “la primera mujer”, “Sandra” con Martha Aura. Hemos decidió reservar nuestra opinión al respecto de la segunda simplemente porque en las ocasiones que hemos asistido a la función de este montaje, no se nos ha presentado la oportunidad de verla en el escenario.

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Mau Mau o la tercera parte de la noche. La verdadera historia la tienen escrita los pueblos en la carne

por Ricardo Ruiz Lezama 20 abril, 2015

mau-mau

La historia de cualquier pueblo podemos encontrarla en el internet, si sólo andamos curiosos, y en los libros si tratamos de hacernos de una información más rigurosa. Sea cual fuere el caso, esa es la historia de los nombres, los datos y los números. La verdadera historia la tienen escrita los pueblos en la carne y la trasmiten sólo a sus sucesores. Sólo un alemán entiende, en su sangre, los alcances del holocausto. Los demás podemos leer libros, ver películas o documentales, hablar con sobrevivientes y hacer uso del ejercicio de la compasión, pero hay algo inefable que sólo entienden a los que les atañe directamente. Tan es así que los define, sean conscientes o no. La historia es su tierra misma, su nación.  Ellos son su historia.

De ese modo la historia de Argentina como: La Dictadura, La Guerra de las Malvinas, la victoria en el mundial de futbol ante Inglaterra en el 86, entre otros momentos, sólo lo entienden profundamente los mismos argentinos. Solo ellos conocen las repercusiones que tuvieron estos y otros acontecimientos en ellos.

En este sentido la obra Mau Mau o la tercera parte de la noche, escrita por Santiago Loza, es una obra totalmente argentina, pues es una retrospectiva de algunos momentos importantes de su historia a través de tres décadas.

Nosotros teníamos la necesidad de hablar de esta obra porque sin ser argentinos nos conmovió la puesta en escena. Pensando en  las posibles razones caímos en  cuenta de que la obra Mau Mau tiene alcances poéticos que trascienden la nacionalidad, porque todos hemos vivido guerras en nuestra historia como países o como individuos, e incluso hemos ganado guerras importantes pero eso no significa que la paz durará para siempre, como irónicamente redescubrimos con Mau Mau, en donde dolorosamente queda evidenciado el fracaso de las utopías.

Mau Mau es la historia de un pueblo contada por dos mujeres que al margen fueron viviendo las repercusiones de la historia en sus propias vidas. Con un texto muy inteligente, tanto lúdico como poético; una dirección impecable por parte de Juan Parodi y las actuaciones entrañables de Eugenia Alonso y Gaby Ferrero, Mau Mau o la tercera parte de la noche nos recuerda que un pueblo somos todos los pueblos y que aunque muchos quieran olvidar, la historia ya está escrita en nosotros desde el momento mismo en que nacimos.

Si todavía no has visto Mau Mau o la tercera parte de la noche, ¿Qué esperas?

Información sobre funciones y reservas: http://elextranjeroteatro.com/plays/view/77/name:MAU-MAU-O-LA-TERCERA-PARTE-DE-LA-NOCHE-de-Santiago-Loza

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Un Acto de Comunión

por Ricardo Ruiz Lezama 19 abril, 2015

un acto de comunión ¿En dónde está el teatro, en lo que se ve o en la capacidad de generar en el espectador la posibilidad de ver algo que no está ahí? En estos tiempos en los que el cine, la televisión o el internet tienen los medios y la tecnología para mostrar detalladamente la realidad, hay que recordar la posibilidad extraordinaria que nos ofrece el teatro. La oportunidad de imaginar.

Un Acto de Comunión de Lautaro Vilo nos brinda la posibilidad de ver una obra con los ojos de la fantasía. Todo lo que sucede no pasa dentro de la escena sino en la intimidad de cada espectador. En el escenario hay un músico, Adolfo Oddone, y un intérprete, el mismo autor y director, Lautaro Vilo, pero la obra acontece de tal manera que con los mínimos gestos y recursos escénicos logran hacernos mirar todo desde nuestra imaginación.

