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Autor

Ricardo Ruiz Lezama

Ricardo Ruiz Lezama

Dramaturgo, director de teatro y actor.

Reflexiones

Algunas recomendaciones para que los teatreros se relacionen con el trabajo de otros teatreros

por Ricardo Ruiz Lezama 21 septiembre, 2018

Cursaba estudios en Argentina y un día un conocido me preguntó si sabía quién era X (llamado/a así para mantener su anonimato. Hay cada nombre y cada nombre artístico que por si las dudas mejor lo aclaro, no vaya a ser que exista alguien llamado o que se haga llamar X, que se dedique al teatro y se sienta aludido.)

Resulta que X le había dado una retroalimentación a mi conocido sobre una dramaturgia de una forma en la que nunca antes nadie lo había hecho en todos sus años de formación en múltiples talleres de creación literaria, utilizando adjetivos peyorativos, y aderezando su participación con frases tipo: “si me cobraran por ver algo así me sentiría ofendido” o “es un insulto hacernos perder el tiempo leyendo estas vacuidades”. Le pregunté a mi conocido por qué suponía que yo podía conocer a tal persona y me respondió que X era mexicano. Como disculpándome le dije que no todos los mexicanos éramos así, pero pasando el tiempo me descubrí reconociendo ante mí mismo que en México y en el teatro son muchas más personas las que tienden a ser de este modo que las que no.

Hablándolo con un conocido me decía que pensaba que esto no era privativo de los mexicanos, sino que se trataba de la esencia del ser humano. Pero yo reniego de cualquier justificación esencialista, como postura política no creo en un ser esencial, sino en construcciones sociopolíticas, y en este caso considero que uno de los factores fundamentales de la violencia contra el trabajo de otros teatreros se debe a la violencia ejercida en la formación de los teatreros mexicanos. Ya en otras ocasiones he hablado de las vejaciones y violencias simbólicas que reciben los estudiantes de teatro en las escuelas por parte de los maestros, pero no sé si había mencionado a los docentes como facilitadores de dinámicas nocivas entre los alumnos. En mi experiencia basta una anécdota para ejemplificarlo, pero seguro quien lea esto si estudió teatro tendrá múltiples ejemplos.

En una materia, al final de la presentación de los ejercicios los compañeros que habíamos visto teníamos que decir nuestras opiniones, esto con el objetivo de ejercitarnos en el ejercicio crítico de nuestra profesión. En una ocasión yo me mostré entusiasta con un resultado y el docente no paró de cuestionarme hasta que hablé mal del ejercicio de los compañeros, felicitándome y agregando la frase: “ya ves como si puedes ver”. Aquí entendí dos cosas, que saber ver el trabajo de mis colegas era encontrarle defectos y que no podía mostrarme emocionado. Esto solo fue el principio hasta que de pronto pareció que cada grupo se convirtió en bandos, como los Montesco y los Capuleto, pero con números, los del uno, los del tres, dependiendo el grupo al que pertenecieran. Y dentro de cada grupo también había bandos de tal forma que la percepción que tengo en mi generación era que todos hablaban mal del trabajo de todos. Ya ni qué decir de la violencia contra otras escuelas, vertida en forma de comentarios despectivos o bromas hirientes.

De este modo y en mi experiencia, nutrida por las pláticas con varios compañeros que tienen la misma percepción es que descubro que estas prácticas nocivas no eran una mera apreciación subjetiva y que tampoco eran exclusivas de mi institución. Con sus excepciones me atrevería a decir que a los teatreros en México se les forma a partir del desprecio por el trabajo de los otros para autoafirmarse. Como todo esto me parece muy triste es que decido hacer esta breve lista de recomendaciones -que yo mismo he puesto en práctica para curarme el veneno y las heridas emocionales generadas en mi formación- para volvernos una comunidad menos competitiva y más colaborativa, menos violenta y más creativa, porque estoy convencido que la verdadera creatividad, y la que merece la pena, solo puede darse en un entorno respetuoso.

1.- El otro no es mi competencia

Como cada persona es única, el artista no es la excepción. Nadie puede ser mejor o peor que uno porque solo yo puedo ser yo.

2.- Emociónate por lo que hace el otro

Recuerdo que me contaron de una docente que mandó a sus alumnos al teatro y en una sesión hablaron sobre la obra que vieron. Todos los estudiantes empezaron a hablar mal de la obra y la docente los vio, entre sorprendida y molesta, y les dijo: “a ustedes no les gusta el teatro, ¿verdad?” Si perdemos nuestra capacidad de emocionarnos, perderemos una de nuestras principales herramientas de creación. Esto no significa que todo nos tenga que gustar, pero ¿realmente nada te gusta? ¿Nada vale la pena más que tu trabajo y el de tus amigos?

3.- Cada obra es distinta

Peter Brook cuenta en uno de sus libros que hay distintos tipos de actores, lo que cantan, los que tienen un gran manejo corporal, los que se transforman, los que crean mundos solo con las palabras; del mismo modo reconoce y aprecia cada experiencia en su propia ley.

4.- No impongas tu visión

No todo el teatro tiene que ser de un modo. Si quieres enriquecer a tus colegas con tus comentarios entiende que cada creador tiene una búsqueda, así que trata de compartir tus opiniones entendiendo esto último.

5.- Nadie busca hacer obras malas

El teatro es incontrolable, pero nadie se propone hacer una obra mala. No seas tan duro con tus colegas, eso déjaselo a la crítica, tú recuerda las veces que has buscado y no has encontrado y no por eso merecías desprecio o burlas. Si quieres ayudar brinda una opinión sincera y respetuosa, aunque también recuerda que muy pocas opiniones no pedidas son bien recibidas.

6.- El otro no está ahí para complacerte

Cada obra tiene un interlocutor ideal y en muchos casos es posible que no coincidas con esa hipótesis de recepción. Que una obra no sea para ti no significa que no valga la pena. Respeta la recepción de quienes sí están siendo interpelados, durante la función y al final de esta.

