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Autor

Zavel Castro

Zavel Castro

Historiadora. Estoy obsesionada con el fenómeno teatral.

Reflexiones

¡Nuestro director creativo celebra el primer aniversario de aplaudir de pie!

por Zavel Castro 21 abril, 2016

Me fascina pensar el teatro como fenómeno estético, como un vehículo apoyado en la Imagen destinado a la transmisión de emociones. Me gusta ir al teatro y aceptar el reto de jugar con las luces para captar la mejor fotografía de lo que pasa en el escenario. Se trata de estar siempre en el momento exacto. Me gusta la sensación que me provoca el intento de capturar lo efímero. Pienso que son fotos, el teatro se pierde en la inmediatez. Esto es divertido.

Aplaudir de pie es un proyecto que me entusiasma muchísimo, porque me permite ir tras las imágenes. Pienso que es una revista fresca, distinta, generosa y una buena manera de acercar a los espectadores a este maravilloso universo artístico.

Críticas

Exceso de equipaje ¿Dónde guarda uno la primera mirada de amor?

por Zavel Castro 21 abril, 2016

La ópera prima en materia de dirección de Pilar Cerecedo merece nuestras mejores atenciones, no sólo por la dificultad del salto que implica cambiar de posición (de ser quien ejecuta la acción a ser quien la dirige), sino por lo airosa que ha salido de esta complicada transición de rol. Cerecedo ha conseguido ofrecer una obra dinámica, familiar, fresca y recomendable para todo público.

Evidentemente el contar con actores de la talla de Romina Coccio (de quien siempre alabaremos su natural disposición a la comedia) Miguel Conde ha facilitado la tarea; el equipo en conjunto[1] ha conseguido crear varios personajes perfectamente dibujados, con caracteres propios, hechos a la medida de cada uno de ellos y en funcionamiento a cada situación.

La coherencia de la obra se consigue no solo por el buen seguimiento de la narración que en ningún punto resulta confusa, sino también gracias al visible trabajo que hubo bajo el escenario en el que los actores y la directora establecieron los rasgos, voces y actitudes específicas que tendrían Coccio y Conde en cada momento. En este punto es necesario aclarar que si bien la obra se desarrolla únicamente con dos actores en escena, cada uno interpreta una variedad de personajes femeninos y masculinos según sea el caso, que responden de manera exclusiva a cada una de las escenas (15 microdramas, quince situaciones de quince parejas distintas) por medio de las cuales se desarrolla sutilmente, entre líneas un discurso sobre el amor y la supervivencia de las relaciones de pareja.

En la obra escrita por Alberto Castillo, “la maleta” que aparece en escena casi como un personaje más, se resignifica dependiendo de la situación cobrando así un significado esencial y convirtiéndose en pieza central del montaje. ¿Qué puede llevarse uno en la maleta? ¿La primera mirada de amor? ¿El recuerdo de una tarde maravillosa? Este elemento protagoniza los momentos esenciales de toda relación amorosa: cuando dos extraños se conocen por coincidencia y deciden enamorarse uno del otro, cuando una pareja sale por primera vez junta de viaje, cuando las cosas funcionan, cuando la relación avanza y comienza a soportarse por comodidad y en el penoso momento del desencuentro, una vez que las cosas terminan, cuando nos resulta difícil intentar creer en alguien más, incluso en el amor mismo, cuando pedimos otra oportunidad y se nos rechaza, etcétera.

Como hemos dicho, tras el juego con los elementos (la maleta y el vestido de Coccio que se transforma en blusa, pashmina y lo que se quiera) se encuentra un discurso esperanzador que toma la vida como un camino infinito en el que no se puede hacer más que avanzar, siempre un paso más adelante, siempre más allá. La maleta sirve para guardar cosas, para llevar aquellos objetos que nos serán útiles en nuestro caminar. “En la maleta se guarda la mejor versión de uno mismo”, se toma lo más favorecedor y se deja lo que no corresponde al ideal que nos hemos hecho de quienes queremos ser y parecer. En una maleta se depositan los secretos, pero sobre todo siempre es necesario vaciarla antes de volver a empezar (de ahí que la elección de la valija resulte tan importante para la vida de cualquiera). Todo fracaso es un aprendizaje. La vida sigue y con ella nuestro equipaje, especialmente la carga emocional. El mensaje de la obra es pues, que al igual que Cerecedo con esta primera puesta –a la que esperamos le continúen bastantes- saldremos triunfantes.

