Aplaudir de Pie
  • Críticas
  • Reflexiones
  • Reseñas
  • Quiénes somos
Aplaudir de Pie
  • Críticas
  • Reflexiones
  • Reseñas
  • Quiénes somos
Category:

Reseñas

Reseñas

Trattaría D´ Improvizzo

por Ricardo Ruiz Lezama 19 septiembre, 2017

Los espectáculos de improvisación teatral o «impro» son un fenómeno de afluencia de espectadores sumamente interesante dentro del universo teatral mexicano, considerando que –según muestran las encuestas nacionales en materia de cultura- son mayoría los mexicanos que no han ido al teatro ni una vez en su vida. Desde su aparición en México por allá del año 1989 hasta la fecha, la impro ha tenido diversos shows que han marcado generaciones de espectadores y creadores. Desde la primera liga de improvisación en México, La Liga Latinoamericana de Improvisación, formada por alrededor de 90 actores y actrices, la mayoría de estos son hoy en día referentes importantes dentro del teatro nacional.

En 2001 surge la LIMI (Liga Mexicana de Improvisación) y con esto viene un esplendor en cuanto al teatro de impro. Espectáculos memorables como Copa de Improvisadores, que hacía que espectadores llenaran en su totalidad uno de los espacios del Centro Cultural Helénico, función tras función. Tal era la afición que el público sentía que hacían sus propias playeras para ir a las presentaciones a apoyar a su equipo de improvisadores preferido. En este segundo auge de la improvisación es cuando surge  Trattaría D’ Improvizzo, una obra creada  por los máximos exponentes de la impro en México. El hecho de que después de 15 años regrese esta obra a cartelera con su elenco original es sin duda todo un suceso.

Para este momento seguramente los espectadores asiduos a las obras de impro estarán llenos de curiosidad y uno que otro de nostalgia. Pero para los que no han visto un espectáculo de impro muy probablemente surgirá una duda, ¿qué es la impro? La improvisación teatral es una técnica que consiste en contar historias justo en el momento de crearlas, a partir de sugerencias del público. No hay un guion previo, todo se hace al momento. Trattaría… es un espectáculo con un formato bastante clásico dentro del teatro de improvisación en donde se podrá conocer y disfrutar de este tipo de acontecimiento escénico.

Trattaría D’ Improvizzo empieza desde que se entra al foro, una cocina que hace de escenografía. Los chefs-actores-improvisadores cocinarán historias en cinco tiempos para deleite de todos los presentes. Parte fundamental de los ingredientes proviene del público, al cual se le toma su orden, estas ideas vertidas son las que inspiran los platillos escénicos. Después de que se ha preguntado a los espectadores ciertas cosas, entra el anfitrión que nos explica las reglas del juego. Y a cada momento se asegura de que todo lo que sucede es improvisado y fue proporcionado por el público. Aquí no hay trampa, esa es la magia del teatro de improvisación, mirar a un grupo de intérpretes frente al abismo, verlos caer y luego levantar el vuelo de la imaginación, emocionándonos junto con ellos al descubrir las diversas historias únicas e irrepetibles hechas al momento.

Cada chef-improvisador tiene su propia sazón, lo cual hace de todo el espectáculo un múltiple conglomerado de sabores, olores, texturas… esta diversidad enriquece la obra, haciendo de la velada algo siempre impredecible y profundamente divertido, pues la risa es el ingrediente principal en que coinciden todos los platillos.

Se dice que el arte es el alimento del alma y,  siguiendo esa línea de analogía, la risa es uno de los mejores maridajes de la vida. Trattaría D´ Improvizzo es tan nutritiva como divertida.

Ricardo

Reseñas

#ElCabaretEsMás

por Zavel Castro 25 agosto, 2017

El Festival Internacional de Cabaret superó todas mis expectativas (que de por sí, eran muy altas). Pensar en dedicar 18 días a uno de los géneros más atractivos del quehacer escénico era un reto y una oportunidad bastante grande que los organizadores supieron aprovechar presentando a los exponentes cabareteros más relevantes de México (Tito Vasconcelos, Las Reinas Chulas, Regina Orozco, La Mafia Cabaret, Clown Femenino, Sexto Sentido, César Enríquez, Cabaret Misterio, La Teatrera Solitaria, Parafernalia Teatro, Pedro Kóminik, DC Arte, Idiotas Teatro, Vuelta de Tuerca Producciones) España (Las XL),  Argentina ( María Rosa Frega) y Colombia (Roberto Camargo). Lo mejor es que a pesar de haber visto tanto cabaret no estoy satisfecha, y es que algo pasa con el cabaret que una vez que te atrapa como espectador o como intérprete no está dispuesto a soltarte. Sus poderes hipnóticos y su sustancia adictiva quizás se deban a los discursos que lo intervienen, lo nutren y conforman. Ahora sabemos, gracias a las enseñanzas de Gastón Alzate que los cimientos teóricos del cabaret lo convierten en una de las manifestaciones más potentes del teatro.

