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Guillermo Cacace

Reflexiones

Carta a quien pretende dedicarse al teatro

por Ricardo Ruiz Lezama 12 agosto, 2022

Ilustración por Mar Aroko

“¡Y cuando pienso en mi vocación dejo de tenerle miedo a la vida!”

Nina, Acto IV, La Gaviota de Antón Chéjov

Estimada, estimado, estimadx aspirante al teatro:

Primero que nada, no vengo acá a decirte “LA verdad”. Considero que nuestros tiempos han dejado clara la posibilidad de que múltiples verdades se manifiesten, incluso al mismo tiempo, incluso negándose unas a otras. Entonces lo que aquí te comparto es mi verdad, pequeña y modesta como el teatro en que creo. Estas palabras van dirigidas a ti, pero también a mí mismo. A mi yo del pasado, para agradecerle todo lo que sabía, aunque no era consciente, así como su arrojo; y a mi yo del futuro, por si llego a olvidarme de aquello que considero esencial. ¿Cómo es posible que podamos olvidar lo esencial? No lo sé, pero sucede.

Me preguntas: ¿Cómo se puede vivir del teatro? No lo sé. Van dos veces que respondo así, que no lo sé, espero no exasperarte, pero conforme pasa el tiempo descubro que sé tan poco. Te compartiré un recuerdo. Cuando era aún más joven decidí dedicarme al teatro dejando que me guiarán mi corazón y mis entrañas. Luchando contra esos cuestionamientos (¿De qué vas a vivir?) y respondiendo: ya veré. Recuerdo que era algo vital, sentía que tenía que dedicarme a esto porque de alguna manera mi vida dependía de ello. Tenía diecisiete años, ahora tengo el doble de edad. Con el tiempo entendería que hay una sabiduría muy grande que la razón no comprende, que el corazón y las entrañas poseen su propia y valiosa inteligencia.

Cuando terminé de estudiar mi licenciatura en actuación, me sentía desorientado, de pronto egresaba y no sabía qué hacer. Mi pasión menguaba, aparecieron miedos. Para este tiempo tenía veintiséis años. Entonces, un curso de dramaturgia que tomé en Guadalajara me hizo recuperar el entusiasmo que creía perdido. El maestro que lo impartía era el dramaturgo Mauricio Kartun. Al finalizar el taller sabía que debía irme a Argentina. Pude hacerlo.

Tuve la oportunidad de estudiar en Buenos Aires, una de las mejores experiencias de mi vida porque alentaron mi deseo, como si le echaran más aire a una brasa. De lo primero que recuerdo que me dijeron en un taller de actuación fue: acá seguimos las enseñanzas de una de las representantes más importantes del teatro independente, Alejandra Boero: “hacemos teatro, no por plata, sino por amor”. A partir de este momento pude verbalizar algo de mi intuición y que considero esencial: el amor sobre el dinero. Y recordé por qué decidí dedicarme al teatro. Mi mamá trabajó treinta y tantos años en algo que la hacía infeliz, solo esperaba su jubilación para empezar a vivir. Yo quería que mi existencia, día a día, fuera una vida plena realizando aquello que me hacía dichoso.

Más adelante, en un taller con Mauricio Kartun, principal responsable de que soñara con irme a Argentina, él nos dijo que el teatro podía existir para combatir las lógicas capitalistas. El teatro podía compartirnos que no todo lo valioso se mide con la lógica del capital ni en términos monetarios. En esos tiempos pude sentir que mi vocación tenía un sentido, mostrarme que no sólo existe el camino del dinero, que la vida puede ser algo más, algo que no tiene precio, pero tiene valor. Esto me hacía más sentido que mucho de lo que antes me habían querido hacer creer en mi vida.

Así recuerdo mucho de mi tiempo en Buenos Aires, una reorganización de mis creencias. “Recuerden que en muchos casos decidieron dedicarse al teatro sin saber ni siquiera si iban a poder comer de él”. Esto nos los dijo el director Guillermo Cacace. Cuando he dudado, vuelvo a contactar conmigo, con ese joven soñador que sabía mucho más de lo que él mismo entendía, y todo porque sabía escuchar su corazón.

En Argentina entendí que la gente que se burla de la expresión “por amor al arte” es porque poco o nada saben del amor. Así que no puedo responderte cómo puedes hacer dinero del teatro porque ni yo mismo lo sé, pero sí puedo decirte que el miedo es uno de los peores consejeros y que si le hubiera hecho caso hace diecisiete años, me hubiera perdido la oportunidad de vivir la vida que era realmente para mí. Como dice Nina -personaje de La gaviota de Antón Chéjov-, cuando he pensado en mi vocación le he perdido miedo a la vida.

