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Autor

Zavel Castro

Zavel Castro

Historiadora. Estoy obsesionada con el fenómeno teatral.

Reflexiones

Teatralidad bajo las sábanas

por Zavel Castro 20 mayo, 2017

A Daniel Vargas Parra, quien en su cátedra de Teoría del Arte me abrió las puertas al entendimiento de la imaginación y representación a partir de la filosofía kantiana

 

 

Aún sigo pensando en el teatro a partir del sexo y en sexo a partir del teatro. Hace tiempo afirmé que todo ritual de apareamiento lleva implícito algo de teatralidad.[1] Hoy sostengo que dicho despliegue de técnicas de proyección y representación no se encuentran solamente en el cortejo previo al escarceo libidinal, sino en el acto mismo. Durante el intercambio continuo de caricias, besos y otras tantas acciones propias de la faena primordialmente corporal que –no necesariamente- conlleva a la penetración –sirva para esto cualquier orificio- y culmina en el orgasmo,[2] que conocemos  (dicho con propiedad) como “relaciones sexuales”, los involucrados nos convertimos en intérpretes de aquello que consideramos “sexy”, “seductor”, “provocativo” y “deseable”.

La interpretación del personaje sexualmente atractivo contiene y manifiesta sobre todo a través de la gestualidad y el comportamiento bajo las sábanas -o superficie en cuestión- el capital cultural erótico del intérprete, aun cuando sostengamos que todo lo relacionado con el despliegue de nuestra sexualidad obedece al instinto “natural” ajeno a todo adorno o artificio. Es decir, que obedece a la ideología, y en correlación al contexto del objeto/sujeto sexual. Lo que el actor considere sexualmente atractivo hablará mucho de la cultura a la que pertenezca. Esto funciona sin excepción.

La mujer-actriz construye en su mente lo que considera adecuado para la función, asume el personaje e intenta adaptarse a la imagen mental mediante las herramientas físicas a su alcance: miradas, gestos, movimientos, ritmos, sonidos, etcétera. Es decir que si el actor o actriz eligen la interpretación de “lo dulce”, “lo inocente” “lo tierno” porque consideran que su selección (las mayoría de las veces inconsciente) es adecuada para el momento y la pareja sexual, que según nuestra analogía participaría como espectador, si quiere imitar la tergiversada y mal entendida imagen de la Lolita, o de las bobaliconas actitudes de las pin-ups,  entonces optará por mostrar una mirada coqueta no demasiado frontal o directa, exhalará gemidos suaves, será pródiga en caricias y se dejará hacer antes con un toque de sumisión y cuidándose de mostrarse demasiado avezada en el tema, pues cualquier contradicción a la imagen de la sutilidad o inexperiencia rompería la convención.

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Si se elige en cambio “lo bestial”, “lo atrevido”, “lo picante” a manera de Femme Fatal encarnado por ejemplo en el personaje de Samantha Jones, entonces actuará en consecuencia y no dudará en accionar de manera agresiva (con mordidas, nalgadas, rasguños, insultos, etcétera) cuidándose de cualquier expresión de ternura. Lo importante es no romper la ilusión del personaje. Respetar el planteamiento hasta las últimas consecuencias. Lo mismo ocurre en el caso del hombre-actor, que si bien obedece a otros arquetipos, reacciona con gestualidad y violencia o pasividad semejantes dependiendo el caso. Hay quien se compromete de más con el personaje y adquiere todo tipo de enseres fetichistas para complementarlo (accesorios, vestuario, lugares idóneos para el desarrollo de su papel, sitios que por su ambientación fungen como escenografías exactas).

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Así pues, en la cama todos somos potenciales primerísimos actores.[3] Vamos hasta donde el  personaje nos permita sin importar que algunas veces contradiga nuestro rol social o quizás lo que somos en esencia. Por usar la desgastada noción repetida hasta el hartazgo en las escuelas de actuación, diremos que en el momento previo de llevar a cabo nuestro papel, dejamos que el personaje “nos habite”, actuamos según los dictámenes del mismo. Gracias al artificio teatral también somos “espejismos”, somos una visión de aquello que el otro quiere que seamos. De lo que el otro necesita ver para experimentar placer. Jugamos a complacerlo. Somos para el otro.

Solo entonces somos capaces de dejar que nos fotografíen durante el acto con tal de sentirnos por un momento Linda Lovelace o la actriz porno que tengamos en la mente, participamos gustosos en un trío porque esa noche decidimos representar nuestra faceta desinhibida, hacemos, decimos y aceptamos que nos hagan cualquier cosa con tal de alcanzar la tan ansiada verosimilitud propia del fenómeno escénico. Nos dejamos guiar por esa imagen mental que construimos, estamos dominados por nuestra imaginación. El intercambio sexual es teatro. Teatro y sexo son primordialmente imaginarios. Bajo las sábanas nos representamos. Poco importan los aplausos.

Zavel

 

 

[1] Escribí sobre esto en “Gozar y hacer gozar. La teatralidad en los clubes swinger”: http://aplaudirdepie.com/gozar-y-hacer-gozar-la-teatralidad-en-los-clubes-swinger/

[2] Según el esquema ideal de William Masters y Virginia Johnson.

