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Asatia. Concierto de cuerdas en honor a la desesperanza

por Zavel Castro 6 diciembre, 2016

No cabe duda de que el mundo está pasando por una época sombría. El fallecimiento de Fidel Castro y la pérdida absoluta de los ideales revolucionarios que representaba, la victoria del Brexit en Inglaterra, la elección de Donald Trump como nuevo presidente norteamericano, y por puesto la conciencia de las incontables muertes y desapariciones, la desigualdad, la impunidad, la corrupción y la violencia descarnada que se sabe y se siente en nuestro país, impactan y justifican a las creaciones artísticas de las que no escapa el teatro. Es así que nos enfrentamos a una generación de teatristas mexicanos con poéticas sostenidas en una visión pesimista del estado de las cosas. No podía ser de otra manera.

Las propuestas de esta juventud que ha abandonado toda esperanza, devienen en dramaturgias que dan cuenta de

Foto: Darío Castro

Foto: Darío Castro

su desolación. Tal es el caso de “Asatia”, una obra del Colectivo Berenjena, dirigida por Eduardo Orozco e interpretada por él mismo en compañía de Verónica Bravo. Por cierto, este montaje está cobijado, avalado, asesorado y producido como primer proyecto de la beca de «la vaquita», apoyo económico y artístico que brinda la compañía de Teatro Independiente Vaca 35, encabezado por Damián Cervantes.  

La trama se desenvuelve de acuerdo a los cánones de las comedias románticas. En realidad se trata de una historia de amor bastante simple. Una chica con aspiraciones artísticas, dedicada más por inercia que por pasión a la música clásica, que es toda ella un cliché de lo que es ser supuestamente distinto al resto de los mortales y que se revela muy pronto como una mujer ordinaria que por creerse más sensible que quienes le rodean nunca acabó por integrarse a  ellos, de pronto conoce a un chico dedicado a disfrutar la vida, esto es, sin planes a futuro concretos, con una inclinación al mundo el arte -del que ella se siente dueña-, mucho menos acusada pero más honesta. La diferencia fundamental entre ambos personajes es la alegría de vivir que ella nunca consigue y que el conquista sin proponérselo, porque una no es lo que dice ser y el otro es auténtico.

El torpe enamoramiento ente los personajes es bastante breve pero lo suficientemente trascendente para ellos, como para sembrar una duda sobre sus respectivos caminos ¿Qué pasaría si decidieran intentar construir una historia de amor? Ella tendría que abandonar sus planes demasiado rígidos y él tendría que abandonar la contemplación y el disfrute, sumarse a las obligaciones de ella, para estar a su ritmo ¿Estarán dispuestos a arriesgarse el uno por el otro? Naturalmente, eligen tomar distancia.

 

foto: darío castro

foto: darío castro

 

La historia funciona en buena medida gracias a la escenografía, iluminación y vestuario a cargo de Natalia Sedano y Salmah Beydoun, así como a la musicalización de Chris Mckenzie. Estos elementos otorgan densidad, nutren y complejizan las escenas, nos hacen pensar que quizá entre los personajes si bien no hubo amor, por lo menos hay atisbos de romance. No hubo intimidad a pesar del sexo, pero pudieron haber sido mucho más. Porque uno no deja de pensar en el otro, no se extrañan pero se recuerdan de vez en cuando. Y esto es importante, porque el olvido en estos tiempos de sustitución inmediata, de zapping emocional, de pasar de una persona a otra es tan fácil, que es preciso querer en quien piensa en nosotros.

Los personajes, que no son más que seres llenos de vacío descubren que acaso el amor no es tan importante como para vivir por él. Al final se descubre que tan en serio van con su pesimismo que no es otra cosa que el reflejo del pensamiento de la generación de teatristas que mencionaba al inicio. Estamos frente a una comunidad artística adicta y adepta a hablar de fracaso y desamor, de todo lo que no pudo ser, de todo lo que no pudo decirse, de promesas rotas. Llevan el “no se puede” en la punta de la lengua, con coraje se lamentan, estamos a un año de conmemorar el centenario de la revolución mexicana con artistas todo menos revolucionarios, simplemente porque no hay esperanza.

“Asatia” da cuenta de nuestro teatro triste a través de la historia de la vida de una mujer que se enamora para descubrir que nada vale la pena. Frente al estado de las cosas ¿nos esperan más obras que aconsejen abandonar la vida? ¿Iremos a llorar a la butaca? ¿Estamos dispuestos a regodearnos en nuestros dolores? ¿El teatro ha dejado de ser un alivio, un descanso, un entretenimiento? ¿Qué está pasando con esta generación de teatristas desencantados de la vida? ¿No pensamos confrontar al mundo? ¿No nadaremos contra corriente? ¿Somos ahora oscuros y conformistas?  Retractamos la realidad.

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Vivan las feas. Un divertido e inquietante manifiesto performático

por Ricardo Ruiz Lezama 3 noviembre, 2016

El teatro político en Latinoamérica ha pasado por diversos momentos a lo largo de los años. Yo alcanzo a distinguir tres etapas: una primera en donde era abiertamente político en su discurso semejando panfletos; otra en la cual la represión lo orilló a valerse de la metáfora para decir lo que no se podía; y una tercera, que es la que estamos viviendo ahora, en la que -instaurada la democracia y con el derecho a la libertad de expresión- el teatro político se está reconfigurando, cuestionándose qué tanto decir y de qué manera.