 

 

 

 

Entrevistas

La enamorada. Julieta Venegas dirigida por Guillermo Cacace

por Ricardo Ruiz Lezama 8 febrero, 2020

Desde hace años el director teatral Guillermo Cacace se ha consolidado como uno de los creadores más representativos de su país, Argentina. Cuestión de peso pues se trata de una de las capitales de teatro a nivel mundial. Sobresalir en una tierra amante del teatro y con una basta cartelera de calidad, es un logro notorio. Además, su trabajo lleva tiempo impactando también en las carteleras de múltiples circuitos internacionales. Por ello, me parecía extraño que el trabajo de un creador como Cacace no hubiera sido traído a México, donde la curiosidad por las cuestiones teatrales de todo el mundo es enorme. Con alegría comparto que esta situación al fin será enmendada pues en abril de este año se estrenará en la Ciudad de México una puesta en escena dirigida por él: La enamorada, escrita por el reconocido dramaturgo argentino Santiago Loza e interpretada por la cantautora mexicana Julieta Venegas.

Cacace también tiene una faceta como pedagogo teatral, por la cual ya había sido invitado a impartir un taller de actuación en la UNAM además de haber dado una clase magistral en La Cátedra Bergman. Guillermo también impartirá un taller intensivo de actuación en abril, esto significa que su visita a nuestro país se trata de su regreso como docente y su presentación como director ante el público mexicano.

En esta entrevista, Guillermo Cacace nos cuenta sobre La enamorada y sobre su próximo taller.

Ricardo: ¿Qué se siente estar de vuelta en México para presentar una puesta en escena?

Guillermo Cacace: Conocí México de grande, ni como turista había tenido oportunidad de venir. Esas cosas de la vida. La ciudad me enamoró al instante. Mis primeros viajes fueron en carácter de maestro de actuación y siempre añoré venir con una obra. Finalmente esta será la primera oportunidad. Claro que vengo un poco trasvestido (risas) porque haré un espectáculo musical precioso pero que es mi primera obra “musical” y donde vuelvo a armar un lenguaje teatral arquetípico. Digo en chiste que vengo travestido porque mientras mis últimas búsquedas fueron más deconstructivas de lo teatral canónico, aquí me interesó mucho hacer una suerte de homenaje al “crear ilusión teatral” con los viejos recursos de este arte.  Le armé a Julieta una cajita de música donde ella dice los bellísimos de texto de Loza y canta las canciones que compusieron con nuestro autor para esta obra con el encanto abrumador que ella tiene. A mí también me enamora su acento, tan distinto del porteño. Eso aquí, donde todos tiene su acento no creo que sea un plus pero en Argentina me ocupé especialmente de que a pesar de una literatura porteña ella no modificara la musicalidad de su decir.

Ricardo: ¿Cómo surgió La enamorada, cuál ha sido su repercusión en Argentina, la respuesta del público y qué expectativas tienen al presentarla en México?

La enamorada fue y es un recreo, un paréntesis en nuestras vidas. Es algo distinto para Julieta y sus modos más conocidos de “estar en escena”, es una experiencia distinta para mí –como ya les contaba- y supongo que para todo el equipo. En Argentina funcionó muy bien en todas las dimensiones de repercusión esperables para una obra y México es por ahora un interrogante que nos genera muchísimo entusiasmo. ¿Qué pasará con una obra donde lo musical es central, sí, pero que lo es en el marco de un dispositivo escénico interdisciplinario?

Ricardo: Se sabe que Julieta Venegas compuso la música y las canciones de La enamorada, ¿se trata de una obra musical? ¿Qué tipo de experiencia es?

Guillermo Cacace: La experiencia es puro ensamble… Es una obra donde hay un exquisito -al tiempo que artesanal- diseño de imágenes (son retroproyecciones hechas en vivo). Una obra donde todo se articula en un montaje que propone una integración de lenguajes: la literatura de Loza, una inquietante actuación unipersonal, la sabida calidad musical de Julieta, un iluminador de los más creativos de Buenos Aires y el talento de Johanna que es nuestra artista plástica invitada. Cada pieza de la enamorada es ensamble, incluso nuestro maravilloso equipo de producción de dos Rominas y un Gabo, el asistente.

Ricardo: Me parece que es la primera experiencia de Julieta como actriz ¿Cómo fue tu proceso al dirigirla?

