Objetos memoria

Foto: Francisco Hermoso
Foto: Francisco Hermoso

Durante los meses de marzo y abril, Three Monkeys Teatro presentó su segundo trabajo en la casa de la compañía ubicada en el centro de la ciudad de San Luis Potosí.

El quince de abril pasado tuve la fortuna de asistir a la fiesta que el poblado de Cherán K’eri, Michoacán, realizó para celebrar el sexto aniversario de su levantamiento en contra de las empresas madereras quienes, durante más de tres años (protegidas y apoyadas por células de La Familia Michoacana), saquearon y destruyeron gran parte de los bosques de esta comunidad. Dicho levantamiento fue la punta de lanza de un proceso de autonomización que culminaría con la expulsión total del crimen organizado de su territorio y la sustitución de la organización política partidista por una que descansa en los usos y costumbres de la tradición purépecha. Hoy en día, a seis años de haber interceptado los convoyes de los llamados talamontes para retomar el control de su futuro, Cherán sigue en pie de lucha, articulando y generando formas de pensamiento que se alojan en el fomento al diálogo, el encuentro, la colectividad y, sobre todo, en la preservación de la memoria —es sorprendente la atención que la comunidad cheranense presta al cuidado del recuerdo y, por consecuencia lógica, a la necesidad de compartirlo con quien esté dispuesto a escuchar: cada acción y cada acto, cada zona de encuentro, cada expresión artística y cultural del pueblo de Cherán tiene por objetivo celebrar y pensar el pasado como el fuego que ha de guiar a las generaciones venideras—.

Lo anterior viene a cuento porque es precisamente en el campo de la memoria y el recuerdo, en el cultivo de ese recuerdo y su posterior compartir con el visitante, donde la compañía potosina Three Monkeys Teatro (3MT) puso las columnas que sostienen su segundo trabajo titulado Diógenes. Objetos narrantes detrás de la puerta, un recorrido escénico que cuenta la vida de Doña Evangelina Barco —abuela de Leonardo Martínez, performador de la pieza y miembro de la compañía— que un día eligió la soledad y el aislamiento como estrategia (inconsciente quizás) para intentar detener el paso del tiempo y así poder congelar su historia en los objetos que la rodean. Guiados por el propio Martínez a través de los recovecos del laberinto que supone la vida de su abuela, Irma Hermoso LUNA y Caín Coronado recopilaron, durante poco más de medio año, las anécdotas y testimonios que Doña Eva había guardado tan celosamente en el fondo de su memoria (y acaso también en la superficie de las cosas y los objetos que aún conforman su mundo), para crear una pieza que hace las veces de ejercicio epistolar, homenaje presente a la existencia misma, y testimonio arqueológico de la transformación que la gente y la ciudad de San Luis Potosí han tenido a lo largo de los años.

Foto: Leonardo Martínez

Foto: Leonardo Martínez

La pieza (que ya se había presentado antes en la Biblioteca Rafael Nieto de la misma ciudad como parte del Primer Encuentro Estatal de Artes Escénicas en Espacios No Convencionales) usa como paradigma el llamado Síndrome de Diógenes para tejer una suerte de museografía del objeto biográfico o documental al ubicar al objeto mismo como zócalo: es en las pertenencias que Doña Eva y otros familiares del equipo prestaron para la realización de este trabajo donde se encuentra el campo en que descansa la empatía y la identificación profunda con el fragmento de vida que se está narrando: cada juguete, cada fotografía, cada disco de vinilo o silla o aparato, cada superficie pues, posee un jirón de aquella historia que es también la nuestra y que —como saben a la perfección los habitantes de Cherán— debe ser puesta a arder en el relato, es decir, en la enunciación del recuerdo que es también futuro. (Y es que es claro que en los objetos no solamente encontramos la anécdota individual de su dueño, sino la vibración colectiva de la bios que cada uno de nosotros, como invitados a la epístola, recibe y percibe desde el recuerdo detonado. Basta con prestar atención a lo que se pone en marcha al momento de encontrar el mismo juguete que se tenía cuando niño en la casa de un amigo, es imposible no sentir afecto por algo que activa la memoria de la infancia y el pasado de un hogar que ha devenido en casa abandonada). Desde esta perspectiva, Diógenes se inserta en un tipo de teatralidad que creadores como Lola Arias, el dueto hispano-mexicano Larios-Oligor de Oligor y Microscopía, y Rimini Protokoll —por mencionar algunos—, han investigando a profundidad desde hace ya varios años. Dichas teatralidades piensan el objeto como documento vivo o resto antropológico que da constancia, no solo de las microhistorias de sus dueños —que son, en suma, las que conforman el corpus amputado de la historia oficial—, sino también de los fenómenos (micro)políticos en que estuvo inserta su producción, y que, de manera lógica, condicionaron las vías de su comercialización y, por ende, su uso.

Es así que Diógenes resulta un ejercicio harto valioso en una época en la cual el culto al objeto ya no radica en las potencias afectivas que contiene, sino en la construcción identitaria artificial que la publicidad y el mercado han impreso en él. Al mismo tiempo (y a pesar de ciertas acciones o procedimientos que aún se adivinan tibios para una teatralidad que se adentra en la lógica de lo performativo y la performatividad del relato), 3MT logra construir una experiencia que camina paralela al flujo de la vida, tendiendo y potenciando los puentes dialogantes que yacen dormidos en la superficie de las cosas para, de manera fugaz quizás, articular un relato de lo común. Porque es en él, en el terreno del pasado, en el campo de la historia colectiva que aún estamos imaginando, donde se encuentran los cimientos del mundo que fue y el que aún esta por venir: como dice una impresión que hallé colgada de uno de los pilares de La Casa Comunal de Gobierno de Cherán, “[la] memoria es una ofrenda que honra a nuestra espiritualidad, a nuestras familias, a nuestros muertos, a nuestras comunidades. Recordar es transformar el pensamiento en el que crece la esperanza y la autonomía.” Finalmente, la memoria también es política. — Bruno Ruiz.

Three Monkeys Teatro (3MT) es una agrupación escénica fundada en 2015 por Irma Hermoso LUNA y Cain Coronado en la ciudad de San Luis Potosí, cuyo trabajo se enfoca en la creación y exploración con dispositivos escénicos que dialoguen con el panorama local, conformando equipos de trabajo interdisciplinares que operan de manera colectiva.

brunoruiz

Bruno Ruiz.
Director de escena, escritor y colaborador del laboratorio Teatro Desde la Grieta.

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