Foto: Darío Castro

Foto: Darío Castro

El carácter democrático del cabaret, que idealmente rechazaría cualquier separación elitista entre el público y los mismos artistas y el rompimiento con las tradiciones que lo obligaban a seguir o recoger ciertos parámetros de las “enseñanzas” de las corrientes artísticas anteriores (incluyendo las vanguardias) ajenas al cabaret mismo –que sin embargo si atiende a una genealogía interna, casi como si se tratase de talleres gremiales medievales, en los que el alumno aprendía directamente de un maestro-, lo obligan a buscar comprender cómo funciona la cultura y la ideología a las que los cabareteros harán referencia en sus espectáculos, esto lo convierte en un género empático en el que el público puede ver sus preocupaciones, opiniones y forma de ser reflejadas, por lo que prontamente puede sentirse parte y no hay nada como la sensación de pertenencia. 

 

Foto: Darío Castro

Foto: Darío Castro

 

En sus inicios, el cabaret fue considerado como “género menor” y marginado a sitios clandestinos o alejados de los circuitos comerciales e institucionales, esto lo hizo florecer dentro de los establecimientos propios de la vida nocturna “licenciosa” y lo dotó de características opuestas a las que contaban los espectáculos conservadores. Por ello el cabaret se permite guardar una relación estrecha con los instintos del hombre y burlarse de “todo lo establecido”: cuestionar los estereotipos de género, caricaturizar los tipos sociales, mezclar el refinamiento de la alta cultura con lo  “más bajo” de la cultura popular, recodificando el orden social. El cabaret no piensa en lo políticamente correcto, por eso es más franco y menos solemne e hipócrita, más libre y expresivo. Por eso nos vuelve locos: porque nos invita a perder el control.

Enloquecido, enloquecedor, iconoclasta, burlón, el cabaret está íntimamente relacionado con el auge del teatro independiente latinoamericano y europeo, aunque en algunos casos lo supera porque tuvo la paciencia de formar a sus espectadores durante largo tiempo, dando lugar a un público nada serio dispuesto a interactuar apasionadamente con la escena. En el cabaret todos los inconformes son bienvenidos: las feministas, los intelectuales, los heterosexuales consumados, los gays, los tavestis, todos aquellos que no le teman a la risa y a la pérdida de buenas costumbres, todos aquellos disfruten del bullicio y del escándalo, de decir  y escuchar verdades placenteras y no tanto.  El cabaret es un lugar donde todos van a confesarse. Un buffet de minorías.

Los cabareteros (público y artistas) conforman una comunidad alternativa deseosa de cuestionar las ficciones con las cuales comprendemos las realidades sociales (la ideología y el sistema) y personales (la identidad), así como las imposiciones. Por eso el espectáculo no depende del texto tanto como lo hace en el teatro convencional, por eso más bien responde a la improvisación del momento y a las imágenes (más que a las palabras) que pueda crear durante función. Estas imágenes con frecuencia corresponden a la estética kitsch, delatando su ánimo transgresor y voluptuoso. Es su atrevimiento lo que fascina, su vulgaridad explícita, sus excesos, su naturaleza dionisíaca y empeño por la disidencia lo que explica su empoderamiento. El cabaret es una manifestación micropolítica de la resistencia y la subversión, una amalgama de la cultura pop que dialoga con la realidad a partir de la oposición a la autoridad. Es por eso que los rebeldes aplaudimos de pie. 

Foto: Darío Castro

Foto: Darío Castro

Todo ello presente y visible en este Festival que tantas delicias que me ha regalado, que me ha permitido acercarme tanto a él que apenas empiezo a comprenderlo y a degustar  mejor lo que ya me gustaba muchísimo. Ahora sé por qué me gusta. Ahora veo más claramente las cualidades de este esfuerzo por reunir a los intérpretes y compañías que no solo demuestran una vez más las infinitas posibilidades teatrales autogestivas, sino la profunda incidencia en nuestra cultura posmoderna y nostálgica. Estas son algunas razones por las cuales celebro que se haya llevado a cabo este Festival y por las que espero que siga ocurriendo año con año y que cada vez más gente se sume a la fiesta, que vale la pena y es puro placer.

Zavel

 

Reseñas

Puras cosas maravillosas

por Ricardo Ruiz Lezama 29 julio, 2017

Hay un aspecto en que coinciden la mayoría de las reflexiones en torno a la felicidad y es que esta tiene que ver con saber disfrutar cada momento; este tipo de pensamientos la conciben como un camino y no como un fin, hacen una invitación a valorar el presente. En ese sentido podríamos decir que el monólogo Puras cosas maravillosas, escrito por Duncan Macmillan y Jonny Donahoe, dirigido por Sebastián Sánchez Amunátegui y protagonizado por Pablo Perroni es un recordatorio de que la dicha siempre está a nuestro alcance a través de las cosas aparentemente más pequeñas, no por ello insignificantes.

