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Reflexiones

Crítica teatral para plataformas digitales

por Zavel Castro 3 diciembre, 2025

La pandemia propició la transformación de las practicas culturales,  abriendo la puerta a la posibilidad de reformar la definición y las funciones atribuidas a la crítica. La propia historia de la praxis da cuenta de los cambios que ha tenido a lo largo de la historia, desde su surgimiento en la Antigua Grecia como una práctica erudita; pasando por la Illustración Alemana que propició su entendimiento como un ejercicio que facilitaba el reconocimiento de los límites de la razón y del gusto; hasta llegar a las academias de arte en el siglo XIX, en la que quedó fijada como una técnica para valorar los atributos de las obras, en función de los cánones vigentes. En el caso de la crítica teatral, fue durante el siglo XIX que fue absorbida por el periodismo de espectáculos, donde se le asignó la tarea de juzgar las obras de teatro según los criterios de alguien con probada experiencia como espectador/a y facilidad para la escritura. 

La crisis global nos obligó tomar una pausa  para repensar si la limitación de la crítica teatral al género de opinión tenía algo que ver con la disminución del público en las salas durante las últimas décadas.  Al menos en el caso mexicano, la pérdida del público es una de las preocupaciones constantes para el sector cultural, agudizándose en la pandemia con la asuencia literal del público y la incertidumbre por su regreso. 

El laboratorio de crítica teatral para plataformas digitales 

El reconocimiento de la incapacidad del modelo generalizado de escritura de la crítica teatral para vincularse con buena parte del público, en México y Chile, y,  especialmente, con las juventudes, inspiró la creación de un laboratorio para pensar en la adaptación de la crítica teatral a las plataformas digitales. Este espacio vitual pedagógico-experimental concebido para explorar y ensayar vías para transformar la crítica teatral en correspondencia con la revolución digital, más allá de importar el modelo preexistente a la blogósfera, como se hizo antes del confinamiento. 

Del 2020 al 2021, tuve oportunidad de poner a prueba este laboratorio con distintos grupos, en programas organizados por Alejandra Delgado, directora de la Escuela de Crítica de Valparaíso de la Juguera Magazine, el Festival Quilicura Teatro Juan Radrigán  en Chile y El Festival Internacional de Teatro Universitario, en México. 

En ambas instancias partimos de dos consideraciones, previamente sometidas a consenso:  en primer lugar, sugerimos la aceptación del teatro digital como una expresión legítima, es decir, que, a diferencia de otras instancias, decidimos que, en lugar de negar la categoría de teatro a las experiencias escénicas intermediadas, consideraríamos la posibilidad de redefinir los conceptos fundamentales de las artes escénicas como: presencia y convivio. Es decir que nos abriríamos a la posibilidad de analizar de qué manera el teatro virtual ponía en juego otras formas de pensarlos; en segundo lugar, coincidimos en que el modelo de escritura consolidado por el periodismo de espectáculos para medios impresos, tenía algunas limitantes que le impedían aprovechar la riqueza de la comunicación virtual e interpelar a los internatutas, especialmente a los nativos y nativas digitales. 

El objetivo del laboratorio era estimular una reflexión colectiva sobre las posibilidades y la pertinencia de renovar la crítica teatral, a la luz del auge de las plataformas digitales. El propósito de fondo era continuar con el proyecto que comenzamos en 2015, desde la apertura de este blog: imaginar otras formas de escribir crítica, apartadas de los gestos de superioridad y autoritarismo de quienes ven la crítica como una oportunidad para someter las obras a cánones inflexibles y premiarlas en función de su gusto.  A nuestro parecer (hablo en plural, porque inlcuyo a los y a las participantes del laboratorio) estas actitudes alejan a la crítica de los públicos que no tienen vínculos vocacionales o profesionales con el gremio. A partir de esto, nos preguntamos ¿Cómo disminuir la brecha entre el público no especializado  y el pensamiento teatral, a través de las plataformas digitales?

