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Othelo. La irreverente adaptación de Gabriel Chamé Buendía

por Ricardo Ruiz Lezama 31 mayo, 2015

Othelo

¿Qué pensamos cuando decimos “Shakespeare”? “Ser o no ser, esa es la cuestión” o “Es el ruiseñor, no la alondra”. Frecuentemente se piensa en el Shakespeare filósofo, en el poeta y casi siempre en el más grande dramaturgo que jamás ha existido.

Generalmente cuando se piensa en este autor se piensa también en alta cultura y por consiguiente en solemnidad. Este estigma llega a condenar diversos montajes que se quedan en lo antropológico, en el bien decir, en una distancia aparentemente infranqueable entre los autores clásicos y nuestro tiempo. Pero la adaptación de Othelo que hace Gabriel Chamé Buendía le falta el respeto a la idea Shakespeare para enaltecer al Shakespeare que siempre es más impactante: el Shakespeare vivo.

Esta irreverente adaptación de Othelo es una prueba de que una de las mejores formas de revivir a los clásicos es quitarles su carácter deificado,  humanizándolos pues el teatro es carne, no ideal.

Esta puesta en escena pone énfasis en la comedia física y los gags visuales, además de valerse de la improvisación para dialogar en presente con lo que va ocurriendo en cada función con cada público. Estamos frente a una visión cómica de la tragedia, pero sin llegar a banalizarla, pues este montaje nos recuerda la línea sutil entre lo trágico y lo cómico.

Las interpretaciones subidas de tono, casi grotescas, no se quedan en la mera forma, sino que son verdaderas dentro de su excentricidad, tanto que  a veces traspasan la barrera de lo cómico y sorprenden de súbito con la fuerza trágica que plantea la dramaturgia de Shakespeare. Además el humor nunca está sobre lo que la obra tiene para contar, sino que es una herramienta para que el discurso de la obra nos alcance.

Las actuaciones de Matías Bassi, Julieta Carrera, Hernán Franco y Martín López Carzolio, atrapan por su precisión y versatilidad, pero sobre todo por su energía, la cual empieza en alto y no baja ni un momento, al contrario, desborda no dejando tiempo para que el público se distraiga por nada.

Algo que destaca es cómo estos actores logran hacer que las palabras que se dicen cobren infinidad de  sentidos que permiten las más diversas lecturas desde la actualidad. Por lo que la obra nos habla directamente, no estamos frente a algo histórico y ajeno al presente, sino ante el descubrimiento de nuevos significados frente a un texto que comprendemos inmortal.

El juego, la irreverencia y un diálogo contundente con los espectadores son los ingredientes principales de este Othelo,  en donde se le rinde tributo a Shakespeare de una forma entrañable: bromeando con él.

Si quieres más información sobre funciones, reservaciones y venta de boletos de Othelo, visita: http://www.alternativateatral.com/obra27007-othelo

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Dios tenía guardado algo para nosotros. Obra romántica que recupera la idea de destino

por Ricardo Ruiz Lezama 26 mayo, 2015

dios tenía dos

“Todo encuentro casual es una cita”.

Jorge Luis Borges

No se puede hablar de amor sin ser sentimental, que no cursi ni necesariamente melifluo. Creer en la posibilidad o imposibilidad de un encuentro amoroso necesariamente nos conduce a otro nivel de la percepción en donde las palabras dejan de ser suficientes, las miradas hieren y todos los caminos parece que confluían hacia un mismo destino: el otro.

Dios tenía algo guardado para nosotros, escrita y dirigida por Maruja Bustamante y con las actuaciones de Bárbara Massó (Cristal), Gonzalo Pastrana (Mateo), Gael Policano Rossi (Dios), es una obra de amor romántica que recupera la idea del destino.

Dios propicia el encuentro entre Cristal, una poeta extravagante, y Mateo, un pintor de pocas palabras. Después de que estos personajes se encuentran como por milagro, es donde empiezan los malentendidos, la espera, la asfixia por la ausencia del otro, el querer decir y no poder, en fin, quedan a merced de sus pasiones, su libre albedrío, su humanidad.