 

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Notas

[1] Cerecedo comentó con nosotros la dicha que significa contar con actores participativos en la creación escénica, que no sólo acaten sino que también propongan.

Críticas

El secreto del clown. El enternecedor y adorable «Augusto»

por Zavel Castro 15 abril, 2016

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Críticas

«Tenis» Una comedia esencial para nuestra querida Zona Rosa.

por Zavel Castro 14 abril, 2016

Una noche de diversión en la Zona Rosa definitivamente debería comenzar con Tenis la comedia escrita y dirigida por Diego Beares. La complicidad que esta obra consigue con su público es envidiable y digna de reconocimiento, todo ha sido pensado y resuelto para complacer a los jóvenes asiduos a este emblemático circuito de la Ciudad de México.

Desde que llegas al teatro ubicado dentro del hotel NH, te sientes bienvenido a una fiesta que promete hacerte pasar un buen rato. Un respiro a final de semana que ayude a sobrevivir lo que falta, que haga olvidar los asuntos que te estresan, una historia ligera que te invite a participar sin obligarte a comprometerte profundamente con ella.

​Esta obra predispone el ánimo al disfrute, verdaderamente te relaja. Mientras esperes que dé inicio la función, el ambiente ya se ha generado: baladas de Paulina Rubio y Belinda acompañan las primera y segunda llamada: el público sonríe, imbuido de referentes de la cultura pop a la que pertenece. El espectáculo comienza sin mayor propósito que el de brindar un entretenimiento de calidad sin demasiada pretensión.

Tercera llamada. Da inicio la obra que no necesita de mayor producción que una escenografía sumamente sencilla, justo lo que se necesita para contar los episodios de la vida de un joven enamorado de su profesor de tenis, un joven que sufre cuando se entera que aquél está próximo a casarse con una mujer hermosa con la que sabe no puede competir. La rivalidad de amor es imaginaria, simplemente porque el profesor no es gay, sino un auténtico símbolo sexual para las madres de los estudiantes inscritos a las clases.  El alumno enamorado resulta particularmente empático ya que logra transmitir la montaña rusa que supone la fijación romántica a un imposible, el primer amor con el que todos hemos soñado para después fracasar. Podríamos decir que se trata del personaje con mayor profundidad de carácter, su construcción, podemos suponer, ha sido un reto importante, en tanto que maneja una amplia gama de matices emocionales: es tan ingenuo como valeroso, tan tímido como decididamente apasionado y tan simpático como enternecedor.

​Como un detalle interesante que dinamiza la escena, hace todo más ágil y procura la atención del espectador, esta historia no se cuenta de manera lineal, sino que se articula a partir de divertidos avances y retrocesos concatenados, en los que además se mezclan la realidad y la fantasía. La obra incluye la voz en off de Itatí Cantoral (que se ha convertido en ídolo de masas por sus papeles de villana en las telenovelas mexicanas) y monólogos de cada uno de los personajes, con el fin de que los conozcamos un poco mejor y comprendamos su punto de vista sobre la historia. En este punto, cabe destacar el acierto en la elección del elenco, pues nos ha parecido verdaderamente grato disfrutar de las simpatiquísimas actuaciones de Jerry Velázquez, Armando Andrade y Fernando Sansores, por referir a quienes verdaderamente se lucieron en la función que compartimos y a partir de la cual emitimos nuestra opinión.

​Aún cuando reconozcamos ventajas en la dirección de actores y algunas áreas de oportunidad en la dirección escénica, recomendamos esta puesta por ser, además de ágil y divertida, una obra de teatro auténtica, es decir que no pretende ser otra cosa que no es: un montaje para pasar un buen rato, una comedia con pleno conocimiento del público al que aspira alcanzar. Pero, sobre todo, se recomienda esta obra por el mensaje emitido desde la sinceridad: el apoyo al matrimonio homosexual, un sueño que para muchos se ha convertido afortunadamente en realidad.