A continuación, comparto las conclusiones colectivas a propósito de las discusiones que revisamos en el laboratorio: la relación de la crítica con el poder; el concepto de autoridad que la sostiene; y la articulación de un ejercicio alternativo a la crítica tradicional.

La crítica sentenciosa 

Tradicionalmente, la función de la crítica teatral periodística ha sido calificar las obras de teatro según la impresión de un espectador que, asumiendo el rol de juez, determina el valor de la obra en función de criterios de calidad, pertinencia y desempeño. Frecuentemente, la especialización de dicho evaluador radica en el número de obras vistas, su prestigio descansa en el medio en el cual escribe, en su número de seguidores y su rigor en la seguridad con la que emite sus sentencias. Pocos son ya los que se interesan en el estudio téorico e histórico del teatro y mucho menos de la propia crítica. 

Los textos producidos por esta corriente de la crítica replican  la jerarquía del sistema teatral, con lo cual las calificaciones más importantes corresponden a la dirección, dramaturgia e interpretación, mientras que el diseño escenotécnico y la producción reciben menor importancia o se atribuyen a la visión del director.  A menudo, los veredictos se articulan a partir de una serie de adjetivos y lugares comunes («imperdible», «muy humana», «desgarradora») por lo que sus aportaciones son menores en términos de análisis y apreciación estética e insuficientes para entablar una comunicación con el público general. 

Usualmente, los criterios de evaluación no se explican a la comunidad lectora, quizás, porque en el fondo, la calificación está dirigida a complacer al gremio teatral, no tanto para servir como guía para el público.  Respecto al estilo, oscila entre una impostura de solemnidad y una franqueza que lleva a quien escribe a revelar detalles de su vida personal con relación al tema de la obra para argumentar sus dichos, en todo caso, hay poco espacio para el diálogo, pues ambas ofrecen generalmente lecturas cerradas y definitivas.

 

Una crítica hecha con destellos de imaginación 

Afortunamente, vivimos en una época que nos permite imaginar alternativas para resignificar  el sentido de lo que hacemos, aún cuando la desestimación de los sectores conservadores intenten convencernos de que solo hay una forma correcta de hacer las cosas que, casualmente, coincide con lo que ellos y ellas saben y enseñan. A menudo, la resistencia al cambio es la manifestación en nombre de un profundo temor por perder el control de sus feudos; de estar realmente preocupados por la crítica, hace tiempo hubieran hecho algo para evitar su banalización y vaciamiento de sentido. Poco pueden hacer, sin embargo, contra las demandas de la época que solicitan que las prácticas se actualicen bajo la amenaza de la obsolescencia.

La hipótesis general del laboratorio era que al utilizar las herramientas digitales de Instagram, Tik Tok, X (entonces todavía twitter) y Youtube, es posible rehabilitar el ejercicio de la crítica teatral, redescubriendo su capacidad para enriquecer el pensamiento y crear comunidades, ampliando el alcance de las obras y diversificando sus interpetaciones. 

Otro incentivo para la experimentación  era jugar con los códigos propios de los entornos digitales, pensando que podrían servirnos para recuperar las cualidades creativas de la crítica, alejándola de la solemnidad para hacerla más accesible. En el laboratorio nos permitimos incorporar el sentido del humor a la crítica, algo que pensamos podría presentar a la crítica como un ejercicio amable, contrario a lo que ha hecho la crítica sentenciosa. 

