Dios o no ser. Gaitán, ensayista

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Pocas cosas satisfacen más al investigador teatral que seguir de cerca el desarrollo de la carrera de un teatrista. En el caso de David Gaitán, somos muchos los que seguimos de cerca su trayectoria porque creemos que su teatro representa casi por completo los ideales del quehacer escénico mexicano contemporáneo. Ha dibujado una línea estética particular en el ámbito nacional y ha sabido explotarla y difundirla al grado de que las jóvenes generaciones sin duda alguna buscarán imitarle. En tanto que el teatro de Gaitán se trata de un modelo destinado a la reproductibilidad, es necesario detenernos un poco a explicar a través de sus montajes, cuales son las características que componen su poética.

En esta ocasión, me serviré del análisis de “Dios o no ser” su montaje más reciente en el que participa como actor y dramaturgo, concediéndole la dirección a Martín Acosta, otrora promesa del teatro mexicano. La trama parte del encuentro de una mujer con Dios. Al hablar con él frente a frente se define a pesar suyo como “la profeta de la palabra divina”, como la representante de dios en la Tierra. Por supuesto que el contacto con Él no es una cosa sencilla, al contrario es un evento sumamente traumático que cuestiona la lógica con la cual funcionamos y ordenamos el mundo. La revelación divina llevará muchas veces la profeta a estados demenciales, estado emocional que parece dominar Diana Sedano, actriz que interpreta a esta mujer en constantes crisis explosivas, se supone que ha visto a Dios en su faceta más temible.  La certeza de su existencia le horroriza.

La profeta intentará muchas veces esconderse de Él hasta descubrir que esto es imposible. Gaitán elige escenarios exóticos para su huida y exilio. Sin embargo, Él  aparece frente a sus ojos y desaparece con la misma facilidad. Sólo su voluntad será cumplida. Dios se manifiesta en sus seres queridos, en el hombre que abandonará porque el camino de la fe debe andarse en soledad, y un chico que al ser testigo de un milagro se convierte en el más leal de los devotos.  Al final, se descubre que Dios no es más que una idea de la que el hombre debe hacerse cargo, rebelarse ante él y desaparecer.

La estética que soporta el montaje coquetea con el minimalismo simbólico. El cuerpo de la profeta aparece a media luz (la iluminación corre a cargo de Matías Gorlero) en las escenas más altas en ropa interior. Sin embargo, la desnudez no la vuelve un cuerpo erótico, no es la sensualidad lo que busca evocar, sino el patetismo de la debilidad, de la pequeñez, la tristeza en el mundo.  La madera se impone como el material predilecto te acaso por la simplicidad y pureza que representa. El suelo todo está cubierto por este material, del que también están hechos los cajones que son utilizados para múltiples propósitos. Las caras de las cajas llevan impresas ballenas. Nos remonta esto a Moby Dick y a la atribución que las interpretaciones literarias nos han dejado en legado. Dicen que esta ballena es Dios. La insinuación en el montaje es un guiño acertado.

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Como he dicho, lo que más me interesa de este montaje es el texto de David: ¿Qué discurso propone esta vez? Desarrolla con generosidad el tema que había propuesto desde su famosa “Velocidad del zoom en el horizonte”. La obsesión que tiene por “la idea de Dios” como el punto clave para el sistema y orden social, como una idea que, de abandonarse por completo cambiará el funcionamiento del mundo que habitamos definitivamente. Dará pie a un panorama hasta ahora desconocido; no nos dice si será un futuro mejor, pero claramente le ilusiona pensar en que algún día la humanidad se impondrá sobre la divinidad, aún con el raciocionio fallido de la especie. Dios ha muerto y todo el mundo debe saberlo. Dios ha dejado de ser necesario. Es una creencia obsoleta, como la idea de “familia” (a la cual ataca también en este discurso). Gaitán es un idealista supuestamente anti-sistema, se sirve de la escena para llevar a cabo ensayos intelectuales.  Ahora mismo, a través de su teatro se ha peleado con los dioses y ha salido triunfante.

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