Aplaudir de Pie
  • Críticas
  • Reflexiones
  • Reseñas
  • Quiénes somos
Aplaudir de Pie
  • Críticas
  • Reflexiones
  • Reseñas
  • Quiénes somos
Category:

Críticas

Críticas

Fin de semana en Madrid. “Tierra del Fuego” y “Animales nocturnos”

por Zavel Castro 4 junio, 2016

Hace algunos días he ido a Madrid con el propósito de ver dos propuestas que, para cualquier fanático del teatro, justifican cuantas horas de viaje hayan sido necesarias. Se trata de “Tierra del Fuego” de Mario Diament y “Animales Nocturnos” de Juan Mayorga. La primera dirigida por Claudio Tolcachir –móvil principal para que hayamos decidido asistir a la función- , se presentó en la sala Max Aub en el Teatro Matadero, mientras que la segunda, dirigida por Carlos Tuñón, tuvo lugar en la sala Fernán Gómez del Centro Cultural la Villa. Ambos montajes cuestionan las posibilidades de confrontación con “el otro” en ambos casos representado por “el extranjero”, ese sujeto que ha dejado de pertenecer a su lugar de origen sin lograr tampoco ser enteramente parte de un nuevo sitio, esos seres nostálgicos que sueñan, extrañan, suspiran y llevan consigo la promesa de un futuro mejor posible en algún lugar lejano que, sin embargo, nunca llamarán “hogar”.

“El extranjero” es un hombre intermedio entre el pasado y el futuro, esta titubeante posición le obliga a simultáneamente a abrazar y adaptar al nuevo entorno lo culturalmente aprendido en su entorno familiar. Es importante entender que no se trata solo de usos y costumbres, sino de gestos fundamentales que trascienden y significan el estar en el mundo del individuo, modos que condicionan su forma de ser, elementos que conforman su identidad. Así pues, comprendemos que no se trata de accesorios de los que pueda prescindirse a voluntad con el paso del tiempo, porque hasta el momento de partida parecían tan naturales, tan propios, incluso tan invisibles, en tanto que nunca antes se había tenido que reparar en ellos que jamás alcanzamos a explicarnos cuando pueden llegar a estorbar.

Nuestra identidad puede causarnos problemas siempre y cuando se enfrente a la cerrazón de pensamiento que caracteriza a la intolerancia, aún más, cuando la inflexibilidad de posturas se sostiene de bases legales que no son necesariamente justas y que incluso parecen apoyar al racismo y la exclusión.

Cuando la ley apoya a la intolerancia surgen políticas que hacen comprender al extranjero como delincuente, fomentando que la sociedad los relegue y castigue. Algunas veces el extranjero comete alguna acción que en efecto, violenta de manera consciente contra la sociedad, como ocurre con el terrorismo[1]. Esta situación es representada en “Tierra del Fuego”, cuya trama se desenvuelve a partir del encuentro entre un terrorista con su víctima, un hombre que en su juventud, siguiendo sus convicciones radicales políticas y religiosas, cometió un asesinato masivo en el que pereció la mejor amiga de la mujer que ahora lo visita en la cárcel, intentando comprender los motivos del hombre detrás del criminal sin que ello signifique necesariamente perdonarlo.

Tierra del fuego

El encuentro promete una tensión prolongada, sin embargo, la potencia de la confrontación se diluye gracias a la aparición de otros personajes (el marido y los padres de la mujer, el abogado del árabe terrorista) que complementan la historia individual de la mujer y bastante poco el acontecimiento que detona el drama (el encuentro después de muchos años de víctima y victimario). Las historias alternas alargan la obra y pueden resultar prescindibles para el espectador.

Como ya hemos dicho, el asesino respondía a un movimiento terrorista en defensa de los presupuestos del Islam, que reclamaba la tierra donde sucedió el atentado como suya, en defensa de los intereses del pueblo judío. La historia de la dominación de una civilización a otra es un tema que parece no agotarse en tanto que siempre encuentra formas de actualización, de ahí que su tratamiento resulte necesario y urgente.

“Tierra de fuego” propone la tolerancia y la inclusión, la empatía y acercamiento de los seres humanos independiente a su cultura, estrato, religión, etcétera, es un discurso de paz e igualdad que invita al reconocimiento del otro como un hermano, saber quién es el otro, tratar de entenderlo, ponernos en su lugar. Esto queda claro solo en el vínculo del terrorista árabe y la mujer judía, no así con el resto de las personas que rodean la vida de la mujer, como si solo importase la amistad de los contrarios, mientras la separación y extrañamiento entre iguales es permitida.

A pesar de la sensación de intimidad entre los personajes que siempre consigue Tolcachir, especialmente con la limitación de los diálogos a dos participantes a la vez (nunca hablan más de dos, cara a cara), hay algo que aleja este montaje del teatro vivo, acaso la notoria posición del lado de los judíos de autor y director, quienes señalan al árabe como el otro mediante la cuidada elección de actores, el énfasis en su tipo y acentos, mientras que los judíos no presentan ningún rasgo característico, representan los españoles promedio. Esta es para nosotros una toma de postura. El riesgo de esta interpretación es entonces el tratamiento que se le da al “extranjero”, el otro, al que miramos como alguien distinto, con quien guardamos nuestra distancia, aquel que debe agradecer nuestro acercamiento y acaso lástima. Como esa gente poderosa que se toma fotos con los damnificados para presumir su filantropía. Esa es la sensación que nos causa.

Enarbolar la bandera de la igualdad con el fin de sentirnos humanamente superiores. Acaso la frialdad escénica pueda deberse al tipo de actuación empleada, alejada de toda pasión verdadera. No es que esta obra no sea por esto sumamente valiosa, sino que simplemente no ha sido para nosotros un acontecimiento como la mayoría de las obras dirigidas por Tolcachir (nos referimos por supuesto  sus obras creadas para el circuito off).

