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Críticas

Casi Normales. Crítica epistolar al personaje de Diana. Por Isabel Agurto.

por Aplaudir de Pie 28 febrero, 2026

Querida Diana:

Espero que esta carta te encuentre bien o al menos mejor que cuando te conocí, en el Teatro Municipal de Las Condes. Te vi desde mi butaca, sin saber que en cosa de minutos ibas a mirarme de vuelta. Desde la primera escena yo supe por qué no podías dormir, por qué necesitabas activarte a las cuatro de la mañana, tratando de hacer veinte cosas, pero no haciendo ninguna en realidad. Yo te vi, Diana.

Ese reconocimiento me acercó a ti, pero después empezaste a bombardearme y yo no estaba preparada. Me expusiste en ese escenario ante más de 800 personas. ¿Por qué? Si esto no se trata de mí.

Las bombas partieron con la canción de Mi psicofarmacólogo y yo. Esto es muy real, pensé, mientras el doctor indicaba las interacciones de los medicamentos, las modificaciones, los efectos secundarios, hasta que, con el paso de las semanas y meses de prueba y error, llegabas a no sentir nada y eso equivalía a estar estable. Aquí hay investigación, dije, realmente Brian Yorkey hizo su tarea. Pero faltaba más.

Quiero montañas, quiero mis montañas, dijiste. Y pensé, yo también, pero me acordé de una vez que estando en el colegio escribí un ensayo sobre montañas rusas y nadie entendió. Solo una compañera se acercó a preguntarme si realmente me sentía así. Déjame decirte, Diana, que llega un día en que no necesitas más montañas para sentirte viva. Un día descubres que no todo lo que no es vértigo es vacío, que también hay emoción en la subida lenta, que no todo lo que no es montaña es planicie y muerte.

Sentí, tal como siento ahora al escribirte esta carta, un pequeño nudo en la garganta que se fue intensificando mientras avanzaba la obra. Tuviste un buen período hasta que extrañaste tus montañas, Diana. Tuviste un buen período hasta que tiraste tus remedios por el retrete. No creo que haya sido tu mejor idea, pero no estamos aquí para enjuiciarte, menos yo que nadie. Además, si alcanzabas la estabilidad, se acababa la historia y yo quería saber más de ti.

No lo ves, me llegó a la vena. ¿Cuántas veces quise gritarle esa canción a alguien? Pero no sabía la letra, tú me la enseñaste. Eso de gritar sin sonido, de caer sin llegar al suelo, esa era yo, viviendo junto al abismo, como tú. ¿Y qué sabía Daniel de sufrimiento? ¿Qué saben los demás de sufrimiento? Ellos no lo ven, ¿cierto?

Yo lo veo, Diana. Y al parecer también lo vieron Yorkey y Kitt que te entregaron esta canción. Y también lo vio Ramón Gutiérrez que lo tradujo a mi idioma, y no me refiero al español, sino al chileno, que me acercó a ti mucho más.

Pero ante ese “no lo ves” tiene que haber una respuesta porque tú no estás sola, Diana, y yo tampoco, nunca lo he estado. Daniel te dice que es él quien ha estado siempre a tu lado, recogiéndote con cucharita cada vez que fue necesario y te pide que no te alejes, que él puede aguantar incluso más. Pero yo te entiendo, Diana. Tenías que alejarte, no podías evitar huir, sentirte incomprendida. No querías explotar y herir a los que más te quieren sin motivo.

Aun así, fuiste a ver a ese doctor rockstar que tanto te recomendaron, él debía tener las respuestas. He conocido a tantos doctores rockstars, tantas eminencias y es cierto lo que él te dijo, el camino es largo y cansador, pero, aunque no te des cuenta, se avanza. Un tratamiento tras otro, una nueva aproximación al problema tras otra, hasta que encuentras la que funciona para ti. No es magia, es ciencia. Paciencia, Diana, vas a llegar a ese punto.

Muchos piensan que los intentos por dejar de vivir ―ya no se puede usar la palabra con s― son solo un llamado de atención, pero Brian Yorkey lo hace de nuevo y, de manera brillante, aparece primero Sálvame o caigo, como un grito de ayuda casi inaudible para el oído humano, casi imperceptible para el espectador corriente. Y un par de escenas después, Gabriel, vestido de gala te invita a Un lugar. En ese preciso instante quise salir corriendo de esa sala, Diana, porque supe de inmediato cuál era ese lugar. Este no era un baile inocente entre madre e hijo, una forma de hacer las paces, una despedida, había que poner atención para saber cómo terminaría ese baile. Tuve que apretar mis puños, mis dientes, mis ojos por unos segundos para lograr permanecer en mi asiento y, a pesar de mi impulso, me quedé y seguí viendo tu desarrollo, Diana. ¿Por qué no corrí a abrazarte? ¿Por qué nadie corrió a abrazarte?

Corte/electro shock. Fuiste valiente, Diana. A veces hay terapias que son muy extremas, pero se siguen usando y son efectivas. Aunque hay métodos efectivos mucho más amables, entiendo que solo tenemos dos horas y media para contar esta historia.

Entonces vino el intermedio. Le conté a mi amiga Dani lo incómoda y vulnerable que me había sentido, me ofreció irnos, pero decidí quedarme. Mientras un café y un alfajor me hacían volver en mí. Pensé en Elvira López, la mujer real que te sostiene, la actriz que decidió sumarse a este proyecto junto a Darshan Teatro. ¿Habrá sabido la intensidad de emociones que tendría que gestionar? ¿o te apareciste sin previo aviso? Al sonar la campana entré con ansias a la sala para seguir conociéndote, Diana.

No sé mucho de terapia electroconvulsiva, pero sí sé de pérdidas de memoria, que la mayoría de las veces no son producto de las terapias, sino de las propias crisis. Ya asumí que hay muchas páginas borrosas en la historia de mi vida, y como trató de hacerlo Daniel contigo, a veces, sin querer, las reescribo con ficción. Los que me conocen ya saben que no siempre digo la verdad, pero es sin mala intención. Mi cerebro inventa recuerdos. Canta por el olvido, Diana, esta vez yo te acompaño.

Te agradezco, Diana, porque en este segundo acto me diste respiro. De todas formas, me preocupa tu hija más que tu esposo. Mírala, Diana, no vayas a ser tú la que no vea esta vez. Esto se hereda por sangre y se manifiesta por trauma, y esa niña llena todas las casillas. Cuídala, Diana, no la dejes sola.

Creo que ese es el único consejo que te quiero dar, sin yo ser madre. Discúlpame si estoy siendo impertinente, pero siento que te conozco bastante y me puedo tomar esta licencia. Lo demás, es buena suerte. Espero que encuentres el tratamiento adecuado para ti. Si quieres un día nos tomamos un café y te cuento mis experiencias, por si te sirven.

Antes de despedirme solo me queda una pregunta, una sola cosa que no entendí de toda la obra:
¿por qué la peluca, amiga?

Con cariño.
Isabel

Isabel Agurto
Periodista y editora

Instagram: @iagurto_

 

 

Esta crítica epistolar fue escrita a partir de la obra Casi Normales (Next to normal), que se presentó en el Teatro Municipal las Condes en Santiago de Chile, en octubre y noviembre de 2023, bajo la dirección general de Ramón Gutiérrez y la dirección musical de Francisco Kamei. El personaje de «Diana» fue intérpretado por Elvira López. 

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