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Aplaudir de Pie

Aplaudir de Pie

Es un proyecto de crítica y reflexión de hechos escénicos que nace simultáneamente en Bs. As. y en CDMX en 2015, como una plataforma de diálogo entre teatrólogxs, teatristxs, pensadorxs, creadorxs y espectadorxs, para cuestionar, opinar y debatir en torno a los fenómenos escénicos.

Reseñas

Me acuerdo. A propósito de «¿En qué estabas pensando?» Por Luis Javier Maciel Paniagua

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Me acuerdo [1]

 

Recuerdo cuando me pidieron ser el músico en escena de la obra. No era la primera opción, pero la otra persona no podía por horarios.

Recuerdo mis tardes de nervios en casa, porque el director y yo sabíamos que queríamos la obra con sonidos pop y de sintetizadores. Mi personaje fue el Espíritu Melodramático, el iPod de una niña de secundaria: Laika. Nunca había tocado un teclado en escenario… era guitarrista.

Me acuerdo pasar las noches en los teclados, pensando en sonidos. A veces, las canciones llegan a mi mente solas. La primera en componerse fue Floto.

https://aplaudirdepie.com/wp-content/uploads/2026/02/08-Floto.mp3

Una vez listos los arpegios de los acordes que quería, la melodía se cantó sola en mi cabeza: ¡Mírame! Floto con el viento. Prepárate para despegar. El Espíritu Melodramático la cantaría con el efecto Vocoder en escena.

 

Recuerdo cómo llego cada canción importante

 

En La Caída yo quería que la música sonara como una cascada, pero con acordes trágicos, al igual que el clímax de la obra. Al día de hoy, siempre que la escucho quiero llorar de satisfacción.

https://aplaudirdepie.com/wp-content/uploads/2026/02/Caida-completa.mp3

En Violación; agregué una sirena en la canción, para alertar a Laika y al público de la violencia frente a ellos;  Río es un lofi de suspenso con sonidos de agua; Recreo es salvaje, selvática, con frecuencias de onda como aves en el cielo; Día cero es una alarma de despertador, con la primera respiración de la mañana y un tic tac incorporado; Toto tiene tres valses: el inocente, el equilibrado y el malvado, pero todos son Toto.  Cohete era mi canción favorita, una instrumental, pero su escena fue eliminada. El director me decía que sonaba como música sentimental de ánime con para poner un diálogo triste del protagonista encima.

Me acuerdo de los ensayos. Los técnicos de El Galeón siempre fueron dulces con nosotros. Hacían sus propios cables de audio y eran mejores que los míos (Roland Black). Cuando escucharon  Chulada se la aprendieron y la cantaban conmigo antes de función. A su jefe le llamaban «Chulada» de carrilla.

https://aplaudirdepie.com/wp-content/uploads/2026/02/Chulada.mp3

Me acuerdo que estrenamos en el estacionamiento frente a El Galeón, porque estaban remodelando los teatros y no los terminaron a tiempo para nuestra temporada. Pusieron un Foro Alternativo frente a la cafetería. Las consignas de las marchas del domingo, desde Reforma, se colaban a las funciones, en los momentos de silencio.

Recuerdo que nos habían programado dos funciones en el Julio Castillo. Tampoco pudieron hacerse. El equipo del CCB,
apenado, nos ofreció una segunda temporada para compensar los inconvenientes, esta vez sí en El Galeón. Dimos 22 funciones en total. Las mejores fueron las 11 de El Galeón.

Me acuerdo de la primera función. La estructura de la escenografía se movía mucho con los saltos de los actores. Yo me encontraba hasta arriba toda la obra y el soporte de mis teclados se zarandeaba mucho. Aprendí que tenía que sujetar cada aparato con cinta al suelo y a la estructura para que no se cayeran. Aprendí a poner los cables de la manera correcta para no
golpearlos con mis manos apresuradas en ciertas escenas. La primera función la di muy rígido, mientras sujetaba los aparatos.

Me acuerdo que la primera temporada la dimos en invierno. No podía calentar mis manos lo suficiente, por lo que simplificaba mi ejecución para no equivocarme. Eso cambió en la segunda temporada. Estaba tan cerca de las luces del techo de El Galeón que después de cierto tiempo me sudaba la espalda. Nunca había necesitado desodorante en un teatro, pero
ahí era inevitable.

Recuerdo ser público también, en ciertas escenas. Ahí podía asomarme a la reacción de las personas y hasta reírme con ellas. El teatro para adolescentes es escaso. Pudimos ver grupos de amigos y juventudes acompañadas con sus familiares, pero solía vernos otra audiencia, más adulta.

 

Me acuerdo de mi abuela paterna y mi tía acompañándonos a la función.

Me acuerdo de su conversación cuando concluyó: ellas nunca tuvieron un mensaje así en su juventud.

 

Recuerdo que me pagaron alrededor de 25 mil pesos por las dos temporadas. Lo divido entre los siete meses de ensayos, composición y funciones. Le resto los cuatro ubers forzados para trasladar los instrumentos. A otros roles les pagan más. La compañía decidió unir todos los honorarios y dividirlos en partes iguales. Se tardaron casi un año en pagarnos.

 

 

Luis Javier Maciel PaniaguaCrítico y músico

Luis Javier Maciel Paniagua.
Crítico y músico

Instagram: @luisjaviermacielpaniagua
Correo: luisjaviermaciel@gmail.com

 

 

 

 

[1] A propósito de la obra ¿En qué estabas pensando? De Saúl Enríquez. Dirigida por Jesús Rafael Cruz. El ejercicio de «Me Acuerdo» abarca las temporadas del 2022 y 2023, en la Ciudad de México.

 

Críticas

Hasta encontrarte: una crítica epistolar desde la deuda a las madres buscadoras. Por Laura Cárdenas (Lalis)

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Queridas madres buscadoras: 

¿Todo es político?
¿El no mirar también es político?

Les escribo desde un lugar que no me enorgullece del todo: desde la butaca, desde alguien que durante mucho tiempo ha preferido no mirar. No soy de las personas que comparten cada ficha de búsqueda. No soy de las que reaccionan siempre. Casi siempre sólo lo hago cuando la desaparición toca un círculo cercano. Y aún sabiendo que esto ocurre todos los días, aún viendo sus rostros en el Metrobús, en las marchas, en los monumentos, aún recordando las fotografías de los estudiantes desaparecidos frente a mi universidad, he elegido muchas veces apartar la mirada.

No porque no me importe.
Sino porque me abruma.
Porque soy consciente de mi privilegio.
Porque recientemente entendí que soy una persona altamente sensible
y, a veces, he usado eso como excusa para no hacer más.