La obra de Diament es una obra comercial con pretensiones artísticas, esto justifica el poco suspenso, silencio y vacío. Los textos teatrales de esta naturaleza (comercial) generalmente dicen todo, así el espectador puede adoptar una actitud totalmente pasiva. Deja poco sitio a la imaginación poética en su intento de resultar más contundente. Lo único que no alcanzamos a comprender del todo es la decisión final de la protagonista, aquello que la inspira  a prestar ayuda al atacante de su mejor amiga, su decisión a disminuir de alguna forma su condena y no sabemos si ha sido solamente un arrojo de compasión o si realmente se ha convencido de la transformación del penitente en un hombre de paz.

Al contrario de “Tierra de Fuego”,“Animales nocturnos” está plagado de momentos misteriosos[2], hay mucho más de lo que no se dice que dota al montaje de un espesor fascinante. Resulta más complejo en tanto que los personajes muestran lo peor de sí mismos y este rasgo es al mismo tiempo, su mayor virtud. Un rasgo de carácter que les ha permitido seguir la vida que llevan, sobrevivir.


imageAl igual que la obra de Diament, el extranjero es alguien cercano al crimen, aún cuando, en la obra de Mayorga,  solo se trate de no pedir permiso para habitar un espacio por el que se pretende trabajar con honradez.  Es un crimen en tanto que infringe las políticas de inmigración que no permiten a un no nacido en España (en este caso) radicar definitivamente en el país sin un empleo fijo, con todos los trámites que esto supone. En “Animales nocturnos” se trata el tema de la extranjería retratando el problema de la inmigración y del abuso descarnado y absurdo de poder.

El montaje de Carlos Tuñón presenta la historia de un hombre que descubre que su vecino habita el país de forma ilegal y decide aprovecharse de la situación en beneficio propio a base de chantaje y mermando con sus exigencias la dignidad del otro, que obedecerá solo, para poder seguir ahí donde ha decidido depositar sus esperanzas. Cada uno estos hombres representa un polo de la animalidad del hombre, está el salvaje y el apacible, el depredador y la presa. Todo depende de quién tenga la posición de ventaja, en este caso aquel que ha nacido en el país es más poderoso que el habitante ilegal, aun cuando ambos trabajen y que el segundo tenga valores más humanos.

“Animales nocturnos” se configura a partir de una metáfora profundamente bella, entender al mundo desde la realidad de los animales en cautiverio y es que no somos otra cosa que salvajes que han aprendido a disfrazarse para dominar al mundo aún cuando esto suponga esclavizarse a él. Nos deleitamos con nuestra libertad ficticia y padecemos pasivamente cuando alguien amenaza nuestra felicidad. Simplemente porque es más cómodo. Sobre la discriminación, la sutileza de la pluma de Mayorga, consigue que el espectador comprenda que todos somos refugiados de algún lugar y que las leyes de exclusión han sido llevadas al absurdo.

Se trata de un teatro compasivo, humano, fundado en la misma esencia de las relaciones humanas, el encuentro del uno con el otro, la reacción ante la diferencia. La metáfora se materializa en una escenografía perfecta, un cubo de madera que simula las cajas cerradas por la noche de los zoológicos, donde a veces se transportan a las bestias. Todos somos peligrosos. Aún en cautiverio. La caja diseñada por Alfonso Pizarro, se despliega para mostrar  los apartamentos de los protagonistas y se cierra cuando la escena ocurre en cualquier exterior, un café, una oficina, un asilo, el zoo. La escenografía logra la creación de un universo cerrado. Ideal para la trama.

Tampoco podemos evitar destacar de esta puesta en escena el tipo de actuaciones que emplea para la representación. La energía, concentración y despliegue emocional de Jesús Torres y Pablo Gómez Pando protagonistas, llegan a lo más profundo del espectador porque parece que todo lo que sucede en escena los afecta hasta la entraña. Esa conexión, esa verdad se contagia. El público no puede más que reaccionar a todo lo que pasa en escena y conmoverse  con cada uno de los caracteres humanizados, el vecino siniestro que muestra sin embargo una faceta enternecedora, y un hombre cuya sensibilidad extrema lo acerca a la debilidad hasta derrotarlo. Ante nosotros tenemos la historia de un fracaso doloroso en la búsqueda de un sueño. Es entonces que notamos la nostalgia que todos llevamos a cuestas, el arraigo duele tanto como el andar sin rumbo. Los espectadores sienten que conocen a los personajes aún cuando apenas tienen pequeños detalles de su historia personal. He ahí la maestría de Mayorga.

Es verdad que el ejercicio de comparación de ambas puestas revela nuestras preferencias, no podemos ni queremos evitarlo. Lo importante para concluir el ejercicio es enfatizar la relevancia de los montajes en una época en que “la diferencia” es una bomba de tiempo a punto de estallar. En un mundo como en el que vivimos donde la intolerancia ha alcanzado cimas peligrosas es necesario detenernos y ver en “el otro” lo más bello de nosotros mismos. Luchar contra la vanidad, la superioridad y el desprecio en aras de un mundo incluyente, dialéctico, armónico a pesar del desequilibrio. En este sentido nos atrevemos a asegurar que ningún lugar consigue un victoria más poética que el teatro.

[1] Siguiendo la definición de  la Real Academia Española, entendemos este término como la Dominación por el terror, sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por locomún de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.