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Sin categoría

Zavel Castro. Nuestra crítica de teatro sobre el primer aniversario de aplaudirdepie.

por Zavel Castro 12 abril, 2016

El teatro para mí es una suerte de paraíso. Es el espacio idóneo para estremecer mi sensibilidad y ejercitar mi pensamiento al unísono. Aplaudir de pie, me significa todo. Es un regalo maravilloso al que me he comprometido por completo. Vale la pena pensar el teatro, es un asunto urgente. Celebro este primer aniversario con un beso en los labios y una rebanada de pastel de chocolate.

Reflexiones

Nuestro Primer Aniversario

por Zavel Castro 10 abril, 2016

Ha pasado un año desde que decidimos ampliar por nuestra cuenta las fronteras de la crítica de teatro en México hasta ahora prácticamente endogámica, reducida al boca en boca de la gente de teatro hacia su gremio, a minúsculas secciones en los diarios de circulación nacional, apenas reseñas de una cuantas líneas o columnas marginales que más que estudiar el fenómeno teatral, o hablar del maravilloso e infinito campo de posibilidades que representa este, se conformaban con el juicio y la recomendación superficial.

La crítica de teatro entonces parecía tener únicamente dos posibilidades: o confinarse al olvido o a un reducidísimo público especializado en el ámbito académico, o bien, seguir las fórmulas de las revistas de espectáculos, simplificando los contenidos para hacerlos digeribles y graciosos, llamando la atención mediante la forma, colocar al espectáculo por encima del rito.

Una noche regresábamos a casa conmovidos como nunca antes tras haber aplaudido de pie una función de “Terrenal” de Mauricio Kartún en el Teatro del Pueblo. Además, habíamos asumido desde hacía tiempo nuestra admiración por el trabajo y el contagio del mismo tras las cátedras y lecturas de Jorge Dubatti. Queríamos prolongar indefinidamente esas emociones. Queríamos cristalizarlas.

Bajo un golpe de inspiración, tras la búsqueda de un espacio donde ejercitar nuestro pensamiento y opinión argumental, presas de una apasionada vocación como investigadores y hacedores, decidimos abrir este espacio off para hablar de nuestra pasión más acusada.

Quisimos documentar nuestros estudios por el valor incalculable que atribuimos a cualquier archivo, quisimos formar una familia vinculada por el amor al teatro en Buenos Aires (donde además admiramos su Modelo de práctica crítica y quehacer Teatral) y en la Ciudad de México; nuestro alcance geográfico ha aumentado así como el equipo creativo y colaboradores en Aplaudir de pie.

Quisimos romper la endogamia y la superficialidad. Creemos que vamos por buen camino. Vale la pena detenerse a agradecer con el corazón a quienes hacen esta página posible y a quienes se ha tomado el tiempo de leernos y compartirnos. Estamos más que contentos.

Críticas

La pasión según Tito. Carcajadas en el funeral de Jesucristo.

por Zavel Castro 24 marzo, 2016

A sus diecinueve años de presentaciones intermitentes, este espectáculo es una muestra de madurez escénica que se traduce en el dominio total del género de cabaret en México. Escrita, dirigida e interpretada por Tito Vasconcelos, acompañada por Luis Esteban Galicia, “La pasión según Tito” es una muestra precisa de teatro de primer nivel que sobretodo respeta la esencia original del rito: el entretenimiento –en su versión aleccionadora sin por ello ser catedrática o impositiva.

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Tito Vasconcelos disfrazado de María Félix, a su vez caracterizada de María Magdalena, presenta la puesta ante los ojos entusiasmados de los espectadores, quienes de inmediato conectan con su simpatía. Y es que si algo podemos decir de la mayoría de los representantes de cabaret en nuestro país (como lo es La Nave de las Locas, la compañía del propio Tito) coinciden en ser poseedores de un carisma que resplandece sobre las tablas.

La puesta, dice María Félix/María Magdalena fue escrita con la intención de reinterpretar “Misterio Bufo” de Darío Fo Contextualiza un poco más sobre qué es “Misterio Bufo”. El resultado de la reinterpretación es una crítica “no a la religión, sino a su club de fans”, aquellos que malinterpretando las escrituras y han creado una doctrina sostenida en conceptos misóginos, de los cuales la sociedad ha hecho uso para maltratar y excluir principalmente a las mujeres y a los homosexuales.