Uno de los aciertos más grandes de esta puesta en escena es que no es empalagosa en ningún momento y logra instantes profundamente conmovedores además de divertidos pues está atravesada por una mirada humorística y poética que casi podría situarla en la categoría de comedia romántica. Con la diferencia sustancial de que las contradicciones y la verdad de lo que devela en las relaciones entre Mateo y Cristal es más propio de lo que conforma una mirada teatral compleja y nada complaciente.

El espacio de representación se encuentra cubierto por papel blanco que conforme la obra avanza va siendo pintado por los tres personajes, creando un registro pictórico de esta historia de amor. Esto da como resultado una metáfora de las experiencias como escritura de nuestra propia vida, en donde destino y decisión confluyen y se confunden.

Las actuaciones son frescas, naturales y poseen la característica de que en momentos los actores hablan hacia el público, generando complicidad y cercanía. De esta forma estamos más inmersos  en la intimidad de estos enamorados e incluso en la  de Dios y sus misteriosas razones.

Dios tenía algo guardado para nosotros es una obra de amor que contempla las diferentes  aristas de este fenómeno y nos cuestiona: ¿Qué pasa, qué hacemos y qué nos queda después del momento en que dos personas vivimos el milagro del primer encuentro con alguien a quien amaremos?

Para más información sobre Dios tenía algo guardado para nosotros, como funciones, venta de boletos o reservas, visita: http://www.alternativateatral.com/obra32068-dios-tenia-algo-guardado-para-nosotros

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Maruja enamorada. Biodrama amoroso

por Ricardo Ruiz Lezama 25 mayo, 2015

Maruja enamorada

Con un interés inacabable sobre los límites de la ficción y sobre la teatralidad a fuera del teatro, Vivi Tellas, directora teatral, crea el concepto de Biodrama. Esto es: obra que teatraliza la vida de una o más personas, recuperando la maravilla poética que posee lo cotidiano.

En un taller que dictó Tellas sobre esta forma de teatro, conoció a la actriz, dramaturga y directora Maruja  Bustamante. De este encuentro surgió la necesidad de trabajar en conjunto, dando como resultado la obra biográfica Maruja enamorada.

Esta puesta en escena es un recorrido por las diferentes relaciones amorosas que Maruja ha vivido. ¿Pero estas relaciones son extraordinarias o por qué a alguien le interesaría ver la vida de Maruja Bustamante? Lo extraordinario radica en que la visión artística que atraviesa esta obra nos recuerda que los acontecimientos pueden ser asombrosos o insignificantes dependiendo cómo se miren. Así, Maruja enamorada, es un montaje que impacta por la capacidad de mostrarnos la belleza en hechos que quizá contados de otra forma no valoraríamos. De alguna forma es un canto a la vida diaria y sencilla. A la vida de todos. Porque si bien Maruja Bustamante se dedica al teatro, es, ante todo, un ser humano con las mismas necesidades afectivas que cualquier espectador. Es en ese punto en que ocurre la comunión. Todos necesitamos del amor.

Al tratarse de una obra biográfica el nivel de intimidad y complicidad que se construye es imponente. Si de por sí una obra de teatro tiene que pasar por verdadera a los ojos del público, Maruja enamorada alcanza otro nivel de la verdad que quizá sólo podría compararse al de los documentales cinematográficos. Aunque con la diferencia de que esta obra no sólo es verdadera si no que ocurre frente a nuestros ojos en tiempo real.

Con todo lo dicho, Maruja enamorada, no se trata de una simple confesión. Por el contrario, posee todos los elementos de una obra de teatro. Lo cierto es que es complicado de definir, por eso Vivi Tellas tuvo que inventar una palabra para nombrar esta posibilidad particular del teatro y  esa es, justamente, Biodrama.