[2] Estamos concientes de que, como dice Jorge Dubatti, no “deberíamos” juzgar dos obras con los mismos parámetros, en tanto que los cánones son obsoletos. Nos encontramos en una época de multiplicidad del canon.  Por tanto, comprendemos que cada obra debe requiere su propia forma de análisis, plantea una forma única de comprensión. Aún con esto nos regodeamos en el ejercicio intelectual de la comparación que ayuda a dilucidar mejor los componentes específicos de dos o varios fenómenos estéticos distintos.


zavel-firma

Críticas

«La palmera, cuentos y mentiras para todos» Tres razones por las que no querrás perdértela

por Zavel Castro 23 abril, 2016

El dispositivo escénico. La producción de la que la compañía franco-mexicana “Teatro entre 2” se sirve para llevar hasta el público nos parece la mejor elección para actualizar la milenaria tradición cuentista, la trasmisión de una historia de una generación a otra. Mediante un ingenioso sistema, la compañía acerca el teatro a las novísimas generaciones acostumbradas a los dispositivos audiovisuales; los niños de hoy se constituyen como un público especializado en herramientas tecnológicas (computadoras, tabletas, teléfonos inteligentes) que no comprometen su atención al cien por ciento, por lo que cualquier otro medio debe hacer uso de mecanismos eficaces para incentivar la participación activa del niño en la puesta en escena y la retención necesaria para que comprenda el espectáculo, justo como pasa con esta puesta en escena.

La justa combinación de música en vivo, con proyecciones en pantalla, apoyados en ilustraciones hechas al momento (“pintura en vivo”)  por el talentoso artista Olivier Dautais, hacen de esta obra para niños, un montaje digno de verse, en primer lugar por su composición estética. Si se nos permite llegar a este grado de subjetividad, diremos que “La Palmera, cuentos y mentiras para todos” es simplemente bellísima y totalmente moderna.

15372647282_957e614921

Las historias. Gracias a la dramaturgia “al alimón” de Arnaud Charpentier y Olivier Dautais, quienes se han inspirado en la estructura de la yuxtaposición narrativa de “Las mil y una noches” (una historia contiene otra, sucesivamente, de tal suerte que la trama está infinitamente entrecruzada y correspondiente a una trama mayor que guía el relato principal), los espectadores podemos disfrutar de la tradición cuentista que, insistimos nunca pasará de moda.

Bajo esta estructura, podemos disfrutar tres relatos breves protagonizados respectivamente por una cabra con ansias de libertad, un hombre que juzga la vida de los otros sin comprenderla realmente, y un cuentista adormilado que confunde al público con cuentos sin pies ni cabeza para provocar su risa. Sin duda, todos los protagonistas de los cuentos terminan siendo para el espectador personajes entrañables.

15349936046_2a10fbcfff

El mensaje. “Cuando te encuentres frente un demonio atormentado, no olvides que una buena historia puede salvarte la vida”. El rescate de los cuentos de esta compañía revela su valor mediante el desarrollo mismo de la trama, y es que nos recuerda que una historia no es contada únicamente para despertar la curiosidad de los oyentes (y en nuestro caso, espectadores), ni para romper el letargo con que suelen acompañarse los domingos, sino para aprender lecciones a partir de la comprensión de nuestro corazón, que sólo se logra a través de la historia indicada.

Sin lugar a dudas, “Teatro entre 2” comprende del todo las nuevas necesidades del público infantil, cuestión que nos alegra en tanto se trata de espectadores que en sí mismos representan retos continuos, que solamente el teatrista comprometido, como lo son quienes participan de esta compañía, sabrán solucionar con el único fin de preservar el teatro, un ritual flexible con infinitas capacidades de adaptación.

zavel-firma

 

Críticas

Exceso de equipaje ¿Dónde guarda uno la primera mirada de amor?

por Zavel Castro 21 abril, 2016

La ópera prima en materia de dirección de Pilar Cerecedo merece nuestras mejores atenciones, no sólo por la dificultad del salto que implica cambiar de posición (de ser quien ejecuta la acción a ser quien la dirige), sino por lo airosa que ha salido de esta complicada transición de rol. Cerecedo ha conseguido ofrecer una obra dinámica, familiar, fresca y recomendable para todo público.

Evidentemente el contar con actores de la talla de Romina Coccio (de quien siempre alabaremos su natural disposición a la comedia) Miguel Conde ha facilitado la tarea; el equipo en conjunto[1] ha conseguido crear varios personajes perfectamente dibujados, con caracteres propios, hechos a la medida de cada uno de ellos y en funcionamiento a cada situación.

La coherencia de la obra se consigue no solo por el buen seguimiento de la narración que en ningún punto resulta confusa, sino también gracias al visible trabajo que hubo bajo el escenario en el que los actores y la directora establecieron los rasgos, voces y actitudes específicas que tendrían Coccio y Conde en cada momento. En este punto es necesario aclarar que si bien la obra se desarrolla únicamente con dos actores en escena, cada uno interpreta una variedad de personajes femeninos y masculinos según sea el caso, que responden de manera exclusiva a cada una de las escenas (15 microdramas, quince situaciones de quince parejas distintas) por medio de las cuales se desarrolla sutilmente, entre líneas un discurso sobre el amor y la supervivencia de las relaciones de pareja.

En la obra escrita por Alberto Castillo, “la maleta” que aparece en escena casi como un personaje más, se resignifica dependiendo de la situación cobrando así un significado esencial y convirtiéndose en pieza central del montaje. ¿Qué puede llevarse uno en la maleta? ¿La primera mirada de amor? ¿El recuerdo de una tarde maravillosa? Este elemento protagoniza los momentos esenciales de toda relación amorosa: cuando dos extraños se conocen por coincidencia y deciden enamorarse uno del otro, cuando una pareja sale por primera vez junta de viaje, cuando las cosas funcionan, cuando la relación avanza y comienza a soportarse por comodidad y en el penoso momento del desencuentro, una vez que las cosas terminan, cuando nos resulta difícil intentar creer en alguien más, incluso en el amor mismo, cuando pedimos otra oportunidad y se nos rechaza, etcétera.