Un Acto de Comunión forma parte de la trilogía sobre Noticias Internacionales que el autor ha desarrollado. La trilogía consiste en contar una obra a partir de un suceso internacional. En este caso tomó una noticia que impactó al mundo en el año 2003 en Alemania donde se llevó a cabo un juicio contra un hombre por cometer un acto de canibalismo.

La noticia por sí misma es una nota roja y tiene la característica de poder quedar sólo como encabezado de un periódico sensacionalista, como un hecho bárbaro y sin trascendencia más allá del morbo, pero Lautaro ha logrado con su propuesta permitirnos mirar la realidad desde otro ángulo. Vemos este suceso a través de los ojos de uno de los que participaron en esta noticia. No diremos cual, porque eso genera una expectativa que vale la pena descubrir en la función. El hecho es que Vilo logra hacernos comprender este suceso no como un acto violento cometido por un psicópata, sino que nos propone una mirada poética sobre el fenómeno y arriesga un motivo para explicar este evento, motivo que termina resultando contundente por su humanidad.

Este montaje nos recuerda que la realidad es más compleja que la dicotomía simplista de hablar sobre hacer “el bien” o “el mal”, pues detrás de cada acto visto por la mirada de un artista, existe una metáfora capaz de develarnos las razones más oscuras de los hombres y conmovernos profundamente.

Un Acto de Comunión refleja, además, la soledad devastadora que paradójicamente subyace en la era de la comunicación, en donde la necesidad por un contacto genuino se hace cada vez más ingente. Tiempo en el cual necesitamos, quizá más que nunca, un acto de comunión.

Un Acto de Comunión se presenta en  ElKafka Espacio Teatral, puedes reservar o comprar tus entradas en: http://www.alternativateatral.com/obra35062-un-acto-de-comunion

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El Viejo Príncipe

por Ricardo Ruiz Lezama 14 abril, 2015

el viejo príncipe

“Ya no era un niño ni tampoco era demasiado viejo como para volver a pensar como un niño”.

León, “El Viejo Príncipe”.

¿Qué pasaría si El Principito, el personaje entrañable de Antoine de Saint-Exúpery, envejeciera y terminara en un asilo para ancianos? Esta es la circunstancia imaginaria a partir de la cual César Brie construye su obra “El viejo Príncipe”.

En el asilo donde está El Viejo Príncipe hay un cuarto que él llama su planeta. Ahí y en los pasillos se reencuentra con todos los personajes del ayer: el aviador, el zorro, el borracho, el rey, su rosa, los baobabs, su rosa otra vez y siempre ella,  pero el tiempo ha pasado, también para él ha pasado, es tan viejo que ha vuelto a ser un niño. ¿Qué tanto el presente empieza a repetir caras conocidas en rostros ajenos, esencias de unos en cuerpos de otros y qué tanto son, en realidad, fantasmas que vienen una y otra vez a atormentarlo?

Tomar un texto de la ternura y poesía que inviste “El Principito” es un reto casi destinado al fracaso porque ser consecuente con la magia que Saint-Exúpery plantea requiere de algo más, justo ese algo más, totalmente misterioso, que posee toda obra que consigue el milagro del fenómeno teatral. Maravillosamente este fenómeno acontece con la puesta en escena de Brie.

César Brie posiblemente es de los pocos creadores que podrían salir triunfantes con el reto de trabajar a partir de un texto que está inscrito en el corazón de tanta gente. Es probable que la mayor parte de los que asistieron a la última función que se llevó a cabo el domingo 12 de abril en El Galpón de Guevara, hayan leído alguna vez el texto de Saint-Exúpery. Su obra ya es tan icónica que me atrevo a decir que forma parte del imaginario y la mitología colectiva.