La mamá del protagonista de la obra está en el hospital a causa de una depresión. Él es solo un niño de siete años cuando ocurre esto y se le ocurre una idea para salvarla: hacer una lista de las cosas maravillosas que conoce para tratar de devolverle las ganas de vivir. El helado  encabeza la lista. Esto podría parecer muy ingenuo pero conforme avanza la obra nos recuerda el valor de las pequeñas cosas que en algún momento fueron extraordinarias pero que después olvidamos. ¿Cuándo perdemos el asombro por la vida?

La  obra nos cuenta los incansables esfuerzos de este hombre en las distintas etapas de su existencia haciendo todo lo posible por salvar a su madre, sin saber que quizá también de algún modo se está salvando a sí mismo. ¿Podemos salvar a los otros? ¿Cómo afecta el sufrimiento de uno de los miembros de la familia a todos los demás? ¿Cómo volver a sonreír a pesar del dolor? Estas y más cuestiones plantea la obra desde un lugar sensible sumamente interesante: el humor y la ternura.

El tono que tiene la puesta en escena es sin duda uno de los más grandes logros del montaje. Puras cosas maravillosas es divertida sin ser frívola, profunda sin ser aburrida, dolorosa sin ser deprimente, tierna sin ser empalagosa, es una experiencia que conduce al espectador por infinidad de intensas emociones. Es una obra que pone de manifiesto que al teatro vamos principalmente a conmocionarnos. Obras así hacen mucha falta. De pensar estamos cansados –aunque la obra también da mucho para pensar-, queremos sentirnos vivos en las butacas de los teatros.

Otro de los grandes aciertos de la obra es la actuación de Pablo Perroni. Es de una honestidad que se agradece. Durante lo que dura la función quedamos convencidos que él es quien realmente vivió todo aquello que nos comparte. La obra resuena en cada una de sus fibras más íntimas y por lo tanto en las nuestras como público. Por un momento nos transporta a otro mundo y no nos suelta sino hasta el final. Perroni genera además un convivio único porque interactúa con los espectadores creando momentos de verdadera magia teatral.

La propuesta de dirección también es sobresaliente. Sebastián Sánchez Amunátegui nos demuestra una maestría al dejar solo lo esencial en el montaje, permitiendo que la fascinante dramaturgia de Macmillan y Donahoe y la grandiosa actuación de Perroni queden en primer plano para ser disfrutadas al máximo y que  la entrañable historia se exprese en su forma más potente.

Realmente es un verdadero placer encontrar obras en cartelera que estén tan bien logradas. Sin duda esta puesta en escena está en la lista de cosas maravillosas de muchos espectadores. Incluyéndome.

Ricardo

Reseñas

Heroínas transgresoras. El romanticismo en escena.

por Zavel Castro 14 julio, 2017

¿Qué tienen en común doña Elvira, Margarita, Mónica, Ching Ching, Charlotte, Lucía de Lammermoor y Cunegonde? Todas ellas han perdido la razón por causas distintas: por celos y despecho tras sentir la burla del seductor al que a pesar de todo no puede dejar de amar; por las bajas pasiones provocadas por las palabras zalameras de un pretendiente que la hace pecar en más de una forma hasta atraer en ella las más dolorosas desgracias, entre ellas, provocar la muerte de su madre, hermano e hijo; la explotación, el abandono,  las ansias de poder y de fama y la fragilidad mental llevada a sus máximas consecuencias tras sentir la presión de aceptar un matrimonio no deseado.

La locura de todas ellas ha sido el motivo principal de algunas de las mejores creaciones literarias recuperadas por el imaginario de la ópera y opereta bajo las excelsas inspiraciones de Mozart, Gounod, Menotti, Adams, Donizetti y Bernstein. Ahora, tenemos ocasión de disfrutar de las arias inspiradas en estos personajes femeninos en la voz e interpretación actoral de Luz Angélica Uribe, a quien el escenario recibe con los brazos abiertos pues su calidez y simpatía hacia el público con quien interactúa de manera discreta durante las funciones de “Heroínas Transgresoras”, dirigida por Emmanuel Márquez, así como sus generosos dotes musicales, le otorgan todo derecho y dominio escénico necesario para cautivar a los espectadores que acaso buscando solo entretenimiento adquirirán también, valiosos conocimientos sobre este género musical (la ópera) y sobre la psique o “naturaleza” femenina –si es que aún podemos pensar en una noción tan categórica como esta, según las constantes características representadas por la literatura romántica-. Uribe además interpreta varios instrumentos poco convencionales como el waterphone, el cromorno y el theremín.

