Litósfera. La geología al rescate de la comprensión humana

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A veces es necesario detenerse. Frenar la velocidad de nuestros pasos para contemplar el paisaje, para dejar que las sensaciones nos habiten. Para escuchar las palabras de la gente que en movimiento incesante no son más que ruidos intentando devenir en palabras ¿Qué dice el otro? ¿Quién es? ¿Cómo mueve su cuerpo? ¿Lo mueve al compás de la música o al contrario inventa su propia melodía? ¿Comparto su visión del mundo o la desemejanza de carácter y pensamiento me complementa? La mayoría de las veces ninguna de estas preguntas cruzan por nuestra cabeza, por eso cuando lo hacen se produce un acontecimiento en todo su esplendor. Reparamos en que el otro existe y nos acompaña. Reparamos que su historia personal de alguna forma se entrecruza con la nuestra y que incluso puede llegar a justificarla. Entonces celebramos la coincidencia.

Este devenir cotidiano que tenemos la posibilidad de convertir en una suerte de historia maravillosa –del mismo modo que de pronto un día convertimos a un extraño en nuestro mejor amigo- ha sido traducido a la escena por la compañía multidisciplinar “Teatro de la Brevedad”, que como parte de su residencia artística en el Teatro El Milagro ((Milán #24, Col. Juárez) presenta “Litósfera” los jueves a las 20:30 hrs. hasta el 30 de abril.

Bajo la dramaturgia de Alejandro Zingman y la puesta en escena de José Alberto Gallardo esta historia se cuenta entre pasos coreografiados e interludios dramatizados. Nos complace recomendarla porque aplaudimos el trabajo de esta compañía que en siete años ha sido capaz de apropiarse de un discurso que alude a la complejidad del mundo en que vivimos haciendo conciencia sobre la variedad de posibilidades para contar una historia como la de Mario y Elena (interpretados por Adriana Butoi y Damián Cordero) cuyos cuerpos vacíos caminan sin sentido entre la multitud llevando consigo una piedra a manera de talismán secreto. Quizá sea la energía de las rocas la que lo conduce a tropezar el uno con el otro y quizá sea este encuentro el que determine el resto de sus andares o acaso los concluya.

Más que convertirse en la delicia de los geólogos por las distintas características de las piedras que ofrecen las voces de Mario y Elena,  “Litósfera” resulta un montaje conveniente para todos aquellos que, abrumados de su realidad necesiten descansar de ella imaginando la historia de estos personajes para finalmente sentirse identificados al comprender que todos estamos hechos de la misma materia y que nuestros cuerpos, tanto como nuestras vidas significan e interesan.

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