Tito Vasconcelos. Todos los homenajes.

foto: darío castro
foto: darío castro

Nadie que siga con cierta frecuencia mis críticas y reflexiones se verá sorprendido por mi admiración a Tito Vasconcelos, ícono del cabaret mexicano y maestro en el arte del entretenimiento nocturno. Con (apenas) cincuenta años de trayectoria, sus espectáculos han sido vistos y disfrutados generación tras generación como si del mismo público se tratara. Intuyo que esto se debe a la frescura y autenticidad con que están hechos, alejados de la pretensión que busca apantallar y que promete mucho para no ser capaz al final de cumplir con las expectativas.[1]

El teatro y cabaret de Vasconcelos es honesto, es por esto que no pasa de moda, que no se nos antoja como representante de un tiempo lejano, sino que es de algún modo siempre vigente, porque depende del dominio del público y de las técnicas de interacción con el mismo. Para ello es necesario el conocimiento de tantos temas como sean posibles. Cualquiera que haya podido conversar con Tito, sabrá que es un hombre sumamente culto, porque como él mismo nos ha dicho “un cabaretero es sobre todo, lo que lee”. Siempre informado, Vasconcelos está al tanto de las noticias del día a día atravesadas de un pensamiento crítico sumamente lúcido, de tal suerte que sabe mucho de todo para pararse en el escenario con esa seguridad que nos fascina, esa magnífica presencia que nos habla de talento y experiencia.

La primera vez que lo vi fue en el Foro A Poco No de la Ciudad de México, cuando presentaba su ya mítico espectáculo “La Pasión Según Tito”,[2] mi amigo Daniel Basurto y yo quedamos hechizados por él a partir de entonces. Nunca antes nos la habíamos pasado tan bien con un espectáculo, nunca antes nos habíamos reído a carcajadas en un teatro, con una obra que se soportaba en el conocimiento de la alta cultura en materia religiosa, pero que bajaba hasta nosotros mediante un cabaretero que parecía dominar la comedia recogida del teatro de carpa mexicano de los años treinta –uno de los mayores aportes del teatro mexicano al mapa mundial del teatro-.

Después de esto, tuve la oportunidad de coordinar el programa “Cervantes Off” para el Festival Internacional Cervantino, que se proponía actualizar las dramaturgias de Miguel de Cervantes Saavedra, pensando que el género del cabaret no podía faltar, inmediatamente contacté al maestro Vasconcelos para que participara. Aceptó y nos regaló “De Pícaros, Truhanes y Actores”, inspirada en Pedro de Urdemalas. Teniendo en Guanajuato y Veracruz un recibimiento tan eufórico como entrañable.

Entretanto recibí la noticia de la apertura del Youkali Cabaret, el espacio independiente de cabaret de Tito Vasconcelos ubicado en la Zona Rosa y del que me considero cliente frecuente. Ahí lo he visto interpretar a sus personajes como “Gloria Gloria Aleluya” y “Vicky la Diabla”. Es uno de mis lugares favoritos de la Ciudad para pasar la noche porque al ir, voy con la certeza de que me la voy a pasar bien y la confianza de que puedo invitar a mis amigos sin el temor de que se aburran o queden en descontento con el mundo teatral y no quieran ir más conmigo por un tiempo. Al contrario, todos los que me han acompañado han salido encantados por el maestro y siempre han repetido la experiencia.

Quizá el secreto de su magia resida en su estilo único, pues a pesar de que abundan los cabareteros en este país –algunos de los más reconocidos han sido alumnos suyos-, la personalidad en el escenario (y fuera de él) de Tito es imposible de imitar. En esta época de homogeneización y producción en serie, de fama sin talento, el maestro puede presumir de ser irrepetible, de ser inalcanzable, de ser Divino (como demuestra en su obra más reciente “Divina Despierta”).

Tito Vasconcelos es un artista. Inspirado e inspirador, por esto y más, tiene por de más merecida la medalla que recibe esta noche,  “Mi Vida en el teatro” que otorga el International Theatre Institute UNESCO y el Centro mexicano de Teatro. Tito, para ti, todos los homenajes.

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[1] Como sucede caso con el “teatro de nuevas tecnologías” en la Ciudad de México que no ha logrado hasta ahora un producto terminado, la generación de un movimiento o corriente y mucho menos una poética que lo caracterice. Se encuentra apenas en una etapa de prueba y error. Retomaré esto en alguna próxima reflexión.

[2] Mi crítica sobre este espectáculo: http://aplaudirdepie.com/la-pasion-segun-tito-carcajadas-en-el-funeral-de-jesucristo/

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