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Mauricio Kartun

Reflexiones

Carta a quien pretende dedicarse al teatro

por Ricardo Ruiz Lezama 12 agosto, 2022

Ilustración por Mar Aroko

“¡Y cuando pienso en mi vocación dejo de tenerle miedo a la vida!”

Nina, Acto IV, La Gaviota de Antón Chéjov

Estimada, estimado, estimadx aspirante al teatro:

Primero que nada, no vengo acá a decirte “LA verdad”. Considero que nuestros tiempos han dejado clara la posibilidad de que múltiples verdades se manifiesten, incluso al mismo tiempo, incluso negándose unas a otras. Entonces lo que aquí te comparto es mi verdad, pequeña y modesta como el teatro en que creo. Estas palabras van dirigidas a ti, pero también a mí mismo. A mi yo del pasado, para agradecerle todo lo que sabía, aunque no era consciente, así como su arrojo; y a mi yo del futuro, por si llego a olvidarme de aquello que considero esencial. ¿Cómo es posible que podamos olvidar lo esencial? No lo sé, pero sucede.

Me preguntas: ¿Cómo se puede vivir del teatro? No lo sé. Van dos veces que respondo así, que no lo sé, espero no exasperarte, pero conforme pasa el tiempo descubro que sé tan poco. Te compartiré un recuerdo. Cuando era aún más joven decidí dedicarme al teatro dejando que me guiarán mi corazón y mis entrañas. Luchando contra esos cuestionamientos (¿De qué vas a vivir?) y respondiendo: ya veré. Recuerdo que era algo vital, sentía que tenía que dedicarme a esto porque de alguna manera mi vida dependía de ello. Tenía diecisiete años, ahora tengo el doble de edad. Con el tiempo entendería que hay una sabiduría muy grande que la razón no comprende, que el corazón y las entrañas poseen su propia y valiosa inteligencia.

Cuando terminé de estudiar mi licenciatura en actuación, me sentía desorientado, de pronto egresaba y no sabía qué hacer. Mi pasión menguaba, aparecieron miedos. Para este tiempo tenía veintiséis años. Entonces, un curso de dramaturgia que tomé en Guadalajara me hizo recuperar el entusiasmo que creía perdido. El maestro que lo impartía era el dramaturgo Mauricio Kartun. Al finalizar el taller sabía que debía irme a Argentina. Pude hacerlo.

Tuve la oportunidad de estudiar en Buenos Aires, una de las mejores experiencias de mi vida porque alentaron mi deseo, como si le echaran más aire a una brasa. De lo primero que recuerdo que me dijeron en un taller de actuación fue: acá seguimos las enseñanzas de una de las representantes más importantes del teatro independente, Alejandra Boero: “hacemos teatro, no por plata, sino por amor”. A partir de este momento pude verbalizar algo de mi intuición y que considero esencial: el amor sobre el dinero. Y recordé por qué decidí dedicarme al teatro. Mi mamá trabajó treinta y tantos años en algo que la hacía infeliz, solo esperaba su jubilación para empezar a vivir. Yo quería que mi existencia, día a día, fuera una vida plena realizando aquello que me hacía dichoso.

Más adelante, en un taller con Mauricio Kartun, principal responsable de que soñara con irme a Argentina, él nos dijo que el teatro podía existir para combatir las lógicas capitalistas. El teatro podía compartirnos que no todo lo valioso se mide con la lógica del capital ni en términos monetarios. En esos tiempos pude sentir que mi vocación tenía un sentido, mostrarme que no sólo existe el camino del dinero, que la vida puede ser algo más, algo que no tiene precio, pero tiene valor. Esto me hacía más sentido que mucho de lo que antes me habían querido hacer creer en mi vida.

Así recuerdo mucho de mi tiempo en Buenos Aires, una reorganización de mis creencias. “Recuerden que en muchos casos decidieron dedicarse al teatro sin saber ni siquiera si iban a poder comer de él”. Esto nos los dijo el director Guillermo Cacace. Cuando he dudado, vuelvo a contactar conmigo, con ese joven soñador que sabía mucho más de lo que él mismo entendía, y todo porque sabía escuchar su corazón.

En Argentina entendí que la gente que se burla de la expresión “por amor al arte” es porque poco o nada saben del amor. Así que no puedo responderte cómo puedes hacer dinero del teatro porque ni yo mismo lo sé, pero sí puedo decirte que el miedo es uno de los peores consejeros y que si le hubiera hecho caso hace diecisiete años, me hubiera perdido la oportunidad de vivir la vida que era realmente para mí. Como dice Nina -personaje de La gaviota de Antón Chéjov-, cuando he pensado en mi vocación le he perdido miedo a la vida.

 

 

 

 

Reflexiones

Retos y exigencias de la dramaturgia contemporánea

por Ricardo Ruiz Lezama 7 enero, 2020

Desde hace algún tiempo en México he notado para la publicidad de ciertas obras de teatro se enfatiza su tema y la manera de tratarlo. Casos de estos abundan y a cualquiera que se acerque a mirar la cartelera no le faltaran ejemplos. Obras que visibilizan y critican, comprometidas con la realidad social del país, empiezan a predominar ciertos circuitos, dejando entrever que pareciera que el teatro para ser tal debiera cumplir con una función utilitaria.

Una de las problemáticas de lo anterior es que diversas agrupaciones y gente dedicada al teatro buscan amoldarse a los discursos predominantes para poder conseguir recursos estatales. Lo irónico de esto en muchos casos es que podemos encontrarnos, por ejemplo,  con algunas obras feministas dirigidas o escritas por hombres que salieron en el MeToo. Apoyadas por el Estado.