Como hemos dicho, tras el juego con los elementos (la maleta y el vestido de Coccio que se transforma en blusa, pashmina y lo que se quiera) se encuentra un discurso esperanzador que toma la vida como un camino infinito en el que no se puede hacer más que avanzar, siempre un paso más adelante, siempre más allá. La maleta sirve para guardar cosas, para llevar aquellos objetos que nos serán útiles en nuestro caminar. “En la maleta se guarda la mejor versión de uno mismo”, se toma lo más favorecedor y se deja lo que no corresponde al ideal que nos hemos hecho de quienes queremos ser y parecer. En una maleta se depositan los secretos, pero sobre todo siempre es necesario vaciarla antes de volver a empezar (de ahí que la elección de la valija resulte tan importante para la vida de cualquiera). Todo fracaso es un aprendizaje. La vida sigue y con ella nuestro equipaje, especialmente la carga emocional. El mensaje de la obra es pues, que al igual que Cerecedo con esta primera puesta –a la que esperamos le continúen bastantes- saldremos triunfantes.

 

zavel-firma

 

Notas

[1] Cerecedo comentó con nosotros la dicha que significa contar con actores participativos en la creación escénica, que no sólo acaten sino que también propongan.

Críticas

El secreto del clown. El enternecedor y adorable «Augusto»

por Zavel Castro 15 abril, 2016

Continue Reading
Críticas

«Tenis» Una comedia esencial para nuestra querida Zona Rosa.

por Zavel Castro 14 abril, 2016

Una noche de diversión en la Zona Rosa definitivamente debería comenzar con Tenis la comedia escrita y dirigida por Diego Beares. La complicidad que esta obra consigue con su público es envidiable y digna de reconocimiento, todo ha sido pensado y resuelto para complacer a los jóvenes asiduos a este emblemático circuito de la Ciudad de México.

Desde que llegas al teatro ubicado dentro del hotel NH, te sientes bienvenido a una fiesta que promete hacerte pasar un buen rato. Un respiro a final de semana que ayude a sobrevivir lo que falta, que haga olvidar los asuntos que te estresan, una historia ligera que te invite a participar sin obligarte a comprometerte profundamente con ella.

​Esta obra predispone el ánimo al disfrute, verdaderamente te relaja. Mientras esperes que dé inicio la función, el ambiente ya se ha generado: baladas de Paulina Rubio y Belinda acompañan las primera y segunda llamada: el público sonríe, imbuido de referentes de la cultura pop a la que pertenece. El espectáculo comienza sin mayor propósito que el de brindar un entretenimiento de calidad sin demasiada pretensión.

Tercera llamada. Da inicio la obra que no necesita de mayor producción que una escenografía sumamente sencilla, justo lo que se necesita para contar los episodios de la vida de un joven enamorado de su profesor de tenis, un joven que sufre cuando se entera que aquél está próximo a casarse con una mujer hermosa con la que sabe no puede competir. La rivalidad de amor es imaginaria, simplemente porque el profesor no es gay, sino un auténtico símbolo sexual para las madres de los estudiantes inscritos a las clases.  El alumno enamorado resulta particularmente empático ya que logra transmitir la montaña rusa que supone la fijación romántica a un imposible, el primer amor con el que todos hemos soñado para después fracasar. Podríamos decir que se trata del personaje con mayor profundidad de carácter, su construcción, podemos suponer, ha sido un reto importante, en tanto que maneja una amplia gama de matices emocionales: es tan ingenuo como valeroso, tan tímido como decididamente apasionado y tan simpático como enternecedor.

​Como un detalle interesante que dinamiza la escena, hace todo más ágil y procura la atención del espectador, esta historia no se cuenta de manera lineal, sino que se articula a partir de divertidos avances y retrocesos concatenados, en los que además se mezclan la realidad y la fantasía. La obra incluye la voz en off de Itatí Cantoral (que se ha convertido en ídolo de masas por sus papeles de villana en las telenovelas mexicanas) y monólogos de cada uno de los personajes, con el fin de que los conozcamos un poco mejor y comprendamos su punto de vista sobre la historia. En este punto, cabe destacar el acierto en la elección del elenco, pues nos ha parecido verdaderamente grato disfrutar de las simpatiquísimas actuaciones de Jerry Velázquez, Armando Andrade y Fernando Sansores, por referir a quienes verdaderamente se lucieron en la función que compartimos y a partir de la cual emitimos nuestra opinión.

​Aún cuando reconozcamos ventajas en la dirección de actores y algunas áreas de oportunidad en la dirección escénica, recomendamos esta puesta por ser, además de ágil y divertida, una obra de teatro auténtica, es decir que no pretende ser otra cosa que no es: un montaje para pasar un buen rato, una comedia con pleno conocimiento del público al que aspira alcanzar. Pero, sobre todo, se recomienda esta obra por el mensaje emitido desde la sinceridad: el apoyo al matrimonio homosexual, un sueño que para muchos se ha convertido afortunadamente en realidad.

zavel-firma

Críticas

La pasión según Tito. Carcajadas en el funeral de Jesucristo.

por Zavel Castro 24 marzo, 2016

A sus diecinueve años de presentaciones intermitentes, este espectáculo es una muestra de madurez escénica que se traduce en el dominio total del género de cabaret en México. Escrita, dirigida e interpretada por Tito Vasconcelos, acompañada por Luis Esteban Galicia, “La pasión según Tito” es una muestra precisa de teatro de primer nivel que sobretodo respeta la esencia original del rito: el entretenimiento –en su versión aleccionadora sin por ello ser catedrática o impositiva.

Pasión-Tito2
​

Tito Vasconcelos disfrazado de María Félix, a su vez caracterizada de María Magdalena, presenta la puesta ante los ojos entusiasmados de los espectadores, quienes de inmediato conectan con su simpatía. Y es que si algo podemos decir de la mayoría de los representantes de cabaret en nuestro país (como lo es La Nave de las Locas, la compañía del propio Tito) coinciden en ser poseedores de un carisma que resplandece sobre las tablas.