El desarrollo temático de la obra (la exposición de los distintos discursos ¿cuáles?) acompaña a los personajes en su visita al funeral de Jesucristo, quienes pretextando la narración de sus últimos días (“La Pasión” ¿por qué con comillas? y crucifixión), reflexionan sobre la realidad nacional. La crítica a las consecuencias al fanatismo religioso se funde con un señalamiento constante a los defectos enraizados de los mexicanos, defectos que ninguno de nosotros negaríamos, de ahí que las carcajadas por parte del público son interminables: sólo podemos reírnos de lo que reconocemos.

Asentimos sonrientes a las palabras de la Virgen de Guadalupe (Luis Esteban Galicia), quien monologa acerca de la falta de respeto a la figura de la madre reconocible en nuestras altisonantes expresiones cotidianas, así como ante el discurso de una “típica señora de clase media-baja” (Vasconcelos), que guiada por la necesidad acepta todos los obsequios que le ofrecen los distintos partidos políticos por apoyar sus marchas y manifestaciones y que doliente cuenta pasajes bíblicos en los que supuestamente ella vio manifestarse la santidad de Jesús: milagros como la resurrección de Lázaro (Galicia) quien vuelve a la vida para defender los derechos de la comunidad homosexual (respeto, matrimonio y adopción); o la conversión del agua en vino en las boda de Caná, con lo que se niega el estigma a las bebidas alcohólicas.

Los discursos de los personajes reniegan de los prejuicios que la Iglesia Católica ha insertado en la mentalidad mexicana, lo cual le otorga a “La Pasión según Tito” una cualidad de frescura inagotable. La puesta, se renueva incesantemente dependiendo de los acontecimientos del país, lo cual justificó la mención en esta temporada (en el convivio que presenciamos) de los cuarenta y tres estudiantes desparecidos en Ayotzinapa, y el candor perceptible por las elecciones delegacionales.

En todo sentido este montaje tiene un perfecto timing, de tal suerte que aplaudimos la inserción de las temáticas actuales en el texto original escrito por Tito, tanto como las brillantes interacciones con el público, que, si bien va dispuesto a dejarse llevar por la ficción lúdica propia del cabaret, podría incomodarse por las interpelaciones directas de los personajes. Al contrario, pareciera que cada uno de los asistentes espera su turno para participar y que se siente contento cuando llega la hora. Ya sea contestando alguna pregunta: “¿Eres católico?”, ¿Por quién vas a votar?” “¿Qué quiere decir cuando gritan me tienes hasta la madre?”, o acompañando con palmas y voz las letras de las canciones de conocimiento popular que enlazan o concluyen los monólogos.

Sin mayores recursos que una tela de fondo en la cual se ha pintado una tumba fastuosa, los vestuarios de los personajes confeccionados en atención a la practicidad y verosimilitud más que al lucimiento estético, dos telas que representan el manto sagrado, la sábana de Jesús, así como un acompañamiento en vivo con música de piano; “La Pasión según Tito” es una increíble lección para la comunidad artística en cuanto a experiencia escénica y para nosotros los espectadores significa un momento de lozana alegría. Recomendable sobre todo y sin duda por su entretenimiento profundo basado en la comicidad representada de manera excepcional.

¡Larga vida al Youkali Cabaret!

Críticas

Cultus interruptus. Comedia impecable. Recomendación total.

por Zavel Castro 17 marzo, 2016

La risa es uno de los mejores aglutinantes sociales; casi nada como ella consigue la comunión entre los espectadores en una sala de teatro. A través de la risa las personas se unen, se sienten parte de una comunidad que los conoce y los abraza, porque se identifican con los mismos referentes, porque cuando alguien se ríe de lo mismo que uno, momentáneamente deja de ser un extraño. La risa es siempre grupal, incentiva la sensación de intimidad, la proximidad con el otro -sensación que se intensifica por cierto en los recintos pequeños (de no más de 150 espectadores)-; nos sentimos alegres en compañía, aspecto todavía más preciado en un mundo en el que el aislamiento, la soledad, el individualismo y el egoísmo, se han convertido en las principales características del hombre posmoderno. De ahí que nos complazca la mayoría de las veces asistir a una representación basada en la comicidad.