7.- Aprende a reconocer las diversas poéticas 

¡Viva la diversidad! Viva el teatro posdramático, el teatro clásico, el teatro de living, el teatro realista, fársico, cómico, musical, viva el teatro cabaret, el clown, el performático, el narrado, viva el teatro para sordos, para ciegos, para bebés, niños, adolescentes y mascotas,  vivan los títeres, las máscaras, las sombras, el teatro de papel, el teatro comunitario, penitenciario y el teatro foro… sin excepción vivan todas las expresiones teatrales habidas y por haber. Reconocer el valor en cada posibilidad del teatro enriquecerá tu experiencia y te llevará a sensaciones y reflexiones insospechadas, además de que te hará dejar de ser despectivo porque en el teatro hay muchas más cosas que celebrar que las que hay por despreciar.

Foto: @DaríoCastroPH

Reflexiones

En defensa de la narraturgia. Respuesta a Esteban Echegaray.

por Ricardo Ruiz Lezama 23 julio, 2018

Estimado Esteban,

leí lo que escribiste sobre la narraturgia y más que un comentario por redes sociales, que responde a lo inmediato, preferí tomarme el tiempo para contestarte mediante este escrito de mayor extensión, considerando que plasmar tus reflexiones te llevó tiempo, así que, valorando el esfuerzo que te tomó escribir es que hago esta respuesta.

Queda claro por la lectura de tu texto que la obra a la que haces referencia no te gustó, debido a los argumentos que utilizas, incluso a la utilización de la ironía que haces en un momento en que dices que la obra es “original y poética”. No tengo conocimiento de dicha obra así que no hablo por ella, sino por las generalidades en torno a la creación que dejas manifiestas.

En un primer momento empiezas con lo temático, te preguntas si no existirá algún dramaturgo mexicano que aborde otros temas que no sean narcotráfico y violencia y que no muestren una sociedad decadente. No sé si en el texto en particular al que haces referencia, dichas temáticas sean utilizadas de forma sensacionalista solo con fines morbosos o para generar apología de la narcocultura, que en ese caso simplemente se estaría valiendo del dolor de una sociedad para generar entretenimiento vacío que idealice la crueldad. Pero hablar de la decadencia de la sociedad para reflexionar en torno a la condición humana, las relaciones de poder, o la desigualdad no me parece nada menor. Desde tiempos inmemorables el teatro es el lugar ideal para reflexionar sobre estas cuestiones, desde los griegos cuyos mitos bien podrían encabezar las más pintorescas notas rojas: “Hijo tiene sexo con su madre y mata a su padre” “Mujer mata a sus hijos”, etc.

Pero no yendo lejos tenemos en México, por nombrar unos cuantos ejemplos, a Sergio Magaña con Los motivos del lobo, a Víctor Hugo Rascón Banda con La fiera del Ajusco, a Humberto Robles con Mujeres de arena, etc. Grandes autores mexicanos han dedicado su arte a la finalidad de intentar desentrañar los misterios de tanta violencia. En un contexto como el nuestro, es necesario repensar la decadencia para hallar un poco de luz.

Ahora bien, entiendo que a veces la utilización de la violencia puede generar políticamente las mismas repercusiones que una noticia, ser un medio del poder dominante para controlar a la población, como menciona Zizek en sus reflexiones sobre la violencia. En ese sentido considero que el problema no son los temas sino desde qué punto de vista se abordan políticamente y con qué finalidad. Que se siga hablando de la decadencia, pero para pensarla y buscar respuestas y caminos, no como entretenimiento vano.

Más adelante hablas de otra cuestión: la forma. Quizá en la obra que haces referencia y desde tu apreciación, la estructura es poco funcional o artística. Pero por ello decir que la narraturgia en general toca terrenos que no competen al teatro me parece un poco excesivo. La narraturgia podrá no ser drama pero es teatro, en tanto que dialoga con la tradición, en tanto que los autores de estas formas como gesto estético y político deciden que su obra es teatro y no prosa o lírica.

Mencionas que se está abusando de la narraturgia, pero ¿cuántos siglos no se ha abusado del drama? A comparación la narraturgia es una forma joven. Y me parece que tanto nacional como internacionalmente hay muchas creaciones narratúrgicas que artísticamente han aportado mucho al panorama teatral. Tenemos textos de Angélica Lidell, Rodrigo García, Jan Fabre, Sergio Blanco, Arístides Vargas, César Brie, Mariano Tenconi Blanco, Lautaro Vilo, Roland Schimmelpfennig, Conchi León, Jaime Chabaud, LEGOM, etcétera.

Por último, mencionas que la narraturgia no permite que el actor actúe y que evita que el espectador entienda una historia. Ante la primera afirmación basta decir que las nuevas formas textuales ponen en crisis los preceptos hasta entonces acuñados de representación, aportando nuevas posibilidades, tanto al acercamiento actoral como al abordaje desde la dirección escénica. Quizá una lectura dramatizada no fuera la mejor opción para dar a conocer esa narraturgia en específico, quizá habría que crear una lectura narratizada, o de plano hacer la puesta en escena porque el texto en sí mismo desde segunda mitad del siglo XX en muchos casos es solo un aspecto más del fenómeno teatral, no el más importante como muchos siglos antes; quizá esa obra era de esas características y la mera lectura haya dejado una sensación de incompleto.

Para la segunda afirmación no todo autor busca dejar clara una historia. No por eso es menos teatro, cada propuesta pide distintas cosas al espectador. Qué triste sería que no existieran todas aquellas obras que no entendemos nada pero que nos seducen y conmueven.

Los premios son muy extraños y no siempre nos dejan satisfechos, pero por una obra no podemos intentar hablar de todas las demás que comparten estilo o temática, porque en ese caso estaríamos tomando la postura de todas aquellas personas que denostan todo el teatro por haber visto una obra que no les gustó.

Foto: @DaríoCastroPH

Foto: @DaríoCastroPH

Reflexiones

Nassim

por Ricardo Ruiz Lezama 20 junio, 2018

Uno de los carteles publicitarios de la película Psicosis decía: «No revelen el final, no tengo otro». Este secretismo que Hitchcock llevó incluso al rodaje, grabando la película a escondidas según se cuenta, tenía una razón fundamental, gran parte de la potencia de la película radica en la sorpresa que suscita en la audiencia. Como parte de un mecanismo similar, Nassim Soleimanpour, dramaturgo iraní que alcanzó reconocimiento internacional con su novedosa propuesta experimental Conejo Blanco, Conejo Rojo -la cual ha sido traducida a más de 20 idiomas y ha sido puesta en escena en múltiples países- propone nuevamente un espectáculo donde uno de los principales elementos es la sorpresa, ya que no solamente los espectadores no sabemos lo que pasará, ni siquiera la actriz o actor en turno lo sabe: Nassim, dramaturgia experimental estrenada en el Edinburgh Festival Fringe 2017.

