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Aplaudir de Pie

Aplaudir de Pie

Es un proyecto de crítica y reflexión de hechos escénicos que nace simultáneamente en Bs. As. y en CDMX en 2015, como una plataforma de diálogo entre teatrólogxs, teatristxs, pensadorxs, creadorxs y espectadorxs, para cuestionar, opinar y debatir en torno a los fenómenos escénicos.

Reseñas

Viejo, solo y puto

por Aplaudir de Pie 30 octubre, 2017

Hay un florido abanico de posibles refugios donde escondernos cuando la vida nos rebasa y ya no estamos en talla ni física, ni mental, de meternos entre los brazos de la correspondiente progenitora; drogas y amores tóxicos son los favoritos de la mayoría por excelencia, porque emborracharnos nos hace olvidar lo que nos duele, que no fuimos lo que quisimos y que somos lo que somos, por ejemplo, y amar enfermamente nos hace obsesionarnos y no pensar en otra cosa, nos ayuda a focalizar el insoportable dolor de la existencia en una sola herida.

Y olvidarnos de todo, una vez que nos convertimos en adultos hechos y derechos, es lo único que nos queda, porque a pesar de que juguemos a ser lo que queremos, el vacío del fondo no se llena con nada, y si permanecemos demasiado tiempo observándolo, nos consume.

“Viejo, solo y puto” de Sergio Boris, explora sin censura los escondites y recovecos más oscuros de los desolados personajes que propone, los cuales intentan, con todas sus fuerzas, refugiarse lo más pronto posible, en algo que los destruya lento pero seguro.

Por la armonía perfecta de cada una de sus partes, su estética impecable y su transgresión profundamente honesta, esta obra ha logrado permanecer cinco años en cartelera, y ha viajado alrededor del mundo a varios festivales, siendo los últimos Una mirada al mundo, en Madrid, España; MA Scéne National, en Montbeliárd, Francia; Teatro Central, en Sevilla, España; Festival Cena Brasil Internacional, en Rio de Janeiro, Brasil; y Teatro Solis, en Montevideo, Uruguay, todos en 2016.

La acertada y, como siempre, perfecta escenografía a cargo de Gabriela A. Fernández, nos transporta a la trastienda de una farmacia del conurbano, donde, entre estanterías laberínticas, se desarrolla una pequeña e improvisada fiesta para celebrar que el hermano menor de dos, que son dueños de la farmacia donde se desarrolla la obra, se ha recibido de Doctor en Farmacia y Bioquímica; los asistentes a la reunión son el impune hermano mayor, un visitador médico de dudosa procedencia, y dos chicas transexuales que disfrutan de inyectarse hormonas y salir de fiesta; estos cinco personajes son deliciosamente interpretados, con una sensibilidad y una humildad que se agradecen por carecer totalmente de juicio moral sobre los personajes, por Marcelo Ferrari, Darío Guersenzvaig, Federico Liss, David Rubinstein, Damián Smajo, vestidos y tuneados magistralmente por la mismísima Gabriela A. Fernández.

La forma en la que “Viejo, solo y puto” está escrita y dirigida por Sergio Boris, aunado a las excelentes actuaciones, nos da la ilusión de estar presenciando, subrepticiamente, una escena de la vida real, esta sensación de voyerismo se acrecienta mientras transcurre la obra, la situación se antepone a la letra, y como espectadores, somos llevados de la mano para aceptar esta convención en todo momento.

“Viejo, solo y puto” nos regala una hora y cuarto de personajes con los que nos identificamos incómodamente en todo su patetismo; nos ofrece situaciones con las que en general volteamos la cara, pero que disfrutamos viendo de reojo con morbo y cierta malicia. Nos da la oportunidad de darnos cuenta de que todos somos, en mayor o menor medida, viejos, solos y putos.

manya

Reseñas

Los dolores

por Aplaudir de Pie 5 octubre, 2017

Las enfermerías son lugares a donde se acude para que te den primeros auxilios, te curen, te estabilicen, te saquen de peligro; uno acude seguro de que recibirá eso y en toda su ignorancia, se entrega, porque hay momentos en que lo único que se puede hacer es confiar, pero definitivamente hay cosas que ni doctores, ni enfermeras pueden arreglar, el daño estructural es de raíz, es de conciencia, y de cambio lento, pero imprescindible. Desde una perspectiva política, “Los dolores” ocurre en una enfermería; cuatro historias cortas nos muestran una sociedad fracturada y caminando renga, pero, de vez en cuando, diciendo que está bien; materializada en heridos desorientados, moribundos indefensos, civiles preocupados, y especialistas de la salud corruptos o incompetentes, “Los dolores” nos hace reír, pero, en definitiva, nos duele.