La actuación de Maruja Bustamante es hondamente conmovedora por su honestidad. Se comparte sin ambages,  ofrendándonos sus sufrimientos y sus dichas, habitando el escenario con una libertad y un gozo excepcionales.

Este Biodrama amoroso al final es una invitación a mirar la propia vida con ojos admirados; a descubrir las historias extraordinarias que todos poseemos por el simple hecho de estar vivos.

 Para más información sobre Maruja enamorada, como funciones, venta de boletos o reservas, visita: http://www.alternativateatral.com/obra28786-maruja-enamorada

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Cáucaso. Crítica al concepto de «enemigo»

por Ricardo Ruiz Lezama 17 mayo, 2015

Caucaso

En octubre de 2002 ocurrió un suceso que conmocionó al mundo. Unos rebeldes chechenos tomaron, en medio de una función con aproximadamente 700 espectadores, un teatro en Moscú durante tres días hasta que las fuerzas especiales rusas lograron rescatarlos mediante el uso de la fuerza, ocasionando una matanza, tanto de rehenes como de revolucionarios. Esta es la noticia que utiliza Lautaro Vilo para dar vida a Cáucaso, la segunda obra de su Trilogía sobre Noticias Internacionales.

El acontecimiento fue expuesto por los medios como un acto terrorista. Pero lo que Vilo logra mostrarnos es otra cara de este hecho. “Si fuéramos terroristas, pediríamos millones de dólares y un avión para escaparnos, no que se termine la guerra” se dice en un momento de la obra en voz de uno de los personajes. Pero es verdad, en la realidad eso pedían los chechenos que protagonizaron esta acción, demandaban que Rusia desocupara Chechenia. De esta forma Lautaro expone la manipulación mediática que vivimos, además de hacer una mordaz crítica al concepto de enemigo, según las potencias y sus intereses.

El montaje sucede a manera de interrogatorio, en donde un personaje es cuestionado sobre los acontecimientos ocurridos en ese teatro. Recordando a aquellos mensajeros que aparecen al final de las tragedias griegas, el protagonista, interpretado por el mismo director y dramaturgo, Lautaro Vilo, cuenta los hechos vívidamente, permitiéndonos ser transportados a aquellas tres largas y trágicas noches en ese teatro de Moscú.

De lo único que se vale el autor para trasladarnos al 2002 es de su actuación, una voz en off y un músico, manteniendo estilísticamente similitudes con la primer obra de la trilogía (Un Acto de Comunión),  que son: la utilización del mínimo de recursos para la representación y el mayor uso de la imaginación de cada espectador. De esta forma Cáucaso es teatro en una sus formas más puras y que lo mantienen existiendo a pesar de los siglos: un mecanismo poético que nos permite ver más allá del uso de la mirada, observar desde adentro, permitiendo que cada quien contemple su Rusia.

Cáucaso es sin duda un montaje sumamente pertinente en esta época en que claramente las noticias hacen foco en ciertos acontecimientos, mientras se omiten intencionalmente otros. Esta puesta en escena nos invita a cuestionarnos lo que vemos y a tratar de ponernos en el otro lado, en el de los que no convienen al poder: los guerrilleros en busca de libertad que ahora son llamados terroristas.

Para mayor información sobre funciones, reservas o compra de boletos de Cáucaso visita:

http://www.alternativateatral.com/entradas35063-caucaso?o=14

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Matar cansa. Seducción fatal entre víctima y victimario

por Ricardo Ruiz Lezama 17 mayo, 2015

matar cansa

¿Qué ocurre en la mente de un asesino serial? Fuera de responder esto, Santiago Loza  va más allá con la dramaturgia de Matar cansa, dirigida por Martín Flores Cárdenas y actuada por Diego Gentile, pues ver la mente criminal es ya un tópico un tanto recurrente, pero mirar su alma tal como se hace en este montaje, lo diferencia del resto y lo coloca en un lugar más próximo al corazón de quien lo mira.