[3] Directores e  incluso  iluminadores  y diseñadores de sonido ¿no es cierto que controlamos la intensidad de la luz y la música  que escucharemos al hacer el amor?  Incluso somos dramaturgos. Sabemos qué decir dependiendo de lo que intentemos conseguir.  El sexo es teatral, qué duda cabe.

Reseñas

Despojos para un lunes ¿vas a venir a la fiesta?

por Zavel Castro 6 mayo, 2017

Al ritmo de los éxitos musicales del rock & roll en español, llegamos al nuevo departamento de Eleuterio, un hombre que adivinamos no ha rozado ni por error el éxito profesional ni sentimental, quien tras su fracaso más reciente, su divorcio y la decisión de Tania (Yoshira Escárcega)  su ex mujer  por no permitirle convivir demasiado con Daniel, el pequeño hijo de ambos, se encuentra desesperado por sentirse de  nuevo merecedor del cariño y atención de los que ahora ve perdidos tras comportarse de manera irresponsable como padre y esposo.

Como uno más de sus ridículos intentos por recuperar a su familia, Eleuterio organiza una fiesta para celebrar el cumpleaños número cuatro de Daniel, sin embargo, se entera que para poder llevar a cabo la misma debe contar con la autorización de sus vecinos: Margarita (Alejandra Galván) y su hija Romina (Lizeth García), Bertha (Florencia Elvira) y Julio (Francisco Granados), todos, personajes ordinarios con necesidades afectivas insatisfechas que buscan relaciones enfermizas para dar sentido a su mediocridad. Cabe destacar la bien lograda construcción de casi todos los personajes por parte del dramaturgo Hugo Wirth,[1]  ya que es sin duda, en los caracteres de los mismos en los que recae la intensidad dramática de la trama propuesta. Más que la dinámica entre ellos, son los personajes en su accionar individual los que interesan al espectador.

Especialmente porque todos los personajes están cargados de una soledad que nos entristece en la medida en que podemos reconocerla en nosotros mismos, más allá de la pertenencia o no a su estrato social (de clase baja/media-baja) que afortunadamente, escapa de la caricaturización.[2]  Este dejo de realidad se logra también gracias a la ambientación a cargo de Edgar Mora, quien construye un complejo habitacional –casi como si se tratara de una vecindad- concentrado espacialmente en la zotehuela, donde tendrá lugar la fiesta del hijo de Eleuterio. Lugar por cierto, custodiado y envidiado por el resto de los habitantes del inmueble.

Los vecinos. Al igual que Eleuterio e incluso que Tania, fundamentalmente representan a personas solitarias que hacen de todo para ignorar ese estado que los ha acompañado tanto tiempo que ya no sabrían vivir con una disposición de ánimo distinta. Tanto los personajes como muchos de nosotros, los espectadores, nos “enamoramos” para no sentirnos solos, estamos dispuestos a hacernos amigos hasta de nuestros padres (si se dejan) con tal de sentirnos acompañados, hacemos fiestas aun cuando intuimos que el festejado no vendrá, nos drogamos, tenemos relaciones buscando quedar embarazadas para emocionarnos con el impacto de la noticia y entretenernos con el crecimiento del bebé en nuestra barriga, inflamos globos, soplamos velas, esperamos con ansiedad que llegue un solo día de la semana para permitiros ser libres, para pasar tiempo con las personas queridas a las que también lastimamos para pasar el tiempo, para forzar un vínculo. Hacemos un montón de cosas con tal de no estar a solas con nosotros mismos porque no somos suficientes. Simulamos empatía, simulamos seducción, simulamos todo lo que podemos. Pero no podemos fingir amor propio. A veces somos tan ridículos, tan insignificantes…

“Despojos para un lunes” gira entorno de la soledad, esa poderosa carga que nos trae hasta el teatro. La soledad que lleva a Eleuterio hasta lo más profundo de sí mismo, hasta ese extremo que desconoce, una oscuridad de la que no es consciente y que lo motiva a hacer lo indecible y lo impensable. A pesar del motivo principal y lejos de lo que podría pensarse, no se trata de una obra inclinada a la tragedia o al melodrama, sino de una comedia que nos invita a reírnos del desgraciado devenir de los que viven sin amor y que encubren esta carencia con una parafernalia similar a la que se despliega en una fiesta infantil de barrio. Colorida, escandalosa, precaria, vacía, repleta de risas fingidas y de carcajadas innecesarias, llena de gente que invitamos más a fuerza que con ganas… y es que a veces así es la vida.