Durante meses me recomendaron ver Hasta Encontrarte de Vicky Araico y Nir Paldi, una puesta en escena que sigue el recorrido de una madre, en la búsqueda de su hija mayor, reportada como desaparecida.
“Es muy fuerte”, me decían.
“Es una gran obra”.

Y cuando por fin regresó a cartelera en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario, lo único que pensaba era: necesito ir.
Sé que me va a doler.
Sé que me puede romper en función.
Pero quizá eso es justo lo que necesito para empezar a mirar.

Entro al teatro y lo primero que escucho es un perro en alerta. Mictlán. Un nombre que nos explican que convoca al inframundo, al cruce, al viaje.
A los nueve niveles que hay que atravesar para llegar al lugar donde habitan los muertos.
Desde ahí se anuncia un trayecto: no el de una ficción heroica, sino el de una madre.

La historia comienza en noviembre de 2018.

Y a partir de ese momento, lo que veo no es un caso, ni una cifra, ni una nota periodística. Veo el recorrido de una mujer buscando a su hija mayor. Veo la duda, la incertidumbre, la sospecha instalada desde afuera. Veo cómo, cuando se intenta reconstruir la última vez que fue vista, aparece de inmediato la revictimización: que si se fue con su novio, que si no la conocían lo suficiente, que si algo habrá hecho.

La madre se llama Alma.
La hija se llama Luz.

Porque la obra no trabaja con personajes abstractos. Trabaja con una ausencia concreta.

Hay una frase que me atraviesa como espectadora:

 

Aprendí a no llorar si quería que las autoridades me tomaran en serio

 

Ahí se condensa algo brutal: la pedagogía de la contención emocional para ser escuchada, la administración del dolor para poder exigir lo que, en teoría, debería ser un derecho. La vulnerabilidad de una madre convertida en un obstáculo. El coraje contenido para no parecer exagerada. Para no parecer incómoda.

Y yo, sentada en la butaca, no puedo dejar de preguntarme:
¿En qué punto normalizamos que desaparezcan personas todos los días?
¿Por qué seguimos culpando a quienes desaparecen y a quienes los
buscan?
¿Por qué aceptamos que la búsqueda tenga que convertirse en una tarea personal, familiar, comunitaria, y no en una responsabilidad estructural?

La obra es interpretada por Vicky Araico, quien sostiene en escena, con un solo cuerpo, un relato construido a partir de múltiples voces. La creadora, mencionó que está nutrida de testimonios reales. De una investigación de campo que no se queda en el escritorio, sino que se acerca a los colectivos, al territorio, a la escucha directa. Y eso se percibe.

Pero mientras les escribo, no puedo dejar de pensar en algo que no nace como un reproche hacia la creación, sino como una pregunta frente a la dimensión de lo que estamos viviendo: ¿cómo se nombra un país entero desde un solo cuerpo en escena?

¿Qué se alcanza a mostrar y qué necesariamente queda fuera cuando el dolor colectivo, construido a partir de meses de investigación, de testimonios y de archivos casi inabarcables, se articula en una sola presencia escénica?

No lo pienso como una limitación de la obra, sino como una evidencia del tamaño de la herida: hay tantos casos, tantos nombres, tantos registros, que ningún dispositivo, ni siquiera uno hecho con cuidado y respeto, puede contenerlos todos.

No lo digo como reproche, sino como una constatación: el problema es demasiado grande para caber en una sola voz.

Hay una sensibilidad evidente en la mirada de quien creó esta pieza. Se nota el cuidado. Se nota el respeto. Se nota que no hay un deseo de usar la tragedia como recurso, sino de construir un espacio donde el dolor pueda ser nombrado sin espectacularizarse.

Sin embargo, hay una imagen que se queda conmigo durante días: la soledad que llega después. La gente acompaña cuando ocurre la desaparición. Luego la vida de los otros continúa. Pero la madre permanece en la búsqueda. A veces sola. A veces desgastada hasta el límite de su propia salud mental. A veces sostenida únicamente por otras mujeres que sí saben lo que es no poder soltar.

Y aquí aparece algo que la obra no intenta maquillar: la transformación. La imposibilidad de volver a ser la misma. La fractura de la vida cotidiana. La imposibilidad de seguir trabajando, de cuidar de la otra hija como antes, porque todo el cuerpo y toda la vida, está puesta en encontrar a quien falta.

Luz pasa de estar… a no estar.
Y Alma deja de poder ser la persona que era.

No hay consuelo posible.
No hay reparación escénica.

Y aun así, la obra insiste en algo que me parece fundamental: la comunidad. La red de personas que buscan. El gesto colectivo como acto de resistencia. La certeza de que encontrar aunque sea restos, aunque sea verdad, aunque sea cierre también es una forma de justicia.

En algún momento, al final, aparece el aplauso, pero Vicky Araico no sale a recibirlo. Y una parte de mí se pregunta por qué no hacerlo, después de un proceso de creación tan largo y tan cuidadoso. Pero también entiendo que aquí la creadora no es la protagonista: es el medio para hacer llegar estas historias hasta personas privilegiadas como yo.

Porque aplaudir no alcanza.
No nos absuelve.
No nos transforma automáticamente.

Y entonces me pregunto, frente a ustedes:

 

¿para quién sana el teatro?
¿para ustedes?
¿o para quienes miramos desde una butaca?

 

Porque sí, el teatro tiene una potencia enorme para nombrar, para ordenar el caos, para permitir cierta comprensión. Pero también tiene límites. Y me parece honesto decirlos y, sobre todo, preguntarnos qué hacemos más allá de la función, porque a veces parece que le exigimos más al teatro y a quienes crean que a las instituciones y a los funcionarios públicos de este país.

Al final de la función, invitan a escribir algo en el Buzón de Paz: información anónima, palabras de aliento, recursos para apoyar a las familias. Un dispositivo que no se queda sólo en el símbolo, sino que intenta abrir un canal real.

Yo salí del teatro y no pude escribir nada.

Han pasado dos semanas y sigo llorando mientras escribo esta carta.

No porque la obra sea triste.
Sino porque me obligó a mirarme a mí.

A mi forma de estar en este país.
A mi forma de administrar la incomodidad.
A mi manera de elegir cuándo mirar… y cuándo no.

Hace un año me dedico a recomendar teatro. Y he descubierto que las obras que más me importan son las que no se conforman con entretener, sino que tienen algo que decir sobre el mundo que habitamos. Pero hoy, frente a ustedes, entiendo que también debo preguntarme qué hago yo con eso que digo, con eso que recomiendo, con eso que conmuevo.

Esta carta no es para hablar de una obra.
Es para hablar de una deuda.