Hace algunos días, hemos tenido ocasión de asistir a Cultus Interruptus, espectáculo de la compañía “Ensamblerías”. La obra es dirigida por Roam León, escrita por él mismo junto a Mauricio Durán y protagonizada por Mauricio Durán, Vinicio Marquina y Leonardo Luna, quienes combinan la técnica del clown con piezas musicales de considerable exigencia en su dominio. Más que una exhibición de sus innegables talentos cómico-musicales, la puesta resulta ser un convivio excepcional por la capacidad de los integrantes de jugar con el público sin necesidad de ridiculizarlo, exponer sus “defectos” para hacerse chistosos, una estrategia demasiado burda y cada vez más frecuente en los espectáculos cuyo supuesto propósito es la risa.

 

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Mauricio, Vinicio y Leonardo conquistan al público mediante el desarrollo de sus habilidades y los constantes guiños que tienen hacia los espectadores, guiños que se comprenden como una atención especial hacia ellos y que incluso se agradecen. Incluso en unas escenas donde se requiere la presencia en el escenario de un espectador, se consigue que este se sienta cómodo y acceda a jugar con ellos en lo que se requiera. El espectador no opone resistencia, ya que ha sido invitado a participar como si se tratara de salir con un amigo; no hace falta insistir demasiado para que diga que sí, pues quiere unirse voluntariamente a las escenas que representan de manera constante la desobediencia hacia la autoridad (religiosa en principio, aunque va más allá de eso).

Foto: Darío Castro

Foto: Darío Castro

El espectador, atraído por el desorden, quiere jugar con sus nuevos amigos, quiere hacer reír a los demás junto con ellos, busca unirse al espíritu distraído que anima todas sus acciones, torpeza generadora de carcajadas. Simpatía natural de los protagonistas. Aunque el título evidencia la intención de la mofa sexual, la verdad es que nos encontramos pocas veces con este recurso vulgar. Ni groserías, ni sexo. Comedia limpia. Risa catártica.

 

 

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Críticas

¿Por qué Genet? Remontar “Las Criadas”: teatro y pertinencia

por Zavel Castro 4 marzo, 2016

El teatro, como fenómeno misterioso se articula a partir de dos características temporales que a menudo suelen comprenderse como contradictorias. Me refiero a su carácter efímero, en tanto que cada función se desvanece sin dejar un registro material del acontecimiento y a su potencial de permanecer indefinidamente en la conciencia de quien asiste, de tal suerte que podríamos definirlo también como una “obra abierta”, es decir que no concluye cuando acaba la función, si no que se extiende indefinidamente en el tiempo.

Lo anterior nos permite defender la teoría de que cierto tipo de teatro no envejece, en tanto contiene desde su creación la flexibilidad necesaria para adaptarse a distintas épocas, a partir de la adecuación de los elementos necesarios para incidir en cada una de ellas, es decir, que puede actualizarse siempre y cuando la temática resulte pertinente y, mientras el tema sea relevante (importe y tenga la capacidad de afectar al público del momento), elementos tales como la escenografía, la dramaturgia, el vestuario, la técnica de actuación, el estilo de dirección, etc., deben modificarse para adaptarse al contexto del que se trate. Ninguna obra rechaza de suyo su modificación, no existe el teatro estático; se sabe que la inmovilidad mataría el propósito fundamental del rito teatral: el entretenimiento. No hay entretenimiento sin dinamismo.

Sirva la introducción para tratar con detenimiento la pertinencia de remontar “Las Criadas” de Jean Genet. Bajo la producción de Rubén Lara y dirección de Salvador Garcini, la obra maestra del dramaturgo francés expone un mundo paralelo que contiene, sintetiza y exhibe mediante la exageración en la injusticia de la relación entre la clase alta y la clase baja, extremos de la escala social, separadas por un abismo. La exposición de la inequidad en las relaciones surgida a partir del sistema económico predominante (el capitalismo), resulta siempre conveniente para fomentar la reflexión entre los espectadores. Si todos somos seres humanos ¿Cuál es el afán de dividirnos pretextando las posesiones materiales? ¿A quién conviene este sistema despreocupado por los vínculos afectivos, interesado solamente en quién tiene más y quiénes menos? El mensaje sigue siendo necesario en nuestros tiempos.