Otro problema que encuentro es que esta responsabilidad que se le ha conferido al teatro desde el Estado ha empezado a permear a la comunidad teatral, construyendo la idea cada vez más popular de que el teatro solo tiene sentido si posee la pretensión de modificar a la sociedad. Cuestión también irónica porque el mismo mundillo del teatro con sus corruptelas y abusos, casualmente casi nunca es criticado desde el teatro mismo. Siempre es más fácil mirar la paja en el ojo ajeno. O más conveniente.

Ante estas y más exigencias que se les hacen a los artistas, deben, quienes se dedican a la escritura teatral, sortear los más diversos requerimientos. En este escrito enumeraré varias de las exigencias a las que considero deben enfrentarse aquellas personas que quieran escribir teatro en México hoy.

Foto: @DaríoCastroPH

Exigencias estatales, ¿Qué le parece relevante al Estado hoy?

Esto fundamentalmente se refiere a la cuestión temática, al público al que va dirigido y al teatro como una herramienta. El Estado tiene un plan nacional en donde mira al teatro desde una perspectiva utilitaria, aquellas propuestas que deseen ser apoyadas por el Estado deben estar en consonancia con su visión.

Aquí es donde muchas personas dedicadas al teatro parece que tienen como principio de vida la siguiente frase icónica de Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.” Groucho Marx, claro está.

Exigencias gremiales, ¿Qué creen aquellas personas del gremio teatral encargadas de los presupuestos que es relevante hoy?

Hace algunos años hubo una efervescencia en el país por dramaturgias no convencionales, eran las que lideraban los premios en múltiples concursos de dramaturgia. Se dice que cierta dramaturga llegó a enunciar alguna vez que cuando era jurado de un certamen si leía que una obra empezaba con la didascalia “interior de un departamento”, inmediatamente dejaba de leer.

Las exigencias del gremio van desde lo estético hasta lo discursivo. Hoy por hoy considero que existe una predominancia temática, aquellas obras que tienen un tema social son más propensas a ganar un premio. El año pasado dos premios importantes fueron ganados por una obra que mostraba la realidad social marginal de un sector determinado, y otra trataba de desaparecidos. Esto también podemos verlo en el apoyo para escritura de obras.

No creo que la gente dedicada a escribir teatro lo haga para ganar premios, como se dijo una vez en una convocatoria de un premio que se declaró desierta por parte del jurado. Al menos no toda la gente. Pero creo que pocas y pocos dramaturgos se molestarían porque se reconozca su trabajo.

Exigencias de los espacios, ¿Qué vamos a programar?

Cada año múltiples espacios generan ciclos sobre cuestiones temáticas de importancia actual. En este caso también lo discursivo tiene una importancia fundamental. Los espacios regidos por el Estado siguen lógicas de acuerdo a su visión. En los espacios independientes hay mucha diversidad, o bueno, así solía ser porque en muchos casos son la plataforma para acceder a los espacios Estatales, donde se supone que pagan mejor. Cuando pagan.

Exigencias de Producción, ¿Qué deja dinero?

Esto depende. Si la producción busca conseguir dinero del Estado, generalmente buscará temas que vayan de acuerdo a su visión. En cuanto a lo comercial, se dice que lo más consumido en México es la comedia.

Otra exigencia relacionada a la producción depende de la capacidad de materializar lo escrito. Recuerdo que el dramaturgo Lautaro Vilo decía que en Argentina había muchas obras de dos personas en una sala porque era para lo que alcanzaba, tanto como en materia de escenografía como en cuestión de coordinar a los equipos creativos.  Quizá pensando en esto podamos encontrar pistas de porqué en México cada vez hay más monólogos.

Exigencias del público, ¿Para qué sirve el drama?

Nadie sabe. Pero Bertolt Brecht, Mauricio Kartun y David Mamet coinciden en que el drama, entre muchas cosas, tiene la función de entretener. Brecht dice que la tarea del teatro consiste en divertir a la gente. Kartun dice que el trabajo del drama es mantener expectante al espectador. Mamet menciona que el espectador va al teatro a que le cuenten una historia que le interese. El espectador entonces va al teatro a que lo cautiven.

¿Cuál es el problema? Entre tantas exigencias, a veces se deja de lado entretener que es una de las más nobles. Entonces pasa que se le engaña al público, diciéndole que va a ver teatro y se le da otra cosa. Cada vez pasa más a menudo como un ejemplo que da David Mamet, en donde habla de cuando las funciones se pervierten. Mamet pregunta: ¿Qué pasaría si alguien va al dentista a que le arreglen una muela y de pronto el dentista, en lugar de hacerlo empieza a hablarle de política?

Se cuenta que cuando Luisa Josefina Hernández vio una puesta de Brecht no sabía si ahí estaba todo eso del extrañamiento y demás cuestiones teóricas y políticas, pero que lo que nunca olvidó es que quedó profundamente conmovida.

Exigencias personales, ¿Qué tipo de obras necesito escribir?

Rainer María Rilke en su libro Cartas a un joven poeta menciona que si no es vital escribir entonces no se es escritor. Pero esto no es precisamente una necesidad romántica, de hecho es una necesidad inquietante en muchos casos. David Mamet da un ejemplo, menciona que los castores necesitan estar mordiendo para no volverse locos, y que lo mismo pasa con las y los artistas: necesitan crear para tranquilizarse.

Me gusta pensar que a final de cuentas un escritor y escritora son tales porque les gusta escribir no por terminar obras, como dice Mauricio Kartun, pero es difícil no pensar en todas las exigencias expuestas aquí a la hora de hablar de los procesos creativos. Considero que hoy por hoy escribir una dramaturgia en México dialoga con todas estas exigencias. Lo quiera o no. Me parece laberíntico. ¿Cómo escribir teatro y no perderse en el intento?

 

 

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