Porque aunque ya hice un video, aunque espero que muchas personas vayan al teatro, aunque deseo que algo se mueva en quienes la vean, siento que no es suficiente.

Y quizá no lo sea.

Pero necesitaba escribirles para decirles que lo siento.
Por haber preferido no mirar tantas veces.
Por haber reducido su lucha a una imagen pasajera en el transporte, a un cartel, a una fecha.

Y también para decirles gracias.

Gracias porque, aun cuando el sistema falla, ustedes siguen buscando.
Gracias porque, aun cuando el acompañamiento social se diluye, ustedes construyen comunidad.
Gracias porque, aun cuando nada vuelve a ser igual, insisten en sostener la vida.

Tal vez nunca pueda comprender del todo lo que significa buscar a una hija.
Pero hoy sé algo con claridad: su trabajo no sólo encuentra cuerpos, nombres o verdades.
También devuelve humanidad a un país que ha aprendido demasiado bien a mirar hacia otro lado.

Con respeto y con una incomodidad que ya no quiero soltar,
Lalis

 

Laura Cárdenas (Lalis) Creadora de contenido y crítica en formación

Instagram: @Lalis.teatro

 

Esta crítica epistolar fue escrita a las madres buscadoras de México, a partir de la obra Hasta Encontrarte, De Vicky Araico y Nir Paldi , con la dirección de Nir Paldi y la interpretación de Vicky Araico. 

 

Si tienes un familiar desaparecido y necesitas asesoría o atención, te compartimos algunos recursos disponibles en la página oficial de Teatro UNAM. 

 

Críticas

Casi Normales. Crítica epistolar al personaje de Diana. Por Isabel Agurto.

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Querida Diana:

Espero que esta carta te encuentre bien o al menos mejor que cuando te conocí, en el Teatro Municipal de Las Condes. Te vi desde mi butaca, sin saber que en cosa de minutos ibas a mirarme de vuelta. Desde la primera escena yo supe por qué no podías dormir, por qué necesitabas activarte a las cuatro de la mañana, tratando de hacer veinte cosas, pero no haciendo ninguna en realidad. Yo te vi, Diana.

Ese reconocimiento me acercó a ti, pero después empezaste a bombardearme y yo no estaba preparada. Me expusiste en ese escenario ante más de 800 personas. ¿Por qué? Si esto no se trata de mí.

Las bombas partieron con la canción de Mi psicofarmacólogo y yo. Esto es muy real, pensé, mientras el doctor indicaba las interacciones de los medicamentos, las modificaciones, los efectos secundarios, hasta que, con el paso de las semanas y meses de prueba y error, llegabas a no sentir nada y eso equivalía a estar estable. Aquí hay investigación, dije, realmente Brian Yorkey hizo su tarea. Pero faltaba más.

Quiero montañas, quiero mis montañas, dijiste. Y pensé, yo también, pero me acordé de una vez que estando en el colegio escribí un ensayo sobre montañas rusas y nadie entendió. Solo una compañera se acercó a preguntarme si realmente me sentía así. Déjame decirte, Diana, que llega un día en que no necesitas más montañas para sentirte viva. Un día descubres que no todo lo que no es vértigo es vacío, que también hay emoción en la subida lenta, que no todo lo que no es montaña es planicie y muerte.

Sentí, tal como siento ahora al escribirte esta carta, un pequeño nudo en la garganta que se fue intensificando mientras avanzaba la obra. Tuviste un buen período hasta que extrañaste tus montañas, Diana. Tuviste un buen período hasta que tiraste tus remedios por el retrete. No creo que haya sido tu mejor idea, pero no estamos aquí para enjuiciarte, menos yo que nadie. Además, si alcanzabas la estabilidad, se acababa la historia y yo quería saber más de ti.

No lo ves, me llegó a la vena. ¿Cuántas veces quise gritarle esa canción a alguien? Pero no sabía la letra, tú me la enseñaste. Eso de gritar sin sonido, de caer sin llegar al suelo, esa era yo, viviendo junto al abismo, como tú. ¿Y qué sabía Daniel de sufrimiento? ¿Qué saben los demás de sufrimiento? Ellos no lo ven, ¿cierto?

Yo lo veo, Diana. Y al parecer también lo vieron Yorkey y Kitt que te entregaron esta canción. Y también lo vio Ramón Gutiérrez que lo tradujo a mi idioma, y no me refiero al español, sino al chileno, que me acercó a ti mucho más.

Pero ante ese “no lo ves” tiene que haber una respuesta porque tú no estás sola, Diana, y yo tampoco, nunca lo he estado. Daniel te dice que es él quien ha estado siempre a tu lado, recogiéndote con cucharita cada vez que fue necesario y te pide que no te alejes, que él puede aguantar incluso más. Pero yo te entiendo, Diana. Tenías que alejarte, no podías evitar huir, sentirte incomprendida. No querías explotar y herir a los que más te quieren sin motivo.

Aun así, fuiste a ver a ese doctor rockstar que tanto te recomendaron, él debía tener las respuestas. He conocido a tantos doctores rockstars, tantas eminencias y es cierto lo que él te dijo, el camino es largo y cansador, pero, aunque no te des cuenta, se avanza. Un tratamiento tras otro, una nueva aproximación al problema tras otra, hasta que encuentras la que funciona para ti. No es magia, es ciencia. Paciencia, Diana, vas a llegar a ese punto.

Muchos piensan que los intentos por dejar de vivir ―ya no se puede usar la palabra con s― son solo un llamado de atención, pero Brian Yorkey lo hace de nuevo y, de manera brillante, aparece primero Sálvame o caigo, como un grito de ayuda casi inaudible para el oído humano, casi imperceptible para el espectador corriente. Y un par de escenas después, Gabriel, vestido de gala te invita a Un lugar. En ese preciso instante quise salir corriendo de esa sala, Diana, porque supe de inmediato cuál era ese lugar. Este no era un baile inocente entre madre e hijo, una forma de hacer las paces, una despedida, había que poner atención para saber cómo terminaría ese baile. Tuve que apretar mis puños, mis dientes, mis ojos por unos segundos para lograr permanecer en mi asiento y, a pesar de mi impulso, me quedé y seguí viendo tu desarrollo, Diana. ¿Por qué no corrí a abrazarte? ¿Por qué nadie corrió a abrazarte?

Corte/electro shock. Fuiste valiente, Diana. A veces hay terapias que son muy extremas, pero se siguen usando y son efectivas. Aunque hay métodos efectivos mucho más amables, entiendo que solo tenemos dos horas y media para contar esta historia.