Zavel

[1] Encontré imprecisiones en el personaje de Julio, que si bien, es interpretado por uno de actores más destacables del montaje (Francisco Granados) –siendo el otro el protagonista Rodrigo Ojeda- , refleja contradicciones inverosímiles en tanto que en principio propone a un personaje de barrio vulgar cuyos deseos sexuales se reducen a la excitación que siente por las jovencitas y que utiliza a Bertha para desahogar sus fluidos, siendo capaz para esto de mantener relaciones sexuales por un Glory Hole que improvisan en la pared que separa sus apartamentos, y que se refiere al sexo femenino con apelativos soeces y que, de pronto, sin algún indicio si quiera impreciso de que en su background pudiéramos encontrar alguna conexión literaria, Julio lanza un discurso perfectamente articulado y medianamente culto para narrar sus deseos hacia Romina. Un degenerado de cuarta categoría de pronto da un salto y deviene en poeta. No es que en la misma persona no puedan converger ambos mundos (el poético y el sexualmente explícito, yo misma escucho con el mismo ánimo a Daddy Yankee que Otis Redding o a  Schubert) sino que el personaje en su planteamiento no da pie a que en él quepa esta ambigüedad.

[2] Son personajes de barrio “reales” lejanos de los estereotipos reproducidos tantas veces por el cine mexicano de oro de los años treinta, especialmente aquellos dirigidos por Ismael Rodríguez.

Críticas

Un fin de semana dedicado ¿al amor?

por Zavel Castro 20 abril, 2017

 

Raúl Serrano dice que hay tres tipos de conflictos que sostienen la trama de cualquier obra dramática clásica –en oposición a las posmodernidades que día a día se multiplican y que con esto dificultan voluntariamente su lectura y análisis-. Los conflictos son entonces, conflicto de los personajes consigo mismos, conflicto del personaje con otro y conflicto de personaje con el mundo o con alguna entidad metafísica (algunas obras contienen a los tres). Muchas veces la problemática atraviesa por o se desencadena a partir de alguna tensión relacionada al ámbito romántico, pasional o amoroso. Es así que decimos que el amor es uno de los grandes temas del teatro, punto menos que omnipresente, recurrente y necesario como lo es en la vida cotidiana más allá de los escenarios. Especialmente (por su teatralidad implícita)  el amor expresado meramente en el deseo carnal y de posesión simbólica del otro, ya sea momentánea, que si bien no abarca la magnitud de la potencia amorosa constituye una de sus fuerzas más abrasadoras justificando cualquier impulso y, sobre todo, para el tema que nos interesa, casi cualquier resolución escénica.

En el teatro se expresa el deseo amoroso de muy distintas maneras, sin lugar a dudas las manifestaciones más acusadas dan cuenta de la ideología, fiel representante de la realidad social del sitio donde tenga lugar la representación. Dicho esto puedo intentar una aproximación a la comprensión del tratamiento que se le da al “amor” manifiesto en las preferencias carnales de un personaje, es decir, si prefiere acostarse con un personaje antes que con otro por cualquier motivo, a partir de dos obras de teatro de la cartelera de  la Ciudad de México: “El otro lado de la cama” y “Tr3s”. Ambas obras reflejarían la idea imperante sobre el amor de la clase media alta a la que pertenecen sus personajes y al mismo tiempo, los espectadores a los que van dirigidos los montajes.[1]

Me enamoré de alguien más ¿Qué importa quién es?

EL OTRO LADO 3

“El Otro lado de la Cama” escrita por David Serrano y dirigida en México por Ricardo Díaz sigue el desarrollo de una comedia de enredos, es ligera y se agiliza aún más por los números musicales con los que se acompañan las escenas relevantes de la historia de dos parejas de amigos que se intercambian sexualmente mediante traiciones (son infieles unos con otros) motivados simplemente por atracciones momentáneas. En este montaje no encontramos complejidad alguna, son simplemente personajes simpáticos (diríamos que todos los miembros del elenco tienen charming) sin mucho más que contar que con quién se acuestan y con quién andan. Un montaje superficial para pasar el rato. Mejor aún si se aprovecha la venta de bebidas alcohólicas en el teatro.

Por cierto que la historia es contada desde una óptica masculina, el peso de la narración recae en “Pedro” (Erick Elías), quien es dejado por su novia “Paola” (Tessa Ia) enseguida busca a la novia  (Camila Sodi) de su amigo (Sebastián Zurita) como una especie de venganza desviada. Esta obra se presenta sin mayor pretensión que ofrecer al público que la oportunidad de ver “actuar” a los “famosos”. La historia atrapa –pero no cautiva- de la misma manera que lo haría escuchar una conversación de amigos en algún café, en la que contaran cómo van con sus respectivas búsquedas sexuales y con mayor suerte amorosas, todos permeados de una moral conservadora que motiva al ocultamiento del deseo y a la culpa posterior a la realización del acto.

Culpa que por cierto no existe en el universo propuesto en “Tr3s” escrita y dirigida por José Alberto Gallardo. Esta obra que da tratamiento al tema amoroso también mediante las inclinaciones sexuales del personaje principal “Tom” (Harif Ovalle) a quien vemos aburrirse de su pareja actual y descargar su libido inmediatamente en “Bety” (Andrea Guerrero), ambas estudiantes mientras que él es profesor por lo que aprovecha su lugar privilegiado de poder para ejercer una seducción poco ética y bastante común. Con ninguna de ellas tiene una relación profunda ni completamente placentera. No se complementan y realmente no establecen algún vínculo significante, por lo que parece no importar. La ruptura de la relación principal produce un desequilibro pasajero – al igual que “En otro lado de la cama” que se arregla rápidamente con la sustitución de la pareja.

