Bestiario Humano. El extremo fantasioso de Diego Álvarez Robledo

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Es importante aproximar un análisis de Bestiario Humano en tanto que representa la primera etapa del proceso de consolidación de la poética de Diego Álvarez Robledo, cuya compañía, Principio Investigadores Escénicos,[1] es uno de los grupos más interesantes de la escena en la Ciudad de México. El estilo de  Álvarez Robledo responde a los postulados del teatro documental, cuyo principal interés es dar seguimiento cronológico[2] y lanzar una crítica argumental sobre algún problema histórico o social, como lo es la crisis de identidad de las nuevas generaciones de la Ciudad de México, las consecuencias de la cultura del capitalismo en la idiosincrasia de la juventud, crímenes, corrupción, machismo, y el endeudamiento global como consecuencia del injusto reparto del capital en manos de distintos regímenes gubernamentales.

En el caso de este creador, adelantaremos que su principal obsesión hasta el momento radica en la extinción de las especies como producto del instinto destructor de los seres humanos.[3] Este tema presentado tanto de forma literal como de pretexto metafórico lo encontramos también en Terminal Axolotl, que habla de la extinción del ajolote, y en Animalia que habla –entre otras cosas- de la descontrolada explotación de los seres humanos al mundo animal como consecuencia de la expansión del mercado capitalista.

El elenco de Bestiario Humano, compuesto de un grupo de jóvenes actrices[4] (Verónica Bravo, Rosalba Castellanos, Miriam Romero, Sofía Silwin y Lucía Uribe Bracho) es responsable de dar voz[5] a personajes tanto humanos como animales, de tal suerte que Álvarez propone la simultaneidad de voces narrativas tanto de las víctimas (los animales) de la devastación paulatina del medio ambiente como de los victimarios (los seres humanos).

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La inclusión de ambas versiones con propósitos de comparación y cotejo podría dar pie a una lectura pretendidamente objetiva del fenómeno estudiado, sin embargo, la postura del autor resulta tan evidente, que podría tildarse de tendenciosa e incluso de maniquea en algunos aspectos específicos, aunque no podemos dejar de reconocer la intención de matizar sus propios juicios de valor, al poner a discutir a los personajes sobre un mismo punto desde perspectivas distintas. El mejor momento en que esto puede observarse, es en la discusión sobre los problemas políticos actuales del Estado Islámico, que explican simplemente como una guerra por el control del petróleo que intenta disfrazarse de conflictos religiosos; las matanzas y el sistema de pensamiento del extremo de la rebelión: los terroristas representados por un militante que explica las razones de sus violentas reacciones como forma de expresión de su rencor social. Sus dolores de infancia y juventud (la pérdida de sus familiares por culpa de la guerra injusta) se traducen en su intensa participación en el conflicto, con esto, el autor humaniza al supuesto enemigo para generar un momento de compasión y empatía con el público, al mismo tiempo que relaciona a las víctimas inocentes del reino humano con las especies a las que se les da muerte por motivos que escapan de su control.

La visión idealista y utópica de Álvarez Robledo, incluso maniquea y apocalíptica[6] casi sin ápice de esperanza para el futuro -que convenimos en llamar su “extremo fantasioso”-  se traduce perfectamente a nivel escénico, puesto que, alejado de cualquier interés de realismo,  prefiere prestar voz a aquello que no lo tiene (el mundo animal) para dar origen a un imaginario en el que todo discurso racional es emitido desde una remarcada e insalvable opinión occidental por cualquier especie, con tal de dar cuenta del maltrato y sufrimientos de cualquier ente vivo a consecuencia de la guerra y la extinción (procesos relacionados causal y consecuentemente).

Bestiario Humano, es un montaje valioso por la argumentación –producto de una evidente investigación exhaustiva- de un punto de vista, de un discurso que ataca al gobierno concebida como una facción conservadora e injusta que ha alcanzado el por medio de acciones violentas que ofenden al sistema democrático, esta versión de los hechos convenientemente resulta ser el más popular para la clase media de la Ciudad de México, especialmente propia de los estudiantes universitarios de la generación a la que pertenecen el director y las actrices de la obra (nacidos después de la década de los 80). La popularidad del discurso, la convierte en una puesta representativa del imaginario de los jóvenes mexicanos, que, en el transcurso del tiempo han encontrado nuevas formas de protesta en contra del autoritarismo y las formas de control, censura y castigo que imponen los mandatarios a la sociedad. De ahí que resulte pertinente su exposición en otras partes del mundo.

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La moraleja de la puesta en escena podría resumirse en el peligro que supone la irresponsabilidad de la toma de decisiones de quienes se creen dueños del mundo. Los capitalistas, esos seres irracionales, cuyo instinto material conlleva necesariamente a la destrucción de todo lo que lo rodea (incluyendo los vínculos sentimentales). El juicio de valor en Bestiario Humano lo es todo. Sostenida en una visión edulcorada  marxista-comunista del mundo, este montaje resulta una verdadera experiencia sensible e intelectual. Despierta los sentidos de quien la mira así como estimula la inteligencia en tanto que propone una discusión que nunca estará fuera de lugar: ¿Cuáles serán los efectos últimos de la cultura del capitalismo? ¿Será verdad que los sistemas alternativos habrían sido capaces de estimular la conservación pacífica del mundo? Especialmente en la respuesta afirmativa a la segunda cuestión, radica el extremo idealista de este joven creador.

Notas

[1] Ese grupo formado en el 2008 por creadores de distintas disciplinas, nacidos en la década de los 80, que vivimos en la Ciudad de México .Para saber más de esta compañía sugerimos visitar su página: www.principiomx.com (visitada por última vez el 26 de enero de 2016).

[2] La obra repasa momentos históricos significativos el Imperialismo (que expone a modo de caricaturización) en el que se detiene especialmente, por contener en esencia el discurso que sostendría la emergencia del sistema capitalista, culpable de todos los males sociales en la visión de A. Robledo.

[3] Por momentos compararé algunos elementos de “Bestiario Humano” con los que articulan “Animalia” (que también hemos tenido oportunidad de analizar) obra también de Álvarez Robledo, que a nuestro parecer, resulta del “pulido” estilístico de lo que se intenta y propone desde Bestiario. Es decir, que “Animalia” sería un producto mejor logrado de los presupuestos artísticos y discursivos de Robledo, como si se tratara de una continuación guiada del mismo eje toral que su antecesora.

[4] La elección de un elenco femenino produce una erotización (probablemente involuntaria del discurso) , a diferencia del elenco masculino de “Animalia” que resulta una explosión sexual más agresiva a tono con la virilidad expuesta.

[5] Nos resulta especialmente estimulante la provocación que resulta de esta inclusión de múltiples voces, cuyo exceso (demasiado discurso que alarga la obra innecesariamente)  devendrá  en “Animalia” en la que se abolirá la tiranía de la palabra, a favor de una mayor expresividad corporal.

[6] Clarísima en aquellas escenas que transportan al espectador a un futuro desolador.

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