Entonces vino el intermedio. Le conté a mi amiga Dani lo incómoda y vulnerable que me había sentido, me ofreció irnos, pero decidí quedarme. Mientras un café y un alfajor me hacían volver en mí. Pensé en Elvira López, la mujer real que te sostiene, la actriz que decidió sumarse a este proyecto junto a Darshan Teatro. ¿Habrá sabido la intensidad de emociones que tendría que gestionar? ¿o te apareciste sin previo aviso? Al sonar la campana entré con ansias a la sala para seguir conociéndote, Diana.

No sé mucho de terapia electroconvulsiva, pero sí sé de pérdidas de memoria, que la mayoría de las veces no son producto de las terapias, sino de las propias crisis. Ya asumí que hay muchas páginas borrosas en la historia de mi vida, y como trató de hacerlo Daniel contigo, a veces, sin querer, las reescribo con ficción. Los que me conocen ya saben que no siempre digo la verdad, pero es sin mala intención. Mi cerebro inventa recuerdos. Canta por el olvido, Diana, esta vez yo te acompaño.

Te agradezco, Diana, porque en este segundo acto me diste respiro. De todas formas, me preocupa tu hija más que tu esposo. Mírala, Diana, no vayas a ser tú la que no vea esta vez. Esto se hereda por sangre y se manifiesta por trauma, y esa niña llena todas las casillas. Cuídala, Diana, no la dejes sola.

Creo que ese es el único consejo que te quiero dar, sin yo ser madre. Discúlpame si estoy siendo impertinente, pero siento que te conozco bastante y me puedo tomar esta licencia. Lo demás, es buena suerte. Espero que encuentres el tratamiento adecuado para ti. Si quieres un día nos tomamos un café y te cuento mis experiencias, por si te sirven.

Antes de despedirme solo me queda una pregunta, una sola cosa que no entendí de toda la obra:
¿por qué la peluca, amiga?

Con cariño.
Isabel

Isabel Agurto
Periodista y editora

Instagram: @iagurto_

 

 

Esta crítica epistolar fue escrita a partir de la obra Casi Normales (Next to normal), que se presentó en el Teatro Municipal las Condes en Santiago de Chile, en octubre y noviembre de 2023, bajo la dirección general de Ramón Gutiérrez y la dirección musical de Francisco Kamei. El personaje de «Diana» fue intérpretado por Elvira López. 

Críticas

Monstruos en el parque: crítica epistolar a Sergio Arrau. Por Sergio Velarde

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Querido profesor Sergio Arrau:

Donde quiera que se encuentre quisiera dedicarle unas palabras acerca de la obra de teatro que vi, escrita y dirigida por usted, allá por los inicios de los años noventas, en el Club de Teatro de Lima, ese sótano que se convertiría en mi segundo hogar a partir de esa fecha.

La obra fue “Monstruos en el parque”, que a pesar de su título apocalíptico no se trató de una puesta de suspenso o terror, sino de una comedia fantástica repleta de personajes y situaciones tan típicas para nosotros los limeños, y todo esto salpicado por ese corrosivo humor tan suyo, irónico y sarcástico, que poco a poco llegué a comprender y valorar.

Y usted solo necesitó al centro del escenario una banca de madera sin respaldo, un farolito de utilería a un lado y unas cuantas hojas de papel lustre verde pegadas en los telones que formaban la caja negra. En ese íntimo espacio, con 90 butacas, desfilaron doce personajes arquetípicos, interpretados solo por tres actores (cuatro personajes cada uno): la actriz retirada, la payasita huérfana, el arqueólogo ciego, una prostituta culta, un esposo infiel, entre otros, que se toparon en aquella noche en el parque y dialogaron con un lenguaje sencillo, entendible para mí, acerca de sus miedos, sus frustraciones y de cómo debían sobrevivir en una ciudad tan salvaje e injusta, mucho antes de pandemias, revoluciones
digitales y cambios climáticos.

¿Y los monstruos en el parque? Sí aparecieron, pero materializados por los tres actores en el aire, con su corporalidad, mimando con gestos y miradas. Y me la creí.

Disfruté la obra como usted no tiene idea y quedé maravillado de cómo con tan poco se podía lograr experiencias tan enormes y enriquecedoras para el público.

Me matriculé en el Club de Teatro en la semana siguiente y tuve la fortuna de tenerlo como profesor dos años, poco antes de que se retirara de la docencia.

Así como a mí, su legado no solo con “Monstruos en el parque”, sino con todas las obras que escribió y dirigió en mi país desde los años setenta, estoy seguro, le debe haber cambiado la vida a muchísimos jóvenes, que así como yo en los noventas, no tenía las cosas demasiado claras.

Este año yo dirigiré su obra en abril y espero que desde arriba me dé su visto bueno, pues la haré con mucho respeto hacia usted. Nos encontraremos pronto en el teatro, querido profesor.

 

Sergio Velarde
Periodista cultural y artistas escénico. Director del portal web Oficio Crítico

@sergio_velarde_1976

velardesergio2@gmail.com

Reseñas

Me acuerdo. A propósito de «Nosotras que nos queremos tanto» Por Sergio Velarde.

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Me acuerdo [1]

 

Me acuerdo de la primera vez que entré en aquel teatro de la mano de mis padres, cuando cursaba los primeros años de educación secundaria (tenía 13 o 14), que me llevaban por primera vez a ver una obra teatral por la noche; me acuerdo vagamente de haber visto escenificaciones dentro de shows infantiles o como parte de las actividades en mi colegio, pero de mañana. Me acuerdo que salir de noche con mis padres (fue una de mis primeras salidas nocturnas) significó mucho para mí, pues ahora la recuerdo con mucha nostalgia: mis padres se separaron dos décadas después luego de continuas discusiones frente a mí y mis hermanos. Esa salida al teatro, si bien me acuerdo el nombre de la obra (“Nosotras que nos queremos tanto”) y también el hecho de no haber captado prácticamente nada del humor en doble sentido de aquellas cuatro veteranas actrices que se burlaban de sus maridos en la ficción y de su desabrida vida sexual, fue uno de los pocos momentos en los que me sentí valorado y querido por mi familia, antes del triste desenlace. Me acuerdo que me sentí feliz y el teatro tuvo que ver con aquella emoción.

 

 

Sergio Velarde
Periodista cultural y artistas escénico. Director del portal web Oficio Crítico

@sergio_velarde_1976

velardesergio2@gmail.com

 

[1] Ejercicio de memoria y escritura a propósito de la obra Nosotras que nos queremos tanto, de Marcela Serrano, que se presentó en Lima, Perú.

 

Escena de la obra El Diccionario de la Compañía Nacional de Teatro | Foto Sergio Carreón CNT
Reseñas

Me Acuerdo. A propósito de «El Diccionario». Por Curianito.