Las expectativas eran grandes, pero desde el momento en que inicia la puesta en escena, los actores nos introdujeron sorpresivamente al universo poético y lúdico de “El Principito”, pero no era “El Principito”, era “El Viejo Príncipe”. Brie logra alcanzar el tono de la novela y para los espectadores se crea la ilusión de que estamos contemplando la continuación de la vida de este personaje inolvidable.

Lo que hace posible que los tres actores de la puesta en escena creen un vínculo con nosotros hacia un mundo de representación fantástica es su trabajo magistral sobre acciones poéticas, de forma tal que sus cuerpos se convierten en símbolo y metáfora. Esto y la utilización de unos cuantos objetos casi cotidianos, pero resignificados a través de la imaginación y el juego, nos recuerdan que el teatro con muy pocos elementos puede tener alcances extraordinarios. Siempre es un placer indescriptible que los creadores  nos recuerden que lo asombroso del teatro está en su sencillez.

El Festival Brie concluye otra edición dejando pleno al público pero con ganas de más. Cuando el teatro ocurre uno siempre quiere repetir.

Aún puedes ver una última función de “El Viejo Príncipe” antes de su regreso a Italia. La función es el jueves 16 de abril a las 21:00 horas en Banfield Teatro Ensamble. Informes:  http://www.teatroensamble.com.ar/plays/view/191/name:FESTIVAL-BRIE-2015-El-viejo-principe-de-Cesar-Brie-Funciones-en-El-galpon-de-Guevara-CABA-y-BTE

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La Máquina Idiota. Actuar más allá de la muerte

por Ricardo Ruiz Lezama 9 abril, 2015

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Fotografía por Nora Lezano.

La idea de trascendencia permea todos los actos humanos. Podemos observar esta necesidad de trascender en la creencia popular que señala que al mundo uno debe venir a tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol. Estos actos de permanencia existen ante la angustia de que nuestro nombre, escrito en la arena de los días, desaparezca para siempre. Frente a esta inquietud los seres humanos tratamos de dejar prueba de nuestra vida a toda costa y una de las maneras que encuentran muchos son las artes. Pero es una labor difícil para aquellos que eligieron el arte del teatro, porque “el teatro es un fenómeno que muere en el momento de estar naciendo”, como ha dicho Jorge Dubatti.

La Máquina Idiota de Ricardo Bartís cuenta la historia de un grupo de actores de ínfima categoría que están muertos, pero siguen ensayando porque quieren seguir actuando. Pero estos actores, aunque no lograron trascender en vida, no actúan para alcanzar gloria o reconocimiento ahora muertos. De esta forma Bartís nos conduce a mirar dentro del alma de los actores y del hecho teatral. La Máquina Idiota es una oda al oficio del teatro.

La puesta en escena sorprende desde que entras al foro, pues inmediatamente nos conduce a otra realidad. Sensación que se mantiene toda la obra gracias a la precisión de los actores y la dirección escénica. La intertextualidad con fragmentos de obras de Shakespeare es exquisita, generando metáforas sublimes de las cuales el mismo Bartís después hará burla, recordándonos que el teatro es poesía, sí, pero también es carne y un juego en donde la solemnidad no tiene cabida.

Todo en el montaje es sobresaliente, pero lo que considero realmente potente es esa imagen de actores que siguen preparándose para presentarse aún después de haber muerto. Sin duda el teatro es así, un caminar sin tregua al encuentro de un público invisible, por ninguna razón, pero por todas, pues la razón más íntima de los hacedores de teatro no la conocen ni ellos mismos. Y aun así, en esa oscuridad de sentido que trasciende la necesidad de permanencia como puede verse en los creadores del teatro independiente, todos estos artistas de lo efímero  no dejarían de hacer lo que hacen, incluso, actuar más allá de la muerte.

La Máquina Idiota se presenta en el Sportivo Teatral, Thames 1426. CABA

Para más informes de reservación y horarios: www.sportivoteatral.com.ar

                                              http://www.alternativateatral.com/obra29321-la-maquina-idiota

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