El hecho de poder expresar todo no es menor porque entonces surgen cuestionamientos fundamentales sobre el fondo y la forma. En relación con esta posibilidad de hablar tan abiertamente, sin duda el internet y las redes sociales son un gran ejemplo, lo lamentable es que expresarse en la red en muchos casos se ha vuelto más un paliativo de la indignación social que realmente una herramienta de cambio. Mirando este fenómeno me preguntaba: ¿Qué lugar ocuparía el teatro en relación con la libertad de expresión?  ¿Al poder hablar sin ambages, el teatro –como muchas veces en el caso de las redes sociales- no resultaría un lugar inofensivo o de mero espectáculo o regodeo intelectual?

Seguramente con base en lo que cada quien -de los que ahora están leyendo esto- sepa sobre  teatro, se podría llegar a algunas respuestas, y si no al menos se generarían extensos debates donde cada uno de los participantes aportarían grandes ideas para la resolución de estas cuestiones, pero nada de eso le sería de verdadera utilidad al teatro si no lo contrastamos con el fenómeno vivo de la escena; lo resultante de una discusión intelectual sin la praxis de un montaje sería simplemente letra muerta. Por ello siempre es más valioso para el teatro que aparezcan acontecimientos artísticos que desde la experiencia den luz sobre cuestiones de esta índole. En este texto hablaré de una obra que me hizo pensar en estos asuntos: Vivan las feas, escrita y dirigida por Mariela Asensio.

¿Por qué esta obra me hizo pensar sobre todo esto? En principio porque es una puesta en escena claramente feminista que reflexiona sin ambigüedad sobre cuestiones puntuales en torno a los roles de la mujer de distintas generaciones dentro de esta sociedad fundamentalmente machista. Ya sé lo que muchos de los que leyeron esto muy probablemente pensaron. “¡Qué aburrido!” ¿Por qué lo creo? Porque si yo lo hubiera leído hubiera pensado lo mismo, esto se lo adjudico a que estamos acostumbrados a que las obras con un discurso tan manifiesto son en su mayoría indisfrutables.  Lo magistral del trabajo de Asensio consiste en que supo aprovechar las posibilidades que esta época brinda en cuanto al decir francamente, generando una experiencia estéticamente contundente y para nada tranquilizadora, es decir políticamente poderosa.

Con esta obra performática que no obedece a los cánones tradicionales del teatro, y que da la sensación de ser  autorreferencial, Asensio,  crea un divertido e inquietante manifiesto feminista que no se inserta en el plano del discurso, sino que se encarna vitalmente en los cuerpos de las intérpretes, constituyéndose como un acontecimiento extraordinario e imperdible de la cartelera actual.

Paola Luttini, Melina Milone, Florencia Rozas, Josefina Pittelli y Andrea Streniz son las actrices que dan vida a esta especie de manifiesto performático, permitiendo que las palabras las atraviesen horadando en zonas tan hondas de su sensibilidad que los espectadores no podemos quedar indiferentes. Estamos frente a una comedia actuada desde la verdad y el dolor, lo cual es para mí uno de los aspectos más extraordinarios del montaje ya que nada de lo que ocurre en Vivan las feas es superficial pero esto no es sinónimo de solemnidad sino de acontecimiento.

La obra se nos muestra como una herida expuesta en donde todo es claro, estamos frente a una poética descarnada y estremecedora que permite que el discurso se trascienda a sí mismo y el yo de las actrices y la dramaturga y directora -que es casi una confesión íntima de sus miedos y dolores- se termina volviendo un claro espejo de toda la humanidad, porque todas las personas nos vemos obligadas a seguir roles e ideales de género que nos alejan de nosotros mismos y nos inducen a buscar un yo que no obedece a nuestra esencia y que posiblemente ni si quiera existe.

Vivan las feas es una obra política que ante todo es un suceso teatral. La respuesta a toda pregunta sobre el teatro –y en este caso puntual, a las que me hice al principio de este escrito-, siempre es la misma: la experiencia estética y ritual. Cuando el teatro acontece no nos queda duda de su trascendencia en todos los aspectos de la vida. En estos tiempos en donde las cosas pueden decirse sin rodeos, experiencias como Vivan las feas nos recuerdan a flor de piel el poder revolucionario y transformador del teatro.

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Dos versiones de Nerium Park: Ciudad de México y Buenos Aires

por Zavel Castro 16 septiembre, 2016

Cuando un texto dramático es elegido por distintos directores para montarlo, se presenta una ocasión que el investigador teatral debe saber aprovechar en tanto que cada montaje en comparación con el otro en cuestión, manifestará con claridad sus particularidades creativas. El hecho de que además, las puestas en escena correspondan a países distintos detonará la exposición de (por lo menos) algunos rasgos característicos de la cultura teatral de dicho país. De ahí que me resulte irresistible la crítica comparada.

En esta ocasión, hablaré de dos versiones de “Nerium Park”, de Josep María Miró; una de ellas dirigida en Buenos Aires por Corina Fiorillo y actuada por Paula Ransenberg y Claudio Tolcachir en Timbre 4, mientras que la otra tiene lugar en la Ciudad de México bajo la dirección de Sebastián Sánchez Amunátegui y es interpretada por Pablo Perroni y Mariana Garza en el Foro Lucerna.

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Empezaré por las similitudes entre ambos montajes: los dos ocurren en teatros independientes, son interpretados por actores afamados y conocidos también fuera de estos circuitos, lo cual, en la mayor parte de los casos impacta positivamente en la venta de las localidades. Ambos montajes respetan la estructura narrativa de la obra que acomoda el desarrollo en una línea de tiempo convencional (de atrás hacia adelante), por lo que vemos la sucesión de los meses paralelamente a la desenvoltura de la trama que responde, tanto en la versión de Fiorillo como en la de Sánchez A., al género de suspenso.