“Vocación de servicio” de Andrés Binetti, con dirección de Tato Cayón, y las actuaciones de Malala González, Marcela Arza y Marcela Inda, nos sitúa en una enfermería de un hospital privado donde un par enfermeras practican sus cantos, ya que han decidido formar un coro, aunque por ahora sean sólo ellas dos; la llegada de una “chica nueva” que había venido trabajando en hospitales públicos, y el coincidente ingreso al hospital de una diputada, (valga la redundancia) bastante grosera y clasista, que se cree Napoleón, ponen en riesgo la delicada estabilidad del micromundo de la pequeña enfermería, donde lo verdaderamente importante es hacer que un político parezca cuerdo por medio de sueros y medicamentos, y cantar en el tono correcto.

“El alma intacta” de Héctor Levy-Daniel, con dirección del autor, las actuaciones de Juan Carrasco, Martín Ortiz y Viviana Suraniti, y música en vivo por parte de Eugenio Chuke y su violín, nos muestra a una mujer con una herida mortal de bala en el tórax; un médico a su lado intenta mantenerla con vida, pero está imposibilitado por no tener los recursos necesarios para operarla; mientras tanto, un extraño se ha colado subrepticiamente a la sala, decidido a llevarse el cuerpo. El médico duda, pero se resiste a entregar a la mujer, para él, es una persona, y aunque su último aliento haya escapado de su boca, seguirá siéndolo; podrán matarnos, pero nunca acabarán con nosotros, el alma está intacta, y los asesinos son ciegos, jamás identificarán su verdadera ubicación.

“Hasta más ver” de Mariano Saba, con dirección de Julio Molina, y las actuaciones de Juan Pascarelli y Pablo Mónaco, nos introduce a una sala de espera de un hospital bastante ineficiente, donde únicamente se encuentran un hombre herido con fuerte golpe en la cabeza, y otro que lo ha auxiliado para llegar hasta ahí; el herido está totalmente confundido, mezcla pasado y presente, pero lo verdaderamente importante permanece intacto en su cabeza. Quizás todos necesitamos un buen golpe para recordar. Finalmente, la memoria sobrevive al tiempo, al espacio y a la mala vida, emerge de entre los escombros, implacable, ante la provocación adecuada.

“Punto muerto” de Ignacio Apolo, con dirección del autor, y las actuaciones de Malena Bernardi, Mario Mahler, Pedro Galván y Silvia Kanter, une a dos generaciones en un hospital, el padre moribundo, que no se termina de morir, y los hijos que vienen a despedirse de una vez por todas, mientras una enfermera permanece expectante; cuatro diferentes formas de vida, con una gran imposibilidad para comunicarse, pero que conviven, y lo han hecho por mucho tiempo, reestructurándose, esperando siempre que el otro muera o desaparezca, pero eso nunca pasa, la coexistencia es la base de la supervivencia.

Un ciclo aséptico que se edifica sobre un tejido social enfermo y sufriente, pero con posibilidades de cura; cuatro obras que, en el momento histórico en el que vivimos, son necesarias para recordarnos que no volveremos a permitir que se repitan los errores, ni los horrores del pasado; que la corrupción es descarada y agobiante, pero que nosotros somos, quizás no más fuertes, pero que somos más; que la memoria puede esconderse en un cajón, pero que no muere.

El arte, sin lugar a dudas, es nuestra válvula de escape; es nuestro deber que el vapor que emane de ella provoque una toma de conciencia, modifique, y una, si, sobre todo eso, que nos una.

manya

Reseñas

Terrenal

por Aplaudir de Pie 5 octubre, 2017

Caín y Abel viven en un terreno dividido en dos; está la mitad derecha, de producción morronera, motivo de orgullo, y trabajo arduo e incasable de Caín, y la mitad izquierda, donde libremente nacen de la tierra pequeños escarabajos torito, que Abel vende como carnada viva un día a la semana. Tatita dejo a los hermanos ahí hace veinte años, en un paraje desierto, se fue y no volvió; Caín lo espera seguro de que cada día es el que volverá, y Abel no espera nada, humildemente sabe que, él sólo sabe que no sabe nada.

Separados por una brecha ideológica infranqueable, Caín insiste en hacer físico el abismo, desea que Abel no pase a su lado del terreno, defiende su propiedad (incansable necesidad de la derecha de sentir que somos lo que poseemos), e intenta vivir en paz con ello, minimizando a su hermano, y enfocándose de lleno en el morrón. Abel observa amorosamente la vida y muerte de sus toritos, y cada tanto sale a divertirse, siente la distancia que provocan las evidentes diferencias con su hermano, pero las deja existir y fluir, aunque estas conlleven unos buenos puñetazos y patadas de vez en cuando.

La anhelada pero inesperada llegada de Tatita, rompe el delicado equilibrio que reinaba en el terreno, y orilla a nuestros protagonistas a transitar los sentimientos más oscuros que puede percibir el alma humana, y se dan cuenta, demasiado tarde, que el equilibrio de dos fuerzas se mantiene por su constante modificación con respecto a la otra, el choque es necesario para la evolución y la supervivencia.

