Laika o de cómo dignificar la mirada de un niño

11836350_10207510608033041_1741151700_oFotografías por Darío Castro

Como si entrásemos al universo de Julio Verne, inmediatamente al tomar nuestra butaca somos transportados a una estación espacial en la que un hombre, que muy pronto revela su profesión e identidad de científico, se desplaza mientras reflexiona sobre los futuros planes que tiene en mente para posicionar a su nación como la potencia científica absoluta. El vestuario, el acento de este hombre y más tarde y con insistencia el texto, nos indicarán el lugar en el que se desarrollará la obra, una localidad rusa. Elemento que se presta a una caricaturización peligrosa, pero que, afortunadamente los dramaturgos, Antonio Zúñiga y Hasam Díaz han sabido tratar en su justa medida para evitar la parodia.

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En “Laika”, mediante los bandos científicos, se presentarán dos naciones contendientes, la Unión Soviética y los Estados Unidos. Conscientes del impacto que puede significar una imagen ligada a una historia, los responsables del proyecto han tenido cuidado al momento de representar “la otredad”. La nobleza del alma infantil obliga a que por respeto a la misma, se ofrezca con un buen criterio todo lo que pasa delante de sus ojos, cualquier prejuicio es una semilla que amenaza con insertarse en su pensamiento. A los niños no se trata de “entretenerlos” sino de “nutrirlos” artísticamente y si se quiere, espiritualmente. El alma es el sitio idóneo al que el teatro se dirige, no hay que perder eso de vista.

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Al tratarse de una obra infantil, siempre cabe la posibilidad de exagerar algún cliché en el entendido de que los niños sólo reaccionan ante lo que ya conocen, y, si se les ha impuesto un modelo de comportamiento mediante los medios de entretenimiento a los que se estén acostumbrados, lo cómodo y recomendable serían imitar y repetir el modelo. En este caso se pudo exagerar la nacionalidad ligada a un carácter implícito, los ideales del espacio y la rivalidad entre las naciones, sin embargo se ha tratado al niño como un ser pensante como cualquiera de nosotros, los adultos que presumimos raciocinio. Zúñiga, Díaz y el director del montaje Rodolfo Guerrero, han decido hacer teatro serio para personitas inteligentes con la convicción de que pueden entenderlo todo. Celebramos esta decisión que sirve de guía para la realización de la puesta.

Sin temor de contextualizar la obra a mediados de 1917, durante la Primera Guerra Mundial, y de hacer uso de términos propios de este momento histórico, se nos cuenta la historia de la primera perra cosmonauta, la primera mascota enviada al espacio exterior por los científicos rusos. La narración está hecha con todo el corazón. Empapado de elementos melodramáticos, somos testigos de la elección de la perra como candidata ideal una vez que es presentada por la abuela de su dueña, una niña que no soportaría verla partir, pero que tampoco comprende lo difícil que es mantenerla en un hogar donde la necesidad económica impera.

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La perrita -una marioneta perfectamente manipulada-, es elegida para la misión espacial y para aleccionar al público sobre la importancia del cuidado de los animales, el amor familiar, la valentía y la importancia de la lealtad en la amistad. La narración resulta fluida gracias al acertado manejo de los elementos escénicos: ritmo (hoy en día es bastante difícil capturar y más aún retener la atención de un niño, por lo que este punto resulta doblemente meritorio), luces, desplazamiento en el escenario; toda la obra es ágil, que no apresurada.

El cuidado de los detalles es impresionante, no habiendo señales de descuido, sino de una dirección obsesiva, la obra cuenta con una producción envidiable que fija la mirada del niño en distintos puntos siempre en movimiento; los actores y Laika llegan a “volar” en el espacio bailando rock and roll, las plataformas de los cohetes entran y salen de escena, y la utilización de telas para simular el firmamento y el océano, hacen además de esta obra una propuesta estéticamente relevante. Definitivamente esta puesta nos tocó el corazón y elevó nuestra vista a las estrellas. Dignificó, como pocas, la inteligencia de los niños. Lo mejor es que sabemos que les quedaron ganas de seguir yendo al teatro, cuestión que no podemos dejar de celebrar.

11836352_10207510610033091_79843237_oPara informes sobre funciones visita: http://www.ccb.bellasartes.gob.mx/inicio/consulta/581

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