La puesta, dice María Félix/María Magdalena fue escrita con la intención de reinterpretar “Misterio Bufo” de Darío Fo Contextualiza un poco más sobre qué es “Misterio Bufo”. El resultado de la reinterpretación es una crítica “no a la religión, sino a su club de fans”, aquellos que malinterpretando las escrituras y han creado una doctrina sostenida en conceptos misóginos, de los cuales la sociedad ha hecho uso para maltratar y excluir principalmente a las mujeres y a los homosexuales.

El desarrollo temático de la obra (la exposición de los distintos discursos ¿cuáles?) acompaña a los personajes en su visita al funeral de Jesucristo, quienes pretextando la narración de sus últimos días (“La Pasión” ¿por qué con comillas? y crucifixión), reflexionan sobre la realidad nacional. La crítica a las consecuencias al fanatismo religioso se funde con un señalamiento constante a los defectos enraizados de los mexicanos, defectos que ninguno de nosotros negaríamos, de ahí que las carcajadas por parte del público son interminables: sólo podemos reírnos de lo que reconocemos.

Asentimos sonrientes a las palabras de la Virgen de Guadalupe (Luis Esteban Galicia), quien monologa acerca de la falta de respeto a la figura de la madre reconocible en nuestras altisonantes expresiones cotidianas, así como ante el discurso de una “típica señora de clase media-baja” (Vasconcelos), que guiada por la necesidad acepta todos los obsequios que le ofrecen los distintos partidos políticos por apoyar sus marchas y manifestaciones y que doliente cuenta pasajes bíblicos en los que supuestamente ella vio manifestarse la santidad de Jesús: milagros como la resurrección de Lázaro (Galicia) quien vuelve a la vida para defender los derechos de la comunidad homosexual (respeto, matrimonio y adopción); o la conversión del agua en vino en las boda de Caná, con lo que se niega el estigma a las bebidas alcohólicas.

Los discursos de los personajes reniegan de los prejuicios que la Iglesia Católica ha insertado en la mentalidad mexicana, lo cual le otorga a “La Pasión según Tito” una cualidad de frescura inagotable. La puesta, se renueva incesantemente dependiendo de los acontecimientos del país, lo cual justificó la mención en esta temporada (en el convivio que presenciamos) de los cuarenta y tres estudiantes desparecidos en Ayotzinapa, y el candor perceptible por las elecciones delegacionales.

En todo sentido este montaje tiene un perfecto timing, de tal suerte que aplaudimos la inserción de las temáticas actuales en el texto original escrito por Tito, tanto como las brillantes interacciones con el público, que, si bien va dispuesto a dejarse llevar por la ficción lúdica propia del cabaret, podría incomodarse por las interpelaciones directas de los personajes. Al contrario, pareciera que cada uno de los asistentes espera su turno para participar y que se siente contento cuando llega la hora. Ya sea contestando alguna pregunta: “¿Eres católico?”, ¿Por quién vas a votar?” “¿Qué quiere decir cuando gritan me tienes hasta la madre?”, o acompañando con palmas y voz las letras de las canciones de conocimiento popular que enlazan o concluyen los monólogos.

Sin mayores recursos que una tela de fondo en la cual se ha pintado una tumba fastuosa, los vestuarios de los personajes confeccionados en atención a la practicidad y verosimilitud más que al lucimiento estético, dos telas que representan el manto sagrado, la sábana de Jesús, así como un acompañamiento en vivo con música de piano; “La Pasión según Tito” es una increíble lección para la comunidad artística en cuanto a experiencia escénica y para nosotros los espectadores significa un momento de lozana alegría. Recomendable sobre todo y sin duda por su entretenimiento profundo basado en la comicidad representada de manera excepcional.

¡Larga vida al Youkali Cabaret!

Críticas

Cultus interruptus. Comedia impecable. Recomendación total.

por Zavel Castro 17 marzo, 2016

La risa es uno de los mejores aglutinantes sociales; casi nada como ella consigue la comunión entre los espectadores en una sala de teatro. A través de la risa las personas se unen, se sienten parte de una comunidad que los conoce y los abraza, porque se identifican con los mismos referentes, porque cuando alguien se ríe de lo mismo que uno, momentáneamente deja de ser un extraño. La risa es siempre grupal, incentiva la sensación de intimidad, la proximidad con el otro -sensación que se intensifica por cierto en los recintos pequeños (de no más de 150 espectadores)-; nos sentimos alegres en compañía, aspecto todavía más preciado en un mundo en el que el aislamiento, la soledad, el individualismo y el egoísmo, se han convertido en las principales características del hombre posmoderno. De ahí que nos complazca la mayoría de las veces asistir a una representación basada en la comicidad.

Hace algunos días, hemos tenido ocasión de asistir a Cultus Interruptus, espectáculo de la compañía “Ensamblerías”. La obra es dirigida por Roam León, escrita por él mismo junto a Mauricio Durán y protagonizada por Mauricio Durán, Vinicio Marquina y Leonardo Luna, quienes combinan la técnica del clown con piezas musicales de considerable exigencia en su dominio. Más que una exhibición de sus innegables talentos cómico-musicales, la puesta resulta ser un convivio excepcional por la capacidad de los integrantes de jugar con el público sin necesidad de ridiculizarlo, exponer sus “defectos” para hacerse chistosos, una estrategia demasiado burda y cada vez más frecuente en los espectáculos cuyo supuesto propósito es la risa.

 

IMG_9972

Mauricio, Vinicio y Leonardo conquistan al público mediante el desarrollo de sus habilidades y los constantes guiños que tienen hacia los espectadores, guiños que se comprenden como una atención especial hacia ellos y que incluso se agradecen. Incluso en unas escenas donde se requiere la presencia en el escenario de un espectador, se consigue que este se sienta cómodo y acceda a jugar con ellos en lo que se requiera. El espectador no opone resistencia, ya que ha sido invitado a participar como si se tratara de salir con un amigo; no hace falta insistir demasiado para que diga que sí, pues quiere unirse voluntariamente a las escenas que representan de manera constante la desobediencia hacia la autoridad (religiosa en principio, aunque va más allá de eso).