Desgraciadamente, tanto en “Terrenal” como en la vida misma, la derecha no toma, en general, las mejores decisiones, y después de cometer el fratricidio, Caín espera obediente y manso su castigo, deseando con todo su corazón que lo reprendan, pero el único y peor castigo de todos es la condena de convivir por siempre consigo mismo, y de, sin percibirlo a primera vista, llevar a cuestas o entre las faldas, subrepticiamente, al menos un pedacito de la mitad izquierda, resplandeciendo, brillando, reclamando, bien viva, buscando, cambiando; para fortuna del mundo y de la vida, hay al menos uno en cada familia.

“Terrenal” ha sido merecedora de una infinidad de premios y menciones honoríficas en todas sus áreas, entre ellos, el Premio de la Crítica al mejor libro argentino de la creación literaria 2014, Mejor obra argentina y mejor actor de teatro alternativo (Claudio Rissi) en los premios ACE, el premio Teatro XXI a mejor obra dramática, etc. Así mismo, ha estado nominada para mejor vestuario y mejor escenografía.

Se trata de una obra que ha logrado la armonía por medio de la perfección de sus partes, que aportan a que el resultado final sea una de las composiciones escénicas más hermosas que he visto en mi vida. El texto de Mauricio Kartun, por su sensibilidad y belleza, cuenta con una vigencia permanente, mostrando la innegable heterogeneidad entre el sedentario y el nómada, entre la derecha y la izquierda, acertadamente ubicada en un contexto argentino. Las actuaciones de Rafael Bruza, Claudio Da Passano y Claudio Martínez Bel, y la dirección del autor, perfectamente amalgamadas, hacen un uso magistral de la técnica clown, que provoca risas de todo tipo entre el público, de esas que duele la panza por la desopilantes, y de esas que duele el pecho por lo confrontantes. La escenografía y el vestuario, por parte de Gabriela A. Fernández, nos sumergen en un mundo de gris y desolado, donde se respira una atmósfera vieja y gastada, donde se ha estado esperando algo por mucho tiempo; la perfección del diseño estético es tal, que con aparentemente pocos elementos, y un par de pantaloncillos cortados en el lugar justo, nos adentramos en el mundo de estos dos individuos, que llevan veinte años desamparados, mostrándonos que el tiempo es implacable y engañoso.

“Terrenal” me soltó tantas verdades disfrazadas de risa, que me dejó el alma compungida, pero llena de esperanza.

manya

Reseñas

Per Te. Llueven los ojos.

por Aplaudir de Pie 20 junio, 2017

El verdadero amor es un milagro. Este suceso extraordinario no le sucede a cualquiera, el encuentro con la persona que haga de nuestra vida una experiencia trascendental depende tanto de la casualidad como de la voluntad. Una vez que el encuentro ocurre, hará falta tomar la decisión de conservarlo, hacerlo crecer; pocas veces reparamos en su fragilidad, nos confiamos con que el paso de los días, la condición “duradera” hará que se consolide. No es así. La estabilidad de la pareja depende en buena medida en la conformación de un equipo a distintos niveles. La vida es demasiado amplia, demanda que atendamos en compañía sus múltiples dimensiones: intelectual, afectiva, práctica y creativa.  Encontrar con quién realizarnos en todas las esferas de acción es una bendición que no puede ser mal aprovechada.

Daniel Finzi Pasca encontró en Julie Hamelin a su compañera ideal, la complementación amorosa de ambos produjo no solo una compañía de teatro, sino una manera de concebir el mundo a través de la escena, el estilo que nombraron “teatro de la caricia” con el cual buscaban llenar el alma de los espectadores con el afecto que quizá estos últimos se encontraran buscando en otro lado con o sin fortuna. Esta pareja de vida y creativa querían compartir el sosiego que causa la certeza de haber caído en las mejores manos. En las manos de quien sabrá cuidarnos siempre.

Un teatro que apunta al corazón. Precisamente el órgano que, en su debilidad, terminaría con la vida de Julie. Perder al ser amado podría significar una de las desgracias más hondas para la vida de una persona común. Afortunadamente, el artista se aleja de la normalidad por su particular forma de relacionarse con lo que le pasa, de esta forma, a partir de su sensibilidad,  cualquier suceso cotidiano deviene en acontecimiento. Incluso el duelo puede transformarse en una obra de arte.

La compañía de Daniel y Julie rinde homenaje a uno de sus pilares mediante Per Te su espectáculo más reciente, en él vierten los pensamientos y emociones que acompañan su sentimiento de pérdida. Los recuerdos alegres de su vida en pareja, desde que ella se transforma en “un pastel feliz” para el día de su boda, los reproches a los ángeles que no supieron protegerla y la dejaron ir, las reflexiones en torno a la soledad, la desilusión de saber que nuestro amor no volverá más, las inevitables preguntas: . ¿Cómo nombrar el dolor? ¿Por qué las fuerzas superiores de la existencia permitieron que ocurriera? ¿Qué pasa con los muertos, en qué se convierten?