 

Algunos de los ejercicios que nos permitieron pensar en la transformación de la crítica teatral en la era digital fueron: 

  • Crear un video de tiktok en el que explicaran los motivos por los cuales les interesaba abordar una obra específica
  • Explicar en un video de tiktok cuáles eran sus criterios de valoración
  • Investigar previamente sobre la obra para incluir información que no apareciera en los materiales de difusión hechos por las mismas compañías
  • Grabar un video-reacción para dar cuenta de las impresiones que una obra les producía, intentando traducir las sensaciones posteriormente en un escrito
  • Crear un meme para sintetizar sus impresiones y conclusiones sin caer en lugares comunes del pensamiento
  • Articular preguntas complejas para abordar las obras
  • Desarrollar un análisis e interpretación diseñado específicamente para una plataforma específica, estudiando sus formatos,  códigos de lenguaje y sus comunidades de audiencia
  • Diseñar un avatar / personaje coherente con la imagen que querían proyectar de sí mism@s en un entorno digital
  • Compartir información sobre el contexto de creación de una obra para que pudiera ser inteligible para públicos en distintos países

Todo ello nos sirvió para:

  • Manifestar la cualidad procesual de la crítica, para alejarnos de la inmediatez de escribir cualquier cosa al poco tiempo de asistir a una función
  • Reconocer los límites y condicionantes de nuestra percepción para distanciarnos de la idea de el crítico es experto en todo tipo de teatro y tiene la capacidad para hablar con todo tipo de público
  • Crear críticas que no estuvieran condicionadas por la jerarquía del sistema teatral, que obliga a la crítica a seguir un orden de importancia que se replica en cada texto (privilegiando el análisis de la dramaturgia, la dirección y la interpretación sobre la escenografía, el diseño de vestuario y la producción). A partir de esto reflexionamos colectivamente sobre los criterios para definir qué es lo más importante o valioso en una obra de teatro y la capacidad de la crítica para cuestionarlos
  • Compartir herramientas de apreciación a una comunidad global, esforzándonos por hacer de nuestra mirada una herramienta útil para comprender el trasfondo cultural de los relatos locales
  • Profundizar en el conocimiento sobre las obras a partir de la investigación sobre las compañías y los procesos creativos, para que la crítica procurara enriquecer el conocimiento de una obra en lugar de conformarse con repetir lo que dicen los materiales publicitarios añadiendo una valoración
  • Comunicar honestamente las impresiones sensibles y las dudas que surgen al momento de ver una obra, sin disfrazar nuestra ignorancia como si fuera algo vergonzoso y aprovecharlo como algo que nos permite que nos identifiquemos con la comunidad con la que dialogamos
  • Agudizar la capacidad de sintetizar ideas haciendo uso de las plantillas que circulan en internet y superar el prejuicio de que el pensamiento crítico es incompatible con el humor.
  • Asimiliar que la crítica periodística no es la única que existe y explorar las herramientas de la crítica institucional y la crítica ensayística para ampliar las posibilidades de producción escrita o audiovisual.

 

En todo momento fue importante recordarnos que tanto el teatro como la crítica son prácticas minoritarias, por lo que aún cuando la crítica se hiciera para entornos digitales, podía despreocuparse de la presión de la mediatización a gran escala, así, en lugar de esforzarnos por aumentar la cantidad de seguidores, haríamos lo posible por conformar comunidades e implicarlas en la conversación sobre el teatro: se trataba de buscar la cercanía, no la popularidad.

De acuerdo a la retroalimentación que recibieron las y los participantes de los laboratorios, pudimos constatar que una crítica teatral más generosa y cercana a los públicos es posible y que aún queda mucho por explorar para salir del modelo convencional que ha limitado a la crítica a la evaluación personal y a la opinión superficial.  Quizás, antes de negar el potencial de las plataformas como soportes para el pensamiento crítico y denostar los contenidos que circulan a través de las redes, podríamos aceptar que la crítica necesita diversificarse para alcanzar  nuevos públicos y salir de la cámara de eco en la que la hemos confinado.

 

 

Los memes incluidos en este artículo, fueron creados por las y los participantes del taller «Critic On», en el marco del Festival Universitario de Teatro de la UNAM (FITU), del 30 de agosto al 03 de septiembre de 2021 y del «Laboratorio de Crítica Teatral para Nativos Digitales», del 04 al 25 de enero de 2022,  impartidos por Zavel Castro. 