La obra principia a la manera de Stand-Up Comedy en donde un personaje empieza a contar una historia en un micrófono. ¿Es su historia, de alguien más, es el asesino o acaso una personalidad escindida del mismo? Son preguntas que puede uno hacerse en el transcurso, pues la identidad del personaje no se sabrá sino hasta el final.

En este sentido la dramaturgia sorprende e intriga, sembrando numerosas incógnitas y pistas mientras la obra atraviesa momentos humorísticos y poéticos como ya hemos visto en otros textos de Loza (Mau Mau o la tercera parte de la noche y La mujer puerca), lo cual coloca a Matar cansa dentro de su universo particular como autor que ya se traduce como una voz muy característica y  propia, donde el uso de la palabra está entre lo trascendente y lo terreno, mostrándonos la poesía de los seres aparentemente más mundanos.

La dirección va estrechamente ligada con la sensación misteriosa del texto por lo que el montaje se caracteriza por un juego de sombras y luces que nos permiten acercarnos sensiblemente a los recovecos más profundos del espíritu de un asesino.

La actuación es sobresaliente. La construcción del personaje posee una verosimilitud tal que la línea entre realidad y ficción es muy delgada, generando  la sensación de que lo que estamos presenciando ante nuestros ojos es una confesión descarada de alguien que no conoce de moralidad, pudiendo escuchar frases como: “La ternura infinita del que mata”, “Todos matan, hasta los niños”, “No me gusta la palabra víctima, parece que existiera gente inocente y no es así”.

Estamos frente a una confidencia impúdica de un asesino que explica tan bien sus razones que por momentos podemos entenderlo y hasta justificarlo. Pero no sólo vemos una parte del fenómeno, pues al parecer hay un destino trágico entre el asesino y la víctima en donde ambos caminan desde siempre para encontrarse un día. Esa razón misteriosa e intangible, esa seducción fatal entre víctima y victimario que culmina en una especie de coito mortal, es uno de los temas que Santiago Loza explora en esta dramaturgia que sin duda nos dará mucho qué  pensar sobre la idea de destino.

Para mayor información sobre funciones, reservas o compra de boletos de Matar cansa visita: http://elextranjeroteatro.com/plays/view/104/name:MATAR-CANSA-de-Santiago-Loza

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Un corazón normal. Una obra para arrancar prejuicios desde la raíz

por Zavel Castro 17 mayo, 2015

Un corazón normalEn un mundo donde todo tipo de información está al alcance de la mano sigue habiendo un enorme porcentaje de ignorancia, y es que, como dicen “lo urgente no deja tiempo para lo importante” y, con mayor frecuencia, se busca saber más sobre las frívolas temáticas que se ponen de moda y menos sobre los aspectos que realmente deberían preocupar a la sociedad actual. Uno de estos aspectos refiere a las enfermedades de transmisión sexual de las cuales la mayoría de la gente ha oído e incluso puede enunciar algunos nombres, pero que en el fondo desconoce por creer que no corre peligro. Todavía hoy se piensa que el contagio solo ocurre a unos cuantos, a los que “se portan mal”, a los que desarrollan parafílias vergonzosas, a los que desafían las leyes de dios y de los hombres, los “anormales”, los “otros”.

Esos “otros” han sido siempre excluidos, obligados a vivir en secreto por no ser y no actuar como la gente normal. Todo esto, por supuesto, es absolutamente un disparate, pero los más han tomado como cierta la necesidad de exclusión de los grupos que consideran dañinos para la sociedad. Los métodos de discriminación soportados en prejuicios transmitidos de generación a generación estigmatizan a las personas cuestionando su condición de seres humanos, se les mira y trata como extraños, como monstruos, como enfermos y demonios. Ningún grupo ha resentido tanto como los homosexuales el señalamiento de ignominia[1], más aún una vez que en la década de los ochenta en los Estados Unidos se desató una ola de pánico social que vinculaba a este grupo con una misteriosa enfermedad incurable que parecía propagarse como pandemia. Estamos hablando del virus del VIH y de la enfermedad del SIDA.