Guillermo Cacace: Es sabido que a quienes actúan muchas veces en el proceso de dirigirlos hay que pedirles “que no lo hagan”, que no recurran a sus zonas de confort, de oficio, o a sus estereotipos. La gran satisfacción de dirigir a Julieta es que no existían casi ninguna de esas zonas resultadistas. Venía de dirigir un Chéjov y luego una obra croata contemporánea (Sobre Mirjana y los que la rodean de Ivor Martinic) con muchísimos actores en escena –si bien adoro a los actores- y trabajar casi en soledad con Julieta que no es actriz, era un descanso sin dejar la actividad. Los ensayos se convirtieron en una suerte de gran laboratorio donde empezamos desde situaciones meramente físicas, casi danzadas, hasta ir dando paso a la palabra en varias etapas. Ensayos tamizados con charlas que extrañamos. Pequeñas tertulias donde conversamos de los temas más diversos. No faltó la literatura, el cine, la filosofía, los hijos, es decir, charlas de nuestras vidas disparadas por el material. En lo estrictamente actoral me convocó la necesidad de no apelar a ningún lugar común que imponerle a un cuerpo para que actúe, explotar su singularidad en escena sólo que modulando en la subjetividad extrañada que siempre es un personaje. Al inicio de los ensayos fui a ver un show de Julieta donde ella hablaba para presentar sus canciones y me dije es eso lo que tiene que hacer, es simplemente eso pero situado en nuestro marco ficcional… Una vez más lograr un poder “estar allí”.

Ricardo: Es la segunda vez trabajas con un texto de Santiago Loza. ¿Qué es aquello que te conmueve de sus dramaturgias, y de esta en específico, para que hayas decido trabajar otra obra de él?

Guillermo Cacace: Observo que una gran parte de las dramaturgias contemporáneas se esfuerzan en mostrarse inteligentes, en exhibir casi pornográficamente y programáticamente sus bibliotecas. Dramaturgias que no me atraen por cierto virtuosismo logocéntrico que se entusiasma con fascinar intelectualmente al público con recursos que buscan la innovación y/o por tramas de gran ingenio. Ocurrentes ingenierías. También está el sector de las dramaturgias irónicas donde la parodia evade cualquier espesura acontecial. Loza, percibo, es todo lo contrario. Sin ausencia de inteligencia, el motor es sensible. Logra dar voz a cuerpos que parecen que en su cotidiano callan y que –como él dice- no sabemos si volverán hablar. Pura inmanencia sin solemnes aires transcendentales. Pareciera que sus obras se deslizan hacia la escritura sin ánimo de inscripción en las páginas de oro de la literatura dramática y ese gesto me conmueve. Encuentro placer en los gestos políticos implícitos y no en los gestos que usan la escena como púlpito desde donde nos dicen qué han entendido algunos autores –y por qué no algunos directores- sobre cómo se debe vivir o sobre la consagrada verdad política de nuestros días. Esto excediendo cualquier progresismo, ya que el progresismo discursivo termina siendo contradicho por su operación final. Operación muchas veces reforzada por las puestas. No me interesan las dramaturgias didácticas excepto en contextos hiperespecíficos.  Loza arma un acontecimiento vulnerable que pide cuerpo, que no se sabe autosuficiente en un documento de word. Que no podría ser ese documento más una ilustración del mismo. Necesita un cuerpo actoral para que haga sentido y necesita no someterlo a la cegadora luz de las ideas. Aparece una voz que balbucea y es el balbuceo mismo lo que ocurre más allá del contenido inteligible de esas palabras. La palabra no mata la voz. Desde estas consideraciones hacia su escritura por lo que tiene y por lo que aprecio que no tiene nos fuimos encontrando. También sé que no es el único que se habilita esta fragilidad, pero hoy me estás preguntado por él (risas).

Ricardo: ¿Qué significa La enamorada en tu camino como director?

Guillermo Cacace: Comentaba un poco en tus primeras preguntas que es una suerte de divertimento que llegó en el momento y lugar exactos dentro de mi labor. Para mí, que sea un divertimento, no le quita profundidad. Me gusta mucho lo que se armó, recoge algo lúdico que en estos días tengo muy a flor a piel por ser padre de una pequeña de tres años. Por eso, esa suerte de caja de música con imágenes que parecen sacadas de un libro de cuentos. La enamorada sería el personaje que de grande elegiría para que me venga a contar una historia sobre la vida y sobre la muerte en tiempos tan sórdidos. La enamorada es un gesto de ternura, que por su misma ternura en días tan violentos podría dejarte fuera. Pero creo que para quien se anime, La enamorada acaricia, canta y se va sin grandes estridencias, es amable. No se parece a otras cosas mías en su factura formal, aunque sí en ciertas búsquedas de siempre y ese permiso a lo que se diversifica es un aprendizaje por el que estoy sumamente agradecido a Romina Chepe (productora) y a Santiago Loza que son quienes me convidaron a trabajar con Juli. Juli a quien siempre confieso haber escuchado en todos lados, pero no tenerla asociada a su nombre y apellido y menos a su cara. Así que en la primera entrevista me dije que encantadora esta cantante mexicana, quién será. No tardé mucho en enterarme (risas). Soy muy ignorante de muchísimas cosas, pero ni la vida te alcanza para estar al tanto de tanto…

Ricardo: ¿Qué se siente volver a impartir un taller en México? ¿Cómo fue tu experiencia la primera vez?