Foto: Darío Castro

Foto: Darío Castro

El espectador, atraído por el desorden, quiere jugar con sus nuevos amigos, quiere hacer reír a los demás junto con ellos, busca unirse al espíritu distraído que anima todas sus acciones, torpeza generadora de carcajadas. Simpatía natural de los protagonistas. Aunque el título evidencia la intención de la mofa sexual, la verdad es que nos encontramos pocas veces con este recurso vulgar. Ni groserías, ni sexo. Comedia limpia. Risa catártica.

 

 

FirmaZavel

 

 

Críticas

¿Por qué Genet? Remontar “Las Criadas”: teatro y pertinencia

por Zavel Castro 4 marzo, 2016

El teatro, como fenómeno misterioso se articula a partir de dos características temporales que a menudo suelen comprenderse como contradictorias. Me refiero a su carácter efímero, en tanto que cada función se desvanece sin dejar un registro material del acontecimiento y a su potencial de permanecer indefinidamente en la conciencia de quien asiste, de tal suerte que podríamos definirlo también como una “obra abierta”, es decir que no concluye cuando acaba la función, si no que se extiende indefinidamente en el tiempo.

Lo anterior nos permite defender la teoría de que cierto tipo de teatro no envejece, en tanto contiene desde su creación la flexibilidad necesaria para adaptarse a distintas épocas, a partir de la adecuación de los elementos necesarios para incidir en cada una de ellas, es decir, que puede actualizarse siempre y cuando la temática resulte pertinente y, mientras el tema sea relevante (importe y tenga la capacidad de afectar al público del momento), elementos tales como la escenografía, la dramaturgia, el vestuario, la técnica de actuación, el estilo de dirección, etc., deben modificarse para adaptarse al contexto del que se trate. Ninguna obra rechaza de suyo su modificación, no existe el teatro estático; se sabe que la inmovilidad mataría el propósito fundamental del rito teatral: el entretenimiento. No hay entretenimiento sin dinamismo.

Sirva la introducción para tratar con detenimiento la pertinencia de remontar “Las Criadas” de Jean Genet. Bajo la producción de Rubén Lara y dirección de Salvador Garcini, la obra maestra del dramaturgo francés expone un mundo paralelo que contiene, sintetiza y exhibe mediante la exageración en la injusticia de la relación entre la clase alta y la clase baja, extremos de la escala social, separadas por un abismo. La exposición de la inequidad en las relaciones surgida a partir del sistema económico predominante (el capitalismo), resulta siempre conveniente para fomentar la reflexión entre los espectadores. Si todos somos seres humanos ¿Cuál es el afán de dividirnos pretextando las posesiones materiales? ¿A quién conviene este sistema despreocupado por los vínculos afectivos, interesado solamente en quién tiene más y quiénes menos? El mensaje sigue siendo necesario en nuestros tiempos.

“Las Criadas” muestra a los poseedores de los bienes como villanos que disfrutan el maltrato a quienes ellos mismos conciben como inferiores. Las actitudes de “La Señora” para con sus empleadas y la desesperación que estas sienten por estar desprotegidas ante las humillaciones, al grado de verse orilladas a la rebelión, que en este universo significa el asesinato de la patrona como única vía de escape. Para evitar caer en la simplificación de los caracteres (el rico “malo” y el pobre “bueno”), Genet se sirve de las intenciones criminales de Clara y Soledad, las criadas, para hablar un poco sobre el instinto maligno que habita en todos nosotros.

IMG_9858

La complejidad de los personajes exige un profundo estudio por parte de los intérpretes, que, en este caso, merecen nuestra admiración y reconocimiento por conseguir esto y quizá algo todavía más difícil: el tránsito de la actuación televisiva y cinematográfica hacia la actuación teatral.

Alejandro Camacho interpretando a la Señora, Mauricio Islas, como Soledad y Alex Sirvent como Clara, en quien recaen por cierto los diálogos más contundentes que reflejan la crítica de la sociedad de Genet, demuestran tener lo necesario para desenvolverse en las tablas como si se tratara de su hábitat natural. Juzgando a partir de la naturalidad con la que se desenvuelven en escena podría inferirse un gusto auténtico por el convivio teatral, esa exhibición en vivo por arte de los actores dispuestos a reaccionar ante el estímulo de sus compañeros y de los espectadores. Lejanos de la exageración gestual de la que se sirven para interpretar los melodramas, en “Las Criadas” sus actuaciones son mucho más moderadas,  acaso por haber profundizado más en ellos mismos para dar vida a los personajes de Genet, que son -sin demeritar al género melodramático-  significativamente más complejos que los personajes de la televisión.

El elenco ha sabido traducir la dureza de las acusaciones del dramaturgo hacia la clase alta en personajes ambiguos de gestos delicados. El misterio envuelve la actuación de los tres. Nada hay en ellos de sobreactuación o subactuación: interpretan con gracia, sin exageración. Hacen justicia a la gran y pertinente dramaturgia. Incluso el erotismo entre las hermanas parece una cosa natural. La dirección de actores evitó el exceso a toda costa y consiguió un afortunado resultado.

Clara, Soledad y La Señora son espíritus seductores que caminan en la casona francesa exquisitamente construida por David Antón e iluminada por José Bracho. El universo creado para ellas es majestuoso en la superficie y desgarrador en el interior de los personajes. Todas ellas son, además, materializaciones de la monstruosidad. En este mundo y en aquel nada es lo que parece. La apariencia, traducida en un maquillaje espectacular a manos de Julio Arroyo y vestuario de Cristina Sauza, se desvanece cuando emergen las emociones reales. Entonces hay que temer. Es preciso alejarse antes de sufrir las consecuencias. La señora morirá a manos de sus criadas en un juego de espejos digno de representarse en todo tiempo. Sin duda, la temática de este montaje acompañado de estas acertadas actuaciones lo vuelve necesario para el público mexicano.