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Me acuerdo [1]

 

Ciudad de México a 19 de febrero de 2026

 

Me acuerdo de que recibí un mensaje de Angélica Montes para invitarme a ver la obra El Diccionario en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque; recuerdo haber aceptado.
Me acuerdo de haber llegado con bastante anticipación y ver un gran revuelo de personalidades moviéndose como en una alfombra roja: saludos por aquí, abrazos por allá.
Me acuerdo de entrar y reconocer que tenía un espléndido lugar: al centro, a media sala.
Me acuerdo de que se apagaron las luces y entró a escena Luisa Huertas.  En ese momento, me di cuenta de que había llegado al teatro sin la menor idea de lo que iba a ver.
Me acuerdo de haberme preguntado: ¿Es de la Compañía Nacional de Teatro?
Me acuerdo de aligerarme y meterme en la obra.
Me acuerdo del momento eléctrico que sacudió mi cuerpo cuando la actriz dijo llamarse María Moliner.
Me acuerdo de conmoverme ante el drama: una mujer extraordinaria dedicada a las palabras que, en ese momento, enfrenta el problema de una enfermedad degenerativa que la va conduciendo al olvido de todo el conocimiento adquirido.
Me acuerdo de haberme condolido de la situación médica y de la ancianidad de mi madre; su lucha diaria después del derrame cerebral que sufrió aquel julio de 2025.
Me acuerdo de esforzarme por dejar la sensiblería y regresar a la ficción.
Recuerdo admirarme ante Luisa Huertas, su bien decir y su pronunciar.
Recuerdo haber trabajado con ella en una obra llamada Los gritones, de Luis Eduardo Reyes, dirigida por Raúl Zermeño (Segundo Ciclo de Teatro Clandestino, Casa del Teatro, noviembre de 1995), en la que admiraba su capacidad para modular y expresar con cada sílaba; una perfecta dicción.
Recuerdo que María Moliner, o su diccionario, me fue presentada por el maestro José Luis Ibáñez en 1999, cuando recién salía del CUT y tenía 24 años. ¡Dios!
Recuerdo las largas sesiones con el maestro Ibáñez analizando los textos de Calderón, Góngora, Quevedo, Sor Juana, Cervantes y Ruiz de Alarcón, entre muchos clásicos contemporáneos como mi amado Lorca. ¡Qué privilegio!
Recuerdo imaginarme la ansiedad que debe padecer alguien que empieza a olvidar y cómo la escenógrafa, Atenea Chávez, lo representa con una sobreposición de papeles como ladrillos que vuelan; algo que gráficamente me recordaba a cómo un disco duro va perdiendo partes de su información: huecos, espacios, olvido.
Recuerdo indignarme ante el desprecio de una Real Academia de la Lengua integrada por hombres que rechaza el gran trabajo de una mujer, una bibliotecaria que creó en sus “ratos libres” el diccionario más humanístico de la lengua española, sin olvidar los problemas domésticos que enfrentaba al entregarse a su más grande pasión.
Recuerdo el momento en que define frente a todos la palabra Libertad:

Libertad. Facultad que tiene la persona para elegir su propia línea de conducta, siendo responsable de sus actos.

Me acuerdo de que me resultó admirable la forma en que la actriz construye la
degradación física del personaje.
Me acuerdo de haber salido con una sensación de cambio, con el ánimo en alto y con una renovada admiración por el teatro, más allá de lo que la institución de la CNT me representa como creador y como partícipe de la administración pública.
Me acuerdo de que llegué a casa a abrir una botella de vino y brindar por Moliner, Ibáñez y Huertas.

De lo demás, no me acuerdo…

 

Atentamente,

Curianito

 

[1]Me acuerdo de “El Diccionario” de La Compañía Nacional de Teatro escrita por Manuel Calzada Pérez. Bajo la dirección de Enrique Singer. Teatro Julio Castillo. Reestreno 13 de enero 2026

Reflexiones

Manifiesto de crítica teatral para nuevos públicos

por Aplaudir de Pie 10 septiembre, 2025

Proponemos una crítica que:

 

  • No dé por hecho que el público sabe ver teatro y necesita ver teatro
  • Renuncie a la violencia y a la superioridad moral
  • No olvide que todas las personas fuimos al teatro por primera vez, y que, por lo tanto, sea empática y accesible
  • Considere las condiciones sociales y las barreras de acceso de los públicos
  • Se permita la diversidad de formatos, voces y lenguajes; que el pensamiento viaje al papel y a la pantalla, para descubrir nuevos públicos
  • Busque ser cercana y significativa para cada público, sin elitismo
  • Se desprenda de la publicidad y la promoción como su función principal, y, en cambio, se reconozca como un agente activo del sistema teatral
  • Establezca un diálogo con el público y despierte su curiosidad 
  • Sea un ejercicio abierto, flexible y autocrítico
  • Vea más allá de lo que pasa en escena, al pensarse como un ejercicio que acompañe la reflexión del público en distintos momentos
  • No tema cuestionar los problemas de la representación y analizar su relación con el sistema teatral

 

 

Este manifiesto fue pensado por el grupo de participantes del Laboratorio de Crítica Teatral para Nuevos Públicos, impartido por Zavel Castro, que se llevó a cabo en el  El 77, Centro Cultural Autogestivo en la Ciudad de México, del 07 de julio al 08 de septiembre del 2025. Autoría: José Domínguez, Fernanda Fernández, Diana Luna, Lalis, Lunámbula,  Luis Javier Maciel Paniagua, Danno Morán, Mónica Muro, Ed Quezada, Ricardo Ramírez y Luis Santiago.

 

 

Críticas

Amanda Labarca. Crítica-crónica* por Maurice Lamm-Häuser

por Aplaudir de Pie 15 marzo, 2024

La gente conversa entre ella, las conversaciones son inentendibles, hay olor a cabritas, ¿Hace cuantos años que no voy al circo?. ¡Aquí aquí! – grita una señora desde una par de asientos más adelante, con el teléfono pegado al oído mientras levanta y agita su mano libre. Estoy en el teatro, pero no lo parece. El ambiente no es sombrío como se acostumbra en los demás teatros, aquí la gente se mueve y habla y el olor a cabritas inunda el espacio. Así es el teatro real, ese teatro de calle, ese teatro humano, en donde la verdadera obra transcurre en un baile entre el público y los actores.