Las diferencias son evidentes al momento de comprar la estética de cada una de ellas. Sabemos que tanto la escenografía como la iluminación son responsables de generar el ambiente de tensión que se busca. En este punto es interesante observar cómo se ha elegido colocar la mirada del espectador. En el Nerium de Timbre 4, se resolvió que se pudiese ver el living completo y seguir los desplazamientos de la pareja protagónica hacia el resto de las habitaciones, mientras que en el Foro Lucerna, sólo vemos parte del living, apenas un sillón, un cuadro, una lámpara y un tapete. A propósito me parece que al acortar la mirada del público, creando el efecto de asomarse por la mirilla, aumenta la tensión de las escenas más altas.

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Sobre la producción solo cabe decir que aparentemente la versión mexicana es quizá más costosa o mejor pulida que la versión argentina en la que el lugar no da la sensación de ser del alto nivel socioeconómico que sin embargo, se enfatiza varias veces en el texto. Esta disposición de la producción en el montaje de la Ciudad de México es notable con la utilería creada especialmente para la puesta, en los efectos de luz que apoyan la transición emocional de los personajes y en el vestuario que, a diferencia del Nerium de Buenos Aires (Paula Ransemberg utiliza en de principio a fin el mismo vestido) cambia escena tras escena.

Por supuesto, la cuestión de la escenografía y vestuario también responden a una idea del teatro: mientras que en México se procura que todo pueda verse para creerse, el público argentino está acostumbrado al ejercicio libre de la imaginación y no requiere demasiado de lo material para acceder a la ficción.[1] La importancia de lo visual en ambos casos, es notorio también en las acotaciones del tiempo. Mientras que a Paula Ransenberg le bastaba con decir de cara al público el mes en el que se encontraban, en el Nerium del Foro Lucerna, se veía proyectado en la pared del apartamento.[2]

Por último, me referiré a la generación del suspenso, que es a mí parecer uno de los géneros más difícil de lograr en el teatro. No sé si se deba a que en la versión argentina las escenas son más largas y la tensión no se sostiene con la misma fuerza con la que emerge, o a que en la mexicana los mismos efectos de luz y sonido (el grito estremecedor de Mariana Garza, la alteración auditiva sufrida por Perroni) conducen al espectador a sentir “miedo” durante y sobre todo al final de la puesta, pero me ha parecido que el Nerium Park dirigido pos Sánchez A., donde las actuaciones buscan todo el tiempo provocar una reacción visible en el espectador a diferencia de las actuaciones con mayores profundidades y sutilezas de Ransenberg y Tolcachir, ha resuelto mejor el género que nos compete esta vez.  Por supuesto, no se trata de una conclusión definitiva puesto que las investigaciones en mi caso están siempre abiertas al debate. Me gustaría seguir pensando si, como creo por ahora realmente el tipo de teatro en México es más efectista que el teatro argentino. Y si es por esta razón que la versión mexicana de la obra de Josep María Miró tuvo en este caso mejores resultados.

¿Cuál es la naturaleza del suspenso? ¿De qué depende? ¿Cómo se consigue en el teatro?

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[1] No es que uno sea mejor que el otro, simplemente me gusta señalarlo para intentar comprender –ya lo he dicho- la cultura teatral de cada ciudad, las formas de hacer teatro de cada lugar.

[2] Ya habíamos visto la importancia de lo visual en el teatro mexicano en la comparación que hicimos de las versiones de “Demasiado cortas las piernas”, una, dirigida por Diego Faturos en Buenos Aires y la otra, dirigida por David Gaitán en la Ciudad de México.

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Fin de semana en Madrid. “Tierra del Fuego” y “Animales nocturnos”

por Zavel Castro 4 junio, 2016

Hace algunos días he ido a Madrid con el propósito de ver dos propuestas que, para cualquier fanático del teatro, justifican cuantas horas de viaje hayan sido necesarias. Se trata de “Tierra del Fuego” de Mario Diament y “Animales Nocturnos” de Juan Mayorga. La primera dirigida por Claudio Tolcachir –móvil principal para que hayamos decidido asistir a la función- , se presentó en la sala Max Aub en el Teatro Matadero, mientras que la segunda, dirigida por Carlos Tuñón, tuvo lugar en la sala Fernán Gómez del Centro Cultural la Villa. Ambos montajes cuestionan las posibilidades de confrontación con “el otro” en ambos casos representado por “el extranjero”, ese sujeto que ha dejado de pertenecer a su lugar de origen sin lograr tampoco ser enteramente parte de un nuevo sitio, esos seres nostálgicos que sueñan, extrañan, suspiran y llevan consigo la promesa de un futuro mejor posible en algún lugar lejano que, sin embargo, nunca llamarán “hogar”.

“El extranjero” es un hombre intermedio entre el pasado y el futuro, esta titubeante posición le obliga a simultáneamente a abrazar y adaptar al nuevo entorno lo culturalmente aprendido en su entorno familiar. Es importante entender que no se trata solo de usos y costumbres, sino de gestos fundamentales que trascienden y significan el estar en el mundo del individuo, modos que condicionan su forma de ser, elementos que conforman su identidad. Así pues, comprendemos que no se trata de accesorios de los que pueda prescindirse a voluntad con el paso del tiempo, porque hasta el momento de partida parecían tan naturales, tan propios, incluso tan invisibles, en tanto que nunca antes se había tenido que reparar en ellos que jamás alcanzamos a explicarnos cuando pueden llegar a estorbar.