No puedo hablar de qué trata la obra en sí, ni de nada en específico que haya acontecido en la función, de hecho como representante de un medio te hacen firmar un acuerdo de privacidad en donde me comprometí a no hablar de lo antes mencionado, pero se entiende, sería como revelar el funcionamiento de un truco de magia y por lo tanto arruinaría la experiencia de futuros espectadores. Lo que sí está permitido contar es mi experiencia. Así que aquí va, sin spoilers.

Desde que inicia la función la forma en que lo que sucede se muestra a los espectadores es sorpresiva, de algún modo el público también somos parte activa de la experiencia. Esto último  podría definir bien Nassim: una experiencia sensible que conduce a los espectadores por diversas emociones y reflexiones, oscilando entre lo cómico y lo conmovedor. 

Para Soleimanpour el teatro tiene que ser algo único e irrepetible, por eso actores y actrices que interpretan sus obras solo pueden hacerlo una vez en la vida. Nassim es una forma muy particular de vivir la experiencia teatral. El autor cumplió nuevamente sus propósitos como creador, nos condujo a vivir algo único e irrepetible. Cualquier obra de este dramaturgo es sin duda una visita indispensable como espectador de teatro al menos una vez en la vida. No por nada es uno de los autores más interesantes e influyentes de nuestros tiempos. Y quisiera decir más, pero de sus obras no hay que  hablar, hay que vivirlas. 

Críticas

La mordida

por Ricardo Ruiz Lezama 1 junio, 2018

Para André Bretón,  México era el país más surrealista del mundo. La anécdota que se cuenta es que mandó a hacer una silla a partir de un boceto suyo, en el cual se veía la silla en perspectiva. El carpintero mexicano al que se le encargó el trabajo la hizo tal como se veía en la imagen, lo que dio por resultado una silla desproporcionada. Dalí coincidió con Bretón pero su aseveración fue más dura asegurando que no regresaría a México porque le parecía insoportable que existiera un país más surrealista que sus pinturas.

¿Qué pasó para que Dalí dijera esto? No lo sé, pero sin duda hay un punto en el que muchas y muchos como mexicanos hemos tenido una sensación similar de querer salir huyendo y no regresar. Y no por el país, tampoco por la gente, pues nuestro país es considerado -y coincido- como uno de los lugares más bellos del mundo, y los mexicanos -también coincido- somos vistos como personas afables y hospitalarias. Lo que es más surrealista en este país es la política, y aunque dudo que Dalí tuviera suficiente acercamiento con esta, estoy seguro que de haberse relacionado con ella no solo hubiera dicho lo que dijo sino que además hubiera salido mentando madres.

¿Por qué digo que es surrealista la política en México? Porque va en contra de toda lógica. Mucha de la gente que rompe las leyes está libre mientras que gente inocente que solo exigía sus derechos está presa -la mayoría de las veces mediante la imputación de cargos casi fantásticos-; uno de los hombres más ricos del mundo es mexicano mientras millones de ciudadanas y ciudadanos de este país tienen una vida marginal y de pobreza extrema… así podría seguir con los ejemplos, pero sería excesivo y extenuante.

Alguna vez, hace años, no recuerdo dónde, leí que existía quien tenía la hipótesis de que el humor negro podría haber nacido en México. Desde que lo leí,  hasta la fecha me sigue pareciendo que podría ser porque la única forma que hemos encontrado para encarar tanto surrealismo político es justamente a risa. “Reír de lo que nos duele para no morir”[1], como afirmaba en un texto, Liliana Papalotll, una de nuestras colaboradoras cabareteras.

El arte teatral ha encontrado en el humor una herramienta para hacer crítica aguda y punzante de nuestra realidad nacional, además de ser un medio para hermanarnos ante la tragedia mediante una sonrisa. En estos momentos se encuentra en cartelera una obra que para Bretón y Dalí sería hypersurrealista, debido a que plasma virtuosamente una de las caras más carentes de comprensión y lógica de nuestro país: la burocracia.

Foto: @DarioCastroPH

Foto: @DarioCastroPH

La mordida, una producción de la Compañía de Teatro Penitenciario, interpretada por sus integrantes que se encuentran en libertad, bajo la dirección de Artús Chavez es una puesta en escena que mediante el uso del humor, a ratos blanco y a ratos negro, retrata el sinsentido que implica realizar trámites en México. Sin duda suena a historia de terror, pues la burocracia en México es profundamente surreal, pero para ser más precisos, podríamos decir incluso que es kafkiana, pues así como en El proceso en donde el protagonista no tiene ni idea de qué está pasando y por qué, así, Agapito, el protagonista de La mordida se ve envuelto en un mundo incomprensible, con unas lógicas ambiguas, y donde no entiende nada: una oficina de gobierno.

Agapito es una persona trabajadora que quiere poner una taquería, pero al llegar a la oficina correspondiente en donde debe conseguir el permiso necesario se encuentra con una serie de personajes que no podrían habérsele ocurrido ni al mismismo Kafka, unos empleados públicos. Durante poco más de una hora acompañaremos a Agapito al absurdo mundo de la burocracia mexicana, para recordar que -como si fuera una especie de ley de Murphy- cuando parece que todo esta en orden, es porque nada lo está.

La mordida nos recuerda lo engorroso de los trámites, pero nos da la oportunidad de por al menos una vez convertir esa angustia que provocan en una carcajada liberadora, utilizando la risa como vía para relacionarnos con un hecho desagradable y poder contemplarlo en perspectiva o para invertir su normalización. En ese gesto radica su valor político, pues nos hace revalorar la realidad desde otra perspectiva y cuestionárnosla.

