La pandemia propició la transformación de las practicas culturales, abriendo la puerta a la posibilidad de reformar la definición y las funciones atribuidas a la crítica. La propia historia de la praxis da cuenta de los cambios que ha tenido a lo largo de la historia, desde su surgimiento en la Antigua Grecia como una práctica erudita; pasando por la Illustración Alemana que propició su entendimiento como un ejercicio que facilitaba el reconocimiento de los límites de la razón y del gusto; hasta llegar a las academias de arte en el siglo XIX, en la que quedó fijada como una técnica para valorar los atributos de las obras, en función de los cánones vigentes. En el caso de la crítica teatral, fue durante el siglo XIX que fue absorbida por el periodismo de espectáculos, donde se le asignó la tarea de juzgar las obras de teatro según los criterios de alguien con probada experiencia como espectador/a y facilidad para la escritura.
La crisis global nos obligó tomar una pausa para repensar si la limitación de la crítica teatral al género de opinión tenía algo que ver con la disminución del público en las salas durante las últimas décadas. Al menos en el caso mexicano, la pérdida del público es una de las preocupaciones constantes para el sector cultural, agudizándose en la pandemia con la asuencia literal del público y la incertidumbre por su regreso.
El laboratorio de crítica teatral para plataformas digitales
El reconocimiento de la incapacidad del modelo generalizado de escritura de la crítica teatral para vincularse con buena parte del público, en México y Chile, y, especialmente, con las juventudes, inspiró la creación de un laboratorio para pensar en la adaptación de la crítica teatral a las plataformas digitales. Este espacio vitual pedagógico-experimental concebido para explorar y ensayar vías para transformar la crítica teatral en correspondencia con la revolución digital, más allá de importar el modelo preexistente a la blogósfera, como se hizo antes del confinamiento.
Del 2020 al 2021, tuve oportunidad de poner a prueba este laboratorio con distintos grupos, en programas organizados por Alejandra Delgado, directora de la Escuela de Crítica de Valparaíso de la Juguera Magazine, el Festival Quilicura Teatro Juan Radrigán en Chile y El Festival Internacional de Teatro Universitario, en México.

En ambas instancias partimos de dos consideraciones, previamente sometidas a consenso: en primer lugar, sugerimos la aceptación del teatro digital como una expresión legítima, es decir, que, a diferencia de otras instancias, decidimos que, en lugar de negar la categoría de teatro a las experiencias escénicas intermediadas, consideraríamos la posibilidad de redefinir los conceptos fundamentales de las artes escénicas como: presencia y convivio. Es decir que nos abriríamos a la posibilidad de analizar de qué manera el teatro virtual ponía en juego otras formas de pensarlos; en segundo lugar, coincidimos en que el modelo de escritura consolidado por el periodismo de espectáculos para medios impresos, tenía algunas limitantes que le impedían aprovechar la riqueza de la comunicación virtual e interpelar a los internatutas, especialmente a los nativos y nativas digitales.
El objetivo del laboratorio era estimular una reflexión colectiva sobre las posibilidades y la pertinencia de renovar la crítica teatral, a la luz del auge de las plataformas digitales. El propósito de fondo era continuar con el proyecto que comenzamos en 2015, desde la apertura de este blog: imaginar otras formas de escribir crítica, apartadas de los gestos de superioridad y autoritarismo de quienes ven la crítica como una oportunidad para someter las obras a cánones inflexibles y premiarlas en función de su gusto. A nuestro parecer (hablo en plural, porque inlcuyo a los y a las participantes del laboratorio) estas actitudes alejan a la crítica de los públicos que no tienen vínculos vocacionales o profesionales con el gremio. A partir de esto, nos preguntamos ¿Cómo disminuir la brecha entre el público no especializado y el pensamiento teatral, a través de las plataformas digitales?
A continuación, comparto las conclusiones colectivas a propósito de las discusiones que revisamos en el laboratorio: la relación de la crítica con el poder; el concepto de autoridad que la sostiene; y la articulación de un ejercicio alternativo a la crítica tradicional.

La crítica sentenciosa
Tradicionalmente, la función de la crítica teatral periodística ha sido calificar las obras de teatro según la impresión de un espectador que, asumiendo el rol de juez, determina el valor de la obra en función de criterios de calidad, pertinencia y desempeño. Frecuentemente, la especialización de dicho evaluador radica en el número de obras vistas, su prestigio descansa en el medio en el cual escribe, en su número de seguidores y su rigor en la seguridad con la que emite sus sentencias. Pocos son ya los que se interesan en el estudio téorico e histórico del teatro y mucho menos de la propia crítica.
Los textos producidos por esta corriente de la crítica replican la jerarquía del sistema teatral, con lo cual las calificaciones más importantes corresponden a la dirección, dramaturgia e interpretación, mientras que el diseño escenotécnico y la producción reciben menor importancia o se atribuyen a la visión del director. A menudo, los veredictos se articulan a partir de una serie de adjetivos y lugares comunes («imperdible», «muy humana», «desgarradora») por lo que sus aportaciones son menores en términos de análisis y apreciación estética e insuficientes para entablar una comunicación con el público general.
Usualmente, los criterios de evaluación no se explican a la comunidad lectora, quizás, porque en el fondo, la calificación está dirigida a complacer al gremio teatral, no tanto para servir como guía para el público. Respecto al estilo, oscila entre una impostura de solemnidad y una franqueza que lleva a quien escribe a revelar detalles de su vida personal con relación al tema de la obra para argumentar sus dichos, en todo caso, hay poco espacio para el diálogo, pues ambas ofrecen generalmente lecturas cerradas y definitivas.