Nuestra identidad puede causarnos problemas siempre y cuando se enfrente a la cerrazón de pensamiento que caracteriza a la intolerancia, aún más, cuando la inflexibilidad de posturas se sostiene de bases legales que no son necesariamente justas y que incluso parecen apoyar al racismo y la exclusión.

Cuando la ley apoya a la intolerancia surgen políticas que hacen comprender al extranjero como delincuente, fomentando que la sociedad los relegue y castigue. Algunas veces el extranjero comete alguna acción que en efecto, violenta de manera consciente contra la sociedad, como ocurre con el terrorismo[1]. Esta situación es representada en “Tierra del Fuego”, cuya trama se desenvuelve a partir del encuentro entre un terrorista con su víctima, un hombre que en su juventud, siguiendo sus convicciones radicales políticas y religiosas, cometió un asesinato masivo en el que pereció la mejor amiga de la mujer que ahora lo visita en la cárcel, intentando comprender los motivos del hombre detrás del criminal sin que ello signifique necesariamente perdonarlo.

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El encuentro promete una tensión prolongada, sin embargo, la potencia de la confrontación se diluye gracias a la aparición de otros personajes (el marido y los padres de la mujer, el abogado del árabe terrorista) que complementan la historia individual de la mujer y bastante poco el acontecimiento que detona el drama (el encuentro después de muchos años de víctima y victimario). Las historias alternas alargan la obra y pueden resultar prescindibles para el espectador.

Como ya hemos dicho, el asesino respondía a un movimiento terrorista en defensa de los presupuestos del Islam, que reclamaba la tierra donde sucedió el atentado como suya, en defensa de los intereses del pueblo judío. La historia de la dominación de una civilización a otra es un tema que parece no agotarse en tanto que siempre encuentra formas de actualización, de ahí que su tratamiento resulte necesario y urgente.

“Tierra de fuego” propone la tolerancia y la inclusión, la empatía y acercamiento de los seres humanos independiente a su cultura, estrato, religión, etcétera, es un discurso de paz e igualdad que invita al reconocimiento del otro como un hermano, saber quién es el otro, tratar de entenderlo, ponernos en su lugar. Esto queda claro solo en el vínculo del terrorista árabe y la mujer judía, no así con el resto de las personas que rodean la vida de la mujer, como si solo importase la amistad de los contrarios, mientras la separación y extrañamiento entre iguales es permitida.

A pesar de la sensación de intimidad entre los personajes que siempre consigue Tolcachir, especialmente con la limitación de los diálogos a dos participantes a la vez (nunca hablan más de dos, cara a cara), hay algo que aleja este montaje del teatro vivo, acaso la notoria posición del lado de los judíos de autor y director, quienes señalan al árabe como el otro mediante la cuidada elección de actores, el énfasis en su tipo y acentos, mientras que los judíos no presentan ningún rasgo característico, representan los españoles promedio. Esta es para nosotros una toma de postura. El riesgo de esta interpretación es entonces el tratamiento que se le da al “extranjero”, el otro, al que miramos como alguien distinto, con quien guardamos nuestra distancia, aquel que debe agradecer nuestro acercamiento y acaso lástima. Como esa gente poderosa que se toma fotos con los damnificados para presumir su filantropía. Esa es la sensación que nos causa.

Enarbolar la bandera de la igualdad con el fin de sentirnos humanamente superiores. Acaso la frialdad escénica pueda deberse al tipo de actuación empleada, alejada de toda pasión verdadera. No es que esta obra no sea por esto sumamente valiosa, sino que simplemente no ha sido para nosotros un acontecimiento como la mayoría de las obras dirigidas por Tolcachir (nos referimos por supuesto  sus obras creadas para el circuito off).

La obra de Diament es una obra comercial con pretensiones artísticas, esto justifica el poco suspenso, silencio y vacío. Los textos teatrales de esta naturaleza (comercial) generalmente dicen todo, así el espectador puede adoptar una actitud totalmente pasiva. Deja poco sitio a la imaginación poética en su intento de resultar más contundente. Lo único que no alcanzamos a comprender del todo es la decisión final de la protagonista, aquello que la inspira  a prestar ayuda al atacante de su mejor amiga, su decisión a disminuir de alguna forma su condena y no sabemos si ha sido solamente un arrojo de compasión o si realmente se ha convencido de la transformación del penitente en un hombre de paz.

Al contrario de “Tierra de Fuego”,“Animales nocturnos” está plagado de momentos misteriosos[2], hay mucho más de lo que no se dice que dota al montaje de un espesor fascinante. Resulta más complejo en tanto que los personajes muestran lo peor de sí mismos y este rasgo es al mismo tiempo, su mayor virtud. Un rasgo de carácter que les ha permitido seguir la vida que llevan, sobrevivir.


imageAl igual que la obra de Diament, el extranjero es alguien cercano al crimen, aún cuando, en la obra de Mayorga,  solo se trate de no pedir permiso para habitar un espacio por el que se pretende trabajar con honradez.  Es un crimen en tanto que infringe las políticas de inmigración que no permiten a un no nacido en España (en este caso) radicar definitivamente en el país sin un empleo fijo, con todos los trámites que esto supone. En “Animales nocturnos” se trata el tema de la extranjería retratando el problema de la inmigración y del abuso descarnado y absurdo de poder.