“Las Criadas” muestra a los poseedores de los bienes como villanos que disfrutan el maltrato a quienes ellos mismos conciben como inferiores. Las actitudes de “La Señora” para con sus empleadas y la desesperación que estas sienten por estar desprotegidas ante las humillaciones, al grado de verse orilladas a la rebelión, que en este universo significa el asesinato de la patrona como única vía de escape. Para evitar caer en la simplificación de los caracteres (el rico “malo” y el pobre “bueno”), Genet se sirve de las intenciones criminales de Clara y Soledad, las criadas, para hablar un poco sobre el instinto maligno que habita en todos nosotros.

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La complejidad de los personajes exige un profundo estudio por parte de los intérpretes, que, en este caso, merecen nuestra admiración y reconocimiento por conseguir esto y quizá algo todavía más difícil: el tránsito de la actuación televisiva y cinematográfica hacia la actuación teatral.

Alejandro Camacho interpretando a la Señora, Mauricio Islas, como Soledad y Alex Sirvent como Clara, en quien recaen por cierto los diálogos más contundentes que reflejan la crítica de la sociedad de Genet, demuestran tener lo necesario para desenvolverse en las tablas como si se tratara de su hábitat natural. Juzgando a partir de la naturalidad con la que se desenvuelven en escena podría inferirse un gusto auténtico por el convivio teatral, esa exhibición en vivo por arte de los actores dispuestos a reaccionar ante el estímulo de sus compañeros y de los espectadores. Lejanos de la exageración gestual de la que se sirven para interpretar los melodramas, en “Las Criadas” sus actuaciones son mucho más moderadas,  acaso por haber profundizado más en ellos mismos para dar vida a los personajes de Genet, que son -sin demeritar al género melodramático-  significativamente más complejos que los personajes de la televisión.

El elenco ha sabido traducir la dureza de las acusaciones del dramaturgo hacia la clase alta en personajes ambiguos de gestos delicados. El misterio envuelve la actuación de los tres. Nada hay en ellos de sobreactuación o subactuación: interpretan con gracia, sin exageración. Hacen justicia a la gran y pertinente dramaturgia. Incluso el erotismo entre las hermanas parece una cosa natural. La dirección de actores evitó el exceso a toda costa y consiguió un afortunado resultado.

Clara, Soledad y La Señora son espíritus seductores que caminan en la casona francesa exquisitamente construida por David Antón e iluminada por José Bracho. El universo creado para ellas es majestuoso en la superficie y desgarrador en el interior de los personajes. Todas ellas son, además, materializaciones de la monstruosidad. En este mundo y en aquel nada es lo que parece. La apariencia, traducida en un maquillaje espectacular a manos de Julio Arroyo y vestuario de Cristina Sauza, se desvanece cuando emergen las emociones reales. Entonces hay que temer. Es preciso alejarse antes de sufrir las consecuencias. La señora morirá a manos de sus criadas en un juego de espejos digno de representarse en todo tiempo. Sin duda, la temática de este montaje acompañado de estas acertadas actuaciones lo vuelve necesario para el público mexicano.

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Reflexiones

«El teatro que hacemos». El quehacer teatral en el país de las maravillas

por Zavel Castro 13 diciembre, 2015

El 30 de noviembre del año en curso, algunos de los teatristas más representativos de la escena mexicana se reunieron en mesas de discusión en un encuentro organizado por Ignacio Flores de la Lama, director de CasAzul, para reflexionar sobre su quehacer y compartir sus impresiones y experiencias con estudiantes de la carrera de actuación, pensadores, curiosos y espectadores cautivos y potenciales.

Como receptores del discurso nos corresponde pensar y sobre todo cuestionar lo dicho, de otra forma estaríamos siendo cómplices conformistas de lo que sucede y la conformidad no nutre; solapa, soporta, asiente, sonríe, agacha la cabeza y agradece lo recibido, sea lo que sea. Es cierto que la sumisión caracteriza en la imaginación colectiva al pueblo mexicano, pero si nos apartamos un paso del estereotipo, ejercitando el pensamiento como debe hacerlo la crítica, nos encontramos con un pueblo que niega, reclama e interroga.

Si la conformidad no está de nuestra parte (los teatrólogos, los espectadores, los cómplices imprescindibles del teatro) encuentra cómodo asiento entre los hacedores. Los teatristas y responsables en buena medida de lo que pasa sobre el escenario cultural. Enfaticemos: la conformidad está de parte del teatrista. Esto es peligroso. Esto es reprobable. La conformidad paraliza.

