“La Antígona” de Cecilia Ramírez Romo. Las heridas abiertas de la juventud mexicana

antigona

El espectáculo unipersonal de Cecilia Ramírez Romo (dramaturga y actriz), beneficiaria del programa Creadores Escénicos del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes 2014-2015, dirigida por Pilar Couto, es una obra más de las que se suman a la preocupación social por la violencia con la que el Estado mayor pretende la quietud y obediencia ciudadana. De tal suerte que la exhibición de las heridas abiertas, del dolor provocado por la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa que recuerda la fatalidad con que fueron maltratados los jóvenes que participaron en el movimiento estudiantil de 1968 en la Ciudad de México y los cuerpos encontrados en fosas –que se ha vuelto cosa de todos los días- es el pretexto motriz de este montaje.

Apegado a los parámetros impuestos por el teatro posmoderno, que al parecer es el que mejor se lleva con el teatro que reclama justicia o el que se utiliza por convención, al entrar al teatro, el espectador encuentra sobre el escenario a una mujer arrojada en el suelo sobre una tabla de madera, una silla, una guitarra eléctrica, y una tela blanca de fondo que pronto descubriremos funcionará como proyector y como toga griega.[1]

A la tercera llamada se apagan las luces del teatro y se proyecta un video introductorio de corta duración que cuenta la historia de una niña que busca a su padre en las estrellas del cielo, la niña crece y deja de hacerlo sin saber que en efecto en el firmamento hay alguien que la mira y protege. La orfandad del personaje no justifica su carácter pero enternece, dispone al espectador a escuchar su historia. Es entonces que la mujer, “Mariana Muñoz”, una estudiante contestataria de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, que ha sido encerrada en la cárcel injustamente como todos los presos políticos (según la lógica del montaje)  se presenta ante el público luego de que este la mira retorcerse en el suelo con brusquedad y dando gritos estruendosos. Porque así aprendimos a manifestar la pena, con el escándalo, para que los demás se enteren de que estamos sufriendo, para que los demás crean que por más alta que se levante la voz el sentimiento es más profundo.

La exhibición de la preocupación de la juventud mexicana se contará en varias voces, Ramírez Romo interpretará en la función a Creón, a la Antígona de Sófocles  (la mítica), a un lacayo de la prisión, a un lacayo de Creón y, por supuesto a la Antígona redefinida como presa política mexicana. Todas esas voces han de seguir una a la otra para ilar la narración. La interpretación de los papeles es loable pues como hemos sugerido demuestra una capacidad histriónica que promete una carrera cada vez más interesante.

Durante la obra, el personaje principal, la estudiante encarcelada, interpretada por Cecilia Ramírez Romo, de imponente presencia y rasgos severos y seductores, nos contará los motivos que la llevaron a prisión, esta narración servirá para reprochar el funcionamiento del gobierno actual. Esta cuestión se enfatiza cuando la mujer comienza a narrar la tragedia de Antígona escrita por Sófocles, tal como supuestamente se las actuaba a sus compañeras en la cárcel. La primera vez que se menciona el nombre de Creonte (el emperador tirano del mito) aparece en la pantalla, por un instante una imagen del presidente Enrique Peña Nieto. El señalamiento, la conexión no podrían ser más evidentes.

La mujer se identifica con el personaje mítico y acepta gustosa el sobrenombre con el que será conocida por el resto de las presas. La mujer traduce la historia de Antígona a su propia realidad, respetando la convicción de que “toda historia ha sido antes imaginada, ninguna historia es nueva y cualquier historia podría pasarle a cualquiera”.  Sin duda el personaje de la presa política representa el ideal de convertirse en mártir de cualquiera que se precie de poseer un estilo revolucionario. De aquel, que consiguiendo la represión definitiva, se vuelve por cuestión de días –hasta que se agote la noticia-  una especie de héroe nacional.

La obra se inserta por diversos motivos en una corriente que todavía no delata su desgaste. Complace porque incide en la preocupación de su público ideal, porque celebra la victimización de quienes mueren en lucha y resistencia. Valen la pena sus instantes de verdad, cuando el brillo de Ramírez Romo se evidencia y su voz se esclarece. Cuando habla con franqueza, casi siendo ella misma a los espectadores.

A “la Antígona” le quedan cuatro funciones en el Teatro la Capilla (Madrid #13, Coyoacán, Ciudad de México) después comenzará su gira por la República y esperamos tener oportunidad de reflexionar sobre el impacto del mensaje en las provincias.

Notas

[1] El teatro posmoderno sugiere utilizar el mínimo indispensable de elementos para enfatizar la temática y sobretodo el dominio escénico del intérprete, como si se tratara pues, de una cuestión de lucimiento. Aquí es curioso notar que los recursos elegidos coinciden con exactitud con los empleados en el montaje de Demasiado Cortas las piernas obra escrita por Katja Brunner y dirigida por David Gaitán. Dicho montaje habría finalizado sus funciones apenas unos meses antes y sería protagonizado  entre otros actores por la misma Cecilia Ramírez Romo. Nos gustaría comprender el porqué de la repetición de motivos, estilo narrativo, manejo corporal e incluso el sonido de la guitarra eléctrica interpretando rock en vivo por la protagonista (en Demasiado Cortas… lo haría Harif Ovalle) ¿comodidad, imitación o pertinencia? ¿coincidencia generacional y estilística?

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