Todo se transforma en cuadros magníficos soportados por una estética deslumbrante que a diferencia de La Veritá o de Ícaro no se preocupa de la perfección conseguida por el artificio, sino que es franca en su torpeza, en la combinación de elementos que dan cuenta del desequilibrio, del titubeo, de lo inacabado. La despedida a nuestro ser amado no puede ser contundente. Las imágenes que surgen de ella, tampoco. No se trata de un descuido sino de un manifiesto en honor a la honestidad.

 

 

Per Te es un montaje realizado mediante escenas fragmentadas que semejan la confusión de una mente por tratar de construir sentido ante un suceso que trasciende toda lógica, que aún la humanidad no hemos podido explicarnos de manera satisfactoria. Cada cuadro –palabra muy precisa para nombrar los momentos, pues parecen pinturas en movimiento-  narra por un lado el periplo de la compañía para hacer este montaje; por otro lado se muestra una metáfora del duelo y de la batalla de la vida. Las imágenes además poseen altos vuelos poéticos. Como una pieza de arte contemporáneo, permite múltiples lecturas. Por ejemplo, hay quien lee en el vestuario de las armaduras el mensaje de que la enfermedad es una lucha en la que el cuerpo sirve como campo de batalla. Es preciso protegerlo. Sobre esta misma imagen hay quienes la interpretan como el proceso psicológico denominado duelo.

El espectáculo  es un continuo diálogo con la ausencia, todo el tiempo la obra está conversando con Julie, nos habla a nosotros para hablar con ella. Los espectadores somos testigos del último regalo que la compañía le hizo a uno de sus miembros fundamentales, al tiempo que la conocemos gracias a la mirada amorosa de cada uno de los integrantes.  Ahí está Daniel abriéndonos los brazos para que podamos ver lo que tiene dentro.  Lo que palpita aún a su pesar. Nos invita a su jardín secreto. Pensar que todo en Per Te fue hecho para Julie nos estremece: la música, el humor, los números acrobáticos. Todo se creó pensando en ella. Todo se hizo tratando de adivinar sus reacciones.

Pese a lo doloroso del tema Per Te no es una experiencia oscura como podría uno suponer por tratar la muerte de alguien tan allegado a todos los miembros de la compañía, es más bien un canto a la vida, una posible respuesta de la Compañía Finzi Pasca ante el misterio de la muerte. El juego y la poesía como una luz para hacer frente al sufrimiento, sin por esto banalizar la cuestión dejando de lado el dolor, éste es inevitable y está expuesto pero el espectáculo nos recuerda que nunca es permanente. Julie –nos dice la obra- hizo llover en muchos escenarios y a su vez en los ojos de muchos espectadores alrededor del mundo. En Per Te, presente como una entrañable ausencia, lo volvió a hacer.

 

Ricardo Ruiz Lezama & Zavel Castro fundadores aplaudirdepie

Ricardo Ruiz Lezama & Zavel Castro                             Editores

 

 

Reseñas

Litoral (después del agua)

por Aplaudir de Pie 1 mayo, 2017

“Después de la tempestad, viene la calma”, se dice comúnmente con afán tranquilizador a algún sufriente, pero mientras tanto, ¿dónde se supone que uno deba hallar consuelo? ¿En los sueños? ¿En la familia? ¿En los amigos? ¿En el carnaval? ¿Y si todo eso también fue arrastrado por las aguas de la lluvia torrencial, ávida de absorberlo todo, de acabar con todo? ¿A quién debe dirigirse el odio provocado por la destrucción avasalladora acaecida por la naturaleza?… “Litoral (después del agua)” no nos responde ninguna de estas preguntas, nos propone ver como los habitantes de Angüe buscan las mismas respuestas… sin encontrarlas.

Un pequeño y tranquilo pueblo, con poquísimos habitantes, a orillas del Paraná, se ve asediado por lluvias furiosas e incesantes que provocan una inundación, llevándose entre sus corrientes subacuáticas objetos domésticos e instrumentos musicales, pero también anhelos y vidas. Mientras tanto, la vida sigue como puede, modificada por las circunstancias, pero después de esto, nada podrá volver a ser lo mismo; un grupo de amigos adolescentes intentan tomárselo con calma, tomando mates y jugando “basta”; mientras tanto, una madre que no encuentra su hijo, lo busca desesperada hasta debajo de las piedras, perdida en la incertidumbre; la comparsa busca que el carnaval se lleve a cabo, pero los redoblantes y vestuarios seguro ya están flotando muy lejos; las whiskerías y antros siguen secuestrando a quien se detenga en el lugar equivocado, y prostituyendo ilegalmente a chicas a las que se les ha arrebatado la identidad y la decisión; y los políticos y su séquito burocrático, siguen ninguneando y aprovechándose del pueblo, un pueblo sufriendo, con heridas abiertas y sangrantes, despojado de todo, luchando por salir a flote aunque cada vez se hunden más.