“La gente va al teatro cuando encuentra algo que lo conmueve”      

Como un ponente más, la conformidad acompañó la que acaso fuera la mesa más importante del encuentro, aquella que debía dar cuenta sobre el teatro que se hace en el país de forma sincera, aquella que debía acusar las áreas de oportunidad sin negar por esto las que funcionaban, dar un balance de lo positivo y negativo para señalar en qué punto nos encontramos para trazar un camino hacia adelante.

Afortunadamente hubo dos participante dispuestos a enriquecerse con el pensamiento del otro, dos hombres verdaderamente interesados por compartir y por pensar la situación del teatro mexicano: Enrique Singer, cuya lucidez iluminaba el rumbo de la conversación y Juan Meliá, probablemente el hombre con la opinión mejor argumentada de la mesa. Ambos han sentido la enorme responsabilidad de elegir y programar la puestas que representan a nivel internacional al teatro mexicano, de ahí que hayan desarrollado un criterio seleccionador y que sepan con exactitud la manera en la que convive el arte con la Institución, la libertad con la burocracia.

“El teatro es una obra de cocción lenta”

 Las conclusiones de Singer y Meliá con respecto a la asistencia del público a las salas de teatro, la importancia de ejercer cualquiera de las funciones del universo teatral con humildad, el respeto a las jerarquías dentro del mismo sin que esto signifique adoptar una actitud autoritaria, el cuestionamiento sobre el olvido del teatro de calle en beneficio del teatro de sala, las muestras nacionales como exhibición del grado endogámico al que hemos llegado, la necesidad de correr riegos controlados, la reciente vinculación del teatro con las problemáticas políticas actuales, la toma de postura evidente de los hacedores con la situación nacional, la centralización de la cultura como un fenómeno inevitable, el lugar central que ocupa el género del realismo en las producciones que solo cambiaría con la reformación de los programas de las escuelas de teatro y la diferencia entre el teatro que queremos hacer y el teatro que se hace por encargo, fueron arrojadas sobre la mesa para seguirse pensando.

“El teatro que hacemos es el teatro que necesitamos hacer”

 Lo reprochable aún hacia estas dos voces valiosas (Singer y Meliá), es que el tono general de la discusión era resultado de una visión quizá demasiado optimista y orgullosa de lo que está “logrando” el teatro mexicano, al que presentaron como plural, incluyente, producto de una tradición “inmensa”, rico y bien hecho –generalización dañina-; es decir el teatro mexicano como “mucho, variado y bueno”.

Habría que matizar estas aseveraciones contraponiéndolas con las fallas y fracasos, comparándola con otras situaciones y contextos internacionales. Siendo objetivos, más que conformistas. Sustituir esa actitud de “todo está bien” y “aquí no pasa nada” por una preocupación por aquello que no lo está, combatir lo que no funciona gracias, sobre todo, al apego a la institución, porque no es cierto, como aseguraron, que “abunden” las salas independientes en la Ciudad de México, de hecho este año cerró una de las más relevantes dentro del contexto (me refiero, por supuesto, al Foro El Bicho) y quizá no es del todo cierta esa supuesta democracia ejercida desde sus puestos.

Por supuesto que existe una burocracia que entorpece, un amiguismo y una lambisconería que hace de la adulación uno de los recursos más acusados de los teatristas para montar sus puestas. Por supuesto que hay un enorme nivel de hipocresía en el gremio y que no se ha incentivado lo suficiente el reto y la innovación. De ahí que Villareal, Gaitán y Álvarez Robledo sean grandes excepciones.

En fin que mientras el sistema cultural funcione bajo los mismos parámetros y los artistas se crucen de brazos por temor a perder su sustento, mientras el conformismo con lo que se está haciendo siga presente de alguna manera, no se conseguirá jamás un teatro incendiario, enloquecedor, caótico, pertinente, necesario, voraz, interesante, complejo, relacionado íntimamente con las necesidades de los espectadores (que también deben aprender a serlo), no solo con sus preocupaciones políticas. Mientras exista conformidad nuestro teatro no será una luz que guíe, un abrazo que consuele, una exhibición que sirva, una forma que arrebate. Mientras la conformidad esté ahí, el teatro mexicano no será nunca imprescindible.

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