Sin duda esta puesta en escena deja una vez más en claro que la Compañía de Teatro Penitenciario es uno de los grupos más solidos de la escena capitalina, con una gran capacidad para pasar por distintos géneros, lográndolo de manera asertiva. En La mordida, la mancuerna que hicieron con Artús Chávez, es contundente por lograr un dominio del humor que hace de esta experiencia una celebración al juego.

La mordida es una invitación a perdernos en ese México surrealista y kafkiano a través de una puesta con elementos de cabaret y clown, para reencontrarnos al final de la función con una afirmación y una pregunta siempre pertinentes: eso no es normal, ¿qué puedo hacer para cambiar a México? Cuestiones que siempre, pero fundamentalmente en tiempos electorales son de vital importancia.

 

Foto: @DaríoCastroPH

Foto: @DaríoCastroPH

[1] Reír de lo que nos duele para no morir: una forma de hacer cabaret: http://aplaudirdepie.com/reir-de-lo-que-nos-duele-para-no-morir-una-forma-de-hacer-cabaret

 

Reflexiones

Vivi Tellas. Biodrama: la dramaturgia del destino

por Ricardo Ruiz Lezama 23 mayo, 2018

Pocos creadores teatrales en cada país sobresalen por su innovación y calidad, menos son aquellos que trascienden su propia frontera, y aún menos los que instauran un después a partir de ellos, que generan conceptos y visiones únicas que a través del mundo dan de qué hablar e inspiran a nuevas generaciones, dejando su nombre inscrito para siempre en la historia del Teatro. Sin lugar a dudas Vivi Tellas pertenece a esta categoría de artistas.

Tellas es una creadora argentina que alcanzó la cima como directora con un montaje excepcional que tuvo éxito de crítica y público, La casa de Bernarda de Alba de Federico García Lorca. Pero en múltiples entrevistas la directora ha compartido que sintió una especie de insatisfacción al preguntarse si eso era todo, si ya no había más. A partir de esto su producción sufre un giro que la colocó como una de las creadoras más vanguardistas de su generación. Inventa la palabra biodrama y es curadora de un ciclo con este título en uno de los teatros más importantes de Argentina. A la par prepara su primera producción siguiendo esas líneas de trabajo, que son: trabajar con la biografía de una persona viva.

Desde entonces, Tellas generó una línea de trabajo e investigación que ha recorrido el mundo a través de sus espectáculos, talleres, conferencias y clases magistrales. Ha inspirado a creadores en múltiples países; desde hace muchos años pensar en biodrama es pensar en Vivi Tellas.

El biodrama no es tan sencillo como parece, tiene muchas aristas y por eso es un concepto que revolucionó ciertos aspectos de la teatralidad. En principio surge en un contexto que siguió a la dictadura argentina, donde empezó a recuperarse la democracia y que devino socialmente en la necesidad de construir otros relatos a partir de la descreencia generalizada hacia los grandes relatos. Teatro como lugar micropolítico desde el cual reorganizar la experiencia sobre lo real desde lo individual, una revaloración de la memoria individual que deviene en memoria colectiva, partir del yo para llegar al nosotros; además de retomar a las personas como entes políticos, capaces de enunciarse sin intermediarios y de construir narrativas sin riesgo a ser asesinado, la vuelta a la libre expresión.

Otro de los rasgos importantes del biodrama en materia política tiene que ver con voltear a mirar las singularidades y mostrar su valía en un mundo que cada vez más busca anular la individualidad. En contra de la masa informe y sin criterio, retomar el yo con opiniones propias y reconocer lo valioso de la particularidad.

En relación con la dramaturgia, la puesta en escena y la actuación, el biodrama plantea problemas sobre la teatralidad -materia no solo estética sino política-, pone en cuestionamiento el término mismo de teatro, también de realidad, verdad y ficción. Desespectaculariza el fenómeno, sin dejar de ser un hecho artístico.

Salvando las distancias con el conocimiento astronómico, podríamos decir que Vivi Tellas dio un auténtico giro copernicano al quehacer del director y dramaturgo del siglo XXI.

RicardoADP

 

 

Reflexiones

Humor y política en el teatro mexicano

por Ricardo Ruiz Lezama 24 abril, 2018

Recuerdo una frase que no he podido olvidar a pesar de los años, he buscado al autor sin encontrarlo hasta la fecha: “una comedia es una tragedia en piel de cordero”. No solo la oposición de valores paradójicos da a esta frase vuelos poéticos que la hacen memorable (tragedia-comedia, peligro-calma, depredador-presa), sino que la premisa que se infiere de esta sentencia es sumamente contundente por la verdad que revela: la risa y el humor son peligrosos. ¿Y cómo no van a serlo si tienen un potencial tanto creativo como destructivo, tanto erótico como tanático? El humor puede crear momentos de profunda intimidad y camaradería, destensar una situación incómoda, reconciliar personas enojadas, pero por otro lado la risa puede hacer que un niño o una niña que sea objeto de burlas se suicide. El poder del humor es capaz de trastocar la realidad, de hecho, lo hace. En este ensayo hablaré sobre las implicaciones que tiene el humor dentro de la vida política como ejercicio del poder, así como explicaré de qué forma en algunas manifestaciones teatrales ha devenido como una herramienta del poder dominante, pese a que en apariencia sus objetivos sean totalmente opuestos. La risa es una cosa seria, no puede tomarse a la ligera.

El humor como ejercicio del poder

La creación del humor es similar a la creación de la metáfora, consiste en la asociación de dos o más elementos que no se corresponden. La risa del público en esta construcción es la que termina de organizar ambos universos, de darles coherencia (D. López, 2008). Es decir que en un chiste que contenga los elementos, por ejemplo, mujer-tonta o pobre- tonto, la risa sería el componente que terminará por dar sentido a ambos universos semánticos.
Lo peligroso del asunto es la forma en que se manifiesta el ejercicio de poder, pues “la risa así, implica un consenso inconsciente con la autoridad de la estructura asociativa y se convierte en una forma de asumir como normal la relación establecida entre ambos dominios. De ahí que el sentido del humor […] se convierta en una sofisticada herramienta del poder simbólico en el sentido concebido por Bordieu” (D. López, 2008, p. 75). Lo que significa que el humor normaliza en estos casos una serie de violencias estructurales y simbólicas dentro de una relación social inequitativa.

