Revoluciones Off

foto: Darío Castro
foto: Darío Castro

Hay quienes sostienen que el teatro es la manifestación política por excelencia, el medio idóneo para sembrar inquietudes revolucionarias en los espectadores. Por desgracia, esta característica que podría ser evidente, muchas veces se desvanece en producciones grandilocuentes que sirven al orden establecido sin intención si quiera de cuestionarlo. Entonces los ardores de revuelta se entibian y la consciencia se adormece. Se privilegia la forma sobre el discurso y se tienen así, montajes espectaculares carentes de contenido.

Para devolver la esencia contestataria del arte teatral, es necesario “sacar el teatro del teatro”, ponerlo en cualquier parte, demostrar que todo armatoste es prescindible a comparación de una poética potente. Que se puede hacer muchísimo más con poco, siempre y cuando los creadores escénicos tomen su quehacer como un espacio de militancia donde las estéticas obedezcan a un orden experimental más que complaciente. Un espacio alternativo en el que sientan la libertad de arriesgarse; arriesgarse a desmentir lo que se nos ha dicho sobre lo que debe ser el Teatro con mayúsculas, la vida, las sociedad, el amor, la sexualidad, el Arte, etcétera y proponer un orden distinto.

Algunos podrían pensar en el Festival Internacional Cervantino como un encuentro donde sólo tienen cabida los artistas consagrados dentro del circuito de las altas esferas.  Nada más alejado de la realidad. Prueba de ello es la inclusión del proyecto “Off” por parte de Marcela Diez y Gabriela Morales quienes consideran no solo pertinente sino necesaria la presentación de “ficciones incómodas” que manifiesten el espíritu disidente de los creadores escénicos independientes. Más aún en la edición 45 del FIC, cuyo eje temático fue precisamente “la revolución” como forma de conmemorar el centenario de la  promulgación de la Constitución Mexicana y de la Revolución Rusa ¿Qué mejor pretexto para convocar algunos rebeldes a manifestarse en contra de la injusticia, la desigualdad, la discriminación y la enajenación?

Así pues, para “Revoluciones Off” de cuya curaduría estuve a cargo, seleccionamos a cinco creadores con poéticas extraordinarias, y búsquedas auténticas, dispuestos a trabajar en espacios poco convencionales. Precisamente una de las premisas planteadas en sus invitaciones fue la flexibilidad para presentar espectáculos potentes en cualquier lugar. Esto redujo considerablemente sus requerimientos técnicos, al mismo tiempo que aumentó su capacidad creativa dependiente de la resolución, atendiendo en todo momento a la calidad del discurso antes que al dispositivo escénico. La revolución comienza desde esta toma de postura: que lo más importante es tener algo que decir.

Confiando tanto en su disidencia como en su elocuencia, elegimos a  Arnaud Charpentier, Bernardo Gamboa, Francisco Granados, Cecilia Ramírez Romo y Ricardo Ruiz Lezama para dirigir las producciones que, inspiradas en alguna revolución, darían cuenta del poder del teatro alternativo.

La descarga aún no se ha completado.  Charpentier eligió dar un tratamiento ambiguo a la posibilidad de la revolución en la tardomodernidad (¿Cómo podemos intentar la revolución si la rutina y formas de esclavitud moderna nos han orillado a abrazar un conformismo tan recalcitrante como repulsivo?) apoyado de proyecciones en pantalla de las ilustraciones hechas al momento por Olivier Dautais, imágenes que además simplificaron de manera cómica el lenguaje de las herramientas tecnológicas. Un off con un alto vuelo filosófico.

San Nonaka. Gamboa recuperó la historia de Kingo Nonaka un japonés que llegó a servir en las tropas de Villa, utilizando su figura como una alegoría de la esperanza revolucionaria que, a pesar de haber sobrevivido hasta nuestros tiempos, parece próxima a exhalar sus últimos suspiros. La escenificación se sostuvo en el trabajo de máscaras dentro del género cómico.

Amelia. Coronel Amelio. Por su parte, Granados aprovechó el lenguaje incisivo del cabaret para tratar la revolución de género a partir de la historia del Amelio Robles, una mujer reconocida como Coronel por el Estado Mexicano de épocas revolucionarias a quien se le permitió cambiar de nombre y adoptar comportamiento masculino viviendo tal como si fuera un hombre, incluso permitiéndole casarse con una mujer y ser padre de varios hijos, todo presentado de forma lúdica y profunda. Destacando las actuaciones de Anna Cristina Ross y Mafer Vergara.

Lobata. Teatro experimental para niñxs revolucionarixs. Ramírez Romo también tuvo la consigna de tratar la revolución de género, tema que forma parte de su búsqueda como investigadora escénica. Solo que, doblando la apuesta, se le pidió que hiciera una obra dirigida al público infantil: “revolución de género para niños” que además incorporara el lenguaje del hip hop por ser otra línea fundamental en esta edición cervantina. La obra  cuenta con muchos momentos de interacción con el público mientras se cuenta la historia de una chica que mientras huye de casa intenta conocerse a sí misma. Una historia con dos líneas paralelas de viaje hacia otro lado y hacia sí misma, viajes guiados por un “ser de dos espíritus” interpretado con excelencia por Myrna Moguel.

fotografía: Darío Castro

fotografía: Darío Castro

Escuadrón Justicia. La nueva utopía.  Por último, Ruiz Lezama dirigió una obra para inspirar a la generación joven a cambiar el mundo por sus propias manos. La trama sostiene que aún sin súper poderes, todos somos capaces de hacer algo por mejorar el mundo en el que vivimos. Inspirado estéticamente en el pop art y en las imágenes de los cómics –elementos bellamente traducidos por Mariana Herrera y Alberto Isaac González- y discursivamente en  las figuras de los héroes anónimos, el director y dramaturgo creó la obra más esperanzadora de esta edición, convenciéndonos a todos de que las injusticias no deben quedar impunes y de que no todo está perdido. Está en nuestras manos revertirlo.

Todos los montajes dieron cuenta del profesionalismo de los directores y de sus compañías y nos demostraron una vez más que se pueden hacer grandes cosas con producciones pequeñas. Lo importante, insisto, está en el mensaje, en tener algo que decir y poder hacerlo en cualquier lugar. Así comienza esta revolución. Al teatro nada puede detenerlo y qué mejor que este manifiesto tenga una plataforma de expresión tan importante como el Festival Cervantino. Espero que estas obras sigan circulando por ahí, dentro y fuera de los teatros. La lucha es real.  Hay que seguir intentándolo.

Zavel

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