El montaje de Carlos Tuñón presenta la historia de un hombre que descubre que su vecino habita el país de forma ilegal y decide aprovecharse de la situación en beneficio propio a base de chantaje y mermando con sus exigencias la dignidad del otro, que obedecerá solo, para poder seguir ahí donde ha decidido depositar sus esperanzas. Cada uno estos hombres representa un polo de la animalidad del hombre, está el salvaje y el apacible, el depredador y la presa. Todo depende de quién tenga la posición de ventaja, en este caso aquel que ha nacido en el país es más poderoso que el habitante ilegal, aun cuando ambos trabajen y que el segundo tenga valores más humanos.

“Animales nocturnos” se configura a partir de una metáfora profundamente bella, entender al mundo desde la realidad de los animales en cautiverio y es que no somos otra cosa que salvajes que han aprendido a disfrazarse para dominar al mundo aún cuando esto suponga esclavizarse a él. Nos deleitamos con nuestra libertad ficticia y padecemos pasivamente cuando alguien amenaza nuestra felicidad. Simplemente porque es más cómodo. Sobre la discriminación, la sutileza de la pluma de Mayorga, consigue que el espectador comprenda que todos somos refugiados de algún lugar y que las leyes de exclusión han sido llevadas al absurdo.

Se trata de un teatro compasivo, humano, fundado en la misma esencia de las relaciones humanas, el encuentro del uno con el otro, la reacción ante la diferencia. La metáfora se materializa en una escenografía perfecta, un cubo de madera que simula las cajas cerradas por la noche de los zoológicos, donde a veces se transportan a las bestias. Todos somos peligrosos. Aún en cautiverio. La caja diseñada por Alfonso Pizarro, se despliega para mostrar  los apartamentos de los protagonistas y se cierra cuando la escena ocurre en cualquier exterior, un café, una oficina, un asilo, el zoo. La escenografía logra la creación de un universo cerrado. Ideal para la trama.

Tampoco podemos evitar destacar de esta puesta en escena el tipo de actuaciones que emplea para la representación. La energía, concentración y despliegue emocional de Jesús Torres y Pablo Gómez Pando protagonistas, llegan a lo más profundo del espectador porque parece que todo lo que sucede en escena los afecta hasta la entraña. Esa conexión, esa verdad se contagia. El público no puede más que reaccionar a todo lo que pasa en escena y conmoverse  con cada uno de los caracteres humanizados, el vecino siniestro que muestra sin embargo una faceta enternecedora, y un hombre cuya sensibilidad extrema lo acerca a la debilidad hasta derrotarlo. Ante nosotros tenemos la historia de un fracaso doloroso en la búsqueda de un sueño. Es entonces que notamos la nostalgia que todos llevamos a cuestas, el arraigo duele tanto como el andar sin rumbo. Los espectadores sienten que conocen a los personajes aún cuando apenas tienen pequeños detalles de su historia personal. He ahí la maestría de Mayorga.

Es verdad que el ejercicio de comparación de ambas puestas revela nuestras preferencias, no podemos ni queremos evitarlo. Lo importante para concluir el ejercicio es enfatizar la relevancia de los montajes en una época en que “la diferencia” es una bomba de tiempo a punto de estallar. En un mundo como en el que vivimos donde la intolerancia ha alcanzado cimas peligrosas es necesario detenernos y ver en “el otro” lo más bello de nosotros mismos. Luchar contra la vanidad, la superioridad y el desprecio en aras de un mundo incluyente, dialéctico, armónico a pesar del desequilibrio. En este sentido nos atrevemos a asegurar que ningún lugar consigue un victoria más poética que el teatro.

[1] Siguiendo la definición de  la Real Academia Española, entendemos este término como la Dominación por el terror, sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por locomún de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.

[2] Estamos concientes de que, como dice Jorge Dubatti, no “deberíamos” juzgar dos obras con los mismos parámetros, en tanto que los cánones son obsoletos. Nos encontramos en una época de multiplicidad del canon.  Por tanto, comprendemos que cada obra debe requiere su propia forma de análisis, plantea una forma única de comprensión. Aún con esto nos regodeamos en el ejercicio intelectual de la comparación que ayuda a dilucidar mejor los componentes específicos de dos o varios fenómenos estéticos distintos.


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«La palmera, cuentos y mentiras para todos» Tres razones por las que no querrás perdértela

por Zavel Castro 23 abril, 2016

El dispositivo escénico. La producción de la que la compañía franco-mexicana “Teatro entre 2” se sirve para llevar hasta el público nos parece la mejor elección para actualizar la milenaria tradición cuentista, la trasmisión de una historia de una generación a otra. Mediante un ingenioso sistema, la compañía acerca el teatro a las novísimas generaciones acostumbradas a los dispositivos audiovisuales; los niños de hoy se constituyen como un público especializado en herramientas tecnológicas (computadoras, tabletas, teléfonos inteligentes) que no comprometen su atención al cien por ciento, por lo que cualquier otro medio debe hacer uso de mecanismos eficaces para incentivar la participación activa del niño en la puesta en escena y la retención necesaria para que comprenda el espectáculo, justo como pasa con esta puesta en escena.

La justa combinación de música en vivo, con proyecciones en pantalla, apoyados en ilustraciones hechas al momento (“pintura en vivo”)  por el talentoso artista Olivier Dautais, hacen de esta obra para niños, un montaje digno de verse, en primer lugar por su composición estética. Si se nos permite llegar a este grado de subjetividad, diremos que “La Palmera, cuentos y mentiras para todos” es simplemente bellísima y totalmente moderna.