Un ejemplo claro de esto son los chistes misóginos, en donde el sistema dominante, en este caso el patriarcado, perpetúa la idea de la inferioridad de la mujer mediante la asociación de universos tales como mujer-ineptitud, mujer-estupidez, etc. Al igual la clase dominante y privilegiada mantiene la idea de la inferioridad de la clase obrera a través de conjuntar pobre-idiota, pobre-perezoso, etc. Y en sí la violencia simbólica más grande del humor es transformar a personas y comunidades enteras en objetos de burla.

Como se dijo con anterioridad lo que hace el humor en estos casos también es generar la idea de que lo que refiere es así, como si debajo no hubiera ideología. Entonces si se cuenta un chiste sobre mujeres se cree que revela una verdad o define objetivamente, en lugar de construir una subjetividad. Este es otro de los peligros del humor en relación con la violencia y el poder, genera subjetividad, con lo cual muchas generaciones que repiten el mismo chiste terminan prolongando ideas despectivas provenientes de una ideología intolerante y discriminatoria.

Foto: @DarioCastroPH

Foto: @DarioCastroPH

Teatro mexicano y humor

Habiendo dejando clara la utilización del humor, consiente o inconscientemente, como una herramienta de dominación, pasaremos a un tópico que me preocupa y es tema fundamental de estas reflexiones: el teatro mexicano. ¿Por qué el teatro y no el cine o la tele que tienen más alcance de público? Porque para muchos creadores y espectadores el teatro se ha vuelto un lugar de resistencia micropolítica donde las formas y discursos deben servir como última esperanza esteticopolítica de la sociedad, debido a la mercantilización del cine y de la televisión. En el teatro mexicano aún quedan unos cuantos, incluyéndome, que creemos que este arte puede ayudar a mejorar la situación política del país. El problema es cuando forma y contenido se contradicen y entonces el teatro termina volviéndose cómplice de aquello contra lo que lucha.

También he decidido hablar sobre el humor porque la tradición cómica de México es fundamental para la vida política del país. Desde tiempos de la carpa, y quizá antes, el humor funcionó como una herramienta revolucionaria. No podemos olvidar que el cómico Palillo casi siempre al final de sus representaciones terminaba encarcelado. El humor es y sigue siendo uno de los medios más contundentes de relación entre creadores, espectadores y política. Espero que estas reflexiones ayuden a reconsiderar el papel del humor dentro del teatro y nos haga preguntarnos por qué la comedia en todas sus variantes se ha vuelto inofensiva para el Estado, incluso, su cómplice.

Foto: @DarioCastroPH

Foto: @DarioCastroPH

Dramaturgia

LEGOM (Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio) es indudablemente uno de los dramaturgos fundamentales de nuestros tiempos, referente indiscutible y creador de un estilo único que ha generado, queriéndolo o no, una escuela de dramaturgia que hasta la fecha nuevas generaciones de escritores pueden y deben considerarse herederas de LEGOM.

El estilo de este dramaturgo singular se caracteriza por el uso de un humor obsceno y descarado que no respeta nada. En ese sentido podríamos catalogar su dramaturgia como amoral, lo cual no es un problema, al contrario, es una virtud ir en contra de una moral establecida que es contraproducente, el problema es que su humor deviene en violencia simbólica que reproduce estereotipos discriminatorios.

En su obra De bestias criaturas y perras hace burla de una mujer a la cual el protagonista violenta toda la pieza, y de su hijo con discapacidad intelectual; en Edy y Rudy se burla de dos amigos pobres, además en un momento propone una “situación cómica” a través de imaginar esclavizar a un grupo de personas con Síndrome de Down; en Demetrius o la caducidad vuelve a burlarse de un pobre, de sus sueños y formas de hablar. La idea que inserta en la subjetividad de quienes se acerquen a estas obras y otras más de este autor es que la violencia de género es divertida así como el clasismo, que las personas de escasos recursos son tontos y por lo tanto merecen ser objeto de burla -la desigualdad social vista como un chiste y la pobreza como una caricatura grotesca -, para LEGOM también merecen ser objeto de burla las personas con alguna discapacidad.

La influencia de este autor puede verse claramente en otros dramaturgos jóvenes que también reproducen estas ideas discriminativas, los cuales están ganando premios nacionales y empiezan a ser reconocidos en el ámbito del teatro de arte. No digo que esté bien o mal reírse de tal o cual cosa, solo señalo las implicaciones políticas que tiene, además de nombrar las cosas como son, no es humor negro es violencia simbólica. Nadie pone en duda el aporte de LEGOM a la dramaturgia mexicana, pero es momento de cuestionarnos, no solo de él, sino de todos los dramaturgos y dramaturgas que nos anteceden, su discurso y pertinencia política más allá de sus contribuciones estéticas. ¿Qué ideología replicaremos o combatiremos?

Foto. @DarioCastroPH

Foto. @DarioCastroPH

Cabaret

El cabaret es uno de los géneros cómicos y políticos por excelencia. Heredero de la tradición de carpa mexicana, la cual servía no solo como divertimento sino como espacio de denuncia social. Sigue siendo uno de los fenómenos más contundentes discursiva y estéticamente hablando, además de que sigue convocando grandes cantidades de espectadores (dentro de la propia lógica del mismo teatro artístico, nunca comparable con los medios masivos, pero sí dentro de su propio universo). El problema del cabaret en relación con el humor no es precisamente el mismo que se ha tratado durante gran parte del texto, los y las artistas de cabaret se caracterizan fundamentalmente por una conciencia política sobre la estética, cuidando los estereotipos discriminativos y el discurso en todos los elementos significativos de la puesta en escena. El problema del humor en el cabaret tiene que analizarse desde una de las perspectivas que propone Freud , que es la de descargar la tensión acumulada (Freud, 1856-1939). El cabaret denuncia las injusticias y al hacerlo provoca risa, una risa liberadora que hace que los espectadores nos vayamos a nuestras casas sonrientes al finalizar la función. El problema del humor en el cabaret es que acaba con la indignación, trivializa de algún modo las problemáticas del país e inserta en la subjetividad de los asistentes que lo que pasa, las múltiples vejaciones y atropellos que se cometen a los derechos humanos día a día, son para reír. Transforma la realidad trágica del país en un chiste.