“Litoral (después del agua)”, es el proyecto de graduación de los estudiantes de actuación de la Universidad Nacional de las Artes, el cual fue dirigido por Mariela Asensio, con las notas agridulces y la honestidad que caracterizan a sus montajes. Cuenta con dieciocho actores en escena, que nos regalan todo lo que la Universidad les dio conjugado con la poética particular de cada uno. La escenografía, concisa y acertada, nos transporta al muelle de inmediato. Majestuosa la forma de dirigir a tantos actores y la dramaturgia creada sobre la marcha, aplausos para la honesta y bien amada pasión con que Mariela Asensio realiza cada uno de sus montajes.

La historia, muy bien lograda por intensas y encarnadas actuaciones, y por una dirección espectacular, nos sumerge en la desgracia de un pueblo que se hunde sin poder evitarlo, provocando risas tanto desopilantes como de ternura, y lágrimas de dolorosa empatía, e inconsolable impotencia; ojalá estas cosas sólo ocurrieran en la ficción, pero no hay tregua; en tiempos de tanto sufrimiento, esta obra nos recuerda, con un nudo en la garganta, que la realidad supera a la ficción.

Manya

Reseñas

Los pro y los contra de hacer dedo

por Aplaudir de Pie 28 abril, 2017

“No eres ni la sombra de lo que quisiste ser. Traicionero asunto resultó la vida. Ni la mitad de lo prometido cumplió el pasado”, escribió José Sbarra una vez, pero a mí me resuena para siempre en la cabeza cual mantra, desde que lo escuché en “Los pro y los contra de hacer dedo”; oírlo por primera vez fue como ver el vídeo de “El aro”, lo viste y cagaste, o te mueres (en este caso de desesperanza y tristeza) o lo compartes, y al parecer a la directora Sabina Faccini le pasó lo mismo. Imposible quedarse impasible ante estas palabras.

De una forma sincera, poética y apasionada, Sabina Faccini une fragmentos de la obra “Marc, la sucia rata”, de José Sbarra, en una dramaturgia propia, que narra la historia de dos personajes que, como todos nosotros (aunque probablemente estemos haciendo un esfuerzo sobrehumano por ocultárnoslo), saben que no son ni la sombra de lo quisieron ser; atrapados en la forma que los condena, intentan ser, repletos de pesimismo, pero con ese pequeño dejo de esperanza, que en realidad es el instinto de supervivencia.

Danila Magri interpreta con elegancia a una chica que ha decidido prostituirse en la ruta, haciendo dedo a los camioneros que pasan, por gusto, y sin remordimientos; y Nicolás Moreno da vida, con maestría, a un chico que después de un matrimonio heteronormativo, se ha dado cuenta de que, en realidad, lo que quiere en la vida, es ser mujer. Podría asegurar que sus honestas actuaciones, junto con la verdad aplastante y sin tapujos que propone el texto, le pondrían la piel de gallina a la persona más creyente, y a la más, aparentemente, insensible.

Los pro y los contra

Acosados por lo insoportable de la mera existencia, van formando su propio camino; “No porque le temas a la larga noche, Dios va a existir” dicen en un momento, y efectivamente, los protagonistas están alejados de cualquier motivación inventada, viven la miseria que han creado con lo que el mundo les ha ofrecido, pero con una sinceridad que sólo se logra por medio del abandono y la anagnórisis; a pesar de todo, son lo que quieren. ¿Qué conviene más? ¿Vivir en una feliz mentira, o sobrevivir sin vendas en los ojos?

En la puesta resalta todo, se aplaude la decisión de la directora de utilizar profesionales en el tema para cada área; cuentan con música en vivo interpretada por Tomás Fernández Vázquez, que nos introduce, de acuerdo a su poética específica, en una atmósfera oscura y llena de melancolía; la iluminación, oscura pero llena de significado, fue ingeniosamente diseñada y realizada, por Carlos Pacheco Pizarro, ingresándonos, discretamente, en un sopor que nos lleva, no sólo a lo más recóndito del alma de la obra, sino a los lugares más escondidos de nuestros propios corazones. La escenografía, a cargo de Eugenia Labaqui, está cuidada hasta en el más mínimo detalle, llena de metáforas, de forma que, por sí misma, podría ser una instalación y ser observada como una obra independiente del montaje, pero que en el mismo, acompaña perfectamente a todos los demás elementos, y encima cuenta con un artilugio de extraños poderes, que aumenta el ambiente nostálgico tan bien logrado del montaje: una valija que perteneció al propio Sbarra, utilizada como “camerino” por el personaje masculino en su transformación a fémina, los objetos reales en esta realidad inventada en la que vivimos, le dan un poquito de sentido a la vida.

Contando con un equipo de creadores jóvenes, que empiezan a dedicarse profesionalmente a lo que los apasiona, después de haber estudiado una carrera relacionada a las artes que les competen, “Los pro y los contra de hacer dedo” no tiene nada que envidiarle a los montajes de los creadores que llevan la vida entera y un siglo, en el medio; demostrándonos que lo que se hace con pasión y amor, saliendo desde el fondo del corazón, porque este te exige decirlo y compartirlo, es la única forma de hacer arte.

