Me acuerdo [1]
Recuerdo cuando me pidieron ser el músico en escena de la obra. No era la primera opción, pero la otra persona no podía por horarios.
Recuerdo mis tardes de nervios en casa, porque el director y yo sabíamos que queríamos la obra con sonidos pop y de sintetizadores. Mi personaje fue el Espíritu Melodramático, el iPod de una niña de secundaria: Laika. Nunca había tocado un teclado en escenario… era guitarrista.
Me acuerdo pasar las noches en los teclados, pensando en sonidos. A veces, las canciones llegan a mi mente solas. La primera en componerse fue Floto.
Una vez listos los arpegios de los acordes que quería, la melodía se cantó sola en mi cabeza: ¡Mírame! Floto con el viento. Prepárate para despegar. El Espíritu Melodramático la cantaría con el efecto Vocoder en escena.
Recuerdo cómo llego cada canción importante
En La Caída yo quería que la música sonara como una cascada, pero con acordes trágicos, al igual que el clímax de la obra. Al día de hoy, siempre que la escucho quiero llorar de satisfacción.
En Violación; agregué una sirena en la canción, para alertar a Laika y al público de la violencia frente a ellos; Río es un lofi de suspenso con sonidos de agua; Recreo es salvaje, selvática, con frecuencias de onda como aves en el cielo; Día cero es una alarma de despertador, con la primera respiración de la mañana y un tic tac incorporado; Toto tiene tres valses: el inocente, el equilibrado y el malvado, pero todos son Toto. Cohete era mi canción favorita, una instrumental, pero su escena fue eliminada. El director me decía que sonaba como música sentimental de ánime con para poner un diálogo triste del protagonista encima.
Me acuerdo de los ensayos. Los técnicos de El Galeón siempre fueron dulces con nosotros. Hacían sus propios cables de audio y eran mejores que los míos (Roland Black). Cuando escucharon Chulada se la aprendieron y la cantaban conmigo antes de función. A su jefe le llamaban «Chulada» de carrilla.
Me acuerdo que estrenamos en el estacionamiento frente a El Galeón, porque estaban remodelando los teatros y no los terminaron a tiempo para nuestra temporada. Pusieron un Foro Alternativo frente a la cafetería. Las consignas de las marchas del domingo, desde Reforma, se colaban a las funciones, en los momentos de silencio.
Recuerdo que nos habían programado dos funciones en el Julio Castillo. Tampoco pudieron hacerse. El equipo del CCB,
apenado, nos ofreció una segunda temporada para compensar los inconvenientes, esta vez sí en El Galeón. Dimos 22 funciones en total. Las mejores fueron las 11 de El Galeón.
Me acuerdo de la primera función. La estructura de la escenografía se movía mucho con los saltos de los actores. Yo me encontraba hasta arriba toda la obra y el soporte de mis teclados se zarandeaba mucho. Aprendí que tenía que sujetar cada aparato con cinta al suelo y a la estructura para que no se cayeran. Aprendí a poner los cables de la manera correcta para no
golpearlos con mis manos apresuradas en ciertas escenas. La primera función la di muy rígido, mientras sujetaba los aparatos.
Me acuerdo que la primera temporada la dimos en invierno. No podía calentar mis manos lo suficiente, por lo que simplificaba mi ejecución para no equivocarme. Eso cambió en la segunda temporada. Estaba tan cerca de las luces del techo de El Galeón que después de cierto tiempo me sudaba la espalda. Nunca había necesitado desodorante en un teatro, pero
ahí era inevitable.
Recuerdo ser público también, en ciertas escenas. Ahí podía asomarme a la reacción de las personas y hasta reírme con ellas. El teatro para adolescentes es escaso. Pudimos ver grupos de amigos y juventudes acompañadas con sus familiares, pero solía vernos otra audiencia, más adulta.
Me acuerdo de mi abuela paterna y mi tía acompañándonos a la función.
Me acuerdo de su conversación cuando concluyó: ellas nunca tuvieron un mensaje así en su juventud.
Recuerdo que me pagaron alrededor de 25 mil pesos por las dos temporadas. Lo divido entre los siete meses de ensayos, composición y funciones. Le resto los cuatro ubers forzados para trasladar los instrumentos. A otros roles les pagan más. La compañía decidió unir todos los honorarios y dividirlos en partes iguales. Se tardaron casi un año en pagarnos.

Luis Javier Maciel Paniagua.
Crítico y músico
[1] A propósito de la obra ¿En qué estabas pensando? De Saúl Enríquez. Dirigida por Jesús Rafael Cruz. El ejercicio de «Me Acuerdo» abarca las temporadas del 2022 y 2023, en la Ciudad de México.