Aunque el lenguaje matemático empleado en “Tr3s” es por lo menos interesante, ambas obras instalan al espectador en el terreno del zapping emocional, de la dictadura del tinder y los encuentros tan esporádicos como desechables, correspondiente al amor en los tiempos posmodernos urbanos de clase media alta como decía al principio, donde todo es reemplazable, el amor es irrelevante, las historias románticas son simplonas, vacías, insustanciales, los conflictos son pretextos para pasar de un cuerpo a otro sin que esto tampoco signifique gran cosa.

Insisto entonces: el teatro da cuenta de la realidad cultural (la ideología omnipresente), ¿esto significa entonces que según ambos montajes importa más con quién nos acostamos que de quién nos enamoramos? ¿Significa que el amor ha dejado de inspirar emociones profundas para ser simplemente un vehículo de entretenimiento como cualquier otra actividad ociosa? ¿Son estos conflictos superfluos de los que nutrimos nuestro teatro? ¿Son estas ideas ramplonas las que sostienen nuestra idea del amor?

Zavel

 

 

[1] Deducción válida tras el análisis de la localización de los teatros donde se presenta, pertenencia al circuito cultural e incluso localidades de los boletos especialmente los del Foro Cultural Chapultepec donde tiene lugar “El Otro Lado de la Cama”, obra absolutamente comercial sin pretensiones artísticas, mientras que “Tres” pertenece al género atribuido por Dubatti como teatro comercial artístico, que buscaría una mayor relevancia discursiva y exigiría mejores interpretaciones.

Reflexiones

Segundo Aniversario. Nosotros y el Teatro

por Zavel Castro 3 abril, 2017

Cumplimos dos años de compartir nuestras reflexiones en torno al fenómeno teatral, y es que Aplaudir de Pie ha nacido con la idea de ser un espacio para compartir pensamiento sobre el fenómeno teatral y ha crecido con la idea de ser parte de la comunidad artística y crítica de cualquier sitio que tenga ganas de dialogar con nosotros. Para nosotros el teatro es un convivio, por lo que se trata de compartir; rechazamos por tanto, todas las divisiones que respondan a estímulos e intereses individuales que nos separen como comunidad. Nos hermanamos así con todas las páginas de teatro independientes que han nacido antes y después de nosotros por amor al teatro. El surgimiento de los espacios independientes nos reconforta porque son una ventana de libertad que resquebraja hegemonías, escuelas de pensamiento e imperios de opinión cerrados y ortodoxos. Todos juntos somos la nueva escuela de crítica teatral. La renovación es importante. La actualización generacional también lo es.

Motivados por este ánimo de compartir estamos siempre dispuestos a debatir y conversar, a intercambiar puntos de vista enriquecedores. Es por esto que en dos años hemos expandido nuestras fronteras, ahora somos parte del mapa teatral en Buenos Aires (nuestro punto de origen), la Ciudad de México y amenazamos con llegar pronto a Medellín. Y estamos en todas partes donde el pensamiento puede ser libre –aunque es nuestro deber devenido en placer personal argumentar toda opinión-, desde nuestro sitio, pero también en Facebook, Twitter  e Instagram.  Nos llena de júbilo haber nacido en este siglo de paraísos virtuales.

Estamos felices de llegar a este punto, hemos laburado mucho para hacerle honores a nuestra pasión por el teatro, a él nos acercamos devota pero no sumisamente, nos ponemos frente a frente suyo para admirarlo sin idealizarlo porque creemos que solo así será posible comprenderlo. Es el arte más humano de todos, es complejo e imperfecto como nosotros.  Lo tratamos como un objeto de deseo fascinante,  estudiamos todo el tiempo, vamos a todas las funciones que podemos, nos preocupa entender. Lo miramos y obtenemos fotografías grandiosas, reflexionamos en torno suyo. Celebramos su existencia, reclamamos las injusticias en su contra y nos alegramos con sus logros y alcances. Seguiremos riendo, llorando, discutiendo, pensando y haciéndole fotografías al teatro, agradecidos con quienes nos han invitado a ver sus montajes y con quienes nos siguen y leen. Vamos por más todos juntos.

 

 

Zavel, Ricardo, Darío, Manya y Verónica

Críticas

Homo Empaticus. Civilización y barbarie

por Zavel Castro 20 febrero, 2017

¿Qué puede salir mal en una sociedad cuya funcionalidad ha sido planeada con precisión y cuidado para que todo salga bien? En un futuro impreciso se ha creado un mundo que se antoja alterno, dependiente por completo de la empatía. En esta ficción que no llega a realidad ni fantasía, sino más bien a simulacro, la amabilidad es un imperativo categórico. Lo políticamente correcto se dice y se hace con el fin de no ofender a nadie. Los malos entendidos son evitados a toda costa. Se utilizan eufemismos para evadir verdades. Se diluyen también las identidades de género determinantes y condicionantes en tanto a los roles que deberían interpretar, llamándose “personas” en lugar de hombres  y mujeres.  Todo esto porque el disgusto no es una posibilidad.