“Un corazón normal”, escrita por Larry Kramer y dirigida para la versión mexicana por Ricardo Ramírez Carnero es un montaje imprescindible para la escena actual porque refleja con exactitud -o cuando menos coincide con muchísimas fuentes que explican la situación de la sociedad homosexual en Norteamérica[2]– la realidad sufrida por las primeras víctimas del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) durante la etapa más cruel de su desarrollo, esto es la aparición de los primeros brotes y la muerte masiva y aparentemente repentina de los primeros enfermos.

Consideramos afortunada y enfáticamente pertinente el montaje en el que participan Hernán Mendoza, Pilar Boliver (de quien celebramos la escena del monólogo,  arte y estilo que domina -cuando supuestamente se enfrenta al médico examinador-), Juan Ríos, Axel Ricco, Pedro Mira, Aldo Gallardo, Carlo Guerra y Juan Ugarte. Así como Horacio Villalobos y Miguel Conde quienes han merecido mención aparte por su ángel y dominio escénico, por la química que consiguen con el espectador y porque su participación retiene la atención y marca el ritmo de la obra que, de no ser por ellos, por el estilo de la dramaturgia formulada evidentemente bajo la fórmula norteamericana (que no suene esto a reproche sino a explicación), correría el peligro de volverse aleccionadora y a momentos forzada en cuanto a ilación narrativa[3].

La importancia principal del montaje estriba pues, en el tratamiento del SIDA, su evolución cronológica en los Estados Unidos, los prejuicios que la han acompañado desde entonces y su lenta incorporación a la agenda política que no prestó atención a las demandas de la comunidad homosexual que exigía mayores fondos para la investigación de la enfermedad, sino hasta que se comprobó que los síntomas y contagio  no eran exclusivos de los gays (únicamente los hombres). Además, reconocemos el esfuerzo por recordar a las primeras víctimas, cuyos nombres aparecen en las pantallas que sirven para proyectar la escenografía durante los momentos más conmovedores. Por tanto la obra es también un memorial bellísimo.

“Un corazón normal” enciende una alarma de protección civil a la sociedad actual que, como hemos dicho en el preámbulo, desconoce a profundidad cómo se transmite y cómo se previene. El SIDA es un asunto importante. Tan paradigmática para la sociedad norteamericana de la década de los ochenta como para la sociedad machista latinoamericana, el tema protagónico de “Un corazón normal”, se vuelve un tema del que es necesario hablar a los gritos. Es necesario arrancar los prejuicios dentro y fuera de la comunidad homosexual. Más allá de los recursos escénicos, es el tema, insistimos, el que vuelve fundamental que vayas a ver este montaje.

“Un corazón normal” se presenta en el Teatro Aldama (Rosas Moreno #71, San Rafael, Cuauhtémoc, D.F)  los viernes, sábados y domingos

Boletos en taquilla y en ticketmaster.com.mx

Notas

[1] El tiempo ha logrado aminorar en su mayoría –en el mundo occidental- los señalamientos prejuiciosos hacia otros grupos otrora igualmente maltratados como las prostitutas, los judíos, los musulmanes, los afroamericanos, los enfermos mentales, los pornógrafos, etcétera. Sin embargo parece que el desprecio hacia la homosexualidad ha sido sembrada de raíz y arrancarla constituye una labor titánica que loamos y apoyamos.

[2] Una de nuestras fuentes favoritas sobre el tema que siempre vale la pena recomendar es el trabajo de Gore Vidal, recogido por ejemplo (recurrente muchas veces en nuestras reflexiones) en sus entrevistas y ensayos compilados en Sexualmente hablando, Trad. Aurora Echevarría, Barcelona, Mondadori: 2001. 280pp.

[3] Larry Kramer mismo explica en su “guión” –ojo, que no dramaturgia explícita. De ahí que sea tan sencilla su conversión de lenguaje teatral a cinematográfico- obedece a las reglas del western; estilísticamente pues, se acerca más a los formatos teledirigidos que al convivio corporal, ritual del teatro en su forma clásica.