IMG_9815

FirmaZavel

Críticas

ContrAcciones. El poder de la quincena

por Zavel Castro 19 noviembre, 2015

La oficina como hábitat del ciudadano moderno se ha vuelto un lugar común dentro del discurso radical que mira dicho espacio como el símbolo por antonomasia de la opresión de los espíritus libres, espíritus que del mismo modo que los colibríes mueren ante el encierro que les impida volar. El dramaturgo inglés Mike Barlett y el director mexicano Alejandro Velis comprenden esta percepción y la comparten al público sirviéndose de la familiaridad de los espectadores ante el tema del mundo laboral y la inevitable pérdida de sueños propios.[1]

El principal reto de la traducción de este discurso a la escena tiene que ver con la intención de objetividad o neutralización del mismo para evitar caer en los clichés construidos en torno a las figuras del “jefe” y el “empleado” vistos como el “malvado opresor” y el “sumiso oprimido”. Evidentemente en el terreno de la ficción es válido servirse de una visión maniquea que extreme ambos polos hasta comprenderlos simplemente como el villano y el héroe, pero esa sería darle una solución gratuita a un problema que debe complejizarse para llegar a tocar las zonas más sensibles dentro de la dimensión humana, justo como sucede en el montaje “ContrAcciones”.

En esta obra se manifiesta la injusticia dentro de la relación de poder entre empleador y empleado (victimario/víctima) para concentrarse en una reflexión sobre el inminente riego de automatismo al incorporarse a un medio laboral ajeno a las pretensiones artísticas y concentrado en el aumento de la producción y venta.[2] La separación jerárquica entre los trabajadores de la oficina, obliga a la adopción de actitudes que soportan el desequilibrio: el explotador ha de ser impenetrable, mientras que quien labura debe mostrarse servil, débil y complaciente. No tanto para agradar al jefe sino para conservar el puesto.

¿Hasta dónde estará dispuesto a llegar el empleado para no perder su lugar en la oficina? En “ContrAcciones” se nos dice que hay quienes están dispuestos a perder la dignidad y a olvidar todo respeto por sí mismos como seres humanos, a ofender todo lo que alguna vez ha sido para ellos sagrado, a destruir sus relaciones personales y negar todo tipo de relación sentimental en la oficina a cambio de un salario fijo. Se acepta la pérdida de cualidades humanas a favor de un incremento de habilidades productivas. En este montaje se enfatiza la figura del contrato que regula las conductas de los empleados, vigila el comportamiento y castiga cuando es necesario cualquier incumplimiento. El contrato es la máxima ley, pobre de aquel que amenace la relación de poderes.

Las empresas desean que los hombres funcionen como máquinas y las máquinas no sienten. Es así de sencillo, pero la mayoría de las veces es más fácil formular una teoría que llevarla con éxito a la práctica, y es que ¿Quién no se ha enamorado de un compañero de trabajo? ¿Cómo sería posible dejar el corazón en casa y llevar solo el cerebro a la oficina? ¿Qué estamos dispuestos a ofrendar a cambio del éxito laboral? ¿Qué es lo más importante dentro de nuestra sociedad? ¿Amor o dinero? ¿Nuestra vida privada o nuestro buen desempeño en una empresa? ¿El reconocimiento laboral o el disfrute desinteresado?

Las posibles respuestas a nuestras interrogantes se encarnan en los papeles de dos grandes actrices, Aída López y Carmen Mastache, la jefa/villana y la empleada/sumisa respectivamente. López y Mastache tensan las cuerdas con un maravilloso sentido del humor, múltiples y profundos matices que complejizan a sus personajes hasta alcanzar altos vuelos interpretativos y obligar al espectador a reclamar una conclusión contundente. Un absoluto despliegue de talentos que da lugar a un final inesperado.

“Contracciones” se presenta los lunes y los martes a las 20 hrs.

hasta el 8 de diciembre en el Teatro el Granero

Centro Cultural del Bosque

Paseo de la Reforma y Campo Marte s/n (detrás del Auditorio Nacional)

 

Notas

[1] Sobre este tema recordamos dos montajes teatrales significativos que tuvieron funciones este mismo año, la primera de ellas se presentó en la Ciudad de México, “Almacenados” de David Desola, dirigida por Fernando Bonilla mientras que la segunda, “Tercer Cuerpo” escrita y dirigida por Claudio Tolcachir tuvo lugar (y continua en temporada) en Buenos Aires. Además de servir de escenario para las representaciones teatrales “la oficina” como tópico forma parte de la cultura popular desde las historietas de principios del siglo XXI hasta su “boom” en la series de televisión.

En este sentido el mejor ejemplo sería “The Office” (2005-2013) que explotó los clichés y caricaturizaciones de los empleados de oficina norteamericanos. Las críticas hacia este grupo social se agudizaron con la llegada de los “yupies” a las direcciones corporativas a finales de los años setenta.

[2] Sin duda el discurso se opone al sistema neoliberal, a la que solo le interesan los ingresos y fluctuación de capital de la masa consumista.

Críticas

Mi hijo solo camina un poco más lento. Una obra invisible

por Ricardo Ruiz Lezama 13 octubre, 2015

 

Si no tienes cuidado te puedes pasar. Pero no te preocupes siempre puedes regresar tus pasos, además  llegar no es difícil, confía en que algo te hará saber que es ahí. Seguramente habrá gente formada cuando llegues –algunos esperando que se liberen localidades pues las funciones están agotadas hasta el 2016-, pero si se da el caso que no veas a nadie, pon atención en la puerta  y verás que no te has equivocado, leerás escrito con tiza, a manera de resistencia, como un gesto político-poético que evoca la sencillez y contundencia de un tag de grafiti: Apacheta Sala/Estudio, Pasco 623. Así es la entrada del teatro independiente donde tiene lugar una obra que ha andado en boca de muchos y que sin duda es uno de los fenómenos del teatro independiente de este año: Mi hijo solo camina un poco más lento, escrita por Ivor Martinić y dirigida por Guillermo Cacace.