Fotografía: Darío Castro

Fotografía: Darío Castro

 

Sobre la estética del montaje quisiera subrayar la coherencia y armonía de la composición, pues todo ha sido dispuesto en alusión a las imágenes del romanticismo que numerosas representaciones pictóricas, ilustraciones y narraciones literarias han hecho llegar a nuestros tiempos; la ambientación en un teatro abandonado, los vestuarios de gala desgastados y raídos que aún dan cuenta de su anterior majestuosidad, las luces a medias, la oscuridad reinante como espejo emocional de los personajes trágicos corresponden a la época de la mayoría de las arias interpretadas. Sin embargo esto no hace de la puesta una suerte de espectáculo histórico, sino que actualiza el mensaje de la concepción de la femineidad en diversas intervenciones de Luz Angélica Uribe durante las cuales  habla brevemente de los casos de las “heroínas¨ y  reflexiona sobre la imagen de la mujer en los tiempos de la concepción de las obras, tanto como en los propios, donde según dice, muchos de los episodios no tendrían lugar porque las condiciones, frustraciones y aspiraciones ya no son las mismas.

Debido a la seriedad del tema de los asesinatos a manos de una mujer y de las fuertes impresiones que las escenas pueden ocasionar en los espectadores, se recomienda contar con   mínimo de 12 años de edad para disfrutar de la función de esta obra que es, sin lugar a dudas, un deleite musical, escénico, intelectual y sensible.

Zavel

Reseñas

Sin Misericordia

por Zavel Castro 10 julio, 2017

Una mujer en mitad del vacío se encuentra de pronto rodeada de ojos extraños. Está completamente atada por todas las mentiras que se ha contado para evadir su más profunda verdad, está impedida también por sus inseguridades y temores que no la dejan quererse tal y como es, obligándola a desear ser siempre alguien distinto: más inteligente, más guapa, mejor esposa, mejor madre, aunque sea un poco menos rebelde, un poco menos curiosa, un poco más femenina y todo lo que suele reprocharse día a día una mujer que intenta complacer sus inalcanzables expectativas, solo para sentirse aceptada y querida.

Las ataduras la lastiman y cuando intenta desprenderse de los lazos que no la dejan ser ella misma, grita su sufrimiento hacia los extraños que la escuchan pero que no pueden comprenderla. La compadecen  pero nadie hace nada. Y es que nada fuera de sí podría tranquilizarla. Ahora mismo está desesperada. Ha llegado el momento de sincerarse, de confesar aquello que no ha querido decirse porque le asusta si quiera intuirlo.

La mujer interpela al espectador, acaricia su rostro, lo mira a los ojos enfurecida, busca consuelo donde no lo hay. El extraño se altera con lo que está pasando. Ese lamento sin fin prolonga la sensación del tiempo y lo arroja a un abismo de abrumadora oscuridad. Se reconoce en los fracasos de ella, que le ha dicho que ha fracasado en sus relaciones amorosas y en su intento por comprender el mundo desde la experiencia intelectual sin prestar demasiada atención a su sensibilidad. Porque sentir es tan doloroso como querer a alguien con la generosidad que el amor precisa. Prefiere encerrarse en sí misma. Prefiere romperse y llorar cada pieza desprendida.

Situada entre el recuerdo y la locura, está mujer tiene mucho que decir y no desaprovechará la oportunidad de tener a tanta gente cerca para que puedan hacer caso de sus reproches. Aunque no hagan más que estar ahí. Eso basta. Parados a su alrededor, inmersos de una atmósfera inmisericorde, despojada como la mujer misma de todo orden y coherencia. Lejano a cualquier sensación que pueda tranquilizar a nadie que se encuentre en la misma sala que ella.

El monólogo, como un viaje despiadado desprende una de las preguntas más dolorosas que alguien pueden hacerse: ¿Eres feliz?

Zavel

Reseñas

Per Te. Llueven los ojos.

por Aplaudir de Pie 20 junio, 2017

El verdadero amor es un milagro. Este suceso extraordinario no le sucede a cualquiera, el encuentro con la persona que haga de nuestra vida una experiencia trascendental depende tanto de la casualidad como de la voluntad. Una vez que el encuentro ocurre, hará falta tomar la decisión de conservarlo, hacerlo crecer; pocas veces reparamos en su fragilidad, nos confiamos con que el paso de los días, la condición “duradera” hará que se consolide. No es así. La estabilidad de la pareja depende en buena medida en la conformación de un equipo a distintos niveles. La vida es demasiado amplia, demanda que atendamos en compañía sus múltiples dimensiones: intelectual, afectiva, práctica y creativa.  Encontrar con quién realizarnos en todas las esferas de acción es una bendición que no puede ser mal aprovechada.

Daniel Finzi Pasca encontró en Julie Hamelin a su compañera ideal, la complementación amorosa de ambos produjo no solo una compañía de teatro, sino una manera de concebir el mundo a través de la escena, el estilo que nombraron “teatro de la caricia” con el cual buscaban llenar el alma de los espectadores con el afecto que quizá estos últimos se encontraran buscando en otro lado con o sin fortuna. Esta pareja de vida y creativa querían compartir el sosiego que causa la certeza de haber caído en las mejores manos. En las manos de quien sabrá cuidarnos siempre.