Guillermo Cacace: Mis dos primeras experiencias en México fueron muy distintas. La primera fue más reflexiva porque vine a dar una charla en el DramaFest y me quedé sumamente insatisfecho, sentía que faltaba la pata práctica. Pero acepté las reglas del juego, tuvimos una discusión por momentos apasionada enfrentando puntos de vistas diversos acerca de la actividad y me la pasé extraordinariamente bien en esa charla. Además, estaba conociendo esta impactante y deliciosa ciudad, su gente, sus sabores. Conociendo al menos una partecita. La segunda vez -que extrañamente fue muy cerca de la primera cuando antes nunca había estado en México- se trató de la clase magistral en la Cátedra Bergman y un taller en el MUAC de la UNAM. Esa segunda vez sí fue puro regocijo. Tal que con algunos estudiantes de ese taller me seguí encontrando en Buenos Aires en experiencias de entrenamiento. Encontré una disponibilidad hacia el trabajo que me conmovió mucho. Fue un encuentro de enorme intensidad, al menos así lo recuerdo.

Ricardo: Llevas casi 20 años siendo docente, ¿cuál es tu visión de la pedagogía actoral y de la actuación?

Guillermo Cacace: Entiendo que la pedagogía actoral estuvo mucho tiempo ligada a la pedagogía teatral y que hoy debe asumir que quien actúa en el siglo XXI tiene demandas de lo performático en muy diferentes soportes. Esto implica una gran responsabilidad para quienes entrenamos cuerpos que actúan. Se me hace imprescindible pensar la formación actoral en el tríptico que vincula lo ético, con lo político y lo estético por sobre cualquier dogma metodológico.

La actuación es cada vez más, en mi visión, un arte que traman los cuerpos en puro presente. Es radicalmente algo que pasa entre, dejándose afectar por otredades múltiples. No desaparece la idea de representación pero tampoco se reposa sobre ella. Se actúa en tensión entre presencia y representación. La actuación es un resto que escapa a la captura en la ilustración y cuando se emancipa se convierte en plus que es obra sin estar al servicio de la puesta o la literatura. La actuación forma parte de ensamblajes aconteciales para los que también necesita que el yo del actor se diluya en cierto ánimo exhibicionista y no obstante logre de esa ausencia la emergencia de lo poético encarnado físicamente. La actuación como poesía encarnada es una búsqueda sin horizontes finitos.

Ricardo: México es un país ciernes en lo que respecta a la pedagogía teatral, desde hace décadas se llevan arrastrando metodologías fundamentadas en la discriminación, la violencia y el miedo. Sé que en tus talleres es todo lo contrario, se trabaja partir de un entorno de confianza y que cualquier persona puede ser parte. Además de esto, ¿Qué te importaría que sepan las personas que están interesadas en tomar tu taller?

Guillermo Cacace: Me importaría que sepan que no traigo ninguna metodología reveladora. Tampoco creo que existan. Que mi deseo es generar las mejores condiciones para que quienes participen y yo podamos asumir saberes que son propios de lo humano. Lo humano actúa y nosotros lo hacemos en el marco de una tarea artística. Claro que esto supone un estado de riesgo, unos desafíos que estudiaremos.

Con cada grupo que me encuentro es interesante comprobar que varía lo que yo sé. No varían algunas consignas, no varían algunos ejes que investigo pero puedo saber más o puedo saber menos según el tipo de encuentro que se genere. Entonces les pido que quienes vengan lo hagan sabiendo de la necesidad de encontrarnos para que esto realmente nos celebre.

 

La enamorada se presentará los días 2, 3, 4 y 5 de abril en el Teatro Silvia Pinal.

El taller de actuación impartido por Guillermo Cacace se dictará los días 2, 3, 4 y 5 de abril. Más información: https://aplaudirdepie.com/el-estar-en-escena/

TALLERES

  • Taller Virtual de Dramaturgia
  • Taller/montaje internacional de actuación en línea
  • Taller de monólogo teatral
  • Asesoría en dramaturgia
  • Cursos y talleres de dramaturgia
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