Foto: @DarioCastroPH

Foto: @DarioCastroPH

Espero que este texto sirva como un aporte al pensamiento crítico sobre el ejercicio de la creación artística teatral a través del humor. Solo es una apertura a la complejidad de la cuestión. Únicamente preguntándonos y buscando respuestas quizá sea posible acceder al ideal de tantos creadores: mejorar el mundo a través del arte, de la risa.

RicardoADP
Bibliografía

D. López, Sergio (2008). “Humor y poder. Una afinidad comunicativa en el contexto social”, en AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana. Volumen 3, Número 1. EneroAbril 2008. Pp. 64-94. Madrid: Antropólogos americanos en Red

Freud, Sigmund (1856-1939). «El chiste y su relación con lo inconciente», en Obras completas.  Buenos Aires :   Amorrortu

Reflexiones

Humberto Robles. Nadie es profeta en su tierra

por Ricardo Ruiz Lezama 18 marzo, 2018

Sin duda las políticas culturales y los sistemas de validación artísticas en cada país son diferentes, pero a su vez hay puntos de encuentro, uno que es invariable -me atrevería a decir en casi todos lados- es que gran parte de los artistas que conocemos de otros países se debe a las redes de contactos que han desarrollado más allá de su calidad artística.  Esto me quedó más claro al hablarlo con una programadora argentina que me preguntaba si existía algún gran creador mexicano que no estuviera insertado en el circuito de reconocimiento nacional. Yo inmediatamente contesté que sí, que existe un gran autor mexicano reconocido en muchos otros países, objeto de estudio, con más de veinte años de trayectoria,  cuyas dramaturgias son montadas en múltiples idiomas pero que no tiene el reconocimiento que merece dentro de su propio país, tanto por su trayectoria como por la calidad de su obra, en cuanto a lo artístico y a su pertinencia política. Se trata de Humberto Robles, uno de los dramaturgos mexicanos más montados en el mundo.

Si estás leyendo esto y sabes quién es Humberto Robles, no todo está perdido, pero si no, significa que ha triunfado el compadrazgo y nepotismo en el teatro mexicano. Igual si sabes quién es, es indudable que el compadrazgo y nepotismo triunfaron desde hace años, pero el talento y ética pueden sobreponerse al sistema corrupto de validación. Me parece sorprendente que un autor con la calidad artística y discursiva de Robles no haya sido montado aún por la Compañía Nacional de Teatro, la cual se encarga de mostrar lo más representativo de nuestras dramaturgias y se supone debería tener un compromiso político a favor de los derechos humanos; a su vez me sorprende que los reconocidos directores de escena nacionales no tengan mínimo un proyecto suyo en su haber.

Robles es un dramaturgo muy versátil que escribe tanto obras cómicas, como farsas, cabaret y uno de sus más grandes aportes es utilizar el arte teatral como un instrumento de denuncia en contra de la impunidad, las violaciones a los derechos humanos y la injusticia social. Justo llama a este tipo de dramaturgia “teatro útil”, por usar el arte en pro de los derechos humanos como una herramienta generadora de conciencia y buscadora de justicia. Precisamente esto último es uno de sus más grandes aportes al teatro mexicano. Mientras otros creadores callan ante las problemáticas sociales que atraviesa México o hacen mero populismo vacío al utilizar los temas dolorosos para hacer obras snobs carentes de intenciones transformadoras y revolucionarias, Robles genera obras en las cuales todo queda expuesto, sus dramaturgias son potentes testimonios descarnados que buscan movilizar y visibilizar. Es francamente uno de los pocos creadores mexicanos que siguen intentando mejorar al mundo desde el arte.

Algunas de estas extraordinarias dramaturgias pueden encontrarse en un libro electrónico titulado Teatro documental. Ahí se encuentran Mujeres de Arena, Nosotros somos los culpables, Las flores de Atenco e Intervención por Ayotzinapa. La característica principal de estas piezas es que son obras creadas a partir de investigaciones detalladas y testimonios reales. Mujeres de Arena nos muestra la problemática de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez y cuenta con los testimonios de madres afectadas por esta dolorosa situación; Nosotros somos los culpables trata sobre la tragedia del incendio de la Guardería ABC en el año 2009; Las flores de Atenco es un recuento de las diversas vejaciones, asesinatos, violaciones y detenciones extrajudiciales cometidas por la policía en el poblado de San Salvador Atenco del Estado de México; Intervención por Ayotzinapa es un texto que alza la voz por el caso de los normalistas desaparecidos.

Todas estas dramaturgias no solo hacen un recuento de lo que pasó en cada una de las diversas tragedias que trata, sino que además muestran sin ningún temor la responsabilidad del Estado, dando nombres y apellidos, además de exponer diversas razones de la impunidad. Cada uno de estos textos lucha contra el olvido y aspira a que se haga justicia. Además, su calidad artística es innegable, no se tratan de meras denuncias, son piezas del más alto nivel estético. Humberto Robles es un claro ejemplo de que nadie es profeta en su tierra. Espero que algún día el teatro mexicano le dé el reconocimiento que merece como uno de los más grandes dramaturgos mexicanos. Mientras tanto que sus obras sigan viajando por el mundo, maravillando y conmoviendo a miles de personas, y que su teatro siga alzando la voz ante tanta indiferencia.

Ricardo

 

Críticas

De príncipes, princesas y otros bichos

por Ricardo Ruiz Lezama 29 enero, 2018

De príncipes, princesas y otros bichos es un unipersonal escrito e interpretado por Paola Izquierdo. Desde hace más de doce años esta puesta en escena ha dado funciones constantes a través de todo el país y este año vuelve a presentarse, ahora en el ciclo Mujeres poderosas en el teatro NH.

¿Qué define el tiempo de vida de una obra? ¿Qué hace que pasen los años y un montaje siga siendo pertinente? En este caso la pertinencia es dada por las temáticas que aborda Izquierdo, las cuales, desafortunadamente, no se desgastan; el tiempo pasa y los problemas que la obra trata siguen tan vigentes como hace doce años.