Un teatro que apunta al corazón. Precisamente el órgano que, en su debilidad, terminaría con la vida de Julie. Perder al ser amado podría significar una de las desgracias más hondas para la vida de una persona común. Afortunadamente, el artista se aleja de la normalidad por su particular forma de relacionarse con lo que le pasa, de esta forma, a partir de su sensibilidad,  cualquier suceso cotidiano deviene en acontecimiento. Incluso el duelo puede transformarse en una obra de arte.

La compañía de Daniel y Julie rinde homenaje a uno de sus pilares mediante Per Te su espectáculo más reciente, en él vierten los pensamientos y emociones que acompañan su sentimiento de pérdida. Los recuerdos alegres de su vida en pareja, desde que ella se transforma en “un pastel feliz” para el día de su boda, los reproches a los ángeles que no supieron protegerla y la dejaron ir, las reflexiones en torno a la soledad, la desilusión de saber que nuestro amor no volverá más, las inevitables preguntas: . ¿Cómo nombrar el dolor? ¿Por qué las fuerzas superiores de la existencia permitieron que ocurriera? ¿Qué pasa con los muertos, en qué se convierten?

Todo se transforma en cuadros magníficos soportados por una estética deslumbrante que a diferencia de La Veritá o de Ícaro no se preocupa de la perfección conseguida por el artificio, sino que es franca en su torpeza, en la combinación de elementos que dan cuenta del desequilibrio, del titubeo, de lo inacabado. La despedida a nuestro ser amado no puede ser contundente. Las imágenes que surgen de ella, tampoco. No se trata de un descuido sino de un manifiesto en honor a la honestidad.

 

 

Per Te es un montaje realizado mediante escenas fragmentadas que semejan la confusión de una mente por tratar de construir sentido ante un suceso que trasciende toda lógica, que aún la humanidad no hemos podido explicarnos de manera satisfactoria. Cada cuadro –palabra muy precisa para nombrar los momentos, pues parecen pinturas en movimiento-  narra por un lado el periplo de la compañía para hacer este montaje; por otro lado se muestra una metáfora del duelo y de la batalla de la vida. Las imágenes además poseen altos vuelos poéticos. Como una pieza de arte contemporáneo, permite múltiples lecturas. Por ejemplo, hay quien lee en el vestuario de las armaduras el mensaje de que la enfermedad es una lucha en la que el cuerpo sirve como campo de batalla. Es preciso protegerlo. Sobre esta misma imagen hay quienes la interpretan como el proceso psicológico denominado duelo.

El espectáculo  es un continuo diálogo con la ausencia, todo el tiempo la obra está conversando con Julie, nos habla a nosotros para hablar con ella. Los espectadores somos testigos del último regalo que la compañía le hizo a uno de sus miembros fundamentales, al tiempo que la conocemos gracias a la mirada amorosa de cada uno de los integrantes.  Ahí está Daniel abriéndonos los brazos para que podamos ver lo que tiene dentro.  Lo que palpita aún a su pesar. Nos invita a su jardín secreto. Pensar que todo en Per Te fue hecho para Julie nos estremece: la música, el humor, los números acrobáticos. Todo se creó pensando en ella. Todo se hizo tratando de adivinar sus reacciones.

Pese a lo doloroso del tema Per Te no es una experiencia oscura como podría uno suponer por tratar la muerte de alguien tan allegado a todos los miembros de la compañía, es más bien un canto a la vida, una posible respuesta de la Compañía Finzi Pasca ante el misterio de la muerte. El juego y la poesía como una luz para hacer frente al sufrimiento, sin por esto banalizar la cuestión dejando de lado el dolor, éste es inevitable y está expuesto pero el espectáculo nos recuerda que nunca es permanente. Julie –nos dice la obra- hizo llover en muchos escenarios y a su vez en los ojos de muchos espectadores alrededor del mundo. En Per Te, presente como una entrañable ausencia, lo volvió a hacer.

 

Ricardo Ruiz Lezama & Zavel Castro fundadores aplaudirdepie

Ricardo Ruiz Lezama & Zavel Castro                             Editores

 

 

Reseñas

Nada siempre, todo nunca

por Ricardo Ruiz Lezama 22 mayo, 2017

Del teatro que aspira a ser presente irrepetible hay dos tipos que pueden reconocerse fácilmente dentro de las infinitas posibilidades de lo teatral. Uno es el que es irrepetible por una técnica actoral en busca siempre de la frescura y la sorpresa, otro es el que mediante la participación directa de los espectadores cada función es diferente. La obra Nada siempre, todo nunca del Colectivo Macramé es un ejemplo de esto último.

Digo obra al referirme a esta experiencia por nombrarla de algún modo, pero más que una puesta en escena, me atrevería a llamarla una convivencia. Más que un montaje parece una reunión de amigos en donde se jugara algún juego de mesa y conforme transcurre la velada se llegara, como pasa con las amistades profundas, a compartir nuestro universo íntimo: sueños, miedos, alegrías. En esto radica la singularidad y fuerza de esta propuesta.