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Paraná Porá. Metáfora apocalíptica sobre la redención y el perdón

por Ricardo Ruiz Lezama 10 mayo, 2015

paraná

Una nueva glaciación ha caído sobre la tierra. Dos mujeres en un pequeño barco van rumbo a Córdoba, buscando su salvación. En breves líneas esto resume la trama de Paraná Porá, obra escrita y dirigida por Maruja Bustamante, con las actuaciones de Monina Bonelli e Iride Mockert y la música en vivo de Sonia Álvarez.

Esta circunstancia apocalíptica provoca que dos mujeres, “La gringa” y “La polaca”, coincidan y descubran cada vez más la una de la otra y de sí mismas, revisando el daño que, sin saberlo, se han hecho mutuamente.

La obra avanza en dos planos: el literal y el metafórico. En el literal podemos ver a estas mujeres con sus miedos y dolores, extrañando un mundo que ya nunca va a ser el mismo y enfrentándose por un pasado en común que las atormenta; en el plano metafórico vemos el trayecto de dos seres frágiles hacia la redención y  el perdón.

¿Las heridas emocionales cicatrizan? ¿Seríamos capaces de perdonar a alguien que nos arruinó la vida? Tal vez sólo en las circunstancias extremas las personas seamos capaces de hermanarnos, muestra el montaje.

El texto de Maruja Bustamante es ágil y divertido, además de conmovedor. El planteamiento fantástico de la obra, que recuerda a la ciencia ficción, es asumido rápidamente por los espectadores gracias a la dirección acertada de Maruja. De este modo somos transportados inmediatamente al planteamiento extraordinario de este universo apocalíptico donde ya nada es como lo conocemos.

Las actuaciones de Monelli y Mockert destacan por su entrega total,  asombrando por los diversos estados emocionales que atraviesan durante la obra, que van desde la ternura más dulce, pasando por momentos de mucho juego, hasta construir instantes de impactante dramatismo.

Todos los sonidos que aparecen en la obra son creados  en vivo por la virtuosa arpista, Sonia Álvarez, que además se encarga de hacer la música, generando atmosferas entrañables.

Paraná Porá es una obra que consolida armoniosamente todos los elementos que posee para brindarnos un suceso divertido y poético, digno de recordar y recomendar.

Para informes sobre funciones y reservas: http://elextranjeroteatro.com/plays/view/34/name:PARANA-PORA-de-Maruja-Bustamante

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Biolenta. Una radiografía poética y cruda sobre la violencia de género

por Ricardo Ruiz Lezama 6 mayo, 2015

biolenta

La obra Biolenta es una radiografía poética y cruda sobre la violencia de género. Es un monólogo escrito por Carolina Vergara Olivetti, dirigido por Mariano Stolkiner, con la actuación de María Milessi y la música en vivo de Diego Valente.

Esta puesta en escena se presenta en La casona iluminada, dentro de la IV Edición del Festival Teatro Bombón; el cual consiste en presentar varias obras de calidad con duración de treinta minutos y en espacios no convencionales.

No habíamos tenido el placer de asistir a este ciclo y nos cuestionábamos qué tanta calidad podría tener una obra de tan corta duración. Pero descubrimos gustosamente que el tiempo nada tiene que ver con la gran calidad de las propuestas que están ocurriendo en este ciclo y específicamente de la que hablaremos hoy.

El espacio intervenido por el equipo creativo de Biolenta es una pequeña habitación. Esta resulta ideal porque desde que ingresamos genera una extraña opresión y nos hace sentir que invadimos la privacidad de la protagonista. De esta forma el espacio deviene en metáfora de su vida interna, de la cual ya somos cómplices aún sin haber puesto ella un pie sobre la escena.

El espectáculo inicia con un músico, Diego Valente, sentado en una silla y vestido de manera extravagante. ¿Quién o qué es? ¿Un sueño, un fantasma, una alegoría? Sea lo que sea esta presencia inquietante estará durante toda la función, a veces casi imperceptible y otras, perturbadora.