La compañía TransLímite a cargo de la dirección de Cecilia Ramírez Romo, presenta la obra escrita por Rebekka Kricheldorf sumándose con esto al cuestionamiento de la sociedad ideal, para responder a través del teatro, que simplemente esto no existe, que es un ideal tan frágil como cualquiera y que se desvanece al pensarlo con calma. No es difícil comprender por qué  han decidido montar esta dramaturgia de tendencia intelectual puesto que encona a la perfección con la búsqueda que los ha caracterizado hasta ahora, su inclinación a la investigación y resignificación de los elementos que articulan la idiosincrasia de nuestro país y acaso de nuestra generación.

El  montaje responde a una estética “científica” pues es gracias a la aplicación e ingesta de ciertas “sustancias” que las personas que habitan ese mundo raro pueden combatir algunas de las reacciones naturales o instintivas, que muchas veces se configuran en lo que a partir del psicoanálisis se conoce como “mecanismos de defensa”  que podrían provocar fallas en el sistema: celos, envidia, deseos sexuales no correspondidos, apetencias no satisfechas, frustraciones a pesar de las injusticias, victimización, agresión. Todo esto queda fuera en atención de una artificialización que combate la bestialidad y el salvajismo a la que tanto temor ofrenda la idea de civilización.[1]

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En esta construcción satírica y crítica, en este “mundo ideal”, tanto como en el nuestro, el sexo es el detonante de las peores conductas, sigue siendo percibido como un factor peligroso no siempre relacionado al amor y menos aún al amor libre. Si bien aquí ha logrado desprenderse de connotaciones morales no ha conseguido desaparecer la necesidad de posesión de un cuerpo por otro. Normal si tomamos en cuenta su extraordinario y algunas veces irresistible poder. Esta idea replica el mito bíblico de la manzana mordida y el despertar del deseo, la discordia que esto despierta, la vergüenza, las rivalidades. Siguiendo esta idea el sexo contendría también nuestra perdición como humanos y como sociedades si nos dejamos llevar. La sociedad ideal incluso monta una obra de teatro para representar el salvajismo de hombres y mujeres en otros tiempos, sus vicios, su sexualidad desbordada, toda la violencia de la que es capaz. Teatro dentro del teatro dentro del teatro. Mundos dentro otros.  Esta escena ha sido quizás la mejor lograda en la función a la que tuvimos oportunidad de asistir.

La reflexión de la sociedad, el discurso crítico de Kricheldorf, es puesto en carne por: Dulce Mariel, Manuel Cruz Vivas, Eugenio Rubio, Alejandro Zavaleta, Diana Sedano (en video) y -quienes merecen atención especial por sus destacadas interpretaciones- Daniela Luque y Myrna Moguel. Sus actuaciones, tanto como la disposición espacial del público en el teatro el Granero del Centro Cultural del Bosque, obliga a los espectadores a reconocerse y confrontarse en esa realidad otra que muchas veces han soñado, en ese mundo más justo cuya imposibilidad conlleva a la desesperanza. Todo puede siempre salir mal. No son los factores. No es el contexto. Es la interacción humana lo que degenera la perfección.

“Homo Empaticus” es un montaje que incita al pensamiento sin dejar de estar artísticamente bien logrado. Entretenido sin tener por ello que ser ligero. La dirección es certera. La dramaturgia impecable. Es en esta obra en la que hay que detener la mirada. Es una obra a la que hay que ir. Un trabajo por el que ha valido la pena ser espectador.

 

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[1] Esta oposición, “bestialidad/civilización” sería la idea fundamental del progreso social por lo menos desde la Edad Media. Para comprender mejor el funcionamiento dialéctico del mismo sugerimos la lectura de “Los bárbaros: ensayo sobre la mutación.” de Alessandro Baricco. Disponible en: http://www.elboomeran.com/upload/ficheros/obras/los_barbaros_2.pdf (consultado por última vez el 20 de febrero de 2017).

Críticas

El apego. Crecer es aprender a despedirse

por Zavel Castro 20 febrero, 2017

El teatro es un corazón abierto que nos permite entrar en él para habitar momentáneamente mundos distintos, es también unos brazos abiertos que nos reciben y nos consuelan, es un espejo en el que nos reconocemos y es una herida y un recuerdo que  duele mucho y que se abre a cada tanto para volvernos a lastimar más. Nunca es demasiado. Nunca es suficiente y pocas cosas nos hacen llorar más que reconocer las pérdidas. La invocación de la ausencia. El personaje que se evoca es más poderoso que el personaje que se ve.

Piezas dice en uno de sus raps dolientes, que crecer es aprender a despedirse. Y esto es así. Nadie dice que el camino sea fácil de andar. A veces hay que dejar ir a la gente que quisimos, a veces a las que nunca dejaremos de querer. Unos de los adioses más difíciles debe ser sin duda alguna la de los padres ¿Qué pasa cuando se van para siempre? Emiliano Dionisi, dramaturgo y director argentino de El Apego, responde con un montaje vivo que no hay más que hacer con la irremisible pérdida que llorarlas. También somos aquello que dejamos ir.

