El teatro mexicano en tiempos de Lomnitz

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En el teatro mexicano, de Alberto Lomnitz se tienen las mejores referencias. Persona cabal, fundador de una exitosa empresa cultural inclusiva, excelente director, actor, pedagogo y productor teatral. Su personalidad amable y magnética lo ha convertido en un auténtico pacificador; es un conciliador nato que se debate entre la utopía y la realidad de las peripecias en las políticas públicas, pero siempre con una sonrisa e ideas puntuales, criterios científicos, objetivos, premisas certeras.

Sin embargo, en esto que se llama “el gremio teatral” muy pocos entendimos su nombramiento al frente de la Coordinación Nacional de Teatro. Con poco tiempo para finalizar un sexenio que, en materia de políticas públicas referentes a la cultura y el teatro ha sido francamente lamentable, aunque en comparación con otras áreas como la justicia o la seguridad, podríamos decir que gestiones y esfuerzos individuales lo salvan, como la labor de Juan Melía (anterior coordinador nacional de teatro), quien ha sido reconocido incluso entre los sectores más críticos del teatro nacional como un gestor profesional – más allá de esa horrible tradición de directores de escena que por la mañana son funcionarios públicos y por la tarde y noche son tocados por las musas de la creación – y se esperaba franca continuidad en el proyecto ya instaurado, el Melíato fue interrumpido, inexplicablemente.

Nunca entenderé – quizá algún día lo explique él mismo – que César Tapia no hubiera heredado el trono de Melía en la Coordinación Nacional de Teatro del INBA, el máximo órgano rector del teatro mexicano. No sólo era el sucesor natural – junto con Marisa Giménez Cacho y Lorena Abrahamsohn – sino porque nos habríamos ahorrado éste periodo extraño que deriva cuando un funcionario deja el puesto y se genera un vacío hasta que el siguiente honorable licenciado, maestro o doctor está bien acomodado en la silla y le explican los procedimientos institucionales, entonces vuelve toda la pesada maquinaría – en este caso el armazón teatral oxidado y a punto de reventar – a echarse a andar, lentamente.

¿Cómo funciona el teatro mexicano en tiempos de Lomnitz? Detenido. No ha salido la convocatoria de programación (prometieron que en abril, máximo), estamos a mitad de mayo y debería salir a finales de cada año para programar el siguiente, pero en el INBA es fácil, acaso habitual saltarse sus propias reglas y programar a dedazo, olvidado cualquier noción democrática que debe prevalecer en los espacios públicos y echando por la borda la necesidad de tener órganos colegiados, tampoco se sabe nada sobre la convocatoria de teatro escolar, ni las referentes a los estados (prometieron que este año el Programa Nacional de Teatro Escolar volvería a tener un alcance total), ni la que opera el propio INBA, que dicho sea de paso es un contrasentido y francamente un acto discriminatorio para el resto de los estados que la Ciudad de México tenga dos programas de teatro escolar, haciendo evidente duplicidad de funciones con el gobierno capitalino. ¿Por qué existe teatro escolar al interior del INBA cuando debería ser una atribución del Sistema de Teatros de la Ciudad de México?

 Tampoco se ha dicho nada sobre la Muestra Nacional de Teatro, ni sobre las Muestras Regionales y Estatales. ¿Existirán? ¿Tomarán en cuenta las recomendaciones del año pasado? ¿Existirá por fin un sentido crítico y documental al interior de estos esfuerzos? ¿Revisarán lo que se planteó en el Congreso Nacional de Teatro o fue sólo un lavado de cara frente a la señalada antipatía del gobierno federal para aceptar cuestionamientos y proceder desde las ideas de la sociedad civil? ¿Y los públicos específicos, por fin existirá cierta equidad o seguirá la dictadura del teatro para adultos? ¿Cuáles serán los criterios estéticos y la incidencia de la nueva coordinación en la intocable Compañía Nacional de Teatro, tendrá medios democráticos para elegir su repertorio? ¿Se propondrá refundar el inequitativo y centralista Estímulo Fiscal al teatro? ¿Prevalecerá la noción de que la crítica es nociva y seguirán en el camino de la complacencia? ¿Los funcionarios públicos de la Secretaría de Cultura y de la Coordinación Nacional de Teatro seguirán pensando que el teatro mexicano gira en tono a sus brillantes ideas y escritorios situados en Paseo de la Reforma?

Muchas preguntas, múltiples interrogantes al interior del INBA y de la Coordinación Nacional de Teatro, que cada año se ve rebasada por la cantidad de teatristas (profesionales, semi profesionales y aficionados) que existen en todo el país y los mínimos recursos para operar, porque el presupuesto lo absorbe de forma monumental la burocracia, los sindicatos, los empleados de confianza, los proveedores externos, nunca los artistas profesionales de la escena en su mayoría.

Consecutivamente, más que una Coordinación Nacional de Teatro, la oficina de Lomnitz antes de Melía, parece la coordinación de teatro del Centro Cultural del Bosque, tan abocados a diseñar la programación de esos espacios, a considerar su rango de acción en las inmediaciones del Campo Marte y del metro Auditorio, sin reparar que el teatro nacional está sobre todo fuera de los espacios hegemónicos de la Ciudad de México y de los teatros convencionales.

Lomnitz como artista ha sido un pionero, un auténtico visionario, generó Seña y Verbo teatro de sordos, fue de los primeros, sino es que el primer director importante que hizo teatro para adolescentes, ha llevado a escena a autores desconocidos, marginales, exotas. Como pedagogo urdió una estrategia positiva de trabajo al interior de sus talleres y procesos de actuación, es brillante en lo público y en lo privado. En la Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana (ORTEUV) revitalizó el repertorio y junto a Boris Schoemann pusieron en sintonía una compañía anquilosada, le regresaron su esplendor.

¿Tendrá Lomnitz y su equipo margen de acción para la innovación o será un año y medio de continuismo con un excelente salario mensual mientras el teatro mexicano (todo, no sólo el chilango) sigue a la espera de entrar en la vida cotidiana de los mexicanos?

 

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Enrique Olmos de Ita

Dramaturgo, crítico de teatro, narrador y divulgador científico

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