¿Se repetirá la historia? [Sobre la Asociación de Espacios Independientes]

arquitectura teatral

Por lo menos desde el 10 de enero del presente año el Foro Shakespeare ha convocado a los representantes (fundadores, directores, productores, gestores o miembros) de distintos espacios independientes a participar en distintas mesas de diálogo con el objetivo de crear una asociación de espacios independientes. Idealmente la vinculación de los mismos dará lugar a la creación de una figura política que protegerá los teatros alternativos –es decir aquellos no subvencionados por el Estado- de algunas prácticas gubernamentales que amenazan su existencia. A propósito, para lograr esto sería necesario reiterar a las autoridades que el Teatro Independiente no es ni debe medirse como un negocio, sino como una sólida y creativa usina de Cultura.  La gente de teatro apelamos a la comprensión de este principio básico.

En las mesas se han tocado temas de suma importancia para el teatro independiente como lo son, el Uso de Suelo, los Impuestos para espacios culturales, los permisos emitidos por la comisión de Cultura y la emisión de una Ley de Teatro esbozada por Bruno Bichir   (quien la presentaría como iniciativa de la Asamblea Constituyente por parte de Morena) y compartida por Itari Marta. Esta ley supuestamente representará de manera fidedigna las necesidades de la gente que de alguna manera se dedica al quehacer teatral.  Este esbozo parte de presupuestos de Marta y Bichir, quienes llevan gozando y sufriendo tanto tiempo de las libertades y limitantes que supone tener a cargo un espacio independiente. Por supuesto, las iniciativas se disponen a discusión, son flexibles y se modificarán hasta que reflejen en la medida de lo posible los intereses de la mayoría gremial.

La idea que sustenta estas y las mesas de debate pendientes, es que los foros teatrales pequeños son objeto de abusos por las autoridades capitalinas. En este punto me parece que es importante repasar lo que se ha logrado hasta ahora gracias a los esfuerzos de quienes han intentado algunas mejorías legales en materia de artes escénicas en la capital mexicana. Hasta el 6 de enero, la Asamblea Constituyente a la que pertenece Bichir había aprobado algunos artículos de lo que sería la nueva Constitución de la Ciudad de México; en este nuevo documento se contempla la mejoría de las condiciones de trabajo para los espacios independientes a través de una regulación específica, esto es, diferenciándolas de los espacios comerciales que responden mayormente a los móviles de la industria del espectáculo sujeta a móviles capitalistas. La Asociación de Espacios Independientes propuesta en la mesa del 10 de enero, se encargaría de vigilar que la legislación se respetara en beneficio de los teatros independientes. Muchas veces, salvaguardando contextos, conviene hacer un paralelismo histórico.

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 En 1998 el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas instituyó la “Comisión de Arte en Espacios Públicos”, integrada por tres arquitectos y cuatro intelectuales. Su existencia de debió al deseo reiterado de algunos artistas e instituciones relacionados con la cultura que insistían en que la colocación de piezas artísticas en el espacio urbano no estuviera sujeta al capricho de los funcionarios, sino que hubiera un filtro que permitiera que solo piezas del más alto nivel llegaran y ocuparan la Ciudad. Esta Comisión fue un fracaso estrepitoso.

El acta que creaba la “Comisión de Arte en Espacios Públicos” la planteó como un organismo de consulta obligatoria, cualquier iniciativa debía obtener un dictamen de aprobación, además de que tenía la facultad de sugerir el retiro de algunos elementos que considerasen innecesarios en materia urbana o que fueran visualmente ofensivos para los ciudadanos. Algunos jefes delegacionales vieron la Comisión como un organismo de apoyo, útil e importante y la respetaron, otros sintieron a los integrantes como una especie de advenedizos en sus cotos de poder y fueron hostiles a cualquier injerencia suya y simplemente los ignoraban y seguían haciendo lo que querían.[1]

El paralelismo es pertinente en tanto que en ambos casos estamos hablando de la preservación patrimonial de materia artística. Y así como fue muy difícil hacer entender que el respeto por la ciudad debía reflejarse en cada aspecto de la misma, lo es que quienes ostentan el poder comprendan la importancia vital de la cultura en la sociedad, más allá de la especificidad del teatro que es lo que nos (me) preocupa de manera especial la mayor parte del tiempo.

Hay que asomarse a la historia y aprender del error. Para que la Asociación de Espacios Independientes funcione debe asegurarse de contar con capacidades ejecutivas y que los dictámenes que pudieran depender de la misma sean vinculantes, esto es, de cumplimiento obligatorio. Ya habrá ocasión de hablar del perfil que creeríamos conveniente para los miembros de dicho comité, por lo pronto bastaría con que fueran personas cien por ciento comprometidas con el teatro y que su relación con el mismo responda a motivaciones éticas y honestas, más que empresariales y personalmente convenientes.

A todos nos interesa proteger los espacios teatrales aún sabiendo que su sustentabilidad es difícil y que su supervivencia depende de la lucha constante contra el neoliberalismo. Aún cuando los espacios se aseguren, la formación de públicos que asistan a las salas sigue siendo una tarea pendiente, además de la crisis que enfrentamos y que empeorará, ocasionando que el público se repliegue aún más por falta de dinero. Aún confiando en que el teatro, como dice Jorge Dubatti, resiste todo embate, porque puede absorberlo todo, todo puede soportarlo. El teatro puede existir en cualquier lado, sin necesidad de una sala. Pero qué mejor que las haya mientras se pueda y defenderlas mientras la fuerza alcance. Seguiré reflexionando en torno a las mesas del Foro Shakespeare, encontrando similitudes históricas acaso para lanzar advertencias, acaso para replantear preguntas, para cuestionar y sobre todo para seguir apoyando. .Por lo pronto tiro lo que sigue:

¿Existirá esta asociación? ¿Será un organismo estable? ¿Se respetarán sus decisiones? O en el peor de los casos ¿Se repetirá la historia?

Entiendo que las respuestas no puedan ser inmediatas y que de ninguna forma pueden ser tampoco definitivas. Sigamos pensando con calma las cosas.

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[1] Tomo íntegramente la anécdota de Fernando Gónzalez Gortázar, Arquitectura: pensamiento y creación. México, Fondo de Cultura Económica, UNAM, FA: 2014. 275 pp. Il.

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