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Las historias. Gracias a la dramaturgia “al alimón” de Arnaud Charpentier y Olivier Dautais, quienes se han inspirado en la estructura de la yuxtaposición narrativa de “Las mil y una noches” (una historia contiene otra, sucesivamente, de tal suerte que la trama está infinitamente entrecruzada y correspondiente a una trama mayor que guía el relato principal), los espectadores podemos disfrutar de la tradición cuentista que, insistimos nunca pasará de moda.

Bajo esta estructura, podemos disfrutar tres relatos breves protagonizados respectivamente por una cabra con ansias de libertad, un hombre que juzga la vida de los otros sin comprenderla realmente, y un cuentista adormilado que confunde al público con cuentos sin pies ni cabeza para provocar su risa. Sin duda, todos los protagonistas de los cuentos terminan siendo para el espectador personajes entrañables.

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El mensaje. “Cuando te encuentres frente un demonio atormentado, no olvides que una buena historia puede salvarte la vida”. El rescate de los cuentos de esta compañía revela su valor mediante el desarrollo mismo de la trama, y es que nos recuerda que una historia no es contada únicamente para despertar la curiosidad de los oyentes (y en nuestro caso, espectadores), ni para romper el letargo con que suelen acompañarse los domingos, sino para aprender lecciones a partir de la comprensión de nuestro corazón, que sólo se logra a través de la historia indicada.

Sin lugar a dudas, “Teatro entre 2” comprende del todo las nuevas necesidades del público infantil, cuestión que nos alegra en tanto se trata de espectadores que en sí mismos representan retos continuos, que solamente el teatrista comprometido, como lo son quienes participan de esta compañía, sabrán solucionar con el único fin de preservar el teatro, un ritual flexible con infinitas capacidades de adaptación.

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Exceso de equipaje ¿Dónde guarda uno la primera mirada de amor?

por Zavel Castro 21 abril, 2016

La ópera prima en materia de dirección de Pilar Cerecedo merece nuestras mejores atenciones, no sólo por la dificultad del salto que implica cambiar de posición (de ser quien ejecuta la acción a ser quien la dirige), sino por lo airosa que ha salido de esta complicada transición de rol. Cerecedo ha conseguido ofrecer una obra dinámica, familiar, fresca y recomendable para todo público.

Evidentemente el contar con actores de la talla de Romina Coccio (de quien siempre alabaremos su natural disposición a la comedia) Miguel Conde ha facilitado la tarea; el equipo en conjunto[1] ha conseguido crear varios personajes perfectamente dibujados, con caracteres propios, hechos a la medida de cada uno de ellos y en funcionamiento a cada situación.

La coherencia de la obra se consigue no solo por el buen seguimiento de la narración que en ningún punto resulta confusa, sino también gracias al visible trabajo que hubo bajo el escenario en el que los actores y la directora establecieron los rasgos, voces y actitudes específicas que tendrían Coccio y Conde en cada momento. En este punto es necesario aclarar que si bien la obra se desarrolla únicamente con dos actores en escena, cada uno interpreta una variedad de personajes femeninos y masculinos según sea el caso, que responden de manera exclusiva a cada una de las escenas (15 microdramas, quince situaciones de quince parejas distintas) por medio de las cuales se desarrolla sutilmente, entre líneas un discurso sobre el amor y la supervivencia de las relaciones de pareja.

En la obra escrita por Alberto Castillo, “la maleta” que aparece en escena casi como un personaje más, se resignifica dependiendo de la situación cobrando así un significado esencial y convirtiéndose en pieza central del montaje. ¿Qué puede llevarse uno en la maleta? ¿La primera mirada de amor? ¿El recuerdo de una tarde maravillosa? Este elemento protagoniza los momentos esenciales de toda relación amorosa: cuando dos extraños se conocen por coincidencia y deciden enamorarse uno del otro, cuando una pareja sale por primera vez junta de viaje, cuando las cosas funcionan, cuando la relación avanza y comienza a soportarse por comodidad y en el penoso momento del desencuentro, una vez que las cosas terminan, cuando nos resulta difícil intentar creer en alguien más, incluso en el amor mismo, cuando pedimos otra oportunidad y se nos rechaza, etcétera.

Como hemos dicho, tras el juego con los elementos (la maleta y el vestido de Coccio que se transforma en blusa, pashmina y lo que se quiera) se encuentra un discurso esperanzador que toma la vida como un camino infinito en el que no se puede hacer más que avanzar, siempre un paso más adelante, siempre más allá. La maleta sirve para guardar cosas, para llevar aquellos objetos que nos serán útiles en nuestro caminar. “En la maleta se guarda la mejor versión de uno mismo”, se toma lo más favorecedor y se deja lo que no corresponde al ideal que nos hemos hecho de quienes queremos ser y parecer. En una maleta se depositan los secretos, pero sobre todo siempre es necesario vaciarla antes de volver a empezar (de ahí que la elección de la valija resulte tan importante para la vida de cualquiera). Todo fracaso es un aprendizaje. La vida sigue y con ella nuestro equipaje, especialmente la carga emocional. El mensaje de la obra es pues, que al igual que Cerecedo con esta primera puesta –a la que esperamos le continúen bastantes- saldremos triunfantes.

 

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Notas

[1] Cerecedo comentó con nosotros la dicha que significa contar con actores participativos en la creación escénica, que no sólo acaten sino que también propongan.

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El secreto del clown. El enternecedor y adorable «Augusto»

por Zavel Castro 15 abril, 2016

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«Tenis» Una comedia esencial para nuestra querida Zona Rosa.

por Zavel Castro 14 abril, 2016

Una noche de diversión en la Zona Rosa definitivamente debería comenzar con Tenis la comedia escrita y dirigida por Diego Beares. La complicidad que esta obra consigue con su público es envidiable y digna de reconocimiento, todo ha sido pensado y resuelto para complacer a los jóvenes asiduos a este emblemático circuito de la Ciudad de México.