Esta obra conmueve por la verdad que transmite, por la honestidad que motivó tanto la escritura del texto  como las interpretaciones de Miguel Pérez Enciso (quien en una de las escenas nos regala una virtuosa secuencia corporal) Guillermo Revilla y Alejandro Piedras, actores mexicanos, hacen un mismo personaje, que versionan a partir de sus caracteres individuales.[1]

Lo entrañable de la obra se logra también gracias al trabajo de Tentzing Ortega, escenógrafo me iluminador y de Aldo Vázquez Yela, vestuarista. Juntos han creado un espacio que contagia sensación de hogar, creando una casita de barrio que podría ubicarse en cualquier lugar de la Argentina o México y más allá de estos confines. Es una casita en la que cualquier espectador siente que podría haber vivido, rodeada de fotografías familiares, llena de nostalgia. Lo mismo los vestuarios, que remiten a un tiempo pasado y a una clase media, elementos que rehúyen el énfasis y  la obviedad sin dejar de ser por esto fácilmente reconocibles.

El apego va sobre la ausencia de los padres y sobre el proceso que genera este vacío. La etapa de la enfermedad que suele ser la más difícil de sobrellevar, aquella que nos parece eterna y que nos cambia para siempre nuestra relación con el mundo. Cuando la vida impone el cuidado de los padres nada vuelve a ser lo mismo. Es cierto que cuidar puede ser el acto más amoroso posible, más aún cuando se tratan de los últimos días de una persona que nos cuidó durante nuestros primeros, pero como dijo Didanwy Kent[2], también puede ser un acto profundamente violento, absolutamente transgresor, pensar que sabemos exactamente qué necesita el otro e imponérselo “por su bien”.

 ¿Qué es cuidar? Pocas veces se piensa en todo lo que esto implica.  El que tiene que ser cuidado, el que pierde sus facultades para depender del otro, el que abandona todas sus fuerzas contra su voluntad se siente al mismo tiempo agradecido y humillado. Más aún cuando la relación natural se ha invertido, porque antes los padres nos han cuidado a nosotros y para ellos así debería seguir siendo. La inversión de papeles es siempre sorpresiva, ofensiva. El cuidador sacrifica su vida al que necesita de él, en este sentido ¿Quién pierde más? ¿El padre cuando cuida al hijo o el hijo cuando cuida al padre?

La obra es impactante, incluso el aplauso del público es un tanto silencioso. Las verdades paralizan. La emoción se contiene para explotar en llantos tardíos. Y es que Dionisi ha hablado de lo que no debe hablarse. Y es que el talento argentino es así, que vuelve teatro, que vuelve oro lo que toca. Nos afecta. Nos deja pensando en nuestros propios apegos y en los adioses que se adivinan.

 

 

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[1] La obra está escrita originalmente como un monólogo, pero gracias a la premura con la que tenía que realizarse el montaje (tuvieron solo 3 semanas de ensayos y director y actores nunca antes habían trabajado juntos), Dionisi adaptó el texto subdividiéndolo o desdoblando al personaje original en 3 para facilitar memorización y dirección,  complejizándolo a su vez.

[2] En una sesión del seminario otorgado por Jorge Dubatti como parte del programa del Festival Universitario de  Teatro, generador por cierto de la vinculación de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), vínculo responsable del montaje de Dionisi.

 

Reseñas

I <3 NY

por Zavel Castro 6 febrero, 2017

Dos personas se conocen en el vagón del metro en Nueva York. Se miran y se gustan. Se coquetean. Una se anima a acercarse a la otra para preguntarle su nombre. Conversan un poco y salen juntos del vagón para seguir platicando en una cafetería cercana. Ambas se encuentran de paso por esa ciudad, sólo que a una le queda menos tiempo que a la otra. Una de estas personas es árabe, otra, mexicana. Salvaguardando las diferencias culturales, las dos buscan el amor y cuando creen que lo encuentran se dedican a contarla, cada cual en su versión. Cuentan su historia a los espectadores que, como ellos, buscan también ese milagro que empieza con una coincidencia y que dura motivado por una decisión.

Respetando la convención que dicta que toda estructura debe seguir un inicio, un nudo o problema y un desenlace, estas personas se ven obligadas a sortear el problema de la distancia cuando se encuentran separados por vivir realmente en distintos países así como el de la desconfianza, porque se han tratado demasiado poco como para realmente entregarse a una relación con escasas certezas y probabilidades de éxito. Han pasado solo una buena tarde juntas. Ni siquiera una de las mejores. ¿Por qué atreverse entonces? Simplemente porque se han gustado y porque se han caído bien y eso no pasa todos los días. Tienen ganas de vivir una historia de amor. Tienen ganas de enamorarse o de creer que lo están. Y de convencer a alguien de la autenticidad de sus sentimientos. En este caso ese alguien es un público con quien comparten sus vivencias y quien termina siendo cómplice y testigo. Las interacciones con él son acertadas, los chistes caen siempre. La experiencia encuentra en él a un gran interlocutor.