Si tuviese que comentar de todo lo que engloba a la obra destacaría la labor de todos los encargados de traer a la vida aquella obra. El sonido se utilizó con elegancia para retratar el estado mental de la protagonista, el vestuario y escenografía cumplen un rol que al principio podría resultar arbitrario, y cuando menos te lo imaginas toman un valor no imaginado
dentro de la historia, y es el contexto histórico el que nos ayuda a poder comprender todos esos detalles. La iluminación supo equilibrarse entre una iluminación realista y algo mucho más onírico. El guión, escrito por Isidora Stevenson, la interpretación de Ximena Rivas y a la dirección de Manuela Oyarzún Grau hacen que se te olvide por completo que toda la
historia ocurre en solo un día, en una habitación, en un monólogo.

En el teatro la obra muta en conjunto con su público, y para llegar al máximo esplendor del teatro en Quilicura, es necesario recordar que aquí no somos callados, aquí nos movemos, aqui se venden cabritas cuando la obra está por comenzar.

 

Maurice Lamm-Häuser
Director y docente

 

 

 

 

*Este ejercicio es resultado del taller de Crítica y Crónica impartido por Zavel Castro y Alejandra Delgado en el Festival Quilicura Teatro Juan Radrigán, en enero de 2024*

 

Reflexiones

2024

por Aplaudir de Pie 17 febrero, 2024

Después de tomarnos un tiempo para repensar nuestros supuestos sobre lo que es y lo que puede ser la crítica. En este periodo de distanciamiento nos ocupamos en meditar sobre nuestra práctica, estudiando, conversando con colegas y compartiendo lo que hasta ahora hemos aprendido en distintos espacios. Todo esto restableció el ánimo de cuestionamiento indispensable para la tarea a la cual nos dedicamos, pues la crítica en la que creemos va mucho más sobre plantear preguntas que sobre dar respuestas, por ello, cada vez nos alejamos más de la tarea de la evaluación y nos acercamos a la interpretación, que no pretende emitir veredictos sobre las obras, sino proponer coordenadas para pensarlas.

Tan importante como lo anterior ha sido volver a ser público, asistir a una obra sin imponernos la tarea de escribir algo o tener algo interesante que decir al final de la función, asumiendo que hay personas que querrían escucharlo. Esto nos permitió recuperar el inmenso amor que sentimos por el teatro. Sin exigirle ni reclamarle nada. Sin someterlo públicamente a nuestros parámetros. Sin rendir pleitesías ni hacernos de enemistades ¿Para qué? Si cada vez son menos los espacios para la crítica. No vale la pena que nos dediquemos a elogiar ni despotricar. Ni a premiar o desprestigiar. Los tiempos han cambiado. Quizá la crítica también deba hacerlo. Por nuestra parte, nos motiva ensayar formas distintas para el ejercicio, mostrar alternativas. Apostar por otros formatos, otros discursos y otros medios. Otros modos de hacer.

Nuestro objetivo es motivar y participar en diálogos sobre las artes escénicas sin la pretensión de tener la última palabra ni la facultad de acelerar la venta de boletos. Diálogos, en los que tengan lugar los públicos, no solo los artistas ni los así llamados especialistas, porque el teatro nos congrega por igual sin distinciones. Desde el inicio, soñamos con que esta página sirviera para diversificar las voces y, con ello, hacer de la crítica un ejercicio compartido, partiendo de distintos enfoques, no solo de los lugares establecidos.  Aún hay mucho que hacer para que esto suceda, principalmente, habrá que desempolvar a la crítica y dejar de concebirla como un espacio de autoridad suprema y, en cambio, asimilarla como una actitud, una facultad y una herramienta que sirve para comprendernos como sociedad y como seres humanos.

Con todo esto presente, retomamos. Agradeciendo siempre a quienes nos acompañan.

 

 

 

Reflexiones

A lo largo del perímetro: alternativas para el mejoramiento de las artes escénicas Concurso Nacional para Puesta en Escena

por Aplaudir de Pie 24 octubre, 2023

El teatro es la única institución del mundo que lleva cuatro mil años muriendo y nunca ha sucumbido

John Steinbeck

 

Como es costumbre, en todos los años que tiene la humanidad, podemos afirmar de nuevo que el teatro está en crisis. Si bien cada país tiene una relación particular con las artes escénicas, en México podemos decir que las circunstancias generales son abrumadoras. Un simple recorrido por los comentarios de lxs teatrerxs, sean gestorxs, productorxs, escenógrafxs, directores o intérpretes basta para comprobar esta idea.

Es así que encontramos con: una crisis de audiencia en las temporadas teatrales; reclamos a la conformación étnica de los elencos, siendo estos con una clara tendencia hacia perfiles caucásicos con poca o nula representación de tipos mestizos; y abusos provenientes en la formación y producción escénica, que derivan en violencias desde pedagógicas hasta laborales, los cuales se traducen en vejaciones y acoso sexual sistematizado.  Sobre las cuestiones laborales destaca el cuestionamiento del papel del Estado en la producción y difusión de la cultura, la necesidad de reconocimiento de lxs artistas en aspectos básicos para la existencia digna, tal como el derecho de acceso a la salud, la complejidad para el acceso a recursos económicos, la disminución de convocatorias y la falta de seriedad y cumplimento en los programas de pago establecidos por el mismo gobierno.

Lo dicho: el teatro en México está en crisis. Es por eso que inicio este escrito  con este celebre dictum, con la esperanza de proporcionar al menos una propuesta que dé un poco de calma frente a las situaciones que la producción del teatro tiene por delante.  Siempre es bueno recordar, que si bien el teatro mexicano enfrenta una buena cantidad de problemas, esto lo hace con una frecuencia ya anualizada, por lo que también lo será encontrar nuevas soluciones para llegar a un mejor marco de realización de la escena.

A diferencia de otro tipo de análisis, esta apreciación no es de orden interno, donde podría dar fe de su riqueza en cuanto formas, autores, temas y propuestas artísticas, por el contrario, para hacer este escrito me he dado a la tarea de analizar el teatro desde fuera del fenómeno escénico, intentando verlo desde todos los ángulos posibles. Si este fuera un ejercicio de geometría podrías distinguir en el dibujo que hacemos de cualquier polígono que existe un perímetro interno y uno externo, que si bien a primera vista aparentan ser lo mismo, el valor de los ángulos internos y externos indica que hay dos formas de ver una misma figura. Por ejemplo, dentro del perímetro interno del teatro se puede ver y  hasta cuantificar el número de puestas en escena, la cantidad de funciones por obra, el número de intérpretes por montaje, la cantidad de espectadorxs y los ingresos por función, arrojando en conjunto, estadísticas cercanas para entender el teatro como fenómeno.