La obra se divide en dos cuadros, cada uno con su propia fábula, pero unidos por la mitología que eligió la actriz y dramaturga para darle forma a su propuesta: los cuentos infantiles. La primera parte trata sobre una princesa que es experta en sapos y está buscando cómo transformar alguno en príncipe azul. Parodiando algunos momentos icónicos de Alicia en el país de las maravillas la princesa se adentrará en una aventura en donde el fin último de su búsqueda será contraer matrimonio, a la manera de aquellas historias clásicas de Disney, como La Sirenita, Aladino o La Cenicienta, entre muchas más.

En la segunda parte, un niño que semeja al Principito de Antoine de Saint-Exupéry se presenta ante los espectadores dispuesto a contar una historia para ganarse la vida. La caracterización tiene algo inquietante porque a diferencia de la primera princesa que se nos mostró -rica y parte de un universo fantástico-  este pequeño príncipe es la representación de un niño de la calle; su vestuario es solo una evocación desvaída  del personaje de Exupery; este Principito no tiene un planeta para él solo, si no que está solo en un planeta lleno de gente indiferente -en el mejor de los casos-; este Principito está en un universo de indiferencia, marginación y abuso para los menores en situación de calle. Está en México.

De esta forma la segunda parte de la obra reconfigura todo lo que vimos. Y lo que en un primer momento parecía un cuento simpático e inocente sobre una princesa experta en sapos se nos muestra ahora como una crítica a las narrativas que condicionan a las mujeres a pensar que necesitan de un hombre para estar completas, además de aquellas imposiciones sobre los cuerpos de estas que hacen que siempre se encuentren insatisfechas con la imagen que les devuelve el espejo. La princesa era un personaje con trastornos alimenticios, entre otros problemas que se mostraban ante nosotros pero que pasamos de largo como muchas veces no nos damos cuenta de personas cercanas que necesitan ayuda. Esta primera princesa funciona como un espejo que con humor refleja la realidad dolorosa de aquellas mujeres que están mal y no lo saben.

Por el otro lado, la segunda parte es otra especie de espejo que muestra lo que no queremos ver, nuestra indiferencia y al otro. Ese otro que muchas veces transformamos en parte de la ciudad, en una especie de monumentos vivos a la desigualdad social, todo con el simple hecho de no mirarlos. Paola nos echa la realidad en la cara en una intención de denuncia al mejor estilo del Cabaret mexicano, con música y humor, pero un humor informado  que invita a la reflexión.

Paola Izquierdo demuestra su habilidad interpretativa al realizar dos personajes completamente diferentes, los cuales tienen corporalidades, voces, edades y hasta humor diferente; mientras que la primera parte se caracteriza por un humor predominantemente físico y relacionado con el carácter del personaje; la segunda parte posee un humor negro con un ligero dejo de amargura.

Al final de la función que asistí recuerdo oír a un espectador decirles a sus acompañantes: “Siento raro. ¿Por qué nos hace reír con cosas tan feas?” Me aventuro a responder que ese humor que a ratos producía angustia se debe a la responsabilidad que asumió Paola de no banalizar las problemáticas que muestra. Usar el humor de forma contestataria -rasgo distintivo del cabaret- es un tono que nos deja claro, no solo la pertinencia de continuar con De príncipes, princesas y otros bichos, sino también la necesidad de Paola Izquierdo de aspirar a cambiar las cosas desde el arte. Ojalá que conforme siga presentándose este unipersonal, cada vez nos parezca más ajeno lo que muestra, pero para como va el mundo lo dudo mucho.

Ricardo

Reseñas

5to Encuentro Internacional de Clown

por Ricardo Ruiz Lezama 27 noviembre, 2017

…”te quiero en mi paraíso

es decir que en mi país

la gente viva feliz

aunque no tenga permiso”.

Mario Benedetti

La risa es revolucionaria, más aún en un contexto en el cual los medios parecen decir a diario: “deprímase y suicídese, no existe salvación”. Cuando parece que no hay a donde voltear la mirada se agradece la existencia de esos seres que traen un poco de esperanza dentro de todo el desasosiego: los clowns. Estos personajes parecen sostener que siempre hay motivos para reír y que vale la pena vivir un día más.

Los clowns viven el momento, luchan incansablemente por lograr cosas como quitarse un zapato o ponerse un sombrero, no saben rendirse. Con su lucha parecen decirnos que hay que hacer hasta lo imposible para lograr lo que se quiere. En su esencia está el espíritu revolucionario. Sus armas son el humor y la poesía.

Desde hace cinco años se celebra en la ciudad de México el Encuentro Internacional de Clown, donde se presentan los mejores exponentes de este arte, tanto de México como del mundo. Este año los países invitados fueron Suiza, Israel, Estados Unidos, Brasil y Canadá. Aquí te platicamos un poco cómo estuvo, en esta ocasión pudimos asistir solo a unos cuantos eventos, pero estaremos pendientes el próximo año para ir a más y disfrutar en grande de este gran evento.

Bianco su Bianco, Suiza

Bianco

Desde hace años el autor y director Daniele Finzi Pasca sé ganó el corazón del público mexicano. A partir de que presentó su unipersonal Ícaro, hasta la fecha, sus seguidores han ido en aumento, sus montajes siempre generan mucha expectativa y son bien recibidos. Sus puestas en escena se caracterizan por utilizar elementos circenses, metáforas visuales, construcción de mundos oníricos y poéticos; todo permeado con humor blanco.

Este año presentó junto con su compañía el montaje Bianco su Bianco -escrito y dirigido por él-, obra para una actriz, Helena Bittencourt, y un actor, Goos Meeuwsen. Mediante una narración lírica, ambos intérpretes reconstruyen la historia del encuentro de un hombre con moretones hasta en el alma y una mujer enamorada de la luz de las lámparas. La obra, muy divertida en varios momentos y altamente conmovedora en otros, -sello de calidad de Finzi Pasca-, inauguró con el pie derecho y puso la vara muy alta este 5to Encuentro Internacional de Clown.

Under Construction, Israel

DAVAI

DAVAI Group es una compañía de teatro fundada por tres artistas independientes: Fyodor Makarov, Losha Gavrielov, y Vitaly Azarin. En su sitio de internet mencionan que utilizan elementos de clown, música y circo para “llevar la alegría del teatro al público”. Sin duda esto fue lo que lograron con sus múltiples presentaciones en la ciudad de México.

