Heroínas transgresoras. El romanticismo en escena.

Foto: Darío Castro
Foto: Darío Castro

¿Qué tienen en común doña Elvira, Margarita, Mónica, Ching Ching, Charlotte, Lucía de Lammermoor y Cunegonde? Todas ellas han perdido la razón por causas distintas: por celos y despecho tras sentir la burla del seductor al que a pesar de todo no puede dejar de amar; por las bajas pasiones provocadas por las palabras zalameras de un pretendiente que la hace pecar en más de una forma hasta atraer en ella las más dolorosas desgracias, entre ellas, provocar la muerte de su madre, hermano e hijo; la explotación, el abandono,  las ansias de poder y de fama y la fragilidad mental llevada a sus máximas consecuencias tras sentir la presión de aceptar un matrimonio no deseado.

La locura de todas ellas ha sido el motivo principal de algunas de las mejores creaciones literarias recuperadas por el imaginario de la ópera y opereta bajo las excelsas inspiraciones de Mozart, Gounod, Menotti, Adams, Donizetti y Bernstein. Ahora, tenemos ocasión de disfrutar de las arias inspiradas en estos personajes femeninos en la voz e interpretación actoral de Luz Angélica Uribe, a quien el escenario recibe con los brazos abiertos pues su calidez y simpatía hacia el público con quien interactúa de manera discreta durante las funciones de “Heroínas Transgresoras”, dirigida por Emmanuel Márquez, así como sus generosos dotes musicales, le otorgan todo derecho y dominio escénico necesario para cautivar a los espectadores que acaso buscando solo entretenimiento adquirirán también, valiosos conocimientos sobre este género musical (la ópera) y sobre la psique o “naturaleza” femenina –si es que aún podemos pensar en una noción tan categórica como esta, según las constantes características representadas por la literatura romántica-. Uribe además interpreta varios instrumentos poco convencionales como el waterphone, el cromorno y el theremín.

Fotografía: Darío Castro

Fotografía: Darío Castro

 

Sobre la estética del montaje quisiera subrayar la coherencia y armonía de la composición, pues todo ha sido dispuesto en alusión a las imágenes del romanticismo que numerosas representaciones pictóricas, ilustraciones y narraciones literarias han hecho llegar a nuestros tiempos; la ambientación en un teatro abandonado, los vestuarios de gala desgastados y raídos que aún dan cuenta de su anterior majestuosidad, las luces a medias, la oscuridad reinante como espejo emocional de los personajes trágicos corresponden a la época de la mayoría de las arias interpretadas. Sin embargo esto no hace de la puesta una suerte de espectáculo histórico, sino que actualiza el mensaje de la concepción de la femineidad en diversas intervenciones de Luz Angélica Uribe durante las cuales  habla brevemente de los casos de las “heroínas¨ y  reflexiona sobre la imagen de la mujer en los tiempos de la concepción de las obras, tanto como en los propios, donde según dice, muchos de los episodios no tendrían lugar porque las condiciones, frustraciones y aspiraciones ya no son las mismas.

Debido a la seriedad del tema de los asesinatos a manos de una mujer y de las fuertes impresiones que las escenas pueden ocasionar en los espectadores, se recomienda contar con   mínimo de 12 años de edad para disfrutar de la función de esta obra que es, sin lugar a dudas, un deleite musical, escénico, intelectual y sensible.

Zavel

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