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David Mamet

Ilustración Said Galván
Reflexiones

La humanidad: una especie dramaturga

por Ricardo Ruiz Lezama 4 febrero, 2022

Ilustración: Said Galván

“Todo ser humano es un artista”.

 Joseph Beuys

I

El dramaturgo David Mamet dice que todas las personas hacemos dramaturgia cuando organizamos la vida en un sistema de causa-consecuencia para darle sentido, esto me quedó muy claro en una ocasión en que fui a un restaurante. Hablaba de trivialidades con el encargado, cuando de pronto -de las manos- se le cayó un plato al piso haciéndose pedazos, entonces me dijo: “Este era el último plato de la vajilla con la que iniciamos este lugar hace veinte años. Justo estaba pensando en eso antes de que se me cayera. A lo mejor algo me quiere decir el destino… que esos tiempos ya pasaron”.

Ese afán de intentar encontrarle sentido a algo que quizá no lo tiene se convierte en un proceso dramatúrgico: buscar presagios, señales, hilar sentidos secretos sobre lo inasible de la vida… Reparemos en la urgencia de este hombre por encontrarle sentido a este suceso, de ahí surge uno de los más fuertes impulsos dramáticos: la necesidad de entender. Bajo esta lógica, todas las personas hacemos dramaturgia; cada quien, desde nuestros referentes, buscamos darle sentido a lo que nos ocurre. Las posibilidades son infinitas, desde los horóscopos hasta el psicoanálisis; todas las personas, a nuestro modo, hacemos dramaturgia con lo que vivimos. Intentamos encontrar palabras para expresar la inefable experiencia que es la vida. Comparto otro ejemplo para seguir con la idea.

En alguna ocasión, dos personas que eran pareja, a las cuales conocí brevemente y con las que mantuve pocas pláticas en algún momento de mi vida, compartieron esta anécdota. Ella era mayor que él por algunos años y tenía un empleo mientras que él todavía estudiaba la universidad y se dedicaba por tiempo completo a esta; un día él necesitaba dinero para ir a la escuela, así que ella le iba a dejar dinero en la mesa de la sala, pero cuando volvió de trabajar, encontró el billete en el piso y al hombre tumbado en el sillón reclamando que no había ido a la escuela porque no iba a aceptar esa clase de humillación. Ella no entendía de qué hablaba, hasta que él le dijo que ella había dejado el billete en el piso para hacerlo sentir menos. Después de discutir un momento se dieron cuenta que fue una confusión, ella había dejado el billete en la mesa, pero lo había tirado el viento que entraba por la ventana de la sala. Todo el conflicto había surgido de la dramaturgia que ese hombre había creado en su cabeza.

 

II

Recuerdo que cuando estudié la carrera en actuación, en alguna clase nos pusieron un video sobre el nacimiento de la tragedia. Nunca lo olvidé, quizá porque estaba hecho con caricaturas. Ese video decía que la tragedia surgió cuando Tespis, el primer actor, se separó del coro -un grupo de gente que celebraban ritos hacia el dios Dioniso-; cuando Tespis se halló distanciado del coro, empezó a preguntarles a los dioses las razones de las adversidades que vivían.

Independientemente de lo acertada o fallida de esta hipótesis (que podría ser mentira, pero merecería ser cierta), se puede pensar que, cuando las personas le cuestionamos al universo las razones de lo que nos acontece, no solo estamos haciendo dramaturgia, sino incluso, en algunas ocasiones, tragedia.

Un plato se rompe, un billete es arrastrado por el viento, alguien se muere… Estar frente a la catástrofe nos genera incertidumbre y la necesidad de hallar respuestas. Al final, en ese proceso dramatúrgico subyace una pulsión de vida, pues como dice el dramaturgo Roland Schimmelpfennig, la cuestión fundamental del teatro es la celebración de la vida. Por esta razón todas las personas somos dramaturgas, por esa necesidad de hallar un poco de luz en el intrincado y oscuro universo, el cual, pese a los siglos de ciencia y religiones, sigue siendo el mayor misterio… aquí haré una aclaración, cuando hablo del universo no solo hablo de las galaxias, la naturaleza o los animales, sino también, y sobre todo, de la humanidad: una especie dramaturga.

Reflexiones

Retos y exigencias de la dramaturgia contemporánea

por Ricardo Ruiz Lezama 7 enero, 2020

Desde hace algún tiempo en México he notado para la publicidad de ciertas obras de teatro se enfatiza su tema y la manera de tratarlo. Casos de estos abundan y a cualquiera que se acerque a mirar la cartelera no le faltaran ejemplos. Obras que visibilizan y critican, comprometidas con la realidad social del país, empiezan a predominar ciertos circuitos, dejando entrever que pareciera que el teatro para ser tal debiera cumplir con una función utilitaria.

Una de las problemáticas de lo anterior es que diversas agrupaciones y gente dedicada al teatro buscan amoldarse a los discursos predominantes para poder conseguir recursos estatales. Lo irónico de esto en muchos casos es que podemos encontrarnos, por ejemplo,  con algunas obras feministas dirigidas o escritas por hombres que salieron en el MeToo. Apoyadas por el Estado.

Otro problema que encuentro es que esta responsabilidad que se le ha conferido al teatro desde el Estado ha empezado a permear a la comunidad teatral, construyendo la idea cada vez más popular de que el teatro solo tiene sentido si posee la pretensión de modificar a la sociedad. Cuestión también irónica porque el mismo mundillo del teatro con sus corruptelas y abusos, casualmente casi nunca es criticado desde el teatro mismo. Siempre es más fácil mirar la paja en el ojo ajeno. O más conveniente.