 

 

 

 

 

 

 

Reflexiones

Manifiesto de crítica teatral para nuevos públicos

por Aplaudir de Pie 10 septiembre, 2025

Proponemos una crítica que:

 

  • No dé por hecho que el público sabe ver teatro y necesita ver teatro
  • Renuncie a la violencia y a la superioridad moral
  • No olvide que todas las personas fuimos al teatro por primera vez, y que, por lo tanto, sea empática y accesible
  • Considere las condiciones sociales y las barreras de acceso de los públicos
  • Se permita la diversidad de formatos, voces y lenguajes; que el pensamiento viaje al papel y a la pantalla, para descubrir nuevos públicos
  • Busque ser cercana y significativa para cada público, sin elitismo
  • Se desprenda de la publicidad y la promoción como su función principal, y, en cambio, se reconozca como un agente activo del sistema teatral
  • Establezca un diálogo con el público y despierte su curiosidad 
  • Sea un ejercicio abierto, flexible y autocrítico
  • Vea más allá de lo que pasa en escena, al pensarse como un ejercicio que acompañe la reflexión del público en distintos momentos
  • No tema cuestionar los problemas de la representación y analizar su relación con el sistema teatral

 

 

Este manifiesto fue pensado por el grupo de participantes del Laboratorio de Crítica Teatral para Nuevos Públicos, impartido por Zavel Castro, que se llevó a cabo en el  El 77, Centro Cultural Autogestivo en la Ciudad de México, del 07 de julio al 08 de septiembre del 2025. Autoría: José Domínguez, Fernanda Fernández, Diana Luna, Lalis, Lunámbula,  Luis Javier Maciel Paniagua, Danno Morán, Mónica Muro, Ed Quezada, Ricardo Ramírez y Luis Santiago.

 

 

Críticas

Tornaviaje. Crítica de Zavel Castro / Ilustración de Said Galván

por Zavel Castro 24 octubre, 2021

Han pasado dos años desde la primera vez que vi “el Tornaviaje” de Diana Sedano[1] . Respeto el artículo (el) que precede al título original (Tornaviaje), porque así es como lo llama ella con cariño, y al cariño hay que sumarse. Hago esta anotación sobre el tiempo que pasó desde la primera vez que la vi hasta los días que dediqué a escribir esto porque me parece importante defender la noción de la crítica como una reflexión que se cocina a fuego lento, como también la comprende Judith Butler a través de su interpretación del concepto de crítica de Foucault, para ella, la crítica es “una práctica que requiere cierta cantidad de paciencia, al igual que la lectura, de acuerdo con Nietzsche, requiere que actuemos un poco más como vacas que como humanos, aprendiendo el lento arte de rumiar.”[2]

Con este monólogo he actuado entonces como una vaca, y tras tanto masticar mis pensamientos he procurado articular una interpretación que no busca reiterar las cuestiones evidentes: que Diana es muy virtuosa, que los problemas familiares siguen siendo un material fecundo para la construcción dramática, que la escena del enmascaramiento literal (cuando Diana se disfraza de su padre) crea una imagen potente y que la resolución artística de su conflicto existencial, detonado por la relación con su padre, es conmovedora. Me parece que para pensar esta obra, más allá del veredicto consensuado, hace falta profundizar en las razones que hacen posible esta recepción. La decisión dramática y discursiva de la pieza  arroja la primera pista sobre el efecto sensible que produce en su totalidad, pues, funciona a partir de un mecanismo de enunciación que, de acuerdo con Óscar Cornago, se reconoce a partir de cierto tipo de actuación en primera persona, que remite a una verdad interior sobre la que se construye una identidad.