«¡Oh no, una obra interactiva!», seguro exclamó alguien que esté leyendo esto. No pienso dar detalles específicos de lo que sucede pero lo que puedo decir es que es interactiva de una forma gentil con el espectador. En lo personal me incomoda que me hagan participar de una función pero acá mi incomodidad desapareció conforme avanzó la noche. A los que crean que una experiencia de estas características es insoportable, les recomiendo que si algún día piensan animarse a asistir a algo así, lo hagan con esto. En una de esas se dan la posibilidad de jugar y disfrutar. Y lo mejor es que, de asistir, nadie va a obligarlos a participar si al final no se deciden. 

No sabía lo que iba a ver esa noche que vi Nada siempre, todo nunca, y al principio de la función no sabía por qué aún seguía ahí, pero en mi caso y sin duda en el de muchos más espectadores resultó una velada inolvidable. Vernos, escucharnos e interactuar fue una forma de volver a darnos cuenta que, aunque seamos desconocidos, no estamos solos en este mundo y que otras maneras de encontrarnos son necesarias. 

COLECTIVO MACRAMÉ AGRADECE AL FONDO NACIONAL PARA LA CULTURA Y LAS ARTES  EL APOYO PROPORCIONADO PARA LA REALIZACIÓN DE ESTA OBRA.

ricardo

Reseñas

Despojos para un lunes ¿vas a venir a la fiesta?

por Zavel Castro 6 mayo, 2017

Al ritmo de los éxitos musicales del rock & roll en español, llegamos al nuevo departamento de Eleuterio, un hombre que adivinamos no ha rozado ni por error el éxito profesional ni sentimental, quien tras su fracaso más reciente, su divorcio y la decisión de Tania (Yoshira Escárcega)  su ex mujer  por no permitirle convivir demasiado con Daniel, el pequeño hijo de ambos, se encuentra desesperado por sentirse de  nuevo merecedor del cariño y atención de los que ahora ve perdidos tras comportarse de manera irresponsable como padre y esposo.

Como uno más de sus ridículos intentos por recuperar a su familia, Eleuterio organiza una fiesta para celebrar el cumpleaños número cuatro de Daniel, sin embargo, se entera que para poder llevar a cabo la misma debe contar con la autorización de sus vecinos: Margarita (Alejandra Galván) y su hija Romina (Lizeth García), Bertha (Florencia Elvira) y Julio (Francisco Granados), todos, personajes ordinarios con necesidades afectivas insatisfechas que buscan relaciones enfermizas para dar sentido a su mediocridad. Cabe destacar la bien lograda construcción de casi todos los personajes por parte del dramaturgo Hugo Wirth,[1]  ya que es sin duda, en los caracteres de los mismos en los que recae la intensidad dramática de la trama propuesta. Más que la dinámica entre ellos, son los personajes en su accionar individual los que interesan al espectador.

Especialmente porque todos los personajes están cargados de una soledad que nos entristece en la medida en que podemos reconocerla en nosotros mismos, más allá de la pertenencia o no a su estrato social (de clase baja/media-baja) que afortunadamente, escapa de la caricaturización.[2]  Este dejo de realidad se logra también gracias a la ambientación a cargo de Edgar Mora, quien construye un complejo habitacional –casi como si se tratara de una vecindad- concentrado espacialmente en la zotehuela, donde tendrá lugar la fiesta del hijo de Eleuterio. Lugar por cierto, custodiado y envidiado por el resto de los habitantes del inmueble.

Los vecinos. Al igual que Eleuterio e incluso que Tania, fundamentalmente representan a personas solitarias que hacen de todo para ignorar ese estado que los ha acompañado tanto tiempo que ya no sabrían vivir con una disposición de ánimo distinta. Tanto los personajes como muchos de nosotros, los espectadores, nos “enamoramos” para no sentirnos solos, estamos dispuestos a hacernos amigos hasta de nuestros padres (si se dejan) con tal de sentirnos acompañados, hacemos fiestas aun cuando intuimos que el festejado no vendrá, nos drogamos, tenemos relaciones buscando quedar embarazadas para emocionarnos con el impacto de la noticia y entretenernos con el crecimiento del bebé en nuestra barriga, inflamos globos, soplamos velas, esperamos con ansiedad que llegue un solo día de la semana para permitiros ser libres, para pasar tiempo con las personas queridas a las que también lastimamos para pasar el tiempo, para forzar un vínculo. Hacemos un montón de cosas con tal de no estar a solas con nosotros mismos porque no somos suficientes. Simulamos empatía, simulamos seducción, simulamos todo lo que podemos. Pero no podemos fingir amor propio. A veces somos tan ridículos, tan insignificantes…

“Despojos para un lunes” gira entorno de la soledad, esa poderosa carga que nos trae hasta el teatro. La soledad que lleva a Eleuterio hasta lo más profundo de sí mismo, hasta ese extremo que desconoce, una oscuridad de la que no es consciente y que lo motiva a hacer lo indecible y lo impensable. A pesar del motivo principal y lejos de lo que podría pensarse, no se trata de una obra inclinada a la tragedia o al melodrama, sino de una comedia que nos invita a reírnos del desgraciado devenir de los que viven sin amor y que encubren esta carencia con una parafernalia similar a la que se despliega en una fiesta infantil de barrio. Colorida, escandalosa, precaria, vacía, repleta de risas fingidas y de carcajadas innecesarias, llena de gente que invitamos más a fuerza que con ganas… y es que a veces así es la vida.