Foto; Darío Castro

Foto; Darío Castro

 

Y es que todo amor es una ficción. Es una historia digna de narrarse. Todo amor es importante. Más aún en estos tiempos donde lo que se fomenta es el odio, la intolerancia, el racismo y la violencia manifiesta en cualquier forma. El amor hoy en día es uno de los mayores actos de rebeldía, uno de los más poderosos. Lo mismo que el teatro. Lo importante es ir en contra. Resistir. No dejarse vencer por aquello que impera. Desde el discurso de la política se nos aconseja el egoísmo y el ataque a todo lo que sea distinto y la otredad es infinita. Vamos hacia la guerra. Por eso más que nunca el amor vale la pena.

Es precisamente el tema de “I love NY” (el amor en estos tiempos de vacío) lo que justifica su pertinencia. Este montaje ligero, cuenta con muy poca producción, apenas dos actores, dos sillas, una pantalla  y unas cuantas imágenes que al proyectarse darán lugar a la escenografía; una prueba más de que al teatro no le hace falta demasiado ornamento para ser entretenido. Al final, el público no sabrá si lo que le han contado en el teatro sucedió en realidad. Si el amor fue posible o imaginario. Como todos.

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Reseñas

Angélique. Siempre vamos hacia otro lado

por Zavel Castro 5 febrero, 2017

Quienes salimos de casa para no volver más esperamos dejar en los que se quedan recuerdos que brillen cada noche cuando cierren los ojos. Queremos que piensen en nosotros y esbocen una pequeña o qué mejor una gran sonrisa. Quisiéramos dejar nuestro amor palpable por todas partes, besos entre las sábanas, abrazos por los rincones, quisiéramos también que nuestra ausencia doliera un poco, tener la certeza de que seremos inolvidables.

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Foto: Darío Castro

Para emprender el eterno viaje no podemos llevar demasiado en las maletas, acaso un puñado de canciones, porque la música viaja ligera y no hay algo que contenga mejor nuestras emociones, no hay algo que mejor las comprenda. Una melodía nos regresa de manera instantánea a aquel lugar que nos hizo felices, nos hace pensar en la gente que nos significa, nos cambia el ánimo o lo profundiza, abre viejas heridas y nos consuela. Mayormente la música sirve para momentos de añoranza. Para extrañar profundamente. Suspirar y dejar ir.

Avanzamos. Somos todos migrantes, como Angélique, quien nos cuenta que ha llegado a la Ciudad de México desde Francia. Ha llegado en la década de los sesenta. En un puerto se ha despedido para siempre de su madre, ha embarcado simplemente para irse sin buscar algo en particular. Se ha ido de casa para recuperar la capacidad de sorprenderse a cada paso en un lugar que desconoce, con una cultura ajena. Ha decidido ser una extraña. Y ha querido dejar un amor tranquilo para lanzarse hacia otros inciertos. Asegura que después de ella los hombres se vuelven guapos.

Foto: Darío Castro

Foto: Darío Castro

Angélique goza tanto como sufre su partida. Su peregrinar infinito. Su color de piel la expone a ser vista con la admiración que supone lo distinto, pero también con el temor que explica la intolerancia. A ser señalada por ser más oscura, como si esto en verdad marcara una diferencia. Sabe que está a la mitad de dos mundos, el que era y el que es, su lugar de origen y la ciudad donde quiere estar. Ella misma es distinta todo el tiempo, se reinventa para seguir su camino. No le da miedo decir adiós. Nos canta su historia. Nos baila. Nos cuenta chistes. Nos entretiene. Tenemos el placer de conocerla en una función de cabaret. Descubrimos en ella a una amante del placer que como tal no desconoce el hecho de que la vida es constantemente un instante irrepetible. Hoy hay. Mañana, quién sabe.  Cuando sabemos que algo se va acabar disfrutamos más los últimos minutos.

Es una mujer que no se arrepiente de nada. Pertenece a la secta de los traviesos. Nos dice que es una pecadora con experiencia. En ella habita la alegría de vivir que no se apaga ya ni con el desamor, ni con el racismo que sufre en todas partes. Sabe que hay gente que tiene más prejuicios que verdades y sigue cantando para que caigamos en su hechizo, para que creamos todo lo que nos dice aunque nos advierta toda la noche que mentir es algo que le gusta y que le sale muy bien. Es una mujer coqueta que tiene dividido el corazón y comparte con música las dos partes.  Angélique es una obra perfecta para los que andamos de un lado a otro para sufrir por lo que se ha dejado, para soñar lo que no se tiene. Para los que aún escribimos cartas. Para los que estamos a la mitad. Para los que no podemos acostumbrarnos. Para los que la vida es siempre ir más allá. Siempre hacia otro lado. Para los que amamos todas las noches como si fuera la última.

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2016

por Zavel Castro 22 diciembre, 2016

Te agradecemos de todo corazón haber compartido este 2016 con nosotros. Si nos invitaste al teatro, si nos acompañaste a ver alguna obra, si nos leíste y te sumaste a la reflexión, incluso si discutiste con nosotros.  Sigamos aplaudiendo de pie este maravilloso convivio poético.  Te deseamos mucho más teatro para el próximo año. Felices fiestas.