(El) Tornaviaje despliega un diseño identitario en el que confluyen el personaje artístico público de Sedano (una actriz  reconocida en el medio teatral mexicano),  el personaje que interpreta en el ámbito familiar (es la hija de alguien) —que hasta la escenificación de esta obra permanecía lejos de la esfera pública— y un personaje inacabado (a pesar de todo no sabe quién es) que busca definirse a través de las ficciones a partir de las cuales se han construido las narrativas sobre la identidad colectiva y la identidad personal; hablo de la ficción genealógica  (es así porque su padre era así) y la ficción sobre el origen (es así porque es de cierto lugar), que  lleva al personaje a decidir emprender un viaje con la ilusión de que al entrar en contacto con “sus raíces”, descubrirá algo de sí misma, con suerte algo que logre completar su narrativa y tranquilizar su sensación de incertidumbre; podríamos pensar que lo que busca este personaje es consuelo y que a su parecer este se logrará mediante el contacto con el mundo del padre y sobre todo con la compartición de esa experiencia. Siguiendo este orden de ideas, y a la luz de la teoría de Cornago, esta creación podría pensarse como un dispositivo confesional.[3]

¿Qué es lo que confiesa el personaje de Diana ? Para profundizar la interpretación, sugiero superar la anécdota de la obra, parece confesar algo sobre el padre de Diana,[4] pero quizá esté desvelando algo más significativo y vergonzoso para ella misma. Pienso esto porque la revelación de ese secreto no conseguiría conmover a una masa de espectadoras forjados en una cultura paterna definida por el abandono y el maltrato[5], y porque lo que dice sobre él tampoco se constituye plenamente como una confesión según la definición de Sergio Blanco: “[…] la revelación pública de algo ominoso, vergonzoso, humillante, siniestro, prohibido, ilegal, clandestino o indebido que antes de estar expuesto estaba oculto y velado […]”.[6]

Es posible adscribir (el) Tornaviaje en la categoría de la autoficción, un género literario (y escénico) que se define por la asociación de elementos autobiográficos y  ficcionales.[7] Esto deja fuera los cuestionamientos sobre lo “verdadero” y lo “falso” que pudieran estar en la obra, pues al ser dos conceptos al mismo tiempo, la frontera entre realidad y ficción se evapora, y en su lugar abre paso a la reflexión sobre la confesión escénica, retomo nuevamente a Blanco: “[…] la autoficción favorece que lo indecible pueda ser decible y permite que aquello que estaba relegado al silencio pueda encontrar un espacio de dicción [….] el acto de confesar -y sobre todo el acto de confesarse- implica un desahogo, un profundo alivio.”[8]

Acaso, la confesión de Diana al escenificar el viaje que realiza sobre sí misma, simultáneamente durante el viaje que realiza hacia el exterior, sea demasiado sencilla: quizás (re)presenta esto para sentirse menos sola, para soportar el vértigo que supone la vida, para saberse acompañada en esa incesante búsqueda de la certeza de que su padre la ama, aún cuando no haya querido incluirla en su vida pasada. Pienso que la confesión radica en esto y no en lo otro, porque en atención a nuestra cultura judeocristiana que recomienda el amor al prójimo pero no el amor a una misma, decir que queremos y necesitamos ser queridas puede ser vergonzoso.[9] Pregunten a cualquiera las razones de alguna elección (profesional, laboral, académica o personal) y probablemente lo último que escucharán sea la necesidad de ser y de sentirse queridas. Esta misma cultura vincula la confesión con la culpa, acaso el personaje de Diana sienta culpa por pedir que la quieran como no la han querido, pues  el aplauso que consigue con su personaje actriz, el abrazo que recibe su personaje hija, el descubrimiento que ocasionó su personaje incompleto han sido maravillosos y gratificantes, pero no han sido suficientes. Acaso la representación del dolor que produce esa necesidad y la intuición de que jamás llegará a satisfacerla del todo, y la culpa que produce esa confusión sean las razones por las cuales (el) Tornaviaje ha sido recibida con los brazos abiertos por el público, que aplaude porque esa es su manera de querer a una actriz que consigue sincerarse aún cuando no enuncia su confesión, pues, finalmente las espectadoras no necesitan escucharla, porque frente a ellas se encuentra un personaje frágil al que hay que cuidar dignamente. La vulnerabilidad es admirable, cuando acontece en el teatro, conmovedora.