La actuación potente de María Milessi conmueve por mostrar descarnadamente su universo íntimo. La contundencia de sus evocaciones permite ver nítidamente todo lo que construye en su imaginación, tanto que a veces quisiéramos no ver, pero no basta cerrar los ojos porque su voz penetra hondamente en nosotros y vivimos la situación tan intensamente como ella. No hay salida, ese pequeño espacio se ha vuelto una prisión emocional, el laberinto de dolor que viven todas las mujeres maltratadas por el hombre que alguna vez amaron o que trágicamente nunca dejarán de amar.

La dirección de Mariano Stolkiner es de una sutileza exquisita, es como un fantasma, como si la obra viviera por sí sola y nadie hubiera intervenido su creación. Este rasgo, que ya habíamos podido contemplar en otro montaje suyo- Iván y los perros– nos admira pues da como resultado un trabajo actoral de alta exigencia y riesgo.

La dramaturgia de Carolina Vergara Olivetti muestra todos los recovecos espirituales de una mujer que vive una situación de violencia de pareja. El texto es el oxímoron preciso de los dos polos de este tipo de relaciones destructivas: el amor y el odio. De esta forma los espectadores podemos ver la complejidad de los mecanismos que viven estas mujeres, dejando a un lado cualquier tipo de prejuicio y generando empatía. Adentro de cada ser humano existen los miedos que podrían conducirnos a vivir una relación devastadora.

Biolenta es, en definitiva, una experiencia teatral completa y estremecedora que sucede en tan solo treinta minutos.

Si tienes poco tiempo o simplemente te apetece vivir otra posibilidad del teatro, acércate a este ciclo y no te pierdas Biolenta.

Para informes sobre funciones de Biolenta, visita: http://www.alternativateatral.com/obra34716-biolenta

Para informes sobre la IV Edición del Festival Teatro Bombón, visita: http://www.alternativateatral.com/evento1555-teatro-bombon-festival-permanente-de-obras-cortas-iv-edicion

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El centésimo mono. El misterio de la magia, la vida y la muerte

por Ricardo Ruiz Lezama 5 mayo, 2015

El centésimo

El centésimo mono es una obra que conjuga teatro y magia para transportarnos al mundo de la poesía, las imágenes y las metáforas por excelencia: el inconsciente.

Pero no somos introducidos a la mente en el sentido lírico que podría pensarse en un primer momento, sino que somos convidados a una visión que rosa los límites de la pesadilla, inquietante por momentos, oscura, pero también enigmáticamente divertida.

La obra muestra la mente de un mago, pero a la vez la de otros dos (¿Distintos?). Hay una teoría: si se logra que cien monos tengan una conducta similar entonces otros monos en otra parte del mundo la aprenderán. Con esta hipótesis vemos como tres magos, que no se conocen y nunca conviven entre sí, viven un momento idéntico y determinante en sus vidas.

El espacio en donde ocurre la ficción es justamente dentro del cerebro compartido por los tres magos. Los actores parecen partículas de gas moviéndose caóticamente, viviendo su propia historia, pero por momentos coinciden en una especie de sinapsis en donde nos permiten fantasear con una teoría particular de la sincronía y del otro como espejo. ¿Qué vivencias habremos tenido idénticamente iguales con otro ser al que quizá nunca conoceremos? ¿Existe el otro? Cuestionan las imágenes del montaje.

El texto puede parecer confuso por momentos. Es como una evocación del pensamiento, pues en la mente las ideas pocas veces son organizadas. Pero con la construcción de metáforas visuales la obra dice y significa como en un sueño del que cada quien debe extraer sentido. Es una puesta en escena que permite tantas lecturas como espectadores. O ninguna lectura y sólo incógnitas sin respuesta posible, pero dicientes-al más puro estilo kafkiano-.

Los elementos de magia son utilizados con tal virtuosismo que contemplamos un espectáculo de magia, pero la pericia de Osqui Guzmán como director y autor permite que la magia trascienda y adquiera un sentido poético. La magia se vuelve teatro y viceversa.

