ContrAcciones. El poder de la quincena

contracciones

La oficina como hábitat del ciudadano moderno se ha vuelto un lugar común dentro del discurso radical que mira dicho espacio como el símbolo por antonomasia de la opresión de los espíritus libres, espíritus que del mismo modo que los colibríes mueren ante el encierro que les impida volar. El dramaturgo inglés Mike Barlett y el director mexicano Alejandro Velis comprenden esta percepción y la comparten al público sirviéndose de la familiaridad de los espectadores ante el tema del mundo laboral y la inevitable pérdida de sueños propios.[1]

El principal reto de la traducción de este discurso a la escena tiene que ver con la intención de objetividad o neutralización del mismo para evitar caer en los clichés construidos en torno a las figuras del “jefe” y el “empleado” vistos como el “malvado opresor” y el “sumiso oprimido”. Evidentemente en el terreno de la ficción es válido servirse de una visión maniquea que extreme ambos polos hasta comprenderlos simplemente como el villano y el héroe, pero esa sería darle una solución gratuita a un problema que debe complejizarse para llegar a tocar las zonas más sensibles dentro de la dimensión humana, justo como sucede en el montaje “ContrAcciones”.

En esta obra se manifiesta la injusticia dentro de la relación de poder entre empleador y empleado (victimario/víctima) para concentrarse en una reflexión sobre el inminente riego de automatismo al incorporarse a un medio laboral ajeno a las pretensiones artísticas y concentrado en el aumento de la producción y venta.[2] La separación jerárquica entre los trabajadores de la oficina, obliga a la adopción de actitudes que soportan el desequilibrio: el explotador ha de ser impenetrable, mientras que quien labura debe mostrarse servil, débil y complaciente. No tanto para agradar al jefe sino para conservar el puesto.

¿Hasta dónde estará dispuesto a llegar el empleado para no perder su lugar en la oficina? En “ContrAcciones” se nos dice que hay quienes están dispuestos a perder la dignidad y a olvidar todo respeto por sí mismos como seres humanos, a ofender todo lo que alguna vez ha sido para ellos sagrado, a destruir sus relaciones personales y negar todo tipo de relación sentimental en la oficina a cambio de un salario fijo. Se acepta la pérdida de cualidades humanas a favor de un incremento de habilidades productivas. En este montaje se enfatiza la figura del contrato que regula las conductas de los empleados, vigila el comportamiento y castiga cuando es necesario cualquier incumplimiento. El contrato es la máxima ley, pobre de aquel que amenace la relación de poderes.

Las empresas desean que los hombres funcionen como máquinas y las máquinas no sienten. Es así de sencillo, pero la mayoría de las veces es más fácil formular una teoría que llevarla con éxito a la práctica, y es que ¿Quién no se ha enamorado de un compañero de trabajo? ¿Cómo sería posible dejar el corazón en casa y llevar solo el cerebro a la oficina? ¿Qué estamos dispuestos a ofrendar a cambio del éxito laboral? ¿Qué es lo más importante dentro de nuestra sociedad? ¿Amor o dinero? ¿Nuestra vida privada o nuestro buen desempeño en una empresa? ¿El reconocimiento laboral o el disfrute desinteresado?

Las posibles respuestas a nuestras interrogantes se encarnan en los papeles de dos grandes actrices, Aída López y Carmen Mastache, la jefa/villana y la empleada/sumisa respectivamente. López y Mastache tensan las cuerdas con un maravilloso sentido del humor, múltiples y profundos matices que complejizan a sus personajes hasta alcanzar altos vuelos interpretativos y obligar al espectador a reclamar una conclusión contundente. Un absoluto despliegue de talentos que da lugar a un final inesperado.

“Contracciones” se presenta los lunes y los martes a las 20 hrs.

hasta el 8 de diciembre en el Teatro el Granero

Centro Cultural del Bosque

Paseo de la Reforma y Campo Marte s/n (detrás del Auditorio Nacional)

 

Notas

[1] Sobre este tema recordamos dos montajes teatrales significativos que tuvieron funciones este mismo año, la primera de ellas se presentó en la Ciudad de México, “Almacenados” de David Desola, dirigida por Fernando Bonilla mientras que la segunda, “Tercer Cuerpo” escrita y dirigida por Claudio Tolcachir tuvo lugar (y continua en temporada) en Buenos Aires. Además de servir de escenario para las representaciones teatrales “la oficina” como tópico forma parte de la cultura popular desde las historietas de principios del siglo XXI hasta su “boom” en la series de televisión.

En este sentido el mejor ejemplo sería “The Office” (2005-2013) que explotó los clichés y caricaturizaciones de los empleados de oficina norteamericanos. Las críticas hacia este grupo social se agudizaron con la llegada de los “yupies” a las direcciones corporativas a finales de los años setenta.

[2] Sin duda el discurso se opone al sistema neoliberal, a la que solo le interesan los ingresos y fluctuación de capital de la masa consumista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *