Don Juan Chilorio. El carácter revolucionario de la risa

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La segunda temporada de Don Juan Chilorio, obra escrita y dirigida por Fernando Bonilla, presentará hasta el 10 de agosto funciones en el Foro Shakespeare. Como no queríamos perder la oportunidad de hablar de ella –en tanto que hemos reparado en varios montajes de la Compañía Puño de Tierra, de la cual Bonilla es fundador- y, dicho sea de paso, de recomendarla, repararemos en el aspecto que creemos puede desencadenar interesantes discusiones. Se trata de la transición de un espectáculo de calle a un foro cerrado ¿Qué da y que quita un espacio abierto? ¿Qué se pierde y qué se gana al delimitar el lugar donde tendrá la representación?

Lo que pudiera parecer un aspecto superfluo, resulta en realidad el elemento más significativo del montaje que afortunadamente funciona bastante bien en ambas posibilidades. Acaso sea porque el género facilita la inserción en cualquier ambiente (creemos que la comedia “bien hecha” como lo es en este caso, tiene mayores posibilidades de aceptación, pues la cualidad lúdica es inherente a la naturaleza humana); la historia escrita originalmente por José Zorrilla (“Don Juan”), es interpretada por medio de la técnica clown por este grupo de teatro independiente que desde hace tiempo se ha revelado como prometedor.

El resultado de la interpretación clown es que la historia del seductor empedernido devenido en arquetipo del soltero invencible es contada a tropezones voluntarios, es decir, que se fingen una serie de errores para provocar la risa del público que se descubrirá cómodamente partícipe y cómplice de los protagonistas de la puesta: Valentina Sierra en el papel de “la Tlacuacha”, una conserje que se presta para interpretar el papel de una doncella en apuros, Malcolm Méndez el “payaso verde”, Valerio Vázquez el “payaso rojo” y Mario Monroy “don licenciado”, quien sorprende con su simpatía en esta puesta en escena, lograda sin lugar a dudas gracias a su encanto dirigido correctamente por Bonilla.

La trama de la obra se resume como sigue: una compañía de teatro independiente y de pocos méritos es contratada por el gobierno para ofrecer funciones callejeras de Don Juan. Gracias a una confusión se descubre que el grupo no estaba preparado para el montaje por lo que le será necesario improvisar. La situación se presta correctamente para una crítica incisiva hacia las instituciones culturales, la corrupción, el bajo nivel educativo de los servidores públicos y el manifiesto desinterés del gobierno por las artes escénicas (realidad que se resiente desde todos los frentes, incluyendo a la crítica). La figura de autoridad, representada por Monroy, quien interpreta a un secretario de cultura, resultará el flanco perfecto para lanzar la crítica, ya sea mediante el diálogo expreso o mediante la ridiculización del personaje.

Con sus carcajadas, el público se incluye en el reproche, se burla de él y con eso acepta que el país, en este sentido no se encuentra en su mejor momento o en las mejores manos. Además de esto, los espectadores se integran literalmente a la puesta, prestando no sólo su energía desde la butaca sino el cuerpo mismo cuando cualquiera de ellos es elegido para participar en el supuesto montaje. Todo el público se identifica con el elegido y con ello la puesta asegura la atención cautiva que sabrá aprovechar. En este juego participarán con éxito incluso la música e iluminación, que bromearán a su modo con la gente y dialogarán con la narración. Porque en eso Bonilla es experto, en la interacción con el público, en la comedia y el arrabal. Por eso es que este montaje tiene el ritmo justo, un manejo de lenguaje que no necesita ser soez ni servirse del albur para ser divertido; por eso es que esta obra es apta para toda la familia y todas las edades.

Como hemos dicho, la resignificación del Don Juan de Zorrilla en su acepción callejera de Puño de Tierra, sólo se comprende mediante la transición del montaje de comunidad marginal donde se representaba originalmente en giras continuas, al foro cerrado. Se trata de públicos distintos, el uno sin mayores divertimentos que los populares (la programación de las televisoras nacionales, youtube, facebook y demás herramientas utilizadas básicamente, es decir, sin ir más allá de lo que está de moda y a su alcance) y el otro presumiblemente educado y con una mayor cultura teatral.

Hemos meditado la transición lo suficiente para dar con un resultado que nos maravilla: el carácter revolucionario de la risa. Como dijimos, al ser inherente a la condición humana, es capaz de transitar cualquier espacio con igualdad de condiciones. La risa, siempre libre no depende de la condición social tanto como otras expresiones. La risa es libre, la risa sale del alma, a la risa finalmente no le importa donde tenga lugar. La risa oportuna en todo momento rompe fronteras, trasciende. Quisimos encontrar mayores diferencias derivadas de un ejercicio de comparación entre el recinto y la vaguedad, y nos dimos con esta preciada conclusión. Que la comedia en su justa medida, con el tono correcto, llevada a cabo por actores lo suficientemente abiertos, flexibles, que saben adaptarse a la circunstancia y camuflarse con cualquier paisaje, tiene exactamente la misma contundencia exitosa aquí y allá. Por eso es que sea donde sea que se presente, al aire libre o bajo los efectos del aire acondicionado, “Don Juan Chilorio” será un espectáculo gozoso.

“Don Juan Chilorio” se presenta los lunes a las 20:30 hrs hasta el 10 de agosto

en el Foro Shakespeare, Zamora #7, col. Condesa

(a una cuadra del metro Chapultepec)

FirmaZavel

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