Manya

Reseñas

Mujeres panfletarias, parte 1

por Aplaudir de Pie 20 abril, 2017

El identificarme como mujer me ha mantenido siempre en una relación ambivalente conmigo misma y con el mundo; por un lado, de amor profundo y sincero hacia mi sexo y mis congéneres, hacia mis ciclos y las posibilidades creativas que estos me ofrecen; pero por otro lado, vivo, desde niña, en un estado mental y anímico casi insoportable: con miedo permanente a ser violada y/o asesinada; con culpa modificable pero constante, primero por exponerme a “situaciones de riesgo”, teniendo que soportar las consecuencias de ello “porque yo me lo busqué”, y luego por haberme permitido sentir culpa por ello; con enojo conmigo misma por haber normalizado formas de violencia que me han causado dolores insufribles, y con el mundo porque no me dio las armas para defenderme.

Y no, no estoy exagerando.

Sobrellevar tanta presión sobre lo que debemos ser, afrontar las consecuencias de ir contra corriente, vivir con tanto miedo a ser lastimada o violentada por el simple hecho de ser visible para el mundo, sentir tanto odio de ver como cada día nos dañan y destruyen porque pueden, hace que agradezca el triple que alguien grite junto conmigo, junto con nosotras, todas juntas, que el grito nos una, porque no nos vamos a quedar calladas ni un segundo más.

Acudo a gritos femeninos comunales (en forma de fiestas, ferias y teatralidades) constantemente, porque me llenan el alma, y me recuerdan que somos un montón, y que hay esperanza, que estamos cambiando al mundo lento pero seguro, pero este grito en específico me conmovió tanto que me uní en dos ocasiones al rito escénico.

“Mujeres panfletarias” es un ciclo de obras organizado por el espacio Machado, el cual convocó a las creadoras interesadas en participar, y de las propuestas presentadas, se eligieron seis obras a desarrollar.

Hablaré de las primeras tres, ya que el ciclo está dividido en dos partes.

“¡A las calles! ¡Habitar la resistencia”, ideado e interpretado por Sofía López Fleming y Leticia Martínez, nos ofrece una propuesta corporal sobre los abusos físicos cometidos en la dictadura argentina, una mezcla de humillación y muerte, pero con una dosis de reivindicación, que, como espectadores, nos libera después de presenciar el esfuerzo físico extenuante de las actrices en escena.

“Tu sexo débil”, dirigida sin tapujos y con elegante ironía por Cora Fairstein, y, carismáticamente interpretada por Marina Kamien, es un reflejo clownesco de la mujer actual multitask, que desea cumplir sus sueños, hacer ejercicio, ser madre, ser plena, y ser todo, y puede hacerlo, pero, aun así, es curiosamente llamada “El sexo débil”. Acertadamente, la puesta tiene, como música de fondo, a Arjona expresando su horripilante opinión acerca de la mujer, con una playlist que, yo diría, pertenece al top five del horror y la misoginia. Por medio de metáforas risibles y vulgares, Arjona nos pide que no abortemos, porque esa bolita de células sin conciencia y sin sentimientos puede llegar a ser un varón, “un posible ingeniero, rockero o escritor”, pero varón al fin, y a esos no se les mata; nos exige que menstruemos tranquilas, porque aunque “de vez en mes la cigüeña se suicida, y ahí estás tú tan deprimida buscándole una explicación”, él entiende que nuestro único sueño en la vida es ser madres, y no tenemos de que preocuparnos, él va a estar ahí para explicarnos todo; y por supuesto, con el passive-agressive que lo caracteriza, invisibiliza nuestras luchas, porque está firmemente convencido de que “nosotros con el machismo, ustedes al feminismo”, y todos felices. Mientras nuestros oídos son asediados por estas barbaridades y más, vemos a la protagonista que, grácilmente, se quita su ropa de “fémina”, y se embute en un típico traje de boxeo, quedándose en tetas impunemente, y realizando una rutina de entrenamiento, fluyendo, casi contenidamente, lo que parece generarle la vida, y la música de fondo. Este montaje le restriega en la cara a Arjona y al mundo, entre risas y jocosidades, que la mujer es todo, menos el sexo débil.

“Mujeres contra el golpe”, es el regalo que nos ofrece el colectivo brasileño Passarinho, en este ciclo. Rebosante de honestidad, e inteligentemente dirigido por Luciana Tomie, con una dramaturgia colectiva, y diez actrices en escena, “Mujeres contra el golpe” nos introduce en un mundo monocromático y oscuro, que en algunos momentos desprende destellos rojizos; dividido en cuadros que entrelazan el reciente y penoso golpe que provocó la destitución de la primera presidenta de Brasil, y el día a día de la violencia machista normalizada, que nos somete y mata poco a poco, indiscreta y violentamente, pero silenciado a lo largo de la historia, tanto por víctimas como por opresores. Regalándonos parte de sus historias personales, junto con videos reales de la humillación y acoso machista que sufrió la presidenta, las passarinhas provocan empatía y esperanza en medio de la destrucción y el dolor; ya nos dimos cuenta de que no somos histéricas, ni locas, ni putas, de que no nos buscamos, ni nos merecemos las violaciones, ni los asesinatos, que no necesitamos que un hombre nos explique, que podemos vestirnos como queramos, y desvestirnos con quien nos plazca; ya nos dimos cuenta, así que agárrense, porque se acabaron las cabezas agachadas.