Una crítica hecha con destellos de imaginación
Afortunamente, vivimos en una época que nos permite imaginar alternativas para resignificar el sentido de lo que hacemos, aún cuando la desestimación de los sectores conservadores intenten convencernos de que solo hay una forma correcta de hacer las cosas que, casualmente, coincide con lo que ellos y ellas saben y enseñan. A menudo, la resistencia al cambio es la manifestación en nombre de un profundo temor por perder el control de sus feudos; de estar realmente preocupados por la crítica, hace tiempo hubieran hecho algo para evitar su banalización y vaciamiento de sentido. Poco pueden hacer, sin embargo, contra las demandas de la época que solicitan que las prácticas se actualicen bajo la amenaza de la obsolescencia.
La hipótesis general del laboratorio era que al utilizar las herramientas digitales de Instagram, Tik Tok, X (entonces todavía twitter) y Youtube, es posible rehabilitar el ejercicio de la crítica teatral, redescubriendo su capacidad para enriquecer el pensamiento y crear comunidades, ampliando el alcance de las obras y diversificando sus interpetaciones.
Otro incentivo para la experimentación era jugar con los códigos propios de los entornos digitales, pensando que podrían servirnos para recuperar las cualidades creativas de la crítica, alejándola de la solemnidad para hacerla más accesible. En el laboratorio nos permitimos incorporar el sentido del humor a la crítica, algo que pensamos podría presentar a la crítica como un ejercicio amable, contrario a lo que ha hecho la crítica sentenciosa.

Algunos de los ejercicios que nos permitieron pensar en la transformación de la crítica teatral en la era digital fueron:
- Crear un video de tiktok en el que explicaran los motivos por los cuales les interesaba abordar una obra específica
- Explicar en un video de tiktok cuáles eran sus criterios de valoración
- Investigar previamente sobre la obra para incluir información que no apareciera en los materiales de difusión hechos por las mismas compañías
- Grabar un video-reacción para dar cuenta de las impresiones que una obra les producía, intentando traducir las sensaciones posteriormente en un escrito
- Crear un meme para sintetizar sus impresiones y conclusiones sin caer en lugares comunes del pensamiento
- Articular preguntas complejas para abordar las obras
- Desarrollar un análisis e interpretación diseñado específicamente para una plataforma específica, estudiando sus formatos, códigos de lenguaje y sus comunidades de audiencia
- Diseñar un avatar / personaje coherente con la imagen que querían proyectar de sí mism@s en un entorno digital
- Compartir información sobre el contexto de creación de una obra para que pudiera ser inteligible para públicos en distintos países
Todo ello nos sirvió para:
- Manifestar la cualidad procesual de la crítica, para alejarnos de la inmediatez de escribir cualquier cosa al poco tiempo de asistir a una función
- Reconocer los límites y condicionantes de nuestra percepción para distanciarnos de la idea de el crítico es experto en todo tipo de teatro y tiene la capacidad para hablar con todo tipo de público
- Crear críticas que no estuvieran condicionadas por la jerarquía del sistema teatral, que obliga a la crítica a seguir un orden de importancia que se replica en cada texto (privilegiando el análisis de la dramaturgia, la dirección y la interpretación sobre la escenografía, el diseño de vestuario y la producción). A partir de esto reflexionamos colectivamente sobre los criterios para definir qué es lo más importante o valioso en una obra de teatro y la capacidad de la crítica para cuestionarlos
- Compartir herramientas de apreciación a una comunidad global, esforzándonos por hacer de nuestra mirada una herramienta útil para comprender el trasfondo cultural de los relatos locales
- Profundizar en el conocimiento sobre las obras a partir de la investigación sobre las compañías y los procesos creativos, para que la crítica procurara enriquecer el conocimiento de una obra en lugar de conformarse con repetir lo que dicen los materiales publicitarios añadiendo una valoración
- Comunicar honestamente las impresiones sensibles y las dudas que surgen al momento de ver una obra, sin disfrazar nuestra ignorancia como si fuera algo vergonzoso y aprovecharlo como algo que nos permite que nos identifiquemos con la comunidad con la que dialogamos
- Agudizar la capacidad de sintetizar ideas haciendo uso de las plantillas que circulan en internet y superar el prejuicio de que el pensamiento crítico es incompatible con el humor.
- Asimiliar que la crítica periodística no es la única que existe y explorar las herramientas de la crítica institucional y la crítica ensayística para ampliar las posibilidades de producción escrita o audiovisual.

En todo momento fue importante recordarnos que tanto el teatro como la crítica son prácticas minoritarias, por lo que aún cuando la crítica se hiciera para entornos digitales, podía despreocuparse de la presión de la mediatización a gran escala, así, en lugar de esforzarnos por aumentar la cantidad de seguidores, haríamos lo posible por conformar comunidades e implicarlas en la conversación sobre el teatro: se trataba de buscar la cercanía, no la popularidad.
De acuerdo a la retroalimentación que recibieron las y los participantes de los laboratorios, pudimos constatar que una crítica teatral más generosa y cercana a los públicos es posible y que aún queda mucho por explorar para salir del modelo convencional que ha limitado a la crítica a la evaluación personal y a la opinión superficial. Quizás, antes de negar el potencial de las plataformas como soportes para el pensamiento crítico y denostar los contenidos que circulan a través de las redes, podríamos aceptar que la crítica necesita diversificarse para alcanzar nuevos públicos y salir de la cámara de eco en la que la hemos confinado.
Los memes incluidos en este artículo, fueron creados por las y los participantes del taller «Critic On», en el marco del Festival Universitario de Teatro de la UNAM (FITU), del 30 de agosto al 03 de septiembre de 2021 y del «Laboratorio de Crítica Teatral para Nativos Digitales», del 04 al 25 de enero de 2022, impartidos por Zavel Castro.