Zavel

[1] Encontré imprecisiones en el personaje de Julio, que si bien, es interpretado por uno de actores más destacables del montaje (Francisco Granados) –siendo el otro el protagonista Rodrigo Ojeda- , refleja contradicciones inverosímiles en tanto que en principio propone a un personaje de barrio vulgar cuyos deseos sexuales se reducen a la excitación que siente por las jovencitas y que utiliza a Bertha para desahogar sus fluidos, siendo capaz para esto de mantener relaciones sexuales por un Glory Hole que improvisan en la pared que separa sus apartamentos, y que se refiere al sexo femenino con apelativos soeces y que, de pronto, sin algún indicio si quiera impreciso de que en su background pudiéramos encontrar alguna conexión literaria, Julio lanza un discurso perfectamente articulado y medianamente culto para narrar sus deseos hacia Romina. Un degenerado de cuarta categoría de pronto da un salto y deviene en poeta. No es que en la misma persona no puedan converger ambos mundos (el poético y el sexualmente explícito, yo misma escucho con el mismo ánimo a Daddy Yankee que Otis Redding o a  Schubert) sino que el personaje en su planteamiento no da pie a que en él quepa esta ambigüedad.

[2] Son personajes de barrio “reales” lejanos de los estereotipos reproducidos tantas veces por el cine mexicano de oro de los años treinta, especialmente aquellos dirigidos por Ismael Rodríguez.

Reseñas

Litoral (después del agua)

por Aplaudir de Pie 1 mayo, 2017

“Después de la tempestad, viene la calma”, se dice comúnmente con afán tranquilizador a algún sufriente, pero mientras tanto, ¿dónde se supone que uno deba hallar consuelo? ¿En los sueños? ¿En la familia? ¿En los amigos? ¿En el carnaval? ¿Y si todo eso también fue arrastrado por las aguas de la lluvia torrencial, ávida de absorberlo todo, de acabar con todo? ¿A quién debe dirigirse el odio provocado por la destrucción avasalladora acaecida por la naturaleza?… “Litoral (después del agua)” no nos responde ninguna de estas preguntas, nos propone ver como los habitantes de Angüe buscan las mismas respuestas… sin encontrarlas.

Un pequeño y tranquilo pueblo, con poquísimos habitantes, a orillas del Paraná, se ve asediado por lluvias furiosas e incesantes que provocan una inundación, llevándose entre sus corrientes subacuáticas objetos domésticos e instrumentos musicales, pero también anhelos y vidas. Mientras tanto, la vida sigue como puede, modificada por las circunstancias, pero después de esto, nada podrá volver a ser lo mismo; un grupo de amigos adolescentes intentan tomárselo con calma, tomando mates y jugando “basta”; mientras tanto, una madre que no encuentra su hijo, lo busca desesperada hasta debajo de las piedras, perdida en la incertidumbre; la comparsa busca que el carnaval se lleve a cabo, pero los redoblantes y vestuarios seguro ya están flotando muy lejos; las whiskerías y antros siguen secuestrando a quien se detenga en el lugar equivocado, y prostituyendo ilegalmente a chicas a las que se les ha arrebatado la identidad y la decisión; y los políticos y su séquito burocrático, siguen ninguneando y aprovechándose del pueblo, un pueblo sufriendo, con heridas abiertas y sangrantes, despojado de todo, luchando por salir a flote aunque cada vez se hunden más.

“Litoral (después del agua)”, es el proyecto de graduación de los estudiantes de actuación de la Universidad Nacional de las Artes, el cual fue dirigido por Mariela Asensio, con las notas agridulces y la honestidad que caracterizan a sus montajes. Cuenta con dieciocho actores en escena, que nos regalan todo lo que la Universidad les dio conjugado con la poética particular de cada uno. La escenografía, concisa y acertada, nos transporta al muelle de inmediato. Majestuosa la forma de dirigir a tantos actores y la dramaturgia creada sobre la marcha, aplausos para la honesta y bien amada pasión con que Mariela Asensio realiza cada uno de sus montajes.

La historia, muy bien lograda por intensas y encarnadas actuaciones, y por una dirección espectacular, nos sumerge en la desgracia de un pueblo que se hunde sin poder evitarlo, provocando risas tanto desopilantes como de ternura, y lágrimas de dolorosa empatía, e inconsolable impotencia; ojalá estas cosas sólo ocurrieran en la ficción, pero no hay tregua; en tiempos de tanto sufrimiento, esta obra nos recuerda, con un nudo en la garganta, que la realidad supera a la ficción.