Desde que llegas al teatro ubicado dentro del hotel NH, te sientes bienvenido a una fiesta que promete hacerte pasar un buen rato. Un respiro a final de semana que ayude a sobrevivir lo que falta, que haga olvidar los asuntos que te estresan, una historia ligera que te invite a participar sin obligarte a comprometerte profundamente con ella.

​Esta obra predispone el ánimo al disfrute, verdaderamente te relaja. Mientras esperes que dé inicio la función, el ambiente ya se ha generado: baladas de Paulina Rubio y Belinda acompañan las primera y segunda llamada: el público sonríe, imbuido de referentes de la cultura pop a la que pertenece. El espectáculo comienza sin mayor propósito que el de brindar un entretenimiento de calidad sin demasiada pretensión.

Tercera llamada. Da inicio la obra que no necesita de mayor producción que una escenografía sumamente sencilla, justo lo que se necesita para contar los episodios de la vida de un joven enamorado de su profesor de tenis, un joven que sufre cuando se entera que aquél está próximo a casarse con una mujer hermosa con la que sabe no puede competir. La rivalidad de amor es imaginaria, simplemente porque el profesor no es gay, sino un auténtico símbolo sexual para las madres de los estudiantes inscritos a las clases.  El alumno enamorado resulta particularmente empático ya que logra transmitir la montaña rusa que supone la fijación romántica a un imposible, el primer amor con el que todos hemos soñado para después fracasar. Podríamos decir que se trata del personaje con mayor profundidad de carácter, su construcción, podemos suponer, ha sido un reto importante, en tanto que maneja una amplia gama de matices emocionales: es tan ingenuo como valeroso, tan tímido como decididamente apasionado y tan simpático como enternecedor.

​Como un detalle interesante que dinamiza la escena, hace todo más ágil y procura la atención del espectador, esta historia no se cuenta de manera lineal, sino que se articula a partir de divertidos avances y retrocesos concatenados, en los que además se mezclan la realidad y la fantasía. La obra incluye la voz en off de Itatí Cantoral (que se ha convertido en ídolo de masas por sus papeles de villana en las telenovelas mexicanas) y monólogos de cada uno de los personajes, con el fin de que los conozcamos un poco mejor y comprendamos su punto de vista sobre la historia. En este punto, cabe destacar el acierto en la elección del elenco, pues nos ha parecido verdaderamente grato disfrutar de las simpatiquísimas actuaciones de Jerry Velázquez, Armando Andrade y Fernando Sansores, por referir a quienes verdaderamente se lucieron en la función que compartimos y a partir de la cual emitimos nuestra opinión.

​Aún cuando reconozcamos ventajas en la dirección de actores y algunas áreas de oportunidad en la dirección escénica, recomendamos esta puesta por ser, además de ágil y divertida, una obra de teatro auténtica, es decir que no pretende ser otra cosa que no es: un montaje para pasar un buen rato, una comedia con pleno conocimiento del público al que aspira alcanzar. Pero, sobre todo, se recomienda esta obra por el mensaje emitido desde la sinceridad: el apoyo al matrimonio homosexual, un sueño que para muchos se ha convertido afortunadamente en realidad.

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Críticas

La pasión según Tito. Carcajadas en el funeral de Jesucristo.

por Zavel Castro 24 marzo, 2016

A sus diecinueve años de presentaciones intermitentes, este espectáculo es una muestra de madurez escénica que se traduce en el dominio total del género de cabaret en México. Escrita, dirigida e interpretada por Tito Vasconcelos, acompañada por Luis Esteban Galicia, “La pasión según Tito” es una muestra precisa de teatro de primer nivel que sobretodo respeta la esencia original del rito: el entretenimiento –en su versión aleccionadora sin por ello ser catedrática o impositiva.

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Tito Vasconcelos disfrazado de María Félix, a su vez caracterizada de María Magdalena, presenta la puesta ante los ojos entusiasmados de los espectadores, quienes de inmediato conectan con su simpatía. Y es que si algo podemos decir de la mayoría de los representantes de cabaret en nuestro país (como lo es La Nave de las Locas, la compañía del propio Tito) coinciden en ser poseedores de un carisma que resplandece sobre las tablas.

La puesta, dice María Félix/María Magdalena fue escrita con la intención de reinterpretar “Misterio Bufo” de Darío Fo Contextualiza un poco más sobre qué es “Misterio Bufo”. El resultado de la reinterpretación es una crítica “no a la religión, sino a su club de fans”, aquellos que malinterpretando las escrituras y han creado una doctrina sostenida en conceptos misóginos, de los cuales la sociedad ha hecho uso para maltratar y excluir principalmente a las mujeres y a los homosexuales.

El desarrollo temático de la obra (la exposición de los distintos discursos ¿cuáles?) acompaña a los personajes en su visita al funeral de Jesucristo, quienes pretextando la narración de sus últimos días (“La Pasión” ¿por qué con comillas? y crucifixión), reflexionan sobre la realidad nacional. La crítica a las consecuencias al fanatismo religioso se funde con un señalamiento constante a los defectos enraizados de los mexicanos, defectos que ninguno de nosotros negaríamos, de ahí que las carcajadas por parte del público son interminables: sólo podemos reírnos de lo que reconocemos.

