Leer o no leer teatro

leer o no leer teatro

Hace tiempo uno de nuestros seguidores de la página comentó que no le gustaba leer teatro, nosotros le recomendamos algunos textos dramáticos e inmediatamente apareció otro seguidor para pronunciarse con una sentencia lapidaria: “El teatro no está hecho para ser leído”. Sí, esto último es cierto hasta cierto punto; si revisamos la historia del teatro podemos descubrir algo que ha permanecido casi intacto; la prioridad del teatro, su razón de ser, es el encuentro presencial. ¿Pero entonces los textos son meras reminiscencias de acontecimientos ya perdidos para siempre?

Descreo de toda afirmación absoluta en los terrenos del arte. “El teatro es…” “El teatro ‘sirve’ para…”. Por ello, por mi costumbre habitual de dudar, no me pareció convincente aquella afirmación de que el teatro no está hecho para ser leído. Quizá el teatro existe para el convivio entre personas, pero eso no significa que una dramaturgia carezca de valor propio como fenómeno artístico. Creo que el teatro leído puede brindarnos una experiencia estética, nunca capaz de sustituir la experiencia presencial, pero sí capaz de conmovernos.

Para el gran dramaturgo y maestro de dramaturgos Mauricio Kartun un texto dramático clásico es una braza que espera su oportunidad para arder nuevamente sobre la escena. Los posibilitadores de que aquella flama cobre potencia renovada pueden ser tantos, tan variados, y diversos que no podemos enlistarlos todos –de intentarlo caeríamos en la trampa de la simplificación por medio de categorías-, pero mencionaré uno para ejemplificar: el contexto puede revivir alguna dramaturgia por tener resonancias con el tiempo en que la obra fue escrita. Del mismo modo pienso que un texto dramático, no solo clásico sino también alguno que tenga potencial de vida, de ser encarnado entrañable y poderosamente, tiene la capacidad de arder en la mente y corazón de quién lo lee. Shakespeare puede ser un ejemplo de esto. Yo francamente nunca he tenido la fortuna de estar frente a una puesta en escena de Shakespeare que sea un acontecimiento, pero sus textos arden, muchas frases -aún en las traducciones-, muchas de las situaciones y conflictos planteados por el bardo son capaces estremecernos y dejarnos meditativos o eufóricos como un buen poema o una gran novela. Y sí, no es teatro propiamente dicho, pero es un suceso literario.

Es cierto que por las características del teatro, la escritura dramática es una escritura incompleta -como recuerdo haber leído que afirmaba en una entrevista del dramaturgo, director y actor argentino Rafael Spregelburd-. Es una escritura incompleta porque al estar pensada para un cuerpo y un espacio, siempre necesitará del lector una exigencia mayor pero también creo que con la práctica uno puede llegar a leer teatro fluidamente y sin dificultades, disfrutándolo e imaginando.  Con lo cual estoy a favor y recomiendo el acercamiento a la dramaturgia como una posibilidad estética. Sí, es cierto que leer teatro no es tener la experiencia del teatro pensándolo desde la idea del acontecimiento planteada por Badiou, la lectura nunca remplazará eso inexplicable que produce asistir al teatro, aquel contacto con el misterio, con aquello milagroso que nos hace volver a intentar revivir la sensación de asombro asistiendo a una función tras otra hasta recuperarlo o repetir infinidad de veces un mismo espectáculo, pero  siendo francos a veces el acontecimiento  ni  en el teatro mismo sucede y uno está en la butaca queriendo hacer zapping. Nada, ni ir al teatro ni leerlo, garantiza una experiencia trascendente, pero sin duda en la lectura de teatro algún día encontrarán alguna puerta a sensaciones nuevas y maravillosas que los harán querer repetir la experiencia.

ricardo

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