Parque Lezama: Superhéroes con bastón y andadera

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Hay obras que insertan al espectador poco a poco en el universo que plantean y otras que desde el inicio lo incluyen de golpe. Este segundo caso corresponde a “Parque Lezama”, obra escrita por Herb Gardner, comedia adaptada y dirigida por Juan José Campanella. Desde que se sube el telón, los personajes interpretados por Luis Brandoni y Eduardo Blanco se presentan ante nosotros con las características definitivas que habrán de tener incluso en los puntos álgidos de la trama, no es que sea una construcción pensada para ir creciendo en el transcurso, sino que los personajes,  dos hombres ancianos, están terminados y listos para accionar y reaccionar con la misma intensidad (que no es poca) desde el principio. Esta cuestión hace que los actores requieran de una energía muy intensa para mantenerla durante toda la función, sin decaer en ningún momento.

Del mismo modo que los caracteres de los personajes, la escenografía espectacular, que recrea el parque que intitula el montaje, no cambia, lo que modifica es el ambiente que hace pasar al espectador por una verdadera montaña rusa emocional de acuerdo a las situaciones o mejor dicho aventuras, que sortean los actores. De tal suerte que en un principio se siente nostalgia, que en algún momento se vuelve tristeza, hasta pasar por la sorpresa y sobre todo compartir momentos muy alegres gracias a las ocurrencias de los protagonistas, especialmente las del personaje interpretado por Brandoni, quien ocupa sus últimos años para vivir todo aquello que se le escapó entre la cotidianidad y monotonía.

¿Por qué vivir en una sola vida si se pueden vivir cientos? ¿Por qué nos conformamos con una sola historia qué contar?  El tiempo pasa muy rápido, no vale la pena soportar sin ningún placebo la rutina que de repetirse, agota. El mensaje de esta obra reivindica la importancia de la ficción muchas veces para hacer soportable la existencia. La realidad nos atrapa con sus límites y la fantasía nos recuerda que el único que cabe es la imaginación de cada cual.

Brandoni es un gran narrador, sus ficciones extraordinarias tal vez son mentira, nunca lo sabremos del todo, pero ¿para qué sirve la verdad en un mundo en donde eso solo nos recuerda nuestro monótono devenir? Donde la verdad es que los acontecimientos se suceden y en el fondo no hay tanto que podamos realmente hacer. Pero Brandoni intenta, es un idealista que busca cambiar el mundo a su manera, que tratará que la utopía deje de ser un doloroso sinónimo de imposibilidad. Es una especie de superhéroe de la tercera edad que a su manera encuentra la forma de resolver las injusticias de su mejor amigo y cómplice (Eduardo Blanco), que representa la quietud, la serenidad y acaso el conformismo de quien nunca ha recurrido a la invención para imaginar una vida distinta.

Otra gran enseñanza del montaje es que el paso de los años no vuelve “innecesarios” a los hombres, no son más débiles que los jóvenes, sino que han depositado sus fortalezas en otro sitio, la experiencia los ha vuelto distintos, nunca menos capaces simplemente por su andar despacio. La fortaleza, el “súper poder” de estos dos, radica en el descubrimiento de esta actitud vital digna, fuerte, rebelde. Sienten más que ninguno la alegría de vivir entre cuento y cuento. Lo que nunca perderán será la valentía.

Parque Lezama es una obra que, entre tantas cosas, trata de la reivindicación del relato como medio para transformar la realidad. El ideal por excelencia del teatro mismo, cambiar el mundo con historias. No diremos si es posible o no porque es parte del descubrimiento que uno hace como espectador al mirar esta entrañable obra, pero lo que sí diremos es que en el fondo este montaje es una guía para la acción, un manifiesto poético que nos invita a no perder la esperanza de que otro mundo es posible. Uno mejor. Siempre.

Texto: Zavel Castro & Ricardo Ruiz Lezama, fundadores aplaudirdepie

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