Me acuerdo [1]
Me acuerdo de la primera vez que entré en aquel teatro de la mano de mis padres, cuando cursaba los primeros años de educación secundaria (tenía 13 o 14), que me llevaban por primera vez a ver una obra teatral por la noche; me acuerdo vagamente de haber visto escenificaciones dentro de shows infantiles o como parte de las actividades en mi colegio, pero de mañana. Me acuerdo que salir de noche con mis padres (fue una de mis primeras salidas nocturnas) significó mucho para mí, pues ahora la recuerdo con mucha nostalgia: mis padres se separaron dos décadas después luego de continuas discusiones frente a mí y mis hermanos. Esa salida al teatro, si bien me acuerdo el nombre de la obra (“Nosotras que nos queremos tanto”) y también el hecho de no haber captado prácticamente nada del humor en doble sentido de aquellas cuatro veteranas actrices que se burlaban de sus maridos en la ficción y de su desabrida vida sexual, fue uno de los pocos momentos en los que me sentí valorado y querido por mi familia, antes del triste desenlace. Me acuerdo que me sentí feliz y el teatro tuvo que ver con aquella emoción.

Sergio Velarde
Periodista cultural y artistas escénico. Director del portal web Oficio Crítico
[1] Ejercicio de memoria y escritura a propósito de la obra Nosotras que nos queremos tanto, de Marcela Serrano, que se presentó en Lima, Perú.