Manya

Reseñas

Los pro y los contra de hacer dedo

por Aplaudir de Pie 28 abril, 2017

“No eres ni la sombra de lo que quisiste ser. Traicionero asunto resultó la vida. Ni la mitad de lo prometido cumplió el pasado”, escribió José Sbarra una vez, pero a mí me resuena para siempre en la cabeza cual mantra, desde que lo escuché en “Los pro y los contra de hacer dedo”; oírlo por primera vez fue como ver el vídeo de “El aro”, lo viste y cagaste, o te mueres (en este caso de desesperanza y tristeza) o lo compartes, y al parecer a la directora Sabina Faccini le pasó lo mismo. Imposible quedarse impasible ante estas palabras.

De una forma sincera, poética y apasionada, Sabina Faccini une fragmentos de la obra “Marc, la sucia rata”, de José Sbarra, en una dramaturgia propia, que narra la historia de dos personajes que, como todos nosotros (aunque probablemente estemos haciendo un esfuerzo sobrehumano por ocultárnoslo), saben que no son ni la sombra de lo quisieron ser; atrapados en la forma que los condena, intentan ser, repletos de pesimismo, pero con ese pequeño dejo de esperanza, que en realidad es el instinto de supervivencia.

Danila Magri interpreta con elegancia a una chica que ha decidido prostituirse en la ruta, haciendo dedo a los camioneros que pasan, por gusto, y sin remordimientos; y Nicolás Moreno da vida, con maestría, a un chico que después de un matrimonio heteronormativo, se ha dado cuenta de que, en realidad, lo que quiere en la vida, es ser mujer. Podría asegurar que sus honestas actuaciones, junto con la verdad aplastante y sin tapujos que propone el texto, le pondrían la piel de gallina a la persona más creyente, y a la más, aparentemente, insensible.

Los pro y los contra

Acosados por lo insoportable de la mera existencia, van formando su propio camino; “No porque le temas a la larga noche, Dios va a existir” dicen en un momento, y efectivamente, los protagonistas están alejados de cualquier motivación inventada, viven la miseria que han creado con lo que el mundo les ha ofrecido, pero con una sinceridad que sólo se logra por medio del abandono y la anagnórisis; a pesar de todo, son lo que quieren. ¿Qué conviene más? ¿Vivir en una feliz mentira, o sobrevivir sin vendas en los ojos?

En la puesta resalta todo, se aplaude la decisión de la directora de utilizar profesionales en el tema para cada área; cuentan con música en vivo interpretada por Tomás Fernández Vázquez, que nos introduce, de acuerdo a su poética específica, en una atmósfera oscura y llena de melancolía; la iluminación, oscura pero llena de significado, fue ingeniosamente diseñada y realizada, por Carlos Pacheco Pizarro, ingresándonos, discretamente, en un sopor que nos lleva, no sólo a lo más recóndito del alma de la obra, sino a los lugares más escondidos de nuestros propios corazones. La escenografía, a cargo de Eugenia Labaqui, está cuidada hasta en el más mínimo detalle, llena de metáforas, de forma que, por sí misma, podría ser una instalación y ser observada como una obra independiente del montaje, pero que en el mismo, acompaña perfectamente a todos los demás elementos, y encima cuenta con un artilugio de extraños poderes, que aumenta el ambiente nostálgico tan bien logrado del montaje: una valija que perteneció al propio Sbarra, utilizada como “camerino” por el personaje masculino en su transformación a fémina, los objetos reales en esta realidad inventada en la que vivimos, le dan un poquito de sentido a la vida.

Contando con un equipo de creadores jóvenes, que empiezan a dedicarse profesionalmente a lo que los apasiona, después de haber estudiado una carrera relacionada a las artes que les competen, “Los pro y los contra de hacer dedo” no tiene nada que envidiarle a los montajes de los creadores que llevan la vida entera y un siglo, en el medio; demostrándonos que lo que se hace con pasión y amor, saliendo desde el fondo del corazón, porque este te exige decirlo y compartirlo, es la única forma de hacer arte.

Manya

Newer Posts
Older Posts

TALLERES

  • Taller Virtual de Dramaturgia
  • Taller/montaje internacional de actuación en línea
  • Taller de monólogo teatral
  • Asesoría en dramaturgia
  • Cursos y talleres de dramaturgia
  • Ricardo Ruiz Lezama-Perfil y obras

Síguenos

Twitter Instagram

Entradas recientes

  • Me acuerdo. A propósito de «¿En qué estabas pensando?» Por Luis Javier Maciel Paniagua
  • Hasta encontrarte: una crítica epistolar desde la deuda a las madres buscadoras. Por Laura Cárdenas (Lalis)
  • Casi Normales. Crítica epistolar al personaje de Diana. Por Isabel Agurto.
  • Monstruos en el parque: crítica epistolar a Sergio Arrau. Por Sergio Velarde
  • Me acuerdo. A propósito de «Nosotras que nos queremos tanto» Por Sergio Velarde.

Recomendaciones

© APLAUDIR DE PIE 2021 | PATCH NETWORKS