Ante estas y más exigencias que se les hacen a los artistas, deben, quienes se dedican a la escritura teatral, sortear los más diversos requerimientos. En este escrito enumeraré varias de las exigencias a las que considero deben enfrentarse aquellas personas que quieran escribir teatro en México hoy.

Foto: @DaríoCastroPH

Exigencias estatales, ¿Qué le parece relevante al Estado hoy?

Esto fundamentalmente se refiere a la cuestión temática, al público al que va dirigido y al teatro como una herramienta. El Estado tiene un plan nacional en donde mira al teatro desde una perspectiva utilitaria, aquellas propuestas que deseen ser apoyadas por el Estado deben estar en consonancia con su visión.

Aquí es donde muchas personas dedicadas al teatro parece que tienen como principio de vida la siguiente frase icónica de Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.” Groucho Marx, claro está.

Exigencias gremiales, ¿Qué creen aquellas personas del gremio teatral encargadas de los presupuestos que es relevante hoy?

Hace algunos años hubo una efervescencia en el país por dramaturgias no convencionales, eran las que lideraban los premios en múltiples concursos de dramaturgia. Se dice que cierta dramaturga llegó a enunciar alguna vez que cuando era jurado de un certamen si leía que una obra empezaba con la didascalia “interior de un departamento”, inmediatamente dejaba de leer.

Las exigencias del gremio van desde lo estético hasta lo discursivo. Hoy por hoy considero que existe una predominancia temática, aquellas obras que tienen un tema social son más propensas a ganar un premio. El año pasado dos premios importantes fueron ganados por una obra que mostraba la realidad social marginal de un sector determinado, y otra trataba de desaparecidos. Esto también podemos verlo en el apoyo para escritura de obras.

No creo que la gente dedicada a escribir teatro lo haga para ganar premios, como se dijo una vez en una convocatoria de un premio que se declaró desierta por parte del jurado. Al menos no toda la gente. Pero creo que pocas y pocos dramaturgos se molestarían porque se reconozca su trabajo.

Exigencias de los espacios, ¿Qué vamos a programar?

Cada año múltiples espacios generan ciclos sobre cuestiones temáticas de importancia actual. En este caso también lo discursivo tiene una importancia fundamental. Los espacios regidos por el Estado siguen lógicas de acuerdo a su visión. En los espacios independientes hay mucha diversidad, o bueno, así solía ser porque en muchos casos son la plataforma para acceder a los espacios Estatales, donde se supone que pagan mejor. Cuando pagan.

Exigencias de Producción, ¿Qué deja dinero?

Esto depende. Si la producción busca conseguir dinero del Estado, generalmente buscará temas que vayan de acuerdo a su visión. En cuanto a lo comercial, se dice que lo más consumido en México es la comedia.

Otra exigencia relacionada a la producción depende de la capacidad de materializar lo escrito. Recuerdo que el dramaturgo Lautaro Vilo decía que en Argentina había muchas obras de dos personas en una sala porque era para lo que alcanzaba, tanto como en materia de escenografía como en cuestión de coordinar a los equipos creativos.  Quizá pensando en esto podamos encontrar pistas de porqué en México cada vez hay más monólogos.

Exigencias del público, ¿Para qué sirve el drama?

Nadie sabe. Pero Bertolt Brecht, Mauricio Kartun y David Mamet coinciden en que el drama, entre muchas cosas, tiene la función de entretener. Brecht dice que la tarea del teatro consiste en divertir a la gente. Kartun dice que el trabajo del drama es mantener expectante al espectador. Mamet menciona que el espectador va al teatro a que le cuenten una historia que le interese. El espectador entonces va al teatro a que lo cautiven.

¿Cuál es el problema? Entre tantas exigencias, a veces se deja de lado entretener que es una de las más nobles. Entonces pasa que se le engaña al público, diciéndole que va a ver teatro y se le da otra cosa. Cada vez pasa más a menudo como un ejemplo que da David Mamet, en donde habla de cuando las funciones se pervierten. Mamet pregunta: ¿Qué pasaría si alguien va al dentista a que le arreglen una muela y de pronto el dentista, en lugar de hacerlo empieza a hablarle de política?

Se cuenta que cuando Luisa Josefina Hernández vio una puesta de Brecht no sabía si ahí estaba todo eso del extrañamiento y demás cuestiones teóricas y políticas, pero que lo que nunca olvidó es que quedó profundamente conmovida.

Exigencias personales, ¿Qué tipo de obras necesito escribir?

Rainer María Rilke en su libro Cartas a un joven poeta menciona que si no es vital escribir entonces no se es escritor. Pero esto no es precisamente una necesidad romántica, de hecho es una necesidad inquietante en muchos casos. David Mamet da un ejemplo, menciona que los castores necesitan estar mordiendo para no volverse locos, y que lo mismo pasa con las y los artistas: necesitan crear para tranquilizarse.

Me gusta pensar que a final de cuentas un escritor y escritora son tales porque les gusta escribir no por terminar obras, como dice Mauricio Kartun, pero es difícil no pensar en todas las exigencias expuestas aquí a la hora de hablar de los procesos creativos. Considero que hoy por hoy escribir una dramaturgia en México dialoga con todas estas exigencias. Lo quiera o no. Me parece laberíntico. ¿Cómo escribir teatro y no perderse en el intento?

 

 

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