Wenses y Lala. Amor a manos llenas

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Una banca de madera colocada en el centro frontal del escenario y dos personajes perfectamente dibujados cuyos caracteres contrastan con tal exactitud que al unísono se complementan, bastan para construir un mundo maravilloso en el que un sentimiento se corresponde y crece sin jamás interrumpirse. Adrián Vázquez puede granjearse un éxito que, para la mayoría de los creadores resulta una proeza inalcanzable: ha escrito un texto profundamente conmovedor y ha sabido traducirlo a la escena, dirigiendo un montaje igualmente bello siguiendo un único parámetro: la sencillez ha trazado el camino.

Wenses y Lala son un mismo corazón dividido en dos cuerpos, los ha unido la tristeza, una vez que la orfandad los sorprende y se encuentran para ser mutuamente consuelo y compañía. Sentados en la banca de madera, contarán ellos mismos su historia, recuperando sus impresiones, recordando frente a nosotros sus mejores y peores momentos. Ante nuestros ojos habrá de exponerse una historia de amor extraordinaria, y es que en el mundo en el que vivimos se nos enseña cada vez con mayor convicción que los amores eternos no existen.

Descreídos de la sinceridad del corazón a quien pretendemos entregarnos en cuerpo y alma vamos por ahí dudando del vínculo que nos une a ese alguien. Se nos insiste en que la fidelidad es absurda y en que vale más un deseo nómada que una compañía estable, sólida, comprometida, cómplice. Ante este panorama, esta obra resulta un respiro que tranquiliza a los corazones románticos, le devuelve la esperanza a quienes todavía creemos en los cariños inquebrantables hacia una sola persona, sin necesidad de más. Ella nos sobra y nos basta. Nos complementa. Nos justifica.

Los personajes representan a una mujer y a un hombre de provincia (creemos que del norte del país), que han crecido distantes del caos de la vida en la ciudad pero no ajenos a la maldad del mundo. Aún así ambos, guardando las formas, expresión y maneras de la gente de pueblo, muestran un espíritu noble, incorruptible, almas limpias y serenas que no han hecho más que sobrellevar las dificultades y disfrutar la vida al lado del ser amado.

Wenses y Lala -ya lo hemos dicho-, contrastan armónicamente. Representan los extremos de carácter de la gente. En escena ambos brillan a su modo. Lala (Mariana Cabrera) representa la femineidad casi extinta de las mujeres que enamoran con canciones, es extrovertida, simpática, parlanchina, mientras Wenses (Adrián Vázquez) es un hombre tímido, inclinado más hacia la acción que a la palabra. Hombre derecho, de bien, que gana la vida trabajando sin queja, hábil en el campo y en adorar a su mujer, no habla sino hasta que el público “se presenta”, con oír unos cuantos nombres toma confianza y narra la versión de su historia, o mejor, las omisiones de Lala, lo que ha olvidado por travesura o conveniencia.

Como se habrá adivinado por los merecidos elogios, es una obra que nos complace recomendar. Una historia que sin lugar a dudas ha sido escrita y es contada con amor a manos llenas. Vale la pena descubrir ¿Cómo se conocen Wenses y Lala, cómo se enamoran, cómo se casan, cómo terminan su vida juntos? ¿Cuáles son sus delicias? ¿Cuáles son sus tormentos? ¿Qué guerras libran? ¿Qué batallas pierden?

El seguimiento de sus recuerdos, provoca risas y lágrimas nacidas del corazón. Su historia incide hasta lo más profundo del espectador. El enternecimiento se potencia con la dirección precisa de las luces en el momento justo y el sonido de una guitarra lejana, a veces acompañado de la dulce voz de Lala que le canta una vez más a su esposo:

“Ojitos de golondrina, cachetitos de manzana, nunca dudes, nunca sufras, que mi corazón te ama… Si vengo a verte cada semana es que no puedo es que no puedo cada semana…”

Te invitamos con gusto a formar parte de este convivio teatral

“Wenses y Lala” se presenta los sábados a las 19.00 horas  en el Teatro La Capilla

Madrid #13. Col. Del Carmen, Coyoacán, Ciudad de México.

Temporada del 23 de mayo al 25 de julio, 2015.

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