 

todas somos hijas de alguien

y

todas queremos que nos quieran. 

 

Por supuesto que todo esto es simplemente una hipótesis, el desarrollo de una interpretación posible sobre una obra.

 

(escribir esto es la manera que tengo para hacerme querer)

 

 

 

 

[1] A la fecha he visto Tornaviaje tres veces: la primera (2019) en Xalapa, en el foro Área 51 por invitación de Alejandra Serrano, la segunda en Teatrix (2021) y la tercera (también 2021) en la Ciudad de México en el Sala Xavier Villaurrutia por invitación de Fernanda Árcega.

[2] (Butler, Judith. Trad. Marcelo Expósito. “¿Qué es la crítica? Un ensayo sobre la virtud de Foucault”. pág.8, en: https://transversal.at/transversal/0806/butler/es (consultado por última vez el 21 de octubre 2021) Por esto es que desconfío de las críticas que se escriben a vuelapluma, pues el pensamiento no avanza al ritmo que marca el sistema.

[3]Cornago, Oscar. Actuar “de verdad”. La confesión como estrategia escénica, en:  http://archivoartea.uclm.es/wp-content/uploads/2019/04/Oscar-Cornago-La-confesion-como-estrategia-escenica-1.pdf (consultado por última vez el 22 sw octubre del 2021). Según Cornago, la confesión (propia o ficcional) es la estrategia mediática-escénica predominante, ciertamente he podido localizarla en varias obras en los últimos años,  pienso en Cartografías de la memoria, Now Playing, Un acto de comunión, Conferencia sobre la lluvia, Manual para mujeres infames, La Prietty Woman, The Shakespearean Tour, Cachorro de León, Camille Claudet, Manual para mujeres infames, incluso en algunos números de stand up-comedy, como el de Luis Roberto Orozco “Garconne”.

[4] Esta posibilidad me tentó en su momento a sumar esta obra al debate sobre los límites éticos del teatro, si así fuera, provocaría la discusión preguntando si los hijos tenemos derecho a llevar al teatro los secretos de nuestros padres por el simple hecho de que esos secretos nos interpelan, y acaso nos hayan afectado en algún sentido, ¿Qué derecho tenemos sobre los secretos de nuestros padres o sobre cualquier persona? Por ahora guardaré estas preguntas para las discusiones con otras espectadoras.

[5] Pocas son las personas que declaran tener relación con su padre y menos aún aquellas en la que esa relación haya sido amorosa y benéfica. Yo no me cuento entre estas excepciones.

[6] Blanco, Sergio. Autoficción. Una ingeniería del yo. España, Punto de Vista editores: 2018. pág. 75. Para esta crítica quise buscar en el pensamiento de autorxs que sé que a Diana le interesan ¿De qué sirve la crítica si no busca tener un punto en común con las artistas, además de su obra?

[7] Ibídem. pág.21

[8] Ibídem. pág.75

[9] “[…] no escribo porque me quiera a mí mismo, sino porque quiero que me quieran ¿Por qué irrita tanto que alguien busque ser querido? ¿Puede haber acto menos arrogante que necesitar el amor de los demás?” Sergio Blanco, Óp. Cit. pág.109

 

Fuentes consultadas:

Butler, Judith. Trad. Marcelo Expósito. “¿Qué es la crítica? Un ensayo sobre la virtud de Foucault”. pág.8, en: https://transversal.at/transversal/0806/butler/es (consultado por última vez el 22 de octubre 2021)

Blanco, Sergio. Autoficción. Una ingeniería del yo. España, Punto de Vista editores: 2018.

Cornago, Oscar. Actuar “de verdad”. La confesión como estrategia escénica, en:  www.arte-a.org  (consultada por última vez el 22 de octubre de 2021).

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