El espectáculo termina en la calle, con intérpretes y público, bailando y gritando al unísono “¡Fora Temer!”, conmoviendo corazones y encendiendo conciencias, iluminándonos el camino, que ya estábamos siguiendo, pero que a veces se desdibuja, y estos momentos de sororidad y amor, dejan marcados nuestros pasos en la arena, para que ni una más se pierda en la misoginia y el machismo.

En tiempos de desaparición, duelo, gritos silenciados, muerte, dolor inconsolable y aparentemente interminable, es imprescindible sentir a las otras gritando a un lado, muy cerca, porque nos duele lo mismo, y no importa lo que cueste, lo vamos a cambiar.

manya

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EXTASIS 9:05: un poema para el fin del mundo.

por Aplaudir de Pie 4 abril, 2017

EXTASIS 9:05: un poema para el fin del mundo.

Teatro Sensorama

Autoría y dirección: Demian Lerma y Edzna García

Ha llegado el fin del mundo y seguramente sabrías qué decirle a tus personas más cercanas, pero ¿qué te dirías a ti?

 

Es el fin del mundo  y estoy en Ciudad de México, no en mi ciudad natal ni mucho menos en mi país, estoy a más de 2000 kilómetros de distancia de mi familia y amigos, y el mundo se está acabando, no lo veo, pero lo siento, siento como las rocas chocan contra mi cuerpo,  escucho como las alarmas suenan, los gritos se escuchan cada vez más fuerte, las personas corren, huele a destrucción, sí, a destrucción porque también esta tiene aroma.

«Éxtasis» es una obra que narra por diferentes medios -se trata de una pripuesta kinestésica-  lo que sucede en México frente este apocalipsis inminente (esperemos que sólo ocurra en la imaginación de los directores). Una lluvia de meteoritos amenaza con acabar con todo lo que conocemos ahora como tierra, familia, amigos, vecinos, todo.Tengo los ojos vendados y una campana me indica que puedo destaparlos, observo a una pareja que está esperando el fin de los días, se aman físicamente,  se tocan, se sienten. Al vendarnos los ojos de nuevo, asistimos a esa danza de cuerpos, con olor a flores… siento cómo pasa por nuestra piel algo suave…

Otra vez las campanas, ahora veo una escena donde una madre trata de “engañar” a su hija para que no se dé cuenta que el fin del mundo ha llegado, le dice cuanto la ama y yo sólo puedo pensar en mi mamá que está tan lejos y que también trataría de cuidarme y evitarme cualquier sufrimiento. Cuadros aparentemente distantes muestran qué hace una pareja los últimos minutos de su vida, cómo una hija se despide de su padre por medio de una llamada telefónica sabiendo que no podrá abrazarlo una última vez, cómo afrontan algunos la idea de la muerte ya sea yendo a la selva por ejemplo, pero también nos llevan a un concierto y de paseo antes de terminar “nuestra vida”. Al final de la obra comprendemos que estos cuadros “separados” se corresponden unos a otros, configurando la obra de tal manera que construyen un mundo completo, tan fuerte que puede hacernossentir ahí, en la situación,  entrar en ella y recorrer nuestros recuerdos emocionales y así conectarnos completamente con el montaje.

Vuelvo a cubrirme los ojos, y a descubrirlos y a cubrirlos otra vez, así por dos horas más o menos, entre presenciar visualmente cuadros que están tan cerca que parece que los vives con ellos y sentir, dos horas que dediqué a sentir el teatro con mi cuerpo, con la memoria. Recordé que he vivido y que afortunadamente no era el fin del mundo y que podría volver a casa junto a mi familia y amigos en unos meses. Hay muchas formas de acercarse al teatro: verlo, leerlo, estudiarlo, hacerlo desde cualquiera de sus formas. Sensorama propone otra forma de acercarnos: desde los sentidos. Esto es importante:  detenerse a sentir en un mundo que va cada vez más rápido y donde todos somos ahora seres netamente visuales, cerrar los ojos para poder ver, recordar y vivir con el cuerpo.

En Sensorama se experimenta otro teatro, ya que dejamos de ser solo asistentes que observan lo que pasa en un escenario y pasamos a hacer parte de la obra misma gracias a nuestro cuerpo que sirve de puente entre ambos; nosotros y la obra gracias a los recuerdos que cada espectador lleva, cada uno vive una obra distinta pero que a fin de cuentas nos hacen recordar los momentos en la vida en que hemos amado,  otros en los que hemos sido felices y algunos que inevitablemente hemos sufrido.