He tenido la oportunidad de ver la obra en tres ocasiones y no quería escribir nada sobre ella –aunque sí la he recomendado mucho- porque me gustaba la idea de ser congruente con lo que me ha pasado las veces que la he visto: me he quedado sin palabras. Por ello pensaba que lo mejor era comulgar con el silencio a que la obra me invitaba. Habitar la mudez. No correr a bautizar lo innombrable porque el lenguaje asesina lo que no puede abarcar al intentar apresarlo en palabras corrientes, las únicas que conozco de las pocas que existen en comparación con  todo lo que implica lo inefable que es un acontecimiento.

Otra consideración por la cual no quería escribir sobre esta puesta en escena es que toda obra de teatro, como dice el crítico Jorge Dubatti, muere en el mismo momento en el que nace al no poder ser guardada para la posteridad pues cualquier intento solo traicionaría su esencia aurática y experiencial, por ello la única manera que las personas hemos encontrado para que el fenómeno teatral sobreviva el instante es la mitificación.  El problema que encuentro con los mitos es que dan cuenta de algo perfecto. Y si esta obra es perfecta lo es en sus imperfecciones, en su humanidad.

Parecerá un pleonasmo hablar de humanidad en una obra de teatro, pues el teatro  en su mayoría es hecho por humanos. Pero a veces ciertas formas de abordar la ficción por parte de algunos creadores nos hacen sentir que los actores son seres sobrehumanos capaces de hacer cualquier cosa sin equivocarse. En este sentido Mi hijo solo camina un poco más lento es lo opuesto pues se  trata de una construcción que recuerda menos al virtuosismo casi circense de varias propuestas contemporáneas y más a los mecanismos complejos de la vida y lo que esta implica: errores, imperfecciones, vulnerabilidad. Todo esto lo podemos percibir desde el principio de la obra en el que la actriz que interpreta el personaje de la abuela nos dice que a veces se le olvida el texto pero que sus compañeros la ayudarán en caso de que eso ocurra. Así de desnudos se nos muestran los actores en toda su humanidad. Por todo lo anterior al final me decidí a  hablar de esta puesta en escena, porque si al escribir sobre teatro estamos generando un mito, al menos quiero que este mito dé cuenta de la fragilidad de este montaje.

La obra cuenta la historia de Branco, un joven que ha quedado paralítico por causas que no son explicitadas. Lo cual no importa porque podría decir que la enfermedad sólo es un pretexto poético del dramaturgo para mostrarnos algo más esencial, la complejidad e imposibilidad de construir sentido en las relaciones afectivas partiendo de la diferencia, de que el otro no soy yo. Con esto la obra no habla de la figura de los discapacitados, sino de la figura del otro, ese que solo a veces podremos comprender, y no con palabras o ideas, sino en el silencio de la comunión.

El actor Yoshi Oida menciona en su libro El actor invisible que el trabajo de un actor es desaparecer. Que si señala la luna los espectadores no deben ver el virtuosismo con que la luna es señalada sino que deben ver la luna. Esto es lo que pasa con Mi hijo solo camina un poco más lento en donde todo desaparece, dramaturgo, director, actores e incluso público para fundirnos en una misma experiencia indefinible.

Todos los componentes de la obra se vuelven invisibles, el texto y lo que quiere decir –si es que quiere decir-; los actores y sus capacidades interpretativas que son sobresalientes pero no está puesta la atención en eso en ningún momento, lo que queda en evidencia con su forma de habitar el escenario no es su innegable arte sino las contradicciones de unos seres que no saben cómo vivir a partir de un cambio radical en sus existencias; también podemos ver esa invisibilidad en el director, pues cada cosa que sucede en la obra no está puesta para demostrar nada sino para que el fenómeno acontezca. Todos los que hacen posible Mi hijo solo camina un poco más lento  desaparecen para que los espectadores podamos ver la luna.

¿Qué será aquello que hace de esta obra un fenómeno? No tengo idea y si lo supiera es una respuesta que no daría gratis. Lo que sí puedo observar es que  en esta puesta contemplamos verdad en cada momento de lo que acontece. Tal vez los espectadores necesitábamos con urgencia un espacio donde alejarnos al menos una hora de las mentiras y mirarnos a los ojos francamente.

Actúan en esta obra: Aldo Alessandrini, Antonio Bax, Luis Blanco, Elsa Bloise, Paula Fernandez Mbarak, Pilar Boyle, Clarisa Korovsky, Romina Padoan, Juan Andrés Romanazzi, Gonzalo San Millan, Juan Tupac Soler.

La obra tiene localidades agotadas hasta el 2016

ricardo

 

Newer Posts
Older Posts

TALLERES

  • Taller Virtual de Dramaturgia
  • Taller/montaje internacional de actuación en línea
  • Taller de monólogo teatral
  • Asesoría en dramaturgia
  • Cursos y talleres de dramaturgia
  • Ricardo Ruiz Lezama-Perfil y obras

Síguenos

Twitter Instagram

Entradas recientes

  • Me acuerdo. A propósito de «¿En qué estabas pensando?» Por Luis Javier Maciel Paniagua
  • Hasta encontrarte: una crítica epistolar desde la deuda a las madres buscadoras. Por Laura Cárdenas (Lalis)
  • Casi Normales. Crítica epistolar al personaje de Diana. Por Isabel Agurto.
  • Monstruos en el parque: crítica epistolar a Sergio Arrau. Por Sergio Velarde
  • Me acuerdo. A propósito de «Nosotras que nos queremos tanto» Por Sergio Velarde.

Recomendaciones

© APLAUDIR DE PIE 2021 | PATCH NETWORKS