Partitura escénica para niños con plumas en la cabeza

Foto: Darío Castro
Foto: Darío Castro

La maternidad, como cualquier otra de nuestras ficciones con las que intentamos significar nuestro devenir, es un concepto que se ha romantizado y se ha llenado de tantos prejuicios que pareciera ser un estado ideal y extraordinario, el punto clave para la realización de cualquier mujer. Los medios de comunicación, apoyados en todo un sistema discursivo que atiende a las teorías científicas, filosóficas, legalistas, en fin todas aquellas que sujetan nuestra ideología, para exaltar lo que según nos dicen es una de las labores más arduas, desinteresadas, generosas y amorosas a las que una mujer pueda entregarse.

Poco se habla del “lado oscuro” de la maternidad, como pueden serlo los motivos pueden llevar a una mujer a pensar en desempeñarse como madre por presiones sociales o, lo que es más grave todavía, para intentar llenar un vacío dando una vida nueva, esperando que su bebé satisfaga todos sus anhelos y le dé sentido a su existencia. Esta razón, por supuesto es la que más pronto se desgasta y la mujer, al descubrir (si consigue hacerlo) que un niño no puede darle todo lo que le hace falta, sino que se trata de alguna carencia o herida más profunda, descarga todas sus frustraciones y su insatisfacción en el pequeño al que se le había atribuido la enorme responsabilidad de hacer feliz a su madre, de complacerla, de ser lo que ella quería. Por el miedo a la soledad, cuando sus hijos las dejen las madres pueden desatar conductas enfermizas (una de las más graves es el Síndrome Münchhausen)[1] que a veces suelen pasar desapercibidas al ser confundidas como “el amor de mamá”, como lo es querer obligar a sus hijos a ser lo que ellas quieren sin importarles lo que realmente son ¡Estoy realmente encantada con que esta reflexión sobre la maternidad haya sido detonada por una obra infantil!

Foto: Darío Castro

Foto: Darío Castro

“Los cuervos no se peinan. Partitura escénica para niños con plumas en la cabeza” escrita por Maribel Carrasco y dirigida por Diego Montero, cabeza de la compañía Córvido Teatro, es un montaje que se aleja del afán de entretener a su público de una manera excesivamente alegre, menospreciando las capacidades intelectuales y necesidades sensitivas de los espectadores. La obra de Carrasco trata a los niños con la seriedad que merecen, comprendiendo que si bien no cuentan con la experiencia de un adulto, no por ello son menos y merecedores de espectáculos tontos.

El público infantil tiene perfectamente la capacidad para entender por empatía la complejidad de la infancia, el vínculo materno y el empezar a conocerse a uno mismo y a quererse por lo que uno es. Es en esta etapa donde se afianza la autoestima y comienza a formarse el ideal de vínculos afectivos que se perseguirá en adelante.  Es importante que los niños comprendan que está perfectamente bien ser cómo son y que no tienen que agradar ni demostrar nada a nadie, ni siquiera a mamá. También tienen que saber que está bien que algún día hagan su propio camino, que tienen que volar “ya sea con sueños o con alas” como dice el personaje de “la mujer del sombrero rojo” interpretado por Diana Becerril.

Becerril y su compañero de escena, Daryl Guadarrama, que personifica al “niño –cuervo / cuervo-niño” se lucen en sus personajes gracias a sus habilidades corporales (su entrenamiento físico es evidente en el manejo del espacio y la agilidad de movimientos), así como a la atinada dirección que ha decidido no contar más que con una banca por escenografía y un vestuario sumamente sencillo en el que destaca una bufanda roja que hace las veces del sombrero rojo, en un juego de intercambio de papeles que hace Becerril. Estas decisiones destacan el cuerpo de los actores en quien recae toda la atención y que no pueden ocultarse tras ningún elemento, son solo ellos, sus cuerpos y sus voces los que darán vida a una historia. El montaje nos recuerda una vez más que hace falta bastante poco, en lo que a producción se refiere para “hacer teatro” y que la conjunción de talentos es más que suficiente.  Una obra para niños, que no deben dejar de ver las madres.

Zavel

 

[1] Tema que trata la Obra “Münchhausen” de Lucía Vilanova: http://aplaudirdepie.com/munchhausen/

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