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Verónica Valencia

estudiante de letras, clown y amante del hecho teatral

 

Reseñas

Humanidad S.A.

por Aplaudir de Pie 16 marzo, 2017

En un mundo donde todos somos mercancía reemplazable, se agradece que nos recalquen que hay una luz brillante dentro de cada uno de nosotros que nos hace únicos.

Humanidad S.A. nos lo muestra de dos formas; una de ellas es en la anécdota de su montaje, que habla de una pobre viejecita que busca desesperada a su hijo antaño perdido, y de un vagabundo que, parece ser el hijo, pero lo realmente trascedente es que se vuelven importantes el uno para el otro en una sociedad donde ambos son simplemente basura.

Y la otra, es la increíble dramaturgia del actor que nos propone esta obra; Jorge Costa, Luisina Di Chenna, y Esteban Parola, nos muestran con virtuosismo, como el actor es un ente creativo y poético, independiente del director; vemos actores vivos e irremplazables, no títeres, recalcando el respeto y la magia que nacen del trabajo en conjunto en las creaciones colectivas.

Haciendo un homenaje a Charles Chaplin, cada actor hace suyo el rol que le corresponde, y de manera sincera y entrañable, de acuerdo a la poética de cada cuerpo, nos regala momentos llenos de ternura y reflexión ligera, fácil de digerir.

Se aplauden, además, el uso de los elementos escenográficos, manipulados por los mismos actores, que logran transportarnos a diferentes lugares donde nuestros protagonistas son vistos como entes inservibles hasta casi invisibilizarlos; y el uso de la utilería, sobretodo un globo verde inmenso que logra asombrar a chicos y grandes con su manipulación que parece mágica, y hace soltar algunas expresiones de asombro entre las butacas.

Humanidad S.A. nos propone ver la luz al final del túnel, al final lo de menos es si fuimos productivos o no para este mundo, lo que importa es en cuántos corazones nos quedamos brillando con luz propia.

Manya foto

Manya Loría. Dramaturga, directora de teatro y actriz

Reseñas

Hombres Delay

por Aplaudir de Pie 15 marzo, 2017

En un mundo que, tecnológicamente, avanza más rápido que nosotros, hay que hacer un verdadero esfuerzo por no quedarse atrás, no todos nacimos con el chip integrado; Esteban Gutiérrez lo tiene muy claro, antaño podía vivir perfectamente sin redes sociales, y con un celularcito para llamar y contestar únicamente, pero la vida le enseñó que si no estás dentro, estás fuera, no hay nada en medio.

Hombres Delay, bajo la maravillosa dirección de Gabriel Wolf, con las increíbles, divertidas e hilarantes actuaciones de Diego Carreño y Leandro Aita, nos enfrenta a la realidad de un mundo tecnológico que no acepta un no por respuesta a sus requerimientos de actualización.

El protagonista no juzga ni repudia la tecnología, simplemente, no se le da; él quisiera quedarse tranquilo, pensando en la planeación de su boda, que es bastante pronto, pero un intruso cibernético que se hace pasar por él en Facebook, le provoca abrir su propia cuenta, no sólo de Facebook, sino de Twitter, Instagram, y hasta de Snapchat.

Esto será solamente el principio del fin, conseguirá un trabajo, pero un grave malentendido provocado por azares tecnológicos, lo llevará, no sólo a quedar desempleado nuevamente, sino a cancelar su matrimonio y a decirle cosas espantosas a su suegra.

Solo, y con una casi nula posibilidad de reivindicación, Esteban deberá enfrentarse a este nuevo mundo que lo asusta e inquieta, pero mágicamente aparece una posibilidad para mejorar el panorama, un robot que postea por él cosas inteligentes y divertidas que lo hacen popular y que todas las chicas quieran salir con él, pero las cosas se tornan difíciles cuando el robot comienza a salirse de control, y a ser, tal vez, demasiado desubicado.

A cada paso que Esteban da, la tecnología le sigue demostrando que jamás serán el uno para el otro.

Diego Carreño interpreta de una forma espectacular, entrañable y tierna a este desubicado y confundido protagonista, de la mano de la también increíble, multifacética y sincera actuación de Leandro Aita, que interpreta a varios personajes que van apareciendo en la vida de Esteban.

La puesta es modesta, pero usa de una manera original y virtuosa los recursos con los que cuenta; el ambiente que genera entre los espectadores es invaluable, risas y comentarios por doquier, todo muy sincero y con amor, eso lo agradezco como público y como creadora.

Bien dice el dicho “Si no puedes contra ellos, úneteles”, y así, como Esteban, vamos todos flojitos y cooperando, trotando al ritmo de la tecnología, con nuestros tropezones y excentricidades, pero ahí vamos.

Recomendadísima.

Manya foto

Manya Loría. Dramaturga, directora de teatro y actriz

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