Asentimos sonrientes a las palabras de la Virgen de Guadalupe (Luis Esteban Galicia), quien monologa acerca de la falta de respeto a la figura de la madre reconocible en nuestras altisonantes expresiones cotidianas, así como ante el discurso de una “típica señora de clase media-baja” (Vasconcelos), que guiada por la necesidad acepta todos los obsequios que le ofrecen los distintos partidos políticos por apoyar sus marchas y manifestaciones y que doliente cuenta pasajes bíblicos en los que supuestamente ella vio manifestarse la santidad de Jesús: milagros como la resurrección de Lázaro (Galicia) quien vuelve a la vida para defender los derechos de la comunidad homosexual (respeto, matrimonio y adopción); o la conversión del agua en vino en las boda de Caná, con lo que se niega el estigma a las bebidas alcohólicas.

Los discursos de los personajes reniegan de los prejuicios que la Iglesia Católica ha insertado en la mentalidad mexicana, lo cual le otorga a “La Pasión según Tito” una cualidad de frescura inagotable. La puesta, se renueva incesantemente dependiendo de los acontecimientos del país, lo cual justificó la mención en esta temporada (en el convivio que presenciamos) de los cuarenta y tres estudiantes desparecidos en Ayotzinapa, y el candor perceptible por las elecciones delegacionales.

En todo sentido este montaje tiene un perfecto timing, de tal suerte que aplaudimos la inserción de las temáticas actuales en el texto original escrito por Tito, tanto como las brillantes interacciones con el público, que, si bien va dispuesto a dejarse llevar por la ficción lúdica propia del cabaret, podría incomodarse por las interpelaciones directas de los personajes. Al contrario, pareciera que cada uno de los asistentes espera su turno para participar y que se siente contento cuando llega la hora. Ya sea contestando alguna pregunta: “¿Eres católico?”, ¿Por quién vas a votar?” “¿Qué quiere decir cuando gritan me tienes hasta la madre?”, o acompañando con palmas y voz las letras de las canciones de conocimiento popular que enlazan o concluyen los monólogos.

Sin mayores recursos que una tela de fondo en la cual se ha pintado una tumba fastuosa, los vestuarios de los personajes confeccionados en atención a la practicidad y verosimilitud más que al lucimiento estético, dos telas que representan el manto sagrado, la sábana de Jesús, así como un acompañamiento en vivo con música de piano; “La Pasión según Tito” es una increíble lección para la comunidad artística en cuanto a experiencia escénica y para nosotros los espectadores significa un momento de lozana alegría. Recomendable sobre todo y sin duda por su entretenimiento profundo basado en la comicidad representada de manera excepcional.

¡Larga vida al Youkali Cabaret!

Críticas

Cultus interruptus. Comedia impecable. Recomendación total.

por Zavel Castro 17 marzo, 2016

La risa es uno de los mejores aglutinantes sociales; casi nada como ella consigue la comunión entre los espectadores en una sala de teatro. A través de la risa las personas se unen, se sienten parte de una comunidad que los conoce y los abraza, porque se identifican con los mismos referentes, porque cuando alguien se ríe de lo mismo que uno, momentáneamente deja de ser un extraño. La risa es siempre grupal, incentiva la sensación de intimidad, la proximidad con el otro -sensación que se intensifica por cierto en los recintos pequeños (de no más de 150 espectadores)-; nos sentimos alegres en compañía, aspecto todavía más preciado en un mundo en el que el aislamiento, la soledad, el individualismo y el egoísmo, se han convertido en las principales características del hombre posmoderno. De ahí que nos complazca la mayoría de las veces asistir a una representación basada en la comicidad.

Hace algunos días, hemos tenido ocasión de asistir a Cultus Interruptus, espectáculo de la compañía “Ensamblerías”. La obra es dirigida por Roam León, escrita por él mismo junto a Mauricio Durán y protagonizada por Mauricio Durán, Vinicio Marquina y Leonardo Luna, quienes combinan la técnica del clown con piezas musicales de considerable exigencia en su dominio. Más que una exhibición de sus innegables talentos cómico-musicales, la puesta resulta ser un convivio excepcional por la capacidad de los integrantes de jugar con el público sin necesidad de ridiculizarlo, exponer sus “defectos” para hacerse chistosos, una estrategia demasiado burda y cada vez más frecuente en los espectáculos cuyo supuesto propósito es la risa.

 

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Mauricio, Vinicio y Leonardo conquistan al público mediante el desarrollo de sus habilidades y los constantes guiños que tienen hacia los espectadores, guiños que se comprenden como una atención especial hacia ellos y que incluso se agradecen. Incluso en unas escenas donde se requiere la presencia en el escenario de un espectador, se consigue que este se sienta cómodo y acceda a jugar con ellos en lo que se requiera. El espectador no opone resistencia, ya que ha sido invitado a participar como si se tratara de salir con un amigo; no hace falta insistir demasiado para que diga que sí, pues quiere unirse voluntariamente a las escenas que representan de manera constante la desobediencia hacia la autoridad (religiosa en principio, aunque va más allá de eso).

Foto: Darío Castro

Foto: Darío Castro

El espectador, atraído por el desorden, quiere jugar con sus nuevos amigos, quiere hacer reír a los demás junto con ellos, busca unirse al espíritu distraído que anima todas sus acciones, torpeza generadora de carcajadas. Simpatía natural de los protagonistas. Aunque el título evidencia la intención de la mofa sexual, la verdad es que nos encontramos pocas veces con este recurso vulgar. Ni groserías, ni sexo. Comedia limpia. Risa catártica.

 

 

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