Las actuaciones no son naturales, pero tampoco son grotescas. Los actores consiguen un lenguaje interpretativo muy particular, un tanto surrealista, logrando encarnar lo onírico.

El centésimo mono  juega, cuestiona, indaga, divierte y angustia. Estamos sin duda ante una fantasía amenazante que tiene algo para decirnos. Pero el mensaje es un misterio como la magia, la vida y la muerte-temas fundamentales en la obra-.

Termina la función y sabemos que entendimos algo de esa maraña de imágenes convulsas, pero no alcanzamos a nombrarlo. Sin duda una obra nada complaciente y arriesgada, de esas que se antojan para ir a desentrañar a un café o con un buen vino al final de la función.

Para más informes o para comprar/reservar entradas para El centésimo mono pues visitar: http://www.alternativateatral.com/obra19804-el-centesimo-mono

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El amor solo se alcanza en la reciprocidad. Reseña de la obra “Ilusiones” dirigida por Mauricio García Lozano

por Zavel Castro 20 abril, 2015

ilusiones

“Quiero contarles la historia de un matrimonio. Ellos estuvieron siempre juntos, todo el tiempo…”  Con estas palabras Adriana Roel da inicio a “Ilusiones” la obra de Iván Viripaiev traducida por Stefanie Weiss y Mauricio García Lozano quien además se encarga de la dirección del montaje de la Compañía Nacional de Teatro que se presenta en el Teatro Julio Prieto (Av. Xola No. 809, Benito Juárez, Colonia del Valle) hasta el 10 de mayo.

Esta obra es imperdible por varias razones, en primer lugar por las maravillosas actuaciones de Ana Ofelia Murguía, Farnesio de Bernal, Ricardo Blume y Angélica Roel.[1] Los primeros actores dan vida a los integrantes de dos matrimonios cimentados en el amor, un sentimiento que además de haberlos unido les ha permitido permanecer juntos a lo largo del tiempo.

El tema central de obra constituye precisamente otra de las razones por las que debemos asistir a alguna de las funciones. Tomando en cuenta que el amor es evanescente y efímero en los tiempos que vivimos, que poco queda ya de los compromisos eternos de los matrimonios antiguos, y que ninguna promesa resulta hoy inquebrantable, sea honrar y respetar a la pareja, serle fiel o estar juntos hasta que la muerte los separe, esta obra resulta necesaria para volver a creer en los amores eternos, para darnos cuenta de que el amor es el sentimiento que nos permite trascender, que al afectarnos una vez y para siempre nos transforma en mejores personas. Esta obra habla del primer amor que es en realidad el único que permanece a pesar de su aparente inconstancia, a pesar de que algunas veces la ardorosa llama de la pasión que nos consume en juventud se vuelve fuego lento, calor de  hogar. Así es igualmente bello, así nos reconforta en el seno familiar.

El sencillo montaje es un acierto poético, pues sin necesidad más que de la música en vivo de un violonchelo a cargo de Natalia Pérez, cuatro sillas giratorias, y todo el talento del mundo a cuestas, “Ilusiones” nos recuerda que el verdadero amor es un milagro, pero también es responsabilidad y gratitud, que se construye día con día, que se trabaja. Que la rutina no existe porque la compañía del ser amado transforma la realidad en un todo extraordinario, porque las historias compartidas valen más que cualquier aventura pasajera y resuelven cualquier conflicto. El amor es la mínima constancia necesaria en este universo cambiante.

Para más información sobre las funciones de «Ilusiones» puedes visitar: http://www.cnteatro.bellasartes.gob.mx/

Notas.

[1] Adriana Roel alterna el personaje de “la primera mujer”, “Sandra” con Martha Aura. Hemos decidió reservar nuestra opinión al respecto de la segunda simplemente porque en las ocasiones que hemos asistido a la función de este montaje, no se nos ha presentado la oportunidad de verla en el escenario.

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