La limitante, como expliqué anteriormente, es que todas estas cifras únicamente son capaces de medir el perímetro del teatro en su faceta interior.  Yo mismo intenté, hace aproximadamente diez años, trazar el perímetro de las artes escénicas desde una perspectiva económica, el fin era encontrar el valor de mercado de las artes escénicas y para hacerlo sumé la información obtenida mediante el INAI e instituciones teatrales con el total obtenido por concepto de taquilla. Aunque mis motivaciones y método en aquel momento eran acertadas, nunca pude encontrar el valor exacto de esa incógnita, pues faltaría sumar lo recaudado de manera independiente a lo largo de la república, lo que es imposible obtener por una sola persona, además, el valor del mercado es un cálculo financiero, incapaz por sí mismo de capturar en su esencia la importancia de las artes escénicas. Vale la pena añadir que durante el período en que recopilé los datos contables para obtener dicho valor fui cuestionado sobre la utilidad misma de esta incógnita, ello debido a que, pese ser una actividad económica, el cálculo monetario no implica necesariamente una relación con el valor del teatro, por ejemplo, al sumar funciones de acceso gratuito, tal como el Carro de Comedias de la UNAM o de la misma Compañía Nacional de Teatro en México, que dan presentaciones sin recibir una remuneración directa del público vía cobro de taquilla. En estricto apego del método de cálculo, estas funciones aportarían un valor nulo equivalente a cero, por lo que ante este quiebre de valores es necesario replantear el modelo frente el cual pretendemos calcular el valor del teatro, sobre todo en términos de ganancia monetaria, aportación al PIB o el criterio imperante en el modelo financiero en curso.

Para desentrañar el valor del teatro, más allá de cálculos económicos, debemos sumar el impacto social y humano, que incluso las representaciones con una sola función pueden tener, escapando de la mirada racional y de la lógica monetaria con la que estamos acostumbrados a evaluar el fenómeno escénico a partir de indicadores, esto quiero decir que el impacto de las artes escénicas es más profundo que la simple aplicación de sumas y restas, ya que atañe directamente a la dimensión humana, y si internamente es difícil, por no decir imposible, medir el perímetro del  teatro, visto desde afuera, posee un volumen y dimensión diferente. Esto es lo que nos proporciona el papel que cobra el arte en la sociedad y en la evolución del género humano, en torno a los lugares y modos en los que se representa el hecho escénico.

Al cabo de los últimos años he tenido la oportunidad de intentar medir el teatro desde dentro, misión que solo organismos como el Observatorio Teatral de la UNAM en México o la UNESCO a nivel global pueden intentar cuantificar. No obstante, el punto de vista que acompaña este escrito es externo, como el del espectador de teatro que puede apreciar a los intérpretes sin preocuparse siquiera de que exista una parrilla de luces. De este modo, puedo recopilar al menos esta propuesta basada en modelos culturales escénicos y las reflexiones hechas por otrxs.

Por oficio soy dramaturgo, por lo que fiel a la tendencia de arrojar la mano y esconder la piedra, me atrevo a realizar este escrito y dejarlo simplemente en el aire, pues las ideas suelen viajar más rápido que las personas y se puede dar el caso de que pueda materializarse y mejorar al menos un poco el panorama sobre en el que se hace el teatro en México

Alternativas para el mejoramiento de las artes escénicas

Propuestas con base en la Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica

Como sabemos, son pocos los países a nivel mundial que poseen una organización semejante a la Compañía Nacional de Teatro de México. En el caso de América Latina, solo Costa Rica y Venezuela poseen una  administración y gestión  de esta naturaleza. He tenido la oportunidad de conocer Costa Rica y al menos conocer las oficinas administrativas de la Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica (CNT CR), al tiempo que he evaluado algunas de sus estrategias escénicas para incentivar la producción teatral y su acercamiento al público. Esto ocurre, por ejemplo, en el Festival Internacional de las Artes, FIA, el cuál sucede de manera bianual y del que se ha hablado en el artículo “Invertir en Cultura es invertir en la gente”, publicado por la revista Paso de Gato en el ya lejano 2013. Es por ello que, siguiendo un método comparativo entre los modelos de producción de estos países, presento un ejemplo de las estrategias seguidas por aquel país en cuanto a promoción, producción e incentivos referidos al teatro los cuáles pueden servir como ejemplo para nuestro entorno.

Antes de proseguir con las características de cada uno de estos ejemplos cabe aclarar lo evidente. Aunque parecidos en muchos aspectos que van mucho más allá de compartir el mismo lenguaje, México y Costa Rica se distinguen significativamente en términos socioculturales. Este escrito no tiene como objetivo enumerar sus semejanzas y diferencias, acaso, lo más importante en lo que habría que reparar es en las diferencias de sus marcos legales con relación a la política cultural que rige el funcionamiento del sistema artístico.  A pesar de ello, considero que es importante saber cómo se distribuyen los recursos públicos para las artes en distintos países para pensar posibles modificaciones en nuestro sistema. 

Dicho esto, me concentraré en desmenuzar el funcionamiento del Concurso Público Anual Para Dirección Escénica Profesional De Teatro, conocido también como Concurso Público Anual Para Personas Directoras Escénicas Profesionales de Teatro, uno de los programas públicos centrales para la creación escénica en Costa Rica. Este concurso existe desde hace 15 años aproximadamente y está diseñado para promover la creación de espectáculos en los teatros de la CNT CR, todos creados bajo la figura de texto teatral a desarrollarse por un/a director/a de escena. A lo largo del tiempo, esta convocatoria anual se ha adaptado a las decisiones curatoriales de cada administración vigente de la CNT CR, rescatando siempre el binomio de este modelo de producción con el fin de presentar textos latinoamericanos y costarricenses de calidad. Esto lo podemos confirmar de acuerdo a las convocatorias emitidas en 2019 y 2022, ya que no se publicó en 2021, donde se establece este criterio desde las bases emitidas.  Lo más importante de este concurso es que permitirá el desarrollo de una puesta en escena con un acompañamiento directo de los recursos de la CNT CR, traducido en disponibilidad de un recinto teatral para ensayos y funciones, así como de equipo, personal técnico y administrativo necesario para llevar a cabo cada presentación, pues a diferencia de las compañías nacionales de México y Venezuela, Costa Rica dejo atrás el modelo de elenco estable hace algunos años.