Su espectáculo Under Construction tiene una premisa muy sencilla. Tres personas quieren tomar té. Pero para esto tendrán que prepararlo y es así que se ven inmersos en las más hilarantes y absurdas situaciones. Un humor que recuerda a aquellas inolvidables películas cómicas del cine mudo, pero con un toque extravagante y único que el grupo le imprime. Sin duda una de las obras más exóticas del encuentro.

Synapse, Quebec

Synapse

La compañía Théâtre Biscornu presentó su obra Synapse, una propuesta fundamentalmente creada a partir de la pantomima y el humor físico, elementos sustanciales del trabajo de la compañía desde su fundación. Esta puesta en escena narra la forma en que tres oficinistas encuentran en el juego una forma de liberarse de la presión que produce el trabajo monótono.

Múltiples situaciones y escenarios -creados solo con el trabajo del cuerpo y los gestos de los interpretes, François-Guillaume LeBlanc, Philippe Perreault y Nicolas Tondreau-, son mostrados para disfrute y entretenimiento del público, recordándonos que para que haya teatro no es necesario nada más que actores y espectadores.

Sin duda las obras que pudimos ver eran de un nivel excepcional. Y lo mejor es que los precios eran sumamente accesibles, había muchas promociones, además de varias funciones gratuitas. Claramente este encuentro es uno de los más interesantes de la Ciudad de México y procuraremos estar al pendiente de las demás ediciones. Principalmente porque hoy más que nunca necesitamos reír.

Ricardo

Reflexiones

El desprecio por la dramaturgia en México

por Ricardo Ruiz Lezama 10 noviembre, 2017

Sé que desde la crisis del drama se han buscado nuevas y revolucionarias formas de entender la escena; comprendo que la “dictadura autoral” -como Ricardo Bartís llamó a la hegemonía del texto dramático- terminó, dando paso a teatralidades enfocadas en los cuerpos o imágenes, dejando a la palabra en un lugar secundario -muchas veces accesorio o de plano inexistente-; todo esto me queda claro, pero, ¿por qué tanto desprecio por la dramaturgia en México?

Me explicaré, pero primero aclararé que este ejercicio de reflexión es difícil porque como soy dramaturgo se pensara que critico porque creo que puedo hacerlo mejor. De ningún modo; estas observaciones las hago desde el lugar de un espectador que cuenta con algunos conocimientos técnicos, jamás como poseedor de ninguna certeza, solo soy dueño de mis inquietudes.

Debido al trabajo en la página tenemos la posibilidad de mirar hasta cuatro obras por semana. Fuera de las obras que vienen de otro país a dar solo un par de funciones, he notado una constante en la cartelera estable de teatro en Ciudad de México. Hay predominancia de dramaturgias extranjeras. ¿A qué se debe esto? Es complejo encontrar una respuesta fácil, pero aventurándonos podemos pensar que en la cartelera comercial se debe fundamentalmente a que se necesitan obras que hayan probado su éxito antes en otros lugares para que el margen de riesgo de pérdida sea poco, no hay que olvidar que este teatro generalmente se hace con grandes inversiones de dinero. Pero en el caso de todos los otros circuitos teatrales no tengo idea. Aunque aquí arriesgaré una hipótesis.

La forma más sencilla de tener contacto con nuevas dramaturgias es ir al teatro. Desafortunadamente gran parte de los textos de autores noveles nacionales en cartelera son inconsistentes, con ese panorama difícilmente algún director tendría curiosidad en conocer más sobre aquellos dramaturgos, esa es una de las razones por las que quizá no haya interés en los textos nacionales.

Ahora bien, si uno revisa los curriculums de estos escritores puede uno observar que fundamentalmente han dedicado su práctica y estudio a la actuación o la dirección, pero dan por hecho la dramaturgia, como si fuera cualquier cosa, aunque si les preguntaras a muchos de ellos si creen que cualquier persona puede actuar o dirigir muy probablemente dirían que no, que como arte que es se necesita de mucha preparación. Entonces, ¿por qué muchos de ellos escriben cualquier cosa y la llevan a escena? Porque pueden y porque quieren.

Sí, uno puede hacer lo que quiera, pero el problema primordial es que realmente no se dan cuenta que detrás de muchos de los modelos que tratan de imitar fallidamente hay mucho trabajo y reflexión sobre la técnica. Uno de los autores más copiados en cuanto al estilo es Alejandro Ricaño, el cual -independientemente de los gustos de cada quien- es un autor que conoce las implicaciones dramáticas y narrativas en función de la teatralidad, sabe escribir teatro y lo hace parecer fácil; todos quieren ser como Ricaño pero este no es un improvisado.

En este punto seguro habrá más de uno que citará ejemplos de creadores en el mundo que han sido referentes sin haber estudiado – y estudiar no solo es ir a la escuela o tomar talleres sino autodidactamente con la infinidad de libros que existen enfocados en la materia- pero se les olvida que existe gente excepcional, a los que se les llamó “genios” en tiempos románticos, algunos quizá aún sigan llamándolos así. Un ejemplo de esto es Quentin Tarantino que es un referente del cine sin haber estudiado. Pero Tarantino es la excepción, todos quieren ser la excepción, pero esto no es posible, hay que ser un poquito más aterrizados, si todos pudiéramos ser genios entonces ser genio no sería nada asombroso. Otro detalle para los que quieren ser como Tarantino, este es un adicto a ver películas, la infinidad de referentes que posee podrían considerarse estudiar, así que no, tampoco Quentin es un improvisado.

Muchas de los textos fallidos de los que hablo ponen a la dramaturgia como eje rector, la importancia está en la historia, las vueltas de tuerca de los acontecimientos, los personajes, el conflicto, los descubrimientos, en fin, en los elementos básicos de la escritura dramática.  Así que para todos aquellos que desprecian la dramaturgia, escribiéndola como si fuera cualquier cosa -pero haciendo de ella el centro de sus teatralidades- si algún día se preguntan por qué la gente se les aburre, se les duerme o no entiende nada, no olviden que uno recibe lo que da. Así que un poquito más de respeto por la dramaturgia.

Ricardo

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