 

Reflexiones

A propósito de la Librería Paso de Gato

por Zavel Castro 22 diciembre, 2016

Quiero dedicar mi última reflexión del año a celebrar la apertura de la Librería Paso de Gato, su inauguración es, sin lugar a dudas, todo un acontecimiento[1] que viene a endulzarnos el sabor que nos dejó este caótico 2016. El esfuerzo editorial que desde hace más de una década vienen haciendo Jaime Chabaud y José Sefami, fundadores primero de la revista, luego del sello editorial  y a continuación propietarios de la librería, es absolutamente loable y digno de cualquier cantidad de felicitaciones. En Aplaudir De Pie queremos sumarnos a estas compartiendo lo que para nosotros significa la aparición de un espacio dedicado a la difusión literaria (en su dimensión material) de las artes escénicas.

El enriquecimiento del panorama cultural de la ahora llamada Ciudad de México[2] (por ahora, ya que no dudamos de la existencia del germen de contar en el futuro promisorio, con sucursales en el resto del país), así como el refuerzo de los vínculos con la comunidad intelectual en Iberoamérica y el acercamiento “real” con los espectadores de teatro,[3] serán las consecuencias más acusadas del surgimiento y paulatina consolidación de esta importantísima empresa cultural, que además, era el paso natural a seguir en el proyecto de Chabaud y Sefami, cuyo mayor interés radica en la formación y educación de públicos, así como a la promoción de discusiones apasionadas, informadas y maduras a través del estímulo de la reflexión a partir del fenómeno escénico.[4]

No resulta exagerado equiparar la significación de la aparición de la librería Paso de Gato a lo que en su momento debió serlo respecto al comienzo de las actividades de la Librería Continental,[5] que fuera referente para los paisas, los habitantes de Medellín asiduos a la lecturas que ofrecía en su local don Rafael Vega, de la cual tenemos noticia gracias a las “Memorias de un librero…” texto escrito por don Vega mismo y editado por el Fondo de Cultura Económica, el magno esfuerzo editorial imprescindible para comprender la historia intelectual de México y América Latina,[6]  que hubiera sido impensable sin el impulso e incansable trabajo de don Daniel Cosío Villegas.[7]

Además resulta admirable el riesgo que corren los propietarios de la librería, al abrir un local de esta naturaleza en un país de pocos lectores ¡Menos aún lectores de teatro! Realmente espero que la aparición de la misma propicie una eclosión cultural de la que el teatro sea protagonista, que México reafirme su posición sede de pensamiento sobre el fenómeno teatral. Que Paso de Gato siga con el éxito del que se ha venido acompañando en su misión de tocar puertas, abrir puertos y tender puentes. Que se entienda que los libros de teatro son absolutamente necesarios y que deje de relegárseles al rincón en las cadenas de librerías que cada vez se parecen más a tiendas de regalitos que a espacios destinados a la transmisión de conocimientos.

Enhorabuena a Chabaud y a Sefami que acercan a quienes los necesitamos libros de calidad e importancia. Estoy muy contenta de que se haya pensado en el remedio de una carencia. Seguiré de cerca su crecimiento. Por lo pronto, felices fiestas.

 

 

 

zavel-firma

 

 

 

[1] Para explicitar lo que comprendo por “ACONTECIMIENTO” recordaré lo escrito por Deleuze: El estallido, el esplendor del acontecimiento es el sentido. El acontecimiento no es lo que sucede (accidente); está en lo que sucede el puro expresado que nos hace señas y nos espera. (…) Es lo que debe ser comprendido, lo que debe ser querido, lo que debe ser representado en lo que sucede.

[2] Dejó de nombrarse Distrito Federal, como uno de los tantos cambios que sucedieron en el país…

[3] Una vez que debido a la naturaleza de la profesión de los fundadores (Chabaud dramaturgo y Sefami, actor) además de su conocido carácter tenaz y perseverante, las relaciones y cercanía con los creadores de teatro estaba asegurada antes de su relación “real” con el público de la que hablamos.

[4] Tal como declaran en la sección “Acerca de nosotros” en la presentación de su portal electrónico: http://www.pasodegato.com/Site/ (consultado por última vez el 21 de diciembre de 2016).

[5] Don Rafel Vega se lanzaría al negocio editorial con importaciones de libros argentinos y se especializaría poco a poco en obras de tema musical en con una librería (la Continental) inaugurada en Medellín en 1943 y que cerraría sus puertas en 2001.

[6] Gracias a la fundación de filiales localizadas actualmente en Argentina, Chile, Colombia,  Venezuela y los Estados Unidos.

[7] Fundada el 28 de abril de 1934, el Fondo de Cultura Económica, surge como proyecto de don Daniel Cosío Villegas a con el propósito original de proveer de libros en español a los estudiantes de la Escuela Nacional de Economía; don Daniel idea este proyecto tras el rechazo (gracias a la asesoría de don José Ortega y Gasset, principal responsable de estas negativas) de las editoriales Aguilar y Espasa-Calpe  la publicación de obras de economía (presenta un documento con 50 títulos bien clasificados). Para saber más sobre la historia del Fondo de Cultura Económica, recomiendo la descarga, consulta y navegación de la app “Archivo Abierto”, editada por el FCE y disponible de manera gratuita para las tablets de Android y de iPhone.

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