El proceso de evaluación se basa en una decisión curatorial basada en el análisis del texto dramático presentado en conjunto con la propuesta de dirección, el cual es determinado por elementos propios de una carpeta como la conocemos, con factores tales como conformación del equipo creativo y actoral, elementos escenográficos y de vestuario y la descripción de cómo se involucra el texto de acuerdo a la visión general. En las convocatorias emitidas en 2019 y 2022 este concurso benefició a uno y tres montajes  respectivamente, los cuales contaron con una temporada teatral dentro de los teatros administrados por la CNT CR. En 2020,  debido a la emergencia sanitaria producida por el COVID- 19, el Concurso Público de Puesta en Escena emitió una convocatoria pública en 2020 bajo la figura de excepción, la cual buscó beneficiar a la mayor cantidad de grupos posibles, cada puesta en escena recibió el aporte económico necesario para llevar a cabo cuatro funciones en los teatros de la CNT CR. Este concurso benefició alrededor de cuarenta montajes divididos de acuerdo a las siguientes categorías.

1) Espectáculos estrenados

Benefició los procesos escénicos ya realizados de acuerdo a estos criterios;

Estéticas de la Dirección Teatral Costarricense – Espectáculos Centralizados: refiere a las puestas escénicas realizadas en la capital, en las salas teatrales de  San José.

Estéticas de la Dirección Teatral Costarricense-Espectáculos descentralizados en espacios alternativos: montajes que se realizaron en comunidades de Costa Rica por medio de grupos de teatro independiente no vinculados con el estado.

Estéticas de la Dirección Teatral Costarricense-Espectáculos pre-grabados: nuevamente, en atención a la pandemia de COVID-19, esta categoría sirvió para mostrar videomontajes.

Estéticas de la Dirección Teatral Costarricense-Espectáculos en desarrollo de creación colectiva: para ayudar a los montajes que se encontraron en proceso de montaje bajo una figura de producción diferente a lo acostumbrado en el resto de las convocatorias.

2) Espectáculos por estrenar en galería de procesos

Reconoció y apoyó a los procesos escénicos en camino de estreno y que fueron expuestos dentro del equivalente a la Muestra Nacional de Teatro en Costa Rica, de acuerdo a estas subcategorías:

Estéticas de la Dirección Teatral Costarricense-Espectáculos en desarrollo de creación colectiva: diseñado para compañías y colectivos, que mostraron sus procesos de creación con base en el registro de cada colectivo.

Galería de procesos sobre trayectoria artística en dirección: de acuerdo al modelo de producción imperante basado en el director como eje de la puesta escena, presentó los elementos que llevaron a la consolidación del montaje.

Galería de procesos sobre proyecto estrenado: hecho para exponer el proceso de montaje de espectáculos escénicos ya estrenados.

Galería de procesos sobre proceso en desarrollo: el cuál reveló los pormenores de las puestas en escena en proceso de montaje.

Sobre la escena (área de formación y reflexión): pensado para los proyectos escénicos que abordaron o cuestionaron la formación escénica.

En resumen, el Concurso Público de Puesta en Escena abre un panorama para toda la escena teatral por medio de temporadas  teatrales donde se otorgan las facilidades necesarias para llegar a la audiencia  de este país con base en este concurso público. 

Otra de las convocatorias que están diseñadas para democratizar el acceso a los recursos públicos  y teatros de Costa Rica desde la administración de la CNT CR es la Convocatoria Proyectos Escénicos. Actualmente esta iniciativa está encaminada a generar una coproducción con la CNT CR a lo largo del año. Es un concurso dirigido a toda la comunidad teatral de aquel país para obtener una programación en algún espacio facilitado por esta institución, en función de las necesidades del montaje.  Esta convocatoria surge de la necesidad de tener acceso a lugares de teatro o foros, cuyas rentas generalmente son muy elevadas.  De manera similar que el Concurso Público de Puesta en Escena, las producciones ganadoras tienen acceso a las salas administradas por la CNT CR, disponiendo de las facilidades relacionadas con el acceso y manejo de la sala durante una temporada teatral de entre ocho y dieciséis funciones con una repartición de ganancias de la taquilla en una proporción de 70 / 30. La diferencia con la convocatoria anterior es el espectro al cual está dirigida: mientras que el Concurso Público de Puesta en Escena está diseñado específicamente a directores/as profesionales para realizar un montaje desde cero, la Convocatoria Proyectos Escénicos queda abierta a un rango de profesionales dedicados a la producción teatral con espectáculos con un mínimo de tres representaciones, en un espectro más amplio.

Si adaptamos alguna de estas propuestas en México, por medio de alguna institución cultural como las ya mencionadas, tendríamos la oportunidad de determinar criterios de valoración de acuerdo a su división por categorías, ya sea para jóvenes, para directores/as en camino de profesionalización o directores/as con trayectoria,  lo cual ayudaría a cubrir la necesidad de espacios y oportunidades que se requieren por una comunidad teatral en constante crecimiento, que siempre requerirá de más espacios para establecer una relación con distintas comunidades de público, además, tal y como lo demostró la pasada convocatoria a escritores llamada “Historias del Té”, las propuestas podrían encaminarse a: emplear a los actores y actrices residentes de la compañía, al equipo técnico y difusión, a usar los salones de ensayos y la sala principal para la temporada de funciones, además del acompañamiento necesario para solventar las necesidades de producción. Siendo aún más ambiciosxs, incluso podríamos establecer una métrica donde se pondere con mayor valor a las propuestas escénicas que vienen de plumas mexicanas o latinoamericanas, elemento que al ser una compañía de corte nacional tiene todo el sentido del mundo.

Por último, fiel a la metáfora que da nombre a este texto, he encontrado que pese a estar en el plano sí existe una diferencia entre los perímetros exterior e interior. Un buen arquitecto, o alguien muy observador, se dará cuenta de que la diferencia estriba en el ancho de la barda que flanquea el perímetro. En este caso, esa barda no es otra que la dificultad ofrecida por la burocracia, la cual tiende a estorbar en la ejecución de esta o cualquier idea, por lo que lo más recomendable es apartarse por el momento de un camino regulado por instituciones, para hacerlo por nosotrxs mismos por medio de los titánicos esfuerzos que representa una asociación civil destinada a cubrir esta necesidad penosamente aún no resuelta por el régimen vigente. 

Escribo estas ideas seguro de que su origen no es mío sino que es resultado de otros esfuerzos realizados a nivel local o mundial, dirigidos a repensar los modelos de producción escénica. Las escribo con la ilusión de ser tomado en cuenta sin la necesidad de un crédito, retribución o cita, pues mi único fin es contribuir a un mejor escenario para el futuro del cual formamos parte y del que me sentiría satisfecho de haber colaborado un poco en su formación.

Por tanto, invito a debatir libremente, con intenciones propositivas o destructivas estas ideas, así como a generar otras propuestas que nos ayuden a salir de la crisis escénica que tenemos por delante. Y de las crisis futuras solo afirmar que estas se resolverán mañana, que al fin y al cabo, será otro día.

 

Anthar